Siento mucho haber tardado tanto, he estado muy ocupada y me había quedado bloqueada con esta historia. Aún no tengo claro como terminarla pero poco a poco va tomando forma. Siento la espera y espero que disfrutéis la actualización.


El paisaje iba cambiando poco a poco, los edificios eran cada vez más escasos y los arrozales ganaban terreno. Aquel fin de semana lo pasarían en una casa rural y todos estaban muy emocionados por aquella pequeña aventura. El jefe de Taichi había sido muy amable permitiéndoles usar su casa en las montañas y pensaban aprovecharla.

Taichi había comenzado a trabajar en la misma empresa que su padre a los 16 años. Había comenzado como mozo de carga los fines de semana para ganarse un dinero extra, después de entrar en la universidad ayudaba en el área comercial todas las vacaciones que daba el año, comenzó a hacerse un nombre por su trabajo duro y su personalidad de líder le ganó varios ascensos. En unos meses, cuando el chico se graduara, entraría como empleado fijo con un buen puesto y un sueldo bastante alto para alguien de su edad. Su jefe era un buen amigo del padre de los castaños y tenía mucho cariño a Taichi, por lo que le brindó aquella casa para que descansara unos días.

Habían alquilado una furgoneta para llegar a la zona, un par de horas del lugar donde vivían. Cuando el sol estaba comenzando a hundirse en el horizonte llegaron a su destino, una casa de estilo occidental los esperaba. Taichi entró a ventilar la casa y a encender las luces exteriores mientras el resto descargaba las maletas, media hora después todo estaba en su sitio. Hikari salió de la habitación que compartiría con su hermano y se encontró con Takeru, que salía de la habitación que compartía con Jou.

— ¿Quieres dar una vuelta por fuera? – preguntó cortés el rubio.

— Claro, pero ya está oscuro. Creo que no podremos ver mucho. – dijo Hikari.

Hacía unos días que no se veían, desde aquella conversación con Mimi y Taichi ambos habían estado algo erráticos y los estudios no habían permitido verse en algo más de una semana. Eso no impidió que Hikari notara que a su amigo le pasaba algo en cuando lo vio subir a la furgoneta. Parecía el de siempre, pero la mirada estaba algo apagada y las sonrisas parecían forzadas.

Hikari quiso aprovechar aquel momento para hablar con su amigo, pero Jou los vio salir y Takeru le invitó también. El médico casi había acabado su año de residencia, por lo que por fin estaba libre y disfrutaba de aquellos momentos con sus amigos. Hikari se sorprendió gratamente cuando conoció mejor al chico que le parecía tan serio y vio el gran corazón que tenía y su gran sentido del humor.

Mimi los llamó para que fueran a preparar la cena. El tiempo era muy agradable al ser finales de verano, así que sacaron las mesas al patio y las prepararon para la cena. Aquel patio lindaba con un bosque, lo que les daba privacidad. Comieron bentos que habían preparado antes de salir, el día había sido largo y algunos estaban demasiado cansados como para preparar un festín. Después de comer alguien sugirió jugar a las cartas y todos estuvieron de acuerdo.

— Estoy muy cansado, chicos. Mejor voy a dormir. – Dijo Takeru, lo que sorprendió a la mayoría.

— ¡No seas aguafiestas, Takeru! – dijo Mimi.

— Quédate aunque sea una partida. – Sugirió Sora. – lo pasaremos bien.

— Está bien.

Hikari no dejaba de mirarlo intentando averiguar qué pasaba. Takeru siempre tenía ganas de pasar un rato con sus amigos, pocas veces rechazaba un plan como aquel y mucho menos por estar cansado. Aquello era una prueba irrefutable de que pasaba algo.

En cuanto empezaron a jugar el ambiente se fue relajando, Hikari y Yamato no escatimaban en esfuerzos por hacer perder a Takeru, lo que hizo despertar parcialmente en humor del chico.

— ¿Otra vez? Te vas a arrepentir, Hikari. – dijo desafiante el chico.

— ¿Con esas cartas? – Dijo divertida la chica.

— He ganado partidas con peores cartas, ya verás. – dijo riendo.

Hikari estaba exultante, parecía que Takeru volvía a ser el de siempre. Al final se durmieron bien pasada la media noche.

Al día siguiente prepararon unos bentos y fueron a pasar el día a un río a una media hora de caminata. Todos disfrutaron del paseo por la naturaleza y el sol calentaba lo suficiente como para bañarse en el río. Pasaron horas jugando y charlando, incluso Yamato llevó una caña de su padre y pescaron algunos peces para la barbacoa de aquella noche.

Llegaron cansados de vuelta a la casa, pero no lo suficiente como para cancelar la barbacoa. Mimi y Yamato comenzaron a preparar los alimentos, Jou cortaba las verduras, Sora y Taichi se encargaban de los aperitivos y Takeru y Hikari quedaron a cargo de encender el fuego. Después del tercer bostezo Hikari se dio cuenta de las ojeras bajo los ojos azules de su amigo y la piel más blanca de lo normal.

— Pareces cansado.

— Un poco de sueño acumulado, nada de qué preocuparse. – dijo quitándole hierro al asunto.

— ¿Estás seguro? Puedo ocuparme de la barbacoa yo sola, puedes ir a echarte un rato si quieres.

— No podría dormir aunque quisiera, la comida huele deliciosa y aún no está hecha. – dijo Takeru para desviar el tema.

Hikari se pasó toda la cena mirando a Takeru, que parecía actuar con aparente normalidad, pero algo le decía que algo le pasaba. Quizá a la vuelta pudiera hablar con él.

La cena se alargó mucho más de lo esperado. A Hikari le estaba costando dormir, llevaba una hora intentándolo pero los ronquidos de su hermano eran abrumadores. Cansada de dar vueltas en la cama se levantó directa a la cocina a por algo de beber.

Cuando entró no reparó de que allí había alguien más. Somnolienta llenó un vaso de agua y bebió mientras miraba por la puerta que daba al patio trasero. Al terminar el vaso se dio cuenta de la figura negra sentada en el sofá, parecía que tampoco se había dado cuenta de que ella estaba allí. Los movimientos de la figura parecían algo convulsos, ¿Estaba llorando? Se acercó. Pensó que podía tratarse de Yamato por la altura, pero lo descartó, no concebía a Yamato llorando solo en la oscuridad.

— ¿Takeru?

— ¿Hikari?

— ¿Estás llorando? ¿Qué te pasa?

— ¡No! No estoy llorando. Solo tengo un poco de alergia. De verdad.

— No me lo creo, estás raro desde ayer y que yo sepa no tienes ninguna alergia.

— Hablemos fuera, ¿Vale?

Encendieron una lámpara en el porche y se sentaron. Hikari estaba genuinamente preocupada, conocía a Takeru desde hacía tiempo pero nunca lo había visto así, apático y llorando. Lo había conocido de muchas maneras, pero era raro ver a Takeru, tan alegre y enérgico, tan alicaído. Debía ser algo grave.

Se sintió triste y un poco traicionada, si algo así estaba pasando pensaba que su amigo acudiría a ella, pero no había sido así. Quizá fuera que su relación no fuera tan estrecha como ella pensaba, lo que hizo que un pequeño nudo se formara en su garganta.

Takeru tendió una manta fina a Hikari.

— Ya estamos casi en otoño, en las noches refresca.

— Gracias.

— ¿No podías dormir?

— No cambies de tema, Takeru. – su amigo suspiró.

— No es algo de lo que me apetezca hablar.

— ¿Prefieres que llame a Yamato? Quizá no te sientas cómodo hablándolo conmigo. – el tono tan triste con el que pronunció aquellas palabras hizo que toda el control que Takeru había creído tener cediera.

— No, no hace falta que llames a mi hermano. – Retuvo a Hikari cogiéndola de la muñeca.

— Siento haber sido tan directa.

— No te disculpes, estaba a la defensiva.

— ¿Por qué? – Takeru suspiró.

— Las cosas en casa no van muy bien.

— ¿Con tu madre? Pensé que os llevabais bien.

— Y así era.

— ¿Qué ha pasado?

— Va a volver a casarse. – Hikari tuvo cautela, no sabía si era algo bueno o algo malo. – Siempre mantuve la esperanza de que mis padres volvieran juntos, ¿Sabes? ¿No te parece infantil? Se separaron hace más de 15 años y aún pienso que vamos a volver a ser una familia feliz. – dijo intentando sonar jocoso.

— No creo que sea infantil. – No sabía bien qué decir. ¿Debía llamar a Yamato?

— Siento haberte preocupado, estoy mejor. ¿Por qué no intentas volver a dormir? – dijo con la sonrisa triste.

Nunca había visto a Takeru triste, desde que lo conocía lo había visto experimentar numerosas emociones pero la tristeza no era una de ellas. Takeru no había nacido para estar triste, era una persona alegre, te contagiaba su buen humor solo estando en la misma habitación, pero ahora entendía que aquello no era del todo verdad. ¿Cómo de ciega había estado para no ver la tristeza que se escondía bajo aquellos ojos?

Se levantó por inercia, pero no se movió de donde estaba, dudaba. ¿Era lo mejor dejarlo solo o quizá debería quedarse y hacerle compañía? Volvió a centrarse en Takeru, estaba con la mirada perdida en algún punto del jardín, algo menos triste pero igual de perdido. Ni siquiera fue consciente de mandar la señal a su brazo para que se moviera, pero lo vio elevarse desde su costado hasta la cabeza del chico para quedar posada sobre su coronilla. Tenía el pelo suave y fino, no pudo evitar la tentación de acariciarlo.

Takeru no esperaba ese gesto, pero la calidez de la mano en su pelo pareció llegar hasta su corazón dañado. No había notado cuanto necesitaba algo así, cuanto había necesitado ese cariño. No se lo pensó dos veces cuando rodeó a la chica por la cintura y apoyó su frente en sus costillas.

Hikari miró alrededor, si alguien salía en ese momento podría pensar que había algo entre ellos. ¿Qué más daba? Siempre podía explicarlo. No se dio cuenta de cuándo había cerrado los ojos, Takeru era tan cálido que se había abandonado a la sensación, el sueño volvía a colarse en su mente y no pudo reprimir el bostezo. Takeru la oyó y rompió en contacto poniéndose en pie, la mano de Hikari cayó de su cabeza a su pecho, Hikari la apartó con timidez.

— Creo que es hora de ir a dormir. – Dijo Takeru, acompañando el comentario con otro bostezo.

— Solo con una condición. – dijo Hikari adormilada. – Cuando volvamos a Tokio hablaremos de esto.

Takeru quiso negarse pero la mirada severa de Hikari le hizo recapacitar.

— Está bien, pero ahora es hora de dormir.

A la mañana siguiente ambos se notaron renovados, Takeru había dormido bien después de una semana y se notaba, estaba más animado y bromista. Cuando ambos se saludaron en el desayuno se notaron distintos, como si su relación hubiera avanzado con lo pasado aquella noche, era la misma sensación que tienes cuando descubres un rincón de tu ciudad en el que nunca habías reparado pero que había estado ahí todo ese tiempo, la sensación de que algo que creías conocer te demostrara que aún tiene muchas aristas escondidas. Hikari se notaba un poco torpe y no sabía a qué achacar esa inquietud que comenzaba a recordarle sus primeros momentos de noviazgo.

El grupo se iría después de comer por lo que aún tenían algo de tiempo para disfrutar de la escapada, pero todos estaban cansados después de dos días de actividades así que decidieron jugar a un juego de mesa que Jou había traído. Las reglas eran simples: cada equipo tenía un puñado de tarjetas, uno de la pareja debía intentar que el otro adivinara la palabra escrita en la tarjeta sin utilizar ninguna de las palabras enunciadas bajo la palabra elegida, quien consiguiera más tarjetas acertadas ganaba. Fácil.

Koushiro y Mimi se pusieron juntos, al igual que Yamato y Sora, Taichi intentó hacer pareja con Hikari pero esta se negó, había hecho muchas cosas parecidas con él como para saber que sería el perdedor, no se le daba bien adivinar cosas. Ante la negativa Taichi reclutó a Jou pensando que al ser más listo tendría más posibilidades, lo que dejaba a Takeru como única opción, no iba a quejarse.

Yamato y Sora fueron los primeros, no lo hicieron mal pero Sora era muy competitiva y presionaba a Yamato para que fuera más rápido lo que hizo a todos reír. Los siguientes fueron Mimi y Koushiro, Mimi usaba las palabras más insospechadas para definir una palabra, dejando al analítico Koushiro desconcertado. Jou y Taichi acabaron peleando porque Taichi recriminaba al médico usar palabras demasiado raras a propósito y Jou le respondía que era demasiado lento adivinando. Por último fueron los menores, Hikari fue la primera encargada de adivinar, para sorpresa de todos, incluso de ellos mismos, en apenas una o dos explicaciones eran capaces de adivinar la palabra elegida, era como si entendieran perfectamente la forma de pensar del otro y llegaran a la misma conclusión, se pusieron en cabeza en poco tiempo y acabaron ganando. En la siguiente ronda todos exigieron cambiar de pareja.

La vuelta a casa fue silenciosa, quien no estaba dormido estaba pendiente del móvil o mirando por la ventana. Hacía tiempo que no se lo pasaban tan bien, los estudios y la vida adulta no le dejaban mucho tiempo para momentos como aquellos, por eso habían disfrutado al máximo de una escapada como aquella, les hizo sentir como si volvieran al instituto.

Hikari iba mirando por la ventana, el paisaje iba cambiando y la amplitud de lo campestre daba paso a lo abarrotado de la ciudad. Desvió la mirada buscando unos ojos azules pero los encontró cerrados y profundamente dormido, otros ojos azules la miraron suspicaces, pero apartó la mirada no respondiendo a la sugerencia de estos. Al menos Takeru volvía a descansar como era debido, aunque aún tenían una conversación pendiente que planeaba no dejar que se postergara demasiado.

Hikari no era una chica intrusiva, dejaba que los demás le contaran sus problemas cuando estuvieran preparados y jamás presionaba a nadie, pero con Takeru sentía la necesidad de saber qué le pasaba, aún se sentía un poco triste al saber que su amigo no había confiado en ella y había estado ocultándole aquello. Quizá estuviera exagerando un poco, solo se conocían desde hacía poco más de un año y Takeru no tenía por qué contarle cada momento de su vida, quizá prefiera tocar ese tipo de temas con alguien más, con un amigo más cercano. Pero por muy injusto que pareciera era incapaz de aceptar aquello, se sentía un poco egoísta pero quería que fuera a ella a quien acudiera Takeru a contar sus problemas. Después de pensar en todo ello se dio cuenta de que si deseaba todo eso era porque ella deseaba lo mismo de Takeru, quería contarle sus problemas y era el primero en el que pensaba cuando las cosas iban mal. Ni siquiera Daisuke había conseguido ponerse por delante de Taichi, pero parecía que el rubio había ganado terreno sin que ella si quiera lo advirtiera.