Capítulo 9
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Hace muchos, años mi madre me llamó a su "habitación especial" era un recinto situado en lo más profundo del castillo de marfil de la Luna, en el cual se decía que se contenían los secretos más oscuros del Universo, al cual solo podía tener acceso la Reina. Nunca se me había permitido entrar, pero esa vez fue diferente.
La misteriosa habitación secreta de la Reina estaba llena de objetos y libros antiguos escritos en lenguajes que nunca había visto, los techos se amontonaban en cristales preciosos y vidrios de colores que zumbaban misteriosamente. Había copas de oro, cofres con diamantes, botellas y joyas, todo esparcido y desordenado, era una sala llena de tesoros de todos tipos. Muchos de ellos, regalos de otros Reinos al Trono Lunar. En el centro se encontraba flotando protegido por una luz blanquizca un cristal plateado tallado en diversos picos que brillaba opacando a todos los demás tesoros, algo en el me atraía quería tocarlo, y como mi madre no había llegado me acerqué a el lentamente, casi como hipnotizaba, era como si el cristal me llamara, como si estuviéramos destinados a estar juntos. Rocé la luz blanca para poder tomar el cristal, pero la voz de mi madre me trajo de vuelta a la realidad.
-No lo toques-. Dijo simplemente, con su usual voz tranquila y serena. Mi madre estaba parada detrás de mi ataviada con un hermoso vestido blanco, el color de la realeza lunar que enmarcaba su hermosa y delicada figura, con un lazo color crema que realzaba su pecho.
Yo retrocedí como si hubiera hecho algo malo, pero ella solo me sonrió y me acercó nuevamente al cristal.
-Hija, te llamé hoy, porque es tiempo de revelarte el tesoro más grande que posee la realeza lunar-. Dijo tomándome de las manos. –Este es el cristal de plata Serena-. Miré al hermoso cristal, deseando tenerlo en mis manos.
-Gracias al cristal de plata, es posible tener equilibrio en la galaxia, es gracias a el que, a diferencia de la gente de la tierra, nuestro reino goza de la inmortalidad, es el reflejo de la pureza existente en el Universo, pero mucho más importante, es nuestro, y aunque existan muchas personas que estén tras su enorme poder, es nuestra responsabilidad protegerlo-.
-¿Un cristal, la fuente de tanto poder?-. Pregunté incrédula. –Es bonito y todo, pero no creo que algo tan pequeño sea tan importante-. Le dije entre risas. Mi madre con su actitud acostumbrada sonrió enigmáticamente y me dijo. –Cuando seas Reina lo comprenderás, tal vez algún día llames a tu propia hija para pasarle el secreto-. Su mirada era nostálgica, así que no quise ahondar en mi pena, al parecer el cristal era también causa de perturbación en mi madre. De pronto su semblante se volvió serio y me dijo firmemente tomándome de los hombros.
-Serena, esto es lo más importante que te voy a decir en la vida, hay muchas personas cuyas intenciones no son buenas y sus corazones están llenos de codicia. Ellos harán lo que sea por conseguir el cristal. Así que como mimbro de la realeza será tu deber protegerlo. Protege el cristal de plata cueste lo que cueste.
Creo que tuvo que pasar mucho tiempo para que entendiera esas palabras.
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Esperé mi final derrotada. No tenía ganas de pelear, aún cuando Darien y Rey casi me rompían los brazos. Sentí las lágrimas resbalando por mis mejillas anunciando la pena tan grande que palpitaba en mi corazón. Sollozos involuntarios estremecían mi cuerpo violentamente. Logrando solo que Darien me apretara tan fuerte el brazo que sentí que en cualquier momento se doblaría hasta romperse.
No lloraba porque estaba a punto de morir, ni porque mis amigas se habían vuelto contra mí, o porque Darien me odiaba y estaba a punto de quebrarme el brazo como a una muñeca de trapo.
Lloraba porque sin saberlo había sido la causa del sufrimiento de la persona más importante para mí. De cierta manera era la responsable de tanto dolor. Esperaba que por lo manos mi muerte le podría causar algo de alivio a sus corazones. Después de tantas luchas juntos, merecían ser felices.
¿De verdad Darien y Rey se habían reprimido tanto tiempo? Me sentí mal de solo pensarlo. Si Darien no me amaba, tuvo que soportarme a mi y a mis estupideces durante todo este tiempo. No me podía ni imaginar el dolor de ver a la persona que realmente amas enfrente de ti, sin poder hacer nada, totalmente impotente. Era para volverse lico, lo suficiente para llegar a odiar a la persona con la que estás atado, ósease yo.
Pero mi caso era totalmente diferente. Yo SI amaba a Darien, tanto que moriría antes que causar algún rastro de pena en esos ojos azul profundo que habían sido míos tanto tiempo. Si mi muerte podía librar esa sombra oscura que se asomaba en su mirada, que así fuera.
Esperé el impacto apretando los dientes y aunque fuera idiota, disfrutando del furioso agarre de Darien.
En el momento que vi el rayo llegar, no se por qué, las palabras de mi madre llegaron a mi cabeza, despertando algo dentro de mi. Con todo el dolor de mi corazón decidí de pronto que no podía darme por vencida, así que saqué la fuerza que me quedaba. Ya sabía que hacer.
...
Estaba anocheciendo cuando me dejé caer en una de las bancas del parque número 10, me dirigí allí como un zombi, involuntariamente. En ese parque había vivido tantas cosas que ni siquiera me sorprendí cuando mis pies me llevaron allí. Me senté con aire ausente y mire tranquilamente a mi alrededor.
Quería gritar, llorar, hacer una rabieta, hacerme ovillo y quedarme allí hasta quedarme dormida. Pero en cambio estaba sorprendida por la calma absoluta que aparentaba. El parque no estaba solo, había una pareja de enamorados en una banca al otro extremo. Un par de chicas casi de mi edad platicando entre risotadas con aire confidencial. Y junto a mi un hombre, del cual no había reparado cuando llegue, leía un libro aprovechando los últimos rayos del sol. En la cubierta se leía "Civilizaciones perdidas tomo IV: El Milenio de Plata."
De acuerdo esto era demasiado. Me empecé a reír, creo que sonando como una desquiciada. Entre risa entre sollozo. Lo que hizo que el hombre bajara su libro y me mirara extrañado. Y entonces lo vi. Era el ¡el chico! Es decir, mi maestro. Pare mi risa abruptamente y lo mire embobada, por un momento el también se vio sorprendido, pero luego dibujó una cálida sonrisa y me miró divertido.
-Parece que siempre que nos encontramos tienes un aspecto lamentable-. Me sonroje y mire mis ropas. Estaba llena de tierra. Aún así no era correcto que me lo recordara. Lo miré con aire asesino, causando que soltara una carcajada. -Lo siento, siempre soy muy honesto, a veces demasiado, es un defecto, y ahora bueno precisa no estas muy guapa ¿estás bien?-
Le di un manotazo enojada en el pecho. Genial lo que me faltaba en este maravilloso día era que mi nuevo profesor me recordara lo espantosa que me veo, supongo que me queda, es reflejo de la horrible persona que soy por traer sufrimiento a las personas que me importan.
-¡Qué es cierto!- Dijo entre risas.
Suspire sabiendo que con mi aspecto no podría contradecirle.
De repente se puso serio y me miró casi compasivamente. –Oye, ¿estás bien?, te ves un poco… afectada, ¿es por lo que pasó esa vez con el profesor?-.
Me sobresalté un poco ¡era cierto!, mi mente no tenía registrado ese incidente, con lo que había pasado el día de hoy, todo había pasado a segundo plano.
Negué con la cabeza medio ausente.- No, es solo que hoy tuve un mal día-.
-Lindo título- Le dije sonando indiferente, aunque por dentro empezaba a picarme la curiosidad.
Me miró complacido enseñándome el grueso tomo que se desplegaba ante mi con numerosos signos incomprensibles y la explicación de que era lo que dignificaban, al parecer eran un tipo de diario o registro en lo que parecía ser latín.
-Esto es más que un buen título. Es la prueba que el milenio de plata existió-. Lo miré sonriente, casi incrédula que el de todas las personas me hablara de esto.
-¿Sabes algo del Milenio de plata?- Pregunto con sus ojos oscuros brillando de la emoción como si de un nuevo juguete se tratara.
-¿El Milenio de plata?-. Le pregunté incrédula.
-Si bueno… es algo así como un reino en la luna-. Dijo sonriendo torcidamente.
Una risita nerviosa se me escapó de la boca lo que el malinterpretó como una burla.
-Si, si, ya se que suena loco… Bueno, de hecho puedo parecer un friki en este tema pero es fascinante-.
Negué con la cabeza e intenté sonar natural. -¿Ah si? ¿qué tanto sabes?
Sonrió complacido, y comenzó a hablar sin parar
- Los primeros registros de esta especie de reino, fue encontrado por el Doctor Raynold Mclaggen en 1942, un arqueólogo irlandés que había ido a Grecia para estudiar los restos de una de las bibliotecas más antiguas de las que se tienen registro, la mayoría del material había sido destruido por diversas guerras entre ciudades estados. Se habían traído al viaje diversos expertos en arqueología y en lingüística para traducir los textos del latín, griego antiguo y algunos mas recientes en arameo. Pero el doctor Mclaggen encontró otro tipo de pergaminos, en medio de las ruinas, en una cámara que creían que era mortuoria, solo que no había ningún cadáver. Esos pergaminos estaban guardados en contenedores de materiales muy valiosos, casi como si fueran un tesoro, y estaban escritos en un lenguaje que nunca se había visto. No tenía raíces latinas, o de alguna otra lengua oriental. Estaba compuesto de signos complejos e indescifrables. Los científicos dijeron que esos textos tal vez provenían de una civilización antigua, que habían sido contemporáneos de otras grandes culturas. Algunos fanáticos le atribuían este descubrimiento a Atlantis. Es decir ¿era obvio no? Una isla perdida en el olvido. Pero el sabía que había algo más-.
-¿Y esa lengua pertenecía a la luna?-. Pregunté embobada por el relato.
-Bueno...-.
-¡Ren!- Grito una voz que me produjo escalofríos.
-Señor director-. Dijo Ren sorprendido haciendo una reverencia.
El joven director bufo y le dirigió una cálida sonrisa. -Vamos, somos casi de la misma edad y nos conocemos de toda la vida, cuantas veces te he dicho que me llames por mi nombre-.
-Lo siento director-. Dijo con una sonrisa tímida, que lo hacía lucir como un niño pequeño.
El director Kankuro rodó los ojos y dejó el tema cuando reparó en mi.
Una sonrisa burlona apareció en su rostro.
-Pero mira a quien tenemos aquí-.
Lo miré paralizada sin saber que hacer, esa sonrisa que me dirigía me recordaba con un retortijón en el estómago que ese hombre sabía mi secreto, y casi parecía decir que lo revelaría al mundo si quisiera. Sus ojos, que tenían destellos grises, me miraban penetrantemente. -Buenas noches-. Dije tensamente. Pero en vez de contestar, me ignoro por completo y se dirigió al que parecía ser su amigo de la infancia.
-¿Te hice esperar mucho?, lo siento estaba en una junta y no pude salir hasta hace poco-.
Ren negó con la cabeza sonriendo. -No te preocupes, solo estaba aburriendo a la señorita Tsukino con mis aburridas historias de civilizaciones perdidas-.
-Oh Ren, no te preocupes, puede que sus notas no lo reflejen pero Serena es una experta en ese tema, así como en princesas perdidas ¿no es así?-. Dijo con una sonrisa socarrona.
-¿En serio?-. Me miró impresionado.
Sonreí tensamente y me aclaré la garganta. -Yo...bueno, yo...-.
-Pero por supuesto, Serena no seas tan modesta-.
-Pero bueno Ryoji, por como te diriges a ella parece que son bastante cercanos-. Dijo Ren sonriente.
-¡Oh si ya sabes!, no soy un profesor muy convencional, Serena y yo nos llevamos de MARAVILLA, nos reímos y guardamos secretos juntos-. Me había pasado un brazo por los hombros en un abrazo tan duro que casi dolía. -Pero bueno querida es tarde y debes de estar muy cansada con todo eso de tus amigas, preciosa, nos retiramos-. Anuncio enérgicamente tomando a Ren por el brazo y jalándolo lejos de mi hacia un lujoso carro negro que aparcaba en la calle, como si los fuera a contagiar de lepra en cualquier momento.
-Espera-. Se quejo mi maestro y corriendo de nuevo hacia mi, me entregó el volumen café que estaba leyendo. -Toma-. Me dijo simplemente con una encantadora sonrisa.
-¡Ren!-. Se quejo el director a lo lejos. Ren, trotó hacia el luciendo su bien formada figura.
Ambos hombres que más que académicos parecían modelos se subieron al carro. Dejándome allí sola y aturdida.
Llegue a casa media hora después, y agradecí la bronca que me hecho mi mamá por haberla desobedecido y haber salido de la casa. Me concentraba en los gritos tratando que las imágenes no llegaran a mi mente. Era extraño, cuando estaba en el parque parecía como si de repente se hubieran esfumado, pensé que era porque había otras personas que me distraían, pero no parecía aplicar con mi mamá. Aunque hablaba y hablaba, Darien seguía metido en mi mente.
Después de alargar mi castigo al siguiente año. Subí pesadamente a mi habitación tratando de bloquear todos mis sentimientos.
Pero era imposible, rabia, tristeza, culpa se arremolinaban en mi corazón. Todavía podía ver el encaje del brassier de Rei, el torso desnudo de Darien, el odio en los ojos de mis amigas y el dolor de sus rostros cuando yo les había... .
Sacudí mi cabeza como queriendo sacar los pensamientos de mi.
Luna no estaba, claro al parecer ella también me había dado la espalda. Me tiré en mi cama aun con el libro en brazos. Lo abrí desanimada y lo hojee lentamente, tratando en no pensar mucho.
Pase de un capitulo a otro, Mesopotamia, Atlantis, el jardín del Edén y finalmente el Milenio de Plata.
Y allí casi textualmente estaba la historia que el profesor Ren me había contado. Solo que tenía una pequeña continuación.
"Contradiciendo a la comunidad científica, el profesor Mclaggen se obsesionó por lo que el creía era un reino en la Luna. Aunque su teoría se descartó cuando expertos en Latin tradujeron que el reino en la luna era en realidad una forma romántica de decir que probablemente se realizaban ceremonias religiosas en honor al astro. Mclaggen fue perdiendo credibilidad mientras una creciente obsesión tomaba su mente.
Tomado como un loco partió hacia un viaje por toda Europa y Medio Oriente buscando información del reino perdido. encontró registros en diversos lugares. Desde pinturas rupestres en África hasta pequeños relatos en su natal Irlanda en inglés antiguo. En todos ellos hay una figura femenina predominante a la que Mclaggen denominaba cariñosamente como "la pequeña princecita".
Había varias imágenes de cuevas con formas humanoides casi desvanecidas por el tiempo con el símbolo de la luna sobre lo que parecían ser sus cabezas, aunque bien podían pasar como cuernos.
Seguía un extracto de la leyenda irlandesa:
"Y había en la luna una hermosa princesa de pelo dorado amada por todos, hija de una diosa. Se enamoró del hombre equivocado, un hombre de la tierra que mató su pureza, la destruyó, manchó de sangre y lágrimas su vestido blanco para dejarla caer en la muerte y sumirla en la tristeza".
Me dio un vuelco al corazón. ¿Cuando hablaban de ese joven, hablaban de Darien?. Pensé en la forma que me ardía el corazón por su culpa. ¿Es que todo lo que habían pasado no servía de nada? ¿Y Rini? ¿Y Tokyo de Cristal? ¿Nuestro amor eterno? ¿Todo por... por... ¿¡Rei.!?. Ya no me sentía triste creo que ahora si quería ¡estrangularla!, todos me habían traicionado. Habían intentado matarme. Solté un gruñido furioso y avente el libro al otro lado de la habitación. Me eché en la cama y aun vestida me quedé dormida entre lágrimas de furia por Darien, por Rei y por mi misma por haberles hecho pagar de esa manera. Porque después de todo sabía que en el fondo todo era mi culpa.
Esa noche soñé con Darien. Estaba de nuevo en su apartamento. Mojada y parloteando. Sentía como se me acercaba, pero esta vez no alcanzaba a esquivar el cuchillo. Y se enterraba directo en mi estómago, la hoja se deslizaba fácilmente en mi abdomen, tan fácilmente como si estuviera cortando mantequilla, creando un charco de sangre a mi alrededor.
Lo último que veía era el rostro de Darien lleno de éxtasis. Por fin se había librado de mi.
Desperté empapada en sudor, jadeando. Miré el reloj. Las 3:24 AM. Una corriente de aire me llegaba al rostro. La ventana estaba abierta. No recordaba haberla abierto pero con mis ánimos era muy posible que lo hubiera hecho sin fijarme. Respiré hondo y trate de retener unas lágrimas que amenazaban por derramarse.
Me limpié el sudor de la frente y traté de sacar a Darien de mi mente. No podía ser que alguien que amaba tanto me causara tanto dolor.
Pero algo me distrajo una rosa roja estaba depositada al lado mío. Volteé a ver el florero en donde la había puesto la última vez y me encontré con que seguía ahí. Esta era otra rosa. La tome entre mis manos, sosteniéndola por el característico listón negro que ahora me resultaba muy familiar por alguna razón. Adjunta había una carta en un sobre sencillo color crema. Al abrirlo, ocupaba su espacio una carta con una caligrafía elegante.
Serena: Escribo esto mientras te veo dormir. Eres hermosa, tu delicada silueta se sobrepone a ese burdo uniforme. Pero me parte el corazón el ver tu rostro hundido en esa tristeza. Me sigo recordando que lo que hago es por un bien mayor, así que te lo susurro ahora a ti también. No hay casualidad querida mía, las personas que dicen quererte, el hombre que dice amarte son seres podridos en vanidad y envidia, fueron cegados por el puro resplandor que desprendes. Y esa, princesa, es la verdadera maldición de la princesa de la luna. Los seres indignos no podrán tocarte. Aunque yo se que mas que una maldición, es una bendición. Pronto tu cuerpo sufrirá algunos cambios, así como la conducta de los demás hacia ti.
No puedo esperar a verlo. Voy a estar allí, junto a ti en primera fila. No te preocupes. Estamos destinados. Pronto estaremos juntos. Serás mía. "
Baje la mirada sin saber que pensar. En la orilla de mi cama se formaban unas pequeñas arrugas. Pose mi mano derecha allí y me sorprendió el calor que se concentraba. Alguien había estado allí. Miré la ventana abierta y un escalofrío recorrió mi espalda.
...
Darien
...
La misma situación. Vi a Serena sentada en mi sillón toda empapada por la lluvia. Sus rodillas estaban raspadas y su rostro reflejaba una terrible angustia que se veía, me estaba tratando de ocultar. Hablaba acerca de un profesor suyo, de un auto y de Haruka. Una parte de mi quería ir a abrazarla, besarla y decirle que todo estaría bien. Pero ese lado mío estaba cautivo, enterrado dentro de mi corazón. Pues el otro yo dominaba mi cuerpo. El irracional, el que odiaba. El que quería matar. Escuché que un sollozo se resbalaba en la voz de Serena. Me partía el corazón y a la vez me llenaba de odio. Quería abrazarla y decirle que todo estaría bien, quería clavarle el cuchillo en el corazón. ¿ cuál cuchillo?, ah si, el que sostenía en mi mano.
Avance tembloroso. Hacia el sofá donde sus coletas se asomaban. Ella volteó y me miró asustada.
-¿Darien?- Su voz me hizo parar en seco y estremecer mi cuerpo. En mi interior los dos yo peleaban encarnizadamente produciéndome una jaqueca que me nublaba la vista. "Matala, matala, tengo que matarla"
"¡No, nunca lastimaría a Serena!".
Arroje mi mano contra su estómago, si esto era un recuerdo, en cualquier momento, desviaría la mano y la clavaría en el sillón, pero esta vez, la dirección de la estocada fue directa y precisa, atravesándola con el cuchillo. Poco a poco mi mano se llenó de su sangre, que se extendía por su blusa, hasta formar un charco en el suelo. El éxtasis y la euforia invadieron mi ser. Sus ojos azules perdieron poco a poco su brillo y se desplomó en mis brazos, muerta.
Me caí al suelo sosteniendo su cuerpo sin vida. Y de repente la sensación de orgullo junto con mi otro yo se había ido, ahora que había cumplido su cometido.
Un dolor, dolor ensordecedor llenó mi pecho. Y me di cuenta lo que había hecho. Zarandeé el cuerpo de Serena mientras las lágrimas me nublaban la vista. Había sangre por todos lados. La abracé desesperado como un niño. Temblando, recargué mi cabeza en su pecho que ya no transmitía calor, ni de transmitir sonido alguno. La había perdido. Grité su nombre tan fuerte, como no lo había hecho antes.
...
-¡Serena!-.
Desperté gritando con mi rostro empapado de lágrimas y sudor. El salón entero miraba sorprendido a mi dirección. Me encontraba un salón de la facultad de Medicina, y me había quedado dormido en plena clase de anatomía, después de todo llevaba ya 3 días intentando no dormir. Pero el sueño me había ganado al fin. Me había despertado gritando y llorando, y ahora me encontraba parado en mi lugar respirando dificultosamente. Mis compañeros empezaron a murmurar, otros a reír disimuladamente. Que su ejemplo a seguir Darien Chiba hiciera tal escena, era impensable. Pero ahora mismo me importaba una mierda. Solo quería salir corriendo de allí y abrazar a Serena con todas mis fuerzas, pero pensándolo bien, hacerlo tal vez acabaría con su vida.
Mi profesor, luciendo contrariado, me llamo fuera del salón. Lo seguí, él me puso una mano en el hombro y luciendo muy preocupado me dijo.
- Muchacho ¿estás bien?, parece que no has dormido en siglos-.
Asentí cabizbajo sin prestarle mucha atención. Solo podía pensar en Serena, ¿Como estaría? ¿me odiaría lo suficiente como para no volverse a acercar a mi?.
-Darien tu no eres así, ¿tu, quedarte dormido en plena clase?-. Sonreí lastimosamente.
-Supongo que no soy tan bueno como todos piensan, soy solo un cobarde impotente-. Dije con amargura.
-¡Muchacho! No necesitas ser tan duro contigo, ¿sabes algo? Te doy permiso, ve a casa y descansa-. Asentí sin mucho ánimo y me dirigí a la salida.
Salí con paso apurado del edificio como si la vida se me fuera en ello, ignorando las miradas curiosas de los transeúntes. Al llegar al patio más cercano, me localicé en una y me cubrí el rostro con ambas manos. Lo único que podía pensar era en Serena. Y la expresión de su rostro cuando Rei y yo ...
Estaba consciente que no lo había hecho a propósito. De hecho había sido mi idea.
Cuando Rei me persiguió. Se me ocurrió que si nos veía a los dos juntos. Se haría a la idea y no preguntaría mucho. Así que al contarle mi plan a Rei. Ella lo tomó con bastante madurez y aceptó. Fue raro. Cuando la escuchamos llegar me quite mi camisa rápidamente y le hice una señal a Rei para que hiciera lo mismo. Nos tumbamos en la cama y en el momento en que abrió la puerta. Nos enfrascamos en un apasionado (y falso) beso. Tal vez me dejé llevar por la adrenalina, porque ahora me sentía como un verdadero canalla.
Mi único consuelo era lo que había pasado ayer.
Luna había dicho que no había manera que las Sailors Scouts le ganaran a su princesa. Y tenía razón.
-Entonces, si la atacamos es posible que ella… ya sabes se defienda?-. Preguntó Amy algo dudosa.
-No, tal vez, no ella, pero su inconsciente si, el cristal de plata, nunca dejaría que lastimaran a la princesa-.
-Tenemos que hacerlo-. Dijo Haruka decididamente.
-Pero… aun así hay una posibilidad de que nosotras la lastimemos-. Replicó Setsuna, algo alterada.
-Bueno, también recuerda que llevamos ya mucho tiempo sin dormir, por lo que nuestros instintos asesinos no están tan "recargados", y probablemente podamos controlarnos mejor-. Dijo Michiru pensativa.
-Chicas, yo se que esto suena horrible, pero si es la forma de dejar de tener estas pesadillas… yo estoy dentro-. Habló Rei diciendo, lo que probablemente estaba en mente de todas.
-Si, ya saben, después de todo la normalidad no debe ser tan mala-. Se rió Mina tratando de aligerar la situación.
-Y así podremos acercarnos a ella para advertirle lo que está pasando, y que probablemente haya un enemigo que está tras de ella-. Zanjó el asunto Lita.
Todas asintieron decididas. Y pusimos en marcha el plan.
No sabia si iban en serio o estaban fingiendo, ni tampoco si yo iba en serio o estaba fingiendo. Tal vez ambos.
En el momento que Hotaru lanzó su rayo contuve la respiración, no pensaba que de verdad la iban a lastimar. Pero conforme avanzaba, supe que si Serena no hacía lo previsto, moriría. Luche con mi conciencia entre la parte que le apretaba el brazo para tenerla sometida y la parte que le apretaba el brazo, estando listo para jalarla y protegerla con mi cuerpo. Pero no hubo tiempo, en el último segundo, la luna creciente de su frente se encendido incandescente y creó un campo de concentración que me expulsó lejos contra un árbol a 5 metros, que impacto contra mi columna, produciéndome un fuerte dolor en la espalda.
Las chicas habían retrocedido. Y Serena estaba parada ante ellas con las manos extendidas casi como protegiéndose. Una luz surgió de sus palmas, a pesar de su sorpresa y un rayo blanco, deslumbrante impacto contra las Sailors. Todas soltaron un grito casi al unísono y se quedaron momentáneamente suspendidas en el aire. poco a poco, una a una fueron perdiendo sus transformaciones. Y después de unos segundos más, cayeron al suelo pesadamente, inconscientes. Miré a Serena, preocupado, pero ya no estaba ahí. Había huido. Me alegre. Aguantando el dolor, me pare lentamente, y fui corriendo hacia ellas. Comprobé el pulso de Amy, y la respiración de Rei. Todas parecían estar bien. Solo con uno que otro rasguño. Suspire aliviado.
Afortunadamente ese día no había nadie en la casa de Rey, así que cargue una por una a su casa y las coloque cuidadosamente en la salita del templo, sobre algunos futones que encontré y coloque improvisadamente. Cuando llegara el abuelo de Rei, encontraría una pijamada cualquiera. Excepto que nadie las llevaba, pero en fin, ya se inventarían una excusa. Todas dormían plácidamente. Justo como nos había advertido luna, que pasaría.
-¿Darien? -. Me preguntó una voz femenina. Bajé la mirada y vi a Luna mirándome con compasión. Su mirada gatuna era muy clara, casi diciendo. "¿Funcionó?" . Asentí silenciosamente.
- Lo siento, Artemis y yo no encontramos otra solución para parar esas pesadillas y tampoco pudimos hacer algo más por ti-. Dijo lastimosamente.
- Está bien, que las chicas no vuelvan a soñar así, ya es bastante-. Dije tratando de sonar tranquilo.
-Si pero, ¿como estás tu?-. Me quedé callado.
-Es mejor que nos vayamos-. Dijo Luna rompiendo el tenso silencio. -Yo me quedaré contigo. Artemis se va a quedar con las chicas. No creo que tarde en llegar. Se quedó investigando. Aunque no hemos tenido mucho éxito-.
-¿No deberías quedarte con Serena?-.
Luna negó con la cabeza. -Artemis cree que quienquiera que este haciendo esto, es probablemente alguien lo suficiente poderoso como para meterse en la mente de cualquier individuo. Y como todas las visiones están relacionadas con el asesinato de Serena, el enemigo debe estar tras de ella, buscando como lastimarla a través de terceros. En el Milenio de plata, había personas bajo el servicio de la corona que tenían ese poder y eran de gran ayuda en misiones de espionaje. Por lo regular eran capaces de meterse en la cabeza de alguien y ver todo lo que esta veía y percibía. Si me quedara con ella. El enemigo me podría usar para recobrar información de Serena. Especialmente porque vivo con ella. No ganaríamos más que ponerla en peligro.
Asentí inseguro. - Entonces vámonos Luna-. Dije tomándola en mis brazos. Me di la vuelta y deje atrás a las Sailors Scouts, o mejor dicho a las ex-Sailors Scouts.
-Solo espero que cuando despierten, lleven bien todo el asunto-. Me dijo Luna preocupada.
- Lo estarán, esta era la única forma-. Le conteste.
-Si, ellas sabían a lo que atenerse, y estuvieron de acuerdo cuando les dije que la princesa no estaría indefensa ante sus propias Sailors. Va a ser duro, pero se acostumbraban, a ser normales. Después de todo, Serena les ha quitado todos sus poderes-.
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Hola, pues aquí está el cap. 9, si me tardé bastante, pero por fin lo terminé, este es el cap. Más largo hasta ahora . Muchas gracias por leer y comentar.
Usako-Chiba-T: Muchas gracias por leer, espero que la historia te siga pareciendo interesante.
princessqueen: Si, se que es triste, pero es necesario, para darle algo de sazón
tuxigirl27: Me reí mucho con tu comentario! Jaja yo se que es medio violenta, pero me alegra que te guste para seguir leyendo.
analang: Aquí esta la continuación, y espero que el cap. Se te haga igual de bueno.
Alex Moon: Muchas gracias por comentar. Haber si les gusta la continuación de la historia. Yo se que Darien es un maldito, pero en su defensa, no es su culpa… bueno tantito jiji.
HoshiBelle: Gracias por leer. Pues aquí esta un cap. Más con más drama!
Ale: Hola Ale, pues aquí está después de un tiempecito, la continuación.
Muchas gracias por leer el Fic. Espero que pueda actualizar muuuuuucho más pronto, que esta vez. Lo siento, he estado bastante ocupadita. Ero después de batallar con mi falta de tiempo y admiración, aquí esta!
Besos!
