Hola, ahora sí creo que lo traje a tiempo :P

Gracias por los reviews y les aclarare algunas cosas.

Ichigo, Rukia y todos los de su generación en este momento tienen 18 años, Karin y Yuzu tienen 14 años, Byakuya tiene 28 años, Kon 25 años, Hiyori y Shinji 27 y 30 años respectivamente. Y no, Ichigo no estaba en el bar cuando Tatsuki e Ishida recibieron la noticia del nacimiento del bebé. Por cierto hasta el momento Karin y Byakuya aun no desarrollan sentimientos el uno por el otro, y en el siguiente cap habrá un Time-Skip de 9 años, que es cuando la trama tendrá su carga de emociones y romance al por mayor. Si hacen cálculos Karin ya no será más una menor de edad. Si habrá Ulquihime.

Aclarado esto, les dejo el cap de CM.

Disfruten!

Declaimer:

Bleach NO es de mi propiedad, es del perezoso de Tite Kubo al que más le vale hacer canon el Ichiruki luego de tanto tiempo sin darnos nuestro amado manga.

La canción Antes que al mío es de los Claxons.


.

.

.O.o.O.o.O.o.O.o.O.

Cuando Madures

Capítulo

IX

Antes que al mío

Yo prometo tomar lo que venga
y convertirlo en brillo.
Y siempre cuidar a tu corazón, antes que al mío.
Antes que al mío

Espero no sea tarde
para recordarte,
que tú eres lo más importante.
Espero no estar a destiempo
o se me haya ido el momento.

-Los Claxons.

.O.o.O.o.O.o.O.o.O.

.

.

El sol golpeó con sutil gentileza sus facciones, apretó los parpados no muy dispuesto a dejar que su sueño lo abandonara en medio de tan maravillosa epifanía. Un delgado dedo le picó la mejilla, manoteó para quitar a quien estuviese molestándole tan temprano, más esa persona siguió insistiendo; rebuznó y por fin se levantó del mullido sitio donde había estado dormido desde hace como 3 horas. Se preguntó qué hora seria, quizás las 9 o 10 de la mañana, ciertamente el tiempo era muy incierto en una situación de ese estilo.

—Buenos días Kon—saludó por lo bajo Rukia.

—Buenos días Rukia-chan, ¿Cómo te sientes? ¿Aun te duele?—se enderezó en la orilla de la cama del hospital, estaban en la habitación 543 donde llevaron a la Kuchiki para que descansara luego del parto.

El cual había sido toda una faena, más difícil y doloroso que una guerra, el alumbramiento había durado alrededor de 7 horas luego de que rompiera fuente, bastante rápido, pero no menos doloroso. Aun le daba escalofrió recordar a la morocha gritando, maldiciendo y llorando por tan tortuoso proceso. Pero por lo menos había podido dormir plácidamente luego de que todo terminara y llevaran al bollito a los cuneros.

—Estoy bien, sólo duele un poco—trató de acomodarse y el castaño se apresuró en ayudarla.

—No te esfuerces mucho ¿Vale? Hace poco que el bollito salió, no es muy conveniente—ella le sonrió cansadamente.

—¿Rukia-nee?—musitó con somnolencia la mediana de los Kurosaki alzándose del sillón que estaba junto a la ventana. Tenía los azabaches cabellos todos revueltos y el saco de Byakuya reposaba sobre ella. Habían llegado una hora antes de que el parto terminara en una carrera digna de ser recordada por la historia.

—Karin, ¿Dónde está Nii-sama?—inquirió.

—Salió hace unos segundos a hacer una llamada, creo—bostezó.

—Oh, ya estas despierta—exclamó la Arizawa ingresando al cuarto seguida de Ishida que cargaba un arreglo de flores entre sus brazos con listones y globos enunciando un felicidades muy colorido. Ellos llegaron poco después de que subieran a Rukia a la habitación.

—¿No deberías descansar más?—preguntó Uryu dejando el arreglo en la mesita junto a la cama.

—Estoy bien así, quiero verle ya—la emoción se coló a través de su iris. Los presentes sonrieron.

—Es tan mono Rukia-chan, se parece mucho a ti—aseguró el pelicafé.

—Te has lucido Rukia-nee—secundó Karin.

—¿Quieres que vaya a buscar a la enfermera?—sugirió la karateka.

—Por favor—su amiga asintió y salió por el lumbral.

—Buenos días—saludó serenó el mayor de los Kuchiki entrando después que Tatsuki se hubiese ido—, ¿Cómo te sientes?—sus orbes cayeron en la figura de su hermana.

—Estoy bien Nii-sama, gracias por venir.

—Ni lo menciones—restó—, por cierto, Shiba dijo que vendría más o menos al medio día—informó.

—Ya veo.

—Oye Kon, ¿Aun te duele la mano?—inquirió con sorna la menor de todos, el castaño se sonrojo mientras miraba fijamente el vendaje en su mano derecha, consecuencia de sostener a Rukia mientras aguantaba los dolores al pujar.

—Un poco—confesó desviando la mirada de los ojos apenado de Rukia.

—Lamento eso Kon, no media mi fuerza en ese momento—se disculpó.

—Que va, sólo es un esguince—pero eso lejos de confortarla la hizo sentirse mal por haber herido a su amigo.

—He leído que las mujeres adquieren tanta adrenalina durante el parto que su fuerza aumenta un 70%—comentó el de lentes acomodándose el armazón con el dedo índice.

—¿En serio?—Rukia alzó las cejas.

—Claro, si no fuera así no podríamos dar a luz—sumó la Kurosaki—, pero en serio Rukia-nee, no sabía que eras capaz de decir tantos insultos en una sola frase—fingió sorpresa.

—No es algo de lo que me sienta orgullosa Karin—murmuró cohibida.

—Oye, pasaste algo del tamaño de una sandia por un lugar que mide esto—hizo un ademan con las manos para simular una distancia de casi 10 cm—, no es para menos.

—Debido a esto respeto más a las mujeres—Kon suspiró—, gracias al cielo soy hombre—mentalmente Ishida y Byakuya compartieron su opinión. Definitivamente era mucho mejor ser hombre, ya que no tenían que pasar por semejante dolor.

—Rukia—llamó Tatsuki mientras volvía a la habitación, su rostro estaba sonriente—, alguien tiene ganas de verte—Byakuya e Ishida se movieron al lado donde estaba Karin para dejar que una mujer que usaba un uniforme blanco pasara por la puerta y caminara hacia Rukia con un pequeño bulto envuelto entre unas sabanas amarillas.

—Buenos días Kuchiki-san—saludó la enfermera inclinándose hacia la morena—. Muchas felicidades, ha dado a luz a un niño precioso—destapó con cuidado la preciada carga y en cuanto los orbes de la morena observaron el pequeño rostro de ese ser que hasta ayer llevaba dentro suyo sintió ganas de llorar y rezar por la felicidad que la embargaba.

—Te dije que era monísimo—Kon se acercó por el flanco derecho.

—Ha sacado el pelo negro—apuntó Uryu.

—Qué pequeño—susurró para sí mismo Byakuya, Karin lo miró sonriendo ladinamente al pararse junto a él.

—Se honesto Byakuya-san—lo codeó—, también piensas que es súper lindo nuestro sobrino—molestó al mayor, mas este soló se aclaró la garganta no dispuesto a que esa descarada Kurosaki lo perturbara.

—Es muy hermoso Rukia, realmente es como un muñequito el bollito—expresó la karateka. Rukia observó detenidamente las facciones del rostro de su hijo, el niño de sus sueños estaba muy lejos de ser lo que tenía ente brazos en ese momento; piel melocotón, con un poco de cabello azabache brotando en su coronilla, pestañas largas y mejillas regordetas, sus ojos estaban cerrados y las manitas las tenia hechas puño, llevaba puesto un mameluco blanco.

—Por fin nos conocemos bollito—murmuró con cariño—, soy tu mamá—agregó besándolo en la mejilla, disimuladamente uno a uno los presentes se fueron para dejarlos a solas.

—Bajaré a comer algo Rukia-chan, enseguida regreso—avisó Kon antes de partir, la azabache movió la cabeza a modo de afirmación.

—No sabes cuánto esperé para conocerte Ruichi—musitó besando la pequeña cabecita.

—¿Ruichi?—cuestionó una voz entrando a la habitación, Rukia clavó su mirada en la figura de Unohana, quien la observaba con una tranquila sonrisa esbozada en sus labios.

—significa "El único" viene del francés Le Une. Es el único para mí y tiene el kanji de luz, porque él es mi única luz—explicó volviendo a mirar a su hijo.

—Muy bello nombre le has puesto—caminó tres pasos hacia ella—, ha nacido sano como ves, pesó 3.476 kg y mide 43 cm, además Kuchiki-san—su tono se hizo serio, la morena la miró expectante—, hay otra peculiaridad con la que ha nacido este niño.

—¿Qué quiere decir?—el corazón se le detuvo en ese momento ¿A qué se refería Unohana? Si ella había dicho que Ruichi nació sano.

El bebé se movió inquieto entre los brazos de su madre, señal de que despertaría.

—Véalo por usted misma—dijo haciendo un movimiento con la cabeza, Rukia esperó pacientemente con el corazón en un hilo.

¿Qué podría ser? ¿Sería malo? Y cuando Ruichi abrió los ojos todo le quedo claro. Oh, que particularidad tan especial había delante de ella.

—Sus ojos…—susurró alzando las cejas, observó a la galena—, ¿Esto es normal Unohana-san?

—Algunos bebés sufren cierta alteración genética durante el desarrollo fetal, no se preocupe la heterocromía no es algo que vaya a afectarle en su salud, aunque para estar seguros que no está asociada a alguna enfermedad le haremos exámenes más adelante, pero por el momento no es nada alarmante—le palmeó el hombro—, en mi opinión personal Kuchiki-san, son muy hermosos.

Ambas mujeres centraron su atención en los ojos del infante, el izquierdo era color ocre, igual al tono que tintaba la mirada del que fuera su progenitor, mientras el derecho era del mismo tono violáceo que tenia ella en sus ojos. Mitad ella, mitad Ichigo. Algo que ellos dos habían hecho juntos por amor y que estaba representado en ese par de orbes que la miraban.

Sonrió.

—Sí, son preciosos.

Por fin tenía entre sus brazos a su única luz entre las tinieblas.


El tiempo era alguien que sin misericordia seguía su rumbo sin interrupciones, pronto fueron dos días desde el parto de Ruichi, Ishida y Tatsuki se habían quedado un día solamente debido a que aun faltaba por lo menos unas 2 semanas para el receso de medio trimestre que les otorgaban en sus respectivas escuelas; Karin y Byakuya habían tenido que irse unas cuantas horas después de que Rukia se reuniera con Ruichi, porque la primera estaba de "visita" con una amiga y no podía quedarse otro día, mientras el moreno tenia algunos pendientes en la empresa. Rukia les estaría eternamente agradecida por haber tenido su apoyo durante ese difícil momento de su vida. Miyako y Kaien habían llegado cerca de la 1 de la tarde como dijo Byakuya y Shiba se la había desvivido diciendo a su prometida que mientras más rápido se casaran más rápido tendría unos cuantos retoños que serian amigos del pequeño Ruichi. El cual se la pasaba bastante tiempo dormido y con los ojos cerrados, como si supiera que sus quinqués eran una peculiaridad bastante llamativa y quisiera mantener en secreto sus hermosos orbes dispares a los ojos curiosos de sus tíos. Dos días en los cuales Rukia se recuperó satisfactoriamente y sin ningún problema fue dada de alta esa misma mañana.

Kon aparcó el auto frente a la casa amarilla y velozmente se bajó para abrirle la puerta a la morena, quien aun sentía extraño el vientre porque ahora se encontraba vacío y sin nada vivo que se moviera dentro de ella, de alguna forma era melancólico. Aspiró el aire que le otorgó una sensación dulce y cálida; estaban regresando a casa como una familia, una familia por fin. Giró sobre su propio eje y ansiosa abrió la portilla trasera para comenzar a desinstalar el portabebés, que vaya por Dios era más difícil que un examen de cálculo diferencial. Mientras ella peleaba con las correas y seguros que mantenía a salvo a su pequeño dormilón, el castaño se adelantó para abrir la casa y despejar el camino

—Tengo una sorpresa para ti Rukia-chan—informó el Kaizó haciéndose a un lado y manteniendo abierto el portón para que Rukia pudiese entrar.

—¿De verdad? No te hubieras molestado—maniobró para colocar a Ruichi en uno de los sillones de la casa, admiró cada rincón del lugar y se sintió un poco contenta, porque al fin Ruichi estaba en casa.

—Para nada. Lo hago de corazón—le sonrió y acarició los cabellitos del bebé—, además no es solamente para ti, es también para este pequeño ¿Puedo sacarlo?—miró cálidamente a Ruichi, de verdad que se parecía a Rukia, nada más verle la cara lo ponía contento, incluso podía confesar que cuando lo escuchó llorar por vez primera, clamando al mundo que estaba vivo, le saltaron las lágrimas sin poderlo evitar. No sólo Rukia llevaba esperándole todo ese tiempo.

—Claro—aseguró esbozando una ligera curva de labios. Kon tomó a Ruichi con una delicadeza tal que parecía que aquel diminuto ser tan frágil podría romperse.

—A qué tienes ganas de ver tu sorpresa Ru-chan—cantó acunando el cuerpecito con sumo cuidado. Ruichi se movió inquieto y lentamente abrió los ojos, Kon aun se sentía sorprendido del color de estos, aunque eso no restaba que pensara que eran muy bonitos.

—¿Ru-chan? De verdad que te encanta poner motes Kon—rió por lo bajo Rukia, el castaño se sonrojó.

—P-pues es u-una maña

—Lo sé, lo sé—movió la mano en un ademan para quitarle importancia. Kon asintió y luego se dispuso a emprender el camino hacia las escaleras, la morena le siguió en silencio y Ruichi al parecer volvió a echarse dormir. Subieron con parsimonia cada escalón y luego giraron hacia la izquierda en el pasillo pintado de un tono índigo.

—Espero que te guste—deseó en un susurro antes de abrir el pestillo y amagarse a un lado para que la chica pasara. El Kaizó contuvo el aliento por un par de segundos mientras los orbes violáceos y sus pequeños pasos se adentraron en el cuarto.

Rukia arqueó las cejas con sorpresa, su boca formó una pequeña y delineada "o" dio tres pasos y levantó una mano para tocar el muro frente a la puerta, donde se extendía por toda la pared un gigantesco árbol pintado, cada rama tenía un fruto y los frutos en si eran marcos de fotografía esparcidos por todos los recovecos de la pintura adornado con pájaros y demás ornamentos que le daban una imagen muy adorable. Los marcos mostraban fotografías hechas por Kon, iban desde los primeros días de Rukia en Kioto, algunas donde se apreciaban el avance del embarazo y las visitas de sus amigos, entre otras; en el centro y siendo un poco más grande que las demás, estaba la más reciente donde podía verse a Rukia cargando a Ruichi en el hospital, tomada hace exactamente 1 día.

Una amplia sonrisa se extendió por sus labios y con un dedo acarició la imagen, luego pasó a tocar otra foto muy parecida sólo que en ella aparecía Kon.

—Gracias—se giró hacia él y sintió que algo húmedo se caía por su mejilla, el castaño se acercó a ella y con un minucioso cuidado le quitó la lágrima rebelde de su pómulo. Cuidando no despertar al pequeño pelinegro inclinó la cabeza y besó el pelo de Rukia, mientras que pasaba el brazo por la espalda de ella para abrazarla.

—Yo quiero ayudarte Rukia-chan, si me lo permites, deseo ser parte de esta familia y de tu vida tanto tiempo como este vivo en este mundo—hizo unos pequeños círculos con el pulgar en el hombro de la Kuchiki al tiempo que utilizaba todas sus agallas para hablar.

—Ya eres parte de mi familia—susurró.

—Pero, soy tan ambicioso que es otro el puesto que quiero, quiero ser tu soporte, tu amigo, tu compañero. Quiero eso y más Rukia-chan, quiero todo de ti y quiero poder amarlos a ambos plenamente.

—Yo…

—Antes de que contestes, permíteme terminar. Deseó estar a tu lado y ver crecer a Ru-chan. Te amo a ti y lo amo a él como si fuese mi propio hijo—continuó y escondió el rostro en el hueco entre el cuello y hombro de la chica.

Mutismo.

Rukia pensó concienzudamente sus palabras, indudablemente estaba feliz por los sentimientos de Kon, lo quería, en verdad que lo hacía. Pero, no era de la forma que él esperaba, con una mano temblorosa le acarició el pelo y recargó su cabeza contra la de él. Cómo desearía poder manipular sus propios sentimientos, obligar a su corazón amar a Kon tanto como amaba a Ichigo, sin embargo ahí la cuestión, Ichigo aun estaba incrustado en su pecho, como ruñendo los recovecos de su alma y gruñendo a todo aquel que quisiera quitarle su lugar, arrojándolos a otras partes de su corazón. No era correcto seguir queriéndolo, pero no era algo que ella controlaba.

—Lo siento—musitó al fin, rompiendo el silencio que se había establecido entre ambos por un buen rato—, no estoy lista aun, lo siento y gracias por quererme—le dio un beso en la sien. Kon abrió los ojos y sonrió con tristeza.

—Vale—respondió apartándose y cogiendo la mano de Rukia con fuerza—, lo aceptare por esta ocasión. Pero no soy alguien que se rinde fácilmente—informó mirándola directamente a los ojos—. Algún día haré que tu corazón me pertenezca y juro que lo cuidaré antes que al mío. Tu corazón y el de Ruichi, ambos, yo prometo que los protegeré con todas mis fuerzas—deposito un ligero beso, como una caricia al alma, en la mano de Rukia.

Se miraron y Rukia agradeció a quien fuera el responsable de poner a Kon en su camino, era un hombre increíble.

—Gracias, eres el mejor Kon—el rió por lo bajo.

Ruichi se despertó y comenzó a quejarse, tenía hambre. Rukia lo tomó entre sus brazos y se sentó en la mecedora para darle pecho, Kon se volteó para darle privacidad y cuando la pelinegra le dijo que podía virar se sentó en un banquillo que estaba cerca de la cuna. En verdad que eran como una familia. Lo eran, pero un poco diferente.

Una familia que tanto ella como él protegerían con uñas y dientes de ser necesario.


Salió de la casa escuchando lejanamente como Yuzu se despedía de él, sus orbes ocres miraron con desinterés el gris tintado en el cielo. El mundo era tan monocromático como él mismo, se echó a caminar por la calle completamente vacía, que irónico, tanto que quiso reírse de la broma que la vida le planteaba en ese momento, puesto que el sendero estaba igual de solitario que él. Tan sólo y sin nada que realmente le impulsara a regresar a ser como él de antes. se detuvo un segundo cuando un aire fresco le rozó las mejillas y su pecho se oprimió de manera extraña, como hace 3 días. Exactamente a la 5:06 am se había levantado muy exaltado de su cama, por un sueño tan raro que ni el mismo era capaz de pensar que tuviera sentido; era Rukia, gritando y llorando por algo, luego el llanto de un recién nacido. Acredito eso a la falta de sueño, ya que ese día tendría un examen teórico de inmunología y se puso a estudiar casi toda la noche.

Escuchó un ligero bufido y alzó la vista para ver la figura de su hermana Karin frente a él. La morena estrechó la mirada y desvió el rostro hacia otro lado.

—Karin ¿Vas a casa?—preguntó metiendo las manos en su gabardina. La Kurosaki volvió a mirarlo, analizando la desgarbada imagen de su hermano, seguía siendo delgado y alto como siempre, pero los cabellos le habían crecido un montón y tenía una ligera barba de tarde.

—No, voy al mercado por eso ando por aquí Ichi-nii—pronunció con alto sarcasmo—, naturalmente que voy a casa, ¿A dónde vas tú?—escupió de mala gana. Ichigo no se molestó en averiguar por qué tanto desprecio de su parte.

—Voy a hablar con mamá—respondió con simpleza. Ella alzó las cejas y su dureza se ablando un poco.

—Ah, vale. Mándale mis respetos—exclamó.

—Hmm—asintió y reanudo su camino—, hasta la noche—se despidió.

Karin lo miró fijamente hasta que desapareció por una de las calles del vecindario. Clavó los ojos en el suelo y apretó los labios. Ichigo se merecía todo lo que le pasaba por imbécil, pero como su hermana deseaba que algún día pudiese encontrar consuelo. Así mismo recordó que en un futuro lejano o cercano él se enteraría de la existencia de su hijo.

¿Qué haría Ichigo al saberlo?

No podía estar segura.

El pelinaranja se aclaró la garganta mientras se ponía el gorro de la gabardina para cubrirse tan siquiera un poco de la lluvia que comenzó a caer de improvisto. Tomó el bus y se sentó hasta atrás esperando sin prestar mucha atención a la radio del vehículo publico su parada. A penas fue consciente del muro del cementerio se levantó para después bajarse y comenzar a andar hacia las rejas del camposanto, se deslizó entre las tumbas mostrando respeto con una inclinación a uno que otro funeral que se estaban orquestando en la necrópolis. Luego de unos minutos se detuvo frente a una cripta cincelada en mármol blanco y enunciando el nombre de la que fuera una vez el centro gravitacional de los Kurosaki: Kurosaki Masaki.

Dirigió una profunda reverencia a la lapida de su madre, se hincó y encendió unos inciensos, seguidamente unió sus manos en una pose de plegaria y cerró los ojos.

—Ha pasado un tiempo mamá—murmuró abriendo los ojos con posma—, sé que no debería molestarte con esto porque te preocuparías. Pero he sido un estúpido y lo reconozco, me llevo el premio al mayor idiota del planeta con creces—continuó—. Mamá, la extraño mucho, la enana simplemente se esfumo de la faz de la tierra y yo soy el culpable de eso—apretó el puño y agachó la cabeza—. Mamá ¿Qué hago? Estoy tan perdido con esto que ya no sé cómo salir; mamá ¿Cómo puedo continuar con la velocidad del mundo sin ella? ¿Cómo se puede reparar el daño que hice?—su voz se desquebrajo por la frustración—, mamá ¿Cómo puedo volver a encontrarla?

Guardó silencio y las gotas que seguían cayendo lo golpeaban reiteradamente con calma. La lluvia lo cubría, lo envolvía y se colaba por la grietas de su tonto corazón infantil. El mausoleo escuetamente se mantuvo imponente, sin ninguna forma de que pudiera responderle a sus palabras. Por más que lo esperase, la mujer que fue su guía por pocos años y que seguramente le protegía y observaba desde donde se encontraba, nunca podría responderle, darle algún consejo o señal.

Estaba sólo.

—Puedes coger una pulmonía amigo—musitó un soprano a sus espaldas, más el ojiavellana se mantuvo en su misma posición sin girarse para mirar a la mujer que le hablaba. La chica suspiró y deslizó su paraguas por el hombro del Kurosaki para que se quedara atorado y lo cubriera de la lluvia—, ¿Sabes? La vida no es tan mala, como para que llores así—se dio la vuelta. Ichigo no se inmutó—. El mundo sigue hacia delante como el sol y la luna siguen su destino de salir en el día y por la noche.

—Pero la luna se ha ido—masculló aun agazapado.

La desconocida viró medio rostro y lo observó sorprendida de que le respondiera.

—La luna no se va, sólo descansa. Un día de estos regresara, estoy segura—sonrió.

—¿Y si no?

—Lo hará. Te lo aseguro amigo.

—¡Senna, ven ya que el tío Shinichirou nos llevara a casa!—gritaron a la lejanía.

—¡Ya voy!—respondió la muchacha—, adiós amigo—se despidió y comenzó a correr. Ichigo volteó la cabeza apenas un cuarto para mirarle la espalada a esa chica de cabello negro violeta, quien desapareció junto a otra mujer por una de las escaleras.

"—Un día de estos regresara."

Deseaba confiar en esa pequeña frase que la tal Senna le había dicho. ¿Podía aferrarse a esa creencia? Rukia algún día volvería y él podría disculparse correctamente con ella y estar a su lado reconstruyendo lo que había destrozado con sus propias manos ¿Podía conservar esa esperanza?

Alzó la cabeza y sus ojos tenían un par de riachuelos corriendo desde la comisura de sus quinqués hasta e terminar perdiéndose en su pecho, agua y lágrimas combinadas en su cara.

—No dejare de buscar—prometió, observando la tumba de su madre. Agradeció mentalmente a esa chica que le dio su paraguas—, algún día la recuperaré mamá. Lo prometo—se levantó y ofreció otra reverencia—. Vendré en otra ocasión. Gracias mamá.

Avanzaría hacia delante, sólo porque algún día volvería a encontrarla y cuando lo hiciera la cuidaría como el tesoro que siempre fue, intentaría con todas sus fuerzas reparar el daño.

Protegería su corazón incluso más que el suyo propio.


Karin se movió de posición, estaba recostada en el sillón de la oficina de Byakuya, y lanzó un gruñido antes de dejar caer el libro de obras literarias tradicionales de la era Shōwa* contra su cara. Las gotas de agua golpeaban el cristal de la amplia ventana que estaba detrás del moreno mayor, quien la miró hacer aquello. Era uno de esos días en que no había tanto trabajo y la azabache simplemente había llegado para, según ella, matar el tiempo puesto que se topó con su hermano antes de llegar a casa y por alguna razón no quería arribar en su hogar.

—Maldita sea—masculló quitándose el epitome y dando un vuelco en el sofá para terminar bocabajo.

—¿Tan difícil te resulta esa lectura Kurosaki?—inquirió el Kuchiki, ella bufó.

—No me molestes Byakuya-san—pidió aun con el rostro escondido. Byakuya la miró serenamente.

—¿Pasó algo?

—No realmente—desquitó—, ¡AH! Maldición—exclamó levantándose.

—Deja de armar alboroto Kurosaki, yo si tengo trabajo—regañó estoico.

—Lo sé, lo sé. Siento los inconvenientes gran Kuchiki Byakuya-sama—expresó sarcástica.

—Estas de muy mal humor para no haber pasado algo, si sigues de esta manera te echare—estrechó la mirada y ella lo ignoró.

—Vale, me callare—se volvió a tumbar—, Byakuya-san—llamó luego de un rato de silencio.

—¿Hmm?

—¿Por qué los adultos tienen que complicar su vida tanto?

—¿Qué clase de pregunta es esa?—acomodó un conjunto de papeles y cerró los ojos. Karin rodó la mirada.

—Es raro, perdón. Olvida que pregunté—sacudió la mano, dando un impulso para sentarse.

—Supongo que buscamos ponernos a prueba constantemente—contestó al fin.

—Ya veo—musitó y luego suspiró con cansancio, lo mejor era dejar de pensar en su estúpido hermano—, tengo hambre. Iré a comprar algo en la siguiente cuadra—avisó parándose.

—Kurosaki—vociferó el mayor, ella lo volteó a ver.

—¿Qué pasa?

—Iré contigo—Karin sonrió.

Si, ella no debía preocuparse, Ichigo tenía que arreglar sus propios asuntos y superar sus errores por sí mismo. Ella simplemente correspondía a continuar como siempre.

—Vale—alargó de manera burlesca la primera silaba. De verdad que echaría de menos al serio de Byakuya cuando este se fuera en unas semanas. Por lo pronto dejaría que el destino hiciera lo que quisiera con ellos y todos los involucrados.

Era una ley de la vida.

.

.

Continuara

.


Uff, creo que ahora si terminé a tiempo Chica/os espero que les haya gustado.

Dejen sus comentarios.

* Shōwa: La era Shōwa(en japonés, 昭和時代, literalmente "periodo de paz ilustrada") o periodo Shōwa es el periodo de la historia japonesa correspondiente al reinado del emperador Shōwa (Hirohito) que abarca desde el 25 de diciembre de 1926 al 7 de enero de 1989.

Por cierto la fecha de nacimiento de Kuchiki Ruichi (No le pongo Kurosaki por obvias razones) es el 29 de Septiembre, que al igual que su nombre (el cual es indiscutiblemente una combinación de los primeros Kanjis de Rukia e Ichigo, pero no por eso pierde la explicación que dio Rukia, y vaya que me rompí la cabeza tratando de hallar un buen nombre) es una mezcolanza de los cumpleaños de sus padres. 14 de Enero y 15 de Julio. Literalmente el pequeñín es una perfecta combinación del par Ichiruki.

Sin más que decir…

Akari se despide.

Yanne!