¡Hola! Aquí con el noveno capítulo, octavo para quienes se han dado cuenta de mi pequeño fallo, pero bueno, eso no importa mucho realmente xD.
Una vez más, gracias a todas esas personas que siguen mi historia y un especial gracias a aquellas que se toman su tiempo para dejarme su review :3. Gracias a ustedes mi inspiración no se va y en cada capítulo trato de entregarles algo interesante que leer.
En fin, con un total de 24 páginas en Word, les presento C'mere, un capítulo que estaba ansiosa por escribir desde el principio, pues creo que es aquello por lo que comencé a hacer esta historia xD. Espero que les guste y recuerden, no esperen lentitud ;3.
Enjoy!
Disclaimer: Naruto no me pertenece, es obra de Kishimoto-sama.
Capítulo 9.
"Hoy dijiste,
que sabes exactamente como me siento.
Tenía mis dudas, pequeña chica…
Yo estoy enamorado de algo verdadero."
6:45 p.m.
Anochecía en la Ciudad de Konoha, pequeñas e intensas luces se podían observar esparcidas por todos los rincones, alumbrando las calles y avenidas. Autos iban y venían por las carreteras deteniéndose en algún semáforo en rojo para luego seguir con su camino, de igual forma, el murmullo de las personas —tanto de las que hablaban por teléfono como de las que se encontraban reunidas con alguien— daba al ambiente un sentimiento acogedor y familiar.
Las multitudes creaban eso, pensó para sí mismo, las personas se sentían con más seguridad si seguían a la masa de gente. Las modas, tendencias e incluso los vicios eran creados por mero capricho, en un afán casi vano por sentirse con más importancia en un mundo que —lamentablemente—ya se estaba echando a perder. El egoísmo resultaba ser el principal causante, pero ¿quién podía culparlo de todas formas? El ser humano era, esencialmente, materialista y terrenal. Las emociones de envidia, tristeza, venganza y resentimiento estaban sembradas desde el nacimiento, solo era cuestión de tiempo que estas florecieran.
Nadie podía salvarse de aquello, en algún momento de la vida la codicia haría acto de presencia en el corazón de alguien, el lado oscuro reinaría hasta que, por fin, se halle un equilibrio —en el peor de los casos aquel equilibrio jamás aparecería, pero ese era otro tema—. Para él esos sentimientos se habían presentado demasiado temprano, a sus 20 años podía decir que había visto lo peor de la gente, lo que el dinero y el poder podían llegar a hacer a una persona, experimentó demasiado cerca lo que era perder el raciocinio por un fajo de billetes. Por eso, tenía su propio lema grabado a fuego en su mente, con letras doradas y resplandecientes: Nunca confíes, todos pueden decepcionarte.
Y efectivamente a medida que su existencia en la tierra se alargaba pudo corroborar aquello, empezando con la primera mujer de la que se había enamorado: Haruno Sakura, pensar en ese nombre le revolvía el estómago —aún después de tres años—, creyó que ella era diferente, que esos ojos jade eran honestos y hermosos, que ese corazón enérgico y entusiasta sería como un hogar para él cuando quisiera escapar de su monstruosa familia… pero se había equivocado. Ella, al final, había resultado ser una más del montón, con un ego demasiado alto, dispuesta a hacer todo con tal de conseguir su propio bienestar. Cuanto le había costado deshacerse de ese maldito amor que se instaló en su corazón, ese terco órgano palpitante había sufrido demasiado cuando fue rechazado, cruelmente, por la pelirosa.
Desde entonces se cerró por completo, sus destrozados sentimientos jamás volvieron a ser lo que eran cuando estaba en el instituto, su actitud se tornó mas fría y altanera; vengativa, y él supo que ya no había marcha atrás en eso. El Sasuke Uchiha de antaño ya no existía, ahora se había convertido en un hombre que satisfacía sus placeres sexuales con bellas y sensuales damas que encontraba en una que otra fiesta o algún bar, no había ninguna emoción de por medio más que la lujuria; excitante y constante, la superficialidad gobernó en su vida. Era feliz con eso, no volvería entregar su corazón a nadie más. Mantenía un equilibrio entre su diversión y su deber con una rutina casi imposible de romper: conseguía a una chica, la conquistaba, ambos tenían una salvaje sesión sexo duro y después la dejaba tirada para seguir con sus planes diarios, no volvía a ver a la mujer en cuestión —pues se le hacía bastante vulgar acostarse más de una vez con la misma persona—.
Ese era Sasuke, el hijo prodigo de los Uchiha, mejor amigo de Uzumaki Naruto —aquel idiota que era como un grano en el culo, molesto y fastidioso como él solo—. La única persona con la que mantenía un lazo de verdadera amistad era ese rubio, después de tantos años conociéndolo se había acostumbrado a él —tanto como se podía—, verlo, al principio, era un recuerdo constante de la mujer que lo traicionó, pero luego, con el pasar del tiempo; tan cruel pero justo, aquel recuerdo dejo de dañarle tanto y dio por hecho que ya lo había superado. Ambos, al final de cuentas, fueron lastimados y utilizados, como simples juguetes de goma. Las consecuencias eran casi irreparables, cada uno había manejado la situación como mejor podía, ¿quién podía culparlos de todos modos? La vida te marcaba con errores que no debías volver a cometer, era muy consciente de eso.
Sin embargo, a pesar de la letanía de protestas que una vez se puso a gritar para sí mismo reprochando sus propias dudas, y decirse que ambos, Naruto y él, eran más centrados y responsables con sus acciones algo, muy dentro de su mente, le exclamaba que no todo estaba bien. Que el hecho de que su amigo no haya vuelto a hablar del asunto de Sakura ni de lo que había sucedido entre ellos no era normal, una persona común no olvidaba un amor de infancia tan fuerte y profundo en tan solo un año. ¿Qué habría sucedido entonces?
Aquella interrogante volvía a su cabeza en los días menos pensados, como un misterio o un acertijo que lo mantenía entretenido una cantidad importante de tiempo —no quería admitir que se preocupaba por el ojiazul, bastante tenía con sus propios problemas—. Sería, quizá, que la tremenda testarudez de su rubio amigo lo había contagiado, pero estaba decidido a hacerle caso a esa vocecita en su interior que le decía que algo pasaba con Naruto. Meses, días y años transcurrieron para darse cuenta de que inmiscuirse en la vida del blondo era algo que estaba dispuesto hacer.
Entonces allí estaba, frente a la puerta del departamento en el que el rubio vivía, con una bolsa de ramens instantáneos sujeta en su mano derecha y la otra tocando el timbre. Hace una semana que no había vuelto a hablar con su idiota amigo —no es que lo extrañase, claro que no, quien podría extrañar a un hombre tan irritante—. Los asuntos con su familia lo mantenían demasiado ocupado como para siquiera ir a la universidad y darse un descanso, la empresa familiar era un tema demasiado delicado para él... Sacudió la cabeza esfumando todo tipo de pensamiento y dejó de presionar el botón, al instante un tenso silencio se formó en el ambiente.
Esperó un minuto, dos minutos… tres, cuatro… juntó las cejas y arrugó la frente al ver que nadie abría la puerta. Bufó exasperado ante la situación, su mano libre se apretó en un puño en signo de estar a punto de enojarse y explotar. Más trato de calmarse, exhalando todo el aire de sus pulmones. Con inusitada serenidad volvió a tocar el timbre del apartamento del Uzumaki, ahora consecutivamente, pensando que tal ves el rubio se había quedado dormido haciendo algo. Al sexto timbreo pudo oír pasos apresurados, sonrió imperceptiblemente, acomodándose un negro mechón de su cabello cruzó los brazos y aguardó
—¡Maldición!
Sasuke pudo oír un sonoro golpe seguido de varios quejidos de dolor. Retuvo la risa demasiado entretenido oyendo como su mejor amigo profería mil y un insultos en contra del objeto con el que se estampó. Cuando por fin la puerta se abrió y pudo ser capaz de ver en persona a Naruto, sobándose un pie con una clara mueca de dolor, solo fue capaz de sonreír de lado con gran superioridad, sus oscuros ojos veían al rubio con burla y diversión.
—Dobe. —Articuló para, sin más, entrar al apartamento y dirigirse hacia la sala.
—¡Teme! —Profirió Naruto cerrando la puerta con demasiada fuerza y dando grandes zancadas para seguir a su amigo—¡No te he dicho que puedes entrar'dattebayo!
—Me vale una mierda—Sasuke botó la bolsa llena de sopas instantáneas al sofá e inmediatamente se sentó a un lado, suspirando en el transcurso.
—Tan desconsiderado…—Dijo el rubio con un leve tic en el ojo derecho, viendo como el pelinegro poco o nada de caso hacía a esas palabras, como si todo tipo de insulto le resbalara. —¿Qué haces aquí, Sasuke?
El aludido dejó pasar los segundos mientras debatía consigo mismo acerca de la respuesta, sería muy imbécil de su parte decirte al rubio que estaba allí por estar persiguiendo una corazonada que tenía desde hace mucho tiempo —sobre todo por que él era un hombre coherente y lógico, hablar como si nada de ese tipo de inutilidades arruinaría su imagen—. Optó por mantener su fachada de desinterés y soberbia solo para no alarmar al blondo, después de todo pocas veces lo había visitado.
—Estaba aburrido—Pronunció el chico de cabello oscuros, con ojos inexpresivos miró fijamente a Naruto—Tengo algo de tiempo libre y no sabía qué hacer.
El Uzumaki parpadeó, claramente confundido—Estas diciendo…—Arqueó una ceja—¿Qué estabas aburrido y que viniste a verme solo porque sí? —Sasuke asintió desviando la mirada—¿A mí? —Volvió a asentir—¡¿A mi'ttebayo?!
—¡Ya te dije que sí, usuratonkachi!
—¡Es que es increíble, teme! ¡No te creo!
—Cree lo que quieras.
Naruto calló, restregándose el rostro con sus dos manos emitió un sonido similar a un quejido lastimero, algo harto. La situación le pareció de película, Uchiha Sasuke lo había buscado por cuenta propia, no por que él lo había llamado o citado, no, sino por su propio pie. ¿En verdad el pelinegro creía que se tragaría tan absurdas palabras? Debía verse muy idiota como para que todo el mundo pensara en él como un niño, incapaz de captar las mentiras. Era inteligente, sobradamente inteligente quizá, su personalidad no tenía nada que ver con su cociente intelectual, podía actuar como un miserable idiota, pero, en su mente, sabía muy bien todo lo que pasaba a su alrededor.
Por eso, antes de abrirle la puerta a su amigo se había asegurado de cerrar con llave su cuarto para evitar pequeños incidentes, no deseaba que nadie entrara en su aposento, ese lugar era suyo, únicamente suyo y lo protegería con todo su ser —además de que consideraba de que nadie era digno de entrar allí, lo tomarían por loco, lo juzgarían y lo que menos quería era dar explicaciones sobre las fotos de Hinata esparcidas por todas sus paredes—.
Hinata…
Al instante sintió su corazón latir desbocado dentro de su pecho. Exhaló. Hace una hora que había hablado con ella por celular. Se sentía tan despreciable pero al mismo tiempo tan feliz… un cúmulo de sensaciones agridulces se posicionaban dentro de su pecho para brindarle un sentimiento de extraña calma. En ningún momento había querido recurrir al chantaje con la oji perla, pero, cuando las cosas se habían tornado tan inaguantables, supo que no tenía otra opción. No había mentido en absoluto, en verdad pensaba quitarse la vida, sin ella a su lado todo perdía rumbo y significado, por un momento quiso hacerlo sin avisarle a nadie, solo dejándose vencer ante la horrible soledad, pero pronto —cuando su propio egoísmo emergió, como un insaciable monstruo—se dijo que tenía la respuesta, la solución a todo. Hinata nunca dejaría que alguien sufriera a cuesta suya, era demasiado amable y empática como para vivir con esa carga.
Entonces actuó, tomó su celular, marcó su número —aquel número que había conseguido gracias al ingenuo de su amigo Rock Lee, agradecía de sobre manera lo inocente que el cejotas podía llegar a ser, demasiado confianzudo como para sospechar que sus intenciones no eran del todo buenas— y llamó… lo que pasó después y las palabras que dijo fueron la pura verdad, no tuvo que fingir nada, solamente fue honesto y su amada azabache había logrado captar todo. Sin embargo, no esperó aquella reacción de parte de ella, en ningún momento había imaginado que lloraría tan desconsoladamente, aunque aquello le produjo un enorme dolor en su corazón lo alegró a partes iguales; Hinata lloraba por él, rogaba por él, imploraba que se quedara su lado.
Lo necesitaba.
Con eso cualquier pensamiento autodestructivo cesó, sus ganas de morir por ella se detuvieron, ahora quería vivir; vivir con aquella promesa que Hinata le había hecho: Estar juntos. ¿Había algo más maravilloso? Al colgar, diciéndole a su amada que dejara de llorar pues ya no se haría daño, tuvo que tomar todo el aire que podía, esperando con eso controlar el intenso sentimiento que bullía en su interior. Por fin la había convencido, por fin serían todo lo que él soñó, por fin la protegería y la amaría con todo su ser.
Por fin la tendría.
Una bobalicona sonrisa se formó en todo su rostro. Oh, como la amaba, que tan locamente estaba enamorado de ella.
—¡Naruto!
El rubio parpadeó, sacudiendo un poco su cabeza—¿Sasuke?
—¿Me has estado escuchando? —Interrogó el pelinegro visiblemente molesto—¿Y por qué demonios estás sonriendo de esa forma?
Inmediatamente Naruto tragó saliva y rio de forma nerviosa—Recordé algo bueno'ttebayo.
El pelinegro entrecerró los ojos ante la respuesta, su mente empezó a trabajar con demasiada rapidez—Dobe… me has hecho caso, ¿verdad? —El blondo inclinó la cabeza hacia un lado totalmente confundido con la pregunta, Sasuke cruzó los brazos—…Con respecto a Hinata.
—Ah…—El rubio se rascó una mejilla desviando la mirada tratando de evadir el tema, de forma automática sus azules ojos se fijaron en la bolsa que su amigo tenía a un lado, aquella donde pudo vislumbrar varios ramens instantáneos, sonrió con fingida calma—¡Ramen! ¡Muero por probarlos, gracias Sasuke!
—Naruto…
—¿Qué tal si preparó unos cuantos para los dos teme? Ya que estas tan aburrido—Carcajeó estruendosamente el ojiazul tomando dos paquetes y dirigiéndose rápidamente a su cocina.
—¡Carajo! —Susurró Sasuke tensando la mandíbula con demasiada fuerza, la actitud del rubio le decía que había hecho justamente aquello que le aconsejó no hacer. —¡Naruto! —Bramó encaminándose hacia donde estaba su amigo, dispuesto a gritarle lo tremendamente idiota que era. Pero una vez que dio un paso dentro pudo ver al rubio encender la hornilla y poner una gran olla con agua encima, demasiado emocionado en la labor.
—¡Sabor cerdo, Sasuke, es sabor cerdo! —Exclamó Naruto con una gran sonrisa en el rostro mientras le señalaba la publicidad del envase— ¡Moriré feliz'dattebayo!
El pelinegro suspiró, todo su enojo se esfumó, en esos momentos estaba empezando a odiarse realmente por haber ido a visitar al blondo—Si en verdad has vuelto a hablar con Hinata…
—No te metas en esto, Sasuke—Interrumpió Naruto y su voz, le pareció al aludido, se había tornado más seria e imperante, todo rastro de diversión quedó atrás al percatarse cómo la atmósfera se volvía más y más tensa.
—¿… ¿Qué pasa si me meto? —Interrogó el pelinegro, sus negras orbes vieron como la espalda de su amigo se erguía, haciéndolo ver más alto y fornido—¿Qué pasa si, por ejemplo, empiezo yo también a frecuentar a Hinata?
En el mismo segundo en que el Uchiha terminó de hablar pudo escuchar un gruñido proveniente de Naruto, como un animal rabioso a punto de enseñar todos los dientes. Observó cómo su rubio amigo se pasaba una y otra vez las manos por su cabello en un intento de calmarse y tranquilizarse.
—Te diré que pasará si empiezas a hablarle…—Murmuró el blondo con voz ronca, se dio la vuelta para enfrentarse al pelinegro y le dedicó una sonrisa; sonrisa que no le llegó a los ojos—Nada. Eso pasará'ttebayo.
—… Estupendo—Sasuke cruzó los brazos con una sonrisa pícara adornando su rostro, dispuesto a fingir que nada estaba ocurriendo, haciéndole caso a su primitivo instinto que le decía que llegara hasta las últimas consecuencias. Por eso estaba ahí, por eso había visitado ese lugar—Por qué a decir verdad estoy algo ansioso por encontrármela, hay muchas cosas que debemos contarnos.
—¿Cosas?
—Cosas—Afirmó el pelinegro para luego darle la espalda y salir de la cocina—Apresúrate con la comida, tengo hambre—Habló alto mientras se alejaba, inhalando y exhalando silenciosamente pues había estado reteniendo el oxígeno en sus pulmones, el ambiente se había vuelto tan pesado que le costaba respirar. No pudo oír ninguna respuesta de parte de su amigo, sin embargo, después de varios segundos fue capaz de escuchar el estruendo de varias cosas cayéndose.
Entonces Sasuke pudo hilar cada uno de sus pensamientos, formar una cadena de hipótesis sobre el comportamiento de Naruto, empezando desde el día en que lo conoció. Algo pudo ver en los ojos del rubio, algo similar pero sumamente diferente a cuando él lo miraba antes, en el instituto —con un pequeño dejo de celos por ser el total centro de atención de Sakura—, la sensación era mil veces mayor, mil veces más aterradora. Le pareció demasiado extraño que la hiperactividad de la que gozaba el Uzumaki sea opacada de forma tan brusca y repentina con solo nombrar a Hinata.
Paró sus pasos y, sin querer, su vista se dirigió a la puerta que tenía al lado, el cuarto donde dormía Naruto. De forma casi mecánica alzó su mano y tomó la perilla, intentando girarla y así poder ver la habitación, más cuando intento hacer aquella acción pudo notar como, por más que forcejaba, está no cedía, seguramente su amigo había puesto algún seguro. Algo así no se hacía solo por puro capricho, cualquiera pensaría que el blondo trataba de esconder algo —independientemente de lo bueno o malo que sea—. Sus sospechas se acrecentaron aún más, demasiado curioso dirigió sus pasos de nuevo hasta el sofá para sentarse.
Todo era raro; raro e insólito.
Y por alguna razón el nombre de Hyuga Hinata le retumbaba en la cabeza como la única respuesta a esa gran interrogante que no había terminado de hacerse.
¿Qué habría sido de la vida de su antigua amiga? ¿Por qué nunca lo contacto?
¿Por qué Sakura había sido dejada de lado tan fácilmente en el corazón del rubio? ¿Qué razón habría para que, en tres años, a su amigo no le haya interesado ninguna otra chica? ¿Desde cuando la existencia de la azabache se había vuelto un factor tan importante?
Llevó una mano hasta su barbilla, su mente empezó a máquinar un sinfín de posibilidades.
¿Qué escondes, dobe?
—O—
Ciudad de Londres, 23:00 P.M.
—Hiashi-sama—Un hombre de llamativos ojos color perla extendió un fajo de papeles hacía el escritorio—El informe que pidió.
—Bien. Envíale a Tenten la información de todos los empleados que trabajan en la sucursal de Konoha, es necesario que Hinata conozca las aptitudes de cada uno de ellos—Ko asintió a la orden y con una leve reverencia se retiró del despacho, dejando a su paso a un Hiashi demasiado entretenido leyendo la reciente información que le había llegado.
Los orbes del patriarca Hyuga se movían de un lado a otro, a lo ancho de todo el papel, mientras se inclinaba en la silla de su espaciosa oficina, adornada con grandes estantes de libros y cuadros abstractos, los muebles rústicos hechos de madera brindaban un aire de formalismo total, donde todo lo que reinaba era el silencio y la tranquilidad. Ni un pequeño murmullo se oía allí a menos que se ordene. A Hiashi siempre le había gustado hacer sus cosas de aquella forma, sin nadie que le interrumpiese; solamente él y sus pensamientos, fieles amigos que le brindaban las respuestas más acertadas en todo lo que respectaba al manejo de su empresa.
Cuando terminó su lectura aventó los papeles a un lado suyo y se masajeó la sien, así estuvo un buen rato hasta que, sin premeditarlo, una sonrisa se asomó por su rostro, extendiéndose hasta formar un gesto de absoluta felicidad. Retuvo aquel sentimiento que comenzaba a nacer de su interior al enterarse del excelente trabajo que había hecho su primogénita en Konoha. Comenzando con el resultado de la asesoría que el íntimo amigo de Neji había brindado a su hija y terminando con la —según palabras textuales de Tenten— excepcional actitud que mostró al presentarse en la sucursal como la nueva gerente, explayándose y humillando a Hidan. No podía negarlo, un orgullo de padre lo embargaba de pies a cabeza al darse cuenta de que, efectivamente, había tomado la decisión correcta al mandar a su sucesora a aquella ciudad.
Neji le había sugerido pensar en un plan de contingencia por si las cosas empezaban a tornarse muy problemáticas con los empleados, pero tan pronto como su sobrino sugirió la idea la desechó, era de una Hyuga de quien se estaba hablando, por más que su hija hubiera demostrado estar totalmente en desacuerdo con las costumbres de la familia, la sangre estaba ahí, corriendo por sus venas, el legado de sus antepasados no podía ser borrado —él más que nadie lo sabía pues había intentado infinidad de veces desterrar a Hinata y despojarla de su titulo como heredera, argumentando que no era digna ni merecedora de semejante honor. Mas temprano que tarde se dio cuenta de que eso nunca sucedería, pasase lo que pasase Hinata seguiría siendo una Hyuga—. Ahora lo había corroborado, la actitud familiar; aquella tenaz, fuerte, fría y decidida, había sido heredada a su primogénita, en mayor o menos grado eso ya no importaba.
Con un leve ademán abrió un cajón debajo de su escritorio y sacó de allí un retrato, la imagen de una hermosa mujer de cabellos negros relucientes lo saludó, cargando entre sus brazos a una adorable bebé, a su lado estaba Hinata de niña, sonriendo feliz con las mejillas sonrojadas. Su vista se paseó por toda la silueta de su esposa, sintiendo una tremenda nostalgia invadirle de sopetón, sus ojos se humedecieron un poco al fijarse en la auténtica y verdadera sonrisa que portaba ella, Hana, la mujer que más había amado en su vida, la que siempre amaría para desgracia suya pues nadie podía reemplazarla. Sin quererlo revivió todos los momentos pasados, desde el día que la conoció hasta el último día que la vio viva, siempre tan amable y dulce, tierna y amorosa con todos.
Hana amaba a Hinata con todo su ser, él lo sabía, en su momento se juró a si mismo hacer feliz tanto a su esposa como a toda su familia, quería ser merecedor de todo ese cariño y amor que le era profesado. Pero cuando recibió la tremenda noticia de la muerte de su esposa un incesante dolor se instaló en todo su ser, quiso dejar de vivir, dejar todo de lado con tal de volver a ver esos hermosos ojos que una vez lo cautivaron. Mas la realidad nunca es tan buena, la mayor parte del tiempo es cruel e injusta, se dio cuenta de que ella jamás volvería, nunca le diría cuanto lo amaba otra vez; entonces se metió de lleno a los negocios, dejo de lado cualquier tipo de atadura con sus hijas, verlas era recordar a su esposa perdida y no estaba listo, nunca estaría listo para eso. Así pasaron los años, tortuosos y horribles para él, hasta que pudo ver como cada una de sus hijas empezaba a crecer, Hanabi se convertía en una niña fría y callada mientras que Hinata portaba una actitud mansa y penosa, varias veces cuando la veía podía verse reflejado en esos ojos perla llenos de inocencia y ternura. Eso terminó por volverlo más indiferente y distante, odiaba que su hija mayor se pareciese tanto a Hana, aquello no hacía más que sumirlo en un intenso dolor.
Había cometido tantos errores… no merecía ser llamado padre. Mucho menos por Hinata, él la había humillado hasta el punto de hacerle pensar que no valía la pena como persona.
—Si estuvieras aquí…—Susurró Hiashi mientras acariciaba la foto que tenía entre sus manos—Si estuvieras aquí seguramente me odiarías, Hana.
Tantos pecados y remordimientos que ni una sola vida era suficiente para poder pagarlos. Ya era tarde para tratar de volver a tener el cariño de sus hijas, aquel privilegio lo había perdido hace muchos años atrás.
Sin embargo, se dijo, aún podía velar por ellas. Cuidarlas de cualquier cosa que pudiera hacerles daño. Los Hyuga eran bastante envidiados por las demás familias —sobre todo por los Uchihas, los principales enemigos, pues aun con su fachada de amabilidad detrás había personas muy hipócritas y convenencieras, de muy mala manera había aprendido a desconfiar de ellos—. La riqueza de la que era poseedor y los bienes que tenía eran anhelados por varios.
Volvió a guardar el retrato en su cajón y esta vez se levanto para pasear por todo el espacio de su estudio, cruzando los brazos. Hanabi estaba bien, sana y salva con él. Por otro lado, Hinata se encontraba indefensa en Konoha, sin nadie que la escoltase, viviendo sola, a merced de cualquier degenerado que pudiera lastimarla por culpa de su apellido—Tenten no contaba, ella no era más que una amiga, una persona que en un principio había contratado para mantener vigilada a su primogénita pero que luego se convirtió en un cómplice más de su hija—. Inhaló hondo. Ni siquiera podía valerse de un sirviente ni guardaespaldas pues la oji perla le había pedido expresamente que la dejase hacer sus cosas por si misma, que no necesitaba a nadie.
Tensó la mandíbula. No le gustaba para nada la situación, Hinata era joven, y de joven las hormonas siempre se alborotaban y el sentido común se iba a dar un largo paseo. Por más que ella supiera ser responsable y recatada no podía asegurar que no sería influenciada por malas compañías y que estas la llevaran por un camino no del todo bueno.
Sin más vacilación sacó su celular de unos de los bolsillos de su pantalón y marcó, escuchó el sonido característico de espera y casi al instante su llamada fue contestada, con voz seria y tremendamente fría empezó a hablar:
—Neji, necesito que recopiles información aparte sobre la vida de Hinata en Konoha, quiero saberlo todo; con quien anda, a que hora se va a casa… —Guardó silencio, la imagen de un chico rubio con tres marcas en cada lado de las mejillas, hiperactivo e irritante se hizo presente en su mente—Y si es que Uzumaki Naruto se le acerca.
—O—
1 de marzo, Universidad de Konoha. 2:00 P.M.
El suave viento mecía las hojas de los árboles, el sol irradiaba en todo su esplendor en lo alto del azulino cielo. Debajo, las personas realizaban sus actividades del día a día; reuniéndose con amigos, echándose en algún frondoso pasto para disfrutar del agradable clima o simplemente sentándose en una banca a escuchar su música preferida mientras ignoraban el mundo a su alrededor. Konoha era una ciudad tranquila y pacífica, donde sus habitantes trataban de vivir sin mayores problemas, les gustaba lo hogareño, nada extravagante —aunque había excepciones, por supuesto—.
La universidad de Konoha era como una mini ciudad, los estudiantes constituían la principal materia prima de la institución, el saber, el conocimiento eran altamente valorados. Por eso se consideraba una de las mejores en todo el país, inclusive en el exterior su reputación había dejado huella, quien salía graduado de sus puertas era bien visto en cualquier empresa o negocio; el futuro, se podía decir, estaba altamente asegurado con tan solo estudiar allí.
Para cierto moreno de personalidad intensa y apasionada aquello solo significaba una cosa: hacer realidad su mayor sueño. Ser el mejor. Sus pobladas cejas se movieron mientras escrutaba a todos, en sus pupilas se podía vislumbrar un fuego abrasador capaz de derretir el mayor de los glaciares con solo una mirada. Ese era Rock Lee, un hombre demasiado empático y luchador que no se rendía nunca, su filosofía de vida era darlo todo hasta no poder más, sacrificarse por el bien de su meta.
Con una radiante sonrisa caminaba saludando a todos con su característica voz animada y motivante: Buen día, ¡que el fuego de la juventud te invada hoy y todos los días!, ¡lucha y deja que tus sueños hablen por ti! Cada persona lo veía con extrañeza y algo de diversión después de esas palabras, a pesar de todo así era él, se había hecho conocido por ser el más hablador de la universidad, no había individuo que no lo reconociera, a su manera era popular.
Mientras daba pasos fuertes y seguros dirigiéndose hacia el edificio de su carrera pudo observar a lo lejos la curvilínea figura de Hinata, parada a un lado de la puerta con la cabeza gacha, sus negros cabellos tapando la mayor parte de su cara, aquel gesto se le hizo bastante extraño por lo que sin medir la entonación de su voz solo atinó a gritar:
—¡Hinata-san! —Alargó la última "a" tanto como pudo, con la esperanza de que con eso su nueva amiga desviara la atención hacia a él. Y efectivamente así fue, pudo ver como los ojos opalinos de la azabache lo observaban con curiosidad y algo de interés, con su humor nuevamente renovado fue corriendo hacia donde estaba ella.
—L-Lee-san.
—¿No tienes clases? —Interrogó el pelinegro viéndola fijamente y sonriéndole también.
—Ahora no, pensaba hacer tiempo en la biblioteca. ¿Tú? —Hinata le dedicó una tímida sonrisa.
—Yo sí, de hecho, ahora me dirigía al salón—Articuló Lee, divertido—Oh, cierto, ¿cómo te fue en la empresa?
La azabache abrió la boca algo sorprendida por la pregunta—Bien… dentro de lo posible—Murmuró—Es decir, al final creo que fui aceptada por todos.
—¡Eso es genial! ¡Lograste que el fuego de la juventud se apodere de ti! —Exclamó el moreno más que contento por el éxito de su amiga, aquello contagió a Hinata que, agradecida, soltó una risilla suave. Sin ese chico apasionado no hubiera sido capaz de entender al cien por ciento el mercado de Konoha, le debía todo lo que sabía sobre el asunto.
—Sin ti no hubiera sido posible, Lee-san—La oji perla se sonrojó un poco y, en un puro acto de nerviosismo, se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja—T-Tú me brindaste lo necesario para poder defenderme.
—Pero tu fuiste la que hizo uso de todo lo aprendido, créeme, eso es algo increíble—El pelinegro sonrió complacido, en su mirada se podía ver cierto orgullo—Espero trabajar contigo en un futuro, Hinata-san. —Terminó de decir, siendo completamente honesto, los pocos días que había conocido a la Hyuga le pareció una persona muy agradable y estudiosa, siempre daba todo de si por entender hasta el más mínimo concepto. Por más tímida que fuera, estaba seguro, a la hora de actuar toda su valentía salía a flote, como toda gran líder.
Él era competitivo, demasiado quizá, la primera persona que lo había impresionado con su espíritu inquebrantable de lucha había sido Naruto, siempre gritando que no se rendiría, después no había conocido a nadie más igual de interesado verdaderamente en su carrera. La mayoría elegía administración de empresas porque era algo que daba dinero, sin embargó, después de eso no existía ningún otro tipo de motivación. Varias personas solo elegían estudiar aquello por el reconocimiento y la fama, algunas obligadas por sus propios familiares, pocas estaban allí por verdadera pasión y vocación; Hinata era una de ellas. La reconoció porque siempre que hablaba de algún tema sus ojos brillaban y un aura de seguridad y confianza la embargaba, se notaba que amaba lo que hacía.
Esa fue una de las tantas razones por las que siguió asesorándola, su corazón se sentía tranquilo a su lado, como si la sola presencia de la azabache le brindara paz, la paz de saber que dijera lo que dijera, enseñara lo que le enseñara, aquel conocimiento se quedaría con ella, no lo olvidaría. Era un sentimiento difícil de explicar, sin embargo, no quiso darle definición, las mejores cosas no podían limitarse en simples conceptos.
—¡Y-Yo también! —Hinata se mordió el labio inferior para luego dedicarle una radiante sonrisa—Espero trabajar contigo, Lee-san.
Y el moreno se derritió. La mirada tan cargada de inocencia y dulzura que le brindaba su amiga logró que su corazón latiera un poco apresurado, la oji perla era una mujer hermosa, todos podían asegurarlo, y él, por supuesto, no era inmune a aquella belleza. Después de todo era un hombre —uno muy enamoradizo—. Quiso decirle a la Hyuga que quería seguir dándole clases, que podían almorzar juntos al mediodía si ella así lo deseaba, que podía convertirse en alguien de confianza para su persona… pero apenas abrió la boca para soltar alguna frase oyó una voz chillante y enérgica a lo lejos, interrumpiéndolo por completo, esfumando cualquier tipo de propuesta de su mente.
—¡Hinata!
Fue cuando Lee lo supo, cuando reconoció que, de alguna forma, aquel puesto ya era ocupado por otra persona en la vida de Hinata. Un rubio de ojos azules que se acercaba a ellos a paso enérgico cruzando todo el campus mientras una gran sonrisa adornaba su rostro. En cierta forma le había prometido a Naruto no acercarse más de lo necesario a la azabache, y por más que odiara eso, él era un hombre de palabra, nunca traicionaba a sus amigos.
Vio por el rabillo del ojo la expresión que había adoptado su acompañante, un gesto entre la sorpresa y la preocupación, sopesó la situación, hace unos días que no veía al Uzumaki en clases, no es que el se preocupara excesivamente por las faltas —era la universidad, cualquiera podía ausentarse cuando quisiera—, pero con todo el desempeño que el rubiales había mostrado a lo largo de los semestres le pareció bastante extraño que, justo en ese, empezará a importarle menos sus estudios.
—¡Yoh, cejotas! —El moreno salió de sus cavilaciones para ver frente a él el rostro de su amigo, a su lado pudo percibir como Hinata se ponía muy nerviosa. —¿Qué hacen'ttebayo?
Lee carraspeó, sintiendo que de pronto todo se había vuelto mucho más silencioso de lo normal, y él no estaba acostumbrado a eso—Solo me encontré con Hinata-san por casualidad y aproveché para felicitarle.
—¿Felicitarle? —Naruto cruzó sus dos brazos detrás de su nuca mirando en el transcurso a la chica de ojos opalinos.
—Sí, por su éxito al presentarse ayer en Hyuga Stores como la nueva gerente—Las pupilas de Lee se dilataron un poco por la emoción—¿No lo sabías, Naruto-kun?
El aludido entrecerró los ojos, aún clavando la mirada en Hinata, en ningún momento desviando su atención hacia el moreno—No…
—Lee-san, ¿no tienes clases ahora mismo? —Intervino la azabache tratando de ignorar al rubio—Ta-Tal vez se te esté haciendo tarde.
El pelinegro asintió, pasando su vista entre Hinata y Naruto alternadamente, captando en cierta forma el doble sentido de las palabras de la oji perla. Haciendo caso omiso de la obvia incertidumbre que se formaba alrededor pensó que era mejor darle a ese par un momento a solas—Tienes razón, Hinata, nos vemos después—Pronunció para luego brindarles una cálida sonrisa y retirarse.
Algo muy estrambótico ocurría entre esos dos cuando se encontraban, reflexionó para si mismo, incluso alguien tan distraído como él se daba cuenta de ello. ¿Cuántas otras personas pensarían de igual manera?
.
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—Así que nueva gerente, ¿eh?
Hinata inhaló y exhaló mientras trataba por todos los medios mantener la compostura. No dejarse llevar por su impulsividad y gritarle a todo pulmón a su acompañante lo que estaba empezando a guardar los últimos días. Pero se dijo que debía mantenerse calmada, sabía de sobra lo tremendamente sensible que era Naruto en esos momentos, cualquier tipo de rechazo de su parte supondría un desastre y no quería volver a lidiar con las emociones del día anterior, pensar que él estuvo a punto de cometer suicidio por ella hacia que toda la sangre de su cuerpo se congelara.
—Es el motivo por el que vine aquí… mi padre me mandó para poder estar a cargo…
—Entonces debo agradecerle a tu padre el hecho de que estés de vuelta'dattebayo—El blondo suavizó su mirada, admirando las facciones de su preciosa acompañante—Hinata-chan…
—Naruto… kun—Cortó la azabache titubeando ante la última palabra, aquel sufijo aún le producía recuerdos del pasado—C-Como te dije ayer yo… estoy dispuesta a volver a ser tu amiga así que… —Suspiró, tratando de omitir los detalles que habían propiciado su decisión. Actúa normal, actúa normal—llevémonos bien…
Apenas terminó la oración pudo ver como una enorme sonrisa se extendía por todo el rostro de Naruto, le pareció que todo él brillaba, que esos blancos dientes que le mostraba relucían a kilómetros de distancia—Preciosa…
—¿Uh?
—Quiero decir…—El ojiazul rio nervioso—esas palabras me hacen realmente feliz'ttebayo.
Feliz.
Hinata no sabía cuánto podía motivar al rubio con tan simple frase, para ella nada era normal, ni la despreocupada actitud que ahora mismo Naruto emanaba ni la charla medianamente casual que estaban teniendo. Tan solo el día de ayer los dos estaban a punto de un colapso nervioso, no podía obviar el hecho de que, ciertamente, algo estaba mal, nadie pensaba en quitarse la vida así nada más. ¿Era un simple problema o acarreaba algún tipo de crisis? ¿Algún trastorno quizá?
¿Pero cómo el Uzumaki podía haber desarrollado semejante tipo de actitud?
Tantas preguntas que en su momento no le habían importado pero que ahora sí, pues la involucraban directamente a ella.
—¿Tienes clases? —La pregunta del rubio la hizo respingar, sin decir nada negó con la cabeza—¡Genial, vamos a comer algo!
Y sin premeditación alguna, la azabache sintió como era tomada del antebrazo y arrastrada fuera de la universidad con demasiada rapidez, sus ojos perla no veían nada más que los anchos hombros de Naruto. Fue cuando se dio cuenta de que el blondo había crecido, era más alto de lo que recordaba, al verlo por primera vez —y la segunda y tercera, cabe recalcar—poco se había fijado en esos pequeños pormenores; tratando de evadirlo a toda costa nunca se preocupó en detallar cómo los años transcurridos habían afectado al rubio, tanto mental como físicamente.
Cuando cruzaron la entrada de la universidad y a paso veloz llegaron al final de la primera cuadra la mente de la azabache despertó, se sentía tan extraña que no podía asimilar el hecho de que estaba con Naruto, prácticamente corriendo y jadeando mientras este la tomaba delicadamente del brazo sin decir palabra alguna, ni en sus años de instituto se había imaginado tal escena. Todo era un sueño, sí, todo era un maldito sueño —o pesadilla quizá—, ella aún seguía en Londres, durmiendo plácidamente en la mullida cama de su cuarto, en ningún momento se vio en la necesidad de regresar a Konoha… ¡en ningún momento!
—¡Aquí! —Exclamó el rubio deteniéndose de súbito y haciendo que la oji perla lo mirara descolocada, riendo con total diversión levanto su mano libre y señalo el establecimiento que se erguía frente a ellos—Se me antojó comer ramen'ttebayo.
Hinata trago saliva y miró al frente: Ichiraku's ramen—Conozco este lugar…
—No me sorprende, es muy famoso—Comentó Naruto sin quitar la sonrisa de su rostro—Entremos.
—Pero…
—Dame ese placer, Hinata-chan—Susurró el ojiazul, de pronto el tono de su voz se había vuelto más bajo, y la azabache por fin pudo entrever lo que él quería decir, sintió como el agarre del rubio en su antebrazo se afianzaba más a cada segundo que pasaba, como queriendo retenerla a toda costa, detener cualquier tipo de huida de su parte.
El Uzumaki lo sabía, sabía que lo que estaba sucediendo con ellos distaba de lo habitual, nadie olvidaba de la noche a la mañana sucesos tan fuertes como una desesperada confesión de amor y una actitud tan cambiante, pero no le importaba, un nuevo día era una nueva oportunidad. Y Hinata… Hinata solo podía pensar en cómo todo se había vuelto tan caótico en su vida, el tibio tacto de la piel del rubio pasaba a la suya propia como una leve caricia, pero más que brindarle tranquilidad le daba nerviosismo, no sabía cual sería el siguiente movimiento y aquello la desesperaba un poco, Naruto era tan inestable.
En breves segundos —¿o es que estaba pensando demasiado como para medir exactamente el tiempo? —ya se encontraba sentada en una mesa, con el rubio ordenando dos platos de ramen especial. "¡Como siempre, viejo!" pudo escuchar después, la voz chispeante del blondo retumbaba en todo el lugar, ganándose una gustosa mirada del dueño del local que sin más atino a alzarle el pulgar en signo de aprobación. En ese momento se perdió en sus pensamientos por completo, rebobinando todos los acontecimientos que la habían llevado a lo que ahora estaba viviendo, lo irreal de lo que era partícipe.
—Hinata…—Llamó Naruto, acomodándose en la silla en la que estaba sentado. Al no oír ningún tipo de respuesta arqueó una ceja—Hinata-chan…—La mirada aperlada de su amada se hallaba fija en un lugar distante, entre unos cuadros que ahora mismo poco o nada le importaban—¡Hinata-chan!
—¿E-Eh? —Titubeó la aludida, parpadeando varias veces.
Naruto se mordió levemente la mejilla interior, algo en su interior similar al enojo empezaba a crecer, pero lo detuvo —tanto como pudo—, paciencia, esa era la clave, por primera vez en tres años sería de nuevo paciente. Hinata lo valía, ella valía el mundo entero. De sus labios había salido la palabra "amigos" y, por ahora, lo aceptaría, mantendría un poco la distancia hasta que la azabache asimilara el hecho de tenerlo allí, a su lado, el mayor tiempo posible. Reprimió el nacimiento de una sonrisa bobalicona en sus labios, lo había decidido, después de la inesperada visita de Sasuke a su departamento el día anterior, no se alejaría ni un ápice de la oji perla, no dejaría que su mejor amigo estableciera un contacto más íntimo, había tenido que luchar con él por Sakura pero esta vez no, esta vez sería distinto, Hinata era suya, desde siempre lo había sido, su corazón y sus sentimientos le pertenecían, era el único capaz de amarla con locura.
—¿Naruto-kun?
—Mírame—Casi ordenó el rubio, maldijo para sus adentros la poca distancia que la mantenía lejos de él, sentados el uno frente al otro en aquella mesa, ni siquiera para eso estaba listo, si por él fuera se pegaría a ella con pegamento extra fuerte.
—¿Por qué?
Pero la pregunta quedó sin ser respondida, al instante una chica de cabellos y ojos color cafés puso en frente de cada uno un enorme plato de ramen, el exquisito olor de la comida llegó hasta las fosas nasales de Hinata que, sin planearlo, empezó a babear, su estomago rugió un poco por el hambre y en mayor parte por la gula.
—Aquí tienen, dos ramens especiales—La mujer sonrió orgullosa en dirección a Naruto—el tuyo con extra carne.
—¡Eres genial, Ayame-chan!
—No tanto como mi padre—Articuló la castaña para luego guiñarles un ojo a los dos y retirarse de la mesa.
Sin pensarlo más, y para distraerse, Hinata tomó los palillos y empezó a mezclar los fideos, percibiendo como, de nuevo, la intensa mirada del rubio se posaba en su persona. ¿Es que acaso nunca iba a dejar de verla? Sentía que necesitaba espacio, como mil metros mas o menos, lejos de él. Suspiro y con parsimonia tomo una carne y la llevó a su boca, mascándola y saboreándola, relamiéndose el labio inferior en el proceso, repitió la acción dos veces más, esperando que con eso Naruto captara su mensaje y también se ponga a comer. Pero cuando escucho una estridente risa de fondo y levantó la mirada, la imagen de un rubio palmeando la mesa la saludó, miró hacia todos lados presa de más nerviosismo.
¿Qué estás haciendo, Hinata?
Se dio una bofetada mental; se estaba comportando como una idiota, eso estaba haciendo.
—¿N-No vas a comer?
—Lo hare'dattebayo—Articuló Naruto después de calmar su risa, recargó la barbilla en su mano derecha mirando a la azabache con suma atención—Solo déjame estar así unos minutos más.
—¿Así como? —La oji perla apretó los palillos que sostenía.
—Admirándote.
La simple declaración produjo que un intenso rubor se posicionara en las mejillas de Hinata, como odiaba ser tan vergonzosa. ¿Admirándola? ¿De qué forma? Admitía que no era fea, pero, aun así, distaba de ser una super modelo. En todo el tiempo que dedicó a olvidar a Naruto se afanó con su apariencia, buscando otro estilo que le satisficiera, Kiba había sido el principal impulsador de aquello, dedicándole cada día palabras cargadas de elogios y piropos. Kiba… bajó la mirada, al final no lo había llamado. Inhaló y posó sus orbes en las facciones del rubio que la acompañaba, sus miradas se encontraron y aquello generó que algo electrizante la recorriera por completo, una sensación que creía haber olvidado, dejado en el pasado, era increíble como esos ojos azules aún le producían ciertas emociones.
¿Qué tan difícil sería poder actuar normalmente? Se preguntó, parecía que Naruto estaba decidido a dejar pasar por alto todo tipo de incidente sucedido entre ellos dos, y, aunque ella no ignoraría por completo esos sucesos lo cierto era que no tenía otra opción mas que tratarlo como amigo. Así las cosas se tranquilizarían…
Así reuniría información.
Tenía que haber una forma de ayudarlo, de hacerle entender que lo que sentía no era, de ninguna manera, real. Que ese "amor" que le proclamaba era un chivo expiatorio para no enfrentarse a algo, aún no sabía qué. Sí, toda la noche anterior había debatido sobre como comportarse frente a Naruto, no quería que nadie más saliera afectado, se dijo que si le decía a uno de sus amigos sobre las acciones del rubio los pondría en peligro —Kiba era una prueba de ello, estuvo a punto de decirle lo que le pasaba y había terminado en el hospital, se sentía tremendamente culpable—. Primero trataría de arreglar las cosas sola; hablaría con el Uzumaki, se enteraría de como él y Sakura terminaron separados, conocería el por qué ahora decía quererla y en base a eso tomaría la decisión de como proceder en el futuro. Aunque su instinto le decía que aún mantuviera cierta distancia, que lo que le ocurría al ojiazul estaba más allá de lo que ella hubiera imaginado.
Todo era bonito en el plan que había armado, pero a la hora de verlo la poca confianza que poseía se esfumó, dejándose arrastrar por él, no sabiendo como actuar frente a esa actitud alegre. Debía recobrar el control de si misma, se había enfrentado a empresarios, a su padre, a Hidan, ¿qué tenía Naruto que la hacía tambalear? ¿Dónde estaba la Hyuga Hinata decidida y orgullosa que se había encargado de ser?
Exhaló y cerró los ojos, se dio toda la valentía que podía. Cuando estuvo lo suficientemente lista sonrió con discreción.
—Naruto-kun.
—¿Hum?
—También estas en el último año de la carrera, ¿cierto?
El rubio abrió los ojos un tanto impresionado, de entre todas las cosas que imaginó que ocurriría ese día jamás pensó que fuera la misma oji perla la que propondría un tema de conversación. Observó como ella volvía a ponerle atención a su plato y esta vez empezaba a sorber algunos fideos, la visión hizo que algo en el despertara, joder, era el momento menos idóneo para ponerse a fantasear con sus labios, empero, no pudo evitar dirigir su vista hacia aquel rosado lugar, vagamente manchado por los restos de comida. Tragó duro, definitivamente Hinata era la única mujer que lo ponía de esa forma.
—Sí—Respondió, su voz se oyó un tanto ronca.
—¿Y… por qué elegiste administración de empresas?
—Quería algo que me proporcionara el reconocimiento de todos, así podría ayudar a la gente.
Hinata inclinó la cabeza—¿Ayudar en qué forma?
—Brindándoles confianza'ttebayo—Naruto la miró con nostalgia—Dándoles motivos para superarse, quiero ser alguien a quien todos admiren para que den lo mejor de si mismos, algo así como un ancla, ofrecerles un lugar donde puedan explotar todas sus capacidades. Desde una mala posición en la sociedad jamás tendría el poder suficiente para eso.
La azabache guardo silencio unos minutos, viendo como por fin el rubio se dedicaba a comer de su plato. Sin querer algo en su corazón se removió, ¿si él tenía un sueño así de altruista por que entonces su comportamiento con ella decía otra cosa? —Eso es… muy admirable—Murmuró, de un momento a otro sintió como una pequeña sonrisa verdadera se posaba en sus labios, el Naruto que estaba ahí era el que conocía, el que en el pasado había admirado y tomado como ejemplo.
—¿Lo crees? —El blondo comió con más ahínco, un tanto avergonzado.
—L-Lo creo. Conociéndote…—Dudó un poco—Conociéndote lo lograras, desde el instituto siempre irradiabas confianza, por eso…—Calló, Hinata detuvo todas sus palabras, estuvo a punto de rememorar cosas de su pasado que aún le dolían.
—¿Por eso…?
—O-Olvídalo.
Allí estaba, ese hermoso sonrojo otra vez, Naruto comenzaba a atesorar eso. No era tonto, sabía cómo terminaba la frase: "Por eso me enamoré de ti". Su corazón golpeó su pecho con intensidad, ¡a eso se refería!, ¿Estaba en el paraíso? Muy probablemente sí, porque de otra forma no sabría explicar como es que tenía a Hinata frente a él, comiendo uno de sus platos favoritos —mentía, si lo sabía, pero no quería arruinar el momento rememorando todo el chantaje que tuvo que utilizar—.
Hermosa, perfecta. No había palabra para describir a la mujer que tenía en frente. Con una simple frase ella podía mandarlo al cielo o al infierno, no sabía cómo había podido aguantar tres malditos años sin verla, pero tenía en claro que si la azabache se fuera lejos de él otra vez la iría a buscar por cielo, mar y tierra. La amaba, quería gritar a todos que estaba enamorado de ella, quería tomarla entre sus brazos, abrazarla y besarla hasta quedarse saciado. Al diablo todo lo que le hizo, al diablo lo que ella le dijo, al diablo todo, valía la pena si con eso conseguía tenerla para él y solo para él.
—O—
2 de marzo, 9:45 A.M.
—Ya es demasiado tarde, Hinata-chan.
Guardó todos sus cuadernos y libros en su mochila tan rápido como pudo y salió disparada de su penthouse, apretó aun más el celular contra su oreja, estaba segura que su respiración sonaba muy agitada del otro lado de la línea.
—Aún… puedo—Apenas pudo hablar mientras tecleaba en el ascensor y esperaba que las puertas se cerraran. Estaba llegando cuarenta y cinco minutos tarde a su clase sobre Gestión de proyectos, se había quedado dormida olvidándose de programar su alarma por lo que lo único que la despertó fue la llamada de Naruto, si, Uzumaki Naruto, con demasiado sueño contesto sin ver la pantalla y al escuchar su voz todo rastro de somnolencia se esfumó, olvidaba que él sabía número , aquello solo le trajo los horribles recuerdos de hace dos días, esperaba que el rubio colgara al ver que ella estaba apresurada pero, para su desgracia, siguió hablándole, a santo de qué, no lo sabía pero lo atribuía a esa actitud nueva que había adoptado y que quería investigar.
—Olvídaló'ttebayo, si el profesor con el que pasas es Iruka seguro ya cerró la puerta.
No. Ella no podía llegar tarde. Le interesaba demasiado sus materias como para siquiera faltarse a una clase. Vio como el elevador abría sus puertas y casi corriendo salió del edificio en el que vivía, olvidándose por completo de estar hablando con Naruto en esos momentos. Su falda negra de jean se ciñó más a su cuerpo mientras daba grandes zancadas, el aire un poco frio le dio la bienvenida a la calle, incluso había olvidado peinarse, seguramente parecería la chica del aro con su cabello revuelto y su flequillo cubriéndole parte de los ojos.
—Por mucho que trates de andar rápido ya es caso perdido.
Entonces Hinata paró todo movimiento súbitamente, arrugó un poco la frente analizando las palabras—¿Có-Cómo sabes que estoy andando rápido?
Se escuchó una leve risa—Mira atrás.
La oji perla no quiso hacerle caso, quiso seguir su camino y colgar mientras pensaba en una excusa lo suficientemente buena para darle a su profesor y que este la dejara entrar a clases, pero su cuerpo no le obedeció, cuando giró levemente la cabeza hacía atrás pudo observar la figura de Naruto a unos cuantos pasos de ella, sosteniendo su celular con una mano, sonriéndole como un niño pequeño. ¿Cuánto tiempo había estado allí? Y lo más importante ¿Qué hacía?
—¿Sorprendida? —El rubio se acercó, guardó su celular en uno de sus bolsillos en el transcurso.
—¿Qué haces…?
—Esperándote—Naruto se encogió de hombros y la miró, Hinata se sintió cohibida al darse cuenta del escrutinio al que estaba siendo puesta, podía notar como aquellos ojos azules la barrían por completo, deteniéndose por varios segundos en cada parte de su cuerpo. Cuando la mirada del blondo se posicionó en sus piernas se sobresaltó, aclarándose la garganta se obligó a mantener la postura que tenía.
—Podíamos vernos en la universidad.
—Quería verte lo más temprano posible—El ojiazul se acercó aún más—¿No puedo?
—No puedes.
Hinata apretó los labios, claramente ese era un rechazo de su parte, se maldijo a si misma por no pensar antes de hablar. ¿Cómo tomaría Naruto esa simple frase?
—Ah, no puedo…—Observó como él empuñaba una mano—¿Y quién puede?
Oh no…
Boqueó—Qui-Quiero decir… no es muy normal que… que alguien espere en la puerta de la casa de otra persona…
—Estoy seguro que Kiba puede hacerlo, ¿verdad? —El Uzumaki entornó los ojos—O Lee, o quien sabe quién, ¿qué otros chicos conoces?
Más que ofendida la oji perla le dirigió una mirada molesta, ella no era alguien muy sociable, les costaba entablar una conversación amena con otra persona, por consiguiente, no conocía a mucha gente. ¿Cómo podía el rubio insinuar que se la pasaba viéndose con otros chicos? Pero pronto trató de calmarse, no lograría nada empezando una tonta discusión—¿desde cuando empezó a discutir con aquel chico de ojos azules? —, al contrario, podía hacer emerger esa horrible actitud que el blondo escondía, esa misma que le había dado a conocer anteriores veces, no quería volver a ver como Naruto perdía los estribos y se salía de control. No, definitivamente no quería eso.
Cerró los ojos—Por favor, Naruto-kun, no insinúes tales cosas.
El rubio se quedó en silenció unos segundos para luego suspirar pesadamente y restregarse el rostro con ambas manos—Ah, Hinata…—Llamó casi con desesperación—Maldita sea, Hinata…
Me vas a volver a loco.
Loco de celos, loco de amor, loco de preocupación por perderla. Él se volvería un demente con todas las imágenes que veía en su imaginación; imágenes donde su oji perla, sonriente y anhelante, besaba a otro hombre, lo acariciaba, se entregaba a él… ¡No! ¡No! Debía alejar eso de su mente. Por dios, confiaba en Hinata, de quien desconfiaba era de los otros, cualquiera podía venir y quitársela, derrumbar lo poco que había conseguido. Por eso no había logrado dormir la noche anterior, se revolvía en su cama, mirando todas las fotos de su adorada mientras la intranquilidad lo carcomía por dentro, no pudo seguir así, por lo que apenas su reloj marcó las seis de la mañana salió como un poseso de su casa para dirigirse al edificio donde vivía la azabache, esperando…. Incluso cuando ya no aguantó más las ganas de verla la llamó. Lo sabía, en cierta forma aquello lo estaba convirtiendo en una clase de acosador, pero no quería admitirlo, cuando se trataba de esa chica todo su raciocinio y cordura se iba y solo quedaban sus bajos instintos, su profundo amor.
Si tan solo pudiese encerrarla en algún lugar…
—N-No te pongas así…—Hinata se mordió el labio inferior al ver el estado de su amigo—Yo realmente… no quise decirlo de esa forma, no es que no puedas…
—Entonces solo déjame hacerlo…—La interrumpió el blondo, aún sin despegar las manos de su cara—¿Sabes cómo duele? —Tensó la mandíbula—¿Sabes como me duele tu rechazo, Hina?
No, no lo sabía. Esa era la verdad. No tenía idea de porque por una mínima palabra que decía Naruto cambiaba su comportamiento bruscamente.
Pero antes eras igual que él…
Agachó la cabeza, sintiéndose de pronto demasiado culpable. Claro, ella había experimentado todo aquello en el instituto, los pequeños rechazos del rubio, su indiferencia, la forma en que la veía… como una simple conocida más, lo poco que le importaba. Se había acostumbrado a no ser notada por él, pero en el fondo le dolía. ¿Cómo podía lastimarlo de la misma forma? Mas que nadie sabía lo inaguantable que podía tornarse todo si te tragabas cada sentimiento negativo. Sus ojos se humedecieron, dispuesta a rectificar un poco las palabras que había dicho anteriormente:
—Si quieres… podemos ir a algún lugar, después de todo ya no llegaré a clases, es muy tarde.
Inmediatamente Naruto bajó las manos de su rostro y atinó a mirarla algo esperanzado—¿Estás segura?
—Muy segura—Afirmó Hinata, pasando su cabello por detrás de una de sus orejas. El acto no pasó desapercibido para el rubio que mas que gustoso se dedicó a admirar cada detalle de ella.
—¿Cualquier lugar?
Hinata asintió extrañada por la última pregunta, de pronto toda la tensión que había ocupado el ambiente se fue tan rápido como apareció.
—En ese caso—Naruto desvió la mirada—Vamos a tu departamento.
Aquello le cayó como un balde de agua fría a la azabache. —¿Estás… seguro? —Fue su turno de preguntar, esperando que todo sea una broma para aligerar la atmosfera.
Por otro lado, el rubio sonrió zorrunamente respondiendo así la pregunta.
Oh, ¿acaso se había metido ella sola a la boca del lobo?
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.
—Puedes sentarte donde gustes—La voz de Hinata resonó en toda la pieza. Sin pensarlo demasiado había accedido a la extraña propuesta, con algo de reticencia dejó entrar a Naruto a su enorme penthouse—¿Se te antoja alguna bebida?
—Solo agua'dattebayo—Respondió el rubio paseando su vista por cada esquina, admirando inconscientemente la cantidad de lujos que rodeaban todo aquel enorme espacio. Lo pulcro y blanco de los muebles y las paredes, lo limpio y ordenado que estaban los adornos y el piso. Hinata vivía allí, podía oler la canela y vainilla intensamente en el aire. Aspiró tanto como pudo, bajando los parpados en el proceso, se sentía tan bien y reconfortante…
Pudo contar los cuartos que había, una cantidad demasiado exagerada a su parecer, él se había acostumbrado a vivir humildemente; con una sala de estar, una pequeña cocina, una habitación principal y el baño, por lo que aquello lo sorprendía en demasía. La azabache poseía mucho dinero, era mas que obvio que no se conformaría con un simple departamento anticuado. Detuvo sus pensamientos, con la duda sembrándose en su corazón de repente: ¿A Hinata ahora le importaría la opulencia y la riqueza?
¿Acaso no decías conocerla al cien por ciento?
—A-Aquí tienes—Naruto volvió al mundo real, observando el vaso con agua que Hinata le extendía. Lo tomó con una mano para rápidamente darle un sorbo, su garganta se había secado de repente, supuso que por pasar la mayor parte del tiempo con la boca abierta admirando la inmensidad de ese penthouse.
—Gracias, Hinata-chan—Torció los labios mientras volvía a reflexionar, él había dado la idea de estar allí, pero ahora no sabía exactamente que hacer. Odiaba admitirlo, pero muy en el fondo empezaba a sentirse inferior; inferior a la chica de ojos perla. El dinero, maldito dinero que marcaba una gran diferencia entre ella y su persona. La pregunta que se había hecho hace unos momentos volvió a repiquetear en su cabeza, necesitaba saberlo, Hinata era una chica amable e inocente más había sido criada en una familia poderosa, quizá los tres años en los que no se habían visto lograron cambiar su manera de pensar…—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro.
—A ti…—Naruto carraspeó un poco—¿Qué tanto te importa el dinero?
La azabache abrió levemente la boca, la pregunta le resultaba demasiado directa, yendo directamente a su orgullo. Por primera vez se planteó el hecho de que para los demás —las personas comunes, la gente que no poseía tantos bienes materiales— le resultara extraño la forma en la que vivía, su mirada se posó en el semblante del blondo, su corazón se apretujó un poco al verlo, no lo entendía, por mas que quisiera, de un momento a otro pasaba de una emoción a otra; en un segundo era el Naruto que recordaba y al siguiente se convertía en un hombre que la comía con la mirada, y luego estaba este tipo de personalidad, una mezcla entre las dos anteriores pero con el plus de ser mas consciente de sus acciones. Suspiró, deseando no responder a esa pregunta, pero sabiendo que debía hacerlo, aun siendo el Uzumaki, quería dejar en claro que ella no era de las personas superficiales y vacías que solo se fijaban en el dinero.
—A decir verdad, no mucho—Comenzó a hablar captando la atención de su compañero—Este penthouse no es algo que haya exigido al venir aquí en realidad… pero mi padre insistió—Dio unos cuantos pasos al frente—Nunca me ha importado el dinero, Naruto-kun, pero es algo con lo que tengo que vivir siendo una Hyuga, por más soberbio que suene eso viniendo de mí, de alguna forma… no me gusta alardear de lo que supuestamente poseo. La mayor parte de mi familia dice que soy una deshonra por eso, quizá sí, quizá no soy más que una ilusa por pensar que puedo ser feliz sin mi apellido, una chica ingenua que no sabe cómo es el mundo en realidad.
—¿Quiere decir que si, por ejemplo, te mudaras a un departamento más pequeño lo aceptarías?
—Mientras tenga lo mas esencial conmigo seré feliz—Hinata puso una mano cerca a su corazón—Basta con sentirme cómoda para hacer de eso mi propio espacio personal.
—Hinata…
—Si el lugar en el que vivo te ha ofendido de alguna manera, pido disculpas—Articuló la oji perla, sin titubeos, aún delante de él, le era más fácil hablar si no lo miraba—No quise… no quiero hacer sentir a nadie inferior, lo que menos me importa es el estatus social—Concluyó para luego darse la vuelta y dar una reverencia, esperando que con ese gesto cualquier tipo de pensamiento malo sobre ella que hubiese tenido el rubio se esfumara.
Se mantuvo en esa misma posición varios segundos más, esperando alguna respuesta del chico para elevar la mirada, no tenía idea de qué había pasado, pero de alguna forma se había sentido con la total confianza de decirle todo aquello. Quizá las cosas estaban avanzando, lentamente, pero avanzando al fin y al cabo. Estaba sumida en esos pensamientos cuando sintió de improvisto un calor posicionarse encima de su cabeza, cuando fue consciente de la situación pudo ver como Naruto estaba de cuclillas frente a ella, con la mano puesta sobre su cabello, sonriéndole con entusiasmo. La sola imagen hizo que su sangre corriera vertiginosa por sus venas, oh, de nuevo, aquellas sensaciones de antaño…
—Debí suponerlo… yo soy el que debe disculparse por preguntarte semejante idiotez, Hinata. Soy un imbécil—Musitó suavemente el ojiazul recriminándose internamente por haber dudado de ella, ¿cuántos errores más tenía que cometer para darse cuenta de que su adorada oji perla distaba de ser una persona superficial y manipuladora? Merecía todo el castigo del mundo, él se había aprovechado de alguien como ella, a esa hermosa criatura la había rechazado ¿qué clase de mierda estaba pasando por su cabeza en el pasado?
La miró con anhelo, Hinata aún mantenía su vista fija en el suelo, suavemente la tomó de la barbilla y le levantó el rostro, al instante el perla y el azul se encontraron, entremezclándose, fundiéndose en uno solo para forma un color único. La mirada de ella denotaba confusión y extrañeza mientras que la de él… la de él era de profunda devoción y amor, sus pupilas se dilataron tanto que el negro opacó por completo la tonalidad natural de sus ojos, ah, ya sabía porque la había traído allí. Para poder estar a solas con ella, para deleitarse de sus exquisitas facciones, para poder ver detalladamente cada parte de su rostro y grabarlo a fuego en su mente —aún más de lo que ya estaba—. Un leve sudor se posicionó en su frente y de pronto respiró agitado, su corazón se aceleró y un extraño calor se posicionó en su estómago.
—Y-Yo…—Naruto maldijo por lo bajo, queriendo terminar la frase, pero sintiéndose demasiado imposibilitado de poder hablar coherentemente teniéndola a ella tan cerca, con su delicioso olor rodeándolo por completo. ¿Qué le hacía esta mujer? No podía siquiera hablar de forma correcta sin sentir que quedaría inconsciente en cualquier momento.
—No…—Hinata negó con la cabeza y se enderezó, por un momento se había quedado congelada viendo al rubio. Debía aguantar, debía sacar mas información sobre el estado de Naruto, no empezar a establecer un lazo con él, eso no podía ser, no de nuevo. Miró la hora: 9:15 A.M, tendría que prepararse para presentarse en la empresa. —Naruto-kun, creo que será mejor que te vayas…
Más cuando bajó la mirada observó como el rubio se levantaba de golpe y, sin preguntarle nada, la tomaba de la cintura para apresarla, atrayéndola a su cuerpo, posando la nariz en su coronilla para aspirar todo el perfume que podía. Hinata tembló ligeramente, entrando en pánico.
Estúpida, estúpida.
¿Por qué había accedido a la petición de Naruto? Oh, la culpa. La miserable culpa que le hacia tener compasión por el blondo, era tan sensible… tan empática.
No resistiendo el contacto la azabache atinó a dar todos los pasos atrás que podía, forcejeando, pero mientras mas se resistía Naruto parecía aumentar la presión en su agarre, hasta el punto de llegar a arrugarle la ropa que llevaba.
—N-Naruto-kun…—Medio grito medio susurró la oji perla—P-Para—Siguió dando pasos atrás pero pronto se encontró limitada de espacio, cuando ladeó la cabeza hacía un lado se dio cuenta que ahora estaba presa entre el rubio y la blanquecina pared del sitio.
—Hinata-chan—Susurró Naruto dándose cuenta también de la situación, liberando su agarre se inclinó hasta la altura de ella y la acorraló contra el frio muro, creando una especie de prisión, una en donde no le permitiría salir hasta que él quisiera. Había dicho que sería paciente, pero Hinata acababa con su poca cordura, con esa actitud suya lo único que quería era tomarla entre sus brazos y llenarla de besos.
Vio como los ojos de ella se humedecían para luego retener ligeras lágrimas en las orillas, se sintió un cretino, un miserable por seguir haciéndole a Hinata lo que no debía hacerle. Pero no podía parar, no, no podía, sería como privarse de respirar y esa chica era su oxígeno, su propia energía vital, la luz que lo acompañaba siempre.
No llores.
Observó como delgados ríos salados surcaban las mejillas de su adorada.
No me odies.
Con lentitud acercó su boca hasta la frente de ella para depositar un suave beso, el roce de pieles envió electricidad a todo su cuerpo, encendiéndolo por completo. Sin dudarlo más empezó a repartir ligeros besos por todo el rostro de Hinata, tratando de calmarla y calmarse a si mismo, pues estaba aguantándose las ganas de robarle un ósculo apasionado. Sus parpados, pómulos, las orillas de sus ojos, las comisuras de sus labios, la punta de su nariz… el rubio no dejaba un lugar sin ser besado. Hinata por otra parte empezaba a calmar su propio miedo, sus lagrimas iban rebajando a medida que Naruto le proporcionaba esas caricias, ¿qué estaba haciendo? ¿por qué no lo alejaba? ¿Por qué ella no se alejaba?
—Linda…—Murmuró el ojiazul para luego seguir depositando ligeros besos en el rostro de la azabache—Bonita. Preciosa. Hermosa. —A cada palabra que decía le acompañaba la misma acción. El rubio recitaba aquello con tanta ternura que Hinata se quedó sin habla, solamente sintiendo como sus mejillas se sonrojaban más y más, hasta el punto de abarcar casi toda su cara.
Naruto sonrió ladino al ver la expresión de la oji perla, más que satisfecho. Estaba seguro que incluso él se había ruborizado.
—Aquí—Acarició con su pulgar el labio inferior de Hinata—Quiero besarte aquí.
La azabache sintió la garganta seca, el calor la embargaba a grandes cantidades, el cuerpo del ojiazul se apegó aún más a ella, en ese momento su mente se nubló por completo. Percibió todo a flor de piel, desde el roce de sus ropas hasta las respiraciones de ambos que se entremezclaban, formando su propio aire. La intensa mirada que Naruto le dirigía terminó por dejarla rendida; nunca se había sentido así… nunca en tres años. Quiso detener todo, negar todo tipo de contacto más, pero…
Pero…
¿Pero qué? No existía un pero.
—Dios…—El blondo no aguantó más, haciendo caso omiso de su parte racional tomó a Hinata de la mejilla, solo un beso, se dijo a si mismo, solo sería un beso, por mas que su cuerpo le ruegue otra cosa, no era el momento, no era el lugar. —Déjame besarte Hinata—Restregó su cuerpo contra el de ella y casi gimió de placer, su parte baja empezaba a latir emocionada—Por favor, por favor.
Y ella no supo cuando ni cómo, ni siquiera porqué, pero en menos de lo que pensó había asentido débilmente a la petición y ahora sentía los labios de Naruto devorar los suyos con ansiedad, su lengua explorar toda su cavidad hasta el fondo. Jadeó, totalmente expuesta a las sensaciones. El torso del rubio se pegaba a sus pechos, su cintura era atraída por una mano de él haciendo rozar su cadera contra su intimidad, la intensidad era tanta que incluso percibió como algo duro se alzaba allí, haciéndola tiritar.
Las manos de Naruto comenzaron a acariciarle el cuello mientras la besaba con más profundidad. Toda la acción la estaba realizando el rubio, por lo que cuando, para sorpresa de ambos, ella misma empezó a inclinar la cabeza de un lado a otro mientras su lengua bailaba tímida rozando la de él, la atmósfera se tornó más calurosa; abrasadora.
El Uzumaki emitió un gruñido ronco cuando Hinata empezó a corresponderle lentamente, se sintió en el mismísimo cielo al sentir como ella, con más atrevimiento, asaltó sus labios una y otra vez en un acto de pura desinhibición.
Esa era Hinata, su Hinata. Su adorable chica.
Mía. Solamente mía.
Ambos gimieron cuando les faltó el aire, se separaron escasos centímetros solamente para tomar un poco de oxígeno y volver a besarse con impaciencia.
¿Qué rayos estás haciendo, Hinata?
—O—
—El cliente al que intenta llamar se encuentra ocupado…
Con un bufido de fastidio cortó la llamada y guardó su celular—Ese maldito dobe…
Se masajeó el puente de la nariz, sus dos largos mechones negros se enredaron un poco por la acción. ¿Qué estaría haciendo ese idiota que no les respondía ninguna llamada? Ya era la quinta vez que insistía, quinta vez que sus oídos escuchaban la voz de la operadora. Refunfuñó, a la mierda, lo iría a buscar por su cuenta —ya era la segunda ocasión que visitaría al rubio por su propio pie, mas le valía al desgraciado no estarse acostumbrando—. Con su habitual porte egocéntrico se dirigió a la salida de su casa, una mansión que pertenecía a sus padres; Mikoto y Fugaku Uchiha, mismos que en esos momentos no se encontraban, agradecía internamente que la mayor parte del tiempo le dejaran solo, así podía entrar y salir del lugar sin dar mayores explicaciones.
Dedicando una mirada indiferente a la mayoría de los sirvientes desabrochó un botón de su blanca camisa y abrió la puerta. Un fuerte viento terminó por despeinarle sus negros cabellos, maldiciendo por lo bajo solo atinó a dirigirse a la avenida, ese día no usaría su coche para trasladarse, la casa de su amigo le quedaba cerca y, además, le apetecía sentirse una persona normal —lejos de todo tipo de lujo posible, a veces le asqueaba lo que poseía, las miradas interesadas de cada chica cada vez que les decía quien era. —
Poniendo las dos manos en cada uno de sus bolsillos empezó a caminar a paso relajado, iba llegando al final de la primera cuadra cuando sus oscuros orbes enfocaron a pocos metros de él una figura. Sus ojos se abrieron desmesuradamente mientras observaba a la chica frente suyo; largas piernas, vestido rojo demasiado ceñido a su cuerpo, brazos descubiertos, mirada jade, cabello rosado…
Entrecerró los ojos, ¿qué mierda hacía Sakura ahí?
Sakura…
Por un breve instante se permitió saborear ese nombre con remordimiento y melancolía. Su mirada la recorrió por completo mientras ella solo empezaba a ponerse nerviosa, ninguno dijo nada por varios minutos, cada uno metido en sus propios pensamientos.
—Sasuke… kun.
El aludido resopló, sintiendo un intenso odio recorrerle de pies a cabeza. No quería verla, ni siquiera escucharla, lo único que ansiaba era tenerla lo más lejos posible de él.
—Ahórrate tus palabras, adiós.
Sin más comenzó a caminar de nuevo pasando por su lado e ignorándola por completo, en ese mismo instante el corazón de Sakura se rompió, sus ojos le escocieron y sus labios temblaron. Sintió el piso derrumbarse debajo suyo. Ver la mirada rencorosa del pelinegro había terminado de sepultarla, le hacía saber que, a pesar de los años, él no la perdonaba, nunca la perdonaría.
Pronto se vio sola en medio de la calle, con el corazón desagriándose por el evidente rechazo. Llevó las manos a su rostro y sollozó, no soportando más la angustia y la pena, dejó que de sus ojos resbalaran gruesas lágrimas. Era tan tonta, estúpida e ingenua por ir a buscarlo, por haber aceptado la información que Shion le brindó con la ligera esperanza de tener una mínima oportunidad con él… pero al verlo de nuevo todo rayo de luz se fue, lo conocía bien como para saber interpretar que la quería lejos de su vida. Con simples palabras la había destrozado por completo.
Entonces se arrodilló en el frio cemento de la acera y lloró más, con todo lo que tenía, llamándolo con su mente, aun amándolo con todo su ser.
—Sasuke-kun, Sasuke-kun, Sasuke-kun—Golpeó el piso con su puño mientras más lágrimas bañaban su rostro, odiándose a si misma, culpándose, insultándose. Lo tenía todo, ¡todo! Menos lo más importante… lo verdaderamente importante… alguien que la acepte y la quiera…
Al final de la calle, ocultó detrás de la pared, Sasuke tan solo empuñaba sus dos manos y apretaba los dientes tanto como podía, viendo como la pelirosa golpeaba una y otra vez el inerte suelo, llamándolo entre sollozos. Era un maldito imbécil por estar allí, mirándola cuando tendría que pasar de su existencia, teniéndole un poco de consideración por verla tan destruida. Tres estúpidos años habían pasado y aquellas lágrimas aún lograban despertar algo en lo profundo de su ser.
La única mujer que había amado…
Quizá la única que seguiría recordando por el resto de su vida…
—¿Por qué Sakura? —Estampó su frente contra el mármol, demasiado absorto como para sentir el dolor—¿Por qué…?
¿Por qué no me elegiste a mi en vez de a Naruto?
"Así que destrúyete contra mis piedras,
y escupe tu lástima en mi alma,
nunca necesitaste ninguna ayuda,
tú me vendiste para salvarte a ti misma.
Y no escucharé tu vergüenza,
ángeles mienten para tener el control.
Oh, mi amor fue castigado hace mucho.
Si aún te importa, no quiero saberlo jamás."
Ufff. No, enserio, les juro que mientras escribía las dos ultimas partes del capitulo empecé yo misma a hiperventilar, es que en mi imaginación la escena se formaba demasiado rápido y mis dedos solo atinaban a teclear tratando de plasmarlo todo por escrito xD. Espero haber logrado algo, que un poco de los sentimientos hayan podido llegar a ustedes, al igual que la confusión de Hinata y la desesperación de Naruto por verse correspondido.
A esto quería llegar, sí, estoy algo enferma hahaha. Primero, Hinata efectivamente ha superado a Naruto pero existe algo que aún la hace estremecerse, que le recuerda todos los sentimientos que tuvo por él, entonces tambalea… tambalea porque ella se refleja en Naruto, como pueden ver, se siente culpable por hacer que él ser comporte así. Creo que es un comportamiento algo habitual en las víctimas de aquellas personas obsesionadas, estas crean un chantaje emocional para mantener a su persona amada a su lado, es una de sus artimañas. En fin, para aquellos que creen que nuestro Naruto ha llegado a la cúspide de su obsesión déjenme decirle que aún no es así, aún falta para empiece a perder el total control de todo -sonrisa malévola- ¡estamos en el climax, disfrútenlo! Así como yo disfrutare escribir todo lo que mi oscura mente me manda xD. Por otra parte, me partió el corazón escribir la escena entre Sasuke y Sakura, en verdad, me inspire escuchando la canción Snuff de Slipknot, me pareció algo adecuada para el final.
En verdad espero que les haya gustado el capítulo, estaré esperando, como siempre, ansiosa todos los reviews que quieran mandarme.
PD: Notaron la frase que remarqué en negrillas? Es algo que Hinata pensó en el capítulo 2, ahora Naruto siente lo mismo que ella, hare que recuerden las lineas: "—N-Naruto-kun…—Mi voz sale tan aguda y lastimera que me obligo a callar rápidamente. ¿Qué me hace este hombre? No puedo siquiera hablar de forma correcta sin sentir que quedaré inconsciente en cualquier momento."
¿Qué cosas verdad? Nuestro rubio esta empezando a comprender todos los sentimientos que tuvo Hinata en el pasado, de alguna forma los lugares se han intercambiado :3
Sin más, a las contestaciones :D!
Laryssa1234: Hahaha, no, do not be alarmed, it is not yet the end, there is still a long way to go, maybe this will stretch more chapters than I expected xD. It will be difficult for Hinata, Naruto wants to have total control over her, the question is how will she react? Anyway, I'll leave it there, thanks for your review, thanks for continuing reading :D
Greetings!
Jess: Manipulador y controlador, Naruto va por muy mal camino… me pregunto que diras a este capítulo xD, a Hinata se le está empezando a salir todo de las manos. Gracias por tu review, como siempre espero que este cap haya sido de tu agrado :D
Blue-Azul-Zero: Hahahaha, pobre Shion, no sabe del gran secreto de Naruto, incluso yo no se como ella reaccionaría, la inspiración me ataca solo cuando estoy comenzando a escribir por lo que, si eso pasa, ambas podemos respondernos esa pregunta xDD. Gracias por tu review, saludos!
Hinatalover4ever: Tu agradeciéndome que te agradezca? D: No, no, yo debo agradecerte por leerme, en serio xD, muchísimas gracias por tu gran respuesta, me encanta que te la historia te haya enganchado (y espero que siga así hasta el final). Si, incluso yo me siento mal por Naruto, él no sabe lidiar con todo lo que siente, se siente culpable pero no puede detenerse, imagino que es algo desesperante… pobrecillo. Pero bueno, después de la tormenta siempre sale el sol aunque sea una pequeña luz, solo te diré eso ;3. Saludos.
Daiu Naruhina: OMG! ¿Qué haces en mi historia? Hahaha, me siento muy halagada que te hayas puesto a leer todo, sobre todo con lo largo que hago mis capítulos, enserio, muchas gracias, debo recalcar una vez más lo mucho que me gusta tu fanfic, aún lo tengo grabado en mi mente, a ese Naruto tuyo tan tierno, sobreprotector y romántico :3 Gracias por tan hermosa historia. Ahora pasando a tu review xD: Me alegra mucho haber provocado toda esa clase de sentimientos en ti, es mi propósito, además de que los recuerdos fueron algo que también me hizo sufrir a mí, pase casí por lo mismo por lo que ese dolor de Hinata lo entiendo, y el hecho de que tu comprendas esa clase de chantaje sobre el suicidio me sorprende… vaya…
Hahaha si, Tenten no sabe lo que provoco al darle esa caja a Naruto, eso fue la gota que derramo el vaso, pero bueno..sin Tenten no tendríamos lo que sigue asi que, en cierta forma, hay que agradécele ¿no crees? xD. En fin, gracias por tu review, espero que este capítulo te haya gustado :D, saludos también y éxitos en todos tus proyectos n.n!
Karito: Naruto puede aprovechar cualquier cosa, incluso puede intentar secuestrarla, eso es un hecho, lo deje entrever en el anterior y este capítulo, asi que vas por buen camino, él es capaz de hacer todo, TODO por ella xD. Hahaha, NaruHina rules…! Gracias por tu lindo review, saludos y éxitos n.n!
Hf any: Lo has dejado muy claro con tus palabras, sobre Naruto, Hinata, hasta lo de Shikamaru porque, es él, tengo algunos planes con ese pelinegro xD. Que puedo decirte, me encanta que hayas captado lo que trato de decir en los capítulos, aunque hay una que otra cosilla importante que les tengo preparada, soy una caja de sorpresas xD. ¡En fin, gracias por tus review y espero que este capítulo te haya gustado :D Saludos!
Mei Uzumaki Namikaze-19: ¡Cuánto tiempo! ¡Muchas felicidades! Cuanto me alegra tenerte por aquí otra vez, leyéndome, espero que tengas muchos éxitos en todo lo referido al trabajo, postgrado, etc (si es que lo deseas) xD, saber que lo primero que hiciste fue buscar mi historia me llena de emoción, en verdad, ¡espero que con este capítulo tu interés siga latente :D! Bien, también considero un reto hacer a una Shion asi, pues la mayoría de fanfics que he leído la hacen interesada y superficial, yo quise agarrar eso pro añadirle un plus, hacerla algo mas real, después de todo no todo es blanco o negro, existen los intermedios y hablando de eso, no estoy decidida a hacer una antagonista como tal, creo que todos tienen un lado malo, empezando por Naruto, Shion solamente será el factor que catapultara la historia a una atmosfera mucho más desarrollada, ella es mi intermediaria para unir los cabos sueltos (si eso en el trascurso la hace ver algo mala, supongo que no hay nada que pueda hacer, pero esa no es intención), me encanta la personalidad que le he dado a Shion, creo que puedo explotarla, y su interacción con Naruto me hace sentir que es más natural después de todo ambos tienen un secreto, ella con lo sádica que es y él con su obsesión. Hahahha, como dije a una lectora antes, la escena del beso en el capitulo siete fue por puro capricho mío, lo podía haber dejado así pero mis dedos escocían por que esos dos tuvieran más contacto, aunque en el acto desate que Hinata se desmayara, oh, a veces hasta yo misma no sé como lidiar con mis locuras xD e, fin… la última frase del capítulo también me pegó fuerte, a veces es tan cierta que duele, aunque no necesariamente se puedan hacer bien o mal las cosas, depende de la interpretación de cada uno :3
Lamento haberte desconcertado tanto con el capítulo ocho, sí, quizá pude haberme sobrepasado, pero cuando lo volví a leer me dije "lo publicaré así" soy consciente de que en un momento Hinata estaba fuerte y decidida y al siguiente se encontraba llorando por Naruto, pero con eso quise dejar entrever que ella puede ser muy débil con él, y además quise darle más chispa a todo, con ese "chantaje emocional" de su parte… ese es un síntoma claro de obsesión, aborde el tema directamente para más sorpresa. Gracias por tus palabras sobre los diálogos que pongo :D, en la mayoría dejo un poco de mi filosofía de vida, me alegra mucho que los veas de esa manera, me hace muy feliz saber que de alguna u otra forma estoy logrando que mis lectores sientan las emociones y sentimientos de la historia n.n! La relación casi enfermiza que se esta comenzando a formar entre Hinata y Naruto, como puedes ver en este capítulo no es nada sana, y va a tener que pasar mucho tiempo para que ambos puedan superar su pasado, pero bueno, si digo más hare spoiler y no deseo eso, en verdad espero que sigas leyendo hasta el final.
Hahaha tuve mis dudes sobre dedicarte este capitulo o no porque el pequeño momento NaruHina (el beso, y demás) estaba al final, pero a partir de este capítulo créeme, vendrán algunos más, solo con el plus de un Naruto obsesionado, me asegurare para la próxima vez de dedicarte el capítulo y las escenas NaruHina :3! quiero que sea uno intenso y lleno de sentimientos por lo que me esforzare en hacer algo decente para tu/nuestra satisfacción pues me encanta escribir ese tipo de escenas xD.
Gracias una vez mas por tu review y espero que la hayas pasado muy bien en tu festejo de graduación. Epsero que este capítulo te haya gustado (omitiendo el hecho de Sakura pues se que el personaje no te agrada)
¡Saludos, abrazos y besos Mei-sama!
Greek Moonlight: Ha pasando un tiempo eh? Haha, okno, me alegra muchísimo verte por aquí de nuevo :3, gracias por seguir leyendo mi historia, con todo y los largos capítulos que pongo xD. Entiendo el shock que te llevaste, sobre todo porque estoy yendo de forma intensa con las acciones de Naruto, pero así lo quiero, que todo se descontrole hasta el punto de saberse irreal (bueno, no tanto, exagero, pero por ahí va), trato de ir lento también, es algo complicado, sobre todo porque mis dedos escuecen por escribir más escenas entre Nsruto y Hinata pero me grito un "No! Contrólate" y es así como voy "poco a poco" xD. Sí, efectivamente, una obsesión puede llegar a ser muy peligrosa, ahora mismo no se esta viendo lo "grave" del asunto pero estoy dejando entrever los insanos celos que tiene Naruto, eso puede generar conflicto graves, muy graves, de ahí el sueño de Kiba :3 No puedo responder las demás preguntas porque estaría dando spoiler y no quiero eso, quiero que todo sea sorpresa asi que espero que me sigas leyendo hasta el final n.n
He aquí el próximo capítulo, espero que te haya gustado. ¡Saludos y éxitos :D!
¡Los veo en la próxima actualización!
¡Gracias a todos y todas por leerme :D!
