Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


My Biggest Mistake, My Greatest Salvation

By:LyricalKris

Traducción: FungysCullen13

Beta: Zaida Gutiérrez Verdad

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Capítulo 9: El centro comercial.

—Bella, estás dificultando esto más de lo necesario. —Edward vio la terca posición de su mandíbula y supo que ella no se iba a rendir fácilmente—. No hay necesidad de que pidas tu propio plan. Es mejor, en cuestión de costo, agregarte a mi plan.

—Mejor en cuestión de costo para mí, quizá —argumentó Bella—. Quiero encargarme de mis pagos en cuanto tenga un ingreso más estable. Si estoy bajo tu plan, tú seguirás pagando la mensualidad, yo sólo sería responsable, ¿por qué? ¿La cuota de diez dólares?

Edward sacudió la cabeza.

—Quiero conseguirte un Smartphone. El paquete de datos es aparte de eso. —Alzó su mano en un gesto aplacador antes de que ella pudiera protestar—. Sé que dirás que es innecesario, pero quiero que tengas la opción de los datos; GPS, ese tipo de cosas.

Ella soltó un gruñido que causó que él luchara por no reír.

—Bien. Entonces te pagaré el extra.

—De acuerdo —dijo Edward con un asentimiento—. Pero yo te voy a comprar el teléfono. —Le puso un dedo en los labios, deteniendo sus argumentos—. Es un regalo. No te he dado un regalo. Puedo darte al menos uno, ¿no?

Frunciendo el ceño, ella alzó la mano izquierda para que su dedo anular se expusiera prominentemente. Ella alzó ambas cejas como diciendo, «¿Entonces qué es esto?»

Edward luchó para no hacer una mueca. Sus anillos, los cuales él se había negado completamente a que Bella pagara, eran un punto de contención para él.

—Ya te he dicho que esos no cuentan. Es el principio de las cosas. Estando sobrio habría comprado algo de mejor calidad. De hecho, es bastante extraño para mí no haberlos reemplazado ya.

—No empieces —le advirtió ella, picándolo ligeramente en el pecho.

Sonriendo, Edward cerró su mano sobre la de ella contra su corazón. Fue una reacción tan automática que en realidad no se dio cuenta de la intimidad del gesto hasta que ya lo había hecho. Tal vez debería soltarla, pero entonces comprendió que no quería, y ella no estaba intentando apartar su mano.

Envolviendo más fuertemente los dedos de ella con los suyos, levantó su mano libre para acariciar su mejilla. Él no pudo identificar cuál aliento se había entrecortado, si el suyo o el de ella, pero supo con certeza que quería besarla. Estaba casado con ella y dormía a su lado… Y ahora quería saber cómo se sentiría que los labios de ella se movieran contra los suyos.

—Hola, gente. ¿En qué puedo ayudarlos hoy?

Ambos se sobresaltaron, sorprendidos por la aparición de uno de los asociados de ventas que había estado ocupado antes. Edward se rio entre dientes, el sonido bajo y nervioso, mientras se sobaba la nuca, intentando recordar qué se suponía que debía estar haciendo.

—Sí. Me gustaría añadir una línea a mi plan.

...

Luego de resolver la situación del celular, se reunieron con los hermanos de Edward y sus otras mitades a comer. Bella se sorprendió cuando terminaron en el área de comidas del centro comercial.

Al encontrarse con dos preadolescentes que siempre tenían hambre y rara vez estaban de acuerdo, Carlisle y Esme ocasionalmente llevaban a Jasper y Emmett al área de comidas del centro comercial. Era una idea novedosa que Bella podía entender. El área de comidas era barata y había variedad para que todos pudieran comprar exactamente lo que querían.

Cuando Edward le contó la historia, Bella notó su nostálgica expresión. No fue raro que rápidamente aceptara el lugar de la reunión incluso aunque ella sabía muy bien que a él no le gustaba la mayoría de esa comida. Notó cómo algunas de las tradiciones que otros hombres tomaban por sentado significaban mucho para Edward.

Al sentarse a comer, los seis eligieron comida de diferentes lugares, el nuevo celular de Bella fue el tema popular. Edward le había dicho que se apartara cuando le estaba comprando esa cosa, así que ella no tenía ni idea de cuánto le había costado. Juzgando por todos los artilugios de los que los chicos hablaron, Bella pensaba que la respuesta sería muchísimo.

—Dámelo —exclamó finalmente Alice, agarrando el teléfono de la mano de Emmett—. Es de ella, no tuyo.

Pero en lugar de entregarlo, Alice comenzó a presionar los botones.

—¡Ustedes dos! —ordenó, tronando los dedos y señalando a Edward y Bella—. Muéstrenme su amor. —Sostuvo el teléfono lejos de ella, acomodándolo.

Le tomó un momento a Bella descubrir que quería tomar una foto. Más específicamente, quería tomarle una foto a ella con Edward. Era razonable pensar que Bella pudiera querer una foto de sí misma con su esposo.

Repentinamente nerviosa, Bella miró a Edward con inseguridad. Él le dedicó una sonrisa de disculpa, pero alzó el brazo cuando ella se acercó a él.

A pesar de sus caóticos nervios, se sintió casi natural pasar sus brazos alrededor de él y posar la cabeza ligeramente en su pecho al acurrucarse cerca de él.

Fue como cuando habían estado comprando el teléfono, por un momento cuando se encontró más cerca de él de lo que había esperado. Hubo cierta calidez en el aire, un calor que era consolador y excitante al mismo tiempo. Esa mañana ella tuvo la rara sensación de que él quería besarla.

Entonces, como ahora, no fue cuestión de mantener una actuación, una falsa pretensión. Ella falló, por un momento, y olvidó que era una intrusa en una vida que no le pertenecía. Cuando el brazo de él se apretó a su alrededor y sintió que le acariciaba el cabello con la nariz, le pareció que estaba en el momento y lugar adecuado.

Alice miró el resultado con un suspiro de satisfacción, presionó unos botones más antes de regresarle el teléfono a Bella. Cuando Bella lo vio, vio que Alice había puesto la nueva foto como fondo de pantalla.

A Bella se le atoró el aliento, su estómago aleteó. Era una hermosa foto de una pareja que ella no reconocía. Ella se veía tímida pero feliz, acurrucada debajo del brazo de él. Los ojos y la sonrisa de él encajaban, y la forma en que la veía, su expresión parecía indicar que ella era algo muy preciado para él.

Alzando la vista, Bella encontró los ojos de Edward en ella. Sostuvieron la mirada por un latido antes de que ambos se separaran el uno del otro, regresando en silencio su atención a los platos.

—Hermano, mientras todos estamos aquí deberíamos ir a ver las tiendas de campaña —dijo Emmett entre enormes bocados de la Mongolian BBQ que había comprado—. ¿Vamos a comprar dos tiendas de campaña para nosotros cuatro? Deberíamos comprar una de esas enormes hijas de puta en lugar de eso.

—¿Tiendas de campaña? —repitió Edward frunciendo el ceño.

Emmett hizo lo mismo.

—¿Para el campamento? ¿Recuerdas? Es dentro de un mes. —Miró a Bella y luego a su hermano—. ¿O algo cambió?

—¿Vas a ir de campamento? —preguntó Bella, presionando los labios para detener la sonrisa.

Edward vio eso y ladeó la cabeza hacia ella.

—Emmett, Jasper, papá y yo teníamos planeado ir. ¿Qué te divierte tanto?

—No pareces ser un campista —bromeó ligeramente.

—¡Eso es lo que espero con ansias! —dijo Emmett jovialmente—. Quiero ver al coronado Príncipe de Chicago pescar un pez. —Miró a su hermano con una sonrisa—. Sabes que tendrás que destriparlo tú solo, ¿verdad?

Jasper se burló, dándole un codazo a Edward en el costado.

—No te preocupes por eso, Edward. Tendrás que atrapar uno primero. Creo que es mejor que te abastezcas de carne seca.

Al ver las facciones de Edward endurecerse, Bella se arrepintió inmediatamente de burlarse de él. Se preguntó de nuevo por qué sus hermanos actuaban así con él.

Pero Edward regresó con facilidad.

—No cuenten con ello. —Se echó atrás en su silla, y Bella casi saltó cuando envolvió el brazo alrededor de sus hombros—. Verán, tengo un arma secreta. Resulta que el papá de Bella es un campeón de pesca, y le enseñó todo lo que sabe. —La miró sonriendo enormemente—. Me enseñarás todos tus secretos, ¿verdad?

Bella controló su risa, asintiendo con una falsa seriedad.

—Considéralo hecho.

—Pero sólo iremos los chicos, ¿verdad? —preguntó Emmett, mirando de soslayo a Bella.

—Ir de campamento no es lo mío —respondió Bella agitando una mano.

—En cuanto a las tiendas de campaña, tendrán que esperar —continuó Edward, regresando la mano a su costado y volviendo a picotear su comida—. Bella y yo todavía tenemos algunos lugares a donde ir.

—¿A dónde? —preguntó Alice.

—Necesito un conjunto. Algo lindo que pueda usar en las entrevistas —dijo Bella en voz baja.

—¿Vas a buscar trabajo? —intervino Rosalie, quien no había prestado atención a Bella excepto por un asentimiento de saludo.

Bella no respondió de inmediato, intentando no sentirse a la defensiva. Se recordó que todos tenían derecho a sentir sospecha.

—Sí. No tengo intención de ser ama de casa —afirmó, esperando que quizá eso ayudara a disipar cualquier pensamiento de que ella quisiera ser una perezosa viviendo del dinero de Edward.

—¿Y te vas a llevar a Edward como compañero de compras? —se burló Alice—. Oh, cariño, no. Edward, ¿por qué no se van tú y los chicos a ver las tiendas de campaña o algo más? Rose y yo nos encargaremos de Bella. ¿Verdad, Rose?

La otra mujer no se veía muy complacida, pero asintió.

—Claro. Bien. Como quieran.

Alice le dedicó una determinada mirada, pero además de eso la ignoró, miró a Edward y Bella.

—¿Qué dicen? Será divertido.

Por un lado, Bella estaba más que un poco nerviosa ante el hecho de estar a solas con Alice y especialmente con Rose. Pero por otro lado, no veía por qué Edward debería ser sometido a vagabundear por las tiendas de ropa de mujer. Era lindo que él planeara una escapada con sus hermanos y su padre. Ella no quería intervenir con eso.

—Está bien por mí.

—¿Estás segura? —preguntó Edward, viéndola con cuidado.

Bella tuvo que sonreír, sabiendo que si le daba la mirada indicada, él daría la excusa necesaria para evitar que ella se fuera con las otras mujeres.

—Estaré bien —aseguró.

...

Bella nunca había sido fanática de las compras. Estaba intentando apreciarlo, las mujeres no necesitaban molestarse en incluirla, pero era difícil ser paciente.

—No necesito un vestido, Alice —insistió Bella intentando sonar firme—. Uno, o quizá dos pantalones de vestir y un par de blusas debería ser todo lo que necesito.

—¿Tienes un vestido? —la retó Alice.

—No —admitió Bella. En Forks tenía una falda, pero no había tenido un vestido desde que fue al baile de graduación con Mike hace unos años. No podía recordar si alguna vez había tenido algún vestido más casual—. Pero no…

—¿Te contó Edward que hay una comida el tercer fin de semana de agosto? —preguntó Alice.

Bella negó con la cabeza, mordiéndose el labio.

—Bueno, cada año hacen una reunión en verano. Sé esto porque el año pasado me llevó —dijo Alice con una sonrisa—. Estoy estudiando derecho administrativo, ves, y no lastima tener contactos.

—Entonces tú deberías ir de nuevo. No me importa —se apresuró Bella en asegurarle.

Alice se rio.

—A Edward le importaría. Y a ti debería importarte. Nadie más debería estar a su lado en esa fiesta. Ese es tu lugar.

—No soy una persona fiestera —murmuró Bella sintiéndose incómoda.

—Es una fiesta muy agradable. Muy tranquila —le aseguró Alice sosteniendo un vestido veraniego largo y bonito contra Bella.

—Patética es una mejor palabra —dijo Rosalie mordazmente—. Todos esos cabrones están muy impresionados consigo mismos.

—Rose —le advirtió Alice con cautela. Rosalie cruzó los brazos, pero se quedó callada—. No son tan malos, su primo y su esposa son los peores. Felix es más fanfarrón que nada. Está muy seguro de sí mismo. Jane, por otro lado…

—Es una perra —dijo Rosalie simplemente.

Unos minutos después, Bella salía del vestidor para encontrarse con que Alice había desaparecido. Se aclaró la garganta, sintiéndose tan intimidada por Rosalie como lo había estado inicialmente por su enorme prometido.

—Este vestido que Alice quería que me probara tiene botones en la espalda —explicó, intentando no sentirse tan intimidada. Cuadró los hombros, irguiéndose alta bajo la mirada fría y calculadora de Rosalie.

La mujer rubia se puso detrás de ella, ayudándola lentamente.

—No pude evitar notar que estás vistiendo lo mismo que llevabas el día que nos conocimos —observó en tono neutral.

—Oh, es una coincidencia —mintió Bella. No tenía muchos cambios de ropa en absoluto. El tener que volar repentinamente tenía ese efecto.

—Tengo curiosidad. Dijiste que tu madre vive en Washington.

—Así es.

—Así que, presumiblemente, vivías sola en Las Vegas.

Bella miró en el espejo, atrapando la mirada de la otra mujer, nerviosa y más que un poco irritada por el lugar a donde estaba llevándola.

—Tenía una compañera de cuarto.

—Entonces sí tenías tu propia casa y aun así viniste aquí sin nada.

—¿Cómo sabes con qué vine aquí? —la retó Bella.

Terminada su tarea, Rosalie se apartó.

—Razonamiento deductivo. No te subiste al avión con suficientes cosas para mudarte al otro lado del país.

—No poseo nada que no pudiera soportar dejar atrás.

—Supongo que no —dijo Rosalie bufando—. Edward podría reemplazar con facilidad cualquier cosa que poseyeras.

Bella se alteró.

—Mira, no sé a dónde intentas…

—Sí lo sabes —siseó la otra mujer cruzando los brazos—. Incluso si eres tan inocente como intentas aparentar, serías estúpida al creer que todos podríamos confiar en ti de inmediato.

Por un momento, Bella se quedó callada. Miró sus pies, intentando no dejar que su irritación se llevara lo mejor de sí.

—Bueno, no me voy a andar por las ramas —continuó Rosalie—. Algo no tiene sentido aquí.

—Esta historia no es difícil de entender —dijo Bella con calma—. Nos conocimos, disfrutamos la compañía el uno del otro, nosotros... —Tragó con fuerza— tonteamos un poco y nos casamos.

Rosalie la miró, su mirada era calculadora.

—Qué divertido. No mencionaste nada sobre amor.

Bella se giró, lista para regresar al vestidor, pero la otra mujer la atrapó del brazo.

—Mira, no es típico de Edward mantener una relación de "amigos con derechos". Si lo hizo, no es común en él, es tan malditamente meticuloso. No puedo creer que haya sido tan descuidado para embarazarte. Pero de acuerdo, eso le puede pasar a cualquiera, ¿verdad? ¿Pero por qué casarse? No lo amas. Él hubiera mantenido al bebé sin importar si te casabas con él o no. No es típico de él, así que sí, no confío en ti. Algo no cuadra.

Las dos mujeres se vieron la una a la otra por un largo momento.

—Nunca lo lastimaría —dijo Bella finalmente. Era la verdad tan simple como podía hacerla.

Rosalie soltó su brazo.

—En serio espero que sea verdad.

...

Mientras se despedían de los otros, Edward deslizó su mano en la de ella. Bella intentó no sonreír, intentó recordarse que él sólo estaba actuando su rol frente a sus hermanos, pero no pudo detener el pequeño golpe de placer que sintió cuando él le sostuvo la mano.

Luego notó que no la soltó cuando estuvieron fuera del campo de visión.

—¿Te la pasaste bien hoy? —le preguntó en voz baja.

Bella se burló.

—No sé si alguna vez podré poner compras y "me la pasé bien" en una oración, pero en realidad no fue tan malo. Alice es muy amable.

Él frunció los labios, ladeó la cabeza y alzó una ceja.

—¿Y Rosalie?

Ella se mordió el labio.

—Bueno, ella te cuida la espalda. En realidad no puedo culparla por eso.

—¿Te…?

—No dijo nada que el resto de tu familia no deba estar pensando —le aseguró Bella y miró sus manos unidas sonriendo ligeramente—. Le dije que no quería lastimarte.

Él se detuvo, puso dos dedos debajo de su barbilla y alzó su cara para que lo viera.

—No estás lastimándome —dijo en voz baja—. Lo sabes, ¿verdad?

Ella exhaló, pero asintió. Le sostuvo la mirada por un momento, como para comprobar que no estuviera mintiendo.

Aparentemente satisfecho, él metió la mano en su bolsillo, soltando la mano de ella.

—Tengo algo para ti.

—Oh, Edward —gimió—. No de nuevo. Es lo suficientemente malo que tuviera que pedirte dinero para las cosas que compré hoy. No necesito nada más.

—Sígueme la corriente en esto —pidió con una sonrisa gentil, alzando un tubo cilíndrico—. Considerando todas las cosas, no deberías tener razón para usarlo, pero me sentiré más cómodo si lo tienes.

Bella tomó el tubo, dándose cuenta al instante de lo que era. Para su frustración, las lágrimas escocieron en sus ojos y bajó la vista rápidamente, intentando esconderlas.

—Bella… ¿estás llorando? —preguntó Edward, que sonaba horrorizado.

—Ugh. Sí. Pero no es… —sollozó—. Son las hormonas, es todo. Es que… esto suena estúpido, pero el gas pimienta me recuerda a mi padre —explicó limpiándose los ojos—. Él, um… Siempre se aseguraba de que yo tuviera uno —sollozó, riéndose entre lágrimas—. Cuando fui al baile de graduación metió uno en la estúpida bolsita que yo llevaba.

Edward se rio ligeramente con ella.

—Sí, no lo culpo. Es el trabajo de un papá cuidar a su bonita hija. —Rozó su mejilla húmeda con el dorso de su mano, el movimiento fue tierno, y Bella sintió su piel caliente donde los dedos de él la habían tocado.

—¿Encontraste… encontraste una tienda de campaña? —tartamudeó Bella, se sintió torpe y demasiado consciente de lo cerca que él estaba.

—Encontramos una tienda de campaña, sí —dijo Edward, comenzando a caminar de nuevo. En esta ocasión mantuvo las manos para sí mismo—. Aunque no estoy seguro de ir.

Bella inhaló repentinamente.

—Es mejor que la razón no sea yo.

Él pausó en el auto y abrió la puerta del pasajero para que ella se metiera.

—No estoy seguro de dejarte sola —dijo al subirse al auto.

—Mira… Al… —Cerró los ojos, calmando el terror irracional que sentía cuando pensaba en él y en su amigo—. Uno de ellos está en libertad condicional, no puede salir del estado. El otro tiene a su hermana, sus responsabilidades lo atan a Forks. No van a venir tras de mí. —Intentó sonreír, agitando el tubo que él le había dado—. Y, además, tengo mi gas pimienta. Puedo encargarme de ellos.

La sonrisa con que él le respondió fue leve.

—Bueno, tienes un punto ahí, pero no es mi única preocupación. —Encendió el auto, ladeando la cabeza hacia ella—. Ellos no podrían discutir, sabes. Mis hermanos y mi padre entenderían si no quisiera dejar a mi mujer embarazada sola en casa.

Bella sacudió la cabeza empáticamente.

—No vas a detener tu vida por mí —dijo con firmeza. Le sonrió, ladeando la cabeza para que él supiera que estaba bromeando cuando volvió a hablar—. Además, no puedes decirme que no quieres ir. ¿Un campamento con tu familia? ¿Al genial aire libre? ¿Sin electricidad? ¿Cuatro hombres que no pueden cocinar intentando no morir de envenenamiento por salmonela por freír la presa de ese día?

Ante eso él se rio, una sonrisa rompió en sus facciones.

—No te contagias de salmonela por el pescado.

—¿No? Bueno, el nombre es erróneo entonces. —Bella frunció el ceño—. ¿Qué te pasa cuando comes pescado malo?

—Te enfermas. —Bella se rio y Edward tronó la lengua—. Y se supone que tú debes enseñarme todo lo que sabes sobre pesca. Emmett y Jasper van a ganar esa apuesta.

—Bueno, sí, esa es una conclusión inevitable. Te dije que mi papá me enseñó todo lo que sabe sobre pesca, lo que no te dije es que no escuché ni una bendita palabra de lo que dijo. —Bella sacudió la cabeza tristemente—. Me temo que estás arruinado.

—Quién sabe. Quizá en lugar de eso iremos a cazar osos —dijo con un guiño. Se rio ante la expresión sorprendida de ella, sonriendo salió del estacionamiento y manejó hacia casa.


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