Hola de nuevo mis pequeños angelitos, ok ignoren eso jeje. Me salió lo maternal, pero con ese par es inevitable sentirse como mamá gallina.

Guest (Tom no se dará por vencido… ojalá. Jajaja, gracias por el review)

L . Middford (ay, sé que tienen mucho angst, pero será recompensado. Es un placer escribir para ustedes)

Julchen awesome Beilschmidt (jajaja, sí, es de Moana… Y si, me dolió que Chris no tuviera memoria, ay… Gracias por el review jeje)

Muchas gracias por el apoyo

Disclaimer: Chris y Tom no son de mi propiedad. Se pertenecen a ellos mismos (?)

Advertencias: slash / lemon/ gay couple. Single fathers AU. Rated: M. escenas smut/ explícitas


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NIÑOS. LOS MEJORES CONSEJEROS

IX

—De acuerdo, parece que tus pupilas funcionan correctamente —dijo el doctor Cumberbatch pasando una luz para medir los reflejos pupilares del australiano.

Era el pase de visita de la mañana siguiente de haber despertado y Chris aun sentía cansancio, pero sobretodo una enorme confusión. Por fortuna Clara estaba presente en la habitación como ancla hacia su ansiedad post traumática.

—¿Has tenido dolor de cabeza o alguna parte de tu cuerpo la sientes dormida? —interrogó Benedict.

Chris solo negó con la cabeza porque todavía llevaba la mascarilla.

—Muy bien, sería prudente empezar con fisioterapia entonces

—¿Quiere decir que está recuperándose? —preguntó Clara

—Físicamente parece conservar fuerza, reflejos, sensibilidad, todo… Lo único que me tiene consternado es la amnesia selectiva que desarrolló

El rubio frunció el ceño. Obviamente había algo que no le estaba explicando. Es decir, sí sabía que estaba ahí a raíz de un accidente automovilístico, pero la causa o los eventos al respecto no. Era una laguna mental cuando intentaba remembrar todos los acontecimientos. Recordaba su nombre, quien era, el motivo de su estadía en Londres, fechas de cumpleaños, a Clara, a Natalie (gracias a Odín), el cargo que desempeñaba, algunos contratos pendientes que tenía… No veía problema. Le había parecido extraño el sujeto que clamó ser su amigo en cuanto despertó. Se notaba alterado.

—Disculpe, doc —interrumpió, alzando su mano y quitándose la mascarilla porque comenzaba a estorbarle. —no creo que deban preocuparse. En realidad recuerdo casi todo, excepto el accidente

Clara suspiró, acercándose a la cama. —No es eso lo que me preocupa, Chris

El doctor Cumberbatch tomó el expediente, levantando unas hojas para corroborar ciertas fechas, giró su rostro y miró con severidad al rubio. —Chris, es cierto que varias de tus funciones mentales superiores se mantuvieron intactas porque tuviste una suerte tremenda, pero yo hablo de pérdida de memoria de un periodo en particular de tu vida. Dime algo, ¿hace cuánto te mudaste a Londres?

—Llegué hace una semana, ¿por qué?

Clara se llevó una mano a la boca. No, ellos llevaban más de tres meses viviendo en la gran metrópoli para ese entonces.

—Ya llevamos más de tres meses viviendo aquí, hijo —mencionó la nana. —No recuerdas nada de estos últimos meses, ¿cierto?

—¿Tres meses?

Chris estaba atónito, ¿tres meses? ¿Tanto tiempo había pasado? ¿Qué había hecho?

Se reincorporó en su cama, dubitativo. No había motivo para no creerle a Clara, y ciertamente tampoco para desconfiar de un neurocirujano cuando era evidente que el accidente había ocurrido. Tenía suero canalizando, su hombro derecho aun dolía cuando intentaba moverlo con el cabestrillo, sus piernas tenían debilidad y su pecho estaba lleno de rasguños, sin mencionar los ataques de jaqueca que le daban cuando su analgésico dejaba de hacerle efecto; además todavía sentía sus cuerdas vocales rasposas. Se le ocurrió, por mero morbo, corroborar las palabras de ambas personas ahí, pidiéndole a Clara que encendiera el televisor en el canal de las noticias de las 10:00 AM. La imagen de la reportera junto con las barras inferiores que desplazaban oraciones complementarias a la noticia hablaban vago, pero su mirada se fijó en los números que anunciaban la fecha actual. Y no había duda: eran tres meses delante de lo que recordaba por última vez.

—Hay muchas cosas de las que debes ponerte al corriente, joven Hemsworth —mencionó Benedict.—A veces el estado de amnesia es temporal, pero la evolución es incierta

—¿Quiere decir que existe la posibilidad de que no recuerde lo que me sucedió? —preguntó el rubio.

—Quizá tú no, pero por eso tienes personas alrededor tuyo que te guiarán para recuperar esas memorias —aseguró, caminando hacia la puerta. —Debo retirarme, pero háganme saber si necesitan alguna otra cosa

La puerta se cerró.

—¿Qué tanto ha ocurrido estos tres meses? —preguntó Chris aun sin terminar de creerlo. Y era ciertamente una sorpresa. No es común despertar en una cama de hospital no recordando cómo llegaste ahí… Obviamente las dudas se acumularon estrepitosamente en su cabeza.—¿Y Natalie? ¿Dónde está? ¿Quién la está cuidando? —preguntó temeroso. Su hija, su pequeña Natalie, ¿acaso sabía de su estado actual?

—Tranquilo Chris, está en la escuela a esta hora —respondió Clara. —Ella sabe que tuviste un accidente pero está bien. Sabe que ya despertaste

Escuchar eso lo tranquilizó temporalmente, pero las dudas asaltaban sus pensamientos.

—¿Tú irás por ella? Eres la única familiar que tengo aquí

—No, realmente no soy la única —la mujer notó curiosidad en el otro, por lo que trató de explicarse lo mejor posible: —al mudarnos aquí, Natalie conoció un chico, Ben; se hicieron amigos pronto y durante estas semanas tú te has vuelto muy cercano a los Hiddleston, la familia de este niño. Te aprecian bastante, sobretodo el padre de Ben, Thomas. El y tú parece que son buenos colegas. De hecho acababan de cerrar un contrato

¿De qué estaba hablando? ¿Ben y Natalie, amigos? ¿Quién era el tal Thomas?

—Como sea —continuó Clara. —Cuando tuviste el accidente, ellos se ofrecieron a ayudarnos mientras te recuperas. No te preocupes, Tom irá a la escuela por Ben y Natalie. Lo más seguro es que solo vengan un momento a visitarte. Estoy segura que quieres ver a tu hija

Chris asintió con euforia. No había otra persona que lo calmara más que su propia pequeña.

Aun así no concretaba bien lo que Clara le reveló.

—Entonces soy amigo de un tal Thomas Hiddleston porque mi hija es amiga de su hijo. Y dices que su familia y la nuestra se han vuelto cercanas estos últimos tres meses… ¿Qué clase de contrato pactamos? ¿Fue con mi compañía?

La nana se encogió de hombros. Obviamente tenía más información respecto a ellos, y ciertamente el doctor Cumberbatch había sido muy discreto en no revelarle que Tom se presentó ante él como su pareja sentimental; pero fuera ese el caso o no, el único que poseía la total verdad sobre el status de su relación actual era el mismo Thomas. A nadie más que a él le correspondía hablar del tema con el australiano.

—Pues aprovecha para preguntarle cuando salgas de aquí —respondió con una sonrisa.


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En la hora de la salida, Ben y Natalie estaban tomados de la mano para caminar hacia la camioneta donde su padre los esperaba. En los días anteriores, Ben se había portado como todo un mozo con ella, confortándola cuando la descubría llorar de vez en cuando por no poder ver a su padre u oír su voz; y aunque era un niño, era empático para entender que una separación de ese estilo era difícil. Él mismo vivió el divorcio de sus padres, a pesar de no entender completamente el motivo. Compartía sin rechistar su habitación con Natalie y sus juguetes, hacían la tarea juntos, e incluso se habían acoplado para salir puntuales sin pelearse por usar el baño en las mañanas.

—Hoy iré a ver a papá —dijo Natalie. —Clara me dijo que está despierto, pero que no debo abrazarlo muy fuerte o le dolerá

—¿Crees que salga rápido?

—No creo. Se veía muy cansado la otra tarde

—Pues no tienes por qué preocuparte —aseguró Ben. —Tu nana y tú pueden vivir con nosotros el tiempo que quieran

La ternura desbordaba por los ojos del pequeño inglés. Natalie al menos podía sonreír al pensar que su mejor amigo podía ser casi su hermano, porque si vivían bajo el mismo techo se catalogaba como "familia", ¿cierto? Le hubiera encantado que así fuera.

Entraron a la camioneta. Tom los saludó con una sonrisa, preguntándoles sobre sus actividades escolares, reconociendo logros y aclarando dudas infantiles. En ningún momento Ben había soltado de la mano a Natalie, y Tom no pasó por alto ese pequeño (y gigante) gesto que le hacía pensar irremediablemente que, pasara lo que pasara con Chris, no podrían separar a sus hijos. Sería egoísta intentarlo, aunque el australiano no tuviera memoria alguna. Ciertamente su corazón estaba menos alborotado que el día anterior, pero continuaba con el nudo en la garganta por la incertidumbre de presentarse de nuevo con ese hombre. ¿Ya no sería lo mismo? ¿Ya no lo vería de la misma manera que la primera vez que se conocieron? Dioses, qué complejo es el mundo del amor, tan contradictorio y lleno de desventuras, pero alegrías y sorpresas que no creerías que pasarían; como la caja de Pandora que trae consigo todas las desgracias posibles, pero aun sabiéndolo corres el riesgo… Quizá eso era lo que Tom necesitaba: un riesgo nuevo. Ya había tenido suficiente de lamentarse la noche anterior porque Chris no recordara su nombre, ¿y eso qué? No era el fin del mundo, a pesar de que se viera de ese modo; tenía el apoyo de Emma en cualquier plan, de Clara, de sus hijos; sin mencionar que el proyecto del festival de lingüística seguía en pie, así que poseía varias cartas por jugar todavía. Tal vez no era el más valiente para perseguir sus sentimientos, pero con Chris todo era diferente. En el fondo de su corazón, poseía esperanza de que el australiano lo recordara.

En medio de su divague mental, llegaron al hospital, y después de registrarse en el mostrador subieron al segundo piso donde se hallaba la habitación del australiano. Tom estaba nervioso de nuevo, sus manos sudaban y el corazón repiqueteaba con la fuerza de mil caballos en estampida, pero finalmente se dio ánimos para entrar.

La primera en correr hacia la cama fue Natalie, sonriendo en cuanto notó que su padre estaba despierto bebiendo jugo de manzana con una pajilla de plástico. Se veía gracioso.

—¡PAPI! —gritó emocionada dirigiéndose a un lado de la cama para abrazar con cuidado al rubio.

Chris devolvió el abrazo, con la cabellera rubia escondida en sus enormes brazos, notando sollozos leves. Natalie no ocultó su alegría de abrazar de nuevo a su padre, porque quizá haya estado dormido, pero ella no. Fueron días largos para la niña al separarse de la figura de héroe y protección que significaba ese fortachón. No tenía por qué disculparse de estar llorando.

—Te extrañé mucho, papá —dijo, sin soltarse de su brazo.

—Yo también te extrañé mucho, mi cielo —respondió Chris acercándose para darle un beso en la frente.

Pasaron unos minutos así antes de que Chris notara que Natalie no había llegado sola. Había un hombre alto, esbelto, castaño y de ojos increíblemente únicos tomando de la mano a un niño pelirrojo de lentes grandes. No tardó en hacer una conexión: "Debe ser el amigo de Natalie" pensó. Levantó el respaldo de su cama presionando un botón para poder estar a la altura. El hombre era el mismo que había visto cuando despertó. Quizá no estaba en ese momento libre de los sedantes al 100%, pero estaba totalmente seguro de haberlo visto cuando abrió los ojos, y por más raro que pareciera, su rostro le transmitía calma, incluso en ese instante… A pesar de ser un perfecto desconocido.

—Hola —saludó Chris de inmediato, ayudando a su hija a sentarse en la cama mientras. —Tú debes ser…

—Thomas William Hiddleston —interrumpió el inglés, extendiéndole la mano para saludarlo. —Un placer

Chris respondió el gesto, estrechando su mano izquierda sana. Algo se le figuró familiar en el tacto, como si hubiera sido un dejá vu. —Igualmente

Tom iba de la mano con su hijo, a quien acercó con un pequeño empujón para volverlo a presentar. —Quizá no recuerdes a Ben, es mi hijo

—Hola señor Hemsworth —saludó el pelirrojo

—Es mi mejor amigo, papá —aclaró Natalie, feliz. —Me invitó a su fiesta de cumpleaños hace unas semanas. Ahí lo conociste, y también al señor Hiddleston

Chris volvió a fijar su atención en Tom. Creyó notar un leve sonrojo, pero no le dio importancia; sin embargo, le intrigaba hablar con él. Si era cierto lo que Clara le contó, entonces él era el único que sabía cómo ocurrió el accidente y podría aclarar varias interrogantes sobre el lazo que tenían ambas familias, además del supuesto contrato con su compañía. Debió callar todas sus dudas en un segundo y aprovechó para intentar congeniar con el amigo de su hija durante esa corta visita.


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Al finalizar el horario vespertino, todos debían retirarse. Chris ya estaba en condiciones de comunicarse con el personal de enfermería si necesitaba algo durante la noche, pero no quitaba el hecho de que extrañaría cada momento estar con su hija y Clara, sobretodo su hija.

—Todo está bien, princesa —dijo abrazando a la pequeña. —verás que saldré pronto de aquí. Promete que vas a portarte bien en casa de Ben, y hazle saber al señor Hiddleston que le agradecemos mucho lo que ha hecho por nosotros

Natalie frunció el ceño. Sonaba raro que su padre fuera tan formal. —¿por qué no lo llamas "Tom" como siempre lo haces? Creí que eran amigos

—Cierto, cierto —respondió soltando una risa pequeña. —Somos amigos. Lo lamento, todavía tengo problemas para recordar

—No hay problema —dijo el mismo Tom. —Debe ser un shock enorme procesar tanta nueva información. Cuidaré de Nat, lo prometo. Quédate tranquilo

Chris creyó que la voz de Tom estaba quebrada, pero seguramente su imaginación le jugó una broma. Su rostro denotaba seguridad y calidez, disposición, altruismo y, amistad como tal, para darle la confianza de que Natalie quedaba en buenas manos. Su hija parecía feliz yendo a lado del inglés, incluso abrazándolo con ternura.

Los ojos aqua de Tom no abandonaban su encrucijada con los cerúleos de Chris. Todo parecía ir tan despacio, como si en esa habitación solo estuvieran ambos, como si todo estuviera en silencio como la primera vez. Tom entreabrió los labios, deseando tanto confesarle su pesar de verlo tan herido por su causa; deseando pedirle disculpas y jurarle que jamás soltaría su mano; deseando que si existía una segunda oportunidad, no miraría atrás.

Selló sus palabras en lo profundo de su corazón, despidiéndose de Chris, mientras Clara se encargaba de llevar a ambos niños a la salida del elevador.

—Recupérate, Chris

Fue lo último que escuchó el australiano. Estaría loco pero tenía la leve sensación de que la manera en la que Tom lo llamaba por su nombre, no podía ser de amigos… ¿Por qué le daba esa impresión?


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Cinco días de fisioterapia y test neurológicos, además de una enorme cantidad de visitas por parte de la familia Hiddleston, Scarlett y el doctor Cumberbatch, llegó la madrugada en la que Chris por fin saldría de su internamiento.

Era un jueves. Se había despertado una hora antes de lo usual, jugando con una pelota de espuma, pasándola entre sus manos; bebiendo de la botella de agua que había sobrado del día anterior; levantado de la cama para recorrer esos quince metros cuadrados de los que conocía cada esquina para sentarse de nuevo y suspirar. Trató de mirar un poco televisión, pero cada canal era más tedioso que el anterior. Bueno, no podía pedir mucho de la programación hospitalaria, sin embargo estaba extremadamente agradecido con el equipo que había atendido su caso y en el apoyo incondicional de la familia Hiddleston… Le habían comentado que el hecho de poder caminar era un milagro de la ciencia.

Cuando por fin dieron las 10:00 AM, entró el doctor Cumberbatch junto a Clara y Scarlett. En el corredor les había explicado los cuidados que debía tener Chris, pero se lo volvería a repetir al rubio puesto que era el paciente.

—Buen día —saludó. —¿Cómo se siente hoy?

—Yo diría que no podría estar más sano, doc

—Por supuesto, pero nunca está de más asegurarnos que todo marcha a favor de su recuperación.

Benedict anotó algunas cosas en el expediente y revisó la fuerza, los reflejos, la marcha, las funciones mentales superiores y otros ítems básicos para concluir que, efectivamente, Chris estaba en un estado de mejoría excepcional, lo suficiente para entregarle su alta. Finalmente levantó la vista, extendiéndole una hoja al australiano.

—Señor Hemsworth, lo que estoy entregándole es la hoja de su alta hospitalaria —comentó. —dejé apuntadas especificaciones sobre los ejercicios que debe continuar haciendo en casa, los medicamentos, la cita a la consulta externa conmigo y el ortopedista

—¿Tengo que quedarme con el cabestrillo y la férula todavía? —preguntó, aun incomodo por no poder mover completamente su hombro derecho

—Pierda cuidado. Se los podremos retirar la siguiente vez que venga a su revisión de rutina. Mientras tanto, me interesa que siga todas las instrucciones al pie de la letra conforme lo escrito

Después de lagunas formalidades y papeleo, Chris pudo vestirse a regañadientes con ayuda de Clara para poder dirigirse a casa. Estrechó su mano sana con el doctor Cumberbatch, saliendo finalmente.


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Scarlett se había ofrecido para conducir hasta su casa.

Al aparcar en la puerta, Chris fue el primero en entrar, llevándose una sorpresa muy grata al encender la luz y escuchar un estruendoso "¡Bienvenido a casa!" Por parte de una multitud de personas saliendo de sus escondites improvisados; entre ellos, compañeros de trabajo, Natalie y la familia Hiddleston. Gracias a las visitas de días previos, reconoció la mayoría de los rostros. Y vaya que había sido un recibimiento único.

—¡Bienvenido papi! —grito Natalie, corriendo hacia él.

Había volado serpentinas y confeti que nublaron un poco su vista, pero Chris logró abrazar a Natalie con la fuerza que le había faltado en días anteriores, mientras el barullo de todos por festejar su recuperación lo abrumaba; las palmadas en su hombro sano se triplicaron en un mar de rostros que apenas eran distinguibles; diálogos que lo saludaban interminablemente y frases de aliento con perseverancia sumamente estúpida, según su juicio. Agradecía la presencia de todas esas personas, o eso debía ser porque Clara los trataba con mucha naturalidad, y él confiaba en la nana.

—Propongo un brindis —se escuchó la voz fuerte y excéntrica de un colega de Chris, Robert Downey Jr., quien llevaba una copa de champagne en su mano derecha, pero sin duda no era la primera que tomaba ese día. —por el fortachón Hemsworth, tú suertudo hijo de pu-

—Gracias, Robert, gracias —lo interrumpió enseguida el rubio. Tenía una noción de quien era Robert, pero todavía le faltaba interactuar más para entender su sentido del humor. —En realidad, le agradezco a todos por su apoyo y por venir a hacerme sentir menos olvidadizo —bromeó.

—A la salud de Chris —intervino oportunamente Robert, alzando el recipiente.

Como el australiano no podía beber alcohol, Clara le extendió un vaso de agua mineral para brindar junto a los demás, observando como los demás lo acompañaban en el brindis. Divisó en medio del enorme sofá de su sala a la familia Hiddleston. Reconoció a Tom tomando de la mano a su hijo, le pareció que era muy elegante con ese chaleco informal y el suéter café combinado con el pantalón de encaje gris por lo que no dudó en acercarse a saludar.

—¡Chris, muchacho! —exclamó el abuelo, abrazándolo con cuidado. —Quien te viera, ya puedes caminar en tus dos piernas. Lástima que tienes ese molesto cabestrillo o te invitaría hoy mismo a un partido de cricket

—Oh James, basta —interrumpió la mamá de Tom. —El pobre chico tiene problemas para mover su brazo y tú hablando de cricket. No seas imprudente. Disculpa Chris, a todos nos alegra que hayas salido del hospital, siempre me ha dado un pavor inexplicable a estar en una de esas camas., pero lo importante es que sigues entre nosotros

El rubio sonrió de lado. Le sorprendía que aquella familia lo tuviera en tanta estima, y por otro lado sentía culpa por no corresponderles el afecto a la misma proporción recibida, por lo menos contaba con tiempo para hablar con los miembros para esclarecer lo ocurrido en los últimos tres meses, especialmente con Tom.

—Iré a ayudar en la cocina —mencionó Sarah, levantándose de la silla

—Oh, no te molestes —trató de detenerla

—No es molestia —respondió la mayor. —Estás convaleciente, déjate consentir un poco. Emma, ¿vienes?

La menor de los hermanos asintió con la cabeza, pero antes de dirigirse a la cocina, tomó a Ben de la mano coqueta.

—Ben, ¿quieres ir a jugar con Natalie? —preguntó al mismo tiempo que volteaba hacia Tom, guiñándole un ojo de manera cómplice. Tom tuvo un sonrojo pasajero. Olvidó que su hermana ya sabía de su pequeño secreto.

—Ah, mamá, papá —llamó el inglés a la pareja. —Discúlpennos, necesito unas palabras con Chris

Diana y James se encogieron de hombros, pero dejaron a los jóvenes retirarse a la terraza que se hallaba en el segundo piso del conjunto. Obviamente los que notaron esto, Clara y Emma especialmente, tuvieron una sensación de nervios. Después de todo, Chris no recordaba nada de lo ocurrido con Tom.

Al llegar a la terraza, Tom se quedó de pie frente a la baldosa que cubría esa especie de balcón, admirando la belleza de la ciudad de Londres por la tarde. Chris cerró la puerta corrediza detrás, sentándose en la silla de playa a su derecha. Le pareció curioso el modo del inglés para iniciar una conversación, quizá necesitaba privacidad por timidez. Sin embargo, no se quejó porque deseaba un poco de silencio ahora.

—¿De qué querías hablar, Tom? —preguntó.

El aludido giró sobre sus talones, recargando su cintura en el borde del balcón, mirando dudoso a Chris. Ahí estaba, frente suyo, pero su mente le estaba jugando pesado porque parecía tener miedo de expresar todo lo que debía ser expresado. Su boca se había secado con tan solo pensar en un probable rechazo al insinuar lo que había ocurrido entre ellos. Sí, podía decir que eran pareja, pero nunca obligarlo a seguir ese prescrito. Además, seguía siendo mentira para él, porque gracias a esa noche en el restaurante, Chris había perdido parte de su memoria. Y a comparación de otros pacientes, él tuvo suerte en solo tener esa afección.

A pesar de sus cuestionamientos, ya no había justificación para dudar.

—La noche del accidente, yo estuve ahí

Chris se levantó, interesado por completo, situándose frente al castaño. —¿Tú sabes qué ocurrió? Pues dime, por favor. He tenido esa duda por días

—Sí, lo sé —respondió alzando su vista. —Me invitaste para celebrar que el contrato sobre la feria de lingüística que organizó la universidad de Cambridge había sido un éxito. Digo, que ya tenemos el pase directo para poder realizarla, además del aval de los coordinadores, los directivos y otras autoridades. Estábamos en este restaurante italiano discutiendo los últimos términos sobre la feria, incluso dijiste que te gustaría ayudar con la puesta en escena de la obra de teatro…

—Tom, sí, mi socio me puso al tanto de los proyectos que tengo pendientes y el próximo en fila es el nuestro —interrumpió inquisitivo. —pero eso no explica cómo terminé siendo golpeado por casi 4 toneladas de hierro y titanio

Tom hiperventiló, tanto que sus nudillos temblaron. —Lo lamento, no estoy sincero completamente. Esa cena si tenía la intención de celebración, pero la segunda intención era una cita

—¿Una cita? —cuestionó Chris. —¿Una cita entre tú y yo?

Tom asintió con la cabeza, pero se calló. Pensaba que podría confesarse en ese momento, pero jamás creyó que intercambiar diálogos con Chris se volvería tan difícil. En lugar de darle una sonrisa, su semblante era de desconocimiento, extrañeza y total incredulidad, ¿cómo podía dolerle tanto que no sonriera? Su rostro comenzaba a arrugarse con amenaza de llorar.

No.

Si lloraba ahora, jamás podría enfrentarse a la realidad como había prometido hacerlo el mismo día que Chris despertó. Si no arriesgaba nada, su vida sería demasiado miserable. Si el rechazo estaba destinado a suceder, por lo menos quería verlo con sus propios ojos y escucharlo de boca del australiano.

Determinado, acortó distancia entre ambos, sin perder de vista los irises azules del rubio.

—El día que nos conocimos, la auténtica primera vez, fue durante la fiesta de cumpleaños de mi hijo —empezó. —no tienes por qué creerme, pero desde que cruzamos miradas, sentí que íbamos a conectar de una forma peculiar, y más tarde me sorprendí de haberlo anticipado porque me besaste, sí, lo hiciste Chris, me besaste. No solo ese día, sino en todas las oportunidades que tuviste: en mi cocina, en mi sala, en el jardín, aquí mismo donde estamos parados cuando vine a dejarte una lista de invitados para el evento, en el auto, en medio del parque… Prácticamente gritando que yo era tuyo, siempre enviando mensajes para que no me olvidara de tu presencia, volviéndome loco

Al decir lo último, Tom tenía voz quebrada, pero no se dejó amedrentar por la mirada insólita del rubio. Sacó su teléfono del bolsillo y le mostró prueba fidedigna de los mensajes. No había mentira en ellos pues el número pertenecía a Chris, las fechas coincidían con los tres meses de supuesta convivencia, sus palabras eran precisas y sin tapujos, incluso en medio de esos mensajes había fotos de Natalie cuando era bebé; otras de Ben con Tom, de ambos padres con los niños, y una muy peculiar: una foto de Chris y Tom sonriendo a la cámara. Por el ángulo, quien la tomó fue el propio Chris.

El australiano hizo un gesto para implícitamente pedir el teléfono y corroborarlo por cuenta propia. Se leía: "Te llevaré una flor a tu trabajo, a menos que me dejes darte un beso"; "Disculpa, fue inevitable abrazarte"; "Hoy pensé en ti al pasar frente al BigBen, ¿entiendes? Por Ben jeje"; "Siempre me quedo con más ganas de mirarte un poco cada día"; "Tus ojos son perfectos"; "Un día haré que seas tú el que tome la iniciativa de besarme"; "Verte es lo mejor que puede pasarme durante el día". La lista seguía y seguía.

Devolvió el aparato y fijó sus orbes en Tom. Era demasiado para asimilar en tan pocos minutos. Quiso recordar cuándo escribió todo eso. De verdad intentó buscar en sus memorias, pero nada, solo había un hueco negro cubriendo todo en las semanas pasadas. ¿En serio no podía recordar algo tan significativo? Porque si Tom era el causante de tales sentimientos, no debería ser un llano flash en su mente, debía ser la persona más importante para él… O por lo menos eso daba a entender los mensajes. No estaba loco, Chris mejor que nadie reconocía cuando se sentía atraído hacia alguien, solo que con Tom no era igual. Miraba en sus aqua a un buen amigo, solo eso.

—¿Qué clase de relación teníamos exactamente? —preguntó.

—No lo sé —suspiró el inglés. —Aquella noche del accidente intentábamos averiguarlo. No, no hicimos nada físico, por si te lo preguntas

No tenía sentido para Chris. Cada respuesta era más confusa que la anterior, no figuraban las expresiones de Tom con lo que supuestamente ocurría entre ellos. ¿No le agradaba desde un comienzo? Después de todo, los mensajes de Tom eran cortantes y secos, como si intentara evadirlo, y aun así su rostro era de desolación. Recordó cuando despertó en la cama del hospital, cómo Tom estuvo a punto de huir de la habitación al pedirle que se identificara ante él. Había sido, sin duda, un impacto si albergaba sentimientos.

Chris bajó la mirada y examinó las facciones inglesas. No poseía sutileza en sus actos, así que decidió acelerar las ó su mano sana en el pecho de Tom, arrugando el chaleco para acercarlo con brusquedad y besarlo. Sus labios impactaron secos, pero el bálsamo labial anti-grietas que usaba el inglés lo suavizó, no era un beso tierno como los recordaba Tom pero poseía autoridad. Chris abrió más su boca para profundizarlo y buscar en su inconsciente si sus labios, guiados por el tacto, podrían darle pistas sobre sus sentimientos o ayudarle a su cerebro a conectar y llevar la chispa del recuerdo. No lo cortó de inmediato, porque genuinamente le agradaba, se deleitó unos segundos con el aroma que desprendía Tom hasta finalmente dejar viajar su lengua… Se le hacía familiar la sensación, pero continuaba insuficiente para revivir algo nítido.

Rompió el beso tan brusco como lo inició.

—Tom, dime qué coño pasó esa noche —atinó a decir, antes de apartar la vista y pasar su pulgar sobre el labio, limpiando parte del bálsamo que quedó en ellos.

La clave tenía que estar en ese único suceso sobre el accidente, estaba seguro. Si escuchaba la historia completa, quizá…

—Prometo decirte, pero antes quiero que me prometas algo —habló con firmeza. —Sí, es descortés y desconsiderado, pero de verdad te necesito ese lado profesional tuyo en el festival de lingüística. Al finalizar te diré qué pasó esa noche

Tom no entendió su motivación para responderle de esa forma. Quizá aferrándose más a ese simple acto podría conservar contacto con el australiano, porque si le daba toda la información que exigía, algo le gritaba que sería el final de todo. Por eso deseaba prolongarlo, solo unos días más…

—Si después de eso deseas que pretenda que nada pasa entre los dos, lo haré y no tocaré el tema nunca jamás —continuó. —Solo…

—De acuerdo —respondió Chris. —¿Tengo tu palabra?

Tom no pudo evitar preguntarse a sí mismo si era correcto haberse besado a costa de las memorias del australiano.

—Sí, lo juro


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Wow, me tomó un rato hallar la mejor manera de hacer encajar los sentimientos de ambos.

Gracias por leer hasta acá. Espero que no se depriman tanto como yo jeje

Hasta el próximo capi!