¡Helou! :DD

Disfruten nos leemos abajo :3

Capítulo 9

Deber

El cielo seguía oscuro cuando Tashigi salió de su casa rumbo al puerto de la ciudad.

Reconoció el barco de Zoro al verlo a él encima de la cubierta dando órdenes a unos hombres. Entre el pequeño grupo de hombres que había reunido reconoció al príncipe y a la pelinaranja que se había enfurecido con él la otra vez.

Pero una vez estando frente al navío se dio cuenta que realmente era Nami quien daba las órdenes mientras el moreno y el peliverde obedecían, este último de mala gana.

-Es mi barco ¿por qué demonios das ordenes en mi barco, bruja? – le espetó el espadachín furioso ante la risa divertida del sombrero de paja.

-Porque si no, no llegaríamos a ninguna parte. – la que habló ahora fue Tashigi quien acababa de llegar a cubierta.

Nami la vio y le sonrió cómplice ante la cara gruñona del peliverde.

-Exacto, yo soy la navegante. Y con tu sentido de orientación de seguro nos mandas a una isla desierta.

Las chicas rieron maliciosas mientras el dueño del barco se limitaba a gruñir entre dientes fastidiado. Y Tashigi se dio cuenta como Nami ahí era la que repartía las tareas y, por extraño que pareciera, siempre la obedecían. Le agradaba esta chica.

El príncipe a un lado del peliverde se rio alto y golpeó a su amigo en la espalda.

-Zoro ellas tienen razón.

Y después de eso siguieron desasiendo nudos y soltando velas mientras veían como la luz matutina se dejaba ver por el raso del cielo.

-¡Preparen todo para zarpar! – gritó entonces la pelinaranja hacia Zoro, Luffy y otros hombres que se encontraban en cubierta con ellos.

-Tashigi. – la navegante ahora se volvía hacia la recién llegada. – ¿Has estado en un barco antes?

-¿Te refieres a como pasajero o como operario? – sonrió nerviosa, pues en su vida las veces que había viajado en barco habían sido como pasajera que iba hacia otra ciudad.

En conclusión no sabía mucho de barcos como lo sabía de katanas.

Nami rio divertida.

-Está bien, tu cara me explicó todo. Ayudaras a Sanji en la cocina.

-¡Si! – contestó animada por al fin ayudar en alguna labor, hasta que se percató del nombre que la pelinaranja había mencionado.

– Espera, ¿qué?

o-o-o-o-o

El barco había zarpado y ahora llevaban unos cuantos metros lejos del puerto de Loguetown cuando Zoro, desde arriba de la torre de vigía, vio como Nami hablaba con la peliazul acerca de algo. Conociendo a la bruja, a lo mejor le estaba diciendo qué hacer.

Y notó que estaba en lo correcto cuando vio la cara compungida de la maestra de armas al decirle que ayudaría a Sanji en la cocina.

Espera ¿qué?

Con el ceño fruncido de pronto sintió como esa decisión tomada por la navegante no le había gustado. Para nada.

Y al ver como el susodicho salía desde la cocina con cara de idiota y corazones en sus ojos acercándose a la peliazul, de pronto ya se encontraba en el aire cayendo de un salto desde la torre de vigía aterrizando ruidosamente en la cubierta.

Frente a la mirada asombrada de las dos chicas y el rubio presente frente a él, frunció el ceño con mala cara.

-Absolutamente no. – sentenció.

El de ceja rizada lo miró divertido para sonreírle engreído después de darle una calada a su cigarrillo.

-¿Qué pasa marimo? ¿Temes a que se pueda enamorar de mí? – le retó posándose muy cerca de él.

Un leve sonrojo apareció sobre las mejillas de Tashigi.

-Mhp. – bufó el espadachín. – Temo a que se le pegue tu estupidez. Y en estos momentos lo menos que necesito es una esposa estúpida.

-¡¿Que dijiste?! – ante sus palabras dos furiosas voces respondieron al unísono.

El rubio chocó su frente contra la del espadachín iniciando una disputa de miradas y auras asesinas. A lo que Tashigi lo miraba con fuego en sus ojos mientras una venita a punto de reventar saltaba desde su frente y puño cerrado frente a ella.

¿Cómo se atrevía a llamarla de esa manera?

-Sólo dije la verdad. – seguía el espadachín. - Cocinero de mierda.

-¡Estas jodido marimo!

Ante esa liberación de furia, el rubio se abalanzó contra él con sus peligrosas piernas comenzando así la disputa entre esos dos, mientras la pelinaranja los miraba con una gotita en su cien.

-Sera mejor que me ayudes a trazar la ruta Tashigi. – Nami tomó de la mano a la furiosa chica y la alejó de la pelea de los idiotas. Estaba segura que si se quedaban un rato más ahí la peliazul tomaría también venganza con su propia espada y ahora lo que menos necesitaba eran más problemas.

Tenían un destino y tenían que llegar ahí lo antes posible.

o-o-o-o-o

Ya era de noche, habían viajado todo un día y las estrellas brillaban como luciérnagas atrapadas en el manto oscuro del cielo. El mar los rodeaba por donde mirasen y el viento surcaba tranquilamente sus velas.

Después de la inesperada e innecesaria pelea del maestro de armas y el cocinero, ahora todos se encontraban, lo más tranquilamente que podían, en el espacio donde se podría decir que se encontraba la cocina y frente a esta el comedor de madera donde estaban discutiendo los últimos planes de la situación.

Y por supuesto quien tenía la palabra era la fémina de cabellos naranja.

-Bien.- habló al mismo tiempo que estampaba su mano contra la mesa para que le prestaran atención. – Ahora que todos saben su función en el barco, prosigamos con la misión. - en la mesa había tendido un mapa trazado con tinta negra. – Según nuestra información, Kuina Mori se encuentra en Water 7. Nos tomara cinco días llegar a nuestro destino pero si siguen mis indicaciones puede que lleguemos en cuatro o incluso en tres días. – los ojos de Tashigi brillaron ilusionados. – Sólo nos queda una cosa por planear: ¿qué hacer una vez que lleguemos? No sabemos el paradero exacto de Kuina en Water 7 y el CP9 no es un grupo fácil de interceptar. Así que…

-Espera Nami.

Antes de que la navegante pudiera decir una palabra más, el espadachín se había levantado de su asiento en la mesa y mirando a todos seriamente, tomó la palabra:

-Ya que toda la tripulación del sombrero de paja se encuentra aquí, aún hay algo que no les he dicho. – al escucharlo los presentes lo miraron con un semblante serio.

Tashigi a un lado de él lo miró extrañada. Se volvió hacia los presentes y reconoció como exactamente en esa mesa nomas estaban las personas de confianza y allegadas al príncipe. Los hombres extras que traían en el barco ya se encontraban acostados en sus hamacas mientras ellos planeaban esta junta.

El rubio cocinero, Nami, el príncipe novato, Zoro y ella, además de un médico joven, eran los únicos en esa mesa. Tashigi reconoció al joven como Chopper, amigo del príncipe y su tripulación. Desde la primera vez que lo vio en la cena de su compromiso, a la peliazul le había parecido demasiado joven para ser un "excelente medico" según palabras de Nami. Le había dicho que eso era porque desde que nació sólo se había dedicado a la medicina y había tenido una pareja de grandes médicos como maestros.

Pero aún se preguntaba donde se encontrarían los demás nakamas del príncipe.

El espadachín continuó:

-Después de saber sobre la huida de Kuina días atrás, yo mismo envié a uno de mis hombres de confianza a buscar su paradero. – volvió tan sólo un segundo su ojo sano ante la mirada asombrada de Tashigi pero su semblante serio continuo. – Un día antes de que el señor Mori me informara sobre esta situación, Hacchi lo había hecho. Así que tenía muchas razones por las cuales discernir con el informe que el CP9 le había enviado a Mori.

Tashigi abrió aún más sorprendida los ojos llevándose una mano a su boca. No tenía idea que Zoro había hecho eso por su hermana.

-En su informe Hacchi me comunicaba que había encontrado a Kuina Mori, pero no en las condiciones que esperábamos.

Tashigi se sintió de pronto preocupada.

-¿Qué quieres decir Zoro? – le preguntó tratando de que su voz no se quebrara.

Sin mirarla Zoro siguió hablando contestando a su pregunta.

-El grupo experto que mando el señor Mori para buscarla la tiene de alguna forma secuestrada. Aun no sé el por qué, pero al leer la carta que enviaron a los Mori el día de ayer me di cuenta que era una trampa. El CP9 está trabajando para alguien más y todo indicaba que ese alguien sólo quiere perjudicar a los Mori ante la familia real. – Tashigi aún no podía creer lo que el espadachín estaba diciendo. – Nuestra prioridad ahora es rescatar a la primogénita de Mori, someter al CP9 y dar con el traidor. – recalcó y los demás asintieron.

-Entonces esto cambia las cosas. – dijo de pronto la pelinaranja pensativa mientras veía el mapa. A un lado de ella el príncipe se había comportado con gran seriedad para su asombro pero eso acabó cuando vio como desde la sombra de su sombrero de paja una sonrisa comenzaba a surcar su rostro.

-Entonces tendremos que llamar a los demás, Nami. – habló animado. – No podemos quedarnos con toda la diversión. – y ante sus palabras animadas y desafiantes, el rubio y el espadachín no pudieron evitar sonreír maliciosamente y contagiarse de la resolución de su capitán.

Nami suspiró al verlos y tomó las riendas una vez más.

-Bien, entonces mandare un mensaje a Franky, Robin y Usopp. Habían embarcado juntos en el último encargo a una isla cerca de la ciudad. Si el mensaje les llega lo antes posible pueden zarpar por la mañana y alcanzarnos en Water 7 en dos días. Si seguimos el mismo ritmo y con mis indicaciones llegaremos juntos puesto que llevamos un día de ventaja.

-¿Qué hay de Brook? – preguntaba el príncipe cada vez más animado.

-Esta noche daba un concierto en Sabaody. – habló ahora el rubio, mientras soltaba humo de su boca. – Tengo un amigo ahí que puede ayudarle. Si hoy me comunicó con él, mañana por la mañana tendremos a Brook aquí en el barco.

-¡Yo traje un Den Den Mushi! – habló presuroso el joven doctor. – Puedes avisarle a tu amigo desde aquí Sanji y también puedo llamar a Robin y mantenerla al tanto de la situación.

La pelinaranja sonrió.

-Bien Chopper, lo dejo en tus manos.

-¡Si! – respondió el pequeño animado.

Alrededor de Tashigi la tripulación del sombrero de paja seguía hablando animadamente sobre la situación, dando soluciones y opiniones al respecto y no pudo evitar sentirse feliz, segura con ellos y sobre todo comprendida. Estaban haciendo esto por su familia y no tenía como agradecerles tanto.

Las lágrimas se agolparon en sus ojos.

-G-Gracias chicos. – su garganta se atoró y su voz salió quebrada pero aun así la habían escuchado a la perfección. Al tiempo que todos le devolvían una enorme y confortable sonrisa.

-No te preocupes por eso. – le habló Nami poniendo una mano reconfortante sobre la suya. –Tenemos todo bajo control. – le guiño un ojo y contagió a la peliazul su sonrisa.

-Bien, ahora – continuó la navegante. – Zoro te toca hacer guardia. Ya es tarde y mañana nos espera un largo día.

-¡¿Por qué yo, bruja?! – se quejó el peliverde. – ¡Es mi barco!

-¡Exacto es barco! ¡lo cuidas!

-¡Sanji! ¡Quiero más comida! – gritó el animado capitán.

-La cocina ya cerró Luffy, vete a dormir o te acabaras las provisiones antes de llegar a Water 7.

-Extraño el Thousand Sunny – se lamentó el chico casi llorando. – Ahí teníamos más provisiones.

-De haber sabido que vendrían todos ustedes no hubiéramos zarpado en uno de mis barcos.

-Comidaaa.

Marimo es tu jodida culpa!

-¿Quieres pelea cocinerito de mierda?

El filo de las espadas sonó junto con los golpes de las piernas del rubio y el lamento del príncipe por comida. Ante esta irritante escena la pelinaranja le dio una paliza a cada uno en la cabeza dejándolos ahora quietos y frustrados, para después tomar a Tashigi por el brazo y salir de ese lugar.

-Vamos a dormir de una vez Tashigi.

La peliazul miró la escena con humor y se volvió hacia Nami con una sonrisa. Definitivamente le caía bien.

o-o-o-o-o

Estaba segura que faltaban un par de horas para que amaneciera pero no podía dormir pensando en todo lo que había pasado.

¿Por qué demonios Zoro no le había dicho lo de su hermana antes? Ahora se sentía más en deuda con él. Pero tenía que admitir que también estaba feliz. Ahora sabia donde estaba su hermana y en qué condiciones se encontraba. Aunque aún le parecía raro que en ninguna de las dos versiones hayan nombrado a Law y por lo que le había escrito su hermana en la carta se suponía que estaba con él.

A lo mejor el idiota la había descuidado y por eso la secuestraron. Pero eso ya no importaba ahora, pues ella iría a rescatarla junto con los demás.

Aún tenía muchas preguntas pero todas giraban alrededor de Zoro y su comportamiento desde la noche pasada que los había escuchado a él y a su padre. El cómo trató de reconfortarla tomándola de la mano y las palabras dichas por él, que de cierta manera la llenaron de un sentimiento diferente hacia él. La escena aún seguía nítida en su cabeza y, aunque no podía negar el deseo de su cuerpo, esta sensación era diferente. Y ahora que salía con el hecho de que desde un principio había mandado él mismo a buscar a su hermana, dando a conocer así que le importaba, esa extraña sensación en su pecho seguía creciendo.

Suspiró rendida dejando de pensar. Ya le había dado muchas vueltas al asunto y siempre terminaba donde mismo: con más dudas. Sería mejor que su mente se despejara un poco.

Y con esa mentalidad Tashigi se incorporó y salió silenciosamente del camarote que compartía con la pelinaranja.

Ya afuera en cubierta, sintió el aire salado del mar chocar contra sus mejillas y ondulando su cabello. Respiró profundo y soltó el aire lentamente. Esto era lo que necesitaba para que dejara de pensar por un rato.

Apretó su bata de lino blanca alrededor de su cintura al sentir un poco de frio y de pronto su vista se fue hacia la imponente figura que estaba recargada sobre la cubierta del barco y el causante de todos sus pensamientos.

Era el espadachín.

Se acercó a él lentamente, parecía que estuviera durmiendo. Se encontraba sentado recargando su espalda en la cubierta con sus piernas flexionadas y sus espadas recargadas en su hombro izquierdo. Tenía los brazos cruzados sobre su pecho y dormitaba con los ojos cerrados.

Sin poderlo evitar se sonrojó al verlo tan sereno. Siempre lo veía con el ceño fruncido o con una sonrisa torcida en su boca, pero al verlo tan relajado de pronto hizo que se sintiera más tranquila. Definitivamente este lado de él le gustaba más y sin pararse a pensar lo que hacía, se había sentado a su lado.

Al menos quería que esa tranquilidad en su pecho durara un rato más antes que sus pensamientos la asaltaran de nuevo con más dudas.

Se quitó las gafas y comenzó a tallarlas contra su manga blanca de la bata para limpiarlas.

-¿No deberías estar dormida?

Tan sumida estaba en su labor que la voz ronca del hombre a lado de ella la sobresaltó de pronto, haciendo que tirara sus gafas.

La peliazul se puso nerviosa mientras tomaba sus anteojos y comenzaba a limpiarlas otra vez, sin mirar al espadachín.

-Simplemente no podía. – habló bajo. – No podía dejar de pensar en lo que hiciste.

El peliverde a lado de ella suspiró.

-Deja de darle tantas vueltas. Lo hice por tu familia. En un mes serás mi esposa así que también es mi familia. – ese comentario hizo que ella se pusiera más nerviosa y siguiera restregando sus gafas contra su manga. – Deja de hacer eso, las romperás.

Ignorando su último comentario, la chica habló soltando todo lo que traía dentro:

-Sé que lo hiciste por eso. Sé también que tan arraigado tienes el sentido de familia y eso es lo que más me gusta de ti, pero aun siento que te debo mucho. – hablaba sin detenerse a pensar en sus palabras. -Todo lo que has hecho por mi familia, desde encontrar a Kuina hasta aceptar este compromiso y sacarnos del problema en que la familia Accino nos había metido, todo ha sido gracias a ti. Y aun no sé cómo poder pagarte todo lo que has hecho.

La chica paró de frotar sus gafas al sentir como de pronto era tomada por la cintura y levantada fácilmente por el espadachín para posarla a horcajadas sobre su regazo. Las espadas quedaron a un lado y las piernas dobladas de la peliazul envolvieron la cintura del espadachín.

-¿Aún no sabes cómo pagarme? – ironizó el chico atrayéndola hacia su ardiente pecho. Su mano rodeaba su estrecha cintura y con la otra halaba lentamente la bata dejando al desnudo uno de los hombros de la chica. – No te preocupes, una vez casados, en mi cama me cobrare una por una con tu cuerpo. –por cada palabra el peliverde dejaba una estela de besos y mordidas sobre la piel desnuda de su cuello y hombro haciéndola gemir deliciosamente contra su oído.

Lamió su cuello y mordió su clavícula, y sobre su piel sonreía cada vez que la chica soltaba un placentero suspiro.

-Te hare que pagues toda la frustración que le has provocado a mi cuerpo. – sus palabras llegaban como una peligrosa y excitante advertencia a los oídos de Tashigi haciéndola arder dentro de su vientre. Su intimidad se sentía cada vez más débil con el roce de sus sexos y el gemido que soltó al sentir como la mano del espadachín se dirigía hacia esa parte necesitada de su cuerpo, la dejó sin aliento.

Había tocado delicadamente su intimidad con su caliente mano y ahora la frotaba contra ella en un placentero vaivén. Sus labios encontraron los de él sin ninguna vergüenza pues no quería que sus gemidos se escucharan por toda la cubierta. Luchó contra su lengua dominante y perdió ante el roce de los dedos de él contra su húmedo sexo.

El espadachín la apretó más contra ella y apartando su ropa interior, sumergió dos de sus dedos en su interior. Perdida en una peligrosa sensación de placer que le provocaba esa exquisita invasión, Tashigi lo besaba con urgencia para no soltar los desgarradores y desvergonzados gemidos que sabía que escaparían de su boca. El peliverde no tenía piedad de ella, sus dedos entraban y salían con excitante precisión y ambas caderas bailaban al ritmo de la penetración.

La peliazul aruñó su pecho y cuello. Mordió sus labios y se fundió en la sensación que le provocaban sus dedos. Se sentía explotar y el peliverde frente a ella no la dejaba ir tan fácilmente. Le hizo una última embestida con sus dedos y la chica cayó rendida sobre su pecho en un placentero orgasmo. Sus manos aferraban los hombros del espadachín y aun sentía como sus dedos se encontraban deliciosamente dentro de ella.

La chica aflojó el agarre que tenía sobre el peliverde después de recuperar el aliento y éste la miró con una sonrisa maliciosa mientras la seguía apretando contra la dura y prolongada excitación de su miembro.

-¿Por qué no me detuviste? – preguntó con perversa satisfacción.

-Creo que desde ahora ya no podré hacerlo.

Aun con su altanera sonrisa el chico respondió:

-Eres torpe pero inteligente.

La chica se sonrojó frunciendo levemente el ceño.

-Eso no significa que podrás hacerlo cuando quieras.

El chico rio ante su comentario.

-Eso lo veremos.

Tashigi rodó los ojos y se incorporó torpemente, aun sentía las piernas débiles y entumecidas por lo sucedido. El chico, incorporándose también, la tomó por la cintura al verla flaquear hacia un lado.

-Ya estoy bien no necesito tu ayuda.

Zoro se encogió de hombros y la soltó. Aun después de lo que habían pasado la niña seguía con su terquedad.

Tashigi se colocó los anteojos y se dio la vuelta dándole la espalda.

-Independientemente de… todo esto. – habló refiriéndose a la pasión que acababan de compartir. – Gracias por ayudarme.

-No lo hago por ti, Mori. – no sabía si hablaba enserio pero Tashigi había sentido su tono un poco más brusco de lo usual provocando una especie de molestia en su pecho. – Tengo un deber con tu padre y pienso cumplirlo.

De pronto sintió como las lágrimas se agolpaban en sus ojos, y agradeció que estuviera de espaldas al espadachín.

Ahora caía en cuenta. Pero que tonta había sido.

Zoro le acababa de responder a todos esos pensamientos que no la dejaban dormir pues ahora sabía que:

Era tan sólo un deber.

Convertirse en su esposa era un deber, así como complacerlo en la cama después también lo sería. Salvaría a su hermana y a su familia pero porque ese era su maldito deber. Era lo que le había prometido a su padre y era lo que le cumpliría.

De pronto se sintió usada. Pero no podría reclamar nada pues también era el deber de ella. Había aceptado este compromiso y la había retado a que cumpliera su deber como esposa. De ella tomaría lo que quisiera hasta saciarse. ¿Pero en donde quedaba ella? Se había sentido estúpida por creer que ese extraño sentimiento que empezaba a crecer en su pecho seria amor. Ahora no sabía que creer. Pero definitivamente no se comprometía con Roronoa Zoro por amor, si no por deber. Tenía que recordarlo, ya no se dejaría engañar ella sola. Ahora tenía una responsabilidad que cumplir ella también y no se dejaría engatusar una vez más por el espadachín egocéntrico.

Con nuevas fuerzas, sin rastro de tristeza alguna, y furia contenida; Tashigi se volvió hacia él.

-Ahora que me has dejado claro tu sentido del deber, - ironizó. - yo también tengo claro el mío: mi deber de esposa. – Zoro la miraba con una extraña seriedad y la peliazul lo retaba con ojos fulminantes. – Y como esposa tuya aun no soy, aun no tengo un deber que cumplir. – se apretó el nudo de su bata reafirmando su discurso y dando a entender al espadachín que de ella no tomaría nada más hasta que se casaran.

La chica le dio la espalda indignada y desapareció tras la puerta de su camarote dejándolo con una enorme frustración dentro de él.

Pues el peliverde se acababa de dar cuenta que había sido un completo idiota.

o-o-o-o-o

Hola! espero les haya gustado! diganme en un review como les ha parecido! x3

y uuy un poco de drama jajaja xD pero ya viene el clima de la historia en el siguiente capitulo y veremos que sucederá x3

Muchas gracias por sus Reviews! y nos leemos en el siguiente capitulo!

¡Saludos!

Ciao~