El rey dice...
Notas previas:
No, no planeo hacer a Kagome millonaria de la nada. Si lo hiciera entonces sería aburrido.
Capitulo 9: cuatro
"Show me what you can do with your cock"
Ella no se conformaba con la soledad porque cuando estaba sola temía hablar con ella sola, pero había momentos en que toleraba estar en soledad pero normalmente es por eso que tenía demasiados amigos. Tenía tantos amigos que a veces le gritaban en la calle y ella les sonreía. Muchos decían que adoraban la manera espontanea de hablar, otros decían que ella era alguien respetable.
¿Por qué era respetable?
Era una loca que bebía cuando salía y no respetaba a nadie. Y si ella fuera la ley estaba segura de que la gente podría andar desnuda; Si a ella no le afectara entonces todo estaba muy bien, camino a la casa de Inuyasha tomo el tren y vio a un señor que estaba acostado cubierto con periódico y aunque nadie se acercaba a el, ella saco el almuerzo que jamás se comía y se lo dejo en su regazo. Cuando llegó a la estación se bajo de allí, notando a todas las amigas que estaban sonriendo y las personas contentas que estaban bajando o subiendo del metro.
Subió las escaleras y respiró ese aire que la rodeaba. Lo único que era gratis era el aire y el amor. Pero había personas que compraban el amor con joyas y otras cosas que ella estaba dispuesta a rechazar; Llegó a la casa de los Taisho y tuvo que cambiarse con el uniforme de las sirvientas. Era un vestido demasiado extraño que la hacía ver como si fuera una actriz porno.
Barrió esos pasillos escuchando un poco de música y pretendió que la escoba era alguna clase de novio. Y sus mejillas se sonrojaron, y luego dejo de jugar porque necesitaba estudiar. Termino con ese salón, y cambió el agua de las flores.
No sabía porque pero el aire que rodeaba esta casa siempre era un aire más puro, menos asfixiante que el de su mundo. No deseaba tener una casa tan grande, posiblemente se conformaría con una de dos pisos y con un jardín para así tener un perro. Se sintió estúpida al haber creído que se iba a casar con Hojo, sin darse cuenta el tiempo iba pasando más rápido y Kaede le pidió que llevara el té de la tarde. Y así lo hizo y por alguna razón la charola estaba temblando un poco.
Entro con cuidado y escuchó como estaban ahí Sesshoumaru, Inuyasha, Izayoi y otra mujer. Una mujer delgada y de ojos fríos, no supo porque pero se sintió intimidada.
-Deja de ver a mis hijos y sirve el té-Asintió mientras se agachaba para poner el te sobre la mesita, y entonces servía el té-
-¡Ah, es la chica que fue con tu hijo en la fiesta de navidad! Que vergüenza-Estaba conteniendo su coraje a un grado en el que podía explotar y podía abofetear a esas dos mujeres, pero simplemente continúo sonriendo-Que bueno que solo fue algo de una noche, no te veo con ella como esposa de Inuyasha-Ni que estuviera hambrienta por el dinero-
-¡Lo serviste mal!-Gritó Izayoi mientras los dos adolescentes miraban como estaba Kagome apretando su puño y entonces ella quito el flequillo de su rostro para ver a las dos señoras-¿Eres tan pobre que no sabes nada?-Jamás había sido humillada así-
-¡Yo digo que es estúpida!-Y la verdad no necesitaba que alguien la defendiera ella podía hacerlo sola, pero no podía defenderse. Debía aceptar cada humillación porque solo era una empleada aparte no quería perder el trabajo de su mamá-
No soportaba la humillación, de hecho estaba conteniendo las lágrimas ni la mamá de Hojo la había humillado de esa manera.
-Estamos esperando las galletas...-Dijo la otra mujer mientras Kagome hacía una corta reverencia y comenzaba a retirarse-
Cuando salió de ese cuarto sintió que las lágrimas no podían esperar, y que la fuerza que había sentido en esos momentos simplemente la abandonaba en cuestión de segundos. Siguió caminando aun sintiendo que sus rodillas temblaban, la verdad estaba teniendo miedo ya no deseaba regresar y enfrentar a esa señora. Había regresado a la cocina y ahí pudo ver a Kaede tomando un café, al verla llorando.
Y simplemente cuando trato de tocar los hombros de Kagome ella se aparto violentamente.
-¿Te ordeno que me mandaras allá para que me humillara?-Preguntó ella mientras limpiaba sus ojos y sentía como un grande nudo en su garganta se formaba. Las que estaban en la grande cocina, todas o mejor dicho pocas de las empleadas que se encontraban allí estaban sorprendidas, escuchando atentamente lo que salía de la boca de Kagome-
-Yo no sabía...-Dijo Kaede preocupada mientras llevaba su mano a la mejilla de Kagome, pero por protección esquivo la mano de Kaede; Las personas que se encuentran sorprendidas o asustadas tienden a evitar ser tocadas de personas que piensan que las traicionaron. Y así estaba Kagome esquivando el roce de las manos de Kaede la persona que creía que la habían traicionado-Jamás haría que humillaran a una persona-Y pidiendo perdón con palabras suaves fue como Kagome la persono, y así recibió un abrazo de Kaede-Ahora debes regresar y llevarle el pan, debes sonreírle. Si te dice algo sigue sonriendo, recuerda que a las que debes tenerles lástima son a ellos no pueden ser ellos mismos...-Kagome entonces fue a lavar su cara y a poner una grande sonrisa-
-La diferencia entre esa bruja y yo es que ella puede besarme miles de veces el trasero y yo no...-Kaede formo una sonrisa mientras comenzaba a retirarse. Una charola en sus manos llena de panecillos y una sonrisa que demostraba que era capaz de soportar una humillación más-
Dejo de sentir esa carga en sus hombros, y aunque sus ojos estaban hinchados y un poco rojizos ella continúo caminando. Se sentía más ligera y segura, y en esos momentos en el que estaba caminando por esos grandiosos pasillos de la mansión Taisho el camino jamás se le había hecho tan largo.
Entro por esa grande puerta sin temor a volver ser humillada; Había olvidado su regla principal, jamás aceptar comentarios hirientes. Sonrió mientras acomodaba su cabello y comenzaba a acercar los panecillos. Inuyasha se había retirado al parecer, dejo su taza llena y posiblemente caliente porque su té aun expulsaba humo. Les regalo una sonrisa a los tres presentes y comenzó a llevarse la tasa de té de Inuyasha.
-¿Se le ofrece algo más?-Preguntó mientras Sesshoumaru hablaba por primera vez en esa reunión, le dijo exactamente que podía irse y pudo ver en sus ojos la vergüenza que sentía de tener una madre así. Dio media vuelta y comenzó a salir de ese salón-
La señora Izayoi dueña de esa casa estaba bebiendo su té disfrutando del mal sabor que le había producido en la boca de Kagome, pero ella también había recibido un disgusto. Había regresado portando una sonrisa y creyéndose superior a todos los que estaban en la habitación, y eso la hizo enojar.
En esa grande casa con hermosas paredes y telas que cubrían las ventanas. Sillones y accesorios que eran dignos de personas con buena posición social, esa casa imponente y hermosa era calificada como una de las más hermosas del mes, era una casa esplendida. Y graciosamente nadie se atrevería a saber que era lo que sucedía dentro de ella.
El había salido de esa reunión no por que hubiera humillado a Kagome había salido de esa reunión porque simplemente no toleraba ver como le causaban sufrimiento a Kagome. El era el único que debía causarle el sufrimiento porque era una persona egoísta que solo pensaba en el mismo.
Le molestaba que su madre creyera que el debía de seleccionar con más cuidado a sus amigos. Le ordenaba y el estaba acostumbrado a ordenar, esa misma noche su madre tomo un avión directo a Nueva York. Siempre había sido así sus dos padres estaban atascados de trabajo y solo tenían un par de días de descanso, fue a su habitación viendo por las ventanas como su madre se marchaba como si en esa casa no tuviera algún bello recuerdo. La vio marcharse con un traje negro y su cabello agarrado, no volteo una sola vez. Y descubrió que en los negocios los hijos solo eran piezas de un juego de ajedrez.
Les habían enseñado cosas desde pequeños, los habían entrenado para ser personas superficiales. Tenía maestros profesionales desde pequeños, todos sabían tocar un instrumento. La mejor educación, los llevaban a la selva o al desierto si era necesario con tal de aprender unas pequeñas cosas.
Desde pequeño le habían enseñado muchas cosas. Y cuando estuviera listo iba a entrar a los negocios. Así que se quedo ahí cambiándose una vez más para asistir a una de esas fiestas en que las niñas solo desean encontrar a alguien con dinero suficiente para que sus herencias se unan y un imperio crezca. Esa noche un par de amigos lo recogieron, la clase de amigos que lleva conociendo desde que tiene razón.
Las personas más poderosas de Japón estaban divididas en varios puestos.
Empresarios: Los cuales eran importantes dependiendo que tan grande fuera su comercio. Los hijos iban a ser herederos de los puestos de presidente o vicepresidente, sin importar si su hijo era capaz o no. Sin importarles si un chico de clase media era más inteligente que su heredero.
El hijo del dueño de la orquesta más famosa iba a seguir con la orquesta. Iba a ser el siguiente en la línea.
Hijos de actores: Estos pequeños en un día eran conocidos y deseados. Y cuando crecieran la fama iba a ser mayor.
Mientras tuvieran dinero todo estaba bien. Y estaba seguro de que el jamás se iba a cansar de tener que vivir esa vida de lujos. Y en esa sociedad también estaban los exclusivos, los que si juntaban a las nuevas generaciones podrían gobernar todo Japón. Eran más de diez familias en total, las más ricas y con los genes más hermosos. Eran reyes. Más que reyes si los ibas a alabar.
La familia Taisho. Una de las familias con la sangre más fina y antigua que haya existido, se rumora que solo esta permitido tener hombres en la familia ya que si una mujer nace el apellido se ve arruinado, y ese rumor fue descartado cuando el señor Inuyasha Taisho (abuelo de Inuyasha) tuvo tres hijos, un hombre y dos mujeres. La mujer murió a sus veinte años debido a la pulmonía y la hija menor simplemente se había ido a vivir a Francia, ignorando sus raíces ya que no deseaba casarse con un hombre que era diez años mayor a ella.
Los números eran todo para las familias.
La familia Hoshi. Maestros del té. Un total de ocho miembros, eran los mejores para enseñarles a los herederos. Y esta familia demostraba claramente que el aprendiz supera al maestro. El viejo Gandish Hoshi aun existía para impartir sus enseñanzas a sus nietos. Su hija Amelia y su esposo Yamisho, cinco eran sus hijos. Ayumi era la mayor, tenía veintidós años. Sabía todo lo que necesitaba saber del té, y era la única que se parecía a su abuela. El segundo era Ginsho el era el más serio y posiblemente el que obedecía siempre, y el estaba de acuerdo en casarse y hacerse feliz a su prometida y solo tenía veinte años. Miroku Hoshi, el mejor maestro de té que hubiera tenido esa familia, la forma en que lo hacía era como si estuviera tratando a una mujer, siempre mostrando esa mirada cautivaba a miles de mujeres, el más mujeriego y el que daba la alegría en su familia. Y al final dos niñas, dos gemelas de cabello negro y ojos azules iguales a sus madres Ayu y Aya, con solo catorce años y por ser las menores eran las consentidas. La única regla de esa familia era que jamás se debería dejar entrar a una mujer.
La familia Royan. Dueños de los mejores restaurantes. Tenían solo un heredero y ese era Kouga por desgracia lo habían criado la jefa de las sirvientas. Y por la falta de cariño de sus padres el joven Kouga era más arrogante que su propia madre. Y desde pequeño fue enseñado a saber las estadísticas; La señora manejaba un canal de comida ya que ella era chef. Y su padre administraba las ganancias que se hacían.
La familia Smitters. Era hijo de los arquitectos más conocidos de Estados Unidos, y también en Japón. La esposa de su padre era una mujer de treinta y siete años se mudaron a Japón hace más de veinte años. Bankotsu era el heredero de la corporación Smitters, arquitectos reconocidos. Su hermana menor que tenía diez años era modelo y la verdad era muy graciosa. Su padre siempre hablaba de que el era el único que debía de continuar el legado y hacerlo llegar más alto pero la verdad el no deseaba continuar el negocio familiar solo que...Iba a hacerlo pero también iba a tomar fotografías.
Y había más familias que destacaban, pero estas cuatro los hijos de sus hijos y sucesivamente iban a dominar Japón. Iban a ser tan ricos que ni el propio presidente o emperador iban a detenernos, estarían adentrados en ese mundo material. Iban a ser asquerosamente poderosos, ellos crecieron sabiendo que podrían divertirse a cambio de que se casaran con las personas que sus padres quisieran.
Solo tres niños ricos habían salido esa noche. Miroku el cual estaba aburriéndose de ver a casi las mismas mujeres pasear delante de el, a decir verdad el jamás salía dos veces con la misma mujer y si había perdido su virginidad con su sirvienta, y fue algo extremadamente erótico que volvería a repetir si fuera virgen. Desgraciadamente ya no la había podido volver a utilizar porque su mamá le cambiaba las sirvientas personales como si fueran calzones, y lo agradecía de todo corazón, ya que el andar explicándoles las cosas a las mujeres era algo complicado y el simplemente no fue hecho para complicaciones; A su lado estaban sus dos mejores amigos, Bankotsu el cual estaba arriba de una cama que había en el club jugando con dos mujeres. Maldito suertudo, pensó divertido al verlo con dos gemelas mientras los dos reían y luego terminaban las dos encima de el.
Y estaba Kouga el cual bebía una cerveza mientras veía con sus ojos libidinosos a las mujeres que bailaban de manera sensual para todos los hombres guapos. Si Inuyasha no estuviera con la pierna rota de seguro estuviera con ellos, Kouga y el se estuvieran riendo de esas mujeres que aparecían con exceso de maquillaje, corta ropa y creyéndose unas diosas. Se reirían de lo mucho que esas mujeres tratan de conseguir a ese hombre y al final terminarían solo con peor reputación de la que ya tenían.
Pudo ver a dos muchachas que estaban pasables y desgraciadamente las dos las tenía Bankotsu, le iba a quitar a una pero los tres se veían demasiado interesados. Y maldijo la suerte de Bankotsu por poder complacer a dos señoritas, y porque estaba aburrido fue a sentarse a lado de Kouga. Los dos riéndose de cada error que cometía Bankotsu.
La envidia y los celos se habían formado en risos rubios, y maquillaje costosos con cuerpos hermosos. Y ellos estaban viendo a las muchachas mirarse entre ellas como si quisieran matarse.
-¿Por qué no tienes a ninguna mujer?-Kouga era un poco alcohólico pero estaba seguro de que sus papas iban a cubrir su alcoholismo con un viaje de seis meses, tiempo en el que su querido amigo iba a estar en rehabilitación. Siempre que hablaba con el siempre escuchaba un 'necesito un trago' y todavía era divertido escucharlo decir eso-
-Mi papá se fue a Francia-Tomo una bebida de color amarillenta mientras se la daba a su amigo-
-Necesitas un trago...-En verdad deseo reír pero no estaba de humor de reírse en esos momentos, decidió agarrar la bebida y terminársela en cuestión de segundos. Le llamó a Inuyasha para saber si podía pasar a su casa, y descubrió que aunque fueran las tres de la mañana Inuyasha siempre contestaba el teléfono. Ni siquiera sonaba como si hubiera estado dormido toda la noche, le colgó la llamada al informarle que iban a ir a su casa y luego se despidió de Bankotsu junto con Kouga. El cual decidió comprar más alcohol para la casa de Inuyasha-
La verdad es que deseaba estar despierto toda la noche para volver a ver como el sol nacía nuevamente, aun estaba sorprendido de que Kouga contara con excelente salud. Ni siquiera tenía asma o problemas con su hígado, el si que era un bastardo suertudo. No podía sentirse mal en un viernes por la noche cuando las luces de la ciudad solo brillaban para el, con el estado sobrio de Kouga estaban encaminándose hacia la casa de Inuyasha.
-¿Qué opinas de la satisfacción automática?-Preguntó Kouga mientras tomaba un cigarrillo apartando por un par de segundos la vista del camino, y luego en cuestión de dos segundos el regreso a ver el camino porque unas luces parecían dirigirse a el-¡VAS EN CENTIDO CONTRARIO, ESTUPIDO!-Saco su cabeza para gritarle eso a su compañero ebrio que pudo haberse estrellado con el-¿Qué opinas de la satisfacción personal?-Volvió a preguntar mientras se detenía en medio de la calle solamente para encender su cigarrillo, y después ya regresaba a acelerar. Miroku simplemente se encogió de hombros-
-Puras mamadas-Dijo Miroku mientras abría una cerveza y comenzaba a beberla, las calles ya parecían más atascadas que antes. Carros con ventanas empañadas, y mujeres que corrían por las calles con sus zapatillas de tacón en sus manos, posiblemente huyendo de personas que solo existían en sus cabezas-¿Qué piensas de la economía del país?-Le lanzó esa pregunta mientras daba un grande trago de su cerveza-
-Boberías-Miroku entonces formo una sonrisa y miró a su amigo como si hubiera ganado un juego de ajedrez-
-¡Jaque mate! La economía del país tiene que ver todo con nosotros...El país no produce dinero nuestras ganancias bajan, el país se mueve un poco comprando nuestros servicios nuestra economía aumenta, la economía y las estadísticas en nuestra vida serán importantes-Kouga trato de no reírse, siguió manejando a 40km/s, mientras veía por breces minutos a su amigo-
-Conmigo no debes fingir ser un sabelotodo-Miroku roló sus ojos y decidió fingir una sonrisa, en cuestión de minutos llegaron a la casa de Inuyasha. Los dos bajaron una hielera llena de cervezas, encontrar la habitación de Inuyasha fue fácil, llevaban yendo a esa casa desde que eran pequeños y ya hasta sabían que clase de objetos había en los pasillos. Recordaban los dos las pequeñas marcas que habían hecho o cosas tontas que eran solamente de ellos cuatro-
Kouga iba cargando la hielera y prácticamente el era el único que decidiría finalizar las dos cervezas que iban a quedar, abrieron la puerta y les sorprendió lo que vieron. Una mujer entre las piernas de Inuyasha y al parecer Inuyasha no estaba disgustado.
-Toda, toda...-Dijo de manera sucia mientras Kouga cerraba la puerta apresurado, descubriendo que había arruinado un pequeño orgasmo de Inuyasha y había interrumpido a la mujer de continuar con la tarea de "lamer toda la cajita feliz de Inuyasha"-Me lleva la chingada-Dijo Inuyasha mientras veía como esa mujer comenzaba a irse-TE LLAMO-Gritó mientras luego veía a sus amigos con cara de molestia, Kouga no se veía desesperado pero muy claro que deseaba tener un par de bebidas y Miroku bueno el estaba con su mirada de pervertido viendo a Inuyasha-¿Qué hacen aquí?-Preguntó enfadado mientras Kouga entonces se sentaba para reírse un rato-
-¿Interrumpimos algo?-Preguntó como si esa pregunta fuera muy obvia, Miroku rió junto con el mientras Inuyasha les sacaba el dedo de en medio-¡Por tu cara de que estas teniendo un cólico diré que si!-Miroku se empezó a reír aun más, obviamente molestando a Inuyasha-Necesito un trago-Inuyasha sonrió cuando escucho decir eso a Kouga, estaba seguro que de los tres Kouga era el que con de manera difícil se ponía ebrio aunque también tomaba con calma y sin apuros. No tomaba a lo idiota-
-¿Qué hacen aquí vascas?-Preguntó mientras tomaba con sus manos la cerveza que Kouga le había enviado-¿No estaban en un club?-Preguntó mientras comenzaba a mover su silla de ruedas en dirección a Miroku y tomaba un palo que tenía y se lo encajaba un poco en el trasero a Miroku, el tenía la culpa por estar agachando y enseñándole todo el trasero-
-Estábamos pero Bankotsu se quedo con las más guapas-Inuyasha asintió aun medio mareado de tremenda mujer que había lamido su cajita feliz con tanta devoción-
El modo de pensar de Kouga era el siguiente "Si te hace sentir bien entonces no debe de estar mal" Posiblemente iba a ser un alcohólico e iba a morir con el hígado todo asqueroso pero el escogió esa vida. Aparte de que sus padres dentro de dos meses iban a mandarlo a rehabilitación así que con más razón debía vivir la vida loca. Por esos todos vivían la loca.
Porque algún día su vida loca iba a terminar.
Así que ahí estaban los hijos de las viejas generaciones consumiendo alcohol y platicando de cosas estúpidas; Uno de ellos deseando destrozar la inocencia de Kagome y los demás simplemente pensando quienes iban a ser sus siguientes victimas de amor.
-Critican nuestra forma de ser cuando fueron ellos los que nos criaron, no entiendo a los adultos-Dijo Miroku de manera sabia mientras Inuyasha y Kouga reían-
-Lo se, se creen superiores y son peores a nosotros-Kouga simplemente bebió su tercera cerveza y miro a sus amigos-
-Si me desaparezco es porque termine en rehabilitación, la cárcel moderna para los famosos si así quieren llamarle-Todos rieron mientras Inuyasha continuaba girando en su silla de ruedas-
Eran los cuatro miembros que iban a gobernar Japón cuando fueran personas maduras y entendieran la importancia que estaban teniendo en esos momentos. Porque ahorita eran solo pequeñas estrellas brillando con mucha suerte, pero en un par de años iban a ser cegados por la avaricia y terminarían viviendo un infierno y un paraíso al mismo tiempo.
CONTINUARÁ.
N/a:
Madre, tu sabes que sangro para sentirme viva.
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"I don't care if they think I'm crazy"
Uh ya mañana escuela ke puta weba /!
Atte: willnira.
