—Tabla nocturna—

One-shot: Noche.

Pareja: Sakuno- Ryoma.

Advertencias: Posible ooc.

Resumen: Un sueño se repite todas las noches…

Sueño.

(…)

Todas las noches era igual. No había forma de librarse de él. Aunque intentara dormirse pensando en otras cosas, el sueño la perseguía. La engullía en medio de un panel de oscuridad y luego comenzaba a surgir como si de la misma realidad se tratara.

Siempre era lo mismo. La misma ansiedad, la misma tristeza y la misma angustia. Era el típico sueño que nunca terminaba con un final. Siempre la despertaba algo. Últimamente era el caerse de la cama o despertar asfixiada por la almohada.

Al principio había sido frustrante, porque desde luego, ¿quién no querría quedarse en un sueño en el que un hombre la hacía sentirse la persona más amada del mundo y le mostraba que su cuerpo no tenía límites? Pero la frustración crecía a medida que el sueño añadía detalles más intensos y se despertaba en momentos inoportunos.

Tan frustrada estaba que le era imposible conciliar otro sueño que no fuera ese. El resto de veces que dormía era tan solo oscuridad.

Y todo comenzaba del mismo modo. Empezaba a escuchar el sonido de la lluvia. Caminaba bajo una calle donde las farolas tintineaban tipo película de suspense. Iba descalza pero aún así no se mojaba. Pese a que su cuerpo debería de estar helado por la lluvia sobre ella, sentía calor. Un tremendo calor.

Se detenía delante de una antigua casa japonesa y la puerta corredera se abría. El aire olía a lluvia y a naranjos. Entraba y saltaba sobre las pequeñas piedras del camino hasta llegar a la entrada. La puerta se abría y un hombre le daba la bienvenida. Siempre era lo mismo.

—Contraseña— demandaba con voz juvenil.

Entonces, ella se ponía de puntillas y pegaba sus labios a los contrarios. Después la puerta se abría y la dejaba pasar. Con las mejillas enrojecidas entraba y se disponía a seguir el siguiente paso. Y era desnudarse, quitarse lentamente la ropa mientras él la observa. Aún muerta de vergüenza aquello la excitaba.

Algo que no se atrevería a hacer en la vida real le había costado muchos sueños llegar a hacerlo ahí mismo.

Cuando su cuerpo estaba completamente desnudo, una pared crují a su lado y una habitación aparecía. Una cama con ropas revueltas, un espejo sobre la cama, música de ambiente y luces oscuras. Una vela quemaba sobre un pequeño soporte con aroma a canela.

Era tan vívido.

Caminaba sobre la moqueta hasta los pies de la cama. Ahí se sentaba, con las piernas abiertas, las manos sosteniendo su espalda arqueada. Y entonces, él entraba. Podía verle claramente. Por sus facciones tenía que tener la misma edad que ella. Alto y apuesto. De grandes hombros y caderas justas. Una erección empujando contra su pantalón que no tardaba en liberar. Rosado y con la punta perlada por la gota que ansiaba lamer y chupar con su boca.

Cuando él se arrodillaba frente a ella ya tenía la camisa abierta y era su deber quitársela, acariciar la tensión de sus hombros y dejarla caer contra el rojo vivaz de la moqueta. Entonces, mientras la boca masculina presionaba sus labios contra su vientre y jugaba con su ombligo, ella enterraba en sus cortos cabellos sus dedos. Tenían un color curioso, entre verde oscuro y negro. Lo suficiente largos para que ella tirara de ellos. Encajaban en su rostro a la perfección acentuando sus rasgos masculinos. Y luego, esos ojos dorados con un toque gatuno que la miraban como si fuera capaz de hacerle alcanzar las mismas estrellas con tan solo una mirada imponente.

Le levantaba las piernas lo suficiente para que apoyara los tobillos sobre el filo, con todo el esplendor de su rosa íntima a su visión y a su merced. Entonces, le permitía su siguiente paso. La devoraba. Chupaba y empujaban en ella con su boca. Y hacía cosas realmente increíble que jamás pensó que existirían.

Sin embargo, como ocurría desde hacía varias semanas, el sueño terminaba ahí. Se despertaba, frustrada y dolorida en esa parte tan sensible, con el grito del orgasmo expresado en fracaso.

Ese maldito y condenado sueño la estaba volviendo loca.

N/A

Bien, hasta aquí. Pobre Sakuno y sus sueños húmedos con cierto Echizen. Muy mal, muy mal uxu.