Capítulo 8 – Extrañas sensaciones
Tardó segundos en comprobar que tenía los ojos abiertos ya que la penumbra que la rodeaba le daba la sensación de que sus párpados seguían cerrados y que no veía. El sol parecía haberse extinto y la única luz provenía de una débil lumbre espectral que generaba una espesa niebla que se cernía sobre la joven. Se sentó en el lugar donde estaba y cruzó sus piernas mientras trataba de discernir dónde se encontraba, aunque sólo podía distinguir los cadáveres de árboles secos entre la densa bruma.
Todo parecía carente de color y vida, no había sonido ni movimiento, salvo por la hélice ligada a su espalda por su contacto mental, la cual conservaba su color carmesí y vibraba intensamente. Pese a que esa era una señal de que algo no andaba bien, Irelia permanecía relajada, como si supiera que su estadio en aquel lugar no tuviera remedio o fuera efímero.
Estuvo varios minutos sumida en aquel estado hasta que una risa lejana rompió la barrera del silencio. Una dulce carcajada, similar a la de una niña, se acercaba a gran velocidad hasta ella y rebotaba por cada extremo de aquel lugar: en un momento parecía que estaba a su izquierda, para después escucharse a su frente, para después reír detrás de ella y luego al otro costado. La risa iba saltando mientras se acercaba.
Irelia espero que aquella niña se aproximara sin variar su posición en lo más mínimo. Sólo pareció reaccionar de ese letargo cuando vio que la supuesta niña no se trataba de otra cosa que de una oveja blanca incorporada sobre sus patas traseras cuyo rostro estaba cubierto con una rara máscara púrpura, empuñando un largo arco morado. A su lado, flotando, se hallaba un gigantesco espectro violáceo con forma de lobo que ocultaba sus ojos con una máscara blanca, igual que sus afilados dientes que no dejaba de enseñar.
"Un gusto volverte a ver, Irelia…" saludó la oveja, con la misma voz cantarina de niña que la joven venía escuchando a lo lejos.
"… realmente nos frustramos la última vez que nos encontramos…" gruñó el lobo, con una voz gutural que hacía vibrar hasta las rocas.
"… pero nos agrada aún contar con tu presencia…" continuó su compañera.
"… porque sabemos que, tarde o temprano, caerás ante nosotros." Finalizó el espectro, luciendo una filosa sonrisa.
"¿Quiénes son ustedes? ¿Y cuándo nos vimos por primera vez?" preguntó la joven, incorporándose con lentitud. Aún no se había activado aquella alarma de su cerebro que detectaba el peligro, pero aun así prefirió estar preparada.
"¿Nunca has oído hablar de los cazadores eternos e implacables?"
"¿Nunca has oído hablar de la Oveja y el Lobo, los espíritus gemelos?"
"Cuando llega el momento de tu muerte, yo devoro tu cuerpo y tus huesos, me alimento de la sangre que albergas y torturo cada parte de tu ser." Anunció el lobo, con un potente rugido de orgullo.
"Cuando llega el momento de tu muerte, mi flecha atravesará tu cuerpo y te arrancará la vida de un suspiro, sin dolor y con honor. Sólo vos elegís cuál será tu final." Concluyó la oveja, jugueteando con el hilo tenso de su arco.
"Kindred" masculló Irelia. En realidad, ella jamás había escuchado aquel nombre, su mente se lo había comentado mientras asociaba sus palabras con varios mitos que había escuchado en Jonia.
"Escapaste de nuestras garras en la batalla de El Placidium…"
"… él te arrebato del alcance de nuestras flechas…"
"… sin embargo, siempre estamos atentos, algún día caerás…"
"… así como él, al igual que el resto de su raza…"
"… nadie escapa para siempre de los Kindred…"
"… nadie escapa realmente de la muerte."
"¿Ustedes conocen a Aatrox?" exclamó la joven, con un súbito sobresalto que hizo que la sangre volviera a correr por su cuerpo. "¿A qué raza pertenece? ¿Acaso saben cómo me convirtió en esto que soy ahora?"
"No estamos acá para responder ninguna de esas preguntas…"
"… no solemos interactuar con nuestras presas…"
"… pero se te ha dado una oportunidad que sólo un puñado minúsculo de humanos han tenido a lo largo de la existencia de Valoran…"
"… tienes el poder de decidir cuándo acabar con tu vida en este planeta..."
"… y nosotros te ofrecemos la única forma posible de llevar a cabo ese objetivo."
"Entonces, sólo me están ofreciendo el recurso que me llevará a la muerte" concluyó Irelia, decepcionada al comprobar que los Kindred no estaban dispuestos a colaborar con ella. "Agradezco su oferta, pero aún tengo que descubrir quién es el tal Aatrox que impidió que se llevaran mi vida… y si ustedes se terminaron llevando la de mi hermano." Murmuró mientras apretaba sus puños con fuerza. "Todavía no tengo intención de suicidarme"
"Pese a que tenes la oportunidad de acabar con tu propia vida cuando desees, no significa que sólo el suicidio acabará contigo…"
"… los humanos son criaturas extrañas, tienen místicas premoniciones y errores idiotas…"
"… no nos sorprendería que alguno de los de tu especie te asesinara por error…" rió el Lobo con placer.
"… hasta que desees que te entreguemos el don, te acompañaremos mientras deambules por este mundo…"
"… seremos tu única compañía que se mantendrá constante en el transcurso de los años…"
"… la única compañía…" concluyó la Oveja. Y luego agregó: "Sólo vos decidís, si preferís las flechas que te consumirán sin dolor…"
"… o consumirte en el dolor por la fiereza de mis colmillos…"
"… hasta cada día de tu vida, Irelia…"
Se despertó tan súbitamente que su exaltación le quitó el sueño tanto a Riven como a la guardiana de la selva. La primera saltó de su lecho improvisado y la segunda erizó todo el pelaje de su espalda y sus bigotes, atenta a cualquier alarma. Ya llevaban cinco días en Kumungu y todavía no había bajado su guardia, seguía tan desconfiada como el primer día que habían llegado ahí.
"¿Qué pasó?" exclamó Riven, observando a Irelia. Buscó con la mirada alguna anormalidad en los alrededores, pero sólo se vio a Teemo roncando en un rincón.
"Tuve un sueño extraño, lamento haberte despertado" se disculpó la aludida, dirigiéndole una sonrisa tanto a ella como al puma.
"Que oportuna, aún es de madrugada" se quejó su compañera. Estiró sus músculos y se volvió a recostar. "Ahora sos la responsable de mi sueño: tenes que hacer que vuelva a dormir"
"No sé como puedo ayudarte…"
"Cuéntame una historia"
"¿Qué tipo de historia?"
"¡Ya lo tengo! Cuéntame algo de Jonia… es un lugar con mucho misticismo, como esta selva, seguro que tiene historias interesantes" comentó la muchacha.
"Bueno, si… suelen ocurrir hechos que ni siquiera nosotros mismos nos explicamos"
"Entonces cuéntame: ¿te ha ocurrido algún hecho de esa índole? ¿Cómo era tu vida en Jonia antes… antes de la guerra?" preguntó bajando la voz, como temerosa ante la reacción de compañera.
Irelia permaneció unos segundos callada, dudando sobre si debería hablar o cambiar de tema con elegancia. ¿Correspondía que hablara con una extraña acerca de los sucesos ocurridos en su patria? ¿Recurría al error si le comentaba cómo era su vida antes de la invasión? Normalmente hubiera guardado silencio, pero había pasado un par de días con Riven y había encontrado en ella a una guerrera con vocación y experiencia, agradable en todo aspecto y con buen humor. Era distinto a cuando pasó un tiempo en la tripulación de Miss Fortune, donde se llevaba bien con sus compañeros mas sentía que la vigilaban de forma continua. Ahí sólo estaba un puma que los seguía por doquier.
"De acuerdo" suspiró la joven, mientras pensaba dónde comenzar. Tragó saliva e inició: "Nací en el seno de una familia muy especial ya que nunca conocí a mi madre y fui criada por mi padre y mi hermano mayor. Mi progenitor se llamaba Lito y era un gran guerrero. Nunca ingresó al ejército pero se cultivó con varias congregaciones de monjes, aprendiendo las bases de las diferentes artes que componen al Equilibrio: la fuerza que combina el bien y del mal para crear a todas las criaturas que habitan en Valoran…"
"Es una religión bastante extraña" interrumpió la joven pensando en voz alta, pero se apresuró a redimirse: "No digo que sea alocada, sino que concuerdo en que los seres estamos compuestos por el bien y el mal… pero el extremo del mal es sentenciado mientras que el extremo de la bondad siempre es premiado." Trató de explicarse entre tropezones.
"Tu extremo de bondad no es el mismo que el mío" replicó Irelia. "El bien para mi puede ser comer un bebé recién nacido cada día de mi vida. El Equilibrio abarca toda la existencia, incluso te abarca a vos y a Piltover… hay muchas religiones y todas suelen hablar de lo mismo. Precisamente por eso los jonios nombramos aquella fuerza que rige nuestros sentimientos y deseos como el Equilibrio."
"¡Jajajaja! No hables de comer bebés porque me salta el apetito a esta hora de la noche" rió con buen humor, tentando a su compañera.
"Mi padre solía hacer esa broma" comentó después con nostalgia. "Él creó una nueva técnica revolucionaria que le llenó de prestigio: el arte Hiten."
"¿Arte Hiten? Nunca lo había escuchado"
"A menos que vayas a Jonia dudo que llegaras a oírlo salvo por mí. Los secretos de la isla permanecen en ella y aún así no son completamente revelados ni a los extranjeros ni a los pobladores. Los misterios prevalecen siendo misterios al igual que esta selva mantiene sus misterios" explicó, dirigiéndole una mirada al puma que permanecía despierto y que bufó ante esas palabras.
"Así que fue gracias a aquel arte que pudiste repeler los ejércitos de los noxianos y los zaunitas, ¿no es así?" masculló para sí misma, atando cabos. "Por eso nadie podía hacer nada contra vos, porque desconocían por completo tu forma de combate… ¡Increíble!"
"Emmm, si…" contestó, encogiéndose de hombros.
"¿Y por qué saliste de viaje?"
"Estoy buscando a mi hermano, Zelos. Él era sargento dentro del ejército jonio y partió con un pequeño pelotón hacia Demacia a pedir socorro al rey ante el inminente avance de los invasores… sin embargo, nunca regresó. La guerra terminó hace ya varios meses, como todo Valoran sabe, pero no hay noticias de él." Explicó, abrazando sus piernas mientras apoyaba su mentón sobre una de sus rodillas. "Desde que salí de la isla estoy viajando y supuse que él realizaría este recorrido para llegar… o quizás decidió cortar camino para Noxus, sea cual fuere, hacia allí me dirijo y luego iré a Demacia. Debió pasar por alguna de las dos potencias, estoy segura."
Riven fingió un bostezo exagerado. Se removió un poco en su lecho improvisado, mostrando su incomodidad en un intento de encontrar una posición más cómoda. Fueron unos minutos de silencio en los cuales sólo se oía el repiqueteo de las llamas devorando los leños y la ronca respiración del puma, que permanecía a un lado de la escena, atento a cada palabra y movimiento.
"¿Sabes? Cuando era pequeña estuve en Noxus" susurró una vez se hubo acomodado. Su voz sonaba mucho más suave y cálida, como si estuviera arrullando a un niño. "Es una ciudad bastante bonita. Nunca estuve en Demacia, pero cuando estuve en Noxus me sorprendió la gran cantidad de árboles y jardines que poblaban los mercados, los artistas callejeros y los amables vecinos, además de los…" y continuó hablando mientras se entusiasmaba más y más.
Irelia dejó de escucharla, no intencionalmente ya que no quería ser irrespetuosa con quién le caía tan bien, pero no podía concebir aquella idea tan pura y casi etérea de su compañera. Para la joniana Noxus era una potencia cruel y belicosa que destruía todo en búsqueda de su propio beneficioso. No… realmente no podía ver de la misma forma que Riven.
Ésta, por su parte, notó el silencioso desinterés de su oyente y concluyó su descripción, volviendo a su labor de encontrar una posición cómoda para dormir. Cada tanto soltaba algún que otro suspiro como dando a entender que su molestia pasaba más por su cabeza que por lo que sintiera su cuerpo.
"¿Sabes que Noxus tiene como gobierno una dictadura militar, verdad?" preguntó de una vez, algo temerosa.
"Mmseh" gruñó Irelia, sin demasiado interés mientras volvía a recostarse, dejándose llevar por el sueño que volvía a ella.
"Pues… digamos que la mafia juega un papel igual de importante que la milicia, quizás más." Explicó su compañera, poniendo un sutil énfasis en aquella frase. "Si tenes problemas con los generales o tenientes noxianos, siempre puedes recurrir a… espera, déjame recordar su nombre…" pidió la joven, fingiendo amnesia. Luego chasqueó sus dedos con satisfacción: "¡Ya lo recuerdo! Podés buscar a Emilia, ella es muy amable y ocupa una posición bastante alta en la mafia. Puesto que muchas veces los jefes militares son demasiado estrictos o tercos, ella logra persuadirlos para ayudar a los pobladores."
"Emilia, Emilia… Gracias, no lo olvidaré" repitió la joniana, acomodándose de forma notoria para demostrar que quería terminar la conversación ahí mismo. "Buenas noches, Riven".
"Buenas noches" contestó ésta, aún pensativa.
Cuando llegaron al límite natural que dividía la selva de Kumungu del desierto de Shurima, sintieron que toda la semana que habían tardado en realizar ese recorrido había durado un mes. Los tres habían entablado una gran amistad pero se podía notar en sus ojeras, en sus músculos adoloridos y en la ausencia del buen humor que proliferaba en las jornadas anteriores que ya no toleraban aquel viaje.
Los arbustos y los árboles comenzaban a escasear, el último río de agua dulce había quedado muy atrás y, ante la falta de follaje, los rayos solares no encontraban resistencia alguna y se lanzaban con fuerza a la tierra. Irelia se mordió los labios, resecos, maldiciendo por adelantado la elevada temperatura que tendría que sufrir hasta que lograse atravesar aquel desierto.
"Aquí es donde las dejo" anunció Teemo cuando divisaron las enormes dunas de arena.
"Gracias por tomarte la molestia de acompañarnos toda una semana" sonrió la joniana.
"Y ahora dinos cuánto te debemos" aventuró Riven, sin rodeos.
"Olvídalo" rechazó el yordle, haciendo un gesto con su mano. "Sólo quería ver si realmente estabas dispuesta a pagarme."
"¿Y el cañón de bombardeo nuevo de Tristana?"
"Tengo el dinero necesario, puedo beber gratis mientras me desafíen ingenuos que creen superarme bebiendo".
"Guau, realmente muchas gracias"
"No me las des a mi, recordá que vas a tener que conseguir mucho dinero si querés que sea de buena calidad aquella espada que pensás forjar… de por sí te costarán los materiales" le advirtió su compañero. Luego agregó: "Tengan mucho cuidado. Shurima es un lugar peligroso. Al igual que la selva de Kumungu, sufrió en gran medida las Guerras Rúnicas, además de que extrañas criaturas habitan aquí… criaturas de otra dimensión, según me han comentado"
"¿Qué, el líder del equipo de Reconocimiento de Ciudad Bandle no exploró nunca este desierto?" desafió Riven.
"Mi pelaje está acostumbrado más a la humedad" replicó este, moviendo sus orejas con impaciencia. "En fin, cuidado con las arenas movedizas y apártense especialmente de los agujeros en la tierra. Advierten que una misteriosa raza carnívora excava túneles en la tierra para emboscar a los viajeros. Tengan cuidado."
"Gracias, Teemo" repitió Irelia, haciendo una pequeña reverencia.
"Gracias, tejón, nunca lo olvidaré"
La joniana, luego de realizar los saludos de cortesía, se apresuró a continuar su camino. No sólo porque estaba un poco hastiada de tanto caminar y recorrer, sino que una extraña sensación se apoderó de ella. Un escalofrío atravesó todo su cuerpo y se albergó en su pecho, provocando que su corazón palpitara con suma intensidad. Para su mayor sorpresa, la hélice de su espalda comenzó a vibrar de forma tal que todos sus miembros también temblaban. Algo en aquel desierto la estaba llamando. Algo se estaba comunicando con todo su ser, indicándole un camino invisible que sus pies seguían de forma involuntaria. Algo poderoso la estaba controlando.
Aprovechando que Irelia se había adelantado, Teemo tomó a Riven por la muñeca y la obligó a agacharse para quedar a su altura, donde con un ademán amenazador le advirtió:
"Escuchame, ten mucho cuidado, recuerda que no es humana… por Shurima rondan mercenarios que por un par de monedas pueden encargarse de ella, pero no quieras hacer esto sola: estás desarmada."
"Ya sé todo eso" replicó la joven, soltándose con violencia mientras fruncía su ceño. "¿Quieres darme clases de supervivencia? ¿Te olvidas que logré escapar de su ira en Jonia?"
"Ahí había millares de guerreros, Riven, aquí estás tu sola sin nada más que tus manos y los restos de un arma. Pese a tu exilio, si ella supiera que eres noxiana y que comandaste un pelotón ofensivo en Jonia…"
"¿Qué? ¿Acaso crees que porque contrate un mercenario va a poder con ella? Teemo, acabó con cientos de soldados ella sola… sé a lo que me enfrento. Confío en separarme de ella en cuanto lleguemos al mercado, además es una forma de hacer las paces… las paces ante el terrible mal que ejerció Noxus sobre Jonia."
"Como todo guerrero, vos defendes tu patria y seguís órdenes" repuso el yordle con intensidad.
"Espero que ella lo vea de esa manera, mi peludo amigo" sonrió con tristeza Riven. Lanzó un suspiro mientras cargaba mejor su mochila y se alejaba.
Irelia había avanzado un trecho largo sola, así que tuvo que correr hasta alcanzarla. Ahora que sólo estaban ellas dos el mismo miedo que había sentido en el combate de El Placidium volvía a aflorar en su pecho. Ese miedo mortal que había quedado impreso en su alma al igual que en el de todos los soldados que habían participado de aquella invasión. Rogó mentalmente a algún ser superior, ya sea algún dios o el mismo Equilibrio que la joniana había mencionado días atrás… quería remediar sus errores, pero temía no vivir lo suficiente para excusarse.
Bueno! Un poco a las apuradas pero por fín logré terminarlo! Admito que estuve algo vaga (y no releí la última parte) pero, dentro de todo, quedé conforme con lo que volqué en este capítulo.
Yo se que varios se preguntarán: "¿por qué escribió eso? ¿Qué utilidad tiene en el transcurso de la historia?"... pues bien, les aseguro que todo lo que escribo (casi todo) tiene una razón.
Espero que les haya gustado! Muchísimas gracias por leer!
