Aclaración: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.


Capítulo 8 – Primera Navidad.


-¡Riddle!- exclamó una ronca voz. Tanto Hermione como Tom se dieron la vuelta de sus respectivos sitios en el sofá de la sala con la chimenea. La dueña del lugar acababa de entrar llamando a Tom con insistencia, hasta que su mirada dio con él.

-Riddle, me gustaría hablar contigo en mi despacho- "pidió" la dueña con un tono duro. Se la notaba enfadada por algo, y no se podían imaginar qué.

Tom la envió una mala mirada, sopesando en si llevarla la contraria o no.

-¿Sobre qué?- preguntó al fin. La dueña también caviló acerca de responderle o no. Observó por unos momentos a Hermione antes de responder.

-Ha desaparecido unas pertenencias de Jonhy- dijo simplemente- Es Nochebuena y me gustaría aclarar esto cuanto antes.

Tom entrecerró los ojos.

-Estaré allí en cinco minutos.

Contenta por su respuesta la dueña se dio la vuelta y se marchó. Hermione le miró con la duda escrita en el rostro.

-Cada vez que algo desaparece y yo estoy en el orfanato suelo ser el principal sospechoso. No la culpo después de todo lo que hice en mi infancia- añadió mirando seriamente a Hermione. Quería ver su reacción ante verdades no tan plácidas como su confesión.

-¿Qué hiciste?

-Asustaba a los niños, era cruel con ellos y usaba mi magia para todo ello.

Hermione tragó saliva. Aquel era el lado de Tom que Harry veía, el que todo el mundo respetaba y por el que ella también se había apartado en un principio. Ahora no lo haría.

-Pero no has sido tú- dijo completamente convencida. ¿Cómo había podido ser él cuando había estado las veinticuatro horas del día a su lado? Finalmente una sonrisa se asomó en el rostro del mago.

-No tardaré en volver, ¿estarás en mi cuarto?

-Está bien- accedió sin querer ponerle tenso. No quería que la dueña sufriera más todavía.

La besó largo rato antes de despedirla. Hermione se sintió como nunca. Desde luego nadie la había querido tanto como para sentirse triste por abandonarla unos minutos, aunque Tom nunca lo admitiera.

Se dirigió feliz a su cuarto tomándose su tiempo. Ese día ya había respondido la carta de Harry y Ron, todavía un poco histéricos tras asentar la noticia. Había decidido guardar sus cartas para un día en el que necesitara risas. Eran tan exageradas que no había podido evitar reírse al leerlas con Tom, quien sólo se había limitado a alzar la ceja en un par de ocasiones.

Además, mañana sería Navidad. Le había tenido que pedir a Ginny que la comprara ciertas cosas y se las enviara para que pudiera tener los regalos listos. Con el añadido de Tom, al que había dudado mucho más que en el resto. Normalmente se lo pedía a sus padres, pero ahora… no quería pensar en ello. El dolor en su pecho, siempre ahí, se incrementaba y no lo soportaba. Pensaría en la suerte de tener a sus amigos de su parte y ahora a Tom con ella. Sus padres no aceptarían que se rindiera. Y aparte, Tom no parecía muy entusiasmado por el día. Podía entenderlo ya que siempre lo habría pasado solo, así que esperaba que este año fuera diferente.

Escuchó pasos tras ella, lo que dejó de ser normal al subir al último piso donde sólo estaban Tom y ella. Se dio la vuelta en el pasillo sin acobardarse. Había un niño un poco menor de ella pero que la ganaba en altura. El niño tenía el pelo negro, corto y una mirada negra. La observó desde el borde de las escaleras sin dejar relucir sus pensamientos. Le recordó a cierto mago.

-¿Cómo te llamas?- preguntó de repente.

-Hermione- respondió sin saber qué querría el niño. Hasta ahora ninguno se había acercado por voluntad propia ya que siempre se espantaban con Tom a su lado. Sólo habían compartido espacio cuando el frío les obligó a estar en la zona de la chimenea.

-¿Por qué estás con él?

Con el ceño fruncido Hermione supuso que se refería a Tom. No hacía falta ser un genio para saberlo pero tampoco hacía falta referirse a él así. De todas formas le respondió. No le había caído mal y a pesar de todo parecía un buen chico.

-Es… diferente cuando le conoces.

El gesto del niño cambió a uno más oscuro.

-Ese monstruo nunca cambiará.

Se acercó a ella peligrosamente.

-Todos terminan cambiando tarde o temprano- respondió convencida-. Sólo necesitan una razón para ello.

El niño ladeó ligeramente la cabeza, sopesando una idea.

-Veámoslo.

De repente el chico la tiró contra la pared, presionándose contra ella. Hermione, que en un principio estaba luchando, se paralizó de miedo cuando sintió sus cuerpos pegados y sus labios comenzar a besarla el cuello. Aquello no se parecía en nada a lo que había sentido con Tom. Con Tom sólo había habido placer, nunca miedo ni esa sensación que la estaba paralizando el cuerpo sin necesidad de magia. Sus labios no eran los mismos, su toque la disgustaba, su cuerpo contra el de ella la provocaba temblores muy diferentes. Y no podía moverse.

La sensación no tardó en irse. De repente el niño que la mantenía prisionera salió volando a través del pasillo, cayendo con un duro golpe. Asustada, giró la cabeza para ver la imagen más aterradora y a la vez consoladora que había visto en toda su vida. Vio la muerte más cerca que nunca.

Tom avanzó por el pasillo con la mirada helada fija en el niño. La mente de la bruja estaba paralizada. Su mente sólo funcionaba con pensamientos básicos de alivio y rastro del miedo que la había congelado. No quería otra muerte sin sentido, no quería presenciar algo que hubiese podido evitar. Y con un valor que hubiera hecho sentirse orgulloso al mismísimo Godric Gryffindor, Hermione detuvo a Tom lanzándose hacia él.

-¡No hagas lo que vas a hacer! ¡Por favor, Tom! - rogó- ¡Estoy segura de que no me iba a hacer daño!- exclamó temblando- ¡Sólo quería demostrarme que tú sí que le ibas a hacer algo horrible! ¡Por favor, demuéstrame lo contrario! Por mí…- terminó en un murmullo.

Mientras le rogaba, el niño se había incorporado ayudándose de la pared para lograrlo. Se levantó y comenzó a andar cojeando hacia las escaleras, teniendo que pasar al lado de ellos para marcharse. La tensión creció hasta que Hermione creyó que Tom iba a acabar con él en el momento, lo que en realidad él estaba deseando hacer. Estaba haciendo el esfuerzo más grande de autocontrol que nunca se había puesto. Y todo por no perder a Hermione. Pero la sangre de aquel muggle le llamaba, y estaba deseando derramarla. Se estaba controlando tanto a él como a su magia, con lo sencillo que sería aplastarle como a una rata…

El niño miró a Tom al pasar, luego cambió la mirada hacia Hermione algo más apenado.

-Lo siento- dijo en voz baja. Y se fue cojeando bajando por las escaleras.

Todavía temblando Hermione envolvió en un abrazo a Tom, sin dejar de agradecerle todo. Su presencia, su intervención y el haberle dejado marchar al chico. Tom la rodeó al momento y la alzó contra él. Sin esperar un segundo la llevó a su cuarto, donde la tumbó bajo las mantas sin soltarla y donde la apretó fuertemente contra él.

Hermione se dejó apretar sabiendo lo que su cuerpo temía lo que podía haber pasado, no obstante su mente estaba convencida de que el niño sólo quería dar una lección a Tom, y que a ella no le iba a hacer nada. Que Tom hubiera sido capaz de no vengarse le había hecho quererle un poco más y a la vez provocar un poco de miedo de lo que había evitado. Sus ojos prometían muerte, y no una sencilla. Nunca había tenido que presenciar esa sensación tan aterradora. Ni siquiera cuando vio a Colin desmayado sin nadie alrededor había sentido tanto miedo. Notó los labios de Tom besarla insistentemente por todo el rostro, sus manos recorrerla simplemente comprobando que estaba bien. Lo estaba. Estaba con él y le quería todavía más.

Tom siguió cerciorándose de que Hermione estaba segura en sus brazos sin soltarla un solo momento. La acarició y apretó contra él. Menos mal que había hecho caso de su instinto y había ido en busca de la bruja. Nunca había estado antes asustado y no le gustaba la sensación de estarlo. El haberse abierto a una persona lo había vuelto débil, lo sabía, pero ella sería su única debilidad.


Las horas pasaron sin que ninguno de los dos se apartara. Hacía rato que Hermione se había relajado escuchando el latir del corazón de Tom en su pecho. La escena casi se la había olvidado y estaba empezando a recordar otras cosas que normalmente no olvidaba.

-Hace mucho que no vemos a Nagini- murmuró Hermione abriendo los ojos. Se encontró con la mirada también calmada de Tom.

-Sí, es raro- corroboró incorporándose poco a poco de la cama. Salió y tendió una mano a Hermione para ayudarla a salir. Después de estar tanto tiempo en la misma posición su cuerpo se iba despertando poco a poco. Sin querer separarse todavía de ella la rodeó con un brazo como ya se estaba acostumbrando y salieron a buscar a Nagini.

No tardaron demasiado. Entrando en la habitación de Hermione se encontraron con Nagini, que ni se había molestado en esconderse. Hermione se quedó un poco pálida al ver la escena. La serpiente se encontraba rodeando con todo su largo cuerpo a Crookshanks, quien estaba completamente inmóvil, aterrorizado.

-¿Nagini?- casi exclamó- ¿Qué estás haciendo?

-El fffelino decidió jugar con loss librosss que había fuera del baúl- siseó lentamente- Impedí que ssse comiera las hojasss.

Con una sonrisa divertida Tom se lo tradujo a Hermione.

-¡Mis libros!

Hermione corrió a guardar sus libros y cerrar el baúl sin llave. Tom la dejó ir viendo que aquello la había afectado casi más que la escena anterior. Mejor, decidió, sería preferible dejar de pensar en ello.

-Es un buen gato- dijo Hermione por fin, a pesar de todo. Se volvió hacia Nagini y cogió al aterrado Crookshanks en brazos- Seguro que os lleváis bien.

-¡Ess un gato!- exclamó la serpiente indignada.

-Pero es mi gato- respondió Hermione tras que se lo tradujera Tom, quien observaba cómo su bruja apretaba a esa bola de pelo contra ella. El gato se intentó esconder como pudo cuando Nagini también rodeó a la bruja por sus hombros y observó frente a frente al gato.

-Esspero que ssepa comportarssse.

Hermione miró a Tom sin entender.

-Nagini está preocupado por sus modales.

-Bueno, le gusta fastidiar a Harry y Ron, pero por lo demás es un buen gato, ¿verdad que sí, precioso?- le preguntó al gato como si fuera su bebé. El animal tenía tanto miedo que ni maulló.

-Oh, entoncesss no sserá tan malo.

Tom estuvo de acuerdo. Hasta le podría llegar a agradar el gato.

-Deberíamos ir a cenar- intervino él- todas las Nochebuenas la cena se sirve antes- explicó. Hermione sonrió de oreja a oreja. Los niños se acostarían esa noche antes a la espera de los regalos. Era una ilusión que costaba perder hasta de adulto. Tenía un montón de recuerdos de esa noche con sus padres y siempre sería algo especial… aunque ahora doliese.

Dejó al inmóvil gato sobre su cama y tras despedirse de Nagini bajó con Tom hacia el comedor. Por supuesto que el mago ya la había rodeado, ahora con más razones.

Al entrar en el comedor trató de no buscar al niño del incidente. Tom en cambio le mandó una mirada asesina nada más pasar. Cogieron la bandeja y dejó de matar al niño con los ojos para clavarlos en la expresión alegre de Hermione al ver la rica cena.

-No me había fijado, pero hay hasta un árbol adornado- señaló Hermione al lado de la puerta del comedor.

-Todos los años es el mismo- se limitó a responder. No borró la sonrisa de la chica, que comía alegremente.

Esa noche incluso algunos de los niños les ganaron y se fueron del comedor antes. La excitación por esa noche era evidente y parecían que todos salvo Tom lo notaban. El mago sólo se había fijado en que Hermione estaba radiante y por ahora eso era lo único que importaba. La Navidad nunca había significado nada para él y seguía sin hacerlo. ¿Por qué iba a cambiar aquello? Le parecía una tradición muggle que no tenía ningún objetivo práctico. Nunca comprendería el sentimiento que estaban compartiendo todos esos niños, incluida Hermione. Le parecía debilidad y para eso le necesitaba su bruja, para cuidarla. Era demasiado ingenua para ser tan inteligente, pero no le importaba. Él se ocuparía de todo.

-¿Vamos ya a dormir?- preguntó Hermione con un poco de vergüenza. Primero por sugerir que se fueran juntos a la cama y segundo porque quería irse más pronto por costumbre de esa noche. La parecía infantil pero no podía evitarlo. De todas formas Tom asintió. Quería tenerla cerca y en un lugar protegido. Su cuarto no era el lugar ideal para ello, pero era el mejor.

Al entrar se encontraron con que Nagini había logrado que Crookshanks se cambiara de cuarto al de Tom y se acurrucara en una esquina a dormir. La serpiente parecía muy orgullosa de lo que había hecho y no dudó en aceptar unas caricias de Hermione como premio. El mago no les dejó mucho tiempo. Apremió a la bruja para que se cambiara por la acostumbrada camiseta y se tuvo que controlar para no cambiarla él mismo y meterla en la cama.

Sólo estuvo de mejor humor cuando la tuvo entre sus brazos y contra la pared, con Nagini a sus pies. Cada vez hacía más frío y la manta eléctrica sobre ellos les ayudaba. Hermione le abrazó fuertemente recordando los sucesos del día. Había tenido miedo, sí, pero luego había temido más por la vida del niño. Ahora en los brazos de Tom lo único que quería era dejar de preocuparse y pensar únicamente en el día de mañana.


Contra todo lo que creía la bruja abrió los ojos mucho más tarde que de costumbre. Normalmente el día de Navidad solía madrugar. Era raro la mañana que no estaba corriendo a las seis y media escaleras abajo. Pero aquella Navidad, con el caliente cuerpo de Tom a su lado y los sucesos del día anterior se despertó pasada la hora del desayuno.

-Buenos días- sonrió Tom besándola. Siempre estaba completamente despierto antes que ella. A veces se preguntaba si dormiría algo o se quedaba toda la noche en vela leyendo o practicando magia. Eso explicaría sus notas y por qué la ganaba siempre. Mucho tiempo atrás había intentado superarle, antes con más ganas que ahora. Apenas lo conseguía en alguna asignatura, en ciertas ocasiones que no todavía no olvidaba.

-¡Tu regalo!- fue lo primero que dijo. Se levantó y pasó por encima del mago corriendo hacia su cuarto. Sacó un paquete del armario y volvió sonriente para ver a unos todavía dormidos Nagini y Crookshanks, y a Tom sentado en la cama.

Se quedó un poco sorprendido por su entusiasmo y por el paquete que traía envuelto Hermione. ¿Le había comprado un regalo? ¿Cuándo? Eso sí que no se lo esperaba para nada. Por primera vez en su vida se había quedado sin palabras. Elevó la vista y miró a su bruja, sonriente, esperando a que lo aceptara. Lentamente cogió el paquete de sus manos y lo desenvolvió con destreza. Abrió los ojos con asombro. Era un libro, uno que la había comentado una ocasión en una noche cuando estaba a punto de dormirse. No lo encontraba por ninguna parte y le hubiera gustado comprarlo. Le había escuchado a pesar de que ya parecía dormida y de alguna forma se lo había traído.

-Gracias- el sonido le supo extraño en su boca pero no por ello menos sincero.

-Me alegro de que te guste. Ginny me debía algún favor y la hice recorrerse las librerías donde podía estar- en la penúltima por fin lo encontró. De todas formas la mandé a la última por si estaba la edición que te gustaba, ¡y la tenían!

Su alegría era evidente. Tom no lo pudo evitar. Pasó una mano por detrás de su nuca y la atrajo hacia así, demostrándole lo que sentía. Hermione tropezó y se quedó sin respiración en medio del beso. Un poco torpe se lo devolvió, tratando de hacerle ver que ella también le quería.

Cuando terminaron Tom pasó las manos a su cintura, riéndose ligeramente por el torpe beso. La atrajo hacia sí y la hizo sentarse a su lado. A continuación, Hermione le vio levantarse e irse hacia su baúl, donde buscó entre sus pertenencias hasta dar con lo que andaba buscando. Le entregó un pequeño objeto envuelto.

-¿Cómo…? ¿Cuándo…? ¿Me has comprado algo? Pero si a ti no te gusta la Navidad…- balbuceó. Se parecían más de lo que creían.

-Es un regalo que pensaba hacerte de todas formas, y ésta me parecía una buena situación.

Mientras la respondía Hermione miraba el regalo como si fuera a saltar en llamas en cualquier momento. Cuando terminó de procesar la información en su mente, una sonrisa se volvió a formar en su rostro. Abrió el regalo con entusiasmo tratando de no romper el papel perfectamente envuelto. Ahogó una exclamación al terminar de abrirlo. Era una pequeña caja donde dentro había colocados dos preciosos pendientes de color esmeralda. Relucían destellos verdosos ante la luz, como si estuvieran orgullosos de sí mismos.

-Son piedras mágicas especiales- explicó Tom cogiendo uno de la caja. Se sentó a su lado y con mucho cuidado se lo puso en una oreja- Por lo que pude averiguar pertenecieron a mi familia por largas generaciones. Estaba en lo que quedaba de mi cuenta de Gringotts. He comprobado las maldiciones y las propiedades mágicas, por supuesto. No te hará ningún daño.

-Es… es… demasiado- dijo por fin- Tom, esto es de tu familia, no puedo aceptarlo.

-Por supuesto que sí- negó con una convicción aplastante. Se colocó a su otro lado y le puso el que faltaba- No lo querría de otra forma.

-Gracias… ¡Gracias, Tom!- se lanzó a sus brazos, apretándolo en un fuerte abrazo. No teniendo suficiente Tom buscó sus labios, amoldándose a los de su pequeña bruja y disfrutando del momento.

Cuando se separaron Hermione se fue al baño a mirarse al espejo. Nunca nadie le había regalado algo parecido y todavía no se creía que Tom lo hubiera hecho. El mago era mucho más de lo que se podía imaginar. En un principio nunca se lo admitiría pero había tenido miedo de que aunque la quisiera no fuera suficiente. En cierto modo así había sido. Tom nunca había amado, por lo que en realidad no sabía hacerlo a la manera habitual. Y la había costado darse cuenta de que lo hacía a su manera, mostrándose posesivo y protector y dejando caer sus barreras frente a ella poquito a poco.

Se preguntaba cómo sería una vez volvieran a Hogwarts. Ya no faltaba muchos días para que se acabaran las vacaciones, lo que por primera vez la ponía triste. Quería estar junto a Tom y sus amigos, no causar una conmoción que estaba segura que llegaría a oídos del profesorado. Se llevó las manos a la cabeza sabiendo que tendría que pasar por ese momento. Sólo esperaba que Tom siguiera siendo de esa manera con ella y no se ocultara. No lo soportaría. La pérdida de sus padres pesaba tanto a cada segundo que no sabía qué haría si le perdía a él también. Había veces que, al no haberlo asumido, todavía se sentaba delante del escritorio pensando en la carta que les mandaría a su madre. Era un golpe tras otro tener que volver a la realidad. Ese cuarto se había convertido en su nueva vida.


Sé que lo suelo decir, pero de verdad que soy sincera cuando os agradezco los reviews que me habéis dejado. Os lo agradezco siempre, y esta vez os lo quería demostrar y he hecho un capítulo un poco corto pero para poder subiros en antes de que terminen las vacaciones una continuación^^. Esta vez, como lo hice muy deprisa y sacando tiempo, no me dará tiempo a responder los reviews, pero sabed que por supuesto me los leí.

Me alegrasteis mucho las vacaciones, y como regalo aquí tenéis un poco más de acercamiento jeje y también os prometo que el próximo capítulo, también como regalo, será más largo.