(Sam)

17 de mayo

Hoy he podido volver a escribir después de no sé cuánto tiempo. Según he podido enterarme, estamos a 17 de mayo. Me han ocurrido tantas cosas que no se por dónde comenzar a narrarlas. Necesito plasmarlas en un texto, ya que si las cosas siguen por el camino que me imagino, cuando llegue el momento voy a enviarle este diario a mi hermano. Necesito que sepa todo lo que me ha ocurrido desde que regresé del hoyo. Sobre todo para que esté prevenido y sepa lo que está sucediendo. Pero por ahora trataré de concentrarme en lo que me espera en un futuro más inmediato.

Luego de atravesar la frontera de Tennessee, tal como había planeado, realicé varias maniobras evasivas, temiendo que mi paranoia tuviese una base cierta y me hallase bajo vigilancia. Luego de esto hallé un solitario camino rural que me condujo a una deshabitada cabaña en el medio de la nada. Aparentemente era una vieja vivienda de esclavos que huían de sus dueños. Aquí se refugiaban y vivían hasta que lograban atravesar la frontera con Carolina del Norte. El lugar era ideal. Si los cazadores de esclavos no la habían hallado ni destruido, si la civilización no había alcanzado el lugar, significaba que era suficientemente solitario y agreste como para impedir la presencia de cualquier curioso. Así que me preparé buscando agua y algunas provisiones que me permitieran sobrevivir mientras aún estuviera débil para procurarme mi propio sustento. Hallé una cuerda que me permitiría amarrarme llegado el momento y con todos las vituallas a mi alrededor, como ya había comenzado a sentirme sumamente enfermo, me decidí a recluirme y luchar contra mi adicción. Como última medida de precaución, pinté una gran llave de Salomón, dentro de la cual permanecería todo el tiempo que durase la desintoxicación. Me serviría tanto para evitar que yo escapase, ya que mis poderes se parecían más a los de un demonio que a los de un común mortal, como para evitar que otros seres potencialmente peligrosos -demonios- entraran adonde yo me hallaba. El tiempo comenzó a transcurrir lentamente, como si todo se confabulase contra mí. Mi estado general empeoró a medida que fueron pasando las horas. Pero curiosamente, no me sentía languidecer, sino que me llenaba de ira y de odio más y más a cada minuto que pasaba. Recuerdo que intenté salirme de la trampa para demonios en la que yo mismo me había colocado. Pero fue imposible. No se cuánto tiempo permanecí allí. Sólo se que se me acabó el agua y aún así no perdía mis fuerzas. Seguía resistiendo, sostenido casi exclusivamente por el odio y la ira. Luego comencé a sentirme mal, cada vez peor, me di cuenta que tenía fiebre, los temblores comenzaron a atacarme con ferocidad y mi estado era tan precario que a duras penas lograba mantenerme despierto. Pero no podía abandonar la trampa. Yo mismo me había colocado en una situación insoluble y sin vuelta atrás. O me curaba y me salvaba o perecía y conmigo se acababa una especie maldita. Un engendro mezcla de humano, demonio y vampiro. Un ser aberrante, que no podía volver a su familia humana. No así. Una parte de mí deseaba curarse, superar esta situación y que todo volviese a ser tan simple como cuando mi hermano y yo cazábamos wendigos. Pero la otra parte de mi ser se resistía a volver a esa vida que nunca había deseado, que me había sido impuesta, un poco por mandato familiar y otro poco por el destino. Y sentía que ya que me habían sido dadas ciertas capacidades especiales, no estaba nada mal aprovecharlas, usarlas en mi propio favor y en el de los demás. Podía transformarme en una especie de héroe. Ya no necesitaba depender de nadie más. Mi fuerza y mis poderes eran casi ilimitados. No se cuánto tiempo pasé así, en agonía mental y psíquica. Luego, todo se fue haciendo borroso, oía voces, me parecía que alguien me tocaba, me hablaba, creo que alguien me administró un líquido que parecía medicina, no lo se. Luego, perdí por completo la conciencia. Cuando desperté, aunque tenía un dolor horrible de cabeza y las nauseas no me permitían moverme, me sentí más fuerte, al menos parecía que estaba recuperando mis fuerzas. Imaginé que había logrado superar mi adicción. Ahora venía la convalecencia. Pero cuando abrí los ojos me encontré en una habitación desconocida. Ya no estaba en la cabaña de Tennessee. Puede que aún estuviese en ese estado, pero no estaba en el mismo lugar en donde yo había elegido aislarme. Traté de moverme pero me fue imposible. El mareo me lo impidió. Luego, pude ver la cara de un joven de aproximadamente mi edad, que me alcanzó un líquido de sabor repugnante y me indicó que lo bebiese. Así lo hice y al poco rato caí en un sueño plagado de pesadillas en donde veía a mi hermano que corría grave peligro. Me desperté bañado en sudor. Temí que no hubiese sido una pesadilla sino una visión, una premonición. ¿Cómo saberlo?

El joven que había visto antes de dormirme apareció nuevamente para darme una nueva dosis de mi medicina. Esta vez se la rechacé, pidiéndole que me explicase quién era, qué hacía allí y por qué me estaba cuidando. Se presentó como Beau, me dijo que vivía en los alrededores y que como conocía perfectamente la zona, supo que alguien estaba ocupando la cabaña de los esclavos; fue a ver y me halló en un estado tan lastimero que tuvo que cargarme en su vehículo y luego me trajo hasta su casa, a pocos kilómetros de donde me encontraba. Como conoce de hierbas del campo, ideó una infusión –bastante asquerosa por cierto- que me ayudó a mejorarme. (El chico cree que soy adicto a alguna clase de droga moderna; jamás podría imaginar cuál es mi adicción). Luego de las presentaciones del caso, acepté la medicina que me ofrecía mi nuevo amigo. Luego de beberla me hundí en un sueño tranquilo y reparador. Los días siguientes transcurrieron sin muchas variantes. Estaba tan débil que ni siquiera me podía levantar de la cama, además de que no tenía mucho interés en hacerlo... total, era poco lo que podía hacer hasta no estar completamente restablecido. Hoy me he sentido suficientemente animado y hambriento, lo cual me indica que me he recuperado. Comienzo a sentir una gran energía.