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9
UN DIA INOLVIDABLE
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Katrina se había levantado muy temprano ese lunes 27 de abril.
Estaba en camino de ir a ver a Fabián Sabelli en el hospital… o trataba de ir como había hecho desde hace una semana.
El joven había despertado hacia varios días, pero aun se encontraba hospitalizado luego del incidente de hace un par de semanas. En realidad había ido cuando Sabelli estuvo en estado crítico. El chico estuvo expuesto varios segundos al vacío del espacio, primero se había despresurizado la cabina de forma explosiva, luego un trozo de cristal había reventado el visor del casco, vaciando la atmósfera de su traje.
Durante días Sabelli había estado conectado a una maquina que respiraba por él, ya que tenia dificultades respiratorias. Al parecer las únicas consecuencias de su accidente habían sido una fuerte pulmonía y dolores en las articulaciones que los médicos habían estado tratando con antinflamatorios, pero debían tenerlo en observación por posibles problemas cardiopulmonares y neurológicos.
Katrina se había arrodillado todas las noches para rezar por la vida del joven, y trataba de imaginar la angustia que sentía la familia al pensar que su hijo podía morir. La Mayor Nikolayev le había dejado claro que si moría seria su culpa, y no le hacia falta que se lo dijera porque se sentía culpable.
Era comprensible que la sacaran del programa de vuelos. Ya le habían negado los permisos para las patrullas de combate. Su puesto en el escuadrón Apollo era ahora solo honorario, y la insignia que llevaba en su traje de vuelo era solo un adorno. La habían mandado a simuladores. Pasaba todo el día planeando vuelos en la computadora, al terminar su turno simplemente recogía su chaqueta y se iba.
No tenía mucho que hacer durante las siguientes horas, solo caminar por los pasillos de la nave, los hangares, o donde pudiera ir antes de ir a su cuarto, luego de pasar por el comedor para buscar algo de comida para llevar.
Su cuarto solo consistía en una habitación donde apenas cabía la cama, una silla y una mesa, otra habitación que hacia de cocinita, recibidor y comedor, y un pequeño cuarto de baño. Su hogar. Era más grande que cualquiera de los cuartos asignados a los pilotos que vivían solos, pero no mucho. A veces se tendía en la cama hasta que el sueño llegaba, y se despertaba para iniciar otro día tan vacío como el anterior.
Intentaba socializar el mínimo con sus colegas. Hacia su trabajo, intentaba hacerlo lo mejor posible para evitar que Nikolayev (nuevamente) le amonestara. No se quedaba ni un minuto más del horario establecido aunque se quedaba en las horas de mediodía a solas dentro de la cabina del simulador planeando lo que haría en la tarde.
Lo que no le gustaba era ir a la ciudad, donde precisamente estaba el hospital. A pesar de que los civiles se sentían contentos con sus vidas, ella se sentía deprimida nada mas verlos. Además estaba la vergüenza de verse cara a cara con el chico que casi muere por su culpa. Mejor no. Como todos los días iría al comedor y buscaría su comida para comer en la mesa del despacho de simuladores.
No le importaba subir dos pisos y caminar un buen tramo y regresar por el mismo camino, le ayudaba a pensar.
En medio de la tensión que se vivía aquí, apenas se encontraba un momento para descansar. En la relativa tranquilidad del centro de instrucción de pilotos la hora de almuerzo parecía a la de cualquier instituto, donde apenas sonaba el reloj todos corrían al cafetín.
Pero hoy el lugar había estado vacío. En la mañana una sesión de simulador para luego prepararse para el vuelo que harían en la tarde luego del mediodía.
Se quedó un rato dentro de uno de los simuladores, disfrutando el silencio que había dentro de la cabina.
Sabiendo que no podía quedarse allí para siempre, y con estomago empezando a pedirle comida, abrió la portezuela lateral y salió de la cabina. Había estado solo 10 minutos en la penumbra, pero sentía que las luces eran más brillantes.
Entró en el ascensor y estaba por cerrarse cuando vio al Capitán Engel por el pasillo, y este le hizo señas para que le esperara.
"Me imagino que no has almorzado. Vamos a ver que encontramos," dijo Engel junto a ella en su particular forma de expresarse.
A Katrina se le había metido en la cabeza que los rusos hablaban con exceso de RRRRRR, dirían carra en lugar de cara. En lugar de eso sus frases no tenían una R fuerte, para Tierra era Tiera, así como que las primeras E de algunas palabra las pronunciaba YE. Nikolayev se expresaba bien, casi sin acento, aunque la broma más común era ponerles a decir rápido corren los carros cargados de azúcar del ferrocarril. Preferían que los mataran a decir la frase y que todos rodaran en el suelo de risa.
Pero volviendo al presente, Katrina quería rechazar su invitación, pero Engel había sido amable y considerado con ella. Parecía que sabia como se sentía en ocasiones y le dejaba sola de vez en cuando, pero esta vez aceptó. Además sin sitio a donde escapar no tenia excusa para no acompañarle.
A esa hora avanzada del mediodía ya los que almorzaron regresaban a sus puestos, y solo estaban los rezagados y los que no tenían nada que hacer.
Le hizo recordar el comedor del colegio, aunque aquí la comida era muy buena. Con la charola en las manos Katrina miro en varias direcciones, y vio a Nikolayev en una mesa con Doherty. Hubiera jurado que el ruso le llevaría a donde su compatriota, pero Engel le señaló una mesa en la dirección contraria y prácticamente terminaron sentados en el extremo opuesto del comedor.
Comieron en silencio, y de vez en cuando veía a Engel levantar la mirada y mirar algo por encima del hombro de Katrina. Sabía lo que era. Estaba sentada dándole la espalda a Nikolayev.
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"No te comas el bolígrafo," le dijo Doherty, cerca de media hora después del almuerzo.
Lena dejó de hacerlo, aunque no era conciente hasta ese momento que tenia el bolígrafo en la boca y que ya lo había roído.
"Estoy nerviosa," confesó la mujer.
"Bien, no te metas cosas en la boca porque me voy a hacer ideas."
"¿Cómo cual?" preguntó Lena, ya pensando en una.
"Que si encuentras comida te la vas a comer por puro nervios, y te vas a poner como una vaca."
Lena sonrió al ver que no habían pensado en lo mismo. Ambos llegaron al hangar llevando traje de vuelo. Los Valkyries ya estaban preparados para partir, solo esperando a sus pilotos. No era para menos sentirse nerviosa. Estaban en la séptima semana del entrenamiento, si los pilotos no demostraban lo que habían aprendido, sus esfuerzos habrían sido inútiles. Si lo hacían bien para dentro de una semanas les asignarían a escuadrones para que pasaran tres semanas al lado de pilotos veteranos, y al final de estas se graduarían, ganándose sus alas y el rango de Cabo.
"Vengan acá," dijo Yelena llamando a los seis pilotos aprendices del primer grupo.
Los jóvenes formaron un semicírculo alrededor de ella, que se agachó como si fuera la entrenadora de un equipo de fútbol.
"¿Y Gennya?" preguntó, al no ver a su compañero de ala.
"¿Porque tengo que saber?" pregunto Ivy cuando todos le miraron.
"Llegue," dijo Engel, acercándose junto a Katrina.
"Bueno... ¿Ven al tipo ese?" dijo a los aprendices señalando a la sala de observación. "Piensa que esta es una perdida de tiempo y que ustedes no sirven. Así que hagan esto bien, demuestren lo que saben y por lo que más quieran no me hagan quedar mal. Todo es igual que en el simulador. Les prometo que si lo hacen bien les daré... un premio."
El procedimiento de despegue tomaba poco tiempo. Los mecánicos inspeccionaban la nave y el piloto solo debía sentarse en la cabina e iniciar el encendido. El paseo a la cámara de aire, la despresurización de esta, comprobar la presurización del traje, la bajada de presión de la cabina hasta 1/3 de atmósfera, encender el motor, empujar la palanca de gases y ahora seis segundos después estaban en el vacío del cosmos.
Ivy tenía problemas en seguir el ritmo de la formación, llevaba mucha velocidad y dejó a atrás al grupo.
"¿Qué pasa?" preguntó Engel.
Ivy tiró de la palanca pero llevaba tanto impulso que le era difícil controlarse.
"Te desvías. Reduce la potencia," dijo Engel.
Ivy tiró hacia atrás de la palanca de aceleración, lo que en el espacio el computador de abordo hacia era reducir la potencia de los motores y disparar los retropropulsores para reducir su avance.
"¡Ya lo tienes! ¡Cuidado! ¡Es todo tuyo! Le bajas demasiado... eso es pequeña," dijo Engel satisfecho con el vuelo de su pupila. A todos les hacia gracia que le dijera pequeña, porque ella era como medio palmo más alta que él.
Delante iba el Valkyrie de Yelena, seguido de Rossman y Nowak. Rossman, a su derecha, de repente aceleró, apartándose de su grupo.
"¿Adónde vas? ¡Quédate conmigo!" exclamó Nowak.
"Seguí a mi enemigo y… lo destruí," dijo mientras se colocaba detrás del Valkyrie de Yelena y disparó el señalador láser instalado en la nariz del Valkyrie.
"No esta mal, Rossman, pero dejaste a tu compañero," dijo Yelena.
"No parece ser un buen día para ti, Rossman," dijo Nowak en la radio, mientras Rossman se colocaba también detrás de suyo y disparaba.
"¿Cuál es la moraleja de la historia?" preguntó Yelena.
"Nunca dejes a tu compañero," dijeron Rossman y Nowak al mismo tiempo.
"Gracias. Eso es correcto. No querrán quedarse solos."
Esta era la primera salida en grupo, y el objetivo era sencillamente familiarizarse con sus armas. Por primera vez les estaban dando Valkyries con armas cargadas. No las utilizarían, pero al ser un grupo grande y al alejarse a varios kilómetros de la nave, era una medida de precaución. Aunque las primeras salidas no tendrían nada que ver con las maquinas ni con la habilidad de los pilotos.
En el espacio las fuerzas G eran más fuertes, porque todas las aceleraciones no eran amortiguadas por la gravedad de la Tierra. En Macross no había una instalación para imitar las aceleraciones, y debían practicarse en vuelo real, para evaluar la resistencia de los pilotos. Nadie se había desmayado, hasta ahora, aunque si tuvo quejas por de las chicas, porque ciertas partes se volvían muy dolorosas cuando pesaban mas de lo acostumbrado, y había sido la justificación de un paseo de Yelena junto a las chicas del grupo a una tienda de ropa, y que luego pasara una docena de sujetadores Shock Absorber en una relación de gastos como equipo de vuelo. Por eso no había mujeres pilotos muy pechugonas; eso nada mas se veían en caricaturas y películas baratas.
El sol se veía pequeño a la distancia, una estrella brillante hacia la cual se dirija Macross. No parecía el sol que había conocidos desde que habían nacido, incluso algunos se preguntaban si de verdad era el sol que iluminaba a la Tierra. Se le podía mirar directamente, y su luz iluminaba con la intensidad varias veces mayor que la de la Luna llena. En la cabina solo estaban encendidas las pantallas y las luces indicadoras del panel, y cualquier rincón a donde no llegara la luz era totalmente negro. Cuando miraba al Valkyrie que iba delante, y maniobraba, las partes en la sombra parecían desaparecer, tragadas por las sombras.
No tenían ni cinco minutos en el espacio cuando el radar de Lena empezó a pitar, indicando la presencia de varios objetos en su dirección.
"Maldita sea, vienen enemigos," dijo Yelena.
"¿De donde salieron?" preguntó Engel.
"Varios enemigos aparecieron en el radar," informó el controlador aéreo. "Regresen a la nave."
"No hacia falta que me lo dijeran," murmuró Yelena.
A su velocidad actual alcanzarían este punto en unos minutos.
"Macross necesitamos refuerzos. Muchachos, regresemos a casa."
El grupo de vuelo se encaminó directo hacia Macross que ya estaba en alerta de combate. Eran doce naves enemigas, y no había rastros de una nave mayor de donde hubieran salido.
"¿Dónde están los cazas de guardia?" pregunto Yelena.
"Están llegando en tres minutos," dijo la voz de la Teniente Hayase, mientras los Valkyries despegaban de las catapultas de Prometheus.
"Bueno gente, no se separen, y mantengan el acelerador al máximo, no se preocupen por el combustible hasta que lleguen."
Los Valkyries de los aprendices estaban acelerando para llegar lo antes posible a la nave, pero los Pod enemigos también aceleraban. Al ver que sus pilotos estaban salvo, Yelena apagó sus motores, giró su Valkyrie para reencender sus motores y encaminarse hacia el grupo que se acercaba.
"¿Lena? Regrésate, no puedes tu sola contra todos," dijo Doherty, cortando a un molesto Engel que estaba diciendo lo mismo.
Delante del grupo Engel y Doherty habían acelerado como se les dijo, y estaban ya demasiado lejos y volaban demasiado rápido para darse la vuelta y alcanzar a la Mayor.
"¿Mayor?" preguntó Rossman al verla regresarse.
"Sigan adelante, les haré tiempo para que lleguen."
"Nos ordenaron volver a todos, usted incluida," argumentó Rossman. "La van a matar."
"Nada, aquí quien manda soy yo."
"Si fuéramos todos tendríamos mas oportunidad," dijo Rossman.
"¡¿Oportunidad de que?! Niño, demuéstrame tu capacidad siguiendo las ordenes," dijo la mujer acelerando para dejarles atrás.
"Vamos con ella," dijo Rossman luego de pensarlo unos momentos.
"Lo entiendo, pero a lo que te refieres es a violar ordenes," dijo Nowak.
"¿De quien?"
"De Nikolayev."
"¿Cómo podría acusarnos de violar ordenes de una mujer que tampoco sigue ordenes?"
"Me convenciste, vamos a ayudarla," dijo Nowak imitando a su amigo que ahora maniobraba para seguir a la Mayor."
El Valkyrie de Nikolayev estaba volando en línea recta, y fue fácil darle alcance. Aceleraron, hasta tener velocidad y al acercarse aplicaron los retros para igualar su velocidad.
"¿Ustedes?... ¡Les dije que se devolvieran a la nave!" pregunto Yelena al verlos formarse a cada lado de su Valkyrie.
"Nos dijo que nunca debemos despegarnos de un compañero," dijo Rossman.
"Pero también les dije que no desobedecieras ordenes..."
"¡Aja! Entonces debería darnos el ejemplo, señora."
"Bien, bien, pero manténganse atrás. Y por lo que más quieras Rossman... no me dispares."
"Ojala no tuviera que dispararle a nadie," dijo mientras pulsaba el botón para armar su cañón.
"Aquí líder Ángel," dijo Yelena, pasando a su modo de combate. "¿En donde están los enemigos? No veo nada. No tenemos nada delante."
"Los tenemos en el radar, a 2-0-5."
"¿A la derecha? Maldita sea con estos extraterrestres, ¿a qué distancia, Teniente?"
Apenas preguntó dos disparos pasaron a su lado.
"¿Tan cerca?"
Volvió a mirar a la derecha y desde esa dirección venían varios Pod que empezaron a disparar contra el grupo.
"¡Dispérsense, dispérsense!" exclamó la rusa mientras viraba para alejarse de los Pod entrantes.
Los Valkyries viraron también y cada uno fue seguido por un enemigo. Rossman encendió los retros y el Pod pasó de largo, y ahora estaba detrás de él.
"Ahora o nunca... ¡fuego!" dijo disparando una corta ráfaga. Su primer disparo fue tan bueno que destruyó el Pod a la primera. "¡Le di! ¡Le di! Ya tengo el primero."
"No te pares a celebrar, que hay mas," dijo Lena, quien ahora volaba detrás de una pareja de Pod, disparando y destruyendo uno y dañando al otro. "Y no aceleres antes de virar."
"¡Entre mas haya, más difícil es no darles!"
"¡Déjate de pendejadas! ¡Y no vueles en línea recta!"
Nowak maniobró para acercarse a un Pod que venia en dirección contraria. Intentó fulminarlo con una ráfaga el enemigo era más rápido y ninguno de los disparos se le acercó. El enemigo empezó a virar, colocándose detrás de él, pero no terminó ya que el Valkyrie de Rossman apareció y lo borró del cosmos.
"¡Con este son dos!" dijo Rossman.
"¡¿Y los refuerzos cuando llegan?! ¡¿O es que quieren que lo haga todo yo?!" preguntó Yelena molesta a Macross. El combate ya llevaba dos minutos de duración, y ya era demasiado para ella sola. Parecía que la agresividad del que mataban se le pasaba a los que vivían y se volvían mas fieros.
"No te pongas grosera, muñequita linda, que ya llegamos," dijo el Mayor Focker, cuyo escuadrón Skull, formado de dos equipos de ataque, se abalanzó contra los enemigos.
Como todos los combates aéreos, este fue breve e intenso. Al contar los Valkyries, se alegraron de ver que no se había perdido ninguno, aunque el de Yelena estaba tocado en algunos lugares. Nada grave, pero si le haría falta latonería y pintura. Era una suerte que no le cobraran las reparaciones.
Los seis del escuadrón Skull aterrizaron en Prometheus, mientras los tres del escuadrón de entrenamiento lo hicieron en las cubiertas internas. Con perfectas tomas de pistas los tres, uno a uno, entraron al hangar.
Ya la noticia del combate era conocida, y los dos aprendices fueron recibidos por sus compañeros. Los dos pilotos tuvieron que correr para esquivar los manguerazos de agua helada que a alguien se le ocurrió arrojarles. Lo bueno del agua helada es que ocultaba el temblor que súbitamente sintieron los jóvenes al bajar de sus aparatos. No habían sentido miedo mientras estaban en el combate, de hecho no podían describir que habían sentido, pero ahora la descarga de adrenalina del momento estaba haciendo efecto.
"Derribaste a tres," dijo Betty Fernández empujando al empapado Rossman por el hombro con un puño. "Eres casi un as."
"¿Y yo?" preguntó Nowak, a quien le temblaba la quijada.
"Tu... ¿Qué? ¡Ah! ¡Hola! ¿Cómo estas?" dijo la joven sin mirarle y agitando una mano.
"Hmmm… derribe a dos," aclaró Nowak algo herido por la indiferencia.
"Era broma. Yo no lo hubiera hecho mejor," dijo la chica abrazando a Nowak. "Pero Rossman tiene uno mas que tu."
"Pero aun me siento herido."
"¿Y que quieres? ¿Que me arrodille, te lo saque y me lo meta en la boca?"
"Ooooh, siiií. Me encanta eso. Ven acá pequeña..." dijo, solo ganándose un golpe por el pecho.
Los jóvenes se volvieron para ver a su no tan joven Mayor acercarse.
"Pero vuelvan a desobedecerme y los ahorcó," dijo Yelena amenazándoles con un dedo.
"¿Acaso no le ayudamos?" pregunto Rossman.
"Puede ser, pero una orden es una orden. Los hubiera podía matar allá afuera y si los matan me hubieran echado la culpa y tengo que pensar en mi misma. Apréndanse eso y rápido."
Los jóvenes se quedaron en silencio.
"Bueno gente, ya termine de regañarlos, así que tómense el resto de la tarde y diviértanse que se lo merecen," dijo saludándoles para irse.
Los jóvenes le dieron un perfecto saludo mientras la Mayor se retiraba a hablar con los técnicos que ya trabajaban en su Valkyrie.
"Bueno, ya escucharon a la señora. Estoy tan contento que invito yo," dijo Rossman acomodándose su empapado traje de vuelo mientras entraba en los vestidores.
"Recuerdo que la primera ve que desobedecí las ordenes de mi instructora pase toda la semana limpiando las ventanas del comedor," dijo Engel, mientras Yelena miraba alejarse a sus aprendices. "Y parecía que nadie lo había hecho desde los años cincuenta."
"No sé, me voy a... hacer ideas raras con eso."+
"Y ahora te toca un regaño," dijo Engel, algo confundido por el significado de esas palabras. "¿Qué estabas pensando?"
"No sé. Creo que mi instinto de madre me dijo que los defendiera para que se alejaran y evitar cargar con sus muertes en mi alma... o a lo mejor me quería ganar unos puntos más de derribos y ser la mejor."
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El tamaño de la ciudad dentro de la nave hacia cómodo ir caminando a cualquier lugar. Había muchos lugares a donde ir, y como Rossman era el que pagaba decidía a donde.
En la ciudad había de todo lo que se podía pedir, y Rossman, Nowak, Yeager y Betty llegaron a un sitio que Rossman parecía conocer muy bien. Buena música, un sitio lleno de mesas y una surtida barra de licores tanto originales como los mejores de los alambiques navales.
Los jóvenes iban detrás de Rossman mientras se abría paso entre las mesas. Era un bar bastante conocido y muy caro, pero como era Rossman quien pagaría, los chicos no tenían problemas en pedir el trago más caro, o sea, del original traído de la Tierra, nada de ese alcohol procesado en el baño de alguien.
Esa noche el bar estaba muy concurrido. Por fin llegaron a una mesa cerca de la ventana y en un rincón discreto del local.
"Gran lugar. Deberías invitarme más seguido," comentó Betty, sentándose frente a Rossman.
"Bien, pero tú pagas."
"Entonces, no."
Se rieron durante unos segundos hasta que los interrumpieron y decidieron pedir sus tragos. Rossman pidió de los caros, el mejor. Nowak no se sorprendió al escuchar que se pedía lo más caro del lugar: dos botellas de whisky.
"¿Dos?" preguntó Betty, después de escucharlo.
"La segunda es para la Mayor."
No esperaron mucho. Los tragos llegaron y fue Nowak quien tomó la palabra:
"Ahora caballeros, beban tranquilamente."
Empezaron a beber y empezaron a hablar entre ellos. El lugar se empezó a animar y ellos también.
"No pensaba que fuera tan duro ser piloto," dijo Yeager.
"Pues animo, porque a empezado lo mejor," comento Nowak. "Vas a negar que no fue divertido."
"¿Sabes lo que pienso?" preguntó Rossman.
En eso un grupo de hombres del escuadrón SVF-94 Seacats hizo su aparición en el local. Eran pilotos de mayor edad, salidos de las academias de la U. luego de años de entrenamiento, más experimentados.
"Si, si, que debieron habernos dejado salir al espacio el primer día," dijo Betty. "Me tienes verde con eso."
"¡Pues claro! Es lo lógico," respondió Rossman tomando un trago de su vaso.
"¡Ustedes imbéciles! ¡Esta es nuestra mesa!" exclamó uno de los tipos del SVF-94, levantando la pierna y colocando un pie encima de la mentada mesa, casi tirando vasos y botellas.
"Llegamos primero," murmuró Betty.
"Nada niños, aprendan a respetar a los mayores. Así, que chu, chu..." gruñó otro agitando la mano como si estuviera espantando a unos perros. Rossman y los demás se sintieron profundamente ofendidos, pero no debían causar problemas. Rossman susurró:
"Vamos."
Los cuatro jóvenes se pusieron de pie.
"¡Epa, niñitos! ¿Regresan a su escuelita?"
Los chicos empezaron a salir sin hacerle caso.
"Me saludan a su vieja marimacho."
Rossman iba adelante, pero se regresó apartando a sus otros compañeros, y al llegar a donde estaban puso de golpe las dos manos sobre la mesa.
"¿Qué té pasa? ¿Tienes miedo que te quite el puesto?"
Uno de ellos se levantó.
" Lo de hoy nada mas fue suerte. ¿Entrenamiento de 10 semanas?" preguntó el tipo con una risita. "Un piloto de verdad le toma años entrenarse. A ti te botaron de la academia y hasta tienen a un marimacho."
"Un poco de respeto que no les hemos hecho nada," gruñó Betty.
"Ustedes son los que tienen que respetar, ¿oíste, marimacho? Me tienes que decir SEÑOR, así que pídeme disculpas."
"¡Claro que no! Y si sabes lo que te conviene mejor nos dejas tranquilos," dijo Rossman chasqueando los dedos.
"¡Claro que los dejaré tranquilos!" dijo el hombre, furioso, cuando agarró a Yeager por la camisa.
Iba a golpear a Yeager con la mano libre, cuando en ese momento lo sujetaron, Rossman le agarró el brazo justo cuando se iba a estrellar en la cara de Yeager.
"¡Deja tranquilo a mi amigo!" dijo y le dio un derechazo que lanzó al hombre por encima de la mesa.
"¿Estás bien Ed?"
"Sí, bien... gracias."
"Olvídalo, pero tenemos muchos problemas," dijo Rossman, poniéndose en guardia.
Era verdad: los otros hombres, cuando vieron que habían golpeado a uno de los suyos los rodearon con muy malas intenciones.
Uno de los hombres estaba a punto de lanzar un golpe contra Yeager, pero en ese momento Nowak lo sujetó, lo golpeó y lo envió contra la pared. Rossman llegó a ayudar a su amigo y en ese momento comenzó una auténtica pelea.
Un sujeto se lanzó contra Rossman, pero Yeager le rompió una botella en plena cara, tirándolo sobre otra mesa.
Los dueños de la mesa donde cayó el infeliz se pusieron de pie. Uno se adelantó para golpear a Nowak, pero Yeager le lanzó un botellazo.
Varios sujetos se estaban uniendo a la pelea. Comenzaron a rodearlos en torno a la mesa.
"¿Cuántas botellas tenemos?" preguntó Rossman.
"Cuatro," contesto Yeager armándose con una en cada mano.
"¡Ya sabía que íbamos a terminar así!" gritó Nowak, mientras dos hombres lo lanzaban contra la pared; pero pudo escapar y los dejó tambaleando con un par de golpes.
Yeager le lanzó una botella al piloto del SVF-94 con insignias de Teniente, pero este la cogió en pleno vuelo y se la devolvió, pero Yeager se escudó detrás una mesa volcada en él último momento.
"¡Nadie va a golpearme con una miserable botella de ron!" dijo agitando su puño contra Yeager, justo antes de que Betty le lanzara una miserable botella de cerveza barata por el cráneo.
El bar entero estaba lleno de gente que empuñaba todo tipo de objetos: mesas, sillas, botellas, platos... un tipo que pasó volando como un muñeco sobre una mesa.
Rossman tenia contra una mesa al tipo que les había insultado en primer lugar y estaba ocupado rompiéndole la cara lentamente; Nowak estaba esquivando y dando golpes a un tipo que no quería dejarle en paz; Yeager lanzaba botellas en un verdadero bombardeo de artillería contra el Teniente y un compañero, y trataba de no darle a Nowak que estaba en su línea de fuego; Betty esta colgada de la espalda de un tipo mordiéndole el hombro y halándole el cabello.
La pelea hubiera seguido por horas, a no ser por la policía militar, que entró tratando de llevarse a todos los que pudieran. Rossman ubicó la salida de emergencias y abrió la puerta de una patada bien encajada...
Solo para encontrar que los policías habían pensado en eso.
Los montaron en los autos y se los llevaron, luego que los testigos dijeran que ellos habían iniciado la pelea. Los policías no estaban comiendo cuento, ni se andaban con miramientos e igualito se llevaron a todos. Les levantaron cargos y los encerraron en una celda.
Yeager estaba sentado, Rossman apoyado en la pared con los brazos cruzados, lejos de los otros estaba Nowak en los barrotes. A Betty se la llevaron junto a otras mujeres, porque las había peleando.
"En la mañana me levante contento, luego salgo y mato extraterrestres, a poco de que me condecoraran, soy un cadete del espacio y acabo la noche... en una celda, como un delincuente común," dijo Nowak. "¡Dime que puede ser peor!"
En ese momento entró un oficial y les abrió la celda.
"Oigan, locos, pueden salir."
"¿Adónde nos llevan?" preguntó Yeager entornando los ojos, ya que le habían roto los anteojos.
"Pueden irse, los vinieron a buscar."
"¿Pero quién? No hemos avisado a nadie" dijo Rossman.
Cuando llegaron a la salida, vieron algo que por poco los mata del susto: el Capitán Engel estaba ahí esperándoles junto con Betty.
"Buenas noches señores," les dijo Engel.
Los cadetes hicieron el intento de un saludo.
"Bueno, ya que veo que están bien, podemos irnos."
"¿Y cómo se enteró?" preguntó Rossman.
"Venía pasando por el lugar," dijo Engel sonriendo "Cuando escuché el escándalo adentro. Fui a ver que había de bueno y al asomarme vi a Betty que se quería comer a alguien, y me imagine que estaban todos ahí."
"Así que vino a buscarnos," dijo Betty apoyada en la pared con los brazos cruzados, con una cara de infinita molestia.
"Correcto," dijo Engel, y empezó a reírse.
No era para menos: estaban golpeados, despeinados, y Yeager, Nowak y Rossman tenían un ojo morado cada uno. Todos se volvieron a verse entre sí y empezaron a reírse. Luego se calmaron y empezaron a caminar hacia la base.
"Por suerte no ha pasado a mayores, de lo contrario se hubiera enterado la jefa," dijo Betty.
"En eso estás equivocada," dijo Engel riendo, al parecer todo esto le parecía muy gracioso.
"Eso... quiere decir que..." empezó a decir Nowak.
"Correcto. Llame a la queridísima jefa. Por cierto, cuando contestó adivinen qué: estaba durmiendo. Así que mi vida también peligra."
"Vamos, no hay que hacer tanto drama. ¿Qué es lo peor que nos puede pasar?" preguntó Rossman.
"A mi nada, a ustedes pueden que los echen por insubordinación, desacato de órdenes, provocar una pelea en un sitio publico... ¿quieres que siga?" dijo Engel enumerando cada caso con un dedo de su mano izquierda.
"No, entendimos el punto."
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"¡Es imposible! ¡Mis aprendices envueltos en una pelea de bar! ¡Y peleando con otros pilotos! ¡Y encerrados en una celda como criminales!" dijo Nikolayev, mientras caminaba furiosa por la habitación.
Era la primera vez que los aprendices la veían sin uniforme o traje de vuelo. Llevaba pantuflas, pantaloncillos cortos que dejaban ver sus rodillas, arrugadísima camisa blanca de hombre que le quedaba grande y que se notaba que usaba para dormir. Engel esperaba que fuera el único que se había dado cuenta que no llevaba sostén. También era la primera vez que estaban en su habitación, un lugar de tres estancias mas baño, totalmente diferente a la habitación con dos literas donde dormían.
Yelena se volvió hacia los chicos y los miró de frente.
"¡Parece que han olvidado lo que son! ¿O quieren que se los recuerde? ¡Son pilotos, mis pilotos, y sin embargo se comportan como niños! ¡Quiero que todos me expliquen qué fue lo que pasó!"
Rossman dio un paso al frente.
"Fue mi culpa, señora: induje a los otros a que vinieran conmigo."
"Pero te seguimos," dijo Nowak, y dio un paso al frente en solidaridad. Los demás lo imitaron.
"No nos obligó a ir, lo seguimos voluntariamente," dijo Yeager, mientras sostenía una bolsa de hielo en el ojo.
"Me dijeron marimacho," dijo Betty.
"Ni que fuera mentira," dijo Nowak.
"Mi versión es simple: no estaba presente," respondió Engel cuando Yelena posó su mirada sobre él.
"Este es él ejercito y siempre va a haber alguien que se meta con ustedes. Estoy en esto desde que eran unos bebés y aun hay gente que se sigue metiendo conmigo."
"Es que se metieron con usted precisamente..." dijo Rossman como para ver si podía hacer que se pusiera de su lado. "Le dijeron vieja marimacho."
"¿¡Y que importa!? Si me pongo a pelear con todo el que me diga marimacho no quedaría nadie en él ejército. No vivo de la vida ajena, ni me dan de comer. Deberían concentrar en ustedes que en ponerse a llorar y a pelear cada vez que alguien les vean feo."
Yelena los miró en silencio durante un momento antes de seguir:
"Bueno, no los puedo castigar como niños, pero que esto no se vuelva a repetir, y si me entero de que vuelven a tener estas... celebraciones, me voy a encargar que pasen el resto del viaje limpiando los ventanas de la nave, pero por fuera, ¿entendido?"
"Sí, Mayor," dijeron los cuatro.
"Lárguense. Váyanse a dormir, ¡porque van a pasar todo el día limpiando el piso del hangar!"
Saludaron y salieron.
"Bien, salimos sanos y salvos," dijo Rossman.
"¿Sanos? Pasaremos encerrados y vigilados por la Mayor el resto de la vida, y todo por tu culpa," dijo Nowak.
"¿Dónde quedó tu solidaridad?" preguntó Rossman.
"Se quedó adentro."
"Nowak, cálmate," dijo Yeager, mientras lo sujetaba. "¿Vas a negar que nos divertimos hoy? Además, ¿Se dieron cuenta que la Mayor no llevaba sostén?"
"¡Eres un degenerado! Siempre pensando en eso," dijo Betty. "Creía que nadie mas se había dado cuenta."
"Después dices que no eres un marimacho."
"Eso es porque aquí no hay hombre de verdad que valgan la pena."
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Fin Capitulo 9
