Inquietudes
«¿Señora?» dijo Ruby al entrar en su despacho, con lágrimas en los ojos
«¿Qué? ¿Qué ocurre?»
«Emma Swan está en el hospital. Ha tenido un accidente de coche»
Esa frase tuvo el don de hacerle saltar un latido a Regina, que afortunadamente, estaba sentada en su silla pues sus piernas no habrían podido sostenerla ante el anuncio de esa mala noticia.
«Un…un accidente…» balbuceó mientras que Ruby la miraba con lágrimas en los ojos sacudiendo débilmente su cabeza «¿Cuándo? ¿Cómo?»
«No lo sé, señora, la agencia no ha querido decirme nada…»
«¿Dónde está?»
«En el Hospital General de San Francisco, señora»
«Bien, anule mis citas de momento, tengo que ir a saber de ella» dijo enderezándose, poniéndose en pie para coger su bolso y dejando su despacho, olvidando completamente la amenaza que pesaba aún sobre sus hombros
«Bien…pero, ¿señora?»
«¿Sí?» dijo dándose la vuelta
«¿Puedo ir con usted? Por favor…Anularé sus citas por el camino»
Ante el rostro preocupado de su secretaria, Regina asintió y la pequeña morena corrió hasta su mesa, cogió su bolso y la agenda de su jefa para seguirla hasta su coche.
Quince minutos más tarde, había llegado a la recepción del edificio hospitalario y Regina se precipitó hacia una joven pelirroja que parecía ser la recepcionista.
«Señorita, la habitación de Emma Swan, por favor»
La joven tecleó en el teclado de su ordenador, después alzó el rostro hacia la elegante morena.
«¿Es usted de la familia?»
«Soy la Alcaldesa, ¿o acaso no se ha dado cuenta?»
«Sé quién es usted, Señora Mills, pero solo se autoriza la visita de la familia. Lo siento…»
«¡Y yo lo sentiré cuando haga que la despidan!»
Esa frase dio miedo a la joven pelirroja que entreabrió la boca, pero no emitió ningún sonido.
«¡El número de su habitación, ahora!»
«La 308»
«Gracias…» resopló irónicamente Regina dirigiéndose hacia los ascensores, seguida de cerca por sus asistente.
Ruby se había quedado sorprendida por la escena que acababa de producirse ante sus ojos, conocía a su jefa, su carácter, así como su don para obtener lo que deseara, pero nunca la había visto servirse de ello en este tipo de situación.
Al llegar a la habitación 308, se dispusieron a entrar cuando un médico las cortó
«Heu, señoras…»
Las dos mujeres se dieron la vuelta y el médico vio que tenía enfrente a Regina Mills.
«Discúlpeme, pero no pueden entrar»
«Ah, bien, y ¿por qué, doctor…?»
«Whale…Porque las enfermeras están en este momento haciendo las curas a mis dos pacientes. Le pediría que esperara un momento, señora Alcaldesa»
«¿Sus dos pacientes?»
«Sí, Emma Swan y David Nolan llegaron anoche durante mi guardia, así que me hice cargo de ellos»
«¿David Nolan también estaba presente?» preguntó Regina, sorprendida de conocer esa novedad.
«Sí»
«¿Qué les ha sucedido?»
«Un loco les golpeó en la parte trasera del coche cuando ellos pasaban por un cruce. Dieron una vuelta de campana y acabaron la carrera en el cristal de un café en la 24»
«¿Dónde está ese loco…?» preguntó la morena con la mandíbula apretada sintiendo cómo la cólera la invadía.
«Delito de fuga…la policía está avisada. Un testigo de la escena fue quien llamó a la ambulancia»
«¿Y cómo se encuentran ellos?»
«Más miedo que daños, el señor Nolan tiene la clavícula izquierda desencajada, mientras que la señorita Swan tiene una ligera conmoción en la cabeza y dos costillas rotas»
A continuación la puerta de la habitación se abrió y dos enfermeras salieron, mientras que en el interior se escuchaban risas.
«¿Podemos entrar ahora?»
«Sí»
La morena no dijo una palabra más y se encaminó hacia la habitación a la que de todas maneras tocó antes de entrar, seguida de nuevo por Ruby.
«Toc, toc»
«¡Entren!» escucharon ellas decir en un tono divertido mientras entraban en la habitación.
«¿Señora Alcaldesa?»
«¿Regina?»
Los dos guardaespaldas se asombraron al ver a la morena ante sus camas separadas un metro una de la otra.
«Buenos días…» los saludó ella con un pequeña sonrisa de tristeza.
«Hola…» dijo tímidamente Ruby dejándose ver.
«Hola Ruby…» murmuró Emma aunque seguía sorprendida por ver a la Alcaldesa de pie, delante de su cama, negándose a apartar sus ojos de ella.
«El doctor Whale nos ha dicho lo que os ha pasado…» dijo Ruby con una ligera expresión de desolación en su rostro.
«Todo va a ir bien, saldremos de esta, ¿no es verdad, Emma?»
«Sí…hemos vivido cosas peores…»
Emma y Regina no habían dejado de mirarse, y David y Ruby se sintieron de más.
«Bien, me apetece ir a por un refresco…»
«Yo le acompaño, yo también tengo sed…»
«¡Ok! ¿Queréis algo señoras?»
«También un refresco, por favor…»
«Un café para mí, gracias»
Salieron de la habitación cuidando con cerrar la puerta tras ellos, mientras Regina y Emma no se habían movido.
«Siento lo que le ha pasado, pero le aseguro que ese loco será encontrado y…»
«Regina…cálmese…No tiene por qué sentirlo, no es su culpa. Y además, sé que ese loco…que ese tipo será encontrado, sé que Graham hará de todo para logarlo. Siéntese, se lo ruego» dijo ella invitando a la morena a tomar asiento en el sillón que estaba entre su cama y la ventana.
«¿Cómo se siente?»
«Oh, heu…bueno, va» dijo ella ligeramente divertida para intentar aligerar la atmosfera.
Y lo consiguió ya que la morena le concedió una pequeña sonrisa, aunque con una lágrima en sus ojos.
«Pero, ¿cómo supo que estaba aquí?»
Entonces, Regina se acordó de la carta que había recibido al llegar al despacho, y comenzó a asustarse.
«Bien…esta mañana he recibido una nueva carta de amenaza y…»
«¡QUÉ!» se enervó la rubia enderezándose sobre el colchón. Al efectuar ese gesto demasiado rápido, que le provocó un dolor en su costado derecho, apareció en su rostro una mueca que la morena vio, e hizo amago de levantarse e ir hacia la rubia para ayudarla «No, está bien, tira un poco, pero no es nada»
«¿Está segura?»
«Sí, sí, estoy bien…entonces, ¿qué es esa historia de la carta?»
«Bueno, como la anterior, no había nombre, ni dirección y esta vez solo una frase: Esto está lejos de haber acabado, abre los ojos»
«Hay que mandársela a Graham, buscará ADN, pida a Leroy que revise las cámaras de seguridad y…»
«Lo haré…pero acuéstese»
La morena había posado una tímida mano en el hombro derecho de la rubia para incitarla a hacer lo que le aconsejaba y Emma obedeció.
«Cuando leí esa frase, pedí inmediatamente a Ruby que la llamase, así supimos que estaba aquí…»
La rubia sonrió a su pesar. La conmovía de cierta manera que la morena hubiera pensado inmediatamente en ella y que la quisiera a su lado para asegurar su protección.
«El doctor me ha dicho que después de los resultados del escáner podré marcharme, pasaré a recoger mis cosas antes de ir a su…»
«No»
«…casa. ¿No?»
«Emma, no está en condiciones de protegerme por ahora. Tiene una conmoción cerebral y dos costillas rotas, su prioridad es descansar»
«Ya, ¿acaso piensa que me voy a quedar postrada en una cama? No me conoce bien…»
«Pero, es una locura…podría haber muerto»
«Pero no ha sido así, aún estoy aquí…»
«Pero no quiero arriesgarme»
«Comprendo. Después de todo es su derecho querer ser protegida por un agente en perfecto estado de salud»
«¿Perdón? No, eso no es así…En fin, quiero decir, sí, pero…no lo comprende…no es por mí por lo que no quiero arriesgarme, es por usted»
«¿Por mí?»
«Sí, no deseo que le suceda nada por mi culpa…»
«De acuerdo…en ese caso, voy a llamar a mi superior y pedirle el mejor agente…después de mí y de David, por supuesto…»
Rieron ligeramente y ver a la morena recobrar la sonrisa hinchó de felicidad el corazón de Emma.
«¿Cómo está su hijo?»
«Bien, gracias. Ha estado un poco conmocionado por los sucesos ocurridos en el edificio de su compañía, pero bien…se está recobrando»
«¿Lo saludará de mi parte?»
«Sin duda»
«Gracias…»
Se sonrieron de nuevo antes de escuchar que la puerta se abría y David y Ruby entraban, con sus manos cargadas con las bebidas.
«Te he cogido una limonada, ¿te va?» preguntó David tendiendo su brazo sano hacia la rubia
«Genial, gracias hermano»
«Su café, señora» dijo Ruby acercándose a su jefa.
«Gracias Miss Lucas»
Cada uno tomó un sorbo mientras David se volvía a echar en su cama, más mal que bien, y alguien tocaba a la puerta.
«Entre…» dijo Emma «¡Ah, doctor! Entonces, ¿tiene los resultados?»
«Sí, Emma, tengo los resultados de vuestros escáneres y todo parece en orden»
«¡Super! En ese caso, ¿podemos marcharnos?»
«Bueno, contaba con manteneros una noche más en observación»
«Ni hablar»
«¡Emma!» dijeron las dos morenas junto con David
«¿Qué con Emma? Ha dicho que todo estaba bien, le tengo pánico a los hospitales, tengo derecho a marcharme…pero si ocurre la menor cosa, vuelvo, lo prometo»
«Entendido, pero con una condición»
«Sí, sí, firmaré el descargo de responsabilidad»
«Sí, eso también, pero la dejaré marchar solo si se mantiene vigilada. Como sé que vive sola…»
«Se vendrá a mi casa» declaró David con tono firme «Yo la cuidaré» Él giró la cabeza hacia la rubia y sonrió «Nos cuidaremos el uno al otro»
«Muy bien, en ese caso voy a preparar los papeles del alta»
«¡Perfecto!»
El médico salió de la habitación y Emma se incorporó para abandonar la cama. E inconscientemente, Regina se precipitó hacia ella para ayudarla.
«Vaya con cuidado…va a acabar por romperse otra cosa…»
«Sí, Emma ten cuidado…» dijo David, levantándose a su vez.
«Yo los llevo a su casa» propuso Regina, pero su voz indicaba que no les dejaba elección.
«Es muy amable, gracias»
«Pero, Emma, vamos a tener que pasearnos así…» anunció David señalando el camisón del hospital.
«Oh, super…¡nos van a tomar por locos que se han escapado del manicomio!»
Se echaron a reír del comentario de la rubia, después salieron de la habitación, tras recoger los pocos efectos personales que tenían, seguidos de la Alcaldesa y de su asistente. A continuación, Emma se dirigió hacia su médico que la hizo firmar un documento necesario para dar luz verde a su partida, y finalmente pudieron dejar el hospital.
Una vez fuera, Regina los condujo hasta su coche, los invitó a entrar, y después pidió a David su dirección para llevarlos hasta allí.
Veinte minutos más tarde, la berlina negra de Regina se detuvo delante del inmueble, bastante elegante, del joven que se encontraba sentado en el asiento de atrás al lado de Emma.
«¿Es aquí?» preguntó Ruby observando el edificio
«¡Sí! Gracias Regina…»
«No hay de qué»
La rubia salió del coche y los otros tres pasajeros hicieron lo mismo. Ruby abrazó delicadamente a Emma para despedirse de ella, mientras que David estrechaba la mano de la Alcaldesa amigablemente dándole las gracias por su ayuda, después se despidió de Ruby y caminó hacia la entrada del edificio.
«¿Me sigues Emma?»
«Sí, sí, ya voy»
La rubia rodeó el vehículo para despedirse de la morena, mientras que Ruby volvía a meterse en el coche.
«Bueno, heu…gracias Regina»
«Ya lo ha dicho»
«Sí, es verdad…» respondió ella divertida desviando la mirada, sacándole una nueva sonrisa a la morena
«¿Me dará noticias suyas?»
«Sí. Si usted me mantiene al corriente de lo que pase con la carta…»
«¡Trato hecho!» dijo ella tendiendo la mano hacia la rubia aunque secretamente e ignorando por qué, habría querido, como Ruby, estrechar a la rubia en sus brazos.
Emma estrechó tiernamente su mano mientras le sonreía antes de marchar.
«La llamaré para decirle quién me sustituirá» le dijo a la morena mientras se alejaba de ella y de su coche.
«Muy bien. Hasta pronto, Emma»
«Hasta pronto, Regina…»
Cuando Emma hubo pasado la puerta de entrada, Regina arrancó y salió del barrio para volver al Ayuntamiento.
Por su parte, David, que estaba apoyado en la pared al lado de los ascensores, esperaba pacientemente la llegada de la rubia.
«¿Entonces?»
«¿Entonces, qué?»
«¿Qué sientes al ver que ha venido nada más que por ti?»
«No tiene nada que ver, tú estabas conmigo, te recuerdo…»
«Es verdad…pero es que Ruby me dijo que no sabían que yo también estaba hospitalizado hasta que Whale se los dijo…lo que quiere decir…»
«¿Qué? ¿Qué quiere decir, Señor sabelotodo?»
«Que se preocupa por ti»
Emma se puso roja como un tomate, lo que hizo reír al rubio.
«¡Venga, vamos a acostarnos!»
«Sí, pero antes tengo que hacer una llamada…»
Tres horas más tarde, en Greens Restaurant, situado en el muelle, un hombre entró y fue recibido por un camarero al que dijo que tenía una cita, después fue conducido a una mesa aislada y discreta donde un hombre estaba tranquilamente comiendo un hermoso filete de ternera con chalotas.
«Buenos días, señor»
«Ah, aquí está. Siéntese, Killian…»
El hombre en cuestión retiró la silla que tenía delante y se sentó.
«Entonces, ¿tiene buenas noticias que contarme?»
«Sí, señor, Emma ha contactado con mi superior hace tres horas, después él me ha llamado y me ha pedido que me encargue de la protección de la Alcaldesa»
«Excelente...Ya sabe lo que hacer ahora, señor Jones»
«Sí, señor»
«En ese caso, no le retengo más tiempo, su deber lo llama»
«¿Y con lo que respecta a mi dinero?»
«Veo que no pierde el norte…»
Sacó un sobre de su chaqueta y lo hizo deslizar por la mesa hacia el joven moreno.
«Ahora una primera parte, la otra cuando el trabajo esté hecho»
No se tomó la molestia de responder, cogió el sobre y se marchó, dejando que el otro hombre acabara de comer con toda tranquilidad.
Y cuando estuvo fuera de su campo de visión, el hombre mayor sacó su teléfono y marcó antes de llevárselo a la oreja.
«Todo va según lo previsto. Pronto, Regina Mills no será sino un mal sueño…»
