Le mando un saludo a mis fieles Daniela70306, Wings, Chat'de'Lune y Moniii por sus comentarios. Un beso a mi Waifu a la que le metí ansias. Aunque tiene su qué. Todo tiene su razón.
Así que, ¿Nerviosos? Hoy todo se decidirá. ¡Hoy es el clímax! Respiren profundo antes de leer esto, porque estará infartante, aunque lo diga yo.
¡ESTE CAPITULO ES LARGUISIMO, DIOS MIO!
Disfruten.
Capítulo 9: Corazones afianzados.
Sentía su corazón tornarse molesto. Bullicioso. Su mano empezaba a perder el agarre. Se había puesto una trampa a sí misma. Ni siquiera era capaz de terminar la oración. Era una tonta. No podía dejar de repetírselo una y otra vez.
Ya estaba con los pies en territorio peligroso. Podía sentir la mirada de la chica sobre ella. Apuñalándola.
Tenía que ser fuerte.
- ¿Anna?
Ambas dieron un salto. Rompiendo la cercanía. Se voltearon hacia la puerta, alertadas por la aparición de alguien que de seguro no esperaban a esa hora. El moreno, Hans, estaba ahí, con su ropa siempre arreglada y su rostro siempre templado.
- ¿Hans? ¿Qué haces aquí?
-Quería hablar contigo, así que te esperé. No sabía que estabas ocupada con la profe.
-No está ocupada, ya terminamos nuestra conversación.
Estaba huyendo. Lo sabía. Estaba aprovechando la oportunidad de salir de ahí. De huir de sus sentimientos. La misma pelirroja le dio una mirada confusa. Casi aterrada. No quería ser un estorbo en la relación de los chicos, prefería irse y dejarlos hablar. Empezó a salir y sintió los dedos de la chica intentando atraparla en vano. Junto con un susurro.
La estaba llamando.
Intentaba detenerla…
Salió de ahí, pero no pudo alejarse lo suficiente. Que ella intentara detenerla fue algo que no imaginó. Que no creyó posible. ¿Porqué? Quizás se sentía insegura. No podía abandonarla a su suerte. No con él.
-Me impresiona que seas tan cercana a la profe.
-Al punto, Hans, ¿Qué demonios quieres?
-Vamos, Anna, no puedes seguir enojada. Somos novios. Debemos apoyarnos y entendernos mutuamente.
-Cuando me traicionaste dejaste de serlo.
No quería oír. No quería meterse a pesar de todo, pero era inevitable. Se quedó en un rincón oscuro, fuera de la vista de cualquiera, mientras podía escuchar claramente las palabras que se decían dentro del salón. Le asustaba un poco el que no hubiese ningún alma en los pasillos.
-Tu padre me preguntaba ciertas cosas, no podía callarme, sabes cómo se ponía.
-El no sabría diferenciar una mentira de una verdad. Él tiene que mantenerse alejado de mi situación. Quiero terminar esto de una vez. Si vas a hacer que él me obligue a faltar a clases, o que me impida estudiar, hazlo. No sé qué planeas, y espero que no tenga que ver con el dinero que me estás prestando, pero si me entero que sigues con esto, te juro que te destruiré, Wrestler.
-No lo tomes de esa forma, no es mi intención dañarte.
-Pero lo haces. Y quien sabe de cuantas veces has sido culpable. Sabes que para mí no es fácil esto. Elsa me ha ayudado mucho, al fin estoy avanzando, y no quiero que lo arruines. Solo déjame en paz.
-Vamos, Anna, perdóname.
-Suéltame, Hans…
-No lo haré de nuevo…
-Te dije que me soltaras.
-Déjame que te lo demuestre cuanto lo siento.
- ¡Hans! ¡Joder!
Escuchó movimientos bruscos. Sillas chirreando en el suelo. Tuvo miedo. El chico no se veía muy grande, pero no dejaba de ser un hombre adulto. No quería que le hiciera daño a la chica. Escuchó un quejido. Era de Anna. No podía quedarse ahí sin hacer nada. Pero llegar e intervenir podría causar la ira del personaje en cuestión. Intentó pensar en algo. Los vio a ambos tirados en el suelo forcejeando. No distinguió nada. Solo sus posiciones. Apagó la luz del salón y decidió atacar.
- ¿Eh? Así está mejor. ¡Uhg!
Escuchó un gruñido por parte del chico. Al parecer Anna había aprovechado el momento para atacarlo de alguna forma.
- ¡Mierda! ¡No hagas esto más difícil, Anna!
Había visto una paleta para mezclar colores en una mesa. Se veía resistente. La tomó a ciegas y avanzó. Recordar la posición no era difícil. Todo estaba en la memoria. Levantó la paleta y la guio con toda su fuerza hacia la cabeza del chico. Lo escuchó gritar y luego solo escuchó el sonido de un cuerpo caer al suelo. Le había acertado. Tanteó el terreno buscando a la chica, hasta que encuentra su brazo en la oscuridad. La tomó con firmeza y la ayudó a levantarse. Salir de ahí era el único objetivo. El chico no las seguía, así que al parecer estaba inconsciente. El golpe no fue muy fuerte, pero ella conocía el cuerpo humano y los lugares más delicados donde poder atacar.
Se detuvieron en su caminata rápida. Los salones estaban completamente vacíos. Esa ala parecía desierta a esa hora. Tomaron un segundo para recuperar la respiración. Vio de reojo a la chica. Se veía agotada. Su rostro estaba rojo, y tenía mucha sangre corriéndole de la boca. Tenía algunas marcas en sus brazos. Había conseguido sacar su mochila y su sudadera ante todo el jaleo. Eso la calmaba. Volver ahí no sonaba bien.
-A él si deberías denunciarlo.
-Creo lo mismo.
Bajaron a paso rápido por las escaleras y llegaron al estacionamiento. Había ocho autos en todo el estacionamiento. Probablemente de la limpieza o los nocheros. Uno de ellos era el Mercedes de Hans.
Abrió la puerta del copiloto e hizo entrar a la chica. Prendió la lucecita dispuesta mirar a la chica, en busca de alguna herida contundente. También quería limpiarle la sangre de su boca.
-Es de Hans, lo mordí con fuerza. Gracias por no haberte ido.
-No pude irme, dejarte sola con él no sonaba bien.
Le limpio con un pañuelo toda la sangre y siguió buscando en busca de heridas. Le dio una botella de agua para que se enjuagara.
-Tú no has tenido muchos amigos, ¿O no, Elsa?
No sentía mal intencionada la frase. Y era verdad. De hecho, se atrevería decir que no tenía ningún amigo. No lo creía necesario, ni fundamental para cumplir sus objetivos.
-Ninguno.
-Es mejor así, es horrible desilusionarte y sentirte traicionado. Además de todas formas los irás perdiendo con el tiempo, por desinterés, por la distancia, es un lazo que puede romperse tan fácilmente.
Pasó un pañuelo húmedo por sus brazos, limpiando unas marcas de agarre, y unos cortes leves. Le dolía ver a Anna así. Se notaba que era sociable con la gente que le caía bien, con las otras usaba su cara de "hablaremos a la salida". Era triste, quizás no entender, pero saber lo dolida que se sentía al verse lastimada por alguien en quien confiaba.
-Pero has tenido buenos amigos, Anna, como Kristoff.
-Kristoff es mi familia, él no cuenta. Empezó a ser diferente cuando me invitó a vivir en su casa un tiempo, a ser parte de su gente.
-Debe ser lindo tener alguien así.
Se sentía algo abrumada con el tema. No era fácil para ella tener relaciones interpersonales. Simplemente no se le daba bien. Escuchar historias de personas que se apoyaban entre ellas le hacían sentir extraña, hasta los envidiaba un poco. Sintió la mano de la pelirroja tomar la suya. La miró, notando su sonrisa tan tranquila y segura.
-Ahora puedes confiar en mí, Elsa, así como yo confió en ti. Nos tenemos la una a la otra, no necesitamos de nadie más. Solo nosotras.
¿Una amistad? ¿Eso le ofrecía? No comprendía. Su charla sobre lo bueno de no tener amigos le daba una señal diferente. La confundía. Frunció los labios. Se levantó de golpe y se dio la vuelta, tomando su asiento y prendió el motor. La chica cerró la puerta y se puso el cinturón con una mirada de confusión.
Tenía claro que la confundía. Lo sabía. ¿Pero acaso ella no hacía lo mismo? Le daba señales, le decía cosas, no lo aguantaba. No podía seguir aguantando algo así. No podía. Se sentía tan impotente. No tenía forma alguna de darle a entender a la chica sus sentimientos. No quería perderla. Pero daba igual. No podía seguir sintiendo eso.
Si era una amistad, no podía seguir siendo amiga de la persona que amaba.
Su primer amor.
Simplemente no podía.
Se estacionó en su complejo de departamentos. El estacionamiento estaba en un silencio profundo. Su lugar como siempre estaba tan apartado del resto. Siempre estaba tan apartada. Apartada de todo el mundo. Resopló, mirando de reojo como la chica a su lado se sacaba el cinturón y soltaba un suspiro. Esa chica se había acercado a ella. Había hecho caer todas sus paredes. Todos sus problemas. Iluminó cada rincón de su alma.
- ¿Elsa? ¿Estás bien? Estas muy extraña ¿Estas enojada?
Obviamente lo estaba. Había dejado de ser la misma mujer inquebrantable. La mujer de hielo. La chica que todos temían. Se había ablandado. Se había convertido en la mujer normal que quería ser. En la mujer que quería amar y ser correspondida.
Era una mujer hecha y derecha. Con objetivos claros. Era una mujer que siempre quería ser más. Que siempre quería seguir creciendo, aprender más del mundo, de la humanidad.
Y por fin había llegado el momento de poder aprender más de su corazón. Su órgano muscular hueco cuya función era bombear su sangre, limpiarla y mantenerla viva. Eso lo tenía claro, pero aquellos sentimientos amorosos de los que siempre escuchó, que la rodeaban, no tenían explicación cientifica para ella.
¿Qué era amar? ¿Cómo se sentía amar? ¿Qué era lo que su corazón hacía cuando llegaba el momento de sentir?
Le dio un golpe al manubrio. Estaba frustrada. Quería controlarse, pero no podía. Llamó la atención de la chica al hacer aquello. Giró su rostro, observando de cerca a aquellos ojos turquesa que la miraban con una confusión casi infantil. Era ahora o nunca.
Por primera vez en su vida iba a hacer algo. Solo hacerlo. Sin meditarlo demasiado.
Guio una de sus manos hacia la nuca de la chica, tomándola firmemente, capturándola en sus manos y se acercó de golpe, besándola.
Intentando comprender ella misma sus sentimientos, y que estos llegaran a la pelirroja.
No necesitaba hacer nada más. No se iba a complicar. No iba a pensar en planes complejos para que la chica tomara la iniciativa. Tampoco esperaría una señal más concreta. Iba a ser madura. Iba a demostrarle a todos que no era una cobarde. Sería clara. Y esta era la solución más rápida. Mas actuar, menos pensar.
Se separó casi de inmediato. Volviendo a su posición. Quedando petrificada. Presionando ahora con sus manos el volante. Mirando fijamente la pared del estacionamiento. Estaba nerviosa. Estaba esperando alguna reacción. Solo vio por el rabillo del ojo como la chica aún estaba en shock. Ella también estaría en shock en su posición. La comprendía. Respiró. Tenía que ser clara, aunque su voz se rompiera. Decirle todo.
-Esto es lo que me pasa, Anna, esa es la razón del porque me he comportado de manera errática a tu alrededor. Hay cosas que simplemente no entiendo y no sé manejar. Entenderé si tu-
Vio como la chica seguía inerte, con su rostro sonrojado. Sin mover ni un musculo. Le empezó a preocupar su comportamiento. Era confuso el verla así. Quizás estaba molesta. O algo así.
- ¿Estas bien? Siento haberte sorprendido.
La chica sonrió apenas. Se veía nerviosa y algo incomoda. Se acarició la nuca unos segundos, mirando hacia otro lado, buscando alguna palabra que decir.
-No tienes que decir nada, Anna, soy una adulta, puedo comprender que no sientas lo mismo hacia mí por diferentes factores, soy tu tutora, soy alguien de confianza y amistad para ti, además ambas somos mujeres, en realidad me gustaría que ignoraras todo esto en lo posible, y terminemos el semestre como se debe. No quiero ocasionar problemas en tus estudios y ser una distracción para ti. Lo siento. Quería asegurarme yo misma de que esto era de verdad, que era un sentimiento genuino. Tenía que decírtelo. No podía seguir a tu lado teniendo estos sentimientos confusos atacándome a diario. Pero en verdad lo siento. Anna, esto no fue-
-Dios, ya cállate, Elsa.
Abrió los ojos con asombro al verla subirse sobre su regazo, cambiándose de asiento en un movimiento muy rápido y preciso. Sintió que sus lágrimas, a segundos de salir de sus ojos, se habían evaporado de inmediato. Sus manos cálidas llegaron hasta su rostro. Llenándola de ese calor. Los ojos turquesa, que brillaban en el oscuro entorno, la observaban como un depredador a su presa. A segundos de atacar.
-Gracias por ser honesta, necesitaba una señal.
Pudo sentir los labios de la chica sobre los suyos. Era diferente. Se sentía diferente. Antes lo había hecho casi como un golpe, sin nada, solo fue un gesto, no un beso. Ahora podía sentir los labios suaves de la más joven. Podía sentir el calor entrar por cada parte de su ser. Sentir su corazón latir de una manera feroz mientras que su sangre fluía tan fuerte que lastimaba sus venas. Rodeó la cintura de la chica con sus manos, abrazándola suavemente. Quería estar más cerca. Lo necesitaba. Quería inundarse con ese calor tan atrayente.
Quería impregnarse de ese calor.
Anna guiaba el beso. Se le notaba la experticia. La naturalidad. La habilidad.
La hacía sentir algo pequeña. Quizás era culpa de ella misma por ser una persona controladora. Por querer manejar todo.
Si.
Quería tomar el control. Quería demostrarle a Anna que ella también tenía algo que ofrecer.
Metió su lengua en la boca de la pelirroja, explorándola, mientras que con sus brazos la apegaba más. Se sintió tranquila al sentir los brazos de la chica rodeando su cuello. Sentía que estaba haciendo las cosas bien. Se sentía correspondida. Se sentía en paz.
El sonido del claxon las sacó de su ensimismamiento. Se habían dejado llevar. Nunca se había sentido así. Se sintió fuera de sí misma. Ajena a su personalidad. Diferente.
Se miraron unos segundos, alertas de cualquier ruido. Pendientes de alguien que fuese a ver qué pasaba. Luego de unos segundos la pelirroja soltó un suspiro seguido por una risa nerviosa.
-Creo que deberíamos salir de aquí antes que el conserje venga a mirar que pasó y nos confunda con ladronas de autos.
La rubia simplemente bajó la mirada apenada. Se había visto completamente hipnotizada ante la situación que no controló sus movimientos. Podía sentir hasta sus orejas rojas. Tenerla tan cerca la descontrolaba. Dejaba de ser ella misma con la chica alrededor. Ahora empezaba a llegarle de golpe toda su confesión. Toda la vergüenza de sus actos y sus palabras.
Era una tonta.
Anna abrió la puerta y salió de un salto. Se dio la vuelta para coger sus cosas y caminar hacia el ascensor. Se notaba que era una chica experimentada. Que estaba acostumbrada de alguna forma a esas cosas. Ella misma no podía ni pararse del auto. Tenía las piernas entumecidas y las manos temblorosas. Apenas y pudo apretar el botón para cerrar las puertas. Subió atrás de la chica. Ambas subiéndose en el ascensor.
Nunca se le había hecho tan eterno e incómodo una subida a su piso. Intentaba no mirar a la joven para no ponerse más nerviosa de lo que ya estaba. No mirar sus ojos. No tener algún tipo de conexión que le recordara todo lo sucedido.
Su casa estaba desordenada, pero ya era costumbre aquello. La chica entró dejando su mochila en el suelo y su sudadera en el perchero, antes de ir a tirarse en el sillón. Completamente habituada al entorno.
-Dios, muero de hambre.
La chica soltó un sobre exagerado grito. Sonrió al escucharla. Todo seguía igual al parecer, eso era bueno. Quería agradecerle a la chica por no tocar el tema. Necesitaba un tiempo para asimilar que había sucedido. Y debía admitir que también tenía hambre. O quizás eran esas llamadas "mariposas en el estómago". Podría asimilarse a la sensación. Se sacó los tacones y se puso pantuflas, y caminó a la cocina poniéndose un delantal.
-Cocinaré algo.
-Eres la mejor, ¿Te lo había dicho?
Vio como la pelirroja le hacia una seña de paz con su mano mientras la mirada desde el sillón, sonriendo como siempre. Le sonrió de vuelta. Sin duda esa chica era encantadora. Prendió la televisión. Se puso a ver un canal donde daban una película. Escuchaba sus risas de repente. No le importaba de que trataba la película, solamente le agradaba escuchar a la chica tan relajada y cómoda en su casa. Tan cerca. Tan presente. Se había convertido en una parte fundamental de su casa. Sin Anna, todo era tan vacío.
Dejó los platos en la mesa y la chica dio un salto. Corrió a la mesa y se sentó. Cuando le cocinaba a la chica se sentía mucho mejor que cuando se cocinaba a sí misma. Aprendió a cocinar para hacerse comidas más saludables y cuidar su débil salud. Cuando comía lo que sea en la universidad se terminaba enfermando. Ahora la hacía sentir tranquila que su comida hacia feliz a alguien más.
-No sé cómo lo haces, pero siempre sabe bien.
- ¿Si?
La miró, sonriendo levemente. Esta comía muy animada. La hacía sentir tan indescriptiblemente feliz. También bastante aliviada.
Anna dejó los platos en el fregadero y volvió al sofá. Se le veía satisfecha. La rubia se levantó de la mesa y se fue a sentar a su lado.
Se sentía un poco nerviosa. Le había llegado esa inseguridad que tanto la atormentaba cada vez que las cosas empezaban a salir bien de alguna forma.
Había besado a Anna y ella le había correspondido.
¿Qué significaba?
Quizás no había intención alguna de continuar con los pasos siguientes. Ser una pareja podía ser más de lo que la chica podría tranzar. Quizás la chica solo quería pasar una noche con ella y punto. Quizás no la quería de la misma manera. Quizás…Había muchos "quizás" en su mente. Mordió su labio, mirando el suelo. Se sentía desanimada. Sintió como la pelirroja la miraba, sacándola de sus pensamientos. Volteó para mirarla.
-Me gusta cuando haces eso, Elsa.
Sus ojos se veían ligeramente oscurecidos. Sus labios estaban abiertos levemente. ¿Gustar? Porque sonaba tan profundo en el tono de voz que usaba. Dio un salto al darse cuenta de las palabras de la chica. No sabía que había hecho. Su rostro se bañó en rojo. Una de las manos de la chica fue hasta su mejilla. Dio un respingo. Se sintió atrapada. Su rostro ardía, sobre todo donde su piel interactuaba con la de la chica. No quería mirarla a los ojos, pero era imposible. Sus turquesa la estaban atrapando.
-Eres muy linda.
Volvió a sentir esos los labios en los suyos. Ya habían sido tres besos en un solo momento, pero sentía este ligeramente diferente. Anna estaba acercándose hacia ella, empujándola levemente, haciendo que sus pies dejaran el suelo y se posaran sobre el sofá. Podía sentir la ansiedad de Anna. La sentía. Una de sus manos fue hasta su cintura y se deslizó por la zona. Nunca había sido tocada de esa manera. La lengua de la chica impedía que su mente funcionara. Su mano tocó todo su abdomen. Se sentía extraña. Quemaba. El tacto cálido en su piel fría era tan contrastante. No le permitía hacer ningún movimiento. Era casi magnético. Casi hipnótico. No pudo contener un gemido cuando la mano inquieta llegó a uno de sus pechos. Se le subieron todos los colores. ¡Estaba siendo demasiado atrevida! No podía permitir algo así. Tan pronto. Tan deprisa. La tomó de la muñeca. No podía dejar que siguiera. Estaba avanzando demasiado rápido y aun no tenía claras sus intenciones ni sus sentimientos.
No se sentía bien hacer eso. Las dudas eran demasiado. Se arrepentiría por siempre si al final de que Anna hiciera lo que quisiera, tomaba sus cosas y se iba para siempre. Esa idea no dejaba de pasar por su mente, una y otra vez.
-Anna, espera…
- ¿Eh?
La pelirroja se separó, deteniéndose de inmediato e inmovilizando su mano. Congelándose casi automáticamente. En sus ojos se veía la confusión. Como si no supiera que hacía. Esa mirada infantil que ponía rectificando su inocencia.
-Estas yendo muy rápido.
Bajó la mirada casi enseguida. Decir algo así era muy vergonzoso. No quería enfrentar sus ojos. Estaba nerviosa. Detenerla también la llenaba de nerviosismo, sobre todo cuando podía sentir como su cuerpo temblaba, respondiendo a su tacto. Su cuerpo estaba ansioso, pero no podía perder la razón. La otra parte de ella, temía. Tenía miedo de negarle algo, y que esta se fuera enfurecida. No quería alejarla, pero tampoco quería darle una libertad que no sabía si merecía.
-¡Rayos!
La chica se golpeó levemente en el rostro, intentando hacerse reaccionar por sí misma. Su mirada volvió a la normalidad rápidamente. Sonrió algo incomoda. Notablemente arrepentida. Estaba siendo una escéptica con Anna. Como si no la conociera lo suficiente. Su Anna no se iría así como así. No podía compararla con esa gente detestable que había en el mundo.
Anna Summers, al menos con su persona, era una chica maravillosa.
-Lo siento, me dejé llevar. Toda esta situación me hizo perder la cordura. Siento no haber puesto tus sentimientos antes que mis impulsos.
La rubia solamente desvió la mirada. Verla tan arrepentida era desgarrador. No la culpaba. La miró de nuevo. Enfrentándola. Tenía sus dudas, y quería ser directa. Tenía que serlo. Dejar todo en la mesa, y dejar el tira y afloja que siempre tenían.
- ¿Qué es lo que sientes, Anna?
- ¿Sentir?
-Por mí. Quiero que seas honesta.
Anna sonrió de una manera indescriptible. Como feliz y segura de su misma. Se sentó en sus rodillas, mientras masajeaba sus manos. Sus ojos turquesa brillaban con una calidez inhumana.
-Dios, me gustas un montón, Elsa, digo, eres una mujer perfecta. Cuando llegaste era como "guau", todos babeaban por ti, y eres, no lo sé, tan diferente a mí, no como algo malo, para nada, todo lo contrario, es genial. Y eres muy atenta, y capaz. O sea, me has ayudado mucho, y a todos, y es difícil no quererte o no interesarse en ti. Al menos la atracción física la tuve casi de inmediato, pero conocerte y saber cuan linda eres, ya sabes, eres genial y todo, supongo que era algo imposible de controlar.
- ¿En serio crees eso?
-Cualquiera podría corroborarlo, eres sorprendente.
-Pero soy una mujer. ¿Estas segura de lo que sientes?
-Tu podrías hacer dudar a cualquiera de sus preferencias, Storm.
La risa de Anna calo en su interior. Era una sensación tan grata el escucharla hablar así de ella. No pensaba así de ella, no tenía esa confianza en sí misma, pero saber lo que Anna pensaba, era un verdadero alivio para su alma. De verdad la quería.
-Estas exagerando.
-No lo hago, ¡Es cierto! -Nuevamente sintió el tacto en su mejilla. Se veía tan joven y sonriente. Con tanta confianza en sus palabras que llegaba a ser abrumador. -De verdad me alegra que te hayas fijado en mí.
-No tenía preferencias, solo sucedió. Eres mi opuesto, como tu dijiste.
- ¿Los opuestos se atraen, no?
-Creo que la aseveración correcta sería que los opuestos se complementan.
-Y me encanta cuando hablas así.
Anna sonrió nuevamente. Se le veía animada. Se quedaron mirando unos segundos. Era tan pacifico todo. Podía sentir algo nuevo en su interior. Algo nuevo floreciendo. Como si una nueva puerta en su vida fuese abierta de golpe. Una nueva realidad. Un nuevo futuro.
-Quizás podrías subirme las notas ahora que tenemos este tipo de relación.
Tiró de su oreja fuertemente. Haciendo que la chica gimoteara y perdiera el equilibrio, cayéndose del sofá. A veces no sabía de qué parte de Anna se había enamorado primero, pero de seguro no era aquella. Terminó mirándola con un dejo de preocupación al verla en el suelo, pero la chica solo estalló en carcajadas.
- ¿Te lastimé?
-Ya me estoy acostumbrando.
Ambas rieron.
Anna se levantó y se sacudió la ropa. Se quedó unos segundos pegada mirando a la rubia. Sintió la mirada anclada en ella. Empezó a preocuparle. Esa seriedad en la chica era para preocuparse.
- ¿Qué pasa?
- ¿No has tenido una pareja estable, cierto?
-No en realidad, de hecho, no he tenido ninguna relación sentimental. Pensaba hasta hace poco que no era algo que mi vida necesitara, junto con la amistad y esas cosas.
Se sentía un poco mal por eso. Debía de ser un fastidio estar con alguien sin experiencia. Que no supiera de la vida.
-No pongas esa cara. Eso es genial. Bueno, al menos para mí, digo, ser la primera vez de Elsa Storm; La profesora más nerd, sexy e interesante de la universidad es algo por lo que me puedo sentir orgullosa.
Sonrió cruzándose de brazos, engreída, golpeándose el pecho con uno de sus puños. Solo pudo soltar un suspiro mientras el rojo volvía a su rostro. La pelirroja siempre la sorprendía. La dejaba sin palabras. Cosa que rara vez le pasaba en su vida normal. Siempre tenía una respuesta, un fundamento, un argumento, con los que derrumbaba sus miedos. Con Anna tenía su corazón latiendo de manera preocupante, a cada momento.
-Hey, entonces, fuera de broma, iré despacio, ¿De acuerdo? Soy un poco tonta, impulsiva, y bueno, ya me conoces. Dime si hago algo que te hace sentir incomoda. Seré paciente.
Se arrodilló frente a ella, tomándola de las manos. Se sentía tan mágico aquel momento. Anna se veía tan madura en comparación con su comportamiento usual. Tan confiada. Tan cuidadosa. Tan segura. Como una protectora. Sentía que podría ponerse a llorar en cualquier momento. Era ese nudo en la garganta que no solía experimentar a menudo. Aunque ahora era por una buena razón. No quería romperse y preocupar a la joven, menos cuando se sentía así de feliz.
-Tu descripción no es para nada ser paciente, Anna.
La chica volvió a reír. Pasó una de sus manos por su nuca. Le gustaba ese gesto.
-Sé que no me representa, pero puedo hacer un esfuerzo por ti.
Era tan buena y cálida. Había tomado una buena decisión al enamorarse de ella, aunque no sabía si había sido una decisión como tal, ya que su corazón eligió por su cuenta. Sonrió y llevó una de sus manos al cabello pelirrojo. Ansiaba tocarlo. Paso sus dedos hasta la punta de una de sus trenzas.
-Estoy a tu cuidado.
Anna cerró los ojos al sentir el tacto en su cabeza. Se veía feliz, nuevamente era como un cachorro.
-No te defraudaré. Pero creo que tendré que irme.
¿Irse? Miró el reloj. Ya eran pasadas las once.
-Es muy tarde, estás loca si planeas que te deje salir. No tienes por qué irte.
Sintió como sus muñecas eran agarradas y con un impulso la pelirroja hizo que se pusiera de pie. Su mano presionó su espalda. Los colores se le subieron con la cercanía repentina. Podía sentir la respiración de Anna en su cuello.
-No me hagas tan difícil mi promesa de ser paciente. No podría controlarme si me haces dormir contigo. Soy débil a tu lado. No me hagas sufrir.
Sus ojos nuevamente mostraban ese color. Tragó pesado. Tenía lógica. Pero había sentido aquello cuando habían dormido juntas, y nada malo sucedió. Bueno, ella era una persona moral, analítica, y muy racional. No eran descripciones que calzaran con la joven. Eran personas completamente diferentes. Desvió la mirada y puso una de sus manos en el rostro de la chica. Esta dio un respingo.
-Tienes que ser fuerte, Anna, si yo lo logre tú también puedes.
Vio de reojo como la chica enrojecía un poco y luego fruncía el ceño.
-Pero tú eres súper controlada, yo no.
-Entonces dormirás en el sillón, no dejare que salgas a estas horas. Puede ser peligroso.
-Bueno, señora.
Hizo un saludo militar. Soltó una leve risa. Le encantaba cuando Anna hacia alguna cosa improvisada.
- ¿No te ríes mucho, ¿no?
La chica se le quedo mirando, con una mirada impresionada. En realidad, no, no solía reír mucho.
-No mucho.
-Entonces también me enorgullezco de eso.
Le llevó unas frazadas al sillón y le prestó el mismo pijama del fin de semana pasado. Apagó las luces y se fueron a acostar. Había sido un día intenso. Dejó su luz prendida, como siempre solía hacerlo.
Le costó conciliar el sueño con todo lo sucedido. Tomó un libro de la mesita de noche y se puso los lentes. Leer un poco antes de dormir le ayudaba bastante. Un poco de poesía de Pablo Neruda ayudaba a mejorar su flexibilidad mental. O en realidad cualquier tipo de poesía aumenta las habilidades cognitivas, además que le ayudaba a relajarse. No quería algo muy intenso, como los libros de Freud o Fromm que tenía en su estante. Le gustaba estudiar temas de los que no era muy consiente. Como el sentir. Ahora comprendía mas algunos de los versos.
No supo cuantos minutos estuvo leyendo, pero estaba muy ensimismada. Sintió algo en la cama. Se asustó un poco y levantó la mirada. Anna la miraba con rostro divertido y a la vez sorprendido, ya que había sido atrapada en su travesura.
- ¿Qué haces?
-Ups.
La chica sonrió y se tiró en la cama, acomodándose a su lado. La observaba fijamente, con esa mirada de depredador. Quería volver a concentrarse en la lectura, pero su mirada la inquietaba, y claro, también que estuviese con su cuerpo tan desabrigado y con su cabello suelto la hacía lucir bastante linda. No quería sentirse atraída así que simplemente evitaba observarla descaradamente. Fingir leer resultaba por unos segundos.
-Te ves muy sexy leyendo.
Solo pudo cerrar los ojos y esperar a que ella no notara su sonrojo explosivo con la poca iluminación. Era tan directa. Cerró el libro y se sacó las gafas, dejando todo en la mesita de noche.
- ¿No estabas durmiendo?
-Estaba pensando en ti, y en tu cama, vamos, es cómoda, déjame dormir aquí.
La miraba con aquel rostro de cachorro mientras tocaba la cama con una de sus manos. No quería ser así. Negarle cosas. Aunque era ella la que no quería dormir junto a ella en primera instancia.
-Solo entra y duerme.
La pelirroja hizo un puchero y se metió en la cama. Rezongando levemente.
-Entonces apagaré la luz.
Se volteó y apagó la luz. Sintió como los brazos de la chica rodeaban su cintura. Abrazándola. Apegándose a su cuerpo. Estaba enloqueciendo. Cerró los ojos. Quería calmarse un poco. Sintió la respiración de la chica en su nuca y detrás de su oreja. Su cuerpo se encendió deprisa. Sentía su propia respiración volverse difusa.
-Me gustas, Elsa.
Sintió su cuerpo vibrar con la voz suave de la chica en su oreja. Se dio vuelta de inmediato, desafiando a la pelirroja, tomándola de las mejillas. Podía sentir su propio ceño frunciéndose.
- ¿Qué haces?
La chica sonrió, con un dejo de inocencia. Con su semblante travieso.
-Lo siento. Es como tener un juguete nuevo.
Soltó un suspiro, se acercó y la besó. Tomándola por sorpresa. Pudo sentir las manos de la chica en sus caderas. Empezó a sentir el calor en su cuerpo. El calor que ansiaba. Se detuvo, mirando a la joven a los ojos. Su sonrisa astuta y su mirada la enloquecían.
Si, era como tener juguete nuevo.
-Creo que nuestra relación ha llegado a cierto punto donde debes decirme tu edad. O me haces sentir un poco toyboy.
Su mano estaba cerca de su oreja, así que fue casi inmediato.
- ¡Auch! -Soltó una risa. -No te enojes.
-Es confidencial.
- ¿Hablas en serio?
Hizo un gran puchero. Soltó un suspiro resignado y cerró los ojos, dándose la vuelta. Sonrió ante la actitud infantil que estaba tomando la chica. Se incorporó un poco, mirando a la pelirroja, y depositó un beso en su sien.
-Buenas noches, Anna.
La chica se sonrojó y se dio vuelta, aun mas resignada. Sonrió finalmente y tomó una de las manos de la rubia.
-Buenas noches.
Se quedaron dormidas así, tomadas de la mano.
Estaba viviendo algo que jamás imaginaba que podía suceder, ni en sus más remotos pensamientos.
Era como un sueño del que no quería despertar.
Siguiente capítulo: Pasión Incontrolable.
"No me dejes, Anna…Menos ahora que has calado tan profundo en mi corazón."
¡BUAAAA! ¡Esto es tan cursi que quiero morirme! ¡MATENME YA!
Amo confundirlos con el siguiente capítulo. Fue una genial idea el ponerlo.
Entonces, ¿Qué les ha parecido? Parece que Elsa va a tener que acostumbrarse a la confianza que tiene Anna, y esta, estoy segura que no podrá soportar demasiado, If you know what I mean. MUAJAJA.
¡TENDRÁN LO QUE DESEAN! Porque ni yo aguanto suficiente :v
Basta de cursilerias, ¡Que entre el plato fuerte!
