¡Hola a todos!... Mejor dicho, Buenas noches. El día de hoy me cogió un poco la tarde, pero lo importante es que estoy aquí lista para dejarles la actualización y que lean un poco antes de ir a la cama. Sin alargarme mucho más, quiero agradecerles por el apoyo en la historia, por los mensajes y comentarios y ahora si continuamos con la historia…

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Cáp. 9: Viaje

- ¿Ahora?... Dile a Kikyo que quiero vacaciones – lo miré mientras él se movía de un lado a otro por la sala de la casa – He arriesgado mi trasero en miles de veces en lo que va del año y apenas y comienza… ¡Lo sé!, bien te llamó en un momento…

- ¿Todo bien? – pregunté, aunque era obvio que las cosas no estaban bien.

- No lo sé

- ¿No lo sabes? – Inuyasha soltó un suspiro y fue a sentarse a mi lado – Era Miroku, tengo una nueva misión en Milán

- Milán… ¿En Italia? – pregunté casi incrédula.

- Así es, algo sobre unos traficantes de cocaína – dijo con tanta tranquilidad, era claro que él estaba más que acostumbrado a eso.

- ¿Y cuál es el problema?

- No quiero ir, no cuando estoy así de bien contigo – enternecida por sus palabras le di un beso en los labios – Mmm… es esto lo único que quiero, besarte y perderme en tu aroma a rosas – lo miré divertida y el continuó – Hueles a rosas… no sé por qué…

- Compré Shampoo de rosas – le expliqué con una sonrisa.

- Me encanta… - se recostó sobre el sofá y me arrastró sobre él – ¿Sabes qué? no voy, Kikyo que se vaya a buscar esposo…

- Tienes que ir, es necesario

- Hay muchos que pueden hacer mi trabajo

- Pero estoy segura de que eres el mejor de todos

- Eso sí – le di un suave golpe en el hombro.

- Que modesto eres…

- ¿Vienes conmigo?

- ¿Qué?, ¿A Italia?

- ¿No te gustaría?, es un país hermoso, además podemos pasar por Venecia, dicen que es de los lugares más románticos del mundo – ante sus palabras no pude verme más que gratamente sorprendida, él era increíble.

- ¿No tendrás problemas?

- Yo me encargo de Miroku y Kikyo, ¿Qué me dices?

- Me encantaría ir contigo…

- Entonces está dicho, alistamos maletas y tomamos el primer vuelo hacia Londres…

- ¿Londres?

- Tengo que pasar a entregar los resultados de la investigación y luego debo recoger la información necesaria…

- Entiendo…

- Pero luego directo a Milán…

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- ¿No se enfadaran si me llevas? – subí no muy confiada al taxi seguida de Inuyasha.

- Mmm no me importa, eres mi novia y estás al tanto de todo… Además hay algo que quiero hacer

Suspiré no muy convencida de ir a ese lugar, pero que mas daba ya iba en camino. Observé por la ventana del taxi los miles de edificios a mi alrededor, habíamos llegado a Londres la noche anterior y estaba absolutamente fascinada con lo poco que había visto, Londres era magnifica.

- Esto es… bastante diferente – le dijo a Inuyasha cuando nos bajamos del taxi – Muy concurrido

- Es Londres – enlazó su mano con la mía y me apuró a cruzar la calle cuando el semáforo cambio; di un vistazo al edificio al que íbamos, era uno bastante alto y en la parte alta decía algo sobre telecomunicaciones.

- Es la fachada – me explicó y yo entendí que nadie pondría una agencia de espionaje o lo que fuera a la vista de todos.

Cuando entramos al lugar todo me pareció absolutamente normal, un lobby con personas saliendo y entrando al lugar, la recepción, una sala de espera y varios ascensores al fondo. Cuando entramos en un cubículo Inuyasha presionó el botón hacia el último piso. Varias personas iban con nosotros y nadie hablaba entre sí, de inmediato me acerqué mas a Inuyasha. Luego de un momento estuvimos en la última planta.

- ¡Inuyasha!... – busqué el origen de la voz y vi a una joven cerca de mi misma edad acercarse hasta él – Hace años que no te veía por acá, andas bastante per… ¡Hola! – me saludó con su voz chillona y yo le sonreí por cortesía.

- Es bueno verte, me tengo que ir – se despidió de la joven y me llevó por un amplio pasillo, finalmente nos detuvimos en una puerta, sacó una tarjeta de su pantalón y abrió.

El lugar estaba formado por varios cubículos de cristal, adentro habían varias personas con auriculares en sus oídos y frente a las computadores hablando sin cesar; Inuyasha me llevó por entre las personas hasta entrar en una habitación más grande.

- Creo que está por llegar… - una silla giratoria nos daba la espalda y se movía de un lado a otro – Cuando llegue… - finalmente se giró y me topé con el joven rostro de un desconocido, que sonrió al ver a Inuyasha – Ya está aquí… ¡Inuyasha!... – se levantó de su asiento y se acercó a estrechar su mano y palmear su hombro - ¿Y a quien tenemos aquí?

- Ella es Kagome, Kagome el es Miroku – yo sonreí y acepté la mano del no tan desconocido joven, éste galantemente tomó mi mano y depositó un beso en ella.

- Finalmente te conozco – sonrió y luego miró a Inuyasha sin dejar de hacerlo – Entonces me imagino que ella sabe todo…

- Muy inteligente – me tomó de la mano y me llevó a un asiento frente al escritorio.

- Bueno pues…

- ¡Aquí estás! – el gritó femenino me hizo girar con rapidez y me encontré con una mujer bastante joven y bastante hermosa, ojos negros al igual que sus cabellos lisos, piel tersa y figura estilizada.

- También es un placer verte Kikyo – espetó Inuyasha sin girarse a verla.

- Tardaste mucho, no sé qué te pudo retrasar tanto – alejé mi mirada de ella y me encogí en mi asiento, yo sabía que nos había retrasado – Pero bueno lo importante es que estás aquí y… ¿Quién eres? – Me tensé en mi asiento sabiendo que se dirigía a mí, afortunadamente Inuyasha se levantó de su asiento y se interpuso entre ambas – Por lo que veo tú me explicaras

- No tengo que explicarte nada, no eres mi madre – finalmente me decidí a mirarla y no estaba muy contenta por las palabras de Inuyasha – Pero como sé que no me dejaras descansar hasta que te lo diga, ella es Kagome… Mi novia…

- ¡No puedo creerlo! Y trajiste a tu noviecita a tu empleo, ¿Crees que esto es un juego?... En cuanto los superiores sepan qué…

- ¿Qué? ¿Me despedirán?, por favor sé que soy su mejor hombre ellos no harán nada – por el rostro que puso la mujer yo supe que él tenía razón, Inuyasha era demasiado valioso para la organización, si podía llamarse así.

- Aun así no debiste traerla aquí… No es…

- Eh… Aun estoy aquí – salí de tras de Inuyasha y me encaré con ella, no dejaría que hablaran de mi mientras estaba ahí – Lamento si estoy causando problemas pero…

- ¿Te hice una pregunta? – la miré atónita y ella continuó – No, entonces no me…

- No le hables así – la interrumpió Inuyasha con un tono gélido que jamás le había escuchado – Y si a esas vamos, entonces me largo, y tú verás con que les respondes a los superiores…

- No serías capaz, ella es solo uno de tus tantos…

- Pruébame…

- Niños, niños – Miroku finalmente intervino y se paró entre los dos como si fuera un réferi – Creo que Inuyasha no vino a hablarnos de su vida privada y Kikyo no vino a discutirle por ella… Así que concentrémonos

- Quiero hablar a solas contigo… - dijo la mujer a Inuyasha.

- Eh… Señorita Kagome permítame mostrarle las instalaciones – asentí y seguí a Miroku.

- ¿Está en problemas? – pregunté cuando entramos al ascensor.

- No, no te preocupes, él no alardeaba cuando dijo que era el mejor hombre de aquí, Inuyasha es el más efectivo de todos

- No quise causar problemas, le dije que no debía venir pero él… - Inuyasha había insistido, no quería dejarla sola en una de las grandes urbes, y mucho menos cuando era perseguida.

- Eres la primera mujer que Inuyasha trae aquí, eso quiere decir que confía en ti y mucho… - me sentí simplemente halagada de que él lo reconociera – Y no te preocupes Kikyo solo le dirá que espera que su desempeño no se vea alterado… Bueno después de un buen sermón

- Lo siento…

- Ya déjalo, ¿Y dime qué te parece este lugar?

- Pues… normal…

- Lo sé, no es lo que esperas, en las películas exageran mucho, laboratorios donde todo levita y cosas así… - sonreí y me dije que él era una persona muy amable – Lo que si tenemos es una cafetería

Y dicho y hecho me llevó a la cafetería en la primera planta, donde me invito a una soda y unos deliciosos pastelillos. Cuando el consideró que podríamos volver tomamos el ascensor y regresamos a su oficina. Para cuando llegamos Inuyasha esperaba de pie frente un gran ventanal y Kikyo estaba sentada frente al escritorio.

- ¡Traje soda!, así nos refrescamos – bromeó mientras dejaba una lata frente a Kikyo y lanzaba una a Inuyasha – Bien y en que íbamos…

- Inuyasha danos el informe sobre la última misión – habló Kikyo y su tono me heló todo el cuerpo, Inuyasha abandonó su sitio y fue hasta donde yo esperaba al pie de la puerta.

- El primer cargamento salió fraccionado en diferentes vehículos, todos fueron interceptados según lo planeado, hubo una baja; el segundo se interceptó en el puerto, hubo otra baja; para el tercero las autoridades locales se vieron involucradas pues sucedió antes de lo esperado, los tres cargamentos fueron interceptados, la red criminal esta casi desmantelada, como le informé a Miroku la carga viene desde Francia…

- Otro agente trabaja en eso – intervino Miroku por primera vez.

- Bien – Kikyo guardó silencio por unos segundos en los que Inuyasha pasó su brazo por mis hombros mientras tomaba de su bebida – Excelente trabajo… Miroku…

- Tenemos una red de traficantes de estupefacientes en Milán, el problema con esta red es que según nuestros investigadores, es una antigua mafia que vuelve a formarse; están comenzando a ganar campo e Italia teme que se expanda por el país y vuelvan a los conflictos con la mafia de años atrás…

- Entiendo ¿Qué hay que hacer?

- Sencillo, tenemos un infiltrado entre los cabecillas, él me estará informando de cada movimiento para que así tú atrapes a los jefes de esta organización

- Acabar con el problema de raíz…

- No es un juego Inuyasha, es bastante peligroso – habló la mujer, quien me lanzó una mirada para volver a fijarse en Inuyasha – No puedes tener…

- Ya me lo dijiste y yo ya te lo dije, no empecemos de nuevo

- Bien, estos son tus papeles de identificación – Inuyasha asintió y recibió un sobre con todo dentro – Eres un británico y estas en Milán por negocios… el vuelo es para mañana como quedamos, te enviaré el resto de papeles mañana a primera hora…

- Gracias… ¿Eso es todo? – preguntó mirando a ambos, la mujer no dijo ni una palabra y salió de la oficina.

- Ella me odia – musité y ambos hombres me miraron

- No eres la única – dijo Miroku.

- Oye, quiero pedirte un favor – Inuyasha cambió de tema y fue a sentarse llevándome consigo – Bueno ambos…

- ¿Padrino de boda?...- me sonrojé por su pregunta y evité mirar su rostro.

- Claro que no Miroku, deja de ser payaso – dijo Inuyasha aunque visiblemente incomodo – Lo que queremos es que investigues algo – salté en mi puesto y me enfoqué en Inuyasha; acaso él iba a pedirle que… - Quiero que por favor investigues a un tal Naraku Kalkovich, es un político ruso

- Mmm… Lo tengo, en cuanto sepa algo les informo – nos dedicó una sonrisa y luego Inuyasha y yo salimos del lugar.

- ¿Estás loco?... ¿Cómo le pides eso? – Le pregunté con cierto enfado cuando entramos al ascensor del edificio – No quiero que…

- Cuando te dije que te iba a ayudar iba en serio, además no vendría mal tener cierta información sobre él – me explicó sin inmutarse – Y cuando de encontrar información secreta se trata, Miroku es el indicado… El idiota es un genio en esas cosas

- Está bien… - suspiré y me recosté sobre una de las paredes del cubículo – Inuyasha – el me miró mostrándome que tenía su atención - ¿Qué pasó con Kikyo?

- Ah… Nada del otro mundo, solo me amenazó con castrarme si arruinaba la operación por estar contigo – sonrió restándole importancia y se recostó en la pared contraria a la mía – Kikyo es la señorita trabajo, nada le importa más que eso, creo que lo que necesita es buen sexo y todo se solucionaría…

Las puertas del ascensor se abrieron un ambos salimos del lugar, una vez fuera del edificio él me tomó de la mano y caminamos por entre las calles.

- Creo que tu le gustas – solté varios minutos después, él me miró sin comprender – Kikyo… Tú le gustas a Kikyo – afirmé esta vez y el soltó una carcajada.

- Eres muy ingeniosa, yo le gusto tanto a Kikyo como una dulce migraña

- Pues yo creo que sí, la manera en que me miró fue bastante fría y no fue solo por pensar que te distraería de tus labores… Además Kikyo es una mujer muy hermosa y…

- ¿Tratas de que tenga algo con ella? – Me interrumpió, alcé mis ojos a los suyos justo en el instante en el que él se inclinó a besarme – Solo me gustas tú… ¿Estamos?

- Estamos – sonreí y le di un nuevo beso – Oye… ¿A dónde vamos?

- Bueno pues… - continuamos caminando por las calles, pasando frente a miles de edificios, almacenes y restaurantes – Como nos vamos para Italia y tu guardarropa anda tan escaso yo pensé que sería necesario ir de compras…

- Oh… No es necesario, yo no…

- Claro que sí, es Italia – me jaló de la mano y me hizo entrar a una boutique.

- ¿En qué puedo ayudarles? – preguntó una mujer acercándose.

- Buscamos ropa para ella, informal, formal, todo lo que tenga…

Mis ojos se ensancharon por la sorpresa, Inuyasha no podía estar pensando que yo iba a aceptar todo eso. Así que cuando la mujer se marchó decidida a buscar lo que le habían pedido yo me negué con Inuyasha…

- No me discutas Kagome… - me regañó como a una niña pequeña, luego la vendedora vino y no pude discutir nada más.

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- No me alcanzará la vida para usar todo esto – le dije mientras miraba las bolsas sobre la cama – No debiste pagar todo esto… Yo no…

- Shhh… Lo necesitas, no puedes estar para siempre con un par de prendas, además te ves hermosa con todo y yo…

- Y tú gastaste mucho dinero – le reproché.

- Eso es lo de menos, en algo tengo que gastarlo y si no es en ti es con nadie – lo miré incrédula y él se acercó para abrazarme – Es cierto, mira mi madre no es amante de la joyería fina o de la ropa, vive en una reserva natural solo usa ropa de… exploradora, y bueno mi paga se va a los bolsillos del banco, prácticamente no uso ese dinero, la agencia cubre los gastos de las misiones…

- Bueno aun así

- Aun así nada… Mejor vamos a empacar que mañana salimos temprano…

- Inuyasha… - me acerqué a las valijas abiertas en la cama para comenzar a guardar la ropa - ¿Siempre vas de encubierto a las misiones?

- Mmm… Generalmente, no es necesario pues no hay peligro de que entre en contacto con las personas implicadas en la misión, pero son razones de seguridad, construyen un personaje para mi, nada del otro mundo…

- ¿En Glasgow ibas de incognito?

- Así es, era un comprador de whisky, un norteamericano… - dijo mientras me ayudaba a acomodar todo en la maleta – Mi nombre era Steven Adams…

- ¿Por qué me dijiste tu nombre?

- Ah… la noche que te encontré en el camino pensé que tenias muchos problemas y no sé mi nombre voló de mi boca por inercia, no creas que cometo ese error, esta es la primera vez… - sonreí ante su explicación y me acerqué a él, detuve su tarea y pasé mis manos por su cuello para besarlo.

- Te quiero – musité antes de tomar sus labios en un suave beso.

- Esto me encanta – musitó sobre mis labios – Podemos terminar de empacar luego – tiró la maleta de cama y yo solté una risita cuando estuve recostada con él sobre mi cuerpo.

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- Inuyasha… Un joven trajo esto – fui hasta la cocina donde el comía su nutritivo cereal, y le pasé el sobre de color marrón.

- Debe ser de Miroku – dijo mientras lo abría – Sí, es de Miroku… Señora Smith… - revisó los papeles - Broma de Miroku…

- ¿Disculpa?...

- Sí, ahora somos el señor y la señora Smith

- No te estoy entendiendo nada… - él me extendió el sobre y yo encontré mi fotografía pegada sobre lo que parecía un pasaporte y varios otros documentos de identidad - ¿Qué significa esto?

- Que somos una pareja de esposos que va a Milán de viaje de negocios y un tanto romántico… ¿hablas italiano?

- No… - lamentablemente para los años en que iba tomar ese idioma tuve que marcharme.

- No importa, tampoco tendremos mayor contacto con nadie, es solo para que no sospechen nada por si llega a filtrarse algún tipo de información

- Bien… Ahora soy Ana Smith

- Y yo Robert Smith

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- Esto es fantástico – musité para Inuyasha mientras miraba por la ventanilla del avión, la ciudad de Milán se perfilaba desde el cielo.

- Ves esa edificación de allá – me preguntó al oído mientras apuntaba con uno de sus dedos, yo lo seguí y una vez ubicada asentí – Es la iglesia y monasterio de Santa Maria delle Grazie. Ahí Leonardo Da Vinci pintó La última cena.

- Fantástico…

- Exacto, llegamos a Milán… Mejor dicho Milano – lo miré y no pude evitar reír por su perfecto acento italiano.

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¡Italia!, tengo bastantes planes para la estadía de Inu y Kag allí, pero no les adelantare nada. Espero que les haya gustado el capítulo de hoy, dejen sus comentarios. Ahora si los dejo, porque tengo mucho trabajo… Les mando un abrazo… Nos vemos!