Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo Don't missSwan me, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, a mi tatita Vero, a mi hija Kath porque el incesto la trajo en carruaje, a Gen porque me echaba de menos, a mi esposa porque soy suya por completo, a Bego porque es perfecta tal y como es y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, Laura Brooks, El palacete, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.

CAPÍTULO 9 CONDESA SWAN

Durante unos instantes, Regina miró a su esposo entre curiosa y divertida, intentando entender su extraña revelación mientras el conde la observaba tembloroso. Sus ojos aguamarina teñidos de miedo y angustia mientras los nervios carcomían su estómago, esperando la reacción de su mujer, una reacción que tardaba en llegar y que no auguraba nada bueno.

Finalmente Regina habló, intentando ahogarla risa nerviosa que notaba en la boca de su estómago y entender las palabras de James.

-Pero mi señor, Emma es un nombre de mujer… No lo entiendo

Una tímida sonrisa en sus labios sonrosados, incitando al conde a continuar con su historia, a explicarse mejor, le dieron a Emma el valor para continuar, al fin y al cabo Regina no había salido corriendo ni la había acusado ofendida.

-"Lo sé, y es mi nombre porque yo soy una mujer Regina, una mujer que ha vivido toda su vida disfrazada de hombre, sustituyendo a un niño muerto, haciéndose pasar por él para que el nombre Swan no callera en el olvido"

Una vez más se hizo el silencio entre ellas, silencio entrecortado por la agitada y nerviosa respiración de Emma, mirando a su mujer, buscando indicios de cólera y horror en sus gestos mientras ella solo observaba la pared con el rostro pensativo. Finalmente Regina volvió su mirada hacia ella con una tímida sonrisa en sus labios, descolocando por completo los esquemas de la joven Swan.

-Ahora comprendo por qué no queríais desposarme en un principio, por temor a descubrir vuestro secreto

-"No quería implicarte en esta vida de mentira y engaño Regina, tú mereces a alguien que sea real, no un disfraz como yo… Quise alejarme, marcharme, quise darte la oportunidad de otra vida lejos de mi pero no pude, me enamoré y la idea de imaginarte en brazos de otro, compartiendo tus días con alguien que no fuese yo me destruía, fui egoísta mas no tenía elección, no podía soportar vivir una vida sin que tu estuvieras a mi lado…"

Sus palabras, ensayadas durante días, desde que pidió su mano para convertirla en su esposa, enmudecieron ante Regina, colocando suavemente la mano en su rostro y obligándola a mirarla a los ojos, esos ojos oscuros que la habían embrujado por completo.

Tímida pero decidida, la morena junto sus labios en un casto beso, solo un roce, una pequeña caricia que bastaron para robarle el aliento y abandonarse a su dulzura, cerrando los ojos sintiendo como su corazón se desbocada en su pecho y su vientre ardía de deseo.

-Seáis hombre o mujer, James o Emma, seguís siendo la misma persona de la que yo me enamoré. Jamás traicionaría vuestra confianza, será un secreto que con celo guardaré, lo prometo. Solo no me alejéis por miedo a herirme, no me apartéis de vuestro lado nada más empezar, hace unas horas juré que sería vuestra hasta el día de mi muerte y así será.

-"¿No os enfadáis mi señora? Os mentí…"

-No, no tengo ganas de enfadarme, no en nuestra noche, no hoy

Un pequeño suspiro de alivio escapó de sus labios mientras sentía que el peso aplastante que llevaba sobre sus hombros ocultándole a su amada su verdadero ser desaparecía. Sonrió con ganas mirando sus ojos, sus labios, su rostro que había memorizado de tanto contemplarla esas largas tardes bajo el manzano. Sin un rastro de duda en sus actos cortó la escasa distancia entre ambas, devorándola con un beso desenfrenado, apasionado, un beso que sabía a libertad, a verdad, provocando que un ligero gemido se escapara de los labios de Regina, abandonada como estaba a la pasión arrolladora de su joven esposa.

Cuando finalmente se cortó su contacto, sus jadeos ahogados tardaron unos segundos en apagarse mientras no podían dejar de mirarse a los ojos y sonreír.

-Y ahora Emma ¿Qué vamos a hacer?

La rubia sintió un escalofrío recorrer su espalda y su vello corporal erizándose al escuchar su nombre de los labios de su amada, con tanta dulzura, tanto amor encerrado en su voz…

-"Vamos a amarnos como recién casados mi amor… Al amanecer, cuando mis criados retiren las sábanas, mi nombre caerá en deshonra si no hay mancha en ellas"

Los ojos de Regina se ensombrecieron ante dicha revelación, comprendiendo a qué se refería la rubia y mordiendo su labio inferior. Emma pudo leer en su mirada como en un libro abierto, cada duda, cada miedo que su joven esposa sentía, pero también la curiosidad y el deseo que sus sentimientos despertaban.

-"No debéis preocuparos mi señora, no voy a haceros daño alguno, lo prometo"

-Lo sé, confío en vos…

Una leve caricia en su rostro sirvió para apaciguar unos instantes los nervios de Regina, mientras Emma tomaba su mano y la ayudaba a ponerse en pie, quedando frente a ella. Mientras atrapaba sus labios en un nuevo beso, sus manos se fueron deshaciendo del vestido de novia que esta aun portaba con destreza, acariciando lentamente aquellos pedazos de piel que iban quedando expuestos a medida que iba desnudando su cuerpo.

No tardó en desnudarla por completo, y mientras Regina cubría su rostro de rubor, Emma la contemplaba embelesada pues era la mujer más hermosa del mundo entero, cada centímetro de su piel era bello, tan perfecta que le quitaba el aliento.

Sus dedos danzaban por su desnudez, rozándola, de forma suave y lenta, como si tocaran una obra de arte prohibida mientras volvía a besarla una y otra vez, con sed infinita, con deseo ardiente, un deseo que nacía en su vientre y bailaba por todo su ser, oscureciendo sus ojos e incitándola a devorarla.

Sus labios abandonaron de pronto el beso, atacando el cuello expuesto de su amada, mordiendo y lamiendo con ansia y provocando que esta se arqueara y que pequeños gemidos escaparan de sus labios.

Entre besos y caricias expertas, Emma ayudó a Regina a deshacerse de sus elegantes ropajes, de su disfraz, para que esta pudiese verla como era en realidad liberando su cuerpo. Las manos de la morena, algo más tímidas que las suyas pero aun así ávidas de contacto, exploraron su piel como ella había hecho anteriormente, descubriéndolo, acariciándolo…

Sus besos, antes tímidos y lentos, se volvieron voraces, una lucha encarecida en sus labios por beber, apagar la sed inmensa que sentían de la otra, mientras Emma tumbaba a su esposa con delicadeza sobre el lecho, inmovilizándola con su propio cuerpo y bebiendo de sus labios.

Durante unos minutos se besaron sin prisa, sintiendo el cálido contacto de sus cuerpos piel con piel y las pequeñas caricias que se regalaban hasta que la rubia separó sus labios deseando abarcar más, saborear más, empezando por su cuello y bajando, lentamente, deteniéndose de repente y saboreando su piel, mordiendo suavemente.

Se detuvo al llegar a sus pechos, decidiendo en ese momento que eran los más bonitos del mundo, saboreándolos y arrancando pequeños gemidos de los labios de Regina al sentir sus dientes apretando sus pezones endurecidos y su lengua rodeándolos.

Poco a poco podía sentir como se humedecía bajo sus atenciones, como su piel se iba calentando y sus gemidos entrecortados iban apareciendo con más regularidad. Abandonó sus pechos pensando para si misma que más tarde volvería a ellos pues el seño de Regina necesitaba de su atención, fue bajando con un reguero de besos hacía ese lugar que clamaba por ser saciado cuando el aroma a mujer de su amada la embriagó por completo, perdiendo la capacidad de pensar con claridad, empujándola a devorarla con ansia. Pasó su lengua gimiendo ante su sabor, recogiendo y esparciendo su humedad, acariciando de forma lenta y tortuosa el hinchado clítoris de Regina provocándole escalofríos y placer desenfrenado. Se hundió en ella, devorándola sin tregua, escuchando sus gritos, sintiendo como se aferraba a sus cabellos rubios y la incitaba a continuar, a no parar… Sabía que de seguir así su mujer llegaría en pocos minutos por lo que, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, se detuvo provocando una protesta sonora por parte de Regina mientras subía a sus labios y la besaba con pasión, callando sus quejidos, regalándole su propio sabor de sus mismos labios.

-¿Por qué has parado?

-"Porque ya estas lista mi amor… Iré con cuidado de no dañarte pero si te duele has de decírmelo ¿De acuerdo?"

Regina, sabiendo que se refería a ese momento que tanto temía, el momento en el que dejaría de ser doncella para ser mujer, solo asintió, confiando ciegamente en ella, entregándose a ella por completo.

Tras un suspiro, Emma introdujo lentamente un dedo en ella, observando su rostro por si debía detenerse, mas Regina, con los ojos cerrados y mordiéndose su labios inferior, simplemente se sujetó a sus hombros con fuerza incitándola a continuar.

Cuando en interior de la joven se acostumbró a la intrusión, comenzó a meter un segundo dedo provocando en esta un gemido de dolor que la obligó a detenerse mas una mirada de Regina fue suficiente, ella estaba bien, podía continuar…

Poco a poco, aun recibiendo pequeños gemidos de dolor por parte de su mujer, comenzó un vaivén en su interior buscando romper toda barrera. Con un pequeño grito, Regina se abrazó a ella al notar como su himen se rompía y empezaba a sangrar como signo de su virginidad perdida en sus manos. Sin rastro ya de dolor, los gemidos ante el vaivén de Emma en su interior, cada vez más profundo, más rápido y preciso, fueron aumentando mezclándose con lágrimas de pura emoción ante un momento que recordaría toda su vida.

De pronto notó como su espalda se arqueaba, sus gemidos se volvían gritos y todo su cuerpo ardía, notó una explosión en su bajo vientre que recorrió su columna en unos segundos, explosión que murió con el nombre de Emma en sus labios y con un beso feroz de la mujer que se había convertido en su esposa, que había tomado su vida entera para ponerla del revés.

Cayó agotada, aun sintiendo su corazón latir desenfrenado, notando el calor que Emma desprendía sobre ella, su cuerpo con pequeñas perlas de sudor y la agitada respiración de su mujer que se entretenía regando besos por su cuello expuesto hasta que, lentamente, sacó los dedos de su interior, limpiando los restos de sangre que había en ellos para poder acariciarla.

No dijeron nada, no hacía falta, se miraron a los ojos con una sonrisa en los labios, hasta caer en un profundo sueño, abrazadas, unidas, con dos corazones que latían al mismo compás.

SQ

A la mañana siguiente, el sol colándose por las rendijas de la ventana la despertó. Sin abrir los ojos analizó todo cuánto había acontecido la noche anterior, como el destino la llevó a casarse con una mujer, como Emma había recorrido su cuerpo tocando su alma, como la poseyó de forma tan dulce y tierna que fue imposible no adorarla… Pensar en ella le hacía sonreír mas se extrañó al no notar su peso junto a ella, abrió los ojos y encontró el lecho vacío, ni rastro de su mujer.

Sin saber muy bien cómo actuar, permaneció en la cama hasta que de pronto penetró en la estancia una de las criadas del conde, asustándola y provocando que se cubriera aun más de lo que estaba cubierta.

-"Siento interrumpir vuestro sueño mi señora, el Conde me mandó para que tuvierais todo cuanto deseéis"

-¿Él dónde está?

-"Tenía asuntos que tratar, volverá en seguida que pueda, mientras tanto yo os serviré ¿Deseáis algo?"

-Sí, bueno, yo… ¿Cómo me dirijo a vos? No sé quién sois

-"Disculpadme mi señora, no me presenté, soy Diana, para serviros"

-Bien Diana, me gustaría tomar un baño

-"En seguida se lo preparo condesa, en cuanto estéis en la bañera me encargaré de cambiar las sábanas"

La joven se marchó sin duda a preparar su baño, dejándola colorada al recordad que seguramente dichas sabanas estarían ensangrentadas como prueba irrefutable de su entrega.

En cuanto el baño estuvo listo, Diana la ayudó a prepararse, dejándola sola para que pudiese relajarse en el agua caliente, pensando en todo y nada.

Durante un rato se entretuvo dibujando formas en el agua, llenando su mente con imágenes de la noche anterior, con Emma… amanecer sin ella al lado había conseguido que la echase terriblemente de menos.

Perdida estaba en sus pensamientos cuando se sobresaltó al escuchar la puerta del aposento, seguramente Diana volvía para ayudarla a vestirse. Mas grande fue su asombro y su sonrisa al ver ante ella al Conde Swan, mirándola divertida desde la cortina que separaba la bañera de la habitación.

Sin decir palabra, se deshizo rápidamente de su ropa, entrando a la bañera junto a su mujer, acurrucándose a su lado y rodeándola con sus brazos en un instante.

-"Buenos días mi señora, veo que Diana me hizo caso y os atendió bien"

-Muy bien pero quería pediros algo mi amor

-"Lo que deseéis"

-Me gustaría que mis doncellas, Gen y Luci, siguieran ocupándose de mí. Son mis amigas y las echaría mucho en falta

-"Hoy mismo mandaré un carruaje a buscarlas"

-¿Dónde estabas?

-"Tratando unos asuntos de mis fábricas… es complicado y más aquí que estoy tan lejos… Creo amor que tendré que partir pronto a Londres"

-Dirás que partiremos juntas

-"Londres no es un lugar para ti mi señora"

-Me da igual, si te marchas me voy contigo, estamos juntas en lo bueno y en lo malo ¿Recuerdas?

-"Está bien, pues ve pensando en qué deseas llevarte mi amor porque la semana que viene partimos"