Disclaimer: Digimon no me pertenece.

IX

Agathokakological

-Compuesto a la vez por el bien y el mal-

Dicen que el traje le sienta bien, que el color es idóneo. Son los primeros comentarios anidando en su mente antes de entrar a la corte, intenta recortarlos releyendo el caso, las palabras subrayadas y las otras palabras, suyas, apretujadas en los espacios blancos de las hojas.

Sus ojos repasan posibles fracasos, divagan en la veracidad del rostro de su cliente. Qué pasaría si fuera inocente. ¿Y si fuera culpable y lo dejara libre?

Es la primera vez que sale de su círculo y sabe que no debe. Es su trabajo, y su trabajo lo lleva a defender la voz de personas. En su trabajo no siempre hay justicia, porque la injusticia es la voz contraria que también quiere ganar. Son dos rostros ambiguos delineados sobre el mismo marco.

Iori suda debajo del traje gris monótono pensando en su hija recién nacida, si alguna vez ella lo verá por la televisión y dirá «mi padre es ese hombre» o si, por el contrario, querrá desarticularse de su apellido.

Las personas son buenas y malas, están hechas de ambas cosas. Las decisiones son las que tiene matices blancos o negros, homogéneos.

Él, que en su recorrido ha defendido a personas manchadas de esas malas decisiones —las acepta igual a espectros entrando en mansiones corrompidas—, se pregunta si será suficiente para explicarle a la niña de ojos grises soñando en su casa.


Gracias a Jacque que ha leído éste capítulo antes. Es un tema muy ligado a ella y por eso le pedí su consejo.

¿La hija de Iori tiene los ojos grises? Yo siempre lo he pensado y no estoy segura (?), chequé varias imágenes del epílogo y se ven oscuros, pero también los de Iori y los de él son verdes. ¡Gracias por leer!