Me provoco escribir de nuevo de Edward e inconcientemente, me inspiré de más en este capitulo que debía ser algo más corto. Igual, lean! =)

Un café

(Edward)

Consternado.

Ese era mi estado. Por qué yo, Edward Anthony Masen Cullen no había podido besar a Bella en la mejor ocasión que se me había presentado. Es mi deber relucir que esta vez no estábamos en la oficina de la directora ni yo cargaba mi uniforme de fútbol sudado.

Vi una pequeña mano blanca balanceándose en frente de mi cara.

− ¿Edward? El semáforo está en verde...

Entonces al escuchar su tímida voz me di cuenta de donde y qué estaba haciendo. Bella estaba inclinada hacía mi, mirándome intensamente a través de sus pestañas, mientras yo meditaba mi fracasado intento de beso y recordaba, como un espíritu fuera de su cuerpo, mi voz seductora como nunca antes la había escuchado. Sonreí al pensar en las cosas que estaba descubriendo de mí en este extraño estado en que Bella me ponía.

− ¡El semáforo esta en verde, Edward Cullen!− Chilló Bella agitando su mano aun ante mi.

Como un autómata, pise el acelerador ignorando el ensordecedor ruido de las bocinas que antes no escuchaba.

− ¿Qué te ha pasado? Estas muy... diferente.

Se sonrojo al final, como pensado en el por qué estaba así. Luego suspiro y se dejo caer en el asiento de copiloto.

− No me pasa nada− dije intentando parecer casual.

Ella miro por la ventanilla pensativa.

− La grúa ya nos ha pasado− murmuro.

− La alcanzaremos en un rato.

Ella volvió a suspirar y yo hice lo mismo. Desde que la había intentado besar también estaba cambiada, quizás había echo mal... quizás debía hacer esperado. No quise dejar que el silencio se propagara mucho, ya que nuevamente era incomodo.

− El aire esta frío... ¿Quieres que le baje al aire?− Patético, pero mejor que no escucharla hablar mientras podía.

En respuesta, ella solo una autentica carcajada.

− ¿Me hablas del clima?

− Técnicamente no es del clima...

Volvió a reír y me sonrío.

− El aire acondicionado afecta al clima, algo con partículas de cloro en el aire y cosas así.− Me miro muy seriamente y yo le seguí la corriente.

− ¿Te refieres a los clorofluorocarbonos?

− Supongo...

− Afectan a la concentración de ozono en la estratosfera antártica− Dije mirándola muy seriamente− Nuestros nietos probablemente sufrirán las consecuencias.

Fue encantador como su labio inferior resalto del inferior e hizo un prefecto puchero.

− Valla, no te tenías que poner tan serio...

Yo solo pude reírme.

− Tengo que saber cosas así para la universidad.

− ¿Ah sí? ¿Qué estudiaras?− pregunto mirando de nuevo por la ventana.

− Medicina.

− ¿Qué tiene que ver con los clorofluo-no-se-qué?

− Conocimiento general− respondí sonriéndole.

Avanzábamos despacio en el tráfico nocturno, pero lo estaba disfrutando más, probablemente después de llegar al taller la llevaría a su casa y mi fantástica pero frustrada noche llegaría a su fin.

− ¿Sabes que harás con tu vida?− pregunte de repente.

Ella me miro claramente confundida.

− Cuando nos conocimos, me dijiste que aunque estabas en la universidad, no sabias que hacer de tu vida.− recordaba con claridad cualquier cosa relacionada con ella.

− Pues... supongo que seguir trabajando al terminar la uni.− Dijo encogiéndose de hombros.

Solo una risa baja.

− ¿Te ríes de mi?− pregunto entrecerrando los ojos.

− Algo así.

− ¿Tu si sabes que harás con tu vida?

− Ya te dije que estudiaría medicina ¿No escuchas cuando te hablo?

− Claro que si, presto tanta atención a cualquier cosa que dices que me dolerá la cabeza por exceso de información.

Dijo esto sin pensarlo, porque se sonrojo violentamente y miro por la ventanilla.

− ¿Entonces estudiaras medicina?− pregunto tímidamente.

− Si, desde pequeño he querido ser médico. Ya he hecho algunos cursos y mi padre es médico. Supongo que conoces a Carlisle...

− ¡Claro! Es una persona encantadora... No puedo creer que yo haya ido antes a tu casa y no te haya visto.

− No paso mucho tiempo mi casa por las actividades del colegio...

− Ya veo− murmuro para ella− ¿No te parece el mundo pequeño? Mi mejor amiga es tu hermana... y yo ni enterada.

− Dicen que las cosas llegan al tiempo debido. Y si me parece muy pequeño... pero es más pequeño aún cuando la pequeña Alice esta cerca.

− ¿Pequeña? Si es pequeña, pero es mayor que tu...

No pude evitar empezar a reírme, otra vez. Definitivamente Bella tenía algún complejo de Peter Pan o algo parecido, porque una chica tan joven y vivaz como ella no podía estar preocupándose por la edad justo como lo hacía.

− ¡No te burles! A los mayores hay que respetarlos...

− Okey, señora Swan.

Su cara se puso más pálida si era posible y pude ver el fuego llameando en sus ojos.

− No me llames vieja, niño.

− Tu empezaste− dije en tono burlón, por lo que se cruzo de brazos y desvío la mirada.

Realmente podía ser muy infantil cuando se lo proponía.

Llegamos al taller después de unos minutos, donde la camioneta de Bella ya estaba estacionada en frente y el señor de la grúa nos esperaba para cobrarnos. Saque mi billetera del bolsillo de mi chaqueta un segundo antes de que esta la tomara y la guardara de nuevo en su bolsillo. Tenerla tan cerca me distrajo antes de empezar a quejarme.

− ¡Oye, iba a pagar!

Ella me miro con los ojos entrecerrados y cuando hablo la voz le salio diferente, como si en los pocos segundos pasados hubiese madurado más de lo que no lo había hecho en años.

− Es mi auto, tengo que pagarlo yo.

− Podría hacerlo yo...

− No necesitas hacer estas cosas por mí, soy perfectamente independiente.

Independiente

Mi estomago se arrugo con mi extraña necesidad inconciente de que ella me necesitara, de que ella dependiera de mí. Luego sus facciones se relajaron y me sonrío calidamente, con un recién tinte rosado en sus mejillas.

− Preferiría que me invitaras un café o algo así antes de hacer esto− murmuro apenada− sin compromiso, pero al fin y al cabo, yo ya te dije que deberíamos salir algún día.

No pude evitar sonreír. Con ella nunca podía evitarlo.

− Anotado: Un café.

Me quede prendido de sus ojos antes que un carraspeo nos sacara del ensimismamiento.

− ¿Piensan pagar algún día?− pregunto la voz gruesa del que nos cobraba.

− Emm, ¡si!, por supuesto− tartamudeo Bella entregándole el dinero.

El señor se despidió de nosotros con un gruñido y se fue refunfuñando cosas como "tórtolos" y "hormonas".

− Mmm... ¿Bella?− Llame mientras esperábamos sentados el diagnostico de la pick-up− tengo que ir a ponerle combustible al volvo, ¿será que sobrevives sin mi un segundo?

Ella me miro con falsos aires de ofendida.

− No eres mi salvavidas, pero supongo que podré sobrevivir.

No tarde demasiado, pero pude haber contado los segundos para volver a sentarme con ella y compartir ese momento, que a pesar de no ser nada romántico ni mucho menos, lo disfrutaba.

La gasolina no fluía lo suficientemente rápido, porque al parecer él marcador cada vez se ponía más lento. Incluso golpee un poco la maquina para ver si el proceso aceleraba, pero como no, le golpee más duro. Al fin, aleluya, el tanque se lleno y devolví el volvo a su sitio antes de caminar hacía mi amada.

El joven alto y moreno que revisaba la pick-up ya había terminado, así que le explicaba a Bella lo que tenía, pero por la cara que ella ponía, no entendía nada.

− Así que...− dijo Bella al muchacho− en resumidas cuentas, la pick-up no funciona.

No pude evitar reírme y el otro chico también río, lo que me choco un poco. Ya que yo era él único que podría reírse de lo que decía o no decía Bella.

− ¿Costará mucho?− pregunto ella.

− Más o menos, pero puedo hacerte un descuento si lo pides− dijo el chico guiñándole un ojo, pero Bella pareció no darse cuenta de su acción− Soy Jacob Black ¿tu eres...?

− Bella Swan− dijo esta estrechándole la mano.

Jacob Black sostuvo su mano más de lo que debía, más de lo que yo quería. Sin darme cuenta, me había quedado parado a unos cuantos metros de ellos. Escuchando y observando detalladamente a ese chico, que le decía algunas cosas más sobre el auto. Era más alto que yo y probablemente mayor, pero eso no impedía que quisiera arrancarle las viseras por la insinuante mirada que le envío a Bella. Di gracias al cielo porque ella era tan distraída que no se había dado ni cuenta.

Parecía pensativa, posiblemente calculaba mentalmente el dinero que podía gastar por la forma en que fruncía su ceño y mordía suavemente sus labios rosas. Sentía que la conocía desde hacía tanto tiempo... Me pareció el momento ideal para aparecer cuando después de un silencio el inflo su pecho y se acerco más a ella.

− Dentro de unos minutos termino mi turno, ¿quisieras...?

Al parecer, se quedo mudo cuando intentando ser lo más indiferente posible, me le había colocado al lado de Bella y lo había mirado interrogante.

− Eh, Edward, él es Jacob... Jacob, Edward.

− Un placer− murmure yo con placentera satisfacción al ver su rostro atónito.

Mi voz había sonado más gruesa de lo usual y Bella me miro interrogante, claramente había notado el cambio en mi voz. Quise parecer maduro, me dije para mi mismo.

− ¿Son novios?− pregunto descaradamente, al salir de su aturdimiento.

Supongo que hubiese sido más racional decir que si y así explicar mi repentino cambio de carácter que probablemente se diferenciaba en mi semblante y por lo que Bella me seguía mirando extrañada (más serio, más maduro y más erguido que de costumbre, por que al lado de esa bestia enorme hasta yo parecería enano).

− No.

Dijo Bella tan bajito que casi ninguno de los dos las escucho.

− Entonces− dijo Jacob Black con repentino animo renovado− ¿quieres salir cuando termine?

− Es muy tarde− dije yo automáticamente, sin dándole el chance de responder a Bella.

− Le pregunte a ella− excuso Jacob sin mirarme, y con una ferviente miraba en Bella.

El silencio no se hizo esperar y al ser ella la que tenía que contestar, sentí un repentino miedo a que ella hubiese dicho que sí si yo la hubiese dejado hablar, al fin y al cabo, ella no era nada mío, todavía. Ambos esperamos ansiosos la respuesta de Bella por unos segundos que parecieron eternos.

No creí que lo estuviese pensado en serio la proposición de ese desconocido, parecía más bien confundida por el repentino ambiente de lucha entre ese y yo.

− Ando con Edward− balbuceo ella, firme pero confundida.

Algo rugió triunfante dentro de mi.

− Exactamente− dije yo mientras pasaba el brazo por los hombros de Bella y la volteaba para una perfecta salida.

− Edward... − susurro ella aturdida.

No es que no la escuche, es que quería alejarla del endemoniado Jacob ese.

− ¡Edward!− grito de repente parándose y deshaciendo de mi brazo.

− ¿Qué?

Ahora yo era el confundido.

− ¡Tengo que registrarme para que arreglen la pick-up y no podré hacerlo si nos vamos!

Creo que me sonroje al escuchar las carcajadas de Jacob, pero con todo el aplomo que pude volví con Bella, que hizo todo lo que tenía que hacer bajo la intensa mirada de Jacob. Quería huir de allí con ella para más nunca volver y que ese indeseado quitara sus ojos de ella.

Al fin, terminó, y Jacob nos vio subir a mi volvo dirigiéndome la más fiera de las miradas que le devolví con gusto. Le hubiese hecho la puñeta de no ser que Bella nos estaba viendo con los ojos en blanco.

Suspire y me masajee las sienes al entrar al calido interior de auto, el ronroneo del motor se escucho sobre las risas contenidas de Bella.

− No conocía ese lado tuyo.− menciono sonriente.

− ¿Cuál?− gruñí sin mirarla, probablemente... no, de seguro había parecido un tonto.

− Primero, el de chico maduro, parecías mucho más viejo de lo que eras, y el segundo, el de no querer pagar el taller.− enumero riendo.

− Ese Jacob Black...− dije con un hilo de voz.

− ¿Te calló mal?− pregunto ingenuamente.

− Sí− sentencie mirándola al fin− era muy confianzudo ¡mira que invitarte a salir así apenas te conoce!

− Al menos él es más directo...− murmuro tan bajito que no estuve seguro de que lo dijo de verdad.

Conduje por las calles de Phoenix para llevarla a su casa.

− En todo caso, me ignoro.

− Y al gran Edward Cullen no se le puede ignorar.− Dijo con falto tono de adoración.

− No− dije riendo, por lo que ella también río.

− ¿Sabes? No soy tan maleducada como para plantarte así...

− Eso espero, porqué últimamente te iré a ver mucho.

Me sentí feliz ante la perspectiva de verla más a menudo.

− Explícate− dijo sonrojada.

− Bueno, ahora que no tienes auto, me tomaré la tarea de ser tu chofer e invitarte ese café cuando se me antoje.

Termine encogiéndome de hombros, pero su sonrisa alegre me infundio ánimos al devolvérsela con una aún más grande.

− Me parece perfecto− dijo sin quitar la sonrisa.

Me miraba a mí y me sonreía a mí. No era conformista, pero podría quedarme así el resto de mi vida.

Reprimió un bostezo con la mano antes de volverme a sonreír casi imperceptiblemente.

Llegamos a su casa más rápido de lo que pensaba, las luces no estaban prendidas, por lo que pensé que quizás Emmett seguía en su cita con Rosalie.

Me baje del auto y camine rápidamente para abrirle la puerta de copiloto.

− Muy caballeroso− felicito al bajarse− y rápido.

Sonreí como respuesta y la acompañe hasta la puerta de la casa. Pensé en las posibilidades de poder pasar y estar más tiempo con ella. Quizás estaba cansada y me quería lejos de por un tiempo, quizás volvería en la noche para vigilar su sueño.

Las luces amarillas de la calle producían sombras extrañas en su rostro, que no dejaba de ser bello, pero algo siniestro con las sombras alargadas de sus pestañas. No fue hasta allí, que me di realmente cuenta de cuanto poder tenía ella sobre mí, de que sería suyo por siempre aunque ni siquiera lo pensará.

− ¿Quieres un café?− dijo de repente, sacándome de mis cavilaciones.

Sonreí de medio lado, quizás ella no se daría cuenta del poder que tenía sobre mí, pero la seguiría hasta el fin del mundo solo para estar tan cerca de ella como entonces.

− ¿No soy yo el que te lo tiene que invitar?

− Bueno, si no quieres, solo tienes que decir que no− murmuro con decepción en sus ojos.

− Siempre pueden haber dos cafés− dije a modo de afirmación.

Me sonrío y empezó a rebuscar las llaves en su bolso. No las encontraba. Lanzo una que otra maldición a su suerte y las encontró antes de que me ofreciera a buscárselas, sin embargo, se le cayeron de la mano y con un ágil movimiento las tomé antes de que cayeran al piso.

− Deja que lo haga yo− dije riendo a la vez que me dejaba paso para abrir.

− Fanfarrón− dijo dándome un golpecito en el hombro.

Después de entrar a la pequeña sala, deje mi chaqueta donde debía y la acompañe a la cocina, ella me indico que me sentara mientras hacía el dichoso café.

Me senté en el mueble y sofoqué varias veces la risa al ver a Bella hacer malabares con las tazas.

− Oye, Edward− Dijo después de que tenía casi todo preparado.

− ¿Hm?

− No hay café.

Sus mejillas sonrojadas Lucian encantadoras.

− Ese es el destino diciendo que yo te tengo que invitar un café.

Sonrío sacando el celular de su bolsillo.

− Vamos a pedir pizza...

En menos de media hora, estábamos sentados en la sala, con una humeante pizza en frente de nosotros, mientras pasaba los canales del televisor ausente. Era demasiada nuestra proximidad como parar estar pensado en otras cosas.

− Me parece increíble que vendan pizzas a estas horas− comento mordiendo un trozó de la pizza.

− No es tan tarde... El tiempo pasa muy rápido.− dije ausente.

Lo confirmo con una cabezada y mordió de nuevo la pizza.

Seguí pasando canales mientras decidíamos que ver, al fin, pusimos la película del Titanic. Ya la había visto tantas veces que no necesite verla de nuevo para saber que estaba pasando solo con unas líneas que oía. Ella estaba sentada al lado de mi, pero solo podía observarle el cabello de la coronilla que le caía con suavidad hasta más abajo. La única luz que había era del televisor.

Sentía un extraño impulso de querer abrazar a Bella, de acomodarle el cabello atrás de los hombros y observarle los ojos por un largo tiempo, tener ese contacto con ella que hasta ahora parecía tan lejano. No era lo mismo pasarle el brazo por los hombros en público que los dos solos.

Bostece mientras deliberaba en mi fuero interno si acercarme o no. Sin darme cuanta, casi al mismo tiempo de que habíamos terminado de comer, la película ya había acabado y empezaba (o terminaba, no estaba seguro) otra que no supe ni quise reconocer.

− Edward...− Susurro Bella desde su posición, con los brazos abrazados a sus piernas recogidas.

− ¿Bella?

Con la sangre bombeando en mis venas, pase mi brazo izquierdo sobre sus hombros. Automáticamente ella cayó en mi pecho, con el cabello revuelto y la boca ligeramente abierta.

Estaba dormida. Casi me dieron ganas de reír.

− Edward...

Con una ternura hasta antes desconocida en mi, aparte sus cabellos de su rostro y apague el televisor antes de acomodarla más ajustada a mi. Pase la yema de los dedos por sus mejillas y aspire su exquisito aroma. La luz que se filtraba por la ventana la hacía lucir más pálida de lo usual, más como un sueño que la realidad.

− Edward...− llamo por tercera vez mi nombre.

Dude que alguien se sintiera más dichoso que yo en aquel momento, observándola dormir junto a mí, susurrando mi nombre una y otra vez.

***

¡Chan chan! ¿Qué tal? ¿Les gusto? ¿Me paso con la personalidad de Edward? Critiquen, critiquen, sea bueno o malo, me hace bastante feliz ver el numero de reviews aumentando. xD

Hasta rima... jeje.

Bueno ¡hasta la próxima!

Besos, Barbie.