Después del uuuuhhh, aaaahhh, y oooohhh con los especiales de Halloween les dejo el nuevo capitulo (aclaro: contenido de lemon jjaja)
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*********Capítulo 8 ********
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"…Érase una tarde fría de Febrero, tú venías de frente con tus dos ojos negros y no, no pude evitar.
Fue sólo un segundo nada más cruzarnos nos dimos la vuelta, no nos encontramos y no te puedo olvidar…"
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— ¿Un recordatorio de que?
Suspiré pensando que nos entretendríamos de otra forma, cuando se sentó sobre sus piernas volvía a suspirar.
— De cosas.
Estiró su mano.
— ¿Por qué un camaleón?
Miré mi tatuaje, el que tenía en el centro del pecho. Un pequeño camaleón atado por cadenas.
— ¿En verdad quieres saberlo justo ahora?
Llevó sus dedos hasta el tatuaje de mi hombro.
— Son iguales, el de atrás y este, pero el otro es feliz y este…
Me acerqué a su rostro y le di un dulce beso.
— Un géminis, dos en una— me miró sin comprender—. Si te lo explico voy por ropa.
Me giré y cuando estaba por salir de la cama sentí dos fuertes brazos en mi cintura jalándome hasta que caí sobre mi espalda. Segundos después Darien se posicionó sobre mí.
— Eso puede esperar— me besó fuerte y salvaje. El aire pidió permiso y se separó un poco—. Esto no.
Llevó su boca a mis labios y con su rodilla abrió mis piernas. Solo tardamos unos minutos para convertirnos en unos solo.
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La luz de la mañana empezó la filtrarse a través de mis párpados haciéndome dar cuenta qué Morfeo me había abandonado hace horas. Traté de estirarme pero dos fuertes brazos me sostenían en el lugar como queriendo que nunca me vaya. Sonreí acurrucándome más en su pecho, siento como Darien apoya su cabeza sobre la mía y lo escucho respirar tranquilamente. Llevó mis manos sobre las de él y trató de envolverme en este hermoso sueño antes de despertar a la realidad.
Estoy quedándome dormida nuevamente cuando un sonido que interrumpe el silencio del momento llega a mis oídos... Luego un quejido.
— Maldición.
Escucho decir a Darien justó antes de removerse con lentitud y levantarse de mi cama.
— ¿Dónde demonios está?
Abro un poco un ojo para verlo sacar su celular pedirle un minuto a quien lo haya llamado, ponerse el pantalón y salir de la habitación descalzo.
Me senté de golpe.
— ¿Y ahora?
Busqué con la vista y vi la camisa de Darien en la silla junto con su ropa y la mía.
Una vez abrochado el último botón caminé despacio para acercarme a la sala donde lo escuchaba hablar.
Me recargué sobre el marco viéndole la espalda, ese increíble y formidable adonis que solo unos minutos antes estaba unido a mí pero ahora aquella espalda estaba llena de cicatrices. Darien miraba por el balcón mientras conversaba con quien lo haya llamado tan temprano.
— No, no me gusta nada. No la conoces… No me importa que sea una compañera…. De acuerdo, está bien… Sí… Te espero.
Se dio vuelta.
— ¿Qué haces ahí?
— Viéndote…— me mordí el labio— ¿Hotaru?
— Sí…. Tenemos hasta el mediodía.
— Entonces mejor sigo durmiendo.
No terminé de decirlo cuando Darien se abalanzó sobre mí y me alzó sobre su hombro.
— Si yo lo permito.
Me reí como hacía diez años que no lo hacía, fuimos a la habitación y con poca delicadeza me arrojó sobre la cama.
Se acercaba gateando lentamente cuando dije.
— Estuve pensando.
— ¿Tú? ¿Pensando?... ¿Tengo que tener miedo?
— Bobo. Pero… Mejor digo esto… Nosotros.
Nos señalé.
— Sigue…
— Que lo mantengamos en secreto… Digo, yo soy tu jefa… También esta Hotaru.
— Qué tal si te callas.
Acto seguido atacó mi boca besándola desesperadamente, al tiempo que me recostaba en la cama y me desabrochaba su camisa. Y yo su pantalón.
En solo dos minutos más estuvimos más ocupados que precisamente en hablar.
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— ¿En verdad lo quieres dejar en secreto?
Apoyé mis manos sobre su pecho y lo miré. Aún estábamos en la cama a pesar de estar cerca del mediodía.
— Es lo mejor… Bueno, tú eres mi empelado podrían decir muchas cosas y no quiero que salgas perjudicado o te digan que te utilizo para la votación de la junta. Aparte está Diamante — resopló.
— Tienes razón. Pero no puedo ocultárselo a Hotaru. Ella vive contigo.
— Tú también— sonrío—. En la oficina soy la presidenta y tú mi socio. No sería bien visto. Más con nuestra historia como…
Me dio un beso interrumpiéndome.
— Lo entiendo… Pero al cruzar esa puerta eres toda mía.
— Toda tuya.
En un movimiento me colocó bajó de él y comenzamos a besarnos parecía que después de toda la noche no nos saciábamos uno del otro.
Estábamos reconociéndonos cuando su estómago se hizo presente. Me empece a reí a carcajadas, no podía parar.
— No seas mala— se sentó y me agarró la mano haciendo que me sentara también—. Ve a prepararme algo mujer.
— Yo, ¿Por qué?
— ¿No vas a alimentar a tu novio?
— ¿Cuando llegamos a eso?
Tiró de mi mano y me sacó aun riendo, dándome una nalgada.
— Voy a bañarme— me besó y se fue a mi baño.
Busqué la camisa de Darien la cual había tirado al piso. Estaba cansada por tanta actividad pero realmente estaba contenta casi diría que feliz.
Me puse a preparar un rico desayuno aunque sería más un almuerzo. Puse unas tostadas en la máquina y escuché el ruido de la cafetera, serví dos tazas colocando una en la mesada. Agarré la otra acunándola entre mis manos llevándola hasta el ventanal del balcón. Tomé un sorbo y me quedé viendo el horizonte… ¿Cuán diferente hubiese sido todo si no se lo hubiese llevado?
Hoy sería como un sábado o domingo más, nos amaríamos antes que las niñas despertaran y nos interrumpieran, disfrutando un desayuno familiar. Porque estoy segura de que aún estaríamos juntos a pesar de que habríamos tenido infinidades de peleas.
Toqué mi plano vientre pensando que inclusive hasta le podría haber dado un niño.
El horizonte que se levantaba a lo lejos desde lo alto del edificio se veía como inalcanzable, no como si estuviera a orilla del mar. Allí sentiría la brisa en mi rostro, el sonido del mar en mis oídos. Si tan sólo Diamante hubiera tardado un poco más… Hotaru y Darien…
— Cinco centavos por tus pensamientos.
Me di vuelta asustada y vi a Darien sentado en el brazo del sillón.
— Me asustaste — tomó un sorbo de la taza que había dejado preparada —. ¿Tu hermana a qué hora llega?
Miró su reloj y su labio se curvó.
— Hace media hora tendría que haber estado aquí— pasé por su lado para ir a cambiarme pero me atrapó—. Ella… ¿Si lo puede saber?... Se va a dar cuenta.
Suspiré pero asentí.
— Solo ella, pero que no lo diga a nadie— besé su frente—. Me voy a bañar.
Me besó suave y no me soltó.
— ¿Qué es lo que da vuelta en esa cabecilla loca tuya? … Veo como esos engranes están girando— señaló mi frente—. Confía, desahógate.
— No te gustaría.
— Pruébame.
Escuché el ruido de las tostadas y traté de ir pero no me dejó.
— Se van a quemar.
— Que se quemen.
— Darien…
— De acuerdo... Cuando estés lista ¿Si?
Me soltó y fui a la cocina. Saqué las tostadas y al ponerlas en un plato cerré los ojos.
— Si tu vida hubiese sido totalmente diferente. ¿Me culparías?
— ¿Cómo podría culparte de algo?
Me di vuelta al abrir los ojos. Dejé las tostadas en la mesa y me acerqué al ventanal.
— Después que Diamante se los llevó. Digo… Después de la muerte de tus padres, a las dos o tres semanas creo, apareció un abogado en mi casa.
Hice un silencio. Respiré y continué.
— Él quiso hablar a solas con mi padre pero cuando se fue me contó la razón de su visita. Vino a preguntar por qué nunca se presentó en la lectura del testamento de tus padres, ni los reclamó a ustedes si eran tan amigos.
— ¿Qué quieres decir?
— Tus padres pusieron de tutor y encargado al mío.
Escuché la taza romperse y me di vuelta. Darien estaba parado y pálido… No hablaba… Esperé y cuando no pude más…
— ¿Tu papá era nuestro tutor legal? — asentí—. ¿El responsable de la herencia de mis padres?
— Sí, de todo, de ustedes también. Es por eso que varias cosas nunca fueron vendidas como la casa donde creciste. Pero el dinero o las acciones, todo lo que había en los bancos Diamante lo transfirió a los días de que ellos murieron. Lo siento, no pudimos recuperar nada de ese dinero.
Empezó a caminar de un lado a otro como un animal enjaulado. Hasta que se paró y me miró.
— Todo hubiese sido diferente…— se sentó de golpe— ¿Por qué nunca nos buscó?
— Sí lo hizo— me arrodillé frente a él—. Mucho. Tardó más de un año en saber de ustedes. Tuvo que hacerlo con cuidado. Como recordarás mi padre era periodista y uno de los mejores— asintió—. Pero en ese tiempo, cuando ellos murieron investigaba un importante caso. Inclusive tu padre lo ayudó.
— Sí, recuerdo que días anteriores al accidente pasaron toda la noche en su oficina hablando.
— En ese tiempo recibíamos amenazas hasta que después de tres meses de la muerte de tus padres atacaron a Luna y a mi hermano. Los hirieron de gravedad.
— Por eso te fuiste— supuso.
— Sí. Mi padre tuvo miedo por mí y me mandó a España con mi prima, Lita ¿la recuerdas?
— Sí— hizo silencio cuando algo en sus ojos brilló—. ¿Qué sucedió con ellos?… Digo con Luna y tu hermano ¿Sobrevivieron?
— Sí… A ese sí. — Bajé la cabeza pero él me la levantó otra vez. Pidió que siga—. Mi padre se obsesionó con nuestra seguridad al límite de la locura… Él…
Una lágrima corrió por mi mejilla y la besó.
— Aun no entiendo por qué podría culparte.
Agradecía por el cambio de tema. Darien seguía siendo el mismo hombre dulce y compasivo del cual me enamoré en mi adolescencia. No importa lo que esté pasando él se pondrá detrás de los demás, de sus problemas y del mundo inclusive.
— Porque cuando mi padre murió yo pasé a ser la heredera de todos sus bienes inclusive la tutela de ustedes.
Sus manos dejaron mi rostro y cayeron a los lados. Se paró y me miró asombrado.
— Dios…— pasó su mano por el pelo— Eso… Digo... Quiere decir…
Empezó a caminar se paró y me miró aun sentada sobre el piso.
— Eres la tutora legal de Hotaru. Podrías pedir su custodia inclusive si Diamante se niega podrías llevarlo a juicio y…
— Espera…— me miró impaciente.
— No quieres, Serena ella es grande y ni sería como…
Le tapé la boca con mi mano.
— No es eso. Me hubiese encantado pero si pido la custodia harán una investigación previa y…
— ¿Y?
Y todo podría salir a la luz. Donde me llevaron o lo que hicieron conmigo. Donde despertaron, algo que nunca pensé que tenía en mi interior.
— ¿Interrumpo…?
Ambos giramos para ver a una sonriente Hotaru parada en la punta de la mesa. Agarra una de las tostadas nos mira y empieza a comer.
Se da vuelta y va saltando hacia su habitación.
— Después seguimos hablando— me tomó de la barbilla dándome un casto beso—. Tranquila, un paso a la vez. Ahora debo hablar con ella.
Volvió a besarme y fue detrás de su hermana.
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— ¿Y por qué no puedo decir nada? — era la séptima vez que le preguntaba Hotaru a su hermano.
— Ya te lo dije, es por la empresa y por nosotros— ella resopló iba a decir algo—. Comprende soló, te lo dijimos a ti porque vives aquí pero a nadie más.
Se cruzó de brazos con un gesto típico de un adolescente.
— Por favor Hotaru, te lo ruego, mantenlo en secreto.
— Está bien pero aclaro que no me gusta.
Se levantó del sillón donde estábamos sentados los tres y se fue a la heladera. Yo me quise parar pero Darien volvió a sentarme sobre su regazo dónde estuve durante casi toda la charla con su hermana.
— Déjame ayudarla.
Agarró mi rostro y lo giro hacia él.
— Ocúpate de mí.
Lo golpeé por lo tonto que se estaba poniendo.
— ¿Postre? — preguntó Hotaru.
Darien negó pero yo dije que sí. Me estaba alcanzando mi porción de pastel cuando…
— Maminaaaaa.
Los tres nos sorprendidos al escuchar la suave y dulce voz de Helios. Me paré al tiempo que llegó a mí abrazándose a mis piernas.
— Helios.
— Le extleñe muchi.
— Deja a tu ma…— se interrumpió al vernos mi amigo—. Lo siento, no sabía que estabas ocupada.
— Valos a la paza— pidió helios.
Lo miré y luego a Artemis.
— Mejor otro día hijo. Ven... Nos vamos mulita no te preocupes.
— No, quédense, voy a hacer una torta— Hotaru se inclinó hacia Helios— ¿Me ayudas?
— Chií.
Ella lo agarró de la mano, guiándolo a la cocina.
— Disculpen.
Darien se paró y se iba al dormitorio. Miré a mi amigo y dijo.
— Ve...
Animándome. Asentí.
— Darien…
Se metió en la habitación de Hotaru, digo la de invitados.
— Escúchame…
— ¿Cómo diablos él tiene una llave?— me gritó. Está bien, estaba muy enojado—. Ni a Hotaru le diste, tiene que abrirle el encargado. Se maneja con confianza y ni me digas que es un amigo. ¿Y quién demonios es ese niño? Es tu hijo ¡no es cierto!
Dios estaba furioso.
— Es su ahijado.
Me di vuelta para ver a Artemis parado en el umbral.
— Tienen que hablar, nos vamos mulita. Helios se asustó por los gritos, es mejor nos vayamos… Me alegro por ustedes.
— Artemis… ¿Cómo?
Me dio un beso en la frente.
— No te encierres, cuéntale. Nos vemos en la noche, Hotaru nos invitó a cenar. Claro si no hay problema.
Miró a Darien que asintió pero luego le dio la espalda.
— No te vayas. —Pedí.
— Tranquila, él que se va soy yo— expresó Darien.
Pasa por mi lado abandonando la habitación.
— ¿Tengo que volvértelo a decir?
Salí tras de Darien que acababa de atravesar la puerta de mi departamento.
Lo intercepté cuando iba subiendo al ascensor empujándolo hacia adentro, encerrándonos y deteniéndonos dentro del mismo.
— ¿Qué demonios haces?
— Me vas a escuchar y no te vas a escapar esta vez.
— Abre el maldito elevador.
Empezó a forcejear conmigo para destrabarlo.
— No...
Grité con desesperación.
Retrocedió y me miró tanto tiempo que pensé que nunca me diría nada.
— Tienes cinco minutos y luego marcare el botón.
Asentí, era lo justo.
— Helios es mi ahijado.
— Eso lo dijo "tu amigo".
El sarcasmo era evidente en su voz.
— Él es muy importante para mí, apareció en una época que pensé terminaría con todo. Que era mejor renunciar— me miró, cerré los ojos y continúe—. Artemis me cuidó cuándo estuve internada. Era mi enfermero, me trató como hacía mucho tiempo nadie lo había hecho. Él estaba comprometido así que no pienses mal de él.
— ¿Estás diciendo que ni Mina te ayudó?
Bajé la cabeza.
— Ni Mina, ni Seiya supieron que estuve internada, hasta tiempo después de que me recuperé. Después de la muerte de mi padre yo… — me di vuelta dándole la espalda—. Digamos que me volví un poco obsesiva con lo que pasó, les dejé de hablar cuando…
— ¿Cuándo qué?
— Cuando empezaron acusar a mi padre de que era la cabeza de algunas atrocidades. Fue tanto que…
Sentí sus brazos atraerme a su cuerpo.
— Allí conociste a Artemis.
— Sí, él me cuidó como si fuera un hermano mayor cuando me recuperé conocí a Himeko, la mamá de Helios— me giré para verlo a los ojos—. Ella era policía y me ayudó a recuperar a mis amigos.
— ¿Era?
Asentí.
— Murió dando a luz a Helios. Estaba en un caso peligroso, la atacaron. Los médicos por poco no la pudieron salvar pero a la semana nació su hijo, el esfuerzo fue tan grande que no lo resistió. Le prometí cuidarlo como si fuera mi hijo. Artemis la amará por siempre no te preocupes por ello— subí mi mano y la puse sobre su mejilla—. Me ve como su hermana pequeña, es más sabe todo de ti.
— ¿Algún día tú no sentirás algo especial por él?
Sonreí por su inseguridad.
— Si en diez años no te pude sacar de mi corazón, ¿cómo en poco tiempo alguien lo va hacer?
Su respuesta fue besarme. Ya más relajados destrabé el elevador y salí con él de la mano, volviendo al departamento.
La tarde pasó tranquila con Artemis en la casa y Darien jugando con Helios.
Ya por la noche con la cena servida nos sentíamos más cómodos, aún era raro ver a los dos hombres juntos. Artemis parecía tranquilo con Darien pero Darien… Bueno él era otro tema.
Hotaru estaba jugando con Helios y Diana. "Alguien le dijo que es un gato y no un perro" pensé. En sus diez años jamás la vi comportarse como uno.
— Serena me contó que se conocieron en el hospital— menciona Darien mirando a Artemis que estaba enfrente de él.
Dejé mi bocado a medio masticar y me lo tragué entero, acto que me hizo toser fuerte.
— ¿Hospital? — Artemis me miró y al verme golpeó mi espalda para que pueda hacer que pase el bocado— .Come despacio.
— Sí, me dijo cuando estuvo internada, ¿no eres enfermero o algo así?
Ambos me miraron, Artemis cerró los ojos y suspiró.
— Sí, era… Bueno, yo no lo llamaría Hospital más bien Institución pero ya deje de trabajar hace como dos años.
— ¿Institución?
— Hospital, institución, clínica es la mismo— dije antes de que haga más preguntas.
— ¿Por qué lo dejaste?
— Busco algo más tranquilo, aparte viajo seguido y con el cuidado de Helios poco tiempo tengo. Serena me acompaña en varios viajes.
Esta vez escupí el agua que estaba tomado.
— ¿Viajes?
Bueno la cara de Darien… Oh dios, estaba enojándose, lo conozco está pensando mil cosas ¿cómo puede pensar en que le mentí y que tengo una relación amorosa con él?
— No es lo que piensas.
— Y que es lo que pienso, según tú.
Artemis empezó a destornillarse de risa, ambos lo miramos sorprendidos.
— Sigan por favor. Mulita me habló de las mil idas y venidas que tuvieron pero verlo es impagable.
— Aclaremos algo… ¿Mulita?
No le gustaba eso a Darien.
— Por terca… Es peor que una mula.
Y Ahora Darien también se estaba riendo de mí.
— Mamina, tiito Dalien ya no está enojado con papá.
Alcé a Helios a mi regazo y le di un beso en la frente.
— ¿Pregúntaselo tú?
— Tiito ¿estás enojalo?
Darien lo miró parpadeando y no pudo evitar una sonrisa.
— Ya no, pero Mamina es mía— yo sonreí cuando se acercó y me robó un beso casto.
Helios aplaudió feliz.
— Sele…— le tapé la boca y me hizo un mohín así que se la saque—. No le va gustal.
— Helios no— Dije.
Artemis ve que su hijo no puede aguantar hablar así que me lo saca y se lo lleva con él.
— ¿Qué pasa?
— Nada… pero habías quedado en que se lo decías solo a Hotaru nada más.
— Es tu culpa en decirlo— Me levanta para sentarse él en mi asiento y llevarme a su regazo—. Es una buena persona— susurró lo último Darien en mi oído.
— ¿Ya no estás más celoso de él?
Me miró y luego a Artemis. Aunque no me lo dijo sé que tiene algo pendiente en preguntarme. Pero lo tomo como una batalla ganada.
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Los días pasaron y en la oficina era todo un caso no estar pendiente de lo que hacía, decía o por dónde se movía. Sé que puse la regla que en la oficina que no éramos nada pero tampoco soy ciega para ver cuántas personas iban por alguna "consulta" a su oficina, sin mencionar que todas eran mujeres. Para mi suerte y para mi desgracia Molly se encargaba de sacarlas rápidamente de allí, aunque ella misma se vistiera con vestidos cada vez más entallados, cortos o con escotes más pronunciados. Creo que perdí la cuenta de las veces que Galaxia le recordó el código de vestimenta.
Estaba revisando unos papeles que me trajeron hace unos instante de la casa de Neherenia, torcí la boca porque quien ahora se estaba haciendo cargo del proyecto añadió una de las egocéntricas cosas que la modelo había pedido y yo dije que no.
Marqué los errores y rechacé el proyecto. Sino tenia cierto criterio de cuidado destrozaría el lugar hasta lo podrían poner infértil.
Cerré la carpeta y mandé un mail a Zafiro, el arquitecto del proyecto, lo único que espero que no se esté acostando con Neherenia para tener lo que ella quiere. Él es una persona objetiva, siempre que una falda no le aparezca delante. Cerré los ojos recordando cuando ingresó y que a toda costa quería que pasara por su cama. No digo que no acepté salir un par de veces, unos besos de aquí u otros por allá, pero nada serio.
En la tercera salida lo dejé plantado por mis asuntos y como compensación quiso que pase el fin de semana con él, no precisamente disfrutando de la playa cercana a su casa. Le dije que no y que se terminaba cuando no quiso entender y de todas forma trató de poner su objetivo en marcha cuando lo estábamos hablando en el estacionamiento, recuerdo que me sujeto y aprisionó a una pared del fondo. Me quedé quieta y cuando me empezó a tocar pensó que había cedido, solo esperé que bajara la guardia con un puntapié le di en su parte más sensible, cayó al suelo y vio lo que estuvo a punto de hacer, se vio horrorizado por su actitud al comprenderlo.
Al día siguiente vino a pedirme disculpas ni siquiera podía mirarme pero me suplicó que no le dijera a Galaxia era capaz de renunciar hasta salir del país. Para su mala suerte ella estaba tras de él cuando ofreció la disculpa, no solo lo escuchó sino que le dijo que yo era realmente la presidenta que si alguna vez escuchaba que volvía a suceder lo despediría, y ninguna empresa del país o del mundo lo contrataría.
Desde entonces se comportaba, demostró que se arrepintió realmente e inclusive defendió a una chica de contaduría que estaba siendo ataca por uno de los representantes de Seiya. Creo que ahora es cajero del local de comida rápida que está en la ruta camino a las montañas.
— Ocúltame — Miré a Darien que había entrado rápidamente en mi oficina cerrando la puerta detrás de él, sacándome de mis pensamientos—. Que nadie sepa que estoy aquí.
Vino a mi lado y se agachó, ocultándose detrás de mi escritorio. Giré mi silla y lo miré.
— Eres demasiado grande para ocultarte debajo de mi mesa.
— Tienes razón— se paró y fue a mi baño personal. Cerrando la puerta al tiempo que se abría la de mí despacho y asomaba su cabeza Esmeralda.
— Srta. Serena ¿Sabe dónde está el Sr Shields? — la miré asombrada.
— No, ¿lo busca por algo importe? ¿La puedo ayudar yo?
— No, gracias. Era por un proyecto que bueno…
— Todo proyecto debe ser evaluado y aprobado por mí— ella sonrió como ocultando una maldición. Elevé una ceja.
— Sí claro, pero queríamos que él como hombre lo apruebe antes de presentarlo, usted entiende ¿no? — me miró nerviosa. Sus manos jugaban entre ellas.
— Creo que no es necesario recordar que es una oficina ¿no?
— Claro… Yo… digo… Lo que quiero… Lo siento, me retiro.
Con eso salió cerrando la puerta. Me levanté y me cercioré que nadie estuviera cerca. Abrí la puerta del baño.
— Sal.
— Gracias, gracias— Me jaló a sus brazos y me besó.
La respiración fue necesaria para separamos.
— Dar ya lo hablamos en la ofici…
Me tapó la boca.
— Lo sé, pero esas locas, las escuché. Estaba por entrar a mi oficina y Esmeralda le decía a otra que se quitara toda la ropa para darme masajes.
Me empecé a reír caminando hacia mi escritorio.
— O te arriesgas o las detienes.
— ¿Quieres que me arriesgue?
— Adelante…— me miró incrédulo—. Recuerda que dormirás en la calle solamente.
Se empezó a reír.
— Jamás lo haría princesa— se acercó y me beso otra vez—. Nos vemos en la noche— dijo mirando a mi pecho.
— Mis ojos están aquí arriba Shields.
Ya estaba con la puerta abierta.
— No te hablaba a ti, sino a las gemelas.
Con eso se fue y yo me reí sintiendo mi pecho endurecerse.
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Estaba yendo a buscar a Mina para el almuerzo al día siguiente del ataque de la masajista de Darien cuando recordé su cara de esta mañana al verme subir en el Audi, que hacía semanas que no lo utilizaba, él iba en su súper auto con su hermana.
Me paré en seco al ver a Rei en el escritorio de la loca, no solo eso sino que le extendió la mano y Mina le entregó un par de billetes.
— ¿Qué significa esto? — les recrimino.
— Nada, vine a cobrar la apuesta.
Llevé mi mano a mi rostro no podía creer que estas dos locas ya lo supieran.
— Como si ustedes se hubiesen ocultado.
Abrí ojos ante lo mencionado por la pelinegra y le iba a responder cuando se escuchó un ruido desde la recepción. Nos acercamos y estaba Ami recogiendo unos papeles que se le habían caído.
— Uy, estás muy arreglada hoy— dice Mina haciéndola sonrojar.
— No hagas eso…— le golpea Rei a Mina y ambas se ríen.
— Déjame ayudarte— me agaché y la ayudé a tomar las ultimas carpetas.
— Gracias. —Dijo—. Tengo una cita.
— Te felicito, recuerda que te debe tratar bien.
— Si, en privado es muy dulce pero…
— Pero…— dice Mina.
— Digo… Bueno cuando hay más gente grita y…
— ¿Es agresivo?
Levanta sus manos diciéndonos que no.
— Ten cuidado, un hombre que no trata bien a los demás no va a tratarte bien, y no pretendas que te ame de verdad— la aconsejó Rei—. Mi madre creyó en un hombre y la traicionó de la peor forma.
— Gracias chicas… Pero a él le gusta hablar conmigo, lo sé porque me pregunta mucho por las cosas de la empresa.
Rei y yo nos miramos, sentí un pequeño escalofrío y temor. Por un momento se me cruzó una idea en la cabeza.
— ¿Es de la empresa?
Ami bajó tímidamente la cabeza y cuando iba a decir el nombre se calló. Miró en dirección al ascensor y vimos salir a Darien con su tío junto con un hombre de pelo rosado. Lo había visto en otras oportunidades pero no durante el día, sino durante la noche.
Los tres se acercaron lentamente hasta llegar donde estábamos nosotras.
— ¿Aun éstas aquí? — escupió Diamante a su hija.
— Hola papi.
El hombre de pelo rosado puso una mano en su hombro y con un asentimiento del padre de Rei dio lugar a que él diera un paso hacia delante.
— No sabía que había tantas bellezas aquí, un placer.
Extendió su mano, ni Rei o Mina se la tomaron. Resignada la tomé yo.
— Diría lo mismo Sr…
— Tú puedes llamarme como quieras— sonrió lascivamente escaneandome—. Que piel más suave, tu sabor debe ser como chocolate blanco derramándose dentro de mi boca— se pasó la lengua por su labio superior.
— Es suficiente.
La mano de Darien deshizo el contacto con el cretino de pelo rosado.
— No seas celoso, me gusta compartirlas.
— Lástima que yo no estoy en venta y menos a quienes no son de mi clase.
Darien sonrió por mi contestación, mientras que yo me limpiaba la mano con un pañuelo.
— Será el nuevo personal de seguridad. Acostúmbrate.
El hombre sonrió.
— ¿Y Kun? — preguntó Mina asombrada.
— Puede estacionar autos.
Mina no lo podía creer. Saqué pecho.
— ¿Con la autorización de quién?
— Mía.
Rei me agarró del brazo frenando antes de irme encima de este hombre. Cerré los ojos respiré y los abrí.
— Solo lo diré una vez… Ustedes no deciden. Lo autorizó yo. Y a cómo él vino, se va. No lo quiero, Kun es un excelente personal y si alguien decide algo en esta empresa soy yo.
Me abrí pasó y me frené antes de subir al ascensor y los miré.
— Tiene 2 minutos para abandonar el edificio.
Entré en el ascensor y tanto Rei como Mina corrieron para que no les cerrara las puertas en la cara.
Al salir del edificio hablé con Kun que rápidamente ya había puesto en marcha el sistema de seguridad y cincos minutos después me llegaba por mensaje la confirmación que ese hombre había abandonado el lugar. Respiré más tranquila no solo por el hecho de donde lo conocí sino porque era un ser desagradable.
Mientras que las chicas pedían su comida mandé un mensaje al mismísimo hombre de pelo rosado pidiéndole que me reserve un lugar en sus juegos para esta noche, que estaba ansiosa de verlo. Me preguntó que tenía puesto, conociendo ese juego, simplemente dije "nada".
"Te espero antes y hacemos nuestro propio juego".
Lo tenía dónde quería.
"Lástima qué no sea ahora" Agregué una carita triste.
"Mi nuevo jefe es más estricto pero preciosa te tendré satisfecha en un par de horas".
"¿Nuevo jefe?"
Ni necesité engatusarlo para que largue información.
"Transferencia, la última vez que estuvimos divirtiéndonos me atraparon. Mira ya como me pones con solo pensar en ti".
Me mandó una foto de su miembro... Dios, comparándolo con el de Darien, era como compararlo con la de un bebé, al lado de mi semental nadie le gana.
— ¿De qué te ríes?— preguntó Rei.
— El que se ríe sólo de sus travesuras se acuerda.
Borré las fotos y los mensajes aunque usara otro móvil, Darien podría verlo en cualquier momento y la verdad aun no quería que me dejara. Porque eso es lo que haría. ¿Quién soportaría a una chica como yo? ¿A una chica que hace lo que yo hago?
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Estaba en el ascensor. Eran más de las dos de la mañana. Me daba náuseas recordar que el hombre de cabello rosado me haya tocado. Me sentía sucia, más ahora que tenía algo con Darien. Quería un buen baño y sacarme esas imágenes.
Lo primero que sentí al cruzar la puerta de mi casa fue el fuerte olor a alcohol. Estaba todo oscuro, ni una luz se veía, ni siquiera Diana se asomaba.
— ¿Dónde demonios estabas?
Me quedé en shock ante el grito de Darien.
Estaba paralizada.
No lo esperaba y menos en el estado que estaba. Su rostro estaba sombrío, sus ojos oscuros, no había brillo, nada y su olor… Dios, apestaba alcohol.
Vi por el lugar, mis ojos se posaron en una botella vacía, que estaba caída sobre el piso, otra repleta sobre la mesa.
— Responde.
— Trabajando, sabes que mis reuniones son más largas— respondí, el dolor me atravesó por mentirle.
Miré su mano que me señalaba con un vaso de líquido ámbar, tomó de un sorbo lo que quedaba y se sentó en el sillón. Puso sus manos en la cabeza ocultando su rostro de mí.
Dudé antes de acércame, nunca lo había visto así, pero tome valor. Cuando estaba a unos centímetros lo escuché decir.
— Lo siento. Lo siento, estaba… Te necesitaba aquí— levantó su cabeza y me miró. Su mirada era de derrota—. Te necesito más ahora.
No dudé y me arrodillé a su lado, lo llevé a mis brazos acunándolo, envolviéndome en él.
— ¿Hotaru?
— Llamé a Mina para que se la llevara de aquí.
No dijo más nada, algo lo destrozó. Cerré mis ojos… ¿Por qué permití esto? … Si yo quizás hubiera estado aquí… pero una pregunta me llevó a otra ¿qué es lo que pasó para mi gran hombre estuviese así? ¿Quién pudo lastimarlo tanto? Lo vi mal esta tarde después de que Diamante volvió, sé que tuvo una última reunión con él y cuando me fui aún seguían reunidos.
— ¿Diamante te dijo algo? ¿Te hizo algo?
Levantó su rostro para verme.
— Solo te necesito a ti.
Me besó dulce pero desesperadamente, salvajemente como si tratara de fundirse en el beso, o quizás escaparse de su propio sufrimiento.
Pude sentir su aliento, el alcohol salía por todos sus poros, cuando apartó su boca de la mía, se paró y pidió que lo siguiera, esquivé la botella vacía. Pero en lugar de pasarle por encima la levanté, arqueé una ceja, era whisky, otra vez. Lo miré.
— Es la única forma— No entendí por qué me lo dijo pero volvió a tirar de mi—. Te necesito.
Respiré y asentí porque entendí a qué se refería.
Nos guió a mi ducha, dentro de mi cuarto. Al tiempo que él se sacaba su ropa, yo hacía lo mismo. Cuando ambos estábamos desnudos me abrió la mampara dejándome pasar, luego pasó cerrándola.
Con el chorro de agua sobre nuestras cabezas nos besamos pero esta vez despacio, lento. Me giró y puso la crema para lavarme el pelo. Se encargó de que yo y todo mi cuerpo estuviera limpio. Cerré los ojos agradecida por eso, y culpable al mismo tiempo. Luego me dejó hacerle lo mismo a él. Cada parte de su cuerpo; sus brazos, pecho y piernas; me dediqué a lavarlo. Pedí que bajara su cabeza y lavé su pelo. Al darlo vuelta tallé su espalda, vi esas marcas, esas cicatrices, viejas y nuevas, las besé una a una. Las toqué delicadamente, solamente cerró los ojos por el dolor de una de ellas de la cual aún salían unas pequeñas gotas de sangre. A esa la limpié suave por todo el recorrido que tenía, no fue hecha por una mano, ni por una soga o un látigo. Me estremecí parecía más hecha por alguna vara o algo largo y duro. Solo en la punta donde las gotas de sangre caían se veía más profundo, como si aquel objeto hubiese tenido algo más duro en su punta.
Se giró y agarró mi rostro entre sus manos besándome.
Llevé mis manos detrás de su cuello acercándome, sentí en mi abdomen su creciente erección, no lo dude más cuando sus manos fueron a mi trasero alzándome, mis piernas se enrollaron en su cintura. Me empujó contra el frió mármol de mi baño haciendo que mi espalda chocara con ella, pero no me importó el dolor del golpe, ni el frió.
Me besó duro. Llevé mi cabeza hacia atrás cuando lo sentí adentrarse en una embestida dura y brusca. Gemí. Jadeé. Cada vez que se adentraba más profundo en mí, mi espalda chocaba una y otra vez contra la pared con cada embestida. No era el dolor de los golpes lo que sentía, era a él unido a mí, a su necesidad y a la mía. Tan rápido como comenzó a formarse mi liberación lo sentía a él que ya casi perdía el control. Darien nunca buscaba el sexo duro o salvaje pero esta vez era diferente, algo en él lo necesitaba, era como si me quisiera marcar, como si me quisiera demostrar que él es mío y de nadie más.
Me corrí tan fuerte como hacía años que no lo hacía, sentí su clímax dentro de mí cuando derramó toda su semilla caliente en mi cuerpo.
Cuando por fin pude abrir los ojos Darien me miraba preocupado.
— ¿Te hice daño?
Negué con la cabeza. Se incorporó bajándome esta vez lentamente, mis piernas estaban flácidas pero él me sostuvo hasta que pude incorporarme sobre mis propios pies. Al enderezarme sentí los golpes en mi espalda, torcí mi boca cuando quise moverme. Solo espero no tener algún moretón que no permita usar las remeras de espalda descubierta que me gustan tanto.
Sonreí a Darien que buscaba una toalla para mí.
— Creo que necesitaré una semana para recuperarme— la sonrisa de Darien volvió a su rostro.
El baño inclusive despejó su mirada y eliminó todo rastro de alcohol.
— Eres la presidenta puedes hacer lo que quieras.
Tiré de él y lo saqué del baño. Lo empujé en la cama. Sentándose me miro mientras que me sentaba a ahorcajadas sobre él.
— Tienes razón puedo hacer lo que yo quiera.
Lo besé. Y esta vez la que estaba al mando era yo.
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Después de aquella madrugada los días volvieron a la normalidad. Darien aún no me hablaba de sus marcas, cada vez que trataba de conversar de ello esquivaba mis preguntas, tampoco era que lo forzaba porque en cierta parte me sentía culpable de que otro hombre me haya inclusive hasta rozado. Si antes me daba náuseas ahora era una sensación de asquerosidad.
Él volvió a ser Darien. Mi Darien. Su sonrisa volvió la misma mañana antes de ir al trabajo. Hotaru o no se dio cuenta o sabe disimular muy bien.
Esos días habían pasado pero me empecé a preguntar si por ella podría obtener las respuestas de sus marcas… ¿Pero hasta qué punto ella sabría? ¿Y si abro la puerta de algo que no quiero conocer? ¿O si esas puertas la llevan a mi propio rompecabezas?
Suspiré mientras me recargaba sobre el barandal de la terraza del edificio de la empresa. Miré al horizonte esperando que en el me trajera las respuestas que necesitaba.
Cerré mis ojos dejándome mimar por la brisa que golpeaba mi rostro, la misma que anhelaba que se llevara todas mis preocupaciones y dolores también. Abrí los ojos sonriendo al atardecer que se asomaba para despedir a la tarde. A la fusión de colores, al violeta con el poder de cambiar lo malo a lo bueno.
— Sabía que te encontrarías acá.
Ni siquiera me molesté en darme vuelta. Sabía que tarde o temprano sobretodo ella me encontraría. Más porque no me presenté a la última reunión de la tarde.
— Ya me encontraste Galaxia. No me vendrás a reclamar que no fui.
Giré mi cabeza que estaba apoyada en mis brazos cruzados sobre el barandal para verla.
— Ya me había extrañado que no lo hicieras antes.
Encorvé los hombros porque poco me importaba la reunión. Más porque querían invertir en una tabacalera y no me gustaba ni el producto, ni los dueños.
Volví mi vista al horizonte.
— ¿Cómo lo haces? — la miré—. ¿Cómo haces para seguir, para no sentirte culpable por todo lo que te pasó, por lo que él te daño?
Apoyé mi barbilla entre mis brazos mirando hacia la nada, hacia el paisaje que mostraba lo alto del edificio Elyson.
— Supongo que es por Darien— la volví a mirar—. Mina te lo dijo ¿no?
Ella sonrió y asintió. Agregué.
— Él no tuvo la culpa de lo que sucedió después.
— Pero eso te dañó, recuerdo cuando te conocí. Recién salías de aquel lugar y no hablabas con tus amigos.
Fijé mí vista, recuerdo aquella época triste. Recién salía de estar internada y volvía a la universidad, según Artemis me haría bien. Había ido ese día por el cambio de especialidad en mis estudios y la vi llorando en el comedor, lo demás fue historia de cómo la conocí, pero por ella perdoné a Mina y a Seiya de que no me creyeran.
A decir verdad a veces dudo de que mi mente no me haya engañado, pero esos recortes… ese sobretodo hace que mi mente…
— Perdóname.
Galaxia me tocó el hombro sobresaltándome.
— No soy tan fuerte como tú, aun temo a que me dañe más lo que mi padre hizo y yo…
Bajó su cabeza. Me incorporé y agarré su rostro para que me vea.
— Dime.
Sacudió su cabeza.
— ¿Sabes que lo que más detestó de Diamante? —negué con la cabeza—. Es ese bastón.
— ¿El bastón?
— Sí, me hace acordar al último tiempo de mi padre. Él tenía uno largo y pesado con una esfera de cristal redonda.
Recordé que varias veces lo vi con ese bastón. No siempre lo traía, pero hace unos días… El día que Darien…
— Pero este tiene un Diamante en su punta— continuó Galaxia. Me golpeó el costado derecho riéndose—. Es como su nombre… que hombre más egocéntrico ¿no crees?
Aún estaba consternada por lo que acaba de deducir. Acaso Diamante fue el culpable de sus heridas. ¿Por qué? ¿Con que fin? Ya casi no tiene poder sobre los hermanos. ¿Con algo más los extorsiona?
Estaba pensando en ello cuando la puerta de la azotea se abrió.
— Señoritas las necesitan abajo.
Karmesite nos vino a buscar. Ambas nos miramos y asentimos.
Con una última mirada al cielo respiré el aire fresco y pacífico de la tarde. Caminamos las dos hasta el piso donde todo era una convención de personas. Había mucha gente y casi todos disgustados. Enojados. Todos murmuraban con que iba a pasar de aquí en adelante con sus trabajos o que ahora si se iba a desatar el infierno.
Nos abrimos paso entre la gente hasta llegar al centro donde estaba Darien con la cara de que la vida no podía ser tan cruel, era como si el mundo lo hubiera marcado una vez más.
— Al fin llega la novia.
Gritó Diamante que está al lado de mi hombre de ojos zafiro. A diferencia de él, sus ojos brillaban se mostraban como si hubiese ganado la guerra y eso no me gustó.
— Lo siento Serena— Galaxia a mi lado llamó mi atención—. No tuve otra opción.
La miré confundida por lo que decía.
— Esto si es una celebración, rubita. ¿No vas a felicitar a mi sobrino?
Diamante palmeó la espalda de Darien. Él me miró y negó levemente.
— ¿Por qué los tendría que felicitar?
— Se casa— gritó—. Ven hija, ven Galaxia al lado de tu futuro marido.
Mis ojos se abrieron cuando mi amiga caminó hasta ponerse a su lado. Diamante la abrazó dándole dos besos al estilo el padrino.
Iba hablar cuando se escuchó un golpe. Todos nos dimos vuelta en dirección aquel sonido. Estaba Seiya tratando de escapar del lugar y se topó con un escritorio.
— Yo… Lo siento.
Se dio la vuelta y más rápido de cómo apareció desapareció en dirección a las escaleras.
— Seiya— susurró Galaxia.
La miré y ella a mí. Le supliqué que vaya tras él, ella solo me moduló "no puedo".
Golpeé con fuerza el escritorio cercano al mío, y aunque todos me miraron no me importó. La conocía a Galaxia y sólo había una parte de su historia que no era de ella pero la hacía sentirse avergonzada.
— Y ahora que harás rubita. En un mes se casaran para ese entonces tendré el dominio de la empresa.
Escuché maldiciones por todo el piso. Levanté la frente y me acerqué.
— Aun así yo manejo la totalidad de la empresa — elevé mi mano señalando—. Recuerda el cuarenta y ocho por ciento. Por un punto aún la manejo.
Me di vuelta haciendo hincapié que aún no tenía el control pero antes de llegar a mi oficina escuché.
— Uy una arquitecta que no sabe sumar— me di la vuelta desafiándolo—. Ella el treinta y dos más el quince de mi sobrino más el cinco que mi nuera maneja.
Los fue nombrando a cada uno… pero yo le sonreí.
— Los cincos— me reí y lo miré antes de cerrar la puerta—. Te dejaré ganar esta pero recuerda, es MI empresa.
Cerré la puerta y me apoyé en ella. Diablos Diamante buscó algo para ensuciarla a Galaxia. Cerré los ojos.
— Debo hablar con Seiya.
Me incorporé al tiempo que abrí los ojos y busqué mi celular.
Llamé a mi amigo pero nada aún no me atendía. Doblemente maldije.
— Atiéndeme, él la tiene en sus garras no le creas nada.
No me respondió.
Lo único que espero que no haga nada que luego se arrepienta.
Busqué un par de cosas en la máquina durante una hora y cuando ya no pude más salí. Aún faltaban dos horas para el cierre del día. Pero mentalmente ya estaba agotada. En fin soy la jefa ¿no? Puedo salir cuando quiero.
Caminé unos pasos hasta que fui interceptada por un fornido hombre que me arrastró al cuarto de limpieza. Una vez allí me besó desesperadamente a lo que respondí envolviendo mis brazos en su cuello. El aire es un mal necesario y nos tuvimos que separarnos.
— Dime que no creíste en nada de eso— sus ojos suplicaban una respuesta.
Negué.
— Tu mirada me decía todo.
Dejó escapar el aire de sus pulmones y apoyó su frente sobre la mía.
— No sé con qué la convenció a Galaxia pero… ¿De verdad no puedes pedir la custodia de Hotaru?
Me separé de él y me di vuelta.
— Investigaran.
Cerré mis ojos y sentí sus brazos en mi cintura envolviéndome y me jalaron hasta su espalda.
— Lo se… Sólo…
— Solo que no lo entiendes — me giré—. Amor hay cosas que aún no te he dicho.
— Yo tampoco.
Puse mi mano en una de sus mejillas.
— Sé que estás lastimado. Déjame curarte.
Me abrazó y me dio un beso en cabeza.
— Lo que necesito es a ti. No me dejes— me separó y lo miré—. No te separes de mí nunca.
— No…
Pero mis palabras murieron cuando una rubia escandalosa abrió la puerta.
— A ver Tortolitos, se me cayó el café y necesito ese escobillón que están aplastando.
Me reí entregando la maldita cosa.
— Toma loca.
Mina iba a cerrar la puerta cuando...
— Por si lo quieren saber el Grinch ya se fue.
— ¿El Grinch?
Dijimos al unísono. Luego nos miramos y luego a Mina.
— ¡Tú tío! — se dio la vuelta y se fue.
— Mejor salgamos.
Asentí.
Volví a la oficina más para disimular, Darién se quedó hablando con alguien de contabilidad que lo interceptó.
Salía nuevamente de la oficina y lo miré de reojo. Me sonrió más tranquilo sólo un instante después su cara se endureció. Estaba enojado. Me giré para ir a preguntar cuando sentí dos brazos que me envolvían y me giraban.
Sin darme aviso me beso aquel hombre. Sus labios estaban resecos y ásperos hasta casi amargos. No eran los que me gustaban o anhelaba cada mañana.
Parpadeé cuando se separó pero sin soltarme. Me quedé quieta sin aliento al ver al hombre que ahora me tenía entre sus brazos.
— ¿Alan? — dije un poco sorprendida.
— Sorpresa Amore— me soltó y automáticamente miré a Darien que se acercaba peligrosamente.
— ¿Quién demonios eres tú? — gritó muy enojado más bien diría furioso.
— Ah… discúlpenme mi intromisión— me dio un beso en la frente y se acercó a Darien extendiendo su mano— .Soy Alan, el novio de Serena.
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Bueno ahora resulta que Serena era la verdadera tutora de Hotaru y ya sabemos quien es Helios. Ese niño trajo luz a la vida de Serena pero a veces la luz es una cegadora importante. Mi podre darien sufre aun no puede abrirse y ¿esas marcas?
En el siguiente capitulo sabremos sobre Alan así que no sera tan misterioso en fin
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yesqui2000: Se posible que Darien realmente la entienda a veces los hombres son muy cerrados en cierto tema sin contar con los propios demonios que él tiene que enfrentar y no quiere que Serena se entere. Poco a poco ella le ira confiando lo que le sucedió con la intensión de ayudarlo a él también aunque tiene tanto miedo de abrir su propia caja de pandora. Saludos
yssareyes48: aja.. si Rei viene a poner los sentimiento de ellos sobre la mesa como lo hizo en el pasado cuando ambos no entendían lo que les pasaba. Aunque ella se dejo llevar por el amor tiene miedo de lo que el piense o la deje. sabe o cree saber que una vez que lo diga Darien la abandonara por sentir repulsión de sus actos. Ahora solo debe vencer su propio miedo para confiar. Gracias y saludos
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Bueno dudas consulta lo que quieran... Un gracias a Yeno por el beteeo y si sabes porque no se te escapa detalles algunas cosillas mas. Como dije antes comentario, alucinaciones o dudas o lo que quieran siempre sera bien recibido.
