Edward

Bella POV

Los ojos de Alice se encontraban clavados en alguna dirección inespecífica. Pero estaban fijos en un punto, eso podía verlo. Traté de seguir la dirección de su vista, entrecerré mis ojos, como si eso me permitiera ver mejor en la oscuridad. Y entonces lo vi.

Al principio creí que había forzado demasiado la vista, hasta el punto en que mi propia mente estaba creando una fabulosa visión, pero luego me percaté de que su cuerpo era iluminado por la suave luz lunar. Era Edward. De eso no tenía dudas. Era el mismo joven que vi tantas veces en los retratos familiares. Y algo me decía que lo hubiera reconocido en medio de una multitud.

No sabía cómo, pero le recordaba. Sus ojos negros y profundos, su cabello cobrizo y despeinado, ese aspecto desgarbado pero a la vez tan atrapante. Era increíble que (,) a pesar de que solo estuve con él un par de meses –como mi familia me había dicho- le recordase con tanto detalle.

Edward se quedó unos instantes bajo los rayos de la luna, vacilando. La luz arrancaba de su piel un brillo perlado, parecía la estatua de algún dios pagano de la belleza (,) parado en la entrada de nuestra casa. Solo para nuestra admiración. Edward siempre me había parecido el más apuesto de todos mis familiares.

Avanzaba con paso lento y cuidadoso, escrutando mis ojos a cada momento pero entonces Alice, en un abrir y cerrar de ojos, estaba abrazándole. Los ojos de Edward se posaron en mí rápidamente, con una especie de inseguridad que no comprendía.

-¡No sé como no lo vi antes!- gritó Alice con entusiasmo. Solo entonces me percaté de que no estábamos solos. Esme y Carlisle se nos habían unido. Mi tía se llevó una mano a su pecho, dejando entrever sus brillantes dientes al mismo tiempo que apoyaba una mano sobre mi hombro.

-¡Ya pensé que no iba a volver a verte!- me volteé ante la sorpresa de la inesperada voz de Emmett, pero él ya estaba a un lado de Edward. Rosalie estaba a su lado también, pero no mostró el mismo entusiasmo que los demás. Jasper fue el último en llegar, pero el que más añoranza demostró por su hermano.

Alice condujo a Edward hacia el porche, con una mano sobre su espalda, acercándole a mí con cada paso. Solo entonces comprendí que el extraño y punzante dolor en mi pecho eran los alocados –e irracionales- latidos de mi corazón. ¿Se suponía que debía abrazarle? ¿Besarle en la mejilla? Ambos estábamos de pie frente al otro.

Edward me observaba con ojos calculadores. Entonces decidí saludarle informalmente…

-Hola, Edward- murmuré sintiendo una ola de calor recorrer mi cuerpo. Edward se adelanto grácilmente hacia mí. Preparé los músculos de mis brazos para rodear su cuerpo.

-Hola- me respondió rápidamente, esquivando cualquier otro tipo de contacto o palabra, y se metió dentro de la casa. Abrí mi boca para decir algo…quizás alguna especie de pretexto que me permitiera entablar una conversaron con él, pero ya estaba demasiado lejos como para continuar una charla que ni había comenzado. Alice pasó por mi lado haciéndome una mueca de disculpa, le vi apresurarse hacia Edward y hablarle con el ceño fruncido. De tanto en tanto sus ojos se fijaban en mí. Sabía que discutían por mi causa.

Carlisle, Emmett, Rosalie y Jasper habían entrado después, hacia la sala. Esme que solo había abandonado mi lado para abrazarse a su hijo, se quedó conmigo en el porche. Yo aun no salía de mi incredulidad. Me sentía tan…tan…ridícula. ¿Por qué tenía que tener tanto entusiasmo por verle…cuando era evidente que le daba igual que yo estuviera o no? ¿Qué rayos le había hecho para que me tratara de forma tan tosca? Bufé frustrada. Esme me lanzó una suave sonrisa y me recordó que ya era hora de la cena, al menos para mí.

Esme nos disculpó y nos dirigimos a la cocina. Revolví el refrigerador en busca de los ingredientes para hacerme algo ligero. No pretendía comer demasiado, la sensación de vacío en mi estomago era un engaño creado por los nervios, y si comía pesado me caería mal.

-Esme, ve a la sala…deben de tener muchas cosas de que hablar…- murmuré mientras veía mi comida girar en el microondas. Algo me decía que no era demasiado buena escondiendo mi enojo.

-Bella- comenzó Esme apoyándose a mi lado, -Edward no quiso ser descortés…es solo que no sabe cómo actuar cerca de ti...prácticamente es como si no se conocieran…- dijo suavemente, bajando el tono de su voz hasta que fuera casi un susurro.

-Sin embargo yo vivía pendiente de cuando regresaría…- mascullé. Esme abrió su boca para decir algo, pero luego la cerró.

-Quizás fue la influencia de Jasper.- me aseguró mientras me ayudaba a acomodar la loza sobre la mesa. -Sabes cómo es el don de Jasper…

-Lo sé- mascullé. ¿Sería posible…que toda la emoción por ver a Edward se debiera al don de Jasper? Comí en silencio, Esme permaneció a mi lado todo el tiempo. Traté de mantenerme serena, indiferente. Sabía del don de Edward, él podía leer las mentes, con una excepción. La mía. No estaba segura de cómo funcionaba aun su don. Pero si había visto las suficientes películas de ciencia ficción, también podría leer lo que los demás ven con sus ojos.

Trate de retrasar mi cena lo más que pude, comía cada bocado con parsimonia. Pero al final de cuentas la terminé. Iba a fregar la loza, pero Esme me pidió que se lo dejara para después, que fuéramos a la sala, donde todos estaban reunidos.

Me senté a un lado de Alice, en el sofá que estaba frente al cual Edward ocupaba. Mis ojos lo observaban con cautela, tratando de que él no lo notara, pero en vano. Unas cuantas veces su mirada se cruzo con la mía. Y me sorprendí ante su expresión. Estaba como… ¿Enfadado? ¿Conmigo…yo que le había hecho? Después de todo quien entró a la casa con un seco Hola fue él y no yo. No tenía argumento en mi contra. Y podía decirse que prácticamente éramos extraños como para que con solo verme pudiera caerle mal.

Entonces caí en cuenta de algo que había pasado por alto. Para el resto de mi familia yo era Bella, una más de ellos. Pero para Edward no. Yo era una humana. Una extraña viviendo, usurpando un lugar que no me correspondía. Quizás era como Alice me había dicho una vez sobre Rosalie; Quizás él también sentía celos de mí por ser humana, por estar viva.

Nuevamente me quedé estupefacta. Edward era todo lo que yo no era, hermoso, ágil, inteligente, podía leer mentes, rápido, inmortal y quien sabe cuántas cosas más. No tenía sentido que de tantas cosas que tenía desease la única que jamás podría tener, y que a mi criterio era un pequeño e insignificante detalle; pulso. Vida.

Pasadas unas cuantas horas decidí ir a acostarme, la cabeza me daba vueltas y no quería pensar más en el asunto Edward. Llegué a mi habitación. Busqué mi bolso de tocador y mi pijama, que consistía en un pantalón de chándal y una musculosa. Me duché, tratando de relajarme y de olvidar mi frustración, y eventualmente, una vez metida en la cama, me dormí.

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Al día siguiente desperté más temprano de lo habitual. Aun no estábamos en época de clases, con lo cual la mañana se me pasaría con demasiada lentitud. Me quedé tirada en la cama un buen rato, escuchando el trinar de los pájaros y el lejano, pero audible, sonido del agua que corría por el río que atravesaba el jardín.

Pero el cuerpo comenzaba a dolerme de tanto estar recostada. Me puse de pie, suspirando pesadamente y miré la puerta. En cuanto saliera por ella volvería a los pensamientos que me había concentrado en olvidar ayer por la noche. Tomé la bata del pie de mi cama y salí por la puerta.

Hubiera sido igual a cualquier otra mañana, la casa parecía sumida en su habitual silencio, a excepción de una suave música que sonaba desde la sala. Me detuve al pie de la inmensa escalera de caracol, escuchando la suave melodía. No podía estar segura, pero la había oído antes, aquellas notas dulces y melancólicas enviaban olas de frío a mi columna, estremeciéndome hasta lo más profundo de mí ser. Esa melodía la había escuchado.

Me coloqué la bata mientras bajaba por las escaleras. Mis pies descalzos me hacían temblar cada vez que pisaba los fríos escalones de mármol. En cuestión de minutos estuve en la sala. El sonido provenía del piano, a pesar de que nunca antes lo había escuchado ser tocado, estaba segura de que provenía de ahí. Me asomé con cautela.

Edward estaba sentado en el banquillo del piano, con sus manos sobre él. Tenía su cabeza inclinada hacia las teclas, pero no las veía…Tenía sus ojos cerrados y respiraba suavemente, al tiempo en que sus manos se movían a una velocidad increíble. Entonces los tonos de la melodía comenzaron a ser más suaves, más lentos, hasta detenerse en una nota que quedo retumbando en la sala y dentro de mí.

Me estremecí cuando Edward fijo sus ojos en mí. No tenía la misma expresión dura de ayer, esta vez era de vergüenza…de culpa. Permanecí unos instantes más en silencio, tratando de ver el grosor del suelo que pisaba. Avancé un corto paso hacia él, con cautela. Edward permanecía inmóvil, como si fuera una estatua de mármol.

-¿Es de Debussy?- pregunté tratando de usar un tono casual, como si me dirigiera a cualquiera de mis familiares.

Edward sacudió su cabeza. -No, es mía.

-Oh vaya…esto…con razón me sonaba familiar- no supe a ciencia cierta, pero creí que una mueca de tristeza torturaron sus perfectas facciones. –Supongo que solías tocar cuando yo era pequeña.

-¿Me recuerdas?– se sorprendió.

Asentí, al mismo tiempo que sentía mis mejillas arder. –Poco…casi nada…no recordaba que tocabas el piano hasta que me lo contó Alice, hace tiempo ya…supongo que alguna vez te habré escuchado, por eso esa melodía me suena familiar.

-Sí…quizás.- Dijo encogiéndose de hombros. Yo asentí con mi cabeza, sin saber que más decir, iba a darme vuelta para irme y preocuparme por mis asuntos, cuando su voz me hizo volverme hacia él.

-Bella– comenzó, girándose en el banquillo para sentarse frente a mí, –lamento haberte tratado de forma tan…poco educada- dijo deteniéndose para buscar algunas palabras que le sonaran mejor. Poco educada me sonaba a poco en comparación a cómo me había hecho sentir. –Es solo que no estoy tan acostumbrado como mi familia a pasar tiempo con humanos.

-No te preocupes, procuraré no estorbar- mascullé entre dientes mientras me volteaba. Pero como era de esperarse había pasado demasiado tiempo sin cometer una torpeza y resbalé con la correa de la bata, que colgaba más de un lado que del otro. Apreté mis dientes esperando sentir el frío golpe de mi trasero con el suelo, pero no sucedió.

Abrí los ojos, Edward me sostenía por los codos, evitando que diera de golpe contra el suelo y me ayudó a ponerme de pie. Ofuscada me acomodé la ropa – y la peligrosa tira de la bata.- entonces percibí que Edward trataba de esconder una sonrisa burlona.

-Sigues siendo un poco descuidada ¿Verdad?

-Es la primera vez en días.- mentí, recordando la caída de la mañana del día anterior.

-Bien…ve con cuidado- se mofó mientras yo me iba de la sala. Para mi bendita suerte, casi tropiezo con mis propios pies mientras salía de la sala…y pude oír una suave, pero exasperante risa.

Desayuné serenamente, tratando de calmar mis nervios. Ya tenía que soportar las burlas de Emmett y en menor medida las de Jasper. No soportaría que Edward también se riera a mi costa. Entonces decidí dar una vuelta por el pueblo para despejar mi mente. Recorrer el lugar, los negocios y edificios me ayudarían a no perderme en ocasiones futuras.

Me cambié, poniéndome unos vaqueros y un pulóver de cuello volcado. Tomé del placard un impermeable y las llaves del auto que había dejado en un cajoncillo del escritorio.

Imaginé que avisarle a mi familia hacia donde me dirigía era en vano, Alice lo vería antes de que pudiera avisar. Como me lo esperé no había nadie en la puerta para detenerme, ni los cables de mi auto estaban desconectados, ya que pude encenderlo con facilidad.

Seguí con cuidado el invisible camino de árboles que conducían desde mi casa hacia la ruta principal del pueblo. Pasé escasas tiendas, entre ellas el supermercado Thriftway y una tienda de artículos deportivos. Hice unos cuantos kilómetros más cuándo me decidí por renovar mis viejas botas de sedentarismo que usaba en escasas ocasiones cuando iba de acampada con mi familia.

Entré a la pequeña tienda 'Newton', el ambiente era bastante más cálido que el exterior, pero era agradable. Di un par de vueltas entre las pequeñas góndolas hasta que uno de los empleados se me acercó.

-Hola ¿Te puedo ayudar en algo?

-Esto…sí…busco un par de botas- murmuré con mi vista fija en la tienda, odiaba no poder buscar las cosas por mí misma. Entonces me volteé hacia el empleado. Para mi sorpresa me encontré con la cara de un chico guapo. Su rostro aun tenía la redondez característica de la niñez y llevaba su rubio cabello peinado con gel.

-Hum, sí- asintió mientras pasaba a mi lado y me guiaba hacia la sección correcta. Me probé varios pares, hasta encontrar el modelo y talla justos. –Y… ¿A dónde vas a ir de excursión?- me preguntó con una amable sonrisa.

-A ningún lado- El empleado me miró contrariado, yo le sonreí. –Suelo ir a veces de excursión con mi familia, en los fines de semana soleados. Nos acabamos de mudar a Forks- Los ojos del joven brillaron con entusiasmo.

-¿De verdad? Entonces asistirás al mismo, e único instituto que yo.

No quería deshacer su sonrisa al decirle que a mí no me entusiasmaba tanto la idea de ir a un instituto donde seguramente todos se conocían desde antes de nacer…

-Vaya…- murmuré.

-Oh, soy Mike- me sonrió extendiendo su mano hacia mí.

-Soy Bella, Bella Cullen- murmuré estrechando su mano.

-¿Cullen? Entonces debes ser la hija del nuevo doctor del hospital- aseguró.

-Así es.- respondí tajante. Esperaba que no ondeara en el tema de que mis padres eran demasiado jóvenes para tener hijos y bla bla bla…con lo cual me tomaría toda la tarde contarle la historia.

-¿Ya sabes que clases te tocaran?- comentó apoyando sus brazos sobre el mostrador, aparentemente planeaba una extensa charla, mientras que yo traté de pensar en una excusa para evitarla. Negué con la cabeza, esperando que mi poco entusiasmo le hiciera descartar la idea de segur hablando. Pero no. El chico, del cual ahora no podía recordar el nombre, me retuvo unos varios minutos hablándome hasta por los codos del pueblo, del instituto, de las clases y de un viaje que solía programar con sus amigos para la segunda semana de clases a una playa.

Para mi salvación una persona necesitaba ayuda con unas carnadas para pesca. El joven se despidió con una decepcionada sonrisa y me despedí de él, prácticamente corriendo fuera de la tienda antes de que tratase de volver a retenerme en una charla sin fin. Aun así, me había resultado agradable, pero no me gustaba demasiado hablar con las personas. Por lo general se general silencios que no sabes con que rellenar, y eso es…incómodo.

Para cuando llegué a la casa, Carlisle ya había vuelto de su turno matutino en el hospital. Él, Alice, Edward y Esme estaban de pie en el hall.

-Hola, Bella ¿Qué tal las compras?- inquirió Alice dando un salto hacia mí. Alcé la bolsa de las botas y Alice hizo una mueca. –Antes de comenzar las clases iremos de shopping.-

-No…Alice…por favor… ¡Esme!- traté de que me salvara de la tediosa excursión a algún centro comercial en busca de cosas innecesarias.

-No creo que sea tan fatal, Bella. Además necesitas ropa de abrigo.- ¿Más?

-Si no les molesta, las acompaño- me sonrió Edward, y por primera vez desde que había vuelto veía su sonrisa. Era aun más intensa que la del resto de nuestra familia. Pero algo en ella me había dejado sin aire, quizás era la forma en que sus finos labios se curvaban hacia un lado –torciendo su sonrisa- o quizás el efusivo y atrapante brillo en sus ojos.

-¿Bella, me escuchaste?- dijo Alice en un tono más alto de voz. Parpadeé perpleja y me volví hacia ella.

-Eh…sí, sí…como quieras.- Alice abrió su boca, pero no dijo nada, simplemente se limitó a pasar su mirada rápidamente de mí a Edward. -¿Qué tal tu día Carlisle?- pregunté para evitar cualquier comentario que Alice estuviera barajando en su mente.

-Bien, demasiado tranquilo. Es un pequeño pueblo, no creo que haya demasiados incidentes. Me tomé un tiempo para pasar a presentarme con el jefe de policía del pueblo.-

-Sí, Carlisle adora hacer visitas de presentación entre las personas más importantes del pueblo- rió Edward.

-Como sea- Carlisle hizo caso omiso al comentario de Edward, -Es bueno relacionarse un poco con algunas personas. Y el jefe de policía Swan es una de ellas.