¡Holaaaaaaaaaa queridos!

¿Como están gente?

Mi estar bien, recientemente inicie mi servicio social en el poder legislativo y... ¡es genial!

Son muchas horas y roba la mayor parte de mi día, por no decir todo, sin embargo lo amo. Es una de las mejores cosas que me ah pasado. Bailo de la felicidad(?) (zapatea la jarana) En fin, no cabo de felicidad.

Por cierto...

No tengo idea de donde sacaron que el fic ya estaba terminado ._.

¡Realmente no podría dejarlo así! Por supuesto que no. Es un LenxRin, aunque debo admitir que me gusta el ReixRin, aunque Rei es solo !MÍO¡

Bien, bien, empecemos con esto


Disclamer: Vocaloid no me pertenece, por desgracia, es de Cripton media-sama. Quiero comer pizza de dominós de Japón, ahí Miku es la mascota de la pizzeria(?) :c


Secret love black

By B. Poot

Capítulo IX

Mi querida, la fría mentira. Gastaré toda mi vida por ti como jure en ese día, mi pecado contra dios, todos mis actos de traición deben ser pagados con mi muerte, entonces moriré por ti. Creo que ese es mi destino.

&.

La suavidad de las sabanas que envolvían su cuerpo le incitaban a dormir un poco más, pero el insistente tacto de algo suave y cálido le decían que se despertará.

Aquella deliciosa y extremadamente lenta caricia se extendió por toda su espalda, delineando su columna y perdiéndose entre las sabanas que cubrían la mitad inferior de su desnudo cuerpo. Inconsciente soltó un suspiro de satisfacción, no deseaba que aquello acabase.

Sus ojos se abrieron perezosos haciendo que sus largas pestañas se enredaran unas con otras.

Los rayos del sol matinal calentaron su piel desnuda, dejando una sensación placentera tras su paso, aunque no tanto como las caricias que le estaban brindando en ese momento. Una sonrisa se extendió por su rostro antes de volverse hacía la persona junto a ella. Sus ojos dorados la miraban como si fuera la cosa más hermosa y perfecta del mundo, y sus labios la recibieron feroces por el contacto con los suyos. Ella le devolvió la caricia igual de ávida, pegando sus cuerpos hasta eliminar la más mínima distancia.

Él al igual que ella solo era cubierto por una manta, dejando expuesto su pecho. No muy lejos del lecho yacían sus ropas, regadas por todo el piso de la habitación, resultado de su desenfrenada pasión de la noche anterior.

Su rostro de mármol ahora era adornado por el más bello carmín, color que contrastaba con sus ojos de color zafiro, provocando que el chico junto a ella sonriera. A Rei le encantaba ver aquella expresión en el rostro de Rin, esa fragilidad acompañada de vergüenza, tan inocente y pura, así como provocativa y tentadora.

—Buenos días —dijo acariciando su mejilla, cosa que hizo que el rostro ya caliente de Rin hirviera más.

Los escalofríos recorrieron su cuerpo cuando las manos de Rei abandonaron su rostro, rodeando su cuerpo con sus fuertes brazos y atrayéndola más a él.

—Buenos días —respondió ocultando su rostro en su pecho.

En aquel escondite no podía ver el rostro de su amante, pero si podía percibir como reía ante su repentina vergüenza.

Así permanecieron bastante tiempo, uno abrazado del otro, compartiendo el calor de sus cuerpos. Intercambiando caricias y besos. Más el hambre los hizo desistir de permanecer así todo el día. Aun sin desearlo del todo, ambos se vistieron y abandonaron el lugar en busca de alimento, la pequeña y casi vacía cabaña en la que se encontraban no poseía ningún objeto para preparar o incluso para comer, así que no servía de nada permanecer ahí más tiempo.

Rei le había dicho que había encontrado aquel agradable escondite hacía un tiempo, el lugar no estaba exactamente cuidado y mucho menos en buen estado, sin embargo era útil. En su interior había una chimenea de piedra y justo enfrente una cama lo bastante grande con algunas mantas, las cuales estaban casi deshechas, además de una mesa sin una pata y una silla. El lugar estaba lleno de polvo, indicativo que nadie en mucho tiempo había entrado ahí, pero lo suficientemente bueno como para poder pasar ahí la noche mientras huían.

Rin estaba consciente de lo que su acción conllevaría, sabía perfectamente que había traicionado tanto a su familia como al mismo Ren, e incluso había llevado la amistad con Nami a un abismo sin fondo. Pero todo eso había valido la pena, ni el remordimiento era demasiado grande como para opacar la felicidad que estaba experimentando en esos momentos. Nada era lo suficientemente malo como para borrar la sonrisa que llevaba en los labios mientras caminaba tomada de la mano de su amado.

Rei era todo lo que quería, todo lo que necesitaba.

Caminaron más y más, hasta entrar en la parte oscura del bosque, lugar en el que los cazadores solían andar. Esta vez era diferente, no era temporada de caza, lo que significaba que no había nadie más que ellos por aquellos lares. El follaje era demasiado denso, tanto que incluso los rayos del sol apenas podían penetrar entre las hojas y ramas. No era la primera vez que Rin visitaba aquel sitio, cuando su padre vivía la llevaba con él de caza; lo cierto es que ella nunca había usado un arma, su presencia era más de compañía que de compañero de caza.

Aun sabiendo aquello se sentía un poco insegura. No tenía muy buenos recuerdos de aquel bosque, en especial porque la última vez que estuvo ahí termino postrada en cama por una semana. No recordaba mucho lo sucedido en el bosque esa vez, solo que había ingerido algunos frutos que resultaron ser venenosos, por suerte su padre se dio cuenta o de lo contrario hubiera sido demasiado tarde para administrarle el medicamento.

Estaba inquieta, tal vez demasiado.

Su mente aun le jugaba malos ratos haciendo uso de la culpa y el remordimiento, cosa que neutralizaba con la calidez que Rei le transmitía a través de su mano, la cual sostenía gentilmente la suya dándole de vez en cuando un apretón acompañado de una sonrisa.

—¿ En dónde estamos? —preguntó curiosa una vez que Rei detuvo su marcha

Habían llegado a un claro, uno lleno de flores de múltiples colores y mariposas revoloteando por doquier. El paisaje era hermoso, lo bastante como para arrancar una sonrisa del rostro de la chica. El claro se encontraba rodeado de múltiples arboles, de cuyas ramas colgaban frutas de muchas formas y texturas, cada una más rara que la otra. Los arboles parecían haber sido plantados y no nacidos de la naturaleza, pues se asemejaban a una muralla natural, tan impenetrable como un fuerte o un buque de guerra. En las ramas más altas las ardillas jugaban junto a los pajarillos cantores, mientras el sonido del viento servía de música.

—¿ Te gusta? —Rei camino hacia el centro del lugar seguido por Rin, quien estaba maravillada con lo que sus ojos le mostraban.

Asintió incapaz de contener su felicidad y en un arranque beso a Rei. Aquel contacto hizo que los escalofríos recorrieran su cuerpo dándole más placer del que ya sentía, solo él era capaz de producirle esas sensaciones, solo Rei podía hacer latir su corazón de esa manera.

—Tomare eso como un sí —dijo el pelinegro con una sonrisa de satisfacción.

Rin le saco la lengua e intento hacerse la molesta, pero su intento se vio fracasado por su propia risa, la cual no tardo en ser acompañada por la de Rei.

Ambos se tiraron entre las flores ocasionando que las mariposas cercanas emprendieran vuelo, llenando su visión con una gran gama de colores. Definitivamente aquel lugar sería su lugar secreto, un lugar solo para los dos.

—Es hermoso —musitó extendiendo sus brazos como si fueran alas.

Las flores y el césped salvaje le hacían cosquillas en las zonas en las que el vestido no la cubría

Sus ojos de color zafiro brillaban gracias a la luz del sol que le daba de lleno, tocando delicadamente su rostro con una cálida y sutil caricia. El viento soplo por todo el lugar haciendo que el follaje se inclinara por su fuerza. Aquel campo de flores le recordaba al de la iglesia.

Entonces una idea asalto su mente, una bastante vergonzosa como anhelada.

Se incorporo de golpe de su sitio bajo la mirada confundida de Rei, quien aún permanecía recostado sobre su cama de flores.

—¿Qué sucede? —inquirió imitándola

Rin por su parte había comenzado a hacer algo con sus manos, escondiendo su trabajo de su compañero. Rei intento mirar por sobre su hombro, pero Rin no se lo permitió ocasionando que dejara escapar un suspiro de resignación.

—Sabes… —comenzó a hablar Rin aun vacilante, su mirada estaba clavada en el suelo —. Yo realmente te quiero. Lo que quiero decir es que… —Rei inclino su rostro del lado derecho aun sin comprender del todo lo que la chica intentaba decir, esto solo logro que el rostro de Rin ardiera más —. Me gustaría que tú… si tú estás de acuerdo, porque si no lo estas comprenderé, no te preocupes

Una carcajada la hizo sobresaltarse, Rei reía como si no hubiera un mañana. Él se estaba riendo. Riéndose de ella, de su incapacidad para poder pronunciar esas simples palabras, como si él pudiera decirlo mucho mejor que ella ¡Como se atrevía a hacer eso a una dama! La vergüenza desapareció en un solo instante siendo reemplazada por enojo e ira, sin embargo, antes de que pudiera reclamar algo, Rei habló con voz calmada

—No necesitas decir más, lo eh comprendido —dijo secando las lagrimas producto de la risa, todo bajo la mirada incrédula de Rin.

—P-Pero… —trató de protestar aun dominada por el repentino enojo mezclado con vergüenza, aunque el primero superaba por mucho al segundo

Rei se inclinó hacía ella, robando de sus manos lo que había hecho con esmero, y con gracia y delicadeza tomo la mano izquierda de Rin, quien se vio abrumada por nuevas sensaciones indescriptibles. El calor regreso a su rostro, aunque esta vez mucho más fuerte y violento que la primera vez.

Los dedos del chico de cabellos negros rozaron gentiles los de Rin, colocando en uno de ellos un extraño adorno. Era ligero y delgado, casi como un retazo de seda o lino, se entrelazaba sobre sí mismo como una trenza de cabellos verdes, mientras en el centro, una pequeña flor de color blanco asomaba tímida sus pétalos.

—No necesito de palabras para entenderte —dijo Rei con sencillez antes de usar su propio adorno —, nunca lo eh hecho.

Rin observó como colocaba el anillo en sus dedos, para después enseñarle el dorso de la mano como si con aquello la ceremonia hubiera finalizado. Rei le sonrió, cosa que ella no puedo evitar devolver, al igual que no pudo evitar lanzarse a abrazarlo. Ambos cayeron nuevamente sobre las flores haciendo que una nueva ola de mariposas alzaran vuelo, todas y cada una como si fueran estrellas de colores que regresaban a tomar su lugar en el cielo.


El reflejo multicolor inundo su visión, aunque no fue suficiente para que perdiera de vista lo que en verdad le importaba. Su mirada se agudizo, a tal punto de poder captar todos los detalles indispensables, incluso los que le eran desagradables.

No lo permitiría más, esto tenía que acabar.

El final de esa obra llena de pecados y deseos prohibidos ya tenía un final escrito, incluso existía antes de tener un comienzo.

Impasible contempló lo que se llevaba justo frente a sus ojos, toda esa muestra de lenguaje corporal le era completamente repulsivo, una abominación, algo que nunca debió existir. Sus manos se crisparon a causa de la furia que recorría todo su ser. Había sido bastante considerado con el tema, esperando paciente que el joven ángel se diera cuenta de su error, sin embargo, todas sus esperanzas se vieron destrozadas al enterarse de lo sucedido.

Todo el aprecio que una vez existió fue transformado en ira y odio.

Personalmente consideraba muerto a Len, aquel joven ángel había perecido desde hacía muchos años, lo que ocupaba su apariencia no era más que un sucio y asqueroso demonio, un ser hecho de oscuridad. Incluso la luz de su alma inmortal se estaba extinguiendo, solo una pequeña brasa ardía en reemplazo de la llama que antes lo había caracterizado, probablemente fue devorada por la misma oscuridad que se había tragado sus cabellos dorados.

Ahora, oculto entre el follaje de los arboles, esperaba el momento justo para cobrar venganza.

No una venganza personal, sino una que debía ser pagada. Todo en memoria del ángel caído, del pequeño Len, cuyo destino estaba roto desde que había caído a la tierra. Nadie se dio cuenta, nadie lo notó, no obstante la muerte del pequeño no fue inmediata. Se presentó como una enfermedad, lenta pero segura, atacando todo a su paso.

Esa enfermedad tenía un rostro y un nombre, y por muy detestable que le resultara, aun respiraba.

Ella era un objeto de deseo, el foco de infección que había contaminado a un ser puro e inocente con su intoxicante y letal veneno. Todo eso y más la hacían un peligro, uno que debía ser esfumado.

Y por suerte ese honor había recaído, o más bien había sido solicitado, en sí mismo.

Vengaría a toda costa la perdida de aquel pequeño ángel ¿y qué mejor que haciendo sufrir a ese demonio que ocupaba su cuerpo? Un demonio de cabellos tan negros como el abismo y ojos dorados, como la miel y el sol, una apariencia tan indecente como inocente.

Un ser que merecía agonizar por los siglos de los siglos, hasta que su pesar fuera tan grande que deseara quitarse la vida, un privilegio que por supuesto no le sería concedido.


El azul nubló por completo su vista, absorbiendo toda su capacidad visual hasta tal punto de doler.

Aquel color se sentía tan falso y tan natural a la vez. No había aves surcando los cielos y mucho menos nubes pomposas paseándose como algodones flotantes, la apariencia desolada era tan antinatural que daba una sensación extraña, como si faltara algo.

Extendió su mano hacia aquella basta y vacía vista, intentando capturar un fragmento de aquel color, más su mano se cerró en el aire atrapando la nada. Sus ojos de zafiro abandonaron el cielo para pasar al adorno en su mano, mejor dicho en su dedo anular. Ahí, un anillo hecho de una simple flor había encontrado su hogar, así como ella había encontrado a quien amar.

La sonrisa no tardo en apoderarse de sus labios, incapaz de abandonarlos.

Ese anillo delicado y efímero simbolizaba su unión con Rei, una unión que había sido sellada incluso antes de tenerlo. Ella era de él como él de ella, ambos se pertenecían, y eso nadie lo cambiaria.

Cerró sus ojos dejando que su memoria reprodujera cada uno de los encuentros con Rei, desde que lo conoció en el patio de la iglesia, hasta cuando se besaron por primera vez. Las sensaciones y emociones que fue acumulando a su lado se expandieron en su pecho como una ola que lleno todo su cuerpo. Cada detalle, cada palabra, ella era capaz de recordarlo. Su mente voló a alturas inimaginables, se vio a si misma abrazando a un niño de cabellos negros y ojos zafiro, a su lado Rei era prisionero de las manitas del pequeño, quien sujetaba sus dedos. Eran felices, incluso cuando la muerte cegadora y vil llegara por ellos serían felices, puesto estarían juntos.

¡Ah! Toda una vida junto a Rei, ese era su deseo más anhelado.

Ahora nadie podía arrebatarle tal derecho, no cuando ella había abandonado todo. Las ataduras llamadas obligación y compromiso habían desaparecido, era libre de manejar su vida como le viniera en gana; Huirían, sí, eso era lo correcto. Tan pronto consiguieran algo de dinero o un medio de transporte abandonarían la ciudad. Cambiarían sus nombres y se establecerían en un lugar muy muy lejano, uno en donde no conocieran su pasado y sus pecados cometidos. Rentarían un pequeño departamento y después conseguirían un trabajo, tal vez ella pudiera trabajar de mesera o costurera, juntarían el dinero suficiente para comprar una casa —una cerca de la costa, donde se pudiera observar el atardecer— y ahí criarían a sus hijos. Pero antes de eso renovarían sus votos, tal y como debería ser.

Se casarían por medio de la iglesia, invitarían a sus amigos más cercanos, los que harían en su nuevo hogar. En esa ocasión ella usaría un vestido blanco, uno mucho mejor que el primero. A travesaría las puertas del reciento mientras la marcha nupcial sonara, entonces sus ojos se encontrarían con los de Rei, quien vestiría un traje negro con detalles dorados. Seguramente las lágrimas picarían sus ojos, pero estaba segura de poder contenerlas al igual que las ganas de estar en sus brazos.

Caminaría con paso digno, sin ninguna pizca de duda o inseguridad. El miedo dejaría de existir para ella. Su corazón seguramente estaría en peligro de estallar por tanta felicidad, entonces ella le susurraría que no lo hiciera. No mientras él estuviera a su lado.

Rei la recibiría con esa sonrisa cálida que tanto la cautivaba, y entonces…

Entonces unas pisadas sonaron cerca de ella.

Instintivamente se incorporó, la alegría se desbordaba de cada poro al igual que una inevitable sonrisa apareció en su rostro.

Rei ha vuelto —pensó emocionada. Hacía poco que se había marchado en busca de algunos frutos para comer, él le había dicho que no tardaría, prometiéndole que cuando regresara se marcharían de una vez por todas antes de que los encontraran.

Sin embargo Rin no se encontró con Rei, sino con una mujer.

Ella la observaba a una distancia prudente, sus ojos azules la miraban susurrando una blasfemia silenciosa. Por un momento Rin pensó que se trataba de alguien del pueblo, no le sorprendía que la noticia de su huida ya se haya propagado como pólvora por todo el lugar, no obstante no pudo reconocerla de ningún lado.

Su cabello rosado y su tez blanca la hacían una extranjera a los ojos de Rin, incluso sus ropas no eran comunes en esa zona. Tal vez se había perdido, el bosque era engañoso cuando uno no lo conocía.

—Aquí estas —dijo la mujer acercándose un poco más a Rin

La rubia se asusto ante sus palabras. ¡Ella la conocía! Seguramente la habían mandado a buscar, ya podía imaginar lo que le esperaba ante la idea de su captura. Se levanto de golpe y enfrento a la pelirrosa dispuesta a pelear para poder huir si era necesario. Debía buscar a Rei, debían irse ya de ahí.

—Disculpa pero creo que te estás equivocando de persona

La mujer negó con la cabeza.

—Eres tú, tu eres la asesina —acusó fiera la pelirrosa haciendo que Rin la mirara como si estuviera loca. Los ojos azules la observaban llenos de odio y rencor —. Lo mataste. Ahora pagaras por eso.

Rin no tuvo palabras para contestarle, la incredulidad la había dejado muda. Pero su shock fue aún mayor cuando la recién llegada la apunto con un objeto que al principio no supo identificar, sin embargo, no tardo en darse cuenta de lo que se trataba.

El brillo cromado de la boca del cañón brillo como un saludo ante lo inevitable.

Sus ojos azules se abrieron por la sorpresa y el miedo al darse cuenta de lo que se proponía la pelirrosa, más antes de que siquiera pudiera pensar en correr un trueno atravesó el silencio del bosque y un relámpago salió del arma.

Al principio una punzada aguda ataco su pecho, el dolor se expandió por todo su cuerpo como un cáncer dispuesto a destruirlo todo y su sentido de la vista le jugaba bromas.

De pronto el mundo quedó de lado y una extraña presión se hizo presente en uno de sus costados. Un liquido más viscoso que el agua manchaba el césped que estaba a su alrededor, incluso sus ropas estaban impregnadas de ello. La mujer parecía haberse vuelto más alta ¿o era ella que se había hecho pequeña?

Sus miradas se encontraron por un momento, Rin no halló nada más que odio en esos pozos de azul profundo.

—Ahora él no puede tenerte —siseó haciendo una mueca de repulsión

Rin no comprendió sus palabras, mucho menos la causa del odio que parecía sentir hacía ella.

El respirar dolía, dolía demasiado. Sus ojos amenazaban con cerrarse, sin embargo, ella no lo deseaba. Su conciencia oscilaba entre la oscuridad y la nitidez de lo que sus ojos le mostraban; un instante la mujer estaba ahí y al otro no.

Su voz aun flotaba en su cabeza, las palabras perdían sentido al igual que todo lo que la rodeaba.

De pronto se vio arrastrada por un océano de oscuridad, se sintió ahogarse en él, ser doblegada por las olas de dolor que la golpeaban. La fuerza de su cuerpo fue drenada por la oscuridad, hasta que ya no quedo nada. La voluntad de nadar a la superficie se esfumo en un parpadeo.

Rin paro de luchar, y se dejo hundir en las profundidades del abismo que llevaba a la muerte.

continuará...


Fin.

Oko no ._.

Aun falta el epilogó. Este capitulo quedo diferente a como lo había imaginado, sin embargo, me gusto.

Supongo que es obvio quien es la agresora de Rin. Ya se que algunos deseaban que él final fuera el capitulo anterior, pero debo recordarles que esta es una adaptación de la canción original por lo que ya saben que esperar y que no.

Dejen sus quejas apretando el botón que esta aquí abajo :D

HORA DE RESPONDER REVIEWS

Guest: Realmente no se que decir xD

Generalmente las personas del sexo opuesto tienden a verme como algo lejano? .-. ni siquiera yo lo se decir xD

Rechazaré la idea de ser princesa, generalmente me comparan más con un caballero hecho dama, algo tipo Erza de FT xD eh ahí el porque todos me ven de forma diferente a las demás chicas. No es necesario que seas un chico malo, te acepto Shouta, la lindura es otra cosa que me hace débil C:

Shina-19: Gracias :'D

Siempre eh pensado que no se describir sitios y mucho menos las emociones de las personas, sin embargo, estoy feliz de que te guste mi narrativa. *le da chocolates* Por cierto aquí tienes tu continuación n-n

Cristal12997: Lo siento por no llenar tus expectativas, yo también odio las tragedias, pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de los Kagamine, ellos son especialmente reconocidos por sus historias trágicas.

Es todo por hoy. Si llegamos a los 40 reviews subo el final en una semana. Todo depende de ustedes lectores

Amor&Paz

Pc Fuera.