Capítulo 9: Imagine Me and Q
Él estaba ahí para dar las malas noticias. Normalmente no le importaba ser el mensajero, pero ese día le molestaba. Pero era un movimiento preventivo. Rachel no podía hacerlo. Porque si lo hacía, mentiría. Entraría ahí como totalmente negativa y a Quinn se le rompería el corazón y la desmotivaría, y eso a jesse no le interesaba. Necesitaba que la rubia lo supiera. Que se diera cuenta de en lo que se estaba metiendo. Y sabía que Quinn se sumaría al carro; tan solo la tenía que convencer.
"¿Qué quieres?"
"¿Por qué estás en el baño?"
"Es mi oficina. Dime." Quinn se hizo a un lado y se sentó en el borde de la bañera mientras Jesse se mantenía de pie en ese pequeño espacio.
"Tengo un guión."Jesse desenrolló el guion de su bolsillo y se lo entregó a la rubia.
"¿En serio? ¿Has venido para darme un guión?" JEsse se encogió de hombros y miró el baño; daba miedo de lo limpio que estaba.
"Uno de los amidos de Rachel de NYU me lo ha dado. Ya es tarde para que entre a Sundance, pero quizá el año que viene. Perdona pero, ¿Has hecho tú esto?" Preguntó Jesse aguantándose la risa mientras inspeccionaba los jabones; todos apilados uno encima del otro de una manera artística.
"Cállate." Murmuró Quinn mientras ponía los ojos en blanco. Tenía mucho tiempo en sus manos. ¿Así que y qué si se había vuelto creativa con las pastillas de jabón? Ya ves tú.
"En fin. Es un film de guerra. No es que me emocione trabajar con estudiantes de NYU, teniendo un grado en UCLA, pero puedo hacer una excepción."
"Qué maravillosa historia." Murmuró Quinn sarcásticamente mientras se inspeccionaba sus uñas. "¿Cómo está?" Susurró, desesperada por saber.
"Como cliente que te pago, primero hablemos de negocios. ¿Te importa?"
"Pues sí. Así que empieza a hablar." Jesse puso los ojos en blanco y se apoyó en la puerta mientras se cruzaba de brazos y piernas.
"Está… mejor. No sé qué ha cambiado, pero desde ayer, cuando me pasé por su casa, estaba muy ocupada con el ordenador, tarareando." Quinn asintió al saber las noticias. ¿En el ordenador…. Tarareando?
"¿Qué estaba haciendo en el ordenador, exactamente?" Preguntó con la necesidad de saber.
Pero Jesse solo se encogió de hombros. "¿Podemos hablar del guion? Es una película bélica;.."
"No." Dijo Quinn, cortando al chico.
"Pero no sabes ni de qué va. Es una película bélica con una historia de amor…"
"Absolutamente no." Dijo Quinn con los brazos cerrados.
"¡Quinn!"
"Eh, eh, eh." Dijo Quinn haciendo que no con el dedo. Jesse gruñó y apretó la mandíbula.
"Vale, ¡Señorita Fabray!"
"Mejor."
Jesse puso los ojos en blanco y se incorporó. "¿Por qué no? ¡Es bélica! ¡Me darán un mosquete, Quinn! ¡Un mosquete!"
"No me llames Quinn y no me importa que te den un mosquete. Una película de estudiantes bélica es tan absurda como un perro haciendo un documental sobre humanos." Murmuró Quinn mientras ojeaba el guion. De repente tosió sorprendida al leer la primera página. "Jesse, la primera línea es, 'la brisa de otoño revolvió mis sentidos mientras miraba, perdido, a los agujeros de mi alma'. No me creo que quieras hacer esta mierda." Tiró el guion al suelo y se apoyó con las manos en el otro borde de la bañera.
"¡Un mosquete!"
"No vas a poner tu nombre en esto. Olvídate."
"Vale. ¿Vas a ir al menos a la fiesta de Ainsley? Nos llamó a Rachel y a mi ayer y necesito mi agente ahí." La mandíbula de Quinn se apretó mientras intentaba mantener su expresión neutral. Cada vez que Jesse decía el nombre de Rachel, una punzada le apuñalaba el corazón.
"No creo que sea muy buena idea." Dijo Quinn mientras se incorporaba. Jesse pasó la mano por su pelo mientras se preparaba por lo que estaba por venir. Estaba contento de haber traído el guion para romper el hielo – y solo un poco molesto por que Quinn pensara que no debería hacer la película – pero no estaba seguro si este era el momento perfecto para hablar.
Se le acababa el tiempo. Era viernes y la fiesta era el sábado. Rachel quería hablar con Quinn ese mismo día. Tenía que empezar a hablar o su plan se terminaría antes de que ni siquiera empezara. Jesse se sentó encima de la tapa del baño y se preparó su discurso.
"Está enamoradísima de ti." Empezó. Sabía que tenía que mezclar conceptos; empezar por lo bueno, añadir lo malo, terminar con algo más bueno. Jesse la tenía que convencer, y tenía que ser rápido.
"Jesse…" Dijo Quinn en voz baja, su corazón dolía. No quería escuchar lo mucho que la había cagado.
"No he terminado." Dijo mientras levantaba su mano derecha firmemente.
"¿Qué podrías llegar a decir que…?"
"Al principio te mintió de la misma manera en que tú lo hiciste." Eso calló a Quinn. La rubia se quedó en blanco, psicológica y mentalmente, como si una bola de demolición la hubiese golpeado.
"¿Qué?"
"También te mintió. Pero, como tú, se enamoró. Está completamente enamorada de ti. Pero está muy dolida. He intentado convencerla de que realmente la quieres, pero está tan dolida que no me cree. Supongo que sus veinte años de decepciones la han llevado a un sitio donde cree que nadie la puede querer jamás. Sin embargo, ambos sabemos que eso no es verdad." Jesse quería seguir hablando. Cualquier cosa para eliminar esa horrorosa mirada de la rubia.
"¡Quinn! ¡Atenta!" La rubia se sacudió la cabeza, demasiado centrada en el hecho de que todo lo que había creído no era realidad. "Te quiere." Repitió Jesse, con un poco de enfado en su voz. Las mujeres y sus emociones siempre molestaban a Jesse. "Está dolida. Así que necesitas hacer algo. ¡No te sientes aquí!"
Quinn se levantó lentamente y se pasó la mano por su pelo mientras con la otra se tocaba el collar. "¿Mintió?"
"Sí, mintió. Como tú."
"Gracias Jesse, por recordármelo"
"Bueno, ¡Muévete! Rachel quiere hablar contigo hoy mismo y necesitas estar preparada."
"¿Preparada?"
"¡Sí! Necesito que sepas que te quiere. Porque ella va a entrar por esa puerta y te va a soltar cualquier mentira diciéndote que no te quiere." Quinn miró al suelo, se cruzó de brazos y se apoyó en la pared, pensando.
"Te quiere. Se siente humillada. Está asustada. Por primera vez en su vida se ha sentido verdaderamente especial, gracias a ti. Y luego descubre que era una mentira. Para mantener su orgullo, para protegerse, va a venir aquí y va a fingir que no era recíproco. Creo que la he convencido de que sea amiga tuya, diciéndole que sería de persona inteligente; que sigas siendo su agente. Usé su mentira en su contra. Diciendo que si ambas os necesitabais en el principio, también os necesitáis ahora.
"Rachel te dirá que te perdona por haberle mentido y te preguntará si podéis olvidar esto. Te va a poner una gran cara feliz y proclamaros 'amigas', pero no le hagas caso, Quinn. No te la creas. Te quiere. Estoy convencidísimo. Pero accede a ser solo amigas."
"¿Por qué?" Susurró Quinn, atreviéndose a mirar al chico. No lloraría. No delante de él.
"¡Porque sí! ¡Te quiere, Quinn!" Exclamó Jesse. "Necesita tiempo para volver a confiar en ti. Ahora que se sabe que las dos habéis mentido, podéis empezar de nuevo. ¡Construir algo como amigas!"
"Así que ¿Qué? ¿Tengo que fingir que no estoy enamorada de ella? ¿Voy a mentirle, otra vez? No, Jesse, ¡No volveré a mentirle!"
"¿Es que no lo entiendes? ¡No te creerá! ¡Es realmente incapaz de entender cómo te sientes! Durante esta última semana ha sido un robot. No la he visto llorar ni una sola vez. ¡Ni siquiera se sorprendió al saber que tú le habías mentido! Era como si lo hubiese estado esperando. Si ahora le dices que la quieres, no servirá de nada. No confía en ti.
"Pero si esperas. Si empezáis como amigas, poco a poco, empezará a recuperarse y finalmente podrá volver a abrirse contigo. Tienes que demostrarle que no vas a ninguna parte. Que te quedarás a su lado, que no se trata ni de tu futuro ni de tus propias necesidades. Una vez que empiece a aceptar que estas con ella por ella, quizá empiece a creerse que tus sentimientos son verdaderos. Pero para ello se necesita tiempo, Quinn, y ningún gesto o gran discurso/declaración de amor lo va a conseguir; sólo el tiempo."
Quinn había escuchado cada palabra y lo sopeso con todo lo que sabía sobre la diva. La rubia odiaba admitirlo, pero Jesse tenía razón. Necesitaba tiempo para demostrárselo a Rachel. Apenas podía enfadarse con la chica por haberle mentido también – Quinn sabía que se estaba aprovechando de ella. Ahora lo que Rachel necesitaba era a alguien a su lado para demostrarle que estaba a su lado. Y Quinn quería ser esa persona. Odiaba no estar al lado de Rachel, sin saber si la morena se cuidaba, si comía bien, dormía, ejercitaba, se aprendía sus diálogos o protegida de cualquier daño que se interpusiera en el camino de la diva. Cada cosa buena que Quinn había hecho ahora ya no valía. La proposición, conseguirle los papeles, ir a sus clases, cocinar, limpiar, trabajar. Todo eso formaba parte de una mentira. El tiempo era la única cosa que podía convencer a Rachel de que Quinn quería estar con ella.
Y antes de que pudiera detenerse, la rubia estaba riendo.
Las cejas de Jesse se elevaron, sorprendidas, al ver como Quinn Fabray se moría de risa. Estaba llorando incluso. "¿Te gustaría compartirlo con el resto de la clase, Fabray?"
Quinn tan solo se reía más, temblando, abrazándose la cintura, mientras desataba un año y media de mentiras. "Sinceramente, Quinn, ahora no es el momento de volverte loca." Eso le hizo reír más. Le hizo un gesto con la mano para pedirle unos segundos antes de tranquilizarse.
La rubia por fin volvió en sí y se limpió las lágrimas. "Señorita Fabray, no lo olvides." Jesse puso los ojos en blanco mientras dejaba ir un suspiro.
"¿Y bien?"
Quinn hizo un amago de risa y se tocó su collar. "¿Sabías que ODIO madrugar?" Preguntó la rubia con una sonrisa. Jesse puso los ojos en blanco, no muy seguro de hacia dónde iba Quinn con esto.
"Eso es maravilloso. Yo tambien."
"En serio, ODIO madrugar. Pero durante este último año y medio… A las seis en punto, de pie. ¡Y lo odio!" Quinn volvió a reír mientras se le formaban más lágrimas en los ojos.
"Odio ir a clases que no sean las mías. Odio cocinar tres veces al día. Las salas de lavandería, Jesse, te lo juro por Dios, ¡LAS ODIO! ¡Odio tener que estar quitando siempre el pelo de Rachel de la ducha y limpiar la pasta de dientes que deja por ahí! ¡Recoger sus toallas mojadas y limpiar toda su ropa! ¡Rachel es una guarra!"
Jesse miró al baño, incómodo mientras a Quinn le volvía una ola de risa. "¡Pero lo he hecho! ¡Durante un año y medio he aguantado todo eso con una sonrisa porque quería ser la consorte perfecta y así Rachel se quedaría conmigo! ¿Pero sabes qué?" La expresión de Jesse parecía confusa, temeroso de la respuesta. "¡La quiero! ¡Mucho! ¡Quiero a esa pequeña y desastrosa diva porque cuando canta tengo pelos de punta y salta por todo el apartamento cuando van a estrenar un estúpido musical y porque ronca más que un Labrador y su cara está súper seria cuando se concentra y mueve sus labios cuando lee, y me encantan todas esas cosas! ¡Y encuentro hasta entrañable que se deje la pasta de dientes en la pica! ¡En serio, creo que es jodidamente adorable!"
Él estaba pensando cómo podría salir casualmente del baño cuando Quinn se apartó de la pared y se puso enfrente de él. "Le he hecho daño. Me he aprovechado de ella. Sabía que ella se lo tragaría. Y creo que tienes razón. Va a venir y me va a decir que ella también me mintió tan solo para ver cómo reaccionaré. Si la dejo. Pero no lo haré.
"Voy a quedarme a su lado y voy a demostrarle poco a poco que soy la chica de sus sueños." Dijo Quinn, acercándose más a Jesse – quién dio un paso hacia atrás instintivamente –. "Esta vez, seré yo misma."
"Voy a llevarla al límite, y retarla y forzarla a darse cuenta de que estoy tan enamorada de ella que no soy la mujer perfecta de la que se enamoró. No soy Quinn Fabray, capitana de las animadoras, pero tampoco soy la señora Berry, consorte. Seré solo yo. Una chica que le encanta cocinar para ella pero que no lo hará en cada comida. Una chica que odia ir a sus clases pero que le ayudará a estudiar. Una chica que no le acompañará a cada audición, ensayo, obra solo porque soy su agente o porque creo que debo hacerlo, sino porque adoro verla en el escenario.
"Si cree que voy a dejar que más mentiras se interpongan entre nosotras, ¡Está muy equivocada! Ya es hora de que Rachel Berry despierte y vea que Quinn Fabray es más que una cara bonita y sentimientos falsos. Cuando termine con ella, estará más enamorada de mí. La única diferencia es, que esta vez, será de verdad."
X
Rachel se sentó incómoda en el sofá de Lydia mientras esperaba a que Quinn saliera del baño. No tenía ni idea de por qué la rubia había estado ahí desde que había llegado – hacía ya media hora – pero Rachel esperaba, seriamente que a Quinn no le pasara nada; no quería molestarla más si ni siquiera se encontraba bien.
No es que lo que fuera a decir iba a molestar a Quinn necesariamente, estuviera o no mala. Rachel sabía que en ese momento, las cosas eran un poco confusas. No sabía los motivos de la rubia. ¿Qué esperaba sacar Quinn de todo eso? Jesse le había dicho que Quinn le había mentido para poder salir de Lima y empezar una vida nueva. Y eso ya lo había conseguido.
Pero, ¿Qué tipo de vida quería la rubia? Rachel era consciente del dinero que Quinn había llegado a ahorrar. La diva había visto la cuenta corriente de Quinn. No tenía sentido por qué Quinn seguía con la función cuando tenía el dinero suficiente para empezar su propia vida, sin Rachel.
¿Tenía razón Jesse? No el hecho de que Quinn estuviera enamorada de ella. No, eso ni se consideraba – no se podía considerar; Rachel no estaba en un momento en el que podía tener muchas esperanzas. Pero quizá sí que le gustaba a la rubia. Sí que quería ser amiga de ella.
Rachel estaba luchando contra esa parte de las cosas. Esa última semana había sido difícil de pasar. Era un dolor constante que rascaba para solo encontrar un agujero. Y seguía doliendo. Ahora, sabiendo que Quinn estaba solo a unos metros, el dolor disminuía y el agujero se hacía pequeño.
Como siempre, Barbra consolaba a Rachel y la guiaba para darle un poco de control en su vida. En lugar de dejarse llevar por las emociones, ahora lo veía un poco más claro; tenía un plan. A partir de ahora, Rachel Berry no se echaría a un lado y permitiría que la ignoraran tal y como había pasado en el instituto. Oh no. Esta vez, cogería el toro por los cuernos y dictaría a Quinn lo que iba a pasar.
Una vez que la rubia había aparecido – Rachel esperaba de verdad que se encontrara bien; ¿Qué hacía en el baño? – simplemente hizo que la rubia se sentara y le contó cómo irían las cosas. Tenía todo el discurso aprendido, y estaba lista para debatir y ganar cualquier contra argumento que Quinn pudiera decir.
Serían amigas, por supuesto. Porque Jesse tenía razón sobre lo de que Rachel necesitaba a Quinn en su vida. Pero la diva estaba segura que ver a Quinn diariamente solamente la destrozaría más. Necesitaba distancia para permanecer cuerda. La masoquista interior se quejó a la idea de pasar más tiempo apartada de la rubia. Pero la pequeña realista en Rachel sabía que era obligatorio. Continuaría queriendo a Quinn, pero en la lejanía.
Seguramente, la rubia quería enamorarse de verdad. Conocer a un buen hombre que la cuidara o algo por el estilo. Y Rachel quería que Quinn fuera feliz. Por muy agonizante que fuera, necesitaba que Quinn fuera feliz y que la cuidaran.
Y hasta que ese día llegara, Rachel quería ser quien lo hiciera; para pagar a la rubia por su generosidad. Quinn la había ayudado más de lo que nunca nadie haría. La caída que tuvo en la época después del instituto fue dura, pero Quinn la había levantado del suelo. Quinn hizo que Rachel viera lo genial que era, que eso que pasó no fue un episodio fatídico en la vida de Rachel Berry, sino simplemente el instituto.
Finn Hudson era simplemente un chico. El señor Schuester era un hombre solitario con sus propios problemas. JEsse St. James era un narcisista – eso no había cambiado, pero su deseo de ser su amigo hizo que todo ahora pareciera tonto. Sus compañeros estaban tan solos y confundidos como ella. Y Shelby,… Bueno, Shelby era difícil de definir. Rachel no tenía respuesta para ella. Aún le dolía. El rechazo seguía invadiéndola. Y las respuestas aún eran evasivas. Una vez, Rachel creyó que el amor de Quinn había nacido para sanar ese vacío. Como si que Quinn Fabray la quisiera, hacía que el dolor de Shelby no fuera tan intenso. Desde luego, la chica era una necia.
Ahora, con la mentira revelada, Rachel no podía recordar bien cómo había podido apartar el rechazo de su madre. No pensaba en ello, simplemente.
En lugar de eso, intentaba mantenerse centrada. En mantenerse en el punto central de quedarse en el mundo de Quinn – en la condición que fuera – pero aferrándose a la idea de cuanto más apartada de la rubia, mejor.
Lo que la molestaba era la insistencia de Jesse. Su molesta actitud diciendo que Quinn tenía que seguir siendo su agente y tenía que seguir siendo su amiga, la ponía de los nervios. Es que no podía abrirse y decirle que estaba enamorada de Quinn. Y por no poder ser honesta – y mucho menos contarle lo mal que lo estaba pasando – no tenía una razón válida para no estar al lado de Quinn.
Jesse pensaba que ambas habían mentido. No veía el problema en que ellas dos se continuaran ayudando. Y por supuesto, para cualquiera que no estuviera dentro de la cabeza y el corazón de Rachel Berry, era una idea buena.
Así que Rachel accedió. Y en vez de ponerse a la defensiva, Rachel estaba lista para arreglarse con la rubia. Utilizaría palabras elocuentes y frases subordinadas para confundir a Quinn. Eso sí Quinn quería arreglar las cosas también. Si a la rubia no le importaba crear una nueva vida, entonces no tendría que preocuparse por intentar convencerla. Entonces, simplemente se tendría que preocupar por su corazón.
Pero la parte racional del cerebro de Rachel sabía que si Quinn se resistía, ella no aguantaría. Es por esto que esperaba poder hacer su discurso sin pausa. Así que ella creó su presentación de Power Point, practicó delante del espejo y planeó meticulosamente las precisas palabras que diría.
La diva le había mandado a Quinn un sencillo mensaje preguntándole si podían hablar, y la respuesta llegó cinco agonizantes minutos después. Accedieron, via mensaje, de encontrarse en casa de Lydia porque la morena estaba ocupada paseando perros y así nadie las molestaría; Rachel ni siquiera se molestó en sugerir que se reunieran en su apartamento – habían demasiados recuerdos ahí. También ignoraba la emoción que sentía cada vez que veía el nombre de Quinn en el móvil; qué reacción tan estúpida.
Pero como ella, la rubia sentía lo mismo. Sabía que lo recibiría, pero al ver el aviso con el nombre de Rachel, su corazón se aceleró.
Quinn se agarró a la pica de porcelana y miró a su reflejo. Se estaba preparando por lo que iba a pasar. Primero; la increíble/dolorosa recolecta de la belleza de Rachel. Segundo; las mentiras que Rachel le diría sobre no estar enamorada de ella, y finalmente; el acuerdo entre las dos de ser amigas a pesar del hecho de que el cuerpo de Quinn quería declararle su amor gritando.
Rachel se estiró el cuello mientras escuchaba como la puerta del baño se abría, su corazón bombardeándole el pecho. Las siete horas que había pasado preparando su PowerPoint de pros y contras, con diferentes posibles situaciones y la lista que había hecho que tenía que recordar mientras se enfrentaba a la rubia – cosas como no besarla – se erradicaron en el momento que Quinn apareció. Estaba más que preciosa, y Rachel se tragó la necesidad de abalanzarse sobre ella.
Pensó que querer besarla era lo más natural. Intuyó que quererla abrazar era una reacción obvia. Con lo que Rachel no contaba, era sentir la necesidad de arrancarle la ropa. Pero eso era quizá porque Rachel no sabía que Quinn iba a llevar solo unos shorts y una camiseta de tirantes.
Quinn lo sabía. Pensó que quizá, si su atuendo era un poco… travieso, Rachel estaría demasiado distraída para soltarle el rollo. Si la diva estaba demasiado ocupada mirando hacia la izquierda, Quinn haría que mirara hacia la derecha. De momento, bien pensó Quinn mientras veía como los ojos de Rachel escaneaban su cuerpo. Y la rubia también quería ver si Jesse tenía razón, si Rachel realmente estaba enamorada de ella. Aunque Quinn no podía distinguir muy bien en la mirada de Rachel si ahí había amor, al menos sabía que la diva la veía atractiva. Algo es algo, al menos.
Eso también le permitía a la rubia tomarse el tiempo para mirar a Rachel. Parece cansada. Y triste… bueno, ahora se le ve un poco cachonda. Sus ojos están tan oscuros. Dios, me encantan sus labios. Mierda, cuando se los lame me entran ganas de…
¡Eh! ¡Céntrate!
Perdón.
"Hey, Rach." Dijo Quinn suavemente mientras se acercaba al sofá. Sin respuesta. "¿Rach?" Los párpados de la diva estaban medio caídos. "¡Rachel!"
Rachel se sobresaltó y se sacudió la cabeza y apartó su mirada de los pechos de Quinn. "Q-Quinn. ¡Lo siento! No… No sé a dónde me he ido." Se disculpó la diva mientras se sonrojaba furiosamente. Quinn se ocultó su sonrisa traviesa mientras se sentaba delante de Rachel.
"Tranquila." Respondió la rubia. "Es genial volver a verte, Rach." De nuevo, Rachel estaba en silencio. Pero no porque no sentía lo mismo al volver a ver a Quinn. No. Tenía más que ver con el hecho de que Quinn había abierto sus piernas ligeramente antes de volver a cerrarlas, dejando medio entrever la V entre sus piernas.
"Eh…" Quinn se cubrió la boca con su puño para esconder su sonrisa. Esto era demasiado fácil. Llegados a este punto, Quinn sería quien hablara. Tal y como ella quería. No podía dejar que Rachel empezara.
"Empezaré, entonces." La rubia sonrió a la confundida diva y se cruzó de piernas, una encima de la otra, mostrando sus fibrosos muslos. "Jesse me contó que tú también mentiste al principio." Eso es, Fabray, directa al grano. Los cumplidos ya llegarán después. Bueno, cuando Rachel se adapte a tu atuendo tan revelador."
"Eh…" Las palabras de Rachel ahora eran calladas por el escote de Quinn. La rubia se había inclinado hacia adelante, con su codo en su rodilla. La diva apenas podía apartar la mirada.
"Tranquila. Me lo ha explicado todo. Las dos hemos mentido. Las dos la hemos cagado. Pero, Rach… Me importas." Dijo Quinn suavemente, cogiendo la mano de la diva entre las suyas.
"Tú a mí también me importas." Murmuró Rachel, perdida en la mirada de Quinn antes de sacudirse la cabeza y retirar las manos. ¿Qué estás haciendo? ¡Esto no es lo que hemos ensayado!
¡No es tan fácil! ¿Vale?
¡Me da igual, hazlo!
¡Eh! ¡Intenta tener tú esta conversación cuando Quinn Fabray está vestida de esta manera!
¡Bueno pues tienes que recomponerte, Rach! Le has de hacer ver que realmente…. ¡Madre mía! ¿Por qué se acaricia el muslo así?
"Como iba diciendo, Rach. Creo que deberíamos empezar de cero. Borrón y cuenta nueva. Tú a mí me importas, yo te importo a ti; empecemos como amigas."
"Ehh… Sí…."
"Genial. Me encanta que estés de acuerdo. Seguiremos viviendo juntas, seguiré siendo tu agente / manager / publicista, y seremos felices." Quinn dejó de acariciarse el interior de su muslo para que Rachel se recuperara.
La diva se aclaró la garganta y miró a la alfombra antes de recordar lo que acababa de decir la rubia. "Eh…" Rachel frunció el ceño al darse cuenta de a lo que acababa de acceder. "Espera…"
"Porque, Rach." Siguió Quinn, sin hacer caso a la inhabilidad de la diva para formar palabras o pensamientos mientras ligaba sus dedos con los de Rachel de nuevo. Qué bien se sentía tocando a Rachel otra vez. Su piel era tan suave y calentita. "Eres mi mejor amiga. El pasado, ya no me importa a mí. Lo que importa es que no puedo imaginarme un día sin verte. Esta última semana ha sido un infierno. No quiero tener que pasar ni una hora más sintiendo eso."
Di algo.
Su pulgar está acariciando mi mano.
¡Pero di algo!
Su sujetador es negro.
¡DI ALGO!
"Ok." Murmuró Rachel tontamente mientras se enrojecía y se mordía el labio inferior.
Dios, ese labio es tan sexy.
Su boca es sexy.
Podría tumbarla en el sofá y no me detendría.
Joder… ¿Te imaginas cómo sería si ahora tú y ella…?
¡Quinn, céntrate!
¡Perdón!
La rubia se aclaró la garganta y soltó la mano de la diva. "Eh… Em…" Quinn sintió que su piel quemaba mientras pensamientos muy sucios aparecían en su mente sin descanso. "Todo… Pasa por una razón," ¿Quieres concentrarte, joder? "No me arrepiento de haberte mentido, pero sí de haberte hecho daño por, reitero, haberte mentido. Pero nos ha traído aquí. Este tiempo me ha hecho ver lo genial que eres como persona y no borraría ni un momento de este año y medio."
La diva había olvidado todos los argumentos que iba a dar – las relaciones construidas en una mentira no pueden con la verdad y bla bla bla – pero se tragó las palabras de Quinn.
"Estoy de acuerdo." Murmuró Rachel, con sus ojos cerrados cuando se dio cuenta de lo que Quinn estaba diciendo.
"Quiero que quede claro para que no existan confusiones. Quiero estar ahí por ti. A cada paso del camino. Primero, eres mi amiga, y todo lo demás va en segundo lugar. Podemos firmar una especie de contrato si lo prefieres. Pero quiero que confíes en mí. Pagaré el alquiler. Podemos dividirlo por la mitad…"
Rachel sacudió la cabeza furiosamente con la intención de interrumpir a Quinn. "No, Quinn. Eso no es necesario." Sus ojos se encontraron y la diva asintió lentamente para hacer que Quinn lo entendiera. "Tienes razón. Las dos hemos mentido. Seremos amigas." ¿QUÉ ESTÁS DICIENDO? ¡Esto no es parte del plan!
"Pero, Rachel, puedo pagar…"
"Quiero asegurarme de que alguien te cuida." Se le escapó antes de que pudiera detenerse. Rachel estaba demasiado ocupada ignorando la voz en su cabeza, intentando asimilar el look de la rubia, mientras luchaba por recordar cuál era su punto de vista. Se había olvidado. Quinn entrecerró los ojos confundida antes de sonreír suavemente.
"Rach, estaré bien si…" De nuevo, Rachel sacudía la cabeza. ¡Al menos recordaría una parte del PowerPoint!
"¡No! Tú has cuidado de mí y ahora es mi turno." Dijo Rachel mientras tragaba los dolorosos recuerdos de su pasado. "Somos iguales y deberías ser tratada como tal." Quinn sonrió a la afirmación. Parecía que las dos estaban en la misma página. Bueno… más o menos. Jesse le había leído a Quinn el PowerPoint de Rachel para que la rubia supiera lo que la diva iba a decir.
Rachel quería que las dos vivieran separadas, en diferentes apartamentos, pero que permanecieran en la vida de la otra. Rachel quería ver a Quinn de vez en cuando, pero sobre todo por razones profesionales. Rachel quería darle a Quinn la mitad de sus futuras ganancias en motivo de cuidar a la rubia. Rachel estaba loca si creía que Quinn iba a dejar que pasara algo de eso. He aquí las técnicas usadas hasta ahora.
"Genial. Me encanta que estemos de acuerdo. Ahora, en cuento a mañana." Quinn cruzó los brazos de tal manera que los pechos quedaron apretados, de manera que podía seguir con el siguiente tema a tratar. Los ojos de Rachel cayeron en la tramap.
"¿Mañana…?" De momento funcionaba.
"Ainsley y Charlene esperan vernos como la pareja feliz. No es que me haga muy feliz mentirles. Y desde luego no quiero hacerte sentir incómoda. Pero creo que sería mucho más fácil si todos lo fingiéramos. Vamos, nos lo pasamos bien, hacemos contactos, y volvemos a ser amigas. ¿Qué te parece?"
"¿Mañana…?"
"Perfecto." Sonrió Quinn.
"Espera… ¿Cómo?"
Quinn sonrió pacientemente mientras Rachel levantaba la vista. "Sólo lo fingiremos mañana, Rach." ¡Rachel Berry, recomponte y habla!
"Quinn… ¿De verdad crees que es una buena idea? Quiero decir…"
"¿De verdad quieres explicarles por qué no estamos juntas?" Preguntó Quinn tristemente. Rachel lo consideró y sacudió la cabeza. "Rach, no quiero hacerte sentir incómoda, pero realmente no quiero que nadie más se sienta incómodo explicándoles que nuestro compromiso se ha acabado."
De nuevo, Rachel asintió. ¡Eres débil, Rachel Berry!
¡He dicho una diapositiva del PowerPoint!
¡Débil!
¡Cállate! ¡Tú también estabas mirando a sus pechos! Y no se equivoca. De hecho, todo lo que dice parece lógico.
¿De verdad crees que podemos vivir con ella y no enamorarnos más?
No quiero perderla… Esta semana ha sido un infierno.
Accedimos a quererla desde lejos…
Pero es que esto suena mejor
¡Rachel!
¡Cállate!
"Creo que tienes razón, Quinn." Dijo Rachel suavemente mientras la miraba a los ojos. Sonrió y la rubia retiró la mirada cuando las mariposas empezaron. ¡Ha sido más fácil de lo que pensamos que sería!
¡Apenas nos ha discutido!
¡Sí señor, nos quiere!
Esperemos.
Dios, es que es tan adorable. Sus preciosos ojos brillan. Y tiene esa sonrisa tonta tan mona. No puedo creer lo bien que sienta volver a hablar con ella.
Incluso con ese horroroso jersey está guapa.
Ojala pudiera abrazarla…
Nota: encuentra una razón válida para abrazar a Rachel Berry hoy.
¿Fútbol americano?
Rachel jamás jugaría a eso.
Ya veremos.
"¿Tienes planes para hoy?" Preguntó Quinn tras un largo momento. Rachel se encogió de hombros tímidamente, esperando que Quinn quisiera recuperar el tiempo perdido. ¡Débil! Rachel Berry, eres, una, débil!
"Nada."
"¿Quieres acompañarme a comprar comida?"
X
"El papel es increíble, Quinn. ¡Me pierdo en ese personaje! Evelyn es una chica oscura y perturbada que viste de negro y fuma." Quinn quiso hacer un comentario sobre eso, pero Rachel no la dejó. "No te preocupes. Casi ni cogí un cigarro, y nunca me ves inhalar. ¡El caso! Doctor Trevor me visita tres veces a la semana. Pero cada día es con una de las diferentes personalidades de la chica. El lunes es la infantil Evelyn – interpretada por la hermana de Chris, Ronnie; el miércoles es Evelyn la loca – interpretada por esta mujer que habla todo el día sobre sexo, y los viernes es mí día, donde canalizo a Tina y Santana mezcladas para convertirme en Lauran Zizes. ¡Es difícil, desde luego!"
Bueno… Difícil es exagerarlo. Estar sin Quinn me hizo miserable. Esa parte salió fácil.
Quinn rio mientras Rachel intentaba coger el papel de baño. Rachel había decidido que quería ser ella quien pusiera cada producto y articulo en el carrito.
"Suena genial, tengo muchas ganas de verla." Ojala hubiese estado ahí para verte actuar. Ayudarte con el papel. Estar ahí por ti…
Como era de esperar, estar al lado de Quinn era increíble y dificilísimo. La había echado mucho de menos y tenía ganas de estar con ella. Sabía que sería difícil, pero no le importaba. A Rachel no le importaba querer a Quinn desde la distancia porque la rubia tenía razón; Quinn era la mejor amiga de Rachel. No quería estar separada de Quinn. Dolía más que tener que suprimir sus sentimientos.
Era tan increíble ponerse al día con Rachel. Todo era tan natural. Hablaban y reían y compraban casi igual que la semana anterior, antes de que todo hubiese pasado.
Había echado de menos a Rachel.
Una parte de Quinn sabía que no siempre todo iba a ser de color de rosas, de que algún día, la realidad explotaría en su cara. Pero en ese momento, Mientras Rachel saltaba de emoción contándole otra historia, a Quinn no le importaba.
Si eso era lo que les hacía falta – hablar y reír con su mejor amiga; no iba en broma, Rachel era su mejor amiga – para permanecer en la vida de la diva, para demostrarle que estaba enamorada de ella, accedía muy abiertamente a hacerlo.
Su burbuja había vuelto. Pero era totalmente distinta a la anterior. Antes, su burbuja solo se había formado porque solo se tenían a las dos. Ahora era porque las dos querían a la otra. Mientras Rachel empujaba el carrito por el pasillo y hablaba de cualquier cosa con Quinn a su lado, no hicieron caso a los diferentes chicos trabajadores que intentaban capturar su atención.
Estamos comprando para nuestro apartamento, pensó Quinn felizmente mientras asentía a lo que la diva decía, sonriendo de oreja a oreja al ver como los ojos de Rach se iluminaban al hablar.
Hablaban y hablaban sobre cualquier pequeño detalle e historia que había pasado esa última semana. No dejaron de hacerlo incluso al pagar los productos; ni siquiera notaron que ya estaban de vuelta a casa.
"…Y el perro era igualito a Sergeant Peppers. Y casi le pregunto al hombre si el doberman era Sergeant Peppers y si Quinn Fabray era quien lo paseaba." Rachel suspiró profundamente mientras pasaba su dedo por el borde de su taza vacía. "Pero ya estaban a dos manzanas de mí y aún llevaba el maquillaje de Por eso, te quiero y no quería asustar al hombre."
No te callas nada, ¿Eh, Rach? ¡Le estás soltando todo como si no pasada nada por estar enamorada de ella!
Quinn sonrió suavemente, su palma descansando en su mejilla, antes de terminarse su té.
Por primera vez, estuvieron en silencio.
"Siento haberte mentido." Murmuró Rachel agachando la cabeza. Lo necesitaba decir.
"Rachel, soy yo la que te buscó. Soy la que lo siente de verdad. Lo siento muchísimo." Las dos se quedaron calladas mientras miraban a la mesa de la cocina, ambas ignorando el deseo de tocar a la otra.
"¿Qué pasó, Quinn? ¿Por qué no tenías más opciones?" Preguntó Rachel finalmente. Era algo que se había preguntado desde que Jesse le hubiese contado la verdad.
La rubia dejó ir un suspiro y se apoyó en la silla. ¿La verdad? Porque solo quería estar contigo. Pero supongo que eso no lo puedo decir, ¿No? Más mentiras. Genial.
"No tenía más opciones, ya está."
"¿Nada?" Preguntó Rachel sorprendida, completamente confundida por que la gran vida de Quinn Fabray se parecía a la de Patches, el sin techo loco de Lima. Sí que tuve…. Pero nunca me di cuenta de lo mucho que te quería. Que todo no valía nada en comparación contigo. Que estaba deprimida por perderte. Estaba tan ciega.
"Nada con lo que pudiera vivir." Quinn escogió sus palabras con cuidado. No quería mentir, así que ser evasiva le ayudaba.
Rachel sacudió la cabeza triste. Le dolía saber que la mujer a la que quería lo pasó tan mal.
"¿Y tú qué? ¿Tan mal estuviste aquí en Nueva York?" Susurró Quinn, también triste por la imagen de Rachel miserable y sola.
"¿Sabes cuando Fanny, en Fanny Girl, canta I'm the Greatest Star (Soy la estrella más grande)?" Preguntó Rachel suavemente. Quinn sonrió y asintió cuando Rachel miró a la rubia entre su flequillo. "Bueno… pues la parte cuando canta "Haré sonar mi trompeta, hasta que alguien la haga sonar" Pues… supongo que me cansé de hacerla sonar… Lo llevaba haciendo todo los días en el instituto y ya me había cansado."
Quinn asintió, entendiéndola. "¿Es eso lo que hacías en el instituto? ¿Hacías sonar una trompeta hasta que alguien la sonara por ti?" Preguntó la rubia con una sonrisa sincera y con un tono divertido; los ojos de Rachel estaban tan tristes que la rubia necesitaba verlos iluminados.
La sonrisa de Quinn se hizo más grande cuando vio una en la cara de Rachel. "Supongo"
"Pues la sonabas muy bien."
"Cállate." Dijo Rachel riéndose y lanzándole una servilleta. Ambas estaban felices por estar con la compañía de la otra, hablando, jugando, riendo. Teniendo una conversación REAL.
Seguramente habría más conversaciones. Conversaciones más profundas sobre todo. Pero en ese instante, se sentía bien estar con la otra, aunque la diva no podía parar de pensar en cómo había empezado todo.
Quinn vio como a Rachel se le dibujaba una sonrisa. Entonces la riza empezó a reír. Finalmente, Rachel reía a carcajadas. "¿Qué?" Preguntó Quinn sonriendo por verla. "¿De qué te ríes?"
Rachel se cubrió la cara mientras seguía riendo. "No tienes ni idea de lo desprevenida que me pillaste la noche antes de la graduación."
Quinn arrugó la nariz sintiendo vergüenza mientras recordaba aparecer a casa de los Berry, totalmente bebida. "Lo siento mucho por eso." Dijo la rubia riendo. De pronto las dos estaban riendo con lágrimas en los ojos y aguantándose la barriga.
"Cuando me besaste…" Dijo Rachel con los brazos en su cintura, mientras recordaba cuán de sorprendida había estado. "Madre mía… ¡Me dejaste sin palabras!"
"¿Qué puedo decir? Beso bien." Se atrevió a decir Quinn. "Aunque tú no lo haces mal tampoco." Dijo la rubia en un ligero susurro mientras se mordía el labio. De repente, Rachel ya no se reía. Su cara se congeló mientras su cuerpo se calentaba. No mires a sus labios, Rachel. ¡No mires a sus labios!
"Voy a mear." Dijo la diva mientras se levantaba rápidamente y fue corriendo al baño. Quinn rio, muy contenta con sí misma. Eres mala, ¿Lo sabes, no?
¿Por qué? ¿No puedo tontear?
¡Esa no es la cuestión! La cosa es que tenemos que ganarnos su confianza y cambiar la amistad por algo más lentamente. ¡No torturar a la pobre chica!
¡Eres muy aburrida!
¡Puedo ser divertida!
Tú eres la parte de mi cerebro que se unió al club de la castidad… Así que no, no creo que lo puedas ser.
Oh, por favor. Éramos más sexuales en el club de la castidad que en cualquier otro momento de nuestra vida.
Cállate. Tonteare si la situación es apropiada y no me puedes detener.
¡No me saques la lengua, Quinn Fabray!
Ignorando su voz interior, Quinn se levantó para revisar los mensajes en el teléfono de la cocina; aún contenta con si misma por la reacción que tuvo la morena.
Escuchó el mensaje de Ainsley dos veces para intentar ver cómo era la personalidad del hombre y así estar preparada. Se alegró al darse cuenta de que sonaba tan simpático como lo hizo el fin de semana anterior.
En la esquina, al lado del teléfono, estaba el correo amontonado y olvidado. Quinn ojeó los sobres, consciente de que todos iban dirigidos a ella, pero se extrañó al ver un sobre con el nombre y la insignia de la NYU. Extrañada, lo abrió.
No estaba segura de estarlo leyendo correctamente. Ni siquiera estaba al corriente de que corazón latía fuertemente y su boca estaba abierta del asombro.
"Felicidades, Sra. Fabray. Ha sido aceptada en la clase de graduación de…" Los ojos de Quinn volaron por la página intentando absorber cada palabra. Palabras como "beca", "apta" destacaron en el papel.
"¿Quinn? ¿Sabes dónde tenemos…?" Dijo Rachel mientras se paraba en el marco de la cocina. La cara de la rubia estaba pálida y parecía asombrada y extrañada. La diva cogió el papel de NYU y se mordió el labio esperando la reacción de Quinn. La rubia era muy temperamental cuando se trataba de estas cosas. Podría estar encantada o sentirse ofendida. Rachel esperaba que fuera la primera porque no podía soportar una mala situación con la rubia ahora que hablaban de nuevo.
Lentamente, Quinn miró a Rachel. "¿Lo has hecho tú?" Dijo en un suspiro. Rachel asintió y esperó. Quinn miró otra vez el papel e intentó entenderlo todo. "La segunda página, es del departamento administrativo. Dice que mi primer semestre ya está pagado. ¿Qué? ¿Cómo?" Quinn se sacudió la cabeza.
"Fui a hablar con ellos, fingiendo ser tú, por supuesto." Admitió Rachel. "Expliqué mi… tu situación y todo lo que has hecho desde que dejaste Lima. Te conseguí una mayor beca."
"¿Cómo lo conseguiste? Necesitas mi información personal, expedientes… - Rachel, ¿Cómo lo has hecho?"
Rachel se mordió el labio entrando en la cocina. "Bueno… Quinn, tienes una voz muy… peculiar. Fue muy fácil, realmente. Simplemente llamé al McKinley, hice pasar mi voz por la tuya y les engañé."
"Oh…" Quinn miró a Rachel ilusionada. "¿Supongo que iré a la universidad?" Una sonrisa apareció en la cara de Rachel mientras se acercaba a ella.
"Si eso es lo que quieres."
"Pero ¿Y tú qué? Quiero decir, con Julliard"
"Sé que te encanta ir a la universidad. Y no puedes ser un agente real si no tienes algún tipo de educación. Quiero decir, si no quieres ir, te contrato igualmente." Dijo Rachel con su sonrisa más grande si cabe. "Simplemente pensé que quizá te gustaría. Y que quizá, algún día, podrías conseguir más clientes. No solo Jesse, Mercedes y yo."
Quinn se cubrió la boca con su palma antes de pasarse la mano por su pelo; lentamente entendiendo lo que esto significaba – lo que podía significar. "No me puedo creer que lo hayas hecho. No solo esto, sino lo de Mercedes, también." Quinn cerró los ojos para recomponerse. "Gracias, Rachel." Susurró sin importarle las lágrimas.
Rachel sonrió, contenta de que Quinn fuera feliz y fuera capaz de seguir sus sueños. "No me las des, Quinn." Susurró Rachel. La rubia abrió los ojos para mirar a los de la diva. El momento estaba lleno de tensión; ambas chicas se morían por decir lo que su corazón gritaba. Rachel no lo pudo aguantar. "¡Más te vale hacerme famosa!" Le guiñó el ojo y le dio una sonrisa marca Rachel Berry antes de salir de la cocina. Quinn se rio.
A la noche, las cosas no fueron tan fáciles. Ahora que todo estaba aclarado y se habían destapado las mentiras, se dieron cuenta de que Quinn iba a pasar la noche en el apartamento, y eso les pesaba a las dos; por razones obvias.
Ya era más de media noche, las dos chicas estaban cansadas, pero continuaron mirando la televisión, con los ojos abiertos y con la posición totalmente recta, sin saber ni lo que estaban dando por televisión. Había una sana distancia entre las dos, pero las dos juraron que podían sentir el calor de la otra. Las distraía.
¿Compartirían la cama? ¿Qué excusa dirían para evitarlo? ¿Querían evitarlo? Si solo eran amigas, sería estúpido no compartirla. Que una de las dos durmiera en el sofá sería admitir que se atraían. Pero compartir la cama, estar tan cerca la una de la otra y no ser capaces de tocarse…. Simultáneamente las chicas tragaron saliva al pensar en rozarse accidentalmente en la cama.
Pura tortura apareció en la mente.
¿Nos cambiamos delante de la otra?
No podemos hacer eso, ¡no lo aguantaré! ¡Si hasta veo su tobillo y mi cerebro se pierde!
Sus piernas son celestiales.
Subir la mano por ellas…Mmmm, Rachel….
¡Para!
Rachel tenía problemas similares.
¿Y si me levanto en medio de la noche encima de ella? ¿Y si accidentalmente la empiezo a besar mientras duermo? Madre mía ¿Y si me empieza a besar ella estando dormida? ¿Y si estamos desnudas, y nos besamos la una a la otra mientras estamos dormidas?
¿De qué hablas?
¿Eh? ¡Nada, nada!
Cuando empezaron los anuncios, ambas chicas volvieron en si para ver si la otra aún seguía despierta. Se miraron a los ojos y los apartaron en seguida. ¿Por qué es tan incómodo?
¡Porque quieres apropiarte de su cuerpo, Fabray!
Pero eso ella no lo sabe. Me levantare… casualmente, me estiraré y bostezaré. Diré que tengo sueño. Me cambiaré rápidamente y me meteré en la cama y no pasará nada.
Claro.
Vale… Allá vamos.
"Uf… Estoy cansadísima." Dijo Rachel, justo cuando Quinn se levantó. ¡Mierda! ¡Me ha robado la frase!
Bueno, pues invéntate otra.
"Eh… sí, yo también." Murmuró Quinn. ¡Olé tú, Quinn! Eso no es una frase muy buena, la verdad.
¡Pero si ya estoy de pie! ¿Qué se supone que tenía que decir?
"Supongo que… deberíamos… ir a la cama, entonces, ¿No?" Preguntó Rachel rápidamente mientras sentía el calor en su cara.
"Supongo." Contestó Quinn incómodamente. Rachel se levantó lentamente y siguió a Quinn hacia el dormitorio. Sacaron los pijamas de sus cajones y la dejaron a la vez. Siempre nos cambiamos la una delante de la otra, sería raro si me doy la vuelta.
¿En serio estás lista para verla desnuda ahora mismo? Quinn no contestó a su voz interior. En lugar de eso, se fue desatando su vestido con los ojos fijados en la alfombra bajo sus pies. Ay madre… ¡Puedo verla de reojo! ¡Ni siquiera se ha quitado la ropa y yo ya estoy nerviosa!
Rachel estaba girada ligeramente, pero también podía ver a Quinn por el rabillo del ojo. Tragó con dificultad mientras intentaba bloquear la imagen de la rubia solo en sujetador y bragas. Se distrajo quitándose la falda, completamente consciente del sobrecogedor silencio en el ambiente.
El sonido de la falda de Rachel cayendo al suelo hizo eco en la habitación. ¡Esto es ridículo! Quinn suspiró mientras cogió su camiseta de pijama con sus manos sudorosas. ¿Por qué me importa eso? Estoy enamorada de ella. Es ella quien lo quiere negar. Es la que necesita tiempo. Quizá un poco de desnudez ayudará a acelerar las cosas un poquito.
A torturarla, dirás.
¡No utilices ese tono conmigo! Soy muy consciente de que la he herido, hace mucho y hace literalmente poco. Así que sí, yo soy la culpable de que ahora actuemos así. Pero eso no cambia el hecho de que ella siente cosas hacia mí. Si, por casualidad, mostrar un poco de carne, tontear un poco, ser un poco más cariñosa… le ayuda a entrar en razón… pues que así sea. ¿Tienes idea de lo difícil que ha sido para mí no besarla después de saber lo que ha hecho por mí? ¡Voy a ir a la universidad! ¡Empezaré una carrera! Y todo es gracias a Rachel.
Pues… ¿Qué vas a hacer?
Bueno, para empezar… ¡Qué le den! ¡Me quito el sujetador!
Ay madre mía… ¡Allá vamos…!
Rachel se estaba poniendo la camiseta por su cabeza cuando la vio. No estaba muy segura de por qué Quinn estaba ahí, quitándose su sujetador, permitiendo que Rachel se la comiera con los ojos y salivara en desesperación.
Se habían cambiado la una delante de la otra varias veces durante el pasado año y medio. Pero nunca se habían visto desnudas la una a la otra. El treinta de marzo de 2013, Rachel había visto una parte del trasero de Quinn cuando la toalla de la rubia se abrió un poco. El siete de agosto del mismo año, Quinn vio un trozo del pezón izquierdo de Rachel cuando su camiseta se bajó demasiado. Más tarde tuvo la oportunidad de verlo entero cuando se habían estado besando en el sofá y la rubia lo había memorizado muy bien. Pero Rachel Berry nunca había sido informada de eso.
Oh Dios… Madre mía…
¡Aparta los ojos! ¡Aparta los ojos! ¡Aborta misión! ¡Aborta, he dicho!
Asduiasdha. Pechos. Los pechos de Quinn. Firmes. Cremosos. Suaves. Seductores. Flexibles. Sabrosos. Pechos.
Vale… Creo que vivir con Quinn será difícil.
Pezones. Suaves. Rosados. Duros. Pezones.
¡Por el amor de Dios! ¡Al menos límpiate la barbilla!
Quinn estaba bastante contenta consigo misma. No solo porque tenía la atención de Rachel, sino porque se sorprendió al ver lo cómoda que se sentía medio desnuda delante de la diva. Era una persona muy reservada, pero de alguna manera, le excitaba saber que Rachel estaba mirando. Cuando calculó que llevaba desnuda el tiempo suficiente, Quinn se puso la camiseta y los shorts – exagerando la inclinación.
"¿Lista?" Dijo Quinn con voz seductora y sus ojos oscuros mirando a Rachel. La diva se estremeció ligeramente, con sus ojos mirando a la rubia, antes de asentir con un sonido gutural. "Vale, ven." Dijo Quinn con una sonrisa mientras iba hacia la cama.
Rachel esperaba seriamente que su tendencia sexual no se estuviera mostrando. También esperaba que Quinn no le preguntara porqué estaba respirando como si hubiese estado corriendo un kilómetro. O cómo su corazón palpitaba. O preguntarle por qué estaba tan ruborizada. O por qué estaba temblando mientras quitaba las sábanas y se metía dentro de la cama de forma incómoda, mirando hacia el techo.
Quinn quiso reír. Y llorar, también. No podía quitarse la sensación de que estaban actuando tal cual la primera noche que Quinn llegó a la ciudad. Pero habían cambiado tantas cosas desde entonces. Pero, a la vez, la rubia sentía una inmensa gratitud hacia la diva. Rachel la había salvado entonces, y la estaba salvando ahora. Mercedes era su amiga de nuevo. Tenía un futuro que la esperaba. Tenía a la morena a su lado. Tan solo con estar ahí, Rachel la estaba salvando.
Sí, no quiero buscar una excusa.
Quinn giró sobre sí misma y abrazó a Rachel, rodeándola con sus brazos. "Muchísimas gracias por todo, Rach. En serio." Susurró Quinn mientras se aferraba a la diva, absorbiendo la sensación de Rachel en sus brazos, su esencia.
Rachel cerró los ojos disfrutando del acercamiento. No me hubiese importado si me hubiese abrazado hace un momento… Sin camiseta. Pero esto es muy agradable. Cómodo. Y qué bien huele. ¿Tiene una definición su olor? ¿Oler a preciosidad existe? Porque eso es a lo que huele Quinn.
¿Así que esto es querer a Quinn desde la distancia?
"De nada, Quinn." Susurró Rachel mientras se apartaba lentamente. El sobrecogedor deseo de darse la vuelta hacia los brazos de la rubia era doloroso, pero resistió. Si cuando no la abrazaba era difícil, no podía ni imaginar pasar toda la noche en los brazos de Quinn y no ser capaz de tocarla de alguna manera; un beso, una caricia… Mejor mantener las distancias.
Eso no cambió el hecho de que al despertarse la mañana siguiente, lo hicieron en los brazos de la otra. Rachel, días más tarde, caminaba con una especie de cojera, a causa de haberse caído de la cama por culpa de su apuro por salir de esa posición. También había terminado con un chichón en la cabeza cuando la rubia le preguntó si quería que le besara la zona dolorida para hacerle pasar el dolor.
X
Rachel Berry, Quinn Fabray y Jesse St. James estaban de pie en la puerta del gigante ático que Ainsley y Charlene Swain tenían, nerviosos hasta la muerte.
"¿Estamos listos?" Preguntó Quinn mientras se colocaba entre los dos morenos.
"¡Desde luego!" Dijeron los dos a la vez haciendo que la rubia sonriera. Pero nadie llamaba a la puerta. Quinn sonrió al ver que Rachel se rotaba el anillo de diamantes que volvía a estar en su dedo mientras se mordía el dedo nerviosamente. Quinn había notado la ausencia del anillo el día anterior pero se relajó al ver que Rachel lo llevaba colgado. Al menos no se lo había quitado completamente.
"Vale." Quinn exhaló por última vez antes de levantar la mano y llamar a la puerta. Charlene la abrió segundos después y sonrió al verlos.
"¡Hola! ¡Qué guapos estáis!" Abrazó a los tres y los besó en las mejillas antes de hacerse a un lado para dejarlos pasar. Ellos le entregaron sus abrigos y miraron el apartamento tan grande decorado con un gusto exquisito. "¿Vino, Champán, Cerveza, Licor? ¿Qué queréis?" Preguntó Charlene dulcemente mientras se metía un mechón de pelo rojizo detrás de la oreja y los conducía hacia la fiesta.
Sabiamente, Quinn rechazó el alcohol por agua con gas, mientras que Jesse tomaba una cerveza y Rachel champagne.
El salón de los Swaine era tan grande como el apartamento de Quinn y Rachel. "Hay unos tentempiés en esa mesa de ahí," dijo mientras se encaraba a la fiesta, su voz por encima de la música jazz. "Vosotros mismos. La cena se servirá dentro de poco. Mientras tanto, Ainsley estará encantado de veros, así que no dudéis en saludarle antes de mezclaros con el gentío." Charlene apretó ligeramente el brazo de Rachel con afecto y se fue hacia la cocina.
"¿Qué deberíamos hacer?" Preguntó Rachel suavemente mientras escaneaba la estancia. Tenía muchas ganas de conocer y entablar conversación con todas esas personas. Aunque parecía que no tuvieran gran cosa en común. Ellos tres eran los más jóvenes de los invitados, aunque no por mucha diferencia. Sin embargo, también había invitados que superaban la edad de Ainsley.
"Supongo que deberíamos saludar a Ainsley primero, y luego separarnos." Dijo Quinn mientras entrelazaba su mano con la de Rachel para dirigirse hacia el hombre mencionado. La diva se mordió el labio al sentir el tacto de la mano de Quinn en la suya. La hizo sonreír. No podía evitar sentirse la persona más importante de la habitación por ello.
"¡Hola!" Dijo Ainsley animadamente mientras se separaba de un grupo. Sacudió la mano de Jesse con entusiasmo para luego besar en la mejilla a ambas chicas. "Me alegra veros aquí. Jesse, ¿Ves ese hombre de ahí con la chaqueta gris?" Preguntó Ainsley mientras le señalaba discretamente al hombre en cuestión; quien estaba en la mesa de entremeses. "Su nombre es Thomas Longmore y si mencionas que fuiste a UCLA, te adorará toda tu vida."
"Gracias, señor." Dijo Jesse con una sonrisa antes de dirigirse hacia el hombre.
"¡Chias!" Ainsley sonrió. "Ambas estáis espectacular esta noche."
"Gracias" Respondieron con una sonrisa.
"Rachel, querida, ¿Ves a esa mujer de ahí que parece haberse olvidado de su personalidad?
"No veo a tal mujer, Ainsley." Dijo Rachel con una sonrisa encantadora que hizo a Quinn enamorarse más. Ainsley se rio y se aclaró la garganta.
"Naturalmente. Mis sinceras disculpas por mi desliz. Lo que quería decir, es ¿Ves a esa fabulosa mujer de ahí que puede o no puede ser una estirada? Por favor, acércate e infórmale de tus experiencias en Julliard. Y si lo ves conveniente, menciona casualmente A Sweetnees."
Rachel sonrió al hombre dándole las gracias y se giró hacia Quinn dudosa. No quería dejar a la rubia. No quería estar sin ella; Rachel estaba nerviosa. "Tranquila, lo harás genial." Dijo Quinn con una sonrisa mientras acariciaba con un dedo la mejilla de Rachel. La diva asintió, encantada con el gesto de Quinn, inhaló aire, se enderezó, y se dirigió a su misión.
"Rachel lo hará más que genial. Desimee adorará su personalidad." Ainsley y Quinn quedaron hombro con hombro mientras veían cómo se desarrollaba la escena. Jesse parecía llevarse bien con Thomas y Rachel ya había hecho sonreír a Desimee.
El mismo Ainsley acompañó a Quinn a que conociera diferentes personas. Estrechó manos, besó mejillas, y rio cuando tocaba. El tema en común para la noche parecía ser Broadway. Todos ahí, de una manera y otra, estaban asociados con el mundillo: productores, compositores, directores, actores, guionistas.
"Así que dime, Quinn. ¿A qué Universidad estudias?" Preguntó un hombre alto mientras bebía de su whiskey. La rubia se aclaró la garganta y cogió la compostura correcta
"Hasta ahora atendía Julliard pero a partir de este año obtendré mi graduado en NYU." El hombre le respondió con un aaaah, ligeramente impresionado. Decir que atendía a Julliard era arriesgarse un poco, pero Quin sí que conocía a varios profesores y fue a muchas clases. No había pagado por ello, pero los padres de Rachel sí. Eso contaba, ¿no?
"Bueno, debería irme." Dijo el mismo hombre mientras miraba su reloj. "Casi las siete. Mi pareja no estará contenta." El hombre hizo un gesto de estremecerse antes de reír. "Ha sido un placer conocerla, señorita Fabray. Aquí tiene mi tarjeta. Si cualquiera de sus clientes está interesado en hacer revivals, llámame." El hombre sonrió y le besó en la mejilla antes de despedirse de los anfitriones.
Confundida, Quinn vio como todo el mundo parecía estar listo para irse. "¿No ha dicho Ainsley que la cena se servía a las siete?" Preguntó Rachel confundida al lado de Quinn mientras veía como Desimee y Thomas se ponían los abrigos en la puerta.
Quinn asintió y se giró hacia JEsse, que también se dirigía hacia ellas. "¿A dónde va todo el mundo?"
El chico se encogió de hombros; él también pensó que iban a cenar.
Los tres también se dirigieron a por sus abrigos pero Charlene les llamó. "No os preocupéis. La cena está a punto de servirse."
"Pero todo el mundo se está yendo." Dijo Rachel cuando el último invitado se fue. Sólo quedaban ellos tres y otro chico joven, que parecía tan confundido como ellos.
"Estaban aquí para el aperitivo." Dijo Charlene con una sonrisa. "Vosotros tres y Julian Chein sois los únicos que os quedáis a cenar." Explicó misteriosamente. "Por favor, seguid hablando con Ainsley mientras termino la cena."
Jesse se giró para hablar con Julian mientras las chicas se giraban para hablar la una con la otra. "¿Cómo está yendo hasta el momento la noche?" Preguntó Quinn. Había visto el progreso de Quinn esa última hora. Cada vez que la buscaba con la mirada, Rachel estaba concentrada en cualquier tipo de conversación.
"¡Espléndido!" Dijo Rachel con una sonrisa. "Desimee me ha preguntado muchísimo sobre la obra y las películas. ¡Incluso por el coro!" Quinn sonrió, encantándole lo feliz que parecía Rachel.
"¿Y tú? He notado que Ainsley te ha hecho un tour." Dijo Rachel con una sonrisa. En realidad, Rachel no había podido quitar los ojos de la rubia. La confianza que adquiría al hablar con extraños era sexy y seductora. Quinn haciendo de agente tenía su punto.
"¡La cena está lista!" Anunció Charlene desde el marco de la puerta del salón. El cuarteto la siguió hasta la sala del comedor.
Todos se sentaron. Ainsley y Charlene eran cabeza de mesa, con las chicas a un lado y los chicos al otro. Sus anfitriones se sonreían secretamente, antes de que Charlene asintiera hacia su marido.
"De vez en cuando, a Charlene y a mí nos gusta celebrar una cena con futuras estrellas. Una manera de hacerles conocer contactos con la esperanza de que sus carreras puedan florecer."
"Ainsley y yo creemos que vosotros cuatro tenéis ese talento. Julian, tu actuación en True Paradise fue magnífica. Creímos que deberíamos presentarte a ti y a Jesse St. James a Thomas, porque está a punto de dirigir la sensación Europea Dance Trio a principios de año nuevo. Jesse, estuviste maravilloso en A Sweetness y supimos instantáneamente que encajarías en la visión de Thomas." Ambos chicos asintieron, sin saber muy bien hacia dónde iba esto.
"Mi mujer y yo estábamos en lo correcto. Le habéis encantado a Thomas y no me sorprendería si mañana recibís una llamada para hacer una audición para el papel."
"¿Para Dance Trio?" Preguntó Julian con acento francés.
"Exacto. El tour empieza en Inglaterra y ocho semanas después volverías aquí, a los Estados Unidos." Dijo Ainsley con una sonrisa. Los ojos de Jesse se abrieron de par en par para encontrar primero a los de Rachel y luego a los de Quinn.
"¿Y este Dance Trio es una obra prometedora?" Preguntó Quinn, volviendo a entrar en modo trabajo. Ainsley y Charlene intercambiaron una sonrisa antes de girarse hacia ella.
"Mucho. Material de Broadway. El elenco actual es flojo y Jesse y Julian serían incorporaciones perfectas que llevarían la obra más allá. De hecho, Thomas ha dejado el guion para que lo revises." Añadió Ainsley, mirando directamente a la rubia. Quinn asintió, manteniendo su expresión profesional.
"Menos negocios y más comer." Dijo Charlene antes de guiñarle el ojo a Rachel. La pareja no quería hablar de lo que tenían planeado para la diva delante de Jesse y Julian.
Una hora después, Ainsley dirigió todo el mundo a su estudio para un whiskey y café. La habitación de madera parecía rústica y animaba a todo el mundo a seguir hablando. "¿Quinn? ¿Tienes un segundo?" Dijo Ainsley mientras hacía un gesto hacia dos sillones delante del fuego. La rubia lo siguió y notó que se apartaban de los otros cuatro.
"¿Cómo lo estás pasando?" Preguntó con una sonrisa.
"Perfectamente. Muchas gracias por invitarnos. Rachel está contentísima."
"Por supuesto. Conozco el talento, y ella lo viste." A lado de su silla, Ainsley cogió una caja que estaba encima de la mesa y sacó un puro. Preguntó en silencio si Quinn quería uno y ella sacudió la cabeza mientras esperaba que él se lo encendiera y hablara de lo que fuera que quería hablarle.
"Charlene y yo hemos estado juntos más de cuarenta años, Quinn. Eso es mucho tiempo." Dijo él con su mirada fija en ella.
"Sí que lo es; deberíais estar muy orgullosos."
"Lo estamos, de hecho. Lealtad. Eso es importante. Estar al lado de quien quieres y adoras."
"No podría estar más de acuerdo." Respondió Quinn, sus ojos encontrando a Rachel al otro lado de la habitación mientras ella hablaba con Charlene. Intercambiaron una sonrisa y devolvieron la atención a sus asuntos.
"¿Ves? Eso mismo. Inmediatamente la has mirado. E inmediatamente ella ha sentido tus ojos y te ha buscado. Eso es a lo que me refiero." Quinn lo miró, confundida.
"No entiendo…" Ainsley se acercó al borde de la silla para examinar a la chica.
"Hubo un tiempo en el que Broadway no trataba solo sobre hacer dinero y hacerse famoso. No era un mecanismo para llegar a la Televisión o a las películas. La gente quería estar en el escenario y actuar. Rachel tiene esa pasión para el escenario."
Quinn asintió, aún sin estar muy segura de adónde iba esta conversación. "Su sueño siempre ha sido actuar en algún gran escenario."
"Su pasión por Broadway es lo que nos intrigó desde un principio. Pero hay muchos actores que sienten lo mismo que ella. Lo que la distingue del resto, Quinn, no es su talento, su pasión o su amor por el escenario. Eres tú."
Quinn entrecerró los ojos mientras se mordía le labio inferior. Ahora sí que estaba perdida. "No estoy muy segura…"
"HE escrito una obra. Un musical." Dijo Ainsley. Parecía tan emocionado como un niño en Navidad. "Los dos, Charlene y yo. ¡Hemos escrito los diálogos, las canciones, y la música!"
"Creía que solo ofrecías apoyo financiero"
"Sí." Su entusiasmo era obvio. Se acercó más al borde de su sillón. "Pero lo que la mayoría no saben, es que durante los pasados veinte años, Charlene y yo hemos estado trabajando en un musical. La historia de nuestro amor. ¡Por lo que hemos pasado!"
Quinn asintió de nuevo intentando mantener su rápido ritmo. "Hemos conocido a los mejores compositores, los mejores guionistas, los mejores directores, y creemos que al final lo hemos terminado. El sueño de ver nuestra historia representada en el escenario."
"Eso es muy romántico." Sonrió Quinn.
"Ahora lo que nos hacen falta son actores." ¡Oh Dios mío!
"Sabemos lo que hay. Hemos hecho audiciones. Hemos hablado con gente que conocemos. Y tenemos el casting casi completo." De repente Aisnley estaba sonriendo enrojecido. "Tengo que admitirlo. Hacer castings es realmente difícil. Debería haber imaginado que hacer un casting para encontrar a la chica que interpretara a mi mujer sería difícil." Rio y le dio unas caladas a su puto. "Después de todo, ¡Tardé dos años en inventarme el nombre del personaje! Y cuando vimos a Rachel actuar en A Sweetness, mi mujer y yo quedamos encantados. Pero…"
Ainsley buscaba las palabras correctas. Ahora era Quinn quien estaba en el borde de su sillón. "Has de entender en la posición en la que estamos. El musical es muy personal para nosotros. Esto no es otra historia más. ¡Es nuestra historia de amor! Cómo nos conocimos, cómo nos enamoramos, las pruebas que hemos pasado… No me siento cómo dejándolo en manos de alguna actriz joven en busca de su gran éxito."
"Lo entiendo totalmente," Dijo Quinn, con demasiadas ganas para saber lo que diría después. "Es muy personal."
"¡Sí! Necesito que alguien sepa lo que mi mujer, mi amor, ha sentido."
"Quieres a alguien que respete el papel y lo trate con veneración." Su corazón se aceleraba.
"¡Exacto!" Dijo mientras apuntaba el cigarro hacia ella. "Alguien que entienda la historia porque está viviendo su propia historia de amor. Alguien que lo respete como si fuera su historia. Alguien que sepa lo que es lealtad y que esté honrado de representar un papel tan cercano a mi corazón."
¡Alguien como Rachel!
"Alguien como tu Rachel." Con esto dicho, Quinn se sintió aturdida. Se recordó que debía respirar.
"No puedo hablar por Rachel," Dijo Quinn lentamente. "Pero sé que se toma las historias de amor muy seriamente. Considera las emociones de alguien como algo muy serio."
"Y después de hablar con vosotras dos, conocerla, los dos podemos decir que sí. La manera en que te mira, la manera en que tú la miras… Es conmovedor." Dijo con una sonrisa suave. Quinn se sonrojó, sin saber que eran tan obvias pero sin sorprenderse. Había sentido los ojos de Rachel en ella toda la noche.
"A veces, las mejores obras tienen éxito no solo por la calidad y por las representaciones, sino por los sentimientos personales que se involucran. Muchas veces se dice que Rent no hubiese tenido el éxito que ha tenido si no fuera por el amor que el elenco tenía a Jonathan Larson. Su muerte los conectó." Quinn asintió, familiar con la historia; Rachel le había hecho ver el documental de Rent.
"Charlene y yo creemos que ella sería la persona perfecta para el papel. De hecho, ahora mismo se lo está contando." Los ojos de Quinn buscaron a los de Rachel justo cuando los suyos se abrían sorprendidos y miraron en la dirección de Quinn. La diva parecía patidifusa. "Y por la reacción de tu prometida, creo que mi mujer se lo acaba de decir."
Quinn no se había dado cuenta de que Jesse y Julian ya no estaban ahí. A penas podía observar. A Rachel le acababan de ofrecer un papel en una obra de Broadway. Una obra de Broadway hecha por las personas más influentes en el negocio. No tenía palabras.
"¿Hablando de negocios,no?" Preguntó Charlene mientras se acercaba, con una sorprendida diva a su lado.
"Sí, dándole las noticias a Quinn." Ainsley sonrió a su mujer mientras ella se sentaba en regazo.
"Bueno, le acabo de dar mis noticias a Rachel." Los ojos de Rachel aún estaban abiertos de par en par mientras se sentaba en la silla de al lado de Quinn. La rubia levantó la ceja al ver la expresión de Rachel. ¿Por qué no está lo emocionada que debería estar? Parece que acaba de ver a un muerto.
"¿Cómo te ha ido a ti? Creía que se lo diríamos juntos" Dijo Ainsley mientras besaba la mejilla de su mujer. Los ojos de Rachel miraron a Quinn. Se le veía el pánico en ellos.
"¿Qué pasa?" Preguntó Quinn cuidadosamente, sin estar muy segura de por qué Ainsley y Charlene estaban tan contentos mientras Rachel parecía a punto de un ataque de pánico.
"Le estaba explicando a Rachel mi nuevo hobbie, ¿Verdad Rachel?" La diva asintió con una sonrisa falsa. "Sí, y estábamos hablando de vuestro compromiso y me estaba explicando que las dos no estáis en un momento financiero bueno para casaros aún." Explicó Charlene, aun sonriendo grandiosamente.
De nuevo, Quinn miró a Rachel. Era obvio que la diva estaba intentando decirle algo a la rubia con sus ojos.
"Yo le estaba informando a Quinn de nuestro empeño creativo." La peliroja sonrió a su marido.
Viendo como el pánico crecía en la cara de Rachel, Quinn se giró hacia la pareja. "¿Cuál es exactamente tu nuevo hobbie, Charlene?" La mujer sonrió emocionada y aplaudió.
"Bueno, Quinn. Primero creo que es importante explicarle a Rachel lo del musical."
"¡Sí! Rachel, querida, nos encantaría ofrecerte un papel en nuestra próxima obra en Broadway!" Los dos dijeron emocionados mientras Rachel apretaba los labios. Esta no era la reacción de Quinn esperaba.
"¿Ves querida?" Dijo Charlene. "Ahora tienes un trabajo fijo."
"Ahá…." Murmuró Rachel mientras sonreía falsamente. Quinn estaba perdida. ¿Por qué Rachel estaba actuando tan raro? Todos sus sueños se estaban cumpliendo.
"Perdoname," Dijo Charlene con una risa. "¡Estoy muy emocionada!"
"¡Es que es para emocionarse!" Añadió Aisnley con una sonrisa. "El musical empezará, Rachel será una estrella, y mientras tanto, Quinn ¡Tenéis algo que planear!"
Quinn no tenía ni idea de qué estaba pasando. ¿Planear? ¿El qué?
"¿Planear?" Rachel la miró otra vez con una mirada angustiada mientras se cambiaba de posición en su silla.
"Bueno, querida. Mi hobby." Charlene sonrió otra vez e hizo una parada dramática antes de decir con emoción. "¡Soy una organizadora de bodas!"
No me cansaré de agradeceros vuestros reviews. Sois las/los mejores, de verdad. Me encanta ver tal reacción positiva en vosotros (tanto los que comentáis - gracias otra vez - como los que no). Seguid atentos por que esta historia no hará más que mejorar. :)
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