Bien… no sé qué decir para justificar por qué hasta ahora actualizo. Algunas veces comienzas una historia con todo y después ya no es tan fácil atrapar la inspiración. Sumado a esto, el trabajo y la escuela (ambos tan agotadores como perpetuos) me hicieron difícil continuarlo hasta el punto de parecer que lo deje abandonado para siempre. El Jarida es algo que vivirá por siempre en mi corazón y no puedo dejarlo sin un final.
Quisiera mandar un saludo y dedicar este capítulo a Teen Janeite por esperar más de lo que yo hubiera podido por una actualización. Su comentario y sus posteriores mensajes me llegaron al alma de tal manera que busque a mi musa hasta por debajo de las piedras para continuar.
En verdad, Gracias.
Destinos Cruzados
Capítulo 9
La fortaleza de Merida había estado tambaleando en los últimos meses, dividiéndose en lo lamentable del pasado con lo incierto del futuro. En los escasos segundos de silencio en la habitación, se dio el tiempo de meditarlo, mientras tensaba la flecha sobre el arco, sin dejar de apuntar al intruso en su habitación. Las luces azules en el bosque, Jack, los guardianes, la bruja de la cabaña (talladora de madera), la boda, el cambio de parecer de su madre, el hombre entre las sombras que no parecía ni remotamente preocupado de que una flecha le estuviera apuntando al corazón, ¿En qué momento había comenzado a enloquecer tan rápido?
-Tienes cinco segundos para salir de mi habitación- con voz desafiante, Merida encontró las palabras para mantenerse firme en su afán de no bajar la guardia.
-Creo que hace falta presentarnos- a pesar de la hostilidad palpable en las palabras de la princesa, el hombre del saco mantuvo su buen humor. Se esforzaba tanto en ocultar su temor hacia él, que lo volvía sumamente obvio y divertido.
-No me interesa quien seas…- por alguna razón, el presentimiento de que jamás llegaría a dañarlo con una simple flecha se volvió cada vez más evidente, pero era lo único que tenia a su favor en ese momento.
-Debería, porque es algo que nos conviene a ambos- en cuando avanzo un paso más, la flecha salió volando cerca de él, enterrándose en la pared. Al parecer, eso no le había causado demasiada gracia al delgado hombre gris, pues su sonrisa se desvaneció de su rostro y la dureza en su mirada le hizo pensar a Merida que quizá se había precipitado. De nuevo. No era como si tuviera demasiado que perder, de todas maneras.
-La próxima vez no voy a fallar- un segundo después de arrojar la primera flecha, ya tenía otra puesta en el arco, casi de manera automática. Por más que aquello sonara como una amenaza vacía, no había manera de retirar lo dicho. Concentrada en sus propios pensamientos, intentando procesar lo siguiente que haría en caso de que todo fallara, la invasión de la arena negra llego de sorpresa, como si se hubiera escabullido por el suelo y las paredes, y la golpeo como una ola, arrebatándole el arco con el resto de las flechas.
-No me interesa hacerte daño, pero tampoco me causa conflicto hacerlo de ser necesario- con voz firme, más que una advertencia, lo dicho había sonado como una amenaza, la cual Merida no dudaba que la haría realidad. Sin más remedio que el de mantenerse al margen de la situación, la futura novia dejo caer sus brazos a los lados, mientras intentaba ocultar en vano su asombro por lo ocurrido segundo atrás. La facilidad con que la arena oscura había pasado a través de ella fue un golpe duro de realidad. Estaba indefensa y él no se iría de ahí por más que lo exigiera -Mi nombre es Pitch Black, rey de las pesadillas y todo aquello provoque terror- después de un silencio largo he incomodo, Pitch recobro su buen humor inicial. Su plan original era mentirle respecto a quien era en verdad, pero a final de cuentas se decidió por la verdad. Ella no parecía ser tan tonta como para creer que era un amigable espíritu de los sueños.
-¿Qué es lo que quieres?- su madre le había advertido sobre esa clase de espíritus y lo peligrosos que podían llegar a ser, terminando cada relato de la manera más trágica posible. Todas aquellas historias le habían parecido exageraciones hasta ese momento.
-No te molestes en decirme tu nombre, sé que te llamas Merida- a pesar de la necedad de la chica por tener una plática cordial, Pitch siguió hablando, ignorando la pregunta de su anfitriona- Princesa del reino de DunBroch y la novia del día- ella solo lo miraba, abriendo eventualmente la boca sin decir nada. Por su expresión de desconcierto, no esperaba que supiera tanto de ella a pesar de tratarse de cosas elementales- Sabes, tengo un don particular de ver la miseria en los humanos y justo ahora tu aura es tan… sombría. Me encanta- el tono cínico en la voz del delgado hombre hizo salir de su desconcierto a Merida, sustituyendo nuevamente su miedo por la valentía nacida de la furia. No quería permanecer un segundo más en ese lugar si se la iba a pasar burlándose de ella y su desdicha.
-Bien, quédate aquí si quieres, yo tengo cosas que hacer- levantándose de la cama, caminó hacia la puerta lo más rápido que le fue posible con el estorboso vestido blanco que apenas y la dejaba respirar. Ese día ya era malo sin tener que soportar visitas inesperadas, pero por más que hubiera deseado salir de ahí y jamás volver a verlo, la arena negra bloqueo por completo la salida antes de siquiera estar cerca.
-¿Cuál es la prisa?, Es de pésima educación darle la espalda a una persona cuando está hablando- la voz divertida de aquel ser sobrenatural no mejoraba la situación de ninguna manera. Muchas veces la reina Elinor le había dicho de todas las maneras posibles que debía controlar su carácter y manejarse con prudencia cuando la situación así lo ameritaba. Con la frase "La diplomacia es la virtud de los grandes reyes", haciendo eco en su cabeza, la voz de su madre salto a través de sus pensamientos de una manera tan oportuna como molesta.
-Déjame salir- tomando un respiro profundo, miro directamente aquellos ojos ámbar que cada vez le parecían menos humanos.
-Hagamos un trato, solo escucha lo que tengo que decirte, si después de eso aun así quieres irte, no voy a impedirlo- uniendo las yemas de sus dedos largos y grises, no parecía estar dispuesto a escuchar una negativa a pesar del tono relajado de su propuesta.
-¿Tengo otra opción?- volviendo a sentarse en el borde de la cama, la princesa busco dentro de sí la calma para escucharlo a falta de algo mejor. Permaneció atenta, con la mirada fija mientras intentaba ignorar cuanto tiempo había pasado y el hecho de que Elinor llegaría en cualquier momento por ella.
-No soy tan malo como te imaginas, Merida- un escalofrió involuntario recorrió la espalda de la chica al escuchar su nombre. Todo de esa situación era tan extraño para ella- Como podrás adivinar, al igual que Jack Frost, yo no pertenezco aquí…- cuando el nombre del espíritu de invierno se hizo presente, Merida pudo sentir un salto inesperado en el corazón, dedicándole ahora toda su atención.
-¿Conoces a Jack?- no es como si en verdad estuviera interesada, aunque la voz la traicionara en una emoción que le provoco morderse ligeramente la lengua para controlarse más la próxima vez. Ella quizás… quizás solo quería saber cómo estaba, si ya alguien más podía verlo o si, al igual que ella, había intentado seguir adelante con su vida a lado de alguien más.
-No personalmente, pero conozco a los que su tipo- en la última palabra, se hizo evidente el tono de desprecio. Cualquier cosa que fuera a pedirle tendría que ver con Jack, y eso, de alguna manera parecía peor que cualquier otra cosa- Los espíritus del tipo guardián son una verdadera desgracia para el resto de los inmortales…- inmediatamente después de escucharlo, los recuerdos de aquellos singulares personajes que había conocido por escasos minutos se le vinieron a la mente. El hombre de rojo, el conejo enorme y la mujer emplumada, todos ellos tan diferentes entre sí y tan atípicos a todo lo anteriormente visto que Merida había llegado a creer con el tiempo que los había imaginado entre el azote de la enfermedad y la despedida prematura de Jack.
-No comprendo… ellos… ¡Ellos son buenos!- sin saber muy bien porque, Merida se atrevió a defenderlos- Jack me dijo que los guardines ayudan a los niños a ser felices- recargada en el borde de la cama, ella intento desmentirlo, con una convicción que la hacía dudar de sí misma.
-¿Y en verdad le creíste?- el rey de las pesadillas la miro como si ella no fuera capaz de distinguir la verdad de la mentira menos elaborada-Escuche que es imposible detectar cuando algo de lo que dice es real y también que sería capaz de hacer lo que sea para llamar la atención- comenzando a caminar alrededor de la habitación, se tomó la libertar de dejar de vigilarla, seguro de haberle eliminado toda voluntad de escapar- Dicen que solo es un pobre, patético espíritu errante de alguien desesperado por pertenecer en algún lado, incapaz de ver que solo fue un error y un desperdicio de tiempo del hombre en la luna… - Pitch se sentía de humor para seguir difamando al más reciente guardián que se había colado naturalmente hasta los primeros puestos de su larga lista de odio, pero la voz de la princesa retenida a la fuerza le corto la inspiración.
-¡Los que te dijeron eso mienten!- antes de poder razonarlo, Merida no pudo seguir escuchando la manera en que aquel desconocido decía esas cosas terribles del chico que la había dejado abandonada a su suerte en medio del bosque, en la hora más oscura de la noche. Por orgullo, hubiera querida darle la razón, o decirle que incluso era peor que todo lo mencionado, pero simplemente no había podido hacer otra cosa que defenderlo.
-Puede ser. De igual manera, no tiene caso seguir hablando de Frost cuando hay cosas mucho más importantes que decir- restándole mérito al hecho de que ella se había atrevido a levantarle la voz para callarlo, se decidió a pasar a un tema más interesante y provechoso- Nuestro mundo es diferente al tuyo como no tienes una idea. Los niños de allá son perezoso, mimados, irrespetuosos y egoístas. Se pasan el día esperando una recompensa por la acción más mínima, viviendo en un mundo perfecto y alejado de la realidad. Crecen siendo adultos incompetentes, débiles de carácter he incapaces de enfrentarse a la vida o valerse por sí solos y todo es culpa de los guardianes…- tomando una pequeña pausa en su apasionado discurso lleno de cizaña, se dio el tiempo para verificar si había cambiado de alguna manera el escepticismo de la pelirroja. Nada hasta el momento, pero eso no logro desanimarlo en lo más mínimo- A veces pienso que no son conscientes de todo el mal que les hacen, pero aun así alguien debe detenerlos…
-¿Y supongo que ese alguien eres tú?- ella lo interrumpió, aun desafiante. Normalmente a Pitch le desagradaba cuando alguien no conocía su lugar, pero esas demostraciones de valor a pesar de su absoluta desventaja le parecían tan divertidas que simplemente no podía tomarla enserio.
-Supones bien, aunque preferiría que fuéramos nosotros dos los que acabemos con ellos- finalmente estaba claro el motivo de la visita inesperada, pero aún faltaba saber el porqué. Ella no tenía ningún poder especial que pudiera equipararse al de cualquiera de ellos. No tenía sentido.
-No existe un nosotros y si ya terminaste, tengo que asistir a una… boda- en el último momento, la palabra boda perdió fuerza, casi susurrándola de manera pausada. Sonaba extraña he incomoda, pero eso era justamente lo que era y debía enfrentarlo de la misma manera que estaba dispuesta a hacerlo cuando su madre aún estaba en la habitación -¡Mi boda!- retomando la determinación perdida, Merida se incorporó en su lugar, enderezando la espalda para demostrar el ánimo que difícilmente sentía al escuchar cualquier cosa relacionada con el matrimonio.
-No, no he terminado- la respuesta del rey de las pesadillas fue simple y contundente. Odiaba esa sensación de estar expensa a hacer siempre lo que los demás querían, como en esa ocasión o en todas las anteriores, donde su espíritu de rebeldía siempre resultaba insuficiente- Eso de casarse y encadenarse a otra persona para siempre, sencillamente jamás lo he terminado comprender- su incapacidad para sentir cualquier clase de afecto podía claramente ser una de las razones, con todo el caos, el resentimiento y las pesadillas perpetuamente presentes en su vida, pero en ese momento no se trataba de él- Y a decir verdad, no me parece tampoco que vaya contigo…- más que un supuesto, era algo que el rey de las pesadillas daba por hecho. El halo de miseria innegable a su alrededor y la investigación previa le habían permitido conocerla lo suficiente para aprovechar la situación.
-Yo ya he tomado mi decisión…- por más que Merida intentó sonar determinada, se había escuchado más como algo que alguien se diría a sí mismo para terminar de autoconvencerse. Para ese punto, ya ni siquiera recordaba porque lo hacía, ¿Para darle gusto a su madre?, ¿Por qué era lo mejor para todos?, ¿Para apresurar la agonía de lo inevitable?, ninguna respuesta terminaba de conversarla, así que simplemente dejaba de pesar en ello, como si esa fuera la solución mágica para todo.
-Una decisión basada en la desesperación- el hombre del saco había tenido la respuesta aun antes de que ella terminara de hablar. Una verdad que había tomado a la chica con la guardia baja- Déjame darte un consejo de alguien que ha vivido lo suficiente para perder la cuenta de los años. Con frecuencia, el camino más fácil es también el más difícil de soportar- siglos de experiencia le habían demostrado que era una pérdida de tiempo esperar a que los problemas se resuelvan por si solos y las cosas se acomoden a conveniencia. Para el no existía nada más despreciable que darse por vencido antes de agotar cualquier recurso, a menos claro, que el sujeto en cuestión sea el enemigo. Su fachada de falsa seguridad con aquel halo de desesperanza intensa era justo lo que necesitaba para hacer de esa visita algo exitosa.
-Hablas como si me conocieras, pero no sabes nada de mí. Lo que haga o deje de hacer no es asunto tuyo y no tienes ningún derecho de meterte en mi vida- lo último que Merida necesitaba era alguien más intentando manejarla, diciéndole lo que era mejor para ella, repitiendo cosas que ya sabía. Si lo único que buscaba era hacerla desistir de su decisión, no tedria caso seguir.
-No necesito conocerte para saber algo tan obvio. Sé que no confías en mí y es entendible- ciertamente el aspecto sombrío y los dientes en punta no le generaban un criterio positivo en la mayoría de las ocasiones (por no decir todas). Ella no le agradaba demasiado tampoco, pero todo se trataba de formar una sociedad exitosa a pesar de las diferencias-Te dije que era el rey de las pesadillas, porque eso es precisamente lo que hago, les provoco los más terribles sueños a los niños, ¿Sabes porque?- Pitch siguió presionando el dialogo, dejando pasar un instante de silencio para escuchar la respuesta sarcástica de la princesa.
-¿Por qué disfrutas de su sufrimiento?- alzando ambas cejas, Merida respondió con simpleza, intentando restarle importancia a la plática.
-Para hacerlos vences sus más grandes miedos y que así valoren lo que realmente importa en la vida. Cuando alguien es capaz de superar todos sus temores, puede soportar cualquier cosa- la convicción con la que hablaba casi le hacía creer a Merida que había algo de verdad en lo que decía. Quizá… ¿Una especie de tortura infantil para convertir las debilidades en fortalezas?, tal vez no era tan malo como lo estaba imaginando, pero de ser así, sería la escusa más elaborada para traumatizar niños y estar libre de consecuencias.
-¿Qué pasa si un niño no logra superar sus miedos?- solo era necesario usar un poco de empatía para imaginar lo terrible que podría llegar a ser. La vida ya era lo suficientemente difícil como para seguir enfrentar horrores imaginarios a la hora de dormir y era fácil de imaginar el destino de un niño que vive con pesadillas eternas hasta llegar a la adultez.
-Jamás selecciono al azar. Nunca le he dado a un niño más de lo que puede soportar- Pitch mencionó, como si fuera la cosa más obvia y básica del mundo.
-No te ofendas, pero eso no me convence mucho- a la par que expresaba su escepticismo, Merida intentaba calcular exactamente cuánto tiempo llevaban hablando. Sería algo impensable faltar a su propia boda, tomando en cuenta, claro, que su madre no fuera primero por ella, llena de histeria.
-No es necesario que lo entiendas. Mi don es igual o más valioso que el de los demás guardianes, pero están cegados por el brillo de sus propios egos. Ellos te pudieron haber parecido amables y perfectos cuando los conociste, pero rechazan todo aquello que no sea acorde con sus ideales. Piensan que solo existe una manera correcta de hacer las cosas y es la suya, despreciando lo demás…- casi escupiendo las palabras, su tono de voz se llenó de una rabia cada vez más intensa, disimulada detrás de una sonrisa apretada. Algo apenas más fuerte que el odio parecía ser el deseo de venganza por lo que sea que pudieron haberle hecho los guardines, aun después de merecerlo a pulso -Su fortaleza radica en el miedo al cambio, excusándose detrás de reglas ambiguas como hablar con humanos o utilizar los poderes de manera "correcta". Lo único real en ellos es el miedo…
-¿El miedo?- Merida repitió lo último, casi en un susurro. Aun seguía sin ningún interés por colaborar con él, pero la curiosidad por saber cualquier cosa relacionada con ellos (y Jack, por supuesto) era algo que seguía capturando su atención al instante.
-Miedo al cambio, al fracaso, a lo desconocido, miedo de ti y de mí. Quiero liberarlos de eso, porque a pesar de haberme encerrado siglos enteros y negar mi existencia no les guardo rencor…- después de explicarse con más detalle, se detuvo en lo último, como si él mismo no estuviera del todo convencido de sus propias palabras -Bueno, quizás si me gustaría ver que sufrieran un poco…- con solo imaginarlo, su sonrisa se volvió más amplia, dejando al descubierto una larga hilera de dientes afilados.
-Aun no entiendo porque me quieres de tu lado si soy… humana- la mayor pregunta de todas, la única pieza que parecía no encajar del todo. Ella no era como ellos, eso había quedado más que claro la primera y única vez que vio a los guardianes, ¿Pretendía usarla para darles lastima?
-Ser humana no te hace menos valiosa para mí. Estoy ofreciéndote la oportunidad de acompañarme a mi mundo y enfrentar a quien hizo que todos tus sueños parecieran poca cosa después de conocerlo- Merida sintió una punzada extraña en el corazón, dolorosa de una manera que hubiera querido jamás volver a sentir. Volver a recordarlo, como si apenas hubiera sido ayer. De nuevo.
-No hay manera de llegar allá…- controlándose hasta el punto de negarse a demostrar el malestar que le causaba cada palabra, ella repitió lo que Jack le había dicho para justificar su rotunda imposibilidad de volver.
-Quizás no para ti sola, pero para mi, Jack o cualquiera de los guardines, viajar entre universos es tan fácil como abrir una puerta- Pitch parecía haber escogido cuidadosamente cada palabra para causarle la mayor desilusión posible, mientras observa atento como esta bajaba la mirada para evitar que se diera cuenta a que grado le había afectado.
-Él me dijo…- aun negándose a creer, ella recordó todo lo que le había dicho el espíritu de invierno. Como había roto su promesa de volver y el cómo se había negado a llevarla, haciéndola sentir la carga más difícil de soportar en cualquier universo.
-Mentiras- aprovechando el ligero titubeo en la voz de la chica, Pitch completo la frase sin el menor tacto-Aunque no lo quieras escuchar, mis fuentes son confiables y Jack Frost jamás se ha tomado nada enserio en 300 años. Cuando supo que iba había sido elegido guardián escapo aquí con la esperanza de no ser encontrado. Para él, todo es un juego, pero cuando te seleccionan como guardián, no hay marcha atrás- usando uno de sus mayores talentos, el rey de las pesadillas lo había mencionado de tal manera que parecía una de las verdades más crueles.
-¡Cállate!- cubriéndose los oídos con ambas manos, la pelirroja ya no quiso escuchar una sola palabra más. A cada segundo que pasaba, podía sentía que perdía el control de sus emociones, sin saber exactamente hacia quien iba dirigido todo su enojo. No podía ser verdad nada de lo que él decía, pero de ser así, si pudiera existir la mínima posibilidad de ser cierto ella… ella no estaba segura de lo que sería capaz de hacer.
-Merida, ¡La ceremonia comienza en cinco minutos!- justo cuando estaba a punto de llegar en el escenario hipotético más extremo que su mente le pudiera permitir imaginar, la voz de su madre apago su ira como un balde de agua helada. Lo inevitable estaba a punto de pasar y solo podía mirar hacia la gruesa puerta de madera, sin voluntad alguna de abrirla.
-¡Ya voy mamá!- Merida grito desde su asiento en el borde de la cama, sin hacer ningún intento por materializar lo dicho. El tiempo se le había terminado y apenas podía hallar cavidad para todos los sentimientos encontrados.
-Si quieres quedarte a arruinar tu vida, no voy a detenerte. Lo que hagas me importa menos de lo que puedas imaginar…- la arena negra había dejado de obstruir la puerta y ahora se acumulaba en una esquina de la habitación, girando hasta formar un vórtice sin fondo. Un túnel entre dos dimensiones.
-¡¿Hay alguien más ahí contigo?¡- en el segundo que había olvidado la presencia de su madre, la voz de Elinor la hizo volver a la realidad. Merida no quería molestase por ella y su insistencia, porque no sabía nada de lo que pasaba, pero justo en ese momento le estaba costando trabajo mantener la calma.
-¡No mamá, salgo en un segundo…!- se sentía incapaz de lidiar con ambas cosas a la vez. La situación ya era desesperante sin la insistencia ansiosa de la reina.
-Pero por otro lado, si aceptas mi oferta y vienes conmigo, podrás obtener todas tus respuestas…- Pitch se limitó a mencionar con simpleza, aprovechando el rato de silencio entre la voz de la princesa y la reina. Consideraba que era el momento de terminar con eso. Ya había invertido demasiado tiempo en su labor de convencimiento y ese lugar le parecía cada vez más aburrido, mundano he insignificante.
-Los invitados ya están esperando...- Merida podía imaginársela pegada a la puerta, sin la intención de irse hasta traérsela consigo, arrastrándola hasta el altar de ser necesario. La impaciencia en la voz de la mujer mayor, cada vez notoria y nerviosa era la clara señal de la calma anterior a la tormenta.
-Espera… ¿Por qué haces esto?- apartando la presión de la reina por cumplir con su obligación autoimpuesta, Merida fijo los ojos en el rey de las pesadillas, esperando escuchar algo al menos convincente. Nadie (y menos alguien como él) haría tanto por nada -¿Qué vas a ganar tú?- ella se imagina algo como un contrato por su alma o quizás le pediría lastimar a alguien por él, como alguno de los guardianes o a Jack. Por más que fuera verdad algo de lo dicho por el espíritu oscuro, ella no quería que nadie saliera lastimado. Por sentido común, tenía que saber sus verdaderas intenciones antes de acceder a cualquier cosa, pero algo dentro de ella sabía que eso no ocurriría.
-Te lo explicare todo en su momento- justo como lo había esperado, Pitch se negó a dar más explicaciones mientras los golpes en la puerta comenzaban a sonar como ruido de fondo.
-Hazlo ahora o…- apenas y podía concentrarse lo suficiente para pesar con claridad. Ya no era aquella chica que hacia las cosas sin pensar en las consecuencias, la cual preferiría escapar a un bosque interminable que enfrentar sus problemas, más sin embargo, ¿En verdad lo estaba considerando?, Abandonar sus responsabilidades, darle la espalda a su familia y a su reino para intentar cerrar una herida que seguía tan reciente como el primer día… ¿Sería capaz de ser tan egoísta?, ¡¿De nuevo?!
-Merida, ¿No te estarás arrepintiendo ahora, verdad?- como fuera capaz de leerle la mente, Elinor exigió saber, perdiendo por completo la poca calma que le quedaba en la voz. Invadida por el mal presentimiento, su instinto de madre le gritaba que algo estaba fuera de lo normal, aunque no supiera exactamente lo que era. Ese mismo presentimiento que le había dicho desde un principio que esa boda estaba condenada.
-Mamá… ¡Ya te dije que ahí voy!- completamente exasperada por las conclusiones fatalistas de su madre, Merida le grito, con más fuerza de la que hubiera deseado. Era típico que pensara siempre lo peor de ella al primer instante. A pesar de sus dudas obvias y justificadas, en ningún momento había llegado a pensar en faltar a su promesa. Los tres clanes ya estaban reunidos y por primera vez parecía existir la ilusión de unión entre todos. Ella no podía echarlo a perder, pero cada vez era más difícil soportar la idea de la vida que le esperaba si salía por esa puerta. Compartir el resto de sus días con alguien a quien apenas conocía, sin amor o la promesa de algo parecido.
¿Qué rayos estaba haciendo?
-Yo tampoco tengo todo el día, las pesadillas no se crean solas, ¿Sabes?- un impaciente Pitch mencionó por lo alto, fastidiado por ese drama madre e hija que parecía ser una manera infalible de provocar migrañas. La hija rebelde que jamás cumple las expectativas contra la madre exigente a la que nada le parece suficiente. La decepción paterna era en definitiva una de sus pesadillas menos favoritas para aplicar en los niños, a pesar de su grado de efectividad y el crecimiento garantizado de miseria.
-¡No te atrevas a presionarme tú también…!- girando la cabeza en su dirección, como un látigo, le lanzo una mirada amenazante mientras lo apuntaba con el dedo índice. El enojo, la frustración, la confusión, las ganas de detenerse para dar un respiro… tantas cosas en tan poco tiempo, ¿Cómo podían pretender que tomara una decisión tan importante en esas condiciones?
-¡¿Con quien estas, Merida?!- solo un sordo sería capaz de dudar que la princesa estaba teniendo una conversación con alguien más en la habitación. Elinor no necesitaba pensarlo mucho, si todos los invitados estaban abajo, esperado a la novia, no podían existir muchas opciones. El recuerdo de lo ocurrido meses atrás le hizo sentir un escalofrió intenso, intensificado por la memoria de su hija enferma, saltando por la ventana- ¡Abre esa puerta!- esta vez gritando a todo pulmón, intensifico los golpes en la pesada puerta.
-He sido más que paciente- el portal que había formado con la arena había estado listo para usarse demasiado tiempo. Su indecisión le estaba haciendo desperdiciar tiempo y energía, dos cosas que al hombre del saco no estaban para desperdiciar en esas fechas.
-¡Déjame tranquila!- sin saber exactamente para quien iba dirigido, Pitch no podía dejar de observar como Merida se cubría el rostro con ambas manos, todavía con los pies colgando de la cama. Un espectáculo tan penoso como entretenido.
-Merida, ¡Sal ahora mismo!- le parecía algo realmente curioso el como la madre de la chica seguía insistiendo con lo mismo. Era obvio que no le estaba funcionando lo de gritar he insistir, ¿Por qué no cambiaba de estrategia entonces?, Intentar hablarle en un tono maternal, por ejemplo, para hacer más llevadero ese momento al menos.
-Mamá…- la chica menciono sin fuerza, demasiado convencida de que nada de lo pudiera decirle sería suficiente para calmarla. Su actitud solo empeoraba las ganas de Merida por irse.
-No tienes que pensarlo mucho. Un sí, un no...- sin moverse de su lugar, a un lado del portal, Pitch lo hacía parecer como una decisión sencilla de tomar. Estaba de más decir que de decidir quedarse, tendría que hacer las cosas de la manera difícil. Arrastrarla consigo en condición de rehén sonaba cada vez más tentador en caso de que siguiera indecisa, pero aún le daría un par de minutos más para hacer tomar la decisión inteligente.
-Jovencita, si no abres esta puerta en tres segundos, voy a ordenar tirarla. No estoy jugando- a pesar de que la voz de su madre resonó con menos fuerza, era más dura y amenazante que todas las veces anteriores. Merida sabía que lo cumpliría sin ninguna duda, pero eso no le hizo las cosas más fáciles. Justo en ese momento, no quería irse con ninguno de los dos.
-Es algo sencillo- la voz de Pitch se filtró a través de sus pensamientos fatalistas sobre el deber y la importancia de cumplir promesas. Con la mirada fija en la puerta, se preguntó a sí misma, con la mayor sinceridad posible que era lo que ella en realidad quería hacer, si tuviera la oportunidad de elegir libremente.
-Uno…- ¿En verdad lo estaba considerando?, Escapar el día en que menos debía hacerlo, sin dar una explicación o disculparse siquiera. No confiaba en aquel hombre, era un desconocido sin tener nada a favor (el aspecto tenebroso, sus planes de venganza, las pesadillas gratuitas para los niños), pero sentía, negando toda lógica, que ir con él era algo que tenía que hacer solo por la posibilidad de cerrar el círculo más grande de su joven vida. Levantándose del borde de la cama, comenzó su camino contrario a la puerta, plantándose enfrente del rey de las pesadillas.
-No le puedo hacer esto, no tienes una idea de todo lo que está en juego por esta boda- a pesar de estar mirando fijamente, aquello parecía haberlo sido dicho para sí misma. Ignorando la cuenta regresiva de su madre, más allá de las amenazas y la obligación del deber, ella se sentía genuinamente mal por esa situación.
-Dos…- del otro lado de la puerta, imaginaba a su madre, con el semblante duro y la esperanza cada vez más débil de que ella abriera la puerta antes de llegar a tres.
-Claro que puedes hacerlo. Se trata de tu vida- No era como si se estuviera perdiendo de mucho. Incluso la estaba salvando de sí misma en cierto punto. Había llegado en el momento perfecto.
-Pero… ¿Voy a volver, cierto?- Merida preguntó, convenciéndose a sí misma de que en caso de arrepentirse siempre tendría la opción de volver para intentar resolver el enorme problema que estaba a punto de causar. Aun en caso de que todo resultara como ella esperaba (cerrar todas las puertas abiertas, aclarar las cosas con Jack, continuar su vida con la misma emoción que tenía antes de conocerlo), la opción de volver debía estar presente para no quedarse atrapada por siempre en un lugar extraño y alejado de su hogar, de todo lo conocido.
-Por supuesto...- Pitch se limitó a mencionar con simpleza, mientras le extendían la mano para salir de ahí. Le habría dicho cualquier cosa para que terminara de aceptar, y aunque una parte de ella lo sabía, tomo su mano, adentrándose en la oscuridad absoluta.
La popularidad de Jack como guardián de la diversión fue en aumento, llegando a su punto máximo el primer día de invierno. Los juegos en la nieve, el cariño de los niños… ¿No era demasiado perfecto?, ¿Por qué parecía haberse solucionado todo cuando nada estaba bien?, Se trataba de una falsa seguridad, porque a pesar de todos los esfuerzos, los niños aun tenían pesadillas, seguía sin haber rastros de Meme o las hadas de Tooth y Pitch aun era una amenaza a punto de resurgir en cualquier momento. Además, y por mas que quisiera evitarlo, él todavía seguía pensando en… ella. Cada día y a cada momento.
-¿Pasa algo Jack?- la curiosa voz del hada de los dientes interrumpió sus pensamiento, como ya era costumbre. Cada que hablaba con Tooth, o con algún otro guardian, había siempre un momento en que simplemente dejaba de prestar atención y su mente se iba a otro lugar.
-No, no es nada- sacudiendo la cabeza, intentó darle a entender que todo estaba bien. No valía la pena preocuparla mas de lo necesario.
-Es increíble, ¿Verdad?- sus plumas habían vuelto a salir y no parecía importarle que fueran más pequeñas y de colores menos vistosos. Norte los había citado ahí y el ambiente del lugar era… indescriptible. El olor a canela y azúcar en cada rincón, las luces navideñas de todos los colores, parpadeando al ritmo de los villancicos, los yetis trabajando a toda marcha para compensar los destrozos de los elfos y la calidez reconfortante.
-Supongo- el chico se limitó a responder, levantando los hombros mientras flotaba en el aire, lento y sin rumbo. De un tiempo acá, el hada de los dientes parecía concentrarse solo en las cosas buenas, disfrutando cada pequeño momento de paz y alegría. Quizás esa era su manera de sobreponerse a todo lo que había perdido. En cualquiera de los casos, Jack en verdad la envidiaba.
-Este lugar es asombroso todos los días del año, pero en los últimos de diciembre, antes de la noche buena, todo parece adquirir vida propia. Es la magia de la Navidad Jack…- suspirando antes de terminar, el hada de los dientes miro directamente al nuevo guardián, con ojos enormes y llenos de emoción. Estar ahí debía ser para ella como una brisa fresca de alegría si lo comparaba con el desolado templo de los dientes. Era desesperanzador pensar todo el tiempo que pasaba en ese lugar, organizando dientes, completamente sola.
-Espera, creo que vi a Norte salir por fin- llevaban tanto tiempo esperando verlo que el guardián de la diversión descendió hasta alcanzar a la festividad navideña, dejando inconclusa la plática con el hada.
-Tiene tanto trabajo pendiente antes de Navidad, quizás debimos de haberlo convencido de hacer esto después del 25- Tooth hablo para sí misma, a modo de reflexión, antes de alcanzar a Jack.
-¿Seguro que no necesitas ayuda Norte?- a Jack le pareció casi obligatorio preguntar después de notar el cansancio en el rostro del enorme hombre- Faltan tres días para Navidad y los niños en verdad necesitan de esto- de la misma manera en que lo hacían con Tooth cada tanto, el resto de los guardianes podían formar brigadas de trabajo para colaborar en lo que hiciera falta.
-No te preocupes muchacho, llevo meses planeando esto- la animosidad en su voz y la seguridad con la que había dicho aquello les hizo saber a los dos que, a pesar de su aspecto, todo seguía viento en popa dentro de la fábrica.
-Entonces, ¿Por qué nos mandaste llamar?- sin dar más rodeos, Jack le preguntó al guardián del asombro.
-No es que nos disguste estar aquí, en esta época del año tu taller es realmente hermoso con las luces, el colorido y la música…- el hada de los dientes comenzó a hablar de manera nerviosa, acelerando el ritmo de su voz para pasar lo más pronto posible la parte de "sea cual sea el motivo de estar aquí, dilo rápido porque tengo mil cosas por hacer"-Es solo que en estas fechas también muchos niños pierden dientes por los bastones de caramelo y las bebidas azucaradas...- quizás Navidad no era una fecha tan ajetreada como Halloween ( la cual, hasta el momento, no lograba explicarse como la había sacado adelante, aun tomando en cuenta la ayuda), pero si era una de las más emotivas para ella. Todos los niños felices, la unión familiar, el ambiente de bienestar que rodeaba al mundo, cada pequeño detalle de esa fecha la hacía volver a la última Navidad, cuando ni siquiera imaginaba todo lo que estaba por perder entrando el siguiente año - Y…y es la primera Navidad que voy a pasar sin mis pequeñas hadas…- había susurrado lo último, en un tono tan bajo que apenas ella misma había logrado escuchar. Bajando la mirada, se alegró de que ninguno de sus dos compañeros le estuviera prestando la suficiente atención en ese momento.
-Esperen, debemos estar completos antes de comenzar- el hada de los dientes y el guardián de la diversión había llegado a la guarida de Norte casi al mismo tiempo, olvidándose ambos de la festividad de Pascua por tener la mente ocupada en pensar demasiadas cosas a la vez.
-Cierto… Conejo…- como si en verdad necesitara sentirse peor, el hada de los dientes volvió a catalogarse a sí misma como una mala amiga, porque en ningún momento desde que había puesto un pie en ese lugar (o sobrevolar el piso, en su caso) había sentido que alguien más faltaba cuando solo se encontraba con Norte y Jack.
-Para ser sincero, hace bastante tiempo que no lo veo- Norte les confeso a los guardianes presentes. Un poco menos de dos meses podía ser un abrir y cerrar de ojos para un guardián, pero tomando en cuenta la situación de alerta actual en que todos se encontraban, perder la comunicación por tanto tiempo podía considerarse como un acto irresponsable y egoísta. Eran precisamente esos momentos cuando más unidos debían estar, haciendo a un lado las presiones del trabajo individual que cada guardián tenia.
-Yo tampoco lo he visto desde que te ayudamos a recolectar dientes el Halloween pasado…- Jack también comentó, dirigiéndose a Tooth. La naturaleza ermitaña del guardián de la esperanza tampoco ayudado demasiado, y menos aun cuando comenzó a cambiar después de la Pascua.
El ambiente se volvió pesado después de lo último dicho, dejando pasar un minuto de silencio en cuestión de palabras, amenizado por una pegajosa canción navideña en orquesta. Justo cuando Norte estaba a punto de decir algo ocurrente, los quejitos enojados del Conejo de Pascua hicieron que todos los presentes giraran la cabeza en dirección de la inconfundible voz.
-¡Todas las veces!- sus tres compañeros guardianes lo observaron entrar, sin quitarle los ojos de encima por la sorpresa. No se trataba solo del hecho de haber llegado mientras hablaban de él, sino porque era apenas reconocible. Al parecer, los cambios en él no habían cesado después de haber cumplido con su fecha - ¡Cada vez que vengo aquí termino con las patas congeladas!, Venir al Polo Norte en invierno... ¡Espero que sea por algo que valga la pena al menos!- lo único que parecía no haber cambiado era el tono malhumorado de su voz, ahora incompatible con su adorable y pequeña forma.
-¡Hey, Conejo!, Al fin llegaste, comenzabas a preocuparnos…- el único que no parecía estar realmente sorprendido por la apariencia del guardián de la esperanza fue la festividad navideña, que lo recibió con la misma efusividad que a los demás -Estábamos a punto de salir a buscarte. Bueno, no lo habíamos platicado aun, pero iba a proponerlo, con eso de que el trineo esta mejor que nunca- con solo escuchar la palabra trineo, un escalofrió involuntario sacudió a los tres guardianes restantes. No tenían idea por qué insistía tanto en usarlo como medio de trasporte oficial, siendo que dos de ellos podían volar y el otro podía desplazarse a casi cualquier parte del mundo mediante túneles subterráneos mágicos.
-Llegue tarde porque cada vez las distancias me parecen más largas, Además ¿porque tiene que haber tanta nieve?, ¡Alguien podría morir sepultado y nadie se daría cuenta hasta la maldita primavera!- sin duda se trataba del mismo conejo de pascua de siempre, quizás hasta un poco más enojado que antes. La apariencia tierna y esponjosa era solo un estado temporal que le provocaban al hada de los dientes unas ganas terribles de abrazarlo, mientras que el guardián de la diversión apenas podía aguantar la risa y guardarse todas las bromas.
-¿Por qué esta de ese tamaño?...- limitándose solo a preguntarle por lo bajo al hada de los dientes, Jack hizo un intento por ser cordial y tratar de entender un poco la situación -Apenas puedo creer que sea él…- ¿Eso era lo que le pasaba a los guardianes cuando los niños dejaban de creer en ellos?, ¿Qué cambiaría en él si los niños dejaban de creer?
-No lo sé…- el hada respondió, con el mismo tono bajo de voz para evitar llamar la atención del ultimo guardián en llegar, aprovechando que este seguía quejándose del clima con Norte -Quizá es por el aumento en las pesadillas de los niños- a pesar de que Pitch no se había hecho presente desde que volvieron, los malos sueños en los niños no se habían detenido ni un solo día.
-¿Pero porque solo él ha cambiado tanto?- ni siquiera Tooth había llegado a modificar de esa manera su apariencia en su peor momento, justo antes de volver para Pascua.
-Supongo que es porque solo tiene una fecha fija al año, igual que Norte- en todo el tiempo que llevaba como guardiana de las memorias infantiles, jamás había pasado algo parecido, pero solo era necesario usar un poco de lógica para darle sentido a los cambios de su amigo- Navidad es una fecha muy esperada para los niños, y estando a pocos días, es comprensible que Norte no presente ningún cambio- incluso se atrevía a decir que es ese momento, era el más fuerte de los cuatro por la situación actual de Conejo, lo relativamente nuevo que era Jack en su puesto como guardián o que ella apenas y podía volar sin perder el aliento- En el caso de nosotros dos, nuestro trabajo como guardianes es algo que hacemos constantemente y por esa razón los niños nos recuerdan con frecuencia…- dejando sus pensamientos de lado, terminó de explicarle al espíritu de invierno la conclusión a la que había llegado.
-Tiene sentido- aunque estaba satisfecho con la respuesta, escuchar aquello le había dejado un mal sabor de boca. ¿Qué es lo que seguiría?, ¿Cuánto más tendrían que esperar para detenerlo?, ¿Por qué parecían tener siempre tanto miedo a atacar?, Pitch se estaba saliendo con la suya, llenando de terror los sueño de los niños y reduciendo los poderes de todos hasta volverlos blancos fáciles, vulnerables a cualquier ataque. Si había un momento para tomar la iniciativa y terminar con todo el asunto de golpe, era ahora.
-Norte, ibas a explicar por qué estamos aquí, ¿Recuerdas?- la voz impaciente del hada interrumpió la plática entre la festividad navideña y la versión más adorable del Conejo de Pascua, ahora con las patas encima de una mesa alta para que el enorme hombre no tuviera que agacharse tanto.
-Es verdad, ya que estamos todos reunidos podemos comenzar…- como si lo hubiera olvidado por un momento, les hizo una señal con la mano a Jack y Tooth para que lo siguieran y tomaran asiento en la sala de reuniones.
-También crees que Pitch atacara de nuevo en estos días, ¿Verdad?- casi enseguida de sentarse en el mullido sillón rojo, el hada de los dientes pregunto con voz entristecida. Clavando los ojos en la alfombra, no sintió que valiera la pena levantar la mirada para saber la respuesta.
-Así es Tooth…- no había manera de negar que esa era precisamente la razón de la junta. Debían discutir el asunto de Pitch con la mayor diligencia posible, para encontrar soluciones y estrategias efectivas en caso de tener que soportar un ataque sin arriesgar la Navidad -No quiero alarmarlos, pero es prácticamente un hecho- Norte mencionó, con la misma seriedad reservada para las malas noticias, consiguiendo como respuesta un silencio general que solo fue interrumpido por el miembro más joven del grupo.
-¿Pero porque lo creen?, ¿A dado alguna señal siquiera?- Jack aun deseaba terminar de entender como es que podían interpretar presentimientos o saber las cosas solo por el hecho de saberlas. Sentía que había pasado demasiado tiempo (una eternidad en apariencia) y aun era como el primer día.
-No es necesario. Piensa muchacho, ¿En qué otra época del año podría causar más daño que en esta?, Además mi panza me lo dijo…- al momento de decir lo último, se dio unas palmadas en el estómago, como era costumbre.
-Romperle el corazón a un niño en Navidad- la voz dolida de Tooth fue suficiente motivación para que el guardián de la diversión deseara ir a detener al rey de las pesadillas antes de que los tomara por sorpresa y destruyera lo que aun quedaba de ellos- Suena tan bajo, incluso para Pitch, ¿Cómo es posible tanta crueldad?- entre lamentaciones que pasaban a volverse un enojo profundo, el hada de los dientes se preguntaba si Pitch algún día terminaría de pagar por todo lo que había hecho, y seguiría haciendo de no detenerlo.
-Es la oportunidad perfecta para acabar con nosotros- el Conejo de Pascua agregó, sintiéndose completamente inútil en su condición actual, ¿Que podía hacer contra Pitch y su ejército de sombras?, ¿Matarlos de ternura?, La impotencia que sentía cada que pensaba en eso lo hacía darse cuenta, de mala gana, que si no conseguía recobrar sus poderes terminaría convirtiéndose más en un estorbo que en un aliado.
-¿Y qué vamos a hacer?, ¿Hay un plan, cierto?- Jack estaba casi seguro de que esa junta de guardianes tenía el propósito de formar entre todos un plan de ataque que ni el mismo rey de las pesadillas fuera capaz de detener y solo restaría decidir si se haría antes o después de Navidad.
-Vamos a defendernos- las palabras de Norte le parecieron un tanto decepcionantes a Jack, pero quiso pensar que habría una segunda parte de ese plan donde unían fuerzas para derrotar a Pitch, rescatando con eso a Meme, las hadas de Tooth y todos los niños alrededor del mundo volvían a tener sueños maravillosos.
-Y atacar, ¿No?- en verdad quería escucharlo decir algo mejor que eso, saber que en verdad había existido un motivo genuino para haberlo buscado tan lejos y con tanta desesperación.
-Si, en su debido momento y solo si es necesario. No podemos arriesgarnos demasiado…- al escucharlo, el centenario espíritu de invierno se quedó helado por una razón ajena a sus poderes de hielo. No podía estar hablando en serio, y lo que era peor aun, los demás parecía estar de acuerdo. Sosteniendo su cayado con fuerza, apretó las manos alrededor del trozo de madera de tal manera que el blanco se los nudillos resalto aun en la palidez permanente en su piel. Si iban a tardar tanto en decidirse, ¿Por qué lo habían presionado hasta lo imposible por acortar el poco tiempo que tendría con la única persona que había sido significativa en su vida?, Ni siquiera le habían dado la oportunidad de tener una despedida menos desastrosa, algo más digno de un sentimiento mutuo que había crecido tan rápido como abrasivo. De haber tenido el tiempo habría cambiado tantas cosas… ¡Ni siquiera podía pensar en eso!, ¿Había logrado salir del bosque?, ¿Estaba viva siquiera?, Y de ser así… ¿Viviría muchos años odiándolo?, Ellos no podían pedirle que esperara ni un segundo más para cumplir su motivo forzado de estar ahí.
- Es que… ¡No lo entiendo!, ¿Qué es lo que estamos esperando?, ¿Qué venga él y nos ataque primero?- apenas conteniendo el enojo alimentado por los malos recuerdos, Jack se levantó de su lugar, dispuesto a hacerlos cambiar de parecer. Si el hombre de la luna les había dicho que él seria la clave para vencer al hombre del saco, debían creerlo -He estado investigando y se dónde está resguardándose Pitch- volando en dirección al gigantesco globo terráqueo apenas iluminado con luces dispersas, buscó rápidamente un punto específico antes de señalarlo con el dedo índice. Estaba emocionado por la idea de tener la iniciativa de atacar primero, en lugar de estar esperando asustados cualquier indicio de amenaza, pero todo el ánimo de salir de ahí se esfumo al ver el rostro decaído de los otros tres guardianes. Parecían mirarlo casi con lastima, como si no tuviera idea de que estaba pasando o como eran las cosas en realidad.
-Todos lo sabemos- Conejo fue el único que se atrevió a sacarlo de su confusión momentánea, sin el tacto que hubiera tenido Norte ni la amabilidad nerviosa para las noticias difíciles de Tooth. Fue directo al punto, sin rodeos, dándole a entender que el motivo por el cual no habían detenido al rey de las pesadillas aún era completamente ajeno a no saber su ubicación.
-No es tan fácil Jack, en estos momentos nos lleva ventaja y…- el hada de los dientes se detuvo por un segundo, escogiendo las palabras que le diría, mientras volaba lentamente hacia el delgado chico- Debemos de pensar en que es lo más prudente- toda esa situación de mantenerse temerosos y paranoicos no iba con él. Sentía que estaba perdiendo el tiempo, que no estaban haciendo nada y que eso tarde o temprano terminaría acabando con ellos, pero los demás eran incapaces de verlo. El observar como Tooth le hablaba despacio, con la cautela de quien intenta hacer entrar en razón a alguien que ha perdido la noción de la realidad lo indignaba. Aunque sabía que las intenciones de ella eran las mejores, lo único que había logrado con esa acción fue incrementar el enojo de Jack.
-¡Nos lleva ventaja porque no hicimos nada cuando debíamos hacerlo!- sin poder contenerlo más, señalo la falta de compromiso que tenían para erradicar el problema desde un principio, mientras los aludidos lo miraban con ojos sorprendidos, como si no esperaran esa reacción por parte de él.
-Después del día de Pascua no era el momento muchacho, había cosas más importantes por hacer- dando unos pasos adelante, Norte comienzo a decir lo mismo que ya esperaba escuchar. Si no era el momento, ¿Por qué habían ido por él?, ¿Por qué no lo buscaron dos horas antes de que el verdad lo necesitaran?, ¿Por qué le habían quitado la oportunidad de hacer las cosas bien y prolongar un poco más el efímero momento de verdadera felicidad que jamás volvería a experimentar?, La sensación de que Merida termino odiándolo por culpa de ellos fue en aumento hasta tomarlo como una verdad -Los niños necesitan que ganemos esto y si nos arriesgábamos de esa manera…- el enorme hombre de traje rojo siguió en su intento por calmar a Jack, pero fue interrumpido antes de terminar.
-Los niños están sufriendo justo ahora, como lo hicieron en los meses anteriores que tampoco hicimos nada- aun con el ceño fruncido, Jack siguió manteniendo su postura de reclamo, sin querer saber de ninguna explicación. Estaba furioso, enojado con ellos y también consigo mismo por haberles hecho caso.
-¿Y crees que no lo sabemos?- cansado de escucharlo, el conejo de pascua tomo su turno para hablar, arremetiendo sin escalas contra el enojado chico. Había tenido un pésimo día, el cual fue decayendo hasta casi perderse en la nieve por no calcular bien en donde salir, y como si todo eso no fuera suficiente, ahora debía quedarse escuchando los reproches de un niño al cual aún le faltaba demasiado para ser un guardián de verdad- ¿Acaso piensas que en todo este tiempo no nos importó?, ¡Tú no tienes derecho a hablarnos así, como si realmente supieras lo que dices…!- le enfurecía la manera en la cual los culpaba, pero sobre todo no podía soportar el hecho de que insinuara que no les importaba el bienestar de los niños.
-Conejo, Jack, creo que debemos calmarnos todos un poco. Mismo equipo, ¿Recuerdan?- Tooth sintió el deber de intervenir cuando la discusión se les estaba yendo de las manos. No estaban ahí para ofenderse, y ciertamente no sentía que fuera apropiado pelear cuando debían estar buscando soluciones.
-No, hay que dejarlo hablar, al parecer el señor bigotes tiene algo que decirme- con el sarcasmo al máximo, Jack se mostró tan desafiante como antes. Si tenía algo que decirle, ese era el momento.
-¿Alguien quiere una taza de chocolate caliente?- Norte preguntó, en el intento por cambiar de tema o como mínimo, disminuir la tensión que no ayudaba en nada a la causa- También hay muchas galletas, deberíamos comer algunas- el hombre mayor en apariencia mencionó con un entusiasmo poco contagioso, porque en realidad nadie le estaba prestando atención.
-No importa que ahora te llames guardián, sigues siendo el mismo chiquillo inconsciente y egoísta de siempre- ignorando a sus dos compañeros, el Conejo de Pascua prosiguió con lo que tenía para decirle al chico que ahora tenia enfrente. Podía haber perdido la mayor parte de su tamaño y poder, pero aun así no estaba dispuesto a dejar de decir lo que pensaba- Puede que los demás no te lo digan en la cara, pero incluso yo que estoy a punto de desaparecer puedo ver lo poco que entiendes como debe actuar un guardián…- de haber tenido la oportunidad, hubiera seguido hablando hasta sentir que ya no tenía nada más que decirle al chico de cabello blanco y este habría contestado con más hostilidad hasta disolver la sociedad actual de guardianes. Eso, en definitiva era lo peor que podía pasarles y Tooth intervino sin pensarlo dos veces.
-¡Basta los dos!- metiéndose entre ellos, el hada extendió los brazos para separarlos, sorprendiendo a ambos, tanto por la intensidad de lo dicho, como por lo hecho -¿Por qué tienen que hacer esto ahora?, ¿Por qué no pueden solo cerrar la boca y dejar hablar a Norte?- en el límite de su resistencia por ser positiva y decirse a sí misma que las cosas se solucionarían al final, estaba al borde de las lágrimas, apenas conteniéndolas. Ella no podía ser la única que buscara una plática civilizada o de otra manera jamás encontraría a sus hadas, si es que aún había alguna esperanza para ellas.
-Hmmp…- al escuchar su nombre, el espíritu de la navidad se giró, con la boca llena de galletas y la barba repleta de migas. Tomando la decisión de darles espacio para que arreglaran sus diferencias, fue por las galletas que les había ofrecido hace apenas unos segundos. Sentía el estómago extraño, pesado y revuelto, siendo para él señales claras de que algo terrible se aproximaba.
-¡Tenemos que estar unidos!- por si no hubiera sido suficientemente dicho con anterioridad, el hada de los dientes agregó, aprovechando que todos seguían callados-Necesitamos estarlo… por favor…- perdiendo la fuerza en las últimas palabras, se alejó de ambos para volver a sentarse en el sillón, abrazándose a si misma mientras bajaba la mirada. A ninguno de ahí le gustaba verla de esa manera, tan triste, vulnerable, con más razón y claridad que nadie. El remordimiento de ambos guardianes fue evidente en su silencio, dejando atrás todo rastro de discordia. A final de cuentas, pelear entre ellos solo le haría las cosas más fáciles a Pitch.
-Yo… yo solo quiero que esto termine- Jack intentó explicar, deseando acomodar lo dicho con anterioridad. Quizás no había usado las palabras adecuadas, pero él en verdad creía que su manera de solucionarlo era mejor que solo estar esperando- Quiero que todo sea como antes de que me necesitaran y antes de Pitch- con los tres guardianes escuchándolo sin interrupción, Jack prosiguió con su discurso para motivarlos a salir de ahí y comenzar finalmente el contrataque- Esto no está bien, no es bueno para nosotros porque… ¡Solo estamos posponiéndolo!, y cada día pesa más que el anterior…- esperaba que lo escucharan, que tomaran en cuenta su opinión también. Necesitaba sentir el apoyo de alguien en ese salón, o por lo menos que su idea no fuera rechazada antes de considerarla.
-¿Qué propones entonces?, ¿Ir en este momento a la guarida de Pitch y atacarlo con el resto de energía que nos queda hasta ser tragados por su ejército de pesadillas?- el Conejo de Pascua fue, como casi siempre, el primero en cuestionar su plan, concentrándose solo en los detalles malos, aunque ahora su voz era sarcástica, más para contradecirlo que para avivar el fuego de la discusión.
-Propongo que dejemos de pensar en todo lo que podría salir mal. Quiero que dejemos de tener miedo a fracasar antes de intentarlo- era como si nunca hubiera escuchado la frase "Quien no arriesga, no gana". Aun así, no perdió la esperanza de llegar a Norte y Tooth lo suficiente para ser mayoría- Somos los guardianes de todo lo preciado para los niños, ellos confían en nosotros para ser felices, lo mínimo que les debemos es tenernos un poco de confianza, ¿No?, Luchar por ellos ahora, recuperar a los amigos que perdimos en el camino y sobre todo, ¡Hacer pagar a Pitch por todo lo que hizo!- de manera sincronizada a la última palabra, un manto de arena negra emergió de entre los pilares, haciéndolos ponerse en estado de alerta inmediata. De eso justamente les había hablado, como una premonición de algo que siempre fue inminente.
-Eso fue realmente inspirador, aunque me agradabas más cuando no tomabas partido en nada- saliendo de entre las sombras creadas por la misma arena oscura, Pitch se dirigió al guardián de la diversión, mientras formaba una sonrisa divertida que mostraba la parte superior de sus dientes afilados. Los miraba a todos, con sus caras desafiantes y sus armas inútiles. Ni siquiera dudaba que pensaran que realmente tenían una oportunidad contra él- Lamento interrumpir tan emotiva reunión, pero ¿Qué puedo decir? Todo el miedo, la desesperanza y la decadencia que se respira en este lugar me pareció simplemente irresistible…- había estado escondido el tiempo suficiente para escuchar la manera en que se atacaban por algo que ni siquiera valía la pena. Era ingenuo pensar que aún estaban a tiempo de hacer algo en su contra, pero les valía el mérito por entretenerlo, en especial cuando el hada de los dientes tuvo que detenerlos, prácticamente lloriqueándoles para que le hicieran caso.
-¡Sabes que no eres bienvenido en este lugar Pitch!- Norte siempre era el primero en dar la cara por todos, como el líder natural, designado a falta de algo mejor. Aunque predecibles, los intentos de hacerlo retirarse por cuenta propia no podían faltar. Había viajado cientos de kilómetros para llegar ahí y no tenía ninguna prisa por irse hasta haber terminado con ese lugar, enterrándolo en la oscuridad más absoluta.
-Y pensar que tu hospitalidad era legendaria…- con un falso tono de tristeza e indignación por el rechazo, el rey de las pesadillas negó ligeramente con la cabeza mientras les lanzaba una mirada de desaprobación a todos. No era como si esperara que rogaran por misericordia, pero al menos quería que intentaran convencerlo para que cambiara de opinión respecto a sus planes siniestros- Ojala lo hubiera sabido antes porque creo que va a ver un problema con eso...- alzando ambos brazos al aire, el ejercito de sombras emergió detrás de su persona, ante los ojos cada vez más alarmados de los guardianes- Traje compañía y no les gusta el frio que hace afuera…
Larguísimo como cuaresma. Sé que ya leyeron más que suficiente y no quiero hacer la nota de final de capitulo demasiado larga, así que solo resta agradecer por su paciencia y su apoyo.
Me disculpo por cualquier falta de ortografía o error gramático. En los capítulos largos salen a montones, pero trabajo en ello.
Tengan un día súper bonito. Besos y abrazos :3
