9. Un difícil comienzo con Emma Swan
Regina
David había vuelto de viaje hacía cerca de dos horas y, cuando me llamó, le pedí que viniera a verme a mi apartamento. Intenté esconder, al máximo el motivo de la invitación, pero estoy tan tensa que no dudo que haya desconfiado de algo.
Sé que estoy enamorada de Emma y que mi relación con mi futuro ex no tiene sentido desde algún tiempo. Sin embargo, confieso que no tengo idea de por dónde comenzar esta conversación con él, pues imagino que su reacción será de las peores.
David llega puntualmente a las 20:00 y al recibirlo en la puerta del apartamento siento sus labios sobre los míos y le escucho decir que me había echado de menos, como siempre hacía cuando regresaba de un viaje. Pero la conversación que tendríamos hace que esta actitud me incomode.
-Disculpa por no haberte traído ningún souvenir de Baltimore, pero el evento fue tan acaparador que ni tiempo tuve de salir del hotel para comprar algo- dice, simpático y eso empeora mi estado de ánimo -¿A qué se debe este urgencia, amor? ¿Vamos a tener una cena romántica?- prosigue, sonriendo
Carraspeo un poco para esconder mi malestar
-Es mejor que entres…y te sientes- digo, seria, permitiéndole pasar
Me mira, confuso, y su expresión antes alegre, asume una apariencia tensa. Sin embargo, acata mi pedido y se acomoda en el sofá.
Me siento a su lado y lo miro fijamente
-Antes de nada, tengo que disculparme. Sé que debes estar cansado, pero no podía esperar hasta mañana para tener esta conversación contigo, porque no quiero pasar un día más sin resolver nuestra situación- digo de un tirón, buscando valor para entrar ya en el asunto
Él se remueve en el asiento, demostrando su incomodidad
-¿De qué estás hablando, Regina? Me estoy asustando con tu tono- dice, frunciendo el ceño
-David, quiero terminar- sentencio, yendo al grano, pues a estas alturas no existe protocolo correcto a seguir para dejar la situación menos tensa y, además, no quiero torturarlo con suspense, porque sé que de cualquier forma para él sería difícil.
Se pasa las manos por el cabello, nervioso
-¡Solo puedes estar de broma!- dice, agitado
-¡Desafortunadamente, no, David! Estoy hablando muy en serio- prosigo y cojo una de sus manos en un acto reflejo, intentando consolarlo
Él aprovecha para agarrar la mía y preguntar
-¿Qué he hecho mal? ¡Estábamos bien cuando salí de viaje! ¿Qué ha pasado en este corto período de tiempo en que he estado fuera?
-Tú podrías estar bien, pero yo no. Ya hace un tiempo que me siento incómoda y poco satisfecha con nuestra relación- respondo sincera
Suelta mi mano y se levanta, exasperado, restregando sus palmas en el rostro y despeinándose el pelo.
-¿Me estás dejando por culpa de aquel enfermo loco? ¿Lo has visto, verdad?
Apenas salen las preguntas por su boca, siento mi sangre helarse en mis venas, pensando en cómo se había enterado de que Emma había estado aquí.
-¿De quién estás hablando?- intento fingir
-¿De quién estaría hablando, Regina? ¡De tu ex novio loco, Daniel!- esclarece, irritado
Respiro aliviada ante esa mención de Daniel, ya que me deja más claro que no sabe que Emma estuvo aquí.
-David, mientras hemos estado juntos, te he hablado muchas veces de la importancia de respetar a las personas. Pero ahora considero innecesario darte lecciones de moral. Pero hay dos errores en lo que dices: primero, Daniel no es ningún loco, solo tiene TOC; segundo, no te dejo por él. Es más, no existe una tercera persona en medio de nuestra relación-miento, porque no quiero entrar a hablar del tema Emma con mi futuro ex estando él en el estado en que está –Mi motivación para terminar contigo es pura y sencillamente que no te quiero y que no veo que eso pueda pasar en algún momento- completo objetiva
Apenas acabo de hablar, él se acerca a mí otra vez y se arrodilla cogiendo mis manos.
-¿Y por qué tiene que pasar ahora?- me pregunta, mirándome –Solo llevamos juntos cuatro meses y el amor viene con la convivencia- resalta en un tono desesperado –Mira, tampoco yo puede decir que te amo, pero sé que me gustas perdidamente- dice con honestidad –Estoy seguro de que aunque ahora no te ame, es una cuestión de tiempo que eso ocurra y también pasará contigo- concluye, esperanzado
Suspiro para aliviar la tensión
-No va a suceder, David. No te lo tomes a mal, pero nunca he estado, ni estaré apasionada por ti- enfatizo –Al comienzo de nuestra relación, creí que eso podría pasar, pero el tiempo fue pasando y vi que somos diametralmente opuestos. Una pequeña diferencia entre los miembros de una pareja hace que la relación sea más consistente, sin embargo cuando las personas son completamente diferentes, como nosotros, eso imposibilita la convivencia y acaba minando cualquier posibilidad de sentimientos más profundos- finalizo, taxativa
Él, que estaba con la cabeza gacha, se levanta, va hacia un estante y lo golpea, soltando un grito de rabia.
Me levanto también y me acerco a él, temerosa
-Calma, David- digo, intentando tranquilizarlo
Sin embargo, él no me mira y sale del apartamento rápidamente, golpeando la puerta. Lo sigo con la esperanza de alcanzarlo, pero al llegar a la entrada del edificio, veo su coche arrancando a gran velocidad, y me quedo sin saber qué hacer.
David
Desde que he dejado el apartamento de Regina, estoy conduciendo como un loco por la calles de Nueva York. No tengo ni idea de por dónde voy, pues toda esa conversación me ha dejado desconcertado.
No creo que en esa historia de que no hay una tercera persona y, aunque lo haya negado, sé que ha vuelto a ver a su ex.
Me vuelvo más loco cuando imagino que he sido engañado y cambiado por un hombre tan ridículo como Daniel.
Mientras reflexiono sobre eso, paso por delante de un bar lleno de gente y decido parar, porque creo que solo bebiendo conseguiré colocar los pensamientos en orden, o por lo menos, emborracharme lo suficiente y olvidar por un rato todo lo que Regina había dicho.
Al entrar en el local, veo que están pasando por la tele, en diferido, el último partido entre los Knicks y los Celtics y, por un instante, pienso en marcharme, ya que sé que mi equipo había perdido, aunque no vi el juego.
Sin embargo, estoy tan acabado y sin ánimos, que al pensar en volver al coche y conducir por la ciudad buscando otro bar, desisto y me siento en la barra. Pido un whisky doble, solo y sin hielo, e intento concentrarme solo en lo que estoy bebiendo.
Al tomar el primer sorbo, escucho a dos hombres comentando el maldito partido.
-Tío, estuve ayer en el Madison y vibré mucho con la victoria de los Knicks- dice uno de los idiotas
-Yo no puede ir, porque mi jefe me obligó a hacer un maldito informe en pleno sábado- responde el otro
-¡Pues te perdiste un pedazo de partido! Calderón jugó muy bien- continúa su relato –Pero lo mejor fue ver a una morena y a una rubia dejando parado a un fan idiota de los Celtics que ni sabía quién había sido Larry Bird- concluye
-¿De verdad? ¿Y ese estúpido aún dice que es fan de los Celtics?- pregunta y los dos se echan a reír
-¡Hablando de ellas, mira ahí! Filmaron el momento de la discusión. ¿Me ves, un poco más atrás de la morena?- dice, en tono eufórico
En ese instante, no contengo el impulso y mira hacia el gran televisor que está cerca de nosotros, encima de la barra. Súbitamente, interrumpo el gesto de llevarme el vaso a la boca cuando veo a Regina siendo empujada por un hombre y amparada por Emma en la pantalla.
-¡Mira, en ese momento creí que ellas se iban a besar! ¡Adoro ver a las mujeres agarrándose!- dice y tengo ganas de romperle la cara.
Me enfado tanto con el comentario estúpido del hombre que tengo al lado, que por un segundo me olvido de que Regina y yo habíamos terminado por un motivo no muy bien aclarado.
Cuando vuelvo en mí y recuerdo eso, se me enciende una bombilla: Regina decía la verdad cuando afirmó que Daniel no había sido el causante de nuestra ruptura. Pero mintió al asegurar que no existía una tercera persona. El único motivo probable para que no me hubiera comentado que Emma la había visitado durante mi ausencia y que fueron a ver el partido juntas es el hecho de que mi hermana es la razón principal de la conclusión de nuestra relación.
Me levanto y doy un gran trago, bebiéndome todo el contenido que había en el vaso y salgo del local, tras haber dejado un billete de cincuenta dólares sobre la barra, creo que más que suficiente para pagar mi consumición.
Al entrar en el coche, veo que había varias llamadas perdidas en el móvil, todas de Regina. Sin embargo, no tengo la menor intención de devolverlas. Ajusto el espejo retrovisor y me encuentro reflejado en él a un payaso, pues es así como me siento en ese momento.
¿Cómo no pensé en Emma cuando Regina me dijo claramente que quería acabar conmigo?
Siempre sospeché que ella estaba tras mi novia. Pero cuando la vi coqueteando con la veterinaria morena que Jefferson y Tinker le habían conseguido, no le di más importancia a su "amistad" con Regina.
Incluso noté que las dos se habían distanciado desde que estuvimos en el rancho y pensé que mis iniciales sospechas no pasaban de tonterías, ya que empecé a encontrar ridícula la idea de una mujer como mi novia interesándose por una aberración.
Ciego por la descomunal rabia que me está dominando, decido tomar la dirección de Boston, pues quiero encontrar a alguien esta noche.
Emma
Son las dos de la madrugada y camino hacia la cocina a tomar un vaso de leche caliente, ya que me quedé esperando la llamada de Regina durante toda la noche, pero como no he recibido ninguna hasta el momento, pienso que la conversación puede haberse extendido más de lo que ella imaginaba, o, peor aún, que Regina no ha tenido el valor de terminar con mi hermano.
Esas suposiciones rondan por mi cabeza, aumentando aún más mi inseguridad, y no me dejan dormir.
Cuando estoy en la sala, cerca de las escaleras, escucho el timbre y me pregunto quién será a esa hora.
Camino hacia la puerta, y veo, por la mirilla, a David, con expresión ceñuda.
Le abro, confusa, y al quedar frente a él, le pregunto
-David, ¿qué ha pasado?
Él me encara, furioso, y me empuja hacia dentro de la mansión, cerrando la puerta con un golpe.
-¡Dímelo tú, Emma!- subraya mi nombre con un tono de claro desdén –Pasas el fin de semana con mi novia y, cuando vuelvo, ella quiere terminar conmigo. ¿Qué has hecho con ella durante mi ausencia?- pregunta, prácticamente escupiendo las palabras
Doy unos pasos hacia atrás, sintiéndome intimidada por su tono y su agresividad
-¿Qué te ha dicho ella?- pregunto, temerosa, pues no esperaba esta confrontación ahora
-¿Qué me debería haber dicho?- frunce el ceño, respondiéndome con otra pregunta
-David, ¿no crees que sería mejor que subieras y te calmaras? Mañana podemos continuar esta conversación…- sugiero, pues nunca lo he visto con esa expresión tan sombría
-¡NO, QUIERO HABLAR CONTIGO AHORA!- grita, alterado, agarrándome por el brazo con fuerza -¿QUÉ HICISTE CON ELLA, ANORMAL?- prosigue, gritando, mientras siento sus dedos clavados en mi piel, lastimándome
-David…No fue algo que premeditáramos, sencillamente sucedió…nos enamoramos- digo, intentando soltarme de su agarre, pero cuando pronuncié la última frase, su expresión asumió un aspecto demoníaco y, sin darme tiempo a defenderme, me golpeó con fuerza en el rostro.
Caí al suelo, sintiendo el gusto de la sangre en la boca y él se lanzó sobre mí, mientras yo esquivaba sus golpes.
-¡DAVID!- escucho la voz de nuestra madre -¡SUELTA A TU HERMANA!- y me asesta otro puñetazo.
Margaret
Escuché unos ruidos extraños en la casa y decidí bajar para ver qué estaba pasando. Ya cerca de las escaleras, escuché los gritos de David y al llegar al comienzo de las escaleras, lo vi encima de Eric, golpeándolo.
Al verlo de aquella manera, frágil, en el suelo, siendo golpeado por su hermano de una forma tan salvaje, conseguí, por primera vez, verlo como una mujer y exteriorizo eso en un grito desesperado, y veo a Jefferson acercarse a mí y bajar los escalones rápidamente para contener a David.
Solo me doy cuenta de que Tinker está a mi lado cuando descendemos juntas las escaleras, viendo a David y a Jefferson golpeándose, mientras Emma permanece en el suelo con el rostro todo ensangrentado.
-Cobarde…- dice mi benjamín, golpeando al hermano, que cae sobre la mesa de vidrio, rompiéndola
Tinker y yo nos acercamos a Emma y, para mi alivio, veo que está consciente.
-¡Llama a un médico!- ordeno a mi nuera, que está llorando.
-Mi amor, ¿duele mucho? ¡El médico ya viene!- digo, levantando su cabeza, mientras las lágrimas resbalan descontroladas por mi rostro –David, ¿qué te ha pasado por la cabeza para hacer esto?- pregunto, furiosa, aún amparándola en mis brazos.
En vez de responder, él mira a su hermana
-Siempre tienes que estar metida entre las mujeres de mi vida y yo, ¿verdad? ¡Primero, mamá, después, Mary y ahora, Regina!- dice, trastornado, y creo que comienzo a entender el motivo de tal violencia.
No es de hoy los eternos celos que David nutre y la rivalidad con Eric por casi todo: mi atención, la de James y el cariño de Jefferson, que claramente siempre fue mayor por Eric.
Pero, sin sombra de duda, el gran problema fue Mary, la hija de Leopold y Eva. La mayor pasión de David, desde la infancia, decidió poner su atención en su gemelo y aunque, aparentemente, Eric nunca haya correspondido ese sentimiento, David quedó profundamente resentido y jamás ha perdonado al hermano por eso.
Ahora, lo de Regina es novedad para mí.
El médico, menos mal, llega rápidamente y a pesar de los varios cortes de David y los hematomas de Emma, el estado de ambos no requiere mayores cuidados y, gracias a Dios, no tendrán que ser hospitalizados.
Regina
He llamado muchas veces a David, sin éxito, y me he quedado muy preocupada, sobre todo por la forma en la que salió de mi loft. Fui a su apartamento y el portero del edificio me informó de que había salido alrededor de las ocho y que aún no había vuelto.
Decidí buscar en algunos bares que David suele frecuentar, pues es de su estilo beber para enfriar la cabeza.
Como no lo he encontrado en ninguno de esos lugares, decido buscar en las comisarías y hospitales, rezando para no esté en ninguno de esos sitios.
Mi búsqueda tarda mucho más de lo que imaginaba, y cuando me doy cuenta, ya son casi las tres de la mañana y sin noticias de él.
Más afligida que antes, llamo a Emma, aunque no tengo esperanzas de que él esté en Boston o de que ella sepa algo.
El teléfono suena varias veces y supongo que está durmiendo. Cuando estoy a punto de colgar, escucho la voz de Jefferson al otro lado de la línea y pregunto, sorprendida
-¿Le ha pasado algo a Emma? ¿Por qué has atendido tú su móvil?
-David llegó hecho una furia y golpeó a nuestra hermana, tras despertar a la casa entera con los gritos. Y por lo que entendí, todo este jaleo tiene algo que ver contigo- explica, serio
-¿Ella está bien o está muy herida?- pregunto, angustiada
-Tiene algunos hematomas y el rostro golpeado, pero está bien. Mamá, Tinker y yo escuchamos la pelea y bajamos a tiempo de evitar que algo más grave pasara- completa y, acto seguido, me llevo la mano a la boca, horrorizada, imaginando lo que podría haber pasado si ellos no hubieran llegado pronto
-Jefferson, sé que quizás no entiendas muy bien lo que está pasando…y ahora tampoco es el momento de explicaciones, sin embargo quiero pedirte un favor- digo, objetiva –Querría mucho poder ir a Boston y estar al lado de tu hermana. Pero, como David también está ahí, creo que mi presencia solo traería más problemas. Entonces, por favor, mantenme informada y dile a Emma que me llame en cuanto esté en condiciones- concluyo con un tono de súplica
Él dice que encuentra mi actitud muy sensata, porque David aún está bastante trastornado y puede volverse agresivo conmigo.
Jefferson me garantiza que me dará noticas del estado de la hermana, y que le pasará el recado.
Vuelvo a mi apartamento con los nervios hechos pedazos, sintiéndome culpable y sospechando que mi relación con Emma aún pasaría por grandes baches.
Me tomo un calmante para intentar dormir un poco, ya que dentro de algunas horas tengo compromisos que no puedo aplazar.
Cuando estoy reposando la cabeza en la almohada, pienso en algo en que no había pensando antes: ¿Cómo David supo que Emma fue el detonante de nuestra separación si yo le había ocultado ese detalle?
