Sólo diré una mala noticia, o mejor la digo al final para que no lean pensando en ello :v jajajaja pero no me odien... Aquí al inicio sólo diré que estoy mega agradecida por los comentarios, creo que el apoyo de su parte ha sido constante y por lo mismo he tratado de ser constante en mi escritura.
Éste capítulo quedó algo más largo, aunque sigo diciendo que no creo que sea del agrado de la mayoría, pero era necesario éste capítulo. ¡Ya sabrán por qué lo digo! Mientras, agradezco nuevamente sus valiosas opiniones -ya las andaré respondiendo como siempre- y los dejo leer.
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—24—
Tras ganar el juego decisivo que les dio el pase a la final, todos los jugadores caminaban en dirección a las duchas, Kagami ésta vez entró al mismo tiempo que los demás ya que se sentía muy cansado y sólo deseaba volver a casa.
El día que se supone había sido para descansar, lo había pasado con Aomine, quien por cierto se había quedado a dormir ahí esa noche también, dejándolo exhausto después de provocarle tantos orgasmos de distintas maneras, ya que aún no le penetraba.
Sus pensamientos le sonrojaron y decidió olvidarse del tema. Cuando salía hacia los casilleros donde tenía la maleta con su ropa, llevaba únicamente una toalla enredada en la cintura y notó que sólo quedaba el capitán del equipo ahí y ya estaba vistiéndose.
—Ésta vez te tomaste tu tiempo, Kagami —dijo el capitán, sonriéndole al pelirrojo que recién entraba al área de los vestidores, éste caminó hacia una banca y se sentó un momento ahí.
—No me di cuenta —dijo sacudiendo su cabello con una mano, sonriendo un poco.
—¿Necesitas que te lleven? —Preguntó cerrando una mochila del tipo deportiva que después se colgó al hombro.
—No, estoy bien muchas gracias —dijo mirando al castaño, que tras decir "Buen juego el de hoy, Kagami" se despidió y se fue.
El pelirrojo, sabiéndose solo ahí en los vestidores se paró y abrió su casillero, secó un poco su cuerpo y se puso la ropa interior y un pantalón, cuando subía el cierre de su pantalón escuchó una voz tras él.
—Kagami, me hiciste perder una apuesta… creí en ti —dijo Wakamatsu, recargándose en uno de los casilleros junto a la entrada.
—No eres mi persona favorita Wakamatsu, así que no tientes tu suerte acercándote a mí… —dijo sin seguirle el juego de lo que había mencionado.
—¿Por qué no soy tu favorito? Hace unas semanas hasta me invitaste a tu departamento.
Kagami guardó silencio, sacó una playera negra sin mangas de su casillero y se la puso, trataba de ignorar la presencia molesta del otro que sólo trataba de provocarlo para que también le suspendieran por pelear.
—En verdad nunca pensé que también te convertirías en la perra de Aomine, digo, es lo que él hace con los novatos, creo que esa marca junto a tu ombligo ya es como su marca personal, te aseguro que llegó a tu casa a media noche y borracho, casi podría apostar que fue el jueves para quedarse todo el día contigo el viernes… No me malentiendas, no trato de hacerte sentir mal Kagami, sólo… no creas que eres el primero con el que le funciona el truquito, aunque creo que sí fuiste el que lo hizo esperar más.
—¿Lo dices por experiencia? —Preguntó Kagami girándose y encarando al rubio que sonrió de lado— ¿Tanto te dolió cuando te dejó? ¿Por qué no vas y le meneas el culo y ves si te acepta de regreso? —Cuestionó Kagami mientras caminaba hacia el chico que no se había movido de su lugar.
La expresión de Wakamatsu cambió, parecía molesto y dio un paso hacia el frente con la intención de golpear a Kagami directo en el rostro, pero éste se adelantó y le dio de lleno en el estómago con una de sus rodillas, logrando que el rubio se doblara hacia enfrente al sentir que el aire se esfumó en unos segundos. Kagami tomó por los hombros al chico y le empujó contra uno de los casilleros, escuchando el sonido sordo que provocó la espalda golpeando contra la dureza de éste.
Wakamatsu se removió entre los brazos que le retenían, soltándose y golpeando a Kagami directo en la barbilla, el pelirrojo pudo sentir el sabor de su sangre pero no le importó, la adrenalina era demasiada y sentir su propia sangre sólo le hizo desear golpear al otro hasta que se cansara. Su instinto animal salió a flote, pero no de la manera esperada.
Tumbó a Wakamatsu y se posicionó sobre él mientras éste forcejeaba por soltarse, con una mano le detuvo del cuello de la camisa y con la otra le acomodó un par de golpes rápidos que dieron directo en el rostro, uno cerca del pómulo izquierdo y el otro sobre la nariz, no supo ni le importó saber si toda la sangre que brotaba era debido a que le había quebrado la nariz.
Taiga estaba más que enojado, sentía una adrenalina inigualable correr a través de sus venas, Wakamatsu a pesar de sangrar provocó que ambos giraran en el suelo, quedando sobre Kagami, pero no alcanzó a golpearle bien cuando éste volvió a invertir las posiciones como estaban al inicio.
—¡Hey, Wakamatsu, Kagami! ¡Deténganse! —Gritó el capitán, Otsubo— Basta, basta —dijo parándose tras Kagami y tomándolo por debajo de los brazos, pero éste gracias al calor del momento era más fuerte— Detente Kagami, ya déjalo —volvió a pedir, ambos chicos que peleaban respiraban con dificultad debido al movimiento acelerado.
El pelirrojo se puso de pie y sintió la mano de Otsubo sobre su pecho, el capitán intentó ayudar a Wakamatsu a ponerse de pie ahora que Kagami se había calmado y parecía que ya no atacaría al otro, pero éste le manoteó y se paró por sí solo.
—Ésta la vas a pagar, Kagami —dijo el rubio, limpiándose con el dorso de su mano la sangre que seguía saliendo por su nariz. No esperó una respuesta y salió de ahí.
—¿Qué pasó? —Preguntó el capitán mirando a Kagami.
El pelirrojo se giró y con el puño apretado con fuerza golpeó la puerta de uno de los casilleros, importándole poco que los nudillos se pusieran rojos ante tremendo impacto contra el delgado metal del que estaban hechos.
—Pasa que es un idiota…
—No debiste dejar que te provocara —dijo Otsubo preocupado por lo que pasaría después de ese pleito.
—No me importan las consecuencias, si no hubieras llegado, seguiría golpeándolo —confesó.
—Te llevaré a tu casa, vamos —dijo.
—No, en un rato me voy —no muy convencido de ello, Otsubo suspiró y se retiró, en esos momentos no era bueno contradecir al pelirrojo que parecía molesto aún.
Tomó su mochila y salió del lugar por la puerta trasera, evitando a los posibles fotógrafos y molestos paparazzi que nunca faltaban después de un juego tan importante como el que habían ganado, eran las 19:00 horas por lo que el sol apenas se estaba ocultando, caminó en silencio hasta el lugar más cercano en donde pudiera recostarse un rato, necesitaba pensar claramente y estando así de enojado no podía.
Kagami sabía que no podía fiarse del idiota de Wakamatsu, ya que era obvio que había tratado de meter el veneno suficiente en él para que se alejara de Aomine, quizás para los demás también era obvio lo que ellos dos tenían aunque ni siquiera hubieran formalizado nada y apenas hubieran comenzado con esa extraña relación, pero en realidad no se necesitaba de mucho para malinterpretar la amistad que mantuvieron tan estrecha desde que él se integró al equipo.
Cerró los ojos sintiendo el fresco aire que corrió por el lugar, estaba ahora acostado bajo la tenue sombra de un espeso árbol en un parque cercano a la cancha donde había sido el juego.
No podía creer lo que le dijeron sobre Aomine, era obvio que era una mentira, no dudaba que el moreno fuera un rompe corazones pero tampoco podía creer las palabras de una persona como esa, alguien que se notaba trataba de hacerle daño y meterse en su cabeza.
¡Él lo sabía! ¡Sabía que eso había intentado Wakamatsu!
Lo peor, es que en realidad ahora no sabía qué creer, porque a pesar de ser un idiota, Wakamatsu había descrito a detalle el proceder de Aomine, era justo lo que dijo, llegó borracho el jueves en la noche para quedarse con él todo el viernes. ¡Era justo lo que hizo!
—Maldición Aomine —gruñó entre dientes, tallando su rostro con ambas manos al sentirse desesperado— ¿Por qué él dijo eso?
Si tan sólo no hubiera dado esos detalles… Quizás era lógico que Aomine hubiera aprovechado el día de descanso para estar con Kagami ya que los demás estaba ocupado entrenando, tal vez esa parte Wakamatsu la había adivinado, tomando en cuenta que la marca en su estómago estaba bastante roja, era obvio que era reciente y eso daba la seguridad de que estuvo con quien le hiciera esa marca el día anterior…
¿Pero porqué supo que iba borracho? ¿Cómo supo que llegó la noche del jueves? Bien pudo haber llegado el viernes sobrio y habérsele declarado.
¿Por qué estaba dándole tantas vueltas al asunto? Aomine ni siquiera le había dicho nada, así que podía ser verdad que sólo lo había buscado para pasar un buen rato ¿por qué no? Después de todo ambos estaban sin compromiso alguno, quizás era por eso que le preguntó tan insistente sobre si tenía alguna relación con Kise o si sentía algo por él, para no intervenir ya que Kise era su amigo.
—¿Me estuviste trabajando todo éste tiempo? —Pensó riéndose de su situación tan patética— Eso explica el por qué era el único con quien eras amable…
¿Y si era así qué? Aomine no dijo nada, nunca le declaró amor o algo, así que… no estaba haciendo nada malo y tampoco le mintió, eran dos adultos que disfrutaron de una buena sesión de sexo y ya, no había necesidad de darle más vueltas al asunto, era una tontería hacerlo.
El problema radicaba en que Kagami sí se sentía jodidamente atraído por el moreno, y tras esa noche y el día que pasaron juntos, ahora no podía sacarse de la cabeza que le gustaría despertar así con él, quería poder reclamar su compañía y al mismo tiempo descubrir junto a él lo que se sentía llegar al orgasmo mientras le poseía por completo.
—Déjate de estupideces, Taiga —se dijo a sí mismo. Sacó su celular de la mochila y vio que tenía un par de mensajes nuevos que seguro habían llegado cuando estaba en el juego aún.
Uno era de Aomine y sólo decía que no se había ido de su casa y que ahí le esperaría.
—Lo que me faltaba —Por supuesto que no le molestaba a Kagami la idea de volver a pasar toda la noche con Aomine, pero justo ahora no era la persona a la que deseaba ver, quería primero acomodar sus ideas antes de decir o hacer alguna estupidez a causa de las palabras del idiota con el que acababa de pelear—. Lo siento, no quiero molestarte, pero eres al único que puedo recurrir… —marcó un número previamente guardado en su agenda y esperó a que del otro lado le contestaran.
—¿Kagamicchi? —La voz de Kise se escuchó, parecía ocupado.
—¿Estás ocupado?
—Estoy en una sesión, pero ya casi termino, ¿necesitas algo?, ¿estás bien? —Cuestionó preocupado ante los segundos de silencio.
—Sí, sí lo estoy, sólo quería que me acompañaras a un lugar, pero ya será otro día, suerte…
—¡Espera no cuelgues! Kagamicchi, estoy a punto de terminar, en serio, no tardaré ni una hora, ¿quieres que te busque en tu departamento?
—¡No, ahí no! —Se apresuró a aclarar—, ¿Sabes dónde han sido los últimos juegos de la semifinal?
—Sí, en el auditorio principal, ¿cierto?
—Sí, estoy en un parque que está a unas cuadras, ¿ubicas cuál es?
—Claro, es el de la fuente danzante —dijo recordando lo mucho que le gustaba esa atracción—, te veo ahí en un rato, trataré de apresurarme. Te llamaré cuando esté ahí.
—Bien y Kise… —hizo una pequeña pausa antes de que el rubio cortara la llamada, y tras sonreír terminó su frase— Gracias.
—No tienes nada qué agradecer, Kagamicchi, para eso estamos los amigos.
Y tras esa breve llamada, Kagami se mantuvo a la espera de que Kise le devolviera la llamada avisándole que estaba ahí, sabía que quizás tardaría más de lo que dijo, pero no importaba, prefería hacer eso ahora y no esperar más tiempo. Pasados veinte minutos, su teléfono sonó pero al ver la pantalla, el nombre que estaba marcado ahí no le gustó.
Aomine Daiki
Dejó que la llamada entrara al buzón pero el chico no dejó nada, al contrario volvió a marcar y fue entonces que se atrevió a contestar.
—¿Dónde estás, Bakagami?
—Aaah… acabo de leer tu mensaje, no sé si llegue a casa hoy.
—¿Huh? —Su tono se escuchaba molesto— ¿Qué se supone que significa eso? ¿En dónde estás?
—Estoy arreglando unos asuntos, te veo el lunes, no te preocupes.
—Hey no vayas a colg…
Kagami terminó la llamada. Aomine le marcó varias veces pero no contestó. Sabía que se estaba comportando infantil, que era tonto dejarse llevar por estupideces que dijo una persona que ya le había demostrado querer hacerle daño, pero, quizás había algo de verdad en aquello que dijo… No es que Aomine lo estuviera haciendo como un ritual de bienvenida a los novatos, no creía que fuese así, pero sus pensamientos le hicieron concluir que quizás sí estaba haciendo eso sólo como un desfogue sexual con alguien cercano, ¡y no estaba mal! Mientras ambos estuvieran conscientes de que así era la situación, entonces no había ningún crimen.
—Estás peor que una colegiala con su primer amor, qué patético —se dijo Kagami, después se sentó y miró a todos lados, a lo lejos pudo visualizar la fuente danzante que mencionaba Kise, había un espacio circular del cual salían chorros de agua desde el suelo, algunos más altos que otros y en ritmos diferentes, a ésta hora del día cuando el sol ya estaba prácticamente oculto era más hermoso que por las mañanas, ya que las luces de colores que rodeaban el círculo se fundían con el agua dándole un aspecto fantástico.
Estaba decidido, no se alejaría, dejaría que las cosas fluyeran como hasta ahora, aprovecharía los momentos con Aomine pero trataría de desapegarse emocionalmente lo más que pudiera, así cuando la separación inminente sucediera, no sería tan doloroso. O ese era el plan.
Pero debía comenzar a no depender ni pasar tanto tiempo a su lado, no eliminarlo, sólo reducirlo. Nuevamente el teléfono del pelirrojo sonó, despertándolo de su letargo.
—Kise, ¿dónde estás?
—Estoy en la fuente, ¿dónde estás tú?
—Espera, ahí voy para allá —y tras decir eso cortó.
Colgó su mochila sobre su espalda y caminó los metros que le separaban de la mencionada fuente, había pocas personas, parejas en particular que desde lejos miraban la danza de aquellos chorros de agua mientras permanecían abrazados, trató de esquivarles para no interrumpir la magia del momento. Tras un par de minutos que le tomó llegar hasta el rubio, éste ya se veía embelesado mirando cómo salía el agua desde el suelo y alcanzaba una altura considerable para después caer, ocasionando una ligera brisa debido al viento, que desde el lugar donde estaba parado Kise, podía sentir tocándole el rostro.
—Kise… —llamó el pelirrojo sacándolo de sus pensamientos. El rubio giró con una sonrisa que se perdió en cuanto las luces de colores que rodeaban la fuente le permitieron ver el rostro del recién llegado.
—¡Kagamicchi! ¡¿Qué te pasó?! —Preguntó tomándolo de los hombros y buscando con la mirada más de cerca la gravedad de los golpes.
—Aah eso —dijo calmado, apenas recordando que durante la pelea Wakamatsu también le había golpeado un par de veces, además que seguramente tendría moretones por todo el pecho y espalda considerando los golpes que le dio mientras trataba de zafarse de su agarre antes de que le rompiera la nariz—, estoy bien, no te preocupes —mencionó restándole importancia.
Kise elevó una de sus manos y con la yema de sus dedos apenas y tocó el labio inferior de Kagami, el cual tenía una línea roja vertical que se perdía hacia dentro de su propia boca. Le habían reventado el labio.
—¿Con quién…?
Por unos segundos, a la mente de Kise vino la imagen de Aomine, pero rápido la descartó al recordar que éste último estaba enamorado de Kagami y dudaba que hubiera hecho algo como esto, por lo menos no al pelirrojo. Su mente entonces recordó que Wakamatsu le debía una por lo que hizo con las bebidas adulteradas que le regaló.
Un hilo de sangre corría por la sien de Kagami, parecía que estaba seco pero Kise movió con cuidado el cabello rojo para ver que provenía desde la orilla donde comenzaba el nacimiento del cabello. No eran heridas graves pero se notaba que había peleado.
—¿Wakamatsu? —Preguntó, Kagami asintió girando la vista hacia otra parte aunque no movió el rostro, se sentía apenado de recibir esas atenciones de su amigo, ya que creía que estaba exagerando, no se había mirado en un espejo pero tampoco creía estar tan mal, ya que no le dolía nada, tal vez un poco los costados y la parte de las costillas, pero… nada grave—, ¿qué pasó? —Volvió a cuestionar Kise.
—Vamos por algo de comer y te cuento, me estoy muriendo de hambre —dijo sintiendo a Kise retirar sus manos del rostro y sonreírle como lo hacía siempre.
—Está bien, pero antes deberías lavarte la cara, vamos, por acá hay unos baños públicos —indicó para que el otro le siguiera.
—25—
Luego de subir al automóvil de Kise, tras quince minutos de manejar, llegaron a un restaurante no muy lujoso pero acogedor, donde el rubio creía que pasarían más desapercibidos, tratando de evitar nuevos chismes sobre ellos dos, ahora que parecía haberse calmado ese asunto.
—Aquí venden unas hamburguesas deliciosas, estoy seguro que te gustarán —dijo el rubio alegre.
Estaban sentados en la mesa del fondo, la más apartada y discreta que pudieron encontrar, la iluminación del lugar estaba a media luz, ideal quizás para una cita romántica entre dos enamorados, pero lo que ellos buscaban era discreción, lo último que deseaban era que alguien reconociera a alguno de los dos.
Luego de ordenar, Kise comenzó con la plática que tenían pendiente.
—¿Me vas a decir qué pasó? —Preguntó bebiendo de su vaso un poco de su limonada mineral.
—Después del partido, llegó a provocarme… —confesó Kagami, mirando al rubio sentado frente a él.
—¿Te dijo algo sobre las bebidas?
—No, no… fue… sobre eso. Dijo puras estupideces —dijo finalmente desviando la vista avergonzado, no estaba seguro de decirle a su amigo lo que estaba sucediendo, aunque suponía que también lo imaginaba.
—Kagamicchi, ¿confías en mí, cierto? Supongo que por eso me llamaste… —dijo contestando lo que para él era obvio. Extendió una mano sobre la mesa y tomó la del pelirrojo apretándola para darle ánimos— ¿Me contarás qué pasó? —volvió a preguntar. Kise vio a Kagami aspirar aire de más, llenando sus pulmones y después soltarlo ruidoso.
—Sí, tienes razón. Lo que sucedió fue que llegó cuando sólo quedaba yo en los vestidores, insinuó que tuve algo con Aomine, dijo estupideces sobre él y me sentí demasiado molesto por sus comentarios idiotas, además que aún no me había pagado por lo que hizo con las bebidas. Creo que le rompí la nariz, no estoy seguro, pero… fue Otsubo quien nos detuvo, me amenazó y se fue. Supongo que mañana me enteraré qué tan grave será todo esto.
—Vaya, estoy seguro que no se quedará callado, ¿te amenazó?
—Sí, tonterías, sólo dijo que lo pagaría.
Kise retiró su mano, que había mantenido sujetando la del pelirrojo y la llevó a su barbilla mientras pensaba un poco.
—¿Crees que diga algo a la prensa? —Preguntó, casi como un pensamiento en voz alta.
—No lo sé, pero en todo caso él quedaría como el tonto al que golpee.
En ese momento llegó el mesero trayéndoles la comida que ordenaron. Fue Kagami quien dio por zanjado el tema, comenzando a comer, Kise le siguió a un ritmo más lento ya que seguía pensando en lo que le contó.
—Cuando me hablaste, dijiste que querías ir a un lugar, ¿a dónde te referías?
—¡Oh, cierto! —Dijo recordando el principal motivo por el que le había hablado— Quiero que me acompañes a comprar algo, pero el día que tengas libre está bien.
—De hecho, mañana tengo una sesión pero será hasta en la tarde, te puedo acompañar a hacer esa compra misteriosa en la mañana, ¿te parece bien?
—Me parece perfecto.
—Entonces temprano paso por ti —indicó antes de llevar el tenedor hacia su boca.
—¿Te molestaría si me quedo en tu casa por hoy? —Preguntó Kagami, remojando una de sus papas fritas en salsa de tomate. Kise entrecerró sus ojos, suspicaz.
¿Qué estaba sucediendo? ¡Por supuesto que no le molestaba! Si él en un principio no quería que se fuera a causa de los chismes, pero comprendió que era necesario para que el pelirrojo y él estuvieran cómodos, así la prensa pararía sus tontas ideas para vender y se enfocarían en otras noticias positivas y ciertas sobre ellos. De cualquier manera, ¿qué pasaba ahí? No quería presionar a Kagami para que hablara, pero sentía que había omitido algo en su relato y eso además de causarle curiosidad, le preocupaba debido a la actitud pensativa que miraba en su amigo de pronto.
—Sabes que la puerta de mi casa está abierta siempre para ti, Kagamicchi —el pelirrojo sonrió agradeciendo la amabilidad del rubio.
Duraron unos minutos en completo silencio, sólo se escuchaba el murmullo general que había en el lugar ya que las demás personas hablaban entre ellos en voz baja, así como el sonido de los cubiertos golpeando de pronto en los platos, el ir y venir del mesero que pasó un par de veces preguntando si todo estaba bien.
—Por cierto, Kagamicchi… —dijo Kise, llamando la atención de éste al dar inicio a una nueva plática— ¿Qué pasó con Aomine?
La pregunta de Kise se refería a lo que sucedió debido al castigo que le dieron, si habían arreglado algo, si el entrenador había hablado con él o no. Kagami la tomó como una pregunta acusadora y sólo pudo recordar la noche del jueves en que tuvo relaciones con el moreno y el viernes que se la pasaron juntos, acostados todo el día entre juegos que les llevaban de nuevo a las caricias, terminando en un orgasmo seguro una y otra vez a lo largo del día.
Kise notó de inmediato la tensión en los hombros y el cambio en Kagami que comenzó a comer más rápido para no contestarle, además de que tomó bebida en exceso e incluso pidió otra al mesero que les atendía. ¡Era tan obvio!
—¿Qué pasó de qué? —Se aventuró finalmente a contestar, tomando de su nueva bebida un sorbo moderado. Kise le enfrentó con la mirada, parecía que trataba de leerle la mente y por un momento Kagami agradeció que eso no fuera posible, de lo contrario vería cientos de imágenes de él y Aomine juntos en la cama, en la sala, en la regadera, la cocina, en el pasillo… ¡Por todo el maldito departamento!
Sus propios pensamientos le hicieron enrojecer. Mala idea ponerse a pensar ese tipo de cosas en un momento así.
—Quería saber si había solucionado de alguna manera el problema que tuvo con el positivo en el antidoping, pero… tú me acabas de dar la razón de que hay algo más que te está pasando.
Kagami le miró serio, no dijo nada porque cualquier cosa que dijese estaba de más. Kise lo había descubierto.
—No te presionaré para que me digas, sólo espero que tengas confianza suficiente para hacerlo en algún momento, y que te quede claro que en lo que sea que pueda ayudarte, lo haré —ofreció, inclinando su cuerpo al frente evitando elevar la voz, así sólo Kagami lo escuchaba y prevenían algún problema de malos entendidos con otras personas que pudieran estar escuchando su conversación por casualidad.
—Me gusta Aomine —soltó sin más, Kise sonrió suave pero no parecía sorprendido ante la confesión repentina.
—Lo imaginé, ¿y cuál es el problema?, ¿ya le dijiste a él? —Kise sabía de antemano que a Aomine también le gustaba Kagami, y más que eso, sabía que el moreno estaba enamorado desde hacía algunos años, del pelirrojo no estaba seguro desde cuándo venía ésta atracción o qué tan fuerte era, pero suponía que era algo muy parecido en intensidad, aunque quizás no en tiempo.
—¡Claro que no! —Se apresuró a aclarar, asustado con la simple idea de confesarse ante el moreno.
—¿Por qué no lo has hecho?
Para Kise era complicado mantener la boca cerrada en ese momento, saber que Aomine también le correspondía hacía que el rubio quisiera decirle "Te corresponde tonto, corre a decirle" pero estaba consciente de que no era su decisión ni su secreto, así que no quería inmiscuirse a tal grado, pero sí deseaba poder ayudarlos de alguna manera a que ese par de brutos se diera cuenta de que ambos eran igual de idiotas y estaban enamorados uno del otro.
—Aomine y yo… estuvimos… juntos —dijo la última palabra casi en un murmullo, Kise fue acercándose cada vez más sobre la mesa, inclinando su torso hacia enfrente para poder escuchar lo que el otro iba convirtiendo en un susurro.
—¡¿Qué?! —Elevó la voz alarmado y después la bajó para que sólo el pelirrojo le escuchara— ¿Juntos, juntos? Es decir, ¿tuvieron sexo? —Preguntó incrédulo. Y él pensando que deseaba ayudarlos a estar juntos, pero si ya habían estado más que juntos, revueltos se podría decir.
—No digas… argh… sí —reveló cerrando los ojos, con su mano talló su rostro desesperado de lo vergonzoso que era esto. Kagami no iba a entrar en detalles sobre el hecho de que Aomine no le penetró ni él al moreno, que sólo se habían realizado algunos orales, que se masturbaron mutuamente y otras prácticas que les llevaban de igual manera al orgasmo.
—Entonces ya son pareja… —dijo Kise tratando de entender porque de pronto sintió que se perdió en algún punto de la conversación.
—No, no lo somos, bueno… no lo sé.
—Déjame ver si entendí bien, te gusta pero no le has dicho, tuvieron sexo y ¿no sabes qué son?
—Si lo pones de esa manera suena demasiado confuso —dijo Kagami, terminándose por fin todo lo que había pedido para la cena, ya que siempre le daba mucha hambre después de un juego.
—Es confuso. ¿Ya hablaste con él?, ¿cómo pasó?, ¿cuándo?, ¿tú lo iniciaste? —Tenía tantas preguntas que no sabía por cuál comenzar y las soltó una por una sin esperar que el pelirrojo le respondiera. Después de un largo suspiro de resignación, Kagami comenzó con la historia.
—…Y estuvimos todo el día viernes pero ninguno dijo nada. Creí que preguntar ¿cuál era nuestra relación ahora? Era demasiado vergonzoso y quizás muy estúpido, tal vez Aomine no tenga nada en mente, sólo pasar un buen rato, yo qué sé, no puedo leer su mente y él es muy complicado… Hasta el jueves yo pensaba que le iban las mujeres de pechos grandes, ¿qué quieres que piense? —Alegó Kagami en su defensa.
—Claro que le gustan así, pero en la pornografía, ¿no has mirado porno alguna vez? ¿Acaso no te gustan las mujeres que salen ahí a pesar de que te gusta Aomine?
—Tienes razón en eso pero… también está lo que pasó con el idiota de Wakamatsu… Me dejó pesando todo lo que me dijo.
—¿Qué te dijo? No creas lo que alguien como él diga, eso te lo aseguro desde antes de saber qué tonterías habló.
—Lo sé, sé que lo que dijo sólo lo hizo tratando de hacerme sentir mal pero, tiene cierto sentido de alguna manera.
Kagami procedió a explicarle sus cavilaciones, lo que el otro rubio dijo antes de que se pelearan y por qué a pesar de que esas palabras provenían de una persona que trató de dañarle, tenían una pizca de razón en algún aspecto.
—Kagami tú lo dijiste, ambos son adultos no huyas de él, búscalo y arreglen esto, dile que te gusta, de frente… casi estoy seguro que él sentirá lo mismo —dijo sonriendo, sonando como quien da ánimos a su mejor amigo, tratando de que no pareciera que en realidad estaba seguro porque lo había comprobado después de que la mejor amiga del moreno se lo dijera por accidente.
—Tienes razón —dijo algo desanimado.
—Kagami —llamó otra vez, atrayendo la mirada roja sobre su rostro—, todo estará bien, pero si no hablas directamente con él, siempre tendrás la duda de lo que te dijo ese idiota. Aunque quieras creer que es mentira, una parte de ti está dudando. Acláralo primero antes de continuar —aconsejó.
"Si fueran tan buenos en relacionarse como en el básquetbol, esto no estaría sucediendo" pensó divertido el rubio.
Kise sabía que Kagami tenía la madurez mental para saber lo que tenía que hacer, pero era tan bruto y tímido que prefería evadir un asunto que le avergonzaría. Por otro lado, Aomine era bastante parecido en muchos aspectos pero contrario a Kagami, su exceso de confianza le orillaba a dar por hecho que el pelirrojo después de esa noche juntos había comprendido lo enamorado que estaba de él y que ahora no necesitaría expresarlo en palabras directamente, porque sería innecesario decir algo tan obvio.
Eran tan parecidos y al mismo tiempo tan diferentes que daba miedo, Kise podía imaginar el problema que sería si ese par no se convencía de hablar claramente. Aomine celoso, Kagami con dudas.
:—Continúa—:
—¤Žhena HîK¤—
"Antes de amarme, debes saber que en las noches de luna llena me convierto en poeta, y que justo en esas noches… el amor lo haremos entre versos"
—Víctor de la Hoz
—
Ahora sí, ¿qué les pareció? ¿Aburrido? ¿Tedioso? xD jajaja no sé, ya me dirán ustedes qué piensan...
Y ahora la mala noticia, no estoy segura de poder tener la actualización de la siguiente semana, tengo algo comenzado pero no me convence, -es casi la mitad- pero estoy pensando en borrarlo porque no me gusta. Además (no es sólo por eso) sino que tengo exceso de tarea en la universidad, con decirles que tengo que escribir a mano, la biografía de los 62 presidentes que ha tenido México... Si ustedes se están preguntando ¿para qué rayos sirve que hagas eso? Lo mismo me estoy preguntando yo, ya que parece un trabajo que dejaría un profesor de primaria/secundaria, no en una universidad... pero en fin, profesores.
Advierto, haré TODO lo posible por tenerlo a tiempo, ya que como dije al inicio, ustedes han sido muy constantes en su apoyo y eso en verdad lo agradezco, pero si no se puede, ni qué hacer. Espero que me comprendan.
Pd: ¿Cuántas son tan curiosas que se vinieron directo al final a leer la nota para saber de la mala noticia antes de leer? Porque suena a algo que yo haría si fuera una lectora, jajajaj pero no sé, quizás soy la única con ese nivel de curiosidad.
Nos leemos la próxima semana -no estoy segura del día pero como dije, haré lo posible porque sea el jueves como siempre-
Besos~
