¡Buenas noches!
He venido con un nuevo capítulo y las baterías recargadas, se acabó el juego pero tengo muchas ganas de seguir escribiendo así que este fic no se terminará tan pronto ^^
Quiero poner una advertencia para quienes les guste el personaje de Kikyo, espero que no me odien al ponerla como mala, en realidad es mi versión de ella, es lo que yo veo/siento.
Sin más que decir, les dejo el capítulo.
~ Cindy Elric ~
Capítulo 09
Sesshoumaru: Molestia
El juego ha terminado, no tengo nada más que hacer en este lugar, entonces… ¿por qué sigo aquí? Sigo mirando por donde desapareciste, te fuiste corriendo, tenías prisa, ¿a dónde ibas? Bueno, no importa… doy media vuelta y me alejo, deshaciéndome de lo desagradable del juego, de los pensamientos, de las sensaciones ajenas a mí, alzo la vista, es tarde… debería regresar…
…
Camino unos minutos, en dirección contraria a la niña y a mi sirviente, no quiero verlos, en estos momentos no quiero ver a nadie… quizás necesite una pelea, derramar un poco de sangre, hacer algo propio de un poderoso youkay.
A lo lejos siento una presencia conocida, es ese híbrido, frunzo el ceño al instante, siento tu presencia junto a él, después de todo dijiste amarlo así que corriste a sus brazos… eso está bien, la basura se junta con la basura, no hay mejor lugar para ti que a su lado.
–¿Qué haces aquí?
Siento una voz extraña, desconocida pero al mismo tiempo familiar, busco al responsable, me volteo y veo algo que no esperaba, una presencia con la que pocas veces me he cruzado, alguien que no conozco pero me recuerda irremediablemente a ti.
–Tú eres el hermano de Inuyasha, ¿no es así?
Me sonríe fría, sin alma, después de todo es un contenedor vacío, sonrío por ello, hiriente, tratando de herirla en el camino.
–Y tú esa sacerdotisa muerta.
–Mi nombre es Kikyo –frunce el ceño, ofendida, no me importa.
–No me interesa.
–¿Buscas a esa niña?
Me sorprende pero no la dejo verlo, me limito a observarla en silencio, desafiando esa molesta mirada, ella puede ser tan gélida como yo y eso me irrita.
–¿De qué hablas?
–No pierdas el tiempo negándolo, se muy bien que se veían a escondidas, una de mis serpientes los ha sorprendido varias veces… –dice al mismo tiempo que acaricia una de esas cosas que vuelan a su alrededor, repugnante.
–No lo niego, no tiene importancia, ¿qué esperas obtener con esto? ¿Qué quieres?
–De ti nada, ya lo obtuve… gracias a ti Inuyasha se dio cuenta de la verdad, de que esa niña no le conviene y que debe estar a mi lado.
–Eso no me interesa.
–Tal vez tengas razón, bueno, el daño ya está hecho y ella está asumiendo las consecuencias –sonríe–, no podría ser más perfecto.
–¿Por qué disfrutas su sufrimiento?
–¿Te importa?
–No.
–Entonces, ¿por qué quieres saber?
–Porque no comprendo tus intenciones.
–Mis intenciones son simples, no me importa el que sufra o no, mientras pueda cumplir mi deseo no me importa a quien hiera en el camino.
–¿Qué es lo que buscas?
–Recuperar mi vida y a Inuyasha, sólo eso quiero.
Alza la mirada al cielo, observando las estrellas, frunzo el ceño porque esa acción me recuerda a ti, se parecen, son idénticas…
No.
Eso mentira, no poseen ningún parecido, es imposible, la frialdad de esta mujer no puede ser comparada con tu calidez.
–Te esfuerzas inútilmente, nada puedes ganar deseando cosas innecesarias como esas.
–¿Por qué lo dices?
–Ese sentimiento es inútil, el amor no es algo importante, ya lo he demostrado.
–Tal vez tengas razón, pero no importa, mi deseo egoísta es lo que me mantiene viva y no dejaré que nadie se interponga.
–Sólo es un deseo de pertenencia lo que tienes, los sentimientos no tienen nada que ver.
–Eso es verdad y es gracioso, ¿no? Después de todo… sólo alguien despreciable como yo podría estar de acuerdo contigo.
–No necesito la aprobación de nadie, ni de ti ni de esa humana.
–Lo sé… –pasa por mi lado, tranquilamente, sin miedo, sin estar alerta, simplemente camina hasta dejarme atrás, después me mira sobre su hombro, esbozando una última sonrisa–. Pero aun así quisiste tenerla, luchaste contra la voluntad de esa niña para obtener una victoria vacía… dime, ¿qué ganaste al obligarla decir que el amor no es necesario? ¿Pudiste creerlo después de oírlo de los mismos labios que besaste?
La veo marcharse sin siquiera esperar la respuesta, no es que no la tuviera lista, las palabras de odio y repugnancia resbalan mis labios, pero no me dio tiempo, se fue sin siquiera mirar atrás; empuño mi mano, golpeando un árbol cercano, la odio, me odio a mí mismo por enfadarme de esta manera… no es algo importante, no debe afectarme…
No, no me afecta.
Sigo mi camino, caminando en línea recta, ni siquiera dibujo en mi mente la dirección de mis pasos, eso no importa… ¡Que diablos importa el camino!
–Debí imaginármelo…
Escucho una voz conocida cerca y desvío mi vista del suelo fijándola la sombra frente a mí, estás junto a un gran árbol, parada, inmóvil, con una mano sobre él como si le hablaras, me quedo en silencio, tratando de espiarte a pesar de saber que quizás ya he sido descubierto.
–Es demasiado pedir un final feliz…
Tú, maldita humana, ¿sabes que estoy aquí o simplemente me ignoras? Me acerco tres pasos en silencio, casi invisible, no volteas, simplemente alzas tu mirada hacia las ramas del árbol, eso me detiene, no, no me importas, no me interesa que estés aquí sola, ese tono extraño en tu voz, esa esencia oscura a tu alrededor… me doy media vuelta, voy a ignorarte, no me interesa lo que pueda ocurrirte.
–¿Te vas?
Eso me detiene, después de todo sí sentiste me presencia.
–Sigues igual de comunicativo que siempre, ¿no?
No me miras pero te atreves a burlarte de mí, me volteo enfadado, para encararte, tienes mala suerte porque hoy no estoy de humor para tus insolencias, tú… maldita humana.
–No tengo nada que decirte.
–Lo sé, siempre es así… después de todo en nuestros encuentros yo era la única que hablaba…
–Eso es porque…
–Porque soy una humana habladora –me interrumpes–, esa es otra cosa que sé, gracias por recordármelo.
Estás mas insolente que de costumbre, eso me pone alerta, es un presentimiento, algo extraño a tu alrededor.
–¿Qué ocurre?
–¿Por qué preguntas?
–Habla humana, pasa algo extraño.
–Que perceptivo Sesshoumaru, no esperaba menos de ti.
–¿Qué pasa?
–¿Interesado?
–Quizás.
Una suave y rota risa escapa de tus labios, no me gusta.
–Tú, ¿interesado? Que gracioso… –sigues riendo, irónica, lo sé–. Bueno, ya que muestras interés en mí tal vez tenga que ser cortés y responder tus preguntas.
Definitivamente hay algo extraño en ti, eso me molesta, no por preocupación sino porque es algo que no entiendo, tú, maldita, eres el único ser en este mundo que no logro comprender.
–¿Qué ocurrió?
–Pues… para hacerte el cuento corto, confesé mi amor y fui cruelmente castigada.
Te volteas y desearía que no lo hubieras hecho, tus ojos no me gustan, no hay vida en ellos, están apagados, fríos, los tienes rojos, están manchados, tus mejillas, tu rostro está manchado con lágrimas, maldita sea, te maldigo por remover algo en mi interior, maldigo al responsable de tu estado, me maldigo a mi por sentir algo parecido a la tristeza molestándome.
Maldición.
Continuará…
