N/A: Un agradecimiento muy especial y con todo mi cariño a mi mejor amiga, Marga; así como a Isabel y a Viviana. La magia de las palabras puede tener orígenes desconocidos; en este caso, quiero hacer que todos lo conozcan: el aliento que te dan quienes creen en ti sin conocerte.
Descargo de responsabilidad: Castle no es mi propiedad, sólo mi inspiración.
Capítulo 9.
La atmósfera sigue cargada de energía que busca liberación; la electricidad que se genera en el ambiente siempre que Kate Beckett y Richard Castle están cerca uno del otro, casi puede palparse. Ninguno de los dos se atreve a moverse, como si temieran romper el encanto o reventar la burbuja empalagosa y densa en la que se encuentran voluntaria y felizmente confinados.
Sus frentes siguen unidas; sus labios a escasos centímetros de distancia, dejando que se mezcle el aire que inspiran y espiran; el resto de sus cuerpos están perfectamente amoldados, como piezas de un rompecabezas. Los brazos de Kate envuelven la cintura de Rick, mientras las manos de él le acunan delicadamente el rostro, con los pulgares trazando círculos sobre los pómulos de Kate.
Castle se siente el hombre más afortunado del mundo por el hecho de poder contemplar desde tan cerca el rostro de la mujer que ama. La cara de Kate es un poema al que ni el más grande de los autores podría hacer justica. Los ojos castaños brillan desde el fondo hasta la superficie; en lo más profundo de sus pupilas titila un fuego fatuo e inextinguible que arde sólo para Rick y que embellece la mirada de ella de una manera inenarrable, al tiempo que la humedad de las lágrimas les imprime una languidez única que hechiza y entrampa la capacidad de pensar con claridad. Sus mejillas, sonrosadas y cálidas, intentan evaporar la solitaria gota que desciende desde la comisura del ojo derecho, antes de que se encuentre con la caricia suave del dedo de Rick. Los labios llenos se curvan en una sonrisa seductora, sintiendo aún el fantasma de los besos recién compartidos, y tiemblan ligeramente con la anticipación de los que están por venir.
Ahora sí no le importa a Kate que se detengan los relojes y se congele el tiempo. No hay nada que pueda moverla de donde está. Mientras permanezca en brazos del hombre a quien ama más de lo que pensó alguna vez que fuera posible, le da igual que el mundo ruede, que el cielo se caiga o que el universo explote. Porque en ese instante glorioso, su vida se encuentra reducida al azul lustroso de la mirada que la enreda como la más sensual de las caricias. Después de perderse en sus besos, de beber de sus labios y de asomarse a esa alma que ahora, más que nunca, sabe suya y sólo suya, Kate no logra entender cómo pudo negarse a esto durante lo que ahora le parecen eternidades; cómo pudo abstenerse de probar un cielo que tuvo todo el tiempo al alcance de su mano. Ahora esos miedos, esos recelos, las mentiras y la maldita espera parecen todos absurdos y necios de su parte. En una escondida parte de su mente, el miedo sigue susurrando, quedito pero constante; miedo de haber estado a punto de perder una dicha con la que no se comparan ni sus más caros anhelos. Han bastado unos minutos de besos auténticos –sin audiencia, sin operaciones encubiertas o amigos en riesgo de muerte-, para mostrarle a Kate la tierra prometida que estuvo a punto de perder definitivamente encerrada tras sus murallas.
Murallas que ahora mismo Kate puede hasta escuchar como quedan hechas polvo a los pies de ese ser humano único que la sostiene en sus brazos y que nunca le ha temido a los demonios que la acechan; que no huyó de sus miedos ni de sus rechazos…y que decidió concederle la absolución y una oportunidad de seguir siendo parte de su vida.
Rick parece ir siguiendo paso a paso el camino de los pensamientos de su musa. Sus miradas siguen enlazadas, sus manos siguen sosteniendo su cara como si fuera un preciado tesoro. Concede el silencio para que las ideas de ambos se ordenen y los pensamientos se aclaren tras la tremenda sacudida que supuso el ansiado reencuentro. Los dos saben que aún hay mucho que decir, que entender, que perdonar, pero como por un acuerdo implícito, saben también que el punto de partida tiene que ser una reconciliación común con los errores pasados, y la aceptación absoluta de lo que no fue antes porque no era su momento de ser. Las cosas han pasado como tenían que pasar y cuando tenían que pasar. Todo lo bueno de su pasado juntos, se lo llevan con ellos como un bagaje valioso; ¿lo malo? Eso lo perdonan y se lo quedan como la experiencia que va a volverlos fuertes y sólidos en la etapa nueva. Es eso, o un inicio prendido con alfileres que puede evaporarse a la menor provocación.
Haciendo honor a la infalible sincronía que los caracteriza, Rick y Kate se mueven armónicamente, separándose apenas para caminar del recibidor hacia la sala. El silencio que se instaló entre ellos, luego de su apasionado interludio, es cómodo y apacible. Tomados de la mano, llegan al sillón en el que, momentos antes, Kate estaba recostada, pensándolo. Rick toma asiento en uno de los extremos, justo a un lado del descansabrazos; Kate, de la forma más natural se sienta junto a él, sus torsos pegados, sus manos unidas, sus dedos entrelazados. Siguen viéndose fijamente, buscándose uno dentro del alma del otro a través de las ventanas de sus ojos, y sonriendo inevitablemente ante el satisfactorio resultado de la búsqueda. Ella, sin siquiera detenerse a cuestionar sus movimientos, deja caer su cabeza en el hombro de él, mientras recoge sus piernas y las dobla hacia el espacio libre del sillón; emite un suspiro cargado de íntima alegría y se decide a hablar.
-Rick…lo lamento.
Castle no sabe exactamente por qué motivo está disculpándose Kate. Puede que haya muchos, pero la mayoría ya fueron expuestos durante la llamada que sostuvieron hace rato y sabe que es cuestión de poco tiempo para que sea él quien tenga que pedir perdón después de la confesión que tendrá que hacerle. De modo que, girándose levemente hacia ella, usa su mano libre para tomarla del mentón y obligarla a levantar la cabeza y poder mirarla a la cara.
-¿Qué es lo que lamentas, Kate? –su tono es dulce, comprensivo, compasivo y tan lleno de amor, que Kate siente que se derrite en su voz.
-Lo de haberte mentido –la frase sale en un sola emisión de voz, pero flaquea apenas perceptiblemente; el titubeo no pasa desapercibido para Rick, quien aprieta ligeramente su mano para darle ánimos-. Yo…de verdad lo siento, Castle. Como ya te dije antes por teléfono, jamás fue deliberada mi forma de proceder. Fue más bien…indecisión de mi parte, que se fue extendiendo más de lo que debía.
-Kate –la llama con firmeza, pero también con una infinita consideración y ternura como telón de fondo-, no voy a negarte que descubrir la mentira de la forma en que lo hice, fue un golpe muy duro para mí. Hubo momentos en que no sabía bien que era lo que dolía más; si el pensar que no me correspondías, o la idea mórbida de que no me alcanzó para ganarme ni siquiera la confianza que como amigos se supone que nos debemos.
La siente tensarse ante la última frase, como si su mente se hubiera distraído ante la posibilidad de que SON SÓLO AMIGOS todavía. Y, temeroso de que entre ellos se entretejan más malentendidos de los que ya han tenido que desenredar, se apresura a corregirse mientras acerca más su rostro al de ella.
-Porque, antes que nada y después de todo, siempre seremos amigos ¿verdad, Kate? –busca la respuesta en la mirada de miel con canela, acariciando el dorso de su mano con su mano izquierda y percibe como se relaja en reacción a sus palabras.
-Sí, Rick, somos amigos antes y después de todo. Era de esperarse que te sintieras así después de que supiste que te había ocultado la verdad…y de que ni siquiera te lo dije directamente. Pero necesito que sepas que desde que decidí seguir yendo a terapia, y a lo largo de todos esos meses en los que pasé muchas horas hablando de ti con el Doctor Burke, yo ya había decidido que tenía que confesarte que lo recordaba todo. Cada día que pasábamos juntos, resolviendo un caso, me decía que tenía que encontrar el momento y sincerarme totalmente contigo; siempre supe que podía seguir pidiéndote el tiempo que necesitaba para sanar pero, dándote al menos algo a qué aferrarte más allá de las promesas veladas que te hice aquel día en los columpios.
Kate hace una pausa, esperando que le indique si puede continuar o si está monopolizando arbitrariamente la conversación. Pero la expresión de Rick no indica otra cosa que un ávido interés y un nivel de empatía con el que Kate ni siquiera se atrevió a soñar en las múltiples y largas jornadas que dedicó a pensar en la forma de revelarle su secreto. Apenada, una vez más, por su recurrente falta de valor en el pasado, Kate baja la mirada hacia sus manos unidas y silenciosamente se hace la promesa de no volver a dejar que sus temores le secuestren la oportunidad de abrirse con él. Cierra los ojos, toma aire y vuelve a hablar.
-La verdad es que al final de que cada día, acababa venciéndome el miedo; y en este punto vuelvo a pedirte que me perdones por el poco crédito que te di al pensar que no me entenderías y que te alejarías de mí. No tengo justificación alguna, Rick, excepto que no podía concebir la idea de que saber la verdad te podía llevar a rechazarme. Me asustaba tanto la posibilidad de perderte, que invariablemente terminaba convencida de que prefería asegurarme tu amistad que arriesgarme a no tener ni eso si te decía que había mentido. Y así se pasaba el tiempo, en medio de un conflicto interno desgarrador…dividida entre la amenaza de que te retiraras, y mi falta de seguridad en mí misma para pasar al siguiente nivel de nuestra relación.
-¿A qué te refieres con la falta de seguridad en ti misma, Kate? –la pregunta es apremiante, urgente-. Explícame eso, por favor.
-A que después del accidente, en muchos sentidos, yo me sentía reducida a nada, Rick. Fue un infierno el proceso de recuperación física, pero lo que implicó la recuperación emocional ni siquiera tiene nombre –los dos pares de ojos se llenan de lágrimas que ninguno intenta retener-. Me sentía abatida mental y moralmente; dolorida al punto de implorar entrar en un trance al que no tuvieran acceso el dolor ni el cansancio. Y el estado de mi cuerpo era algo que me hundía en aguas oscuras, heladas y hondas. Me sentía como si fuera un despojo con el que tú menos que nadie tenía que cargar.
El silencio vuelve a caer, pero ahora como una pesada losa que oprime el pecho y corta el suministro de oxígeno. El contacto visual nunca se interrumpe, pero la conmoción está siendo tan potente, que se desborda en forma de llanto. Rick la rodea con sus brazos y la aprieta contra sí como si quisiera que su cuerpo dijera lo que el descomunal nudo en la garganta le impide decir a su boca. Con su cabeza escondida en el hueco del cuello de él, Kate se abandona por un momento. Se permite ser débil y dejar salir todos sus demonios para que Rick los espante de una buena vez. Una de las manos de Kate se agarra a la solapa del saco de él, mientras que con la otra alcanza la parte baja de su espalda para impedir que se separe de ella ni un milímetro más de lo necesario. Está aferrada a él en cuerpo y alma, como si fuera su tabla salvavidas, su tierra firme en medio del mar embravecido de sus tristezas y sus recuerdos.
Rick no puede hacer otra cosa que ofrecerle el amparo y la fuerza de su abrazo mientras en su mente acongojada se anida la intención firme de nunca más dejar que Kate libre sus atroces batallas sin él. La admiración inquebrantable que siempre ha sentido por ella, en este momento se convierte en veneración, en devoción incuestionable. Se pregunta cómo puede alguien volver a sonreír después de haber caminado ese duro calvario; cómo alguien puede seguir siendo fuerte luego de ser golpeado por la vida de semejante manera. Le parte el alma sentirla estremecerse en sus brazos, sacudida por sollozos y aterrada por remembranzas demoledoras; quisiera decirle que olviden todo, que dejen esos temas escabrosos de lado, y recurrir a lo que sea para arrancarle sonrisas y borrar de su mirada oscura la borrasca que la enturbia. Pero se abstiene de decir nada. Sabe que este en un momento crítico para ellos dos; un punto de inflexión indispensable para empezar de cero un camino nuevo, juntos. Así que la deja que recupere la calma entre la calidez de sus caricias y, una vez que escampa, se atreve a volver a ponerla en el camino de la catarsis y el perdón.
-Kate –la obliga a mirarlo otra vez, con toda la delicadeza y cuidado de los que es capaz-, necesito que escuches muy bien lo que te voy a decir. Es importante y voy a repetirlo todas las veces que haga falta hasta que no te quede ni la sombra de una duda. Yo te amo más de lo que puedas imaginar. Te amo en los momentos de luz, de risas, de salud, de bienestar. Pero en los momentos oscuros, en los de llanto, de enfermedad o de necesidad, bajo esas circunstancias mi amor por ti no conoce límites, Kate. Para mí jamás vas a ser un despojo; no hay daño que la vida te pueda causar que no esté dispuesto a intentar reparar, me cueste lo que me cueste. Es en momentos así cuando yo necesito, desesperadamente, estar a tu lado. Sé que no tengo idea de la tortura que fue para ti el proceso de sanación luego de tu atentado, Kate; pero lo que sí sé es cómo fue para mí el hecho de no saber de ti, de no poder verte ni oírte ni atenderte. Ha sido una de las peores épocas de mi vida. Por difícil que pudiera haber sido lidiar con la persona que eras entonces a consecuencia de lo que te pasó, por doloroso que fuera saber que mi declaración de amor no era bienvenida en ese tiempo, nada podía ser peor que estar fuera de tu vida, queriendo, como quería, ayudarte a salir de ese infierno. Quizá tú no me necesitabas, Kate, pero para mí era cuestión de vida o muerte poder estar junto a ti…me correspondieras o no.
-No, Rick, no pienses ni por un segundo que no te amaba o que no me hacías falta. Parte de la agonía consistió en extrañarte tanto, echarte tanto de menos y sentir que no te merecía. Sé que no es así; que no se trata de merecernos o no; ahora lo sé. Pero entonces mi mente estaba ofuscada por el dolor, el pánico y la impotencia al no tener la capacidad de valerme por mí misma. Es ridículo, ahora que lo pienso a la luz de la distancia, pero no quería que me vieras en ese lamentable estado. Perdóname.
-Sólo prométeme que no lo vas a volver a hacer, Kate. Aunque lo que le ruego al cielo es que jamás volvamos a pasar por algo semejante. No estoy muy seguro de poder soportarlo.
-Tienes mi palabra de que, si volvemos a pasar por algo parecido, tú serás la primera y quizá la única persona que tendré a mi lado, Rick.
-Si al menos hubiera sabido que tú y Josh -lo duro del recuerdo contrae los músculos en la cara de Rick, dejando ver el efecto nocivo que los errores de Kate causaron en él, y ella siente que se achica por el remordimiento-… Saber que él tampoco estaba contigo hubiera ayudado un poco, por egoísta que suene.
-No, Rick, no es egoísmo. Te comprendo y, otra vez, de verdad lo lamento muchísimo. No sabes cuantas veces he querido retroceder el tiempo y cambiar muchas de las decisiones que estúpidamente tomé. Siempre hubo más alternativas, pero estaba demasiado ciega.
-Kate…dime algo. No temas ser sincera. La parte más difícil ya la hemos pasado…espero –a Kate no se le escapa el dejo de duda que tiembla en la última palabra-. Si yo no te hubiera escuchado decirle al testigo que recordabas todo, ¿hasta cuándo me hubieras dicho la verdad?
Kate veía venir esa pregunta desde que empezaron la conversación. Ella misma se la ha hecho innumerables veces desde que entendió como posible causa de la conducta de Rick, el descubrimiento de su mentira. Así que no hay rastro de duda, ni dilación en su réplica.
-La respuesta es simple: la noche en que cerramos el caso de la explosión en Boylan Plaza; cuando habíamos acordado retomar nuestra conversación pendiente; mi invitación a tomar unos tragos era para eso. No había manera , después de haber enfrentado a una experiencia tan dura como la de esa tragedia, de que yo siguiera esperando. Ya estaba decidida a decirte que te amo sin importarme nada más.
El calor que emana de las órbitas color azul cobalto, la deslumbra, la embelesa y la reafirma en la convicción de que, por la luz de esa mirada, sería capaz de caminar sobre brasas candentes, tan solo por la dicha de hundirse en esas lagunas profundas y colmadas de amor por ella. Como Rick permanece en silencio, cierto de que ella tiene más qué decir, Kate continúa.
-Y ya que estamos encaminados, voy a retomar el rumbo que llevaba esta plática antes de mi crisis de llanto; porque es importante que conozcas el curso que siguió mi mente durante todo el tiempo que sostuve esa…farsa –sus párpados caen por un momento, en un intento de controlar la vergüenza que aun le causa reconocer su falla-. Como ya te dije antes, cada día acababa en una promesa a mí misma rota debido a mi obstinación y mis temores. Había noches en las que se me iba el sueño pensando en mil maneras de decirte la verdad; en todas, el común denominador era mi declaración de amor previa a la confidencia de mi pecado por omisión. Me aferraba a pensar en que, una vez que tú supieras que desde hace mucho tiempo estoy enamorada de ti, sería más sencillo que comprendieras mis motivos para hacer lo que hice. Pero el tiempo pasaba y mi cobardía ganaba las batallas. Incluso…hubo un par de ocasiones en las que pagué un precio muy, pero muy alto por continuar guardando silencio, Rick.
No cabe duda de que Rick puede seguir leyéndola como un libro abierto, quizá ahora más que nunca. Pues Kate ve como la contempla con ternura y algo de condescendencia al teñirse de un rojo intenso sus mejillas, abochornada por lo que va a revelarle. Dios sabe lo que le cuesta reconocer ante quien sea lo que durante toda su vida le pareció una debilidad a la que ella era inmune; pero no hay marcha atrás. Rick rompió todos los moldes y destrozó todas las barreras, así que, en virtud del ejercicio de honestidad que están haciendo como parte de su nuevo comienzo, toca deshacerse de una capa más y rendir la última defensa. Él presiente de alguna manera lo que viene y, como siempre, la ayuda a reencausar las aguas.
-Déjame ver si te entiendo –le acomoda un mechó de cabello detrás de la oreja, convirtiendo un gesto tan trivial en una señal de simpatía y coraje para que continúe hablando-. Lo que dices es que hubo circunstancias bajo las cuales lamentaste más que de costumbre el permanecer callada respecto a lo que sentías por mí, Kate.
No hay cuestionamiento, ni provocación, ni vestigios de broma o sorna detrás de las palabras de su escritor. Sólo curiosidad sincera y el propósito vehemente de entender hasta la última de sus declaraciones.
-Sí. Exactamente eso es lo que digo. Nunca fue fácil tratar de ocultar lo que me inspiras, Rick, pero hubo situaciones muy particulares en medio de las cuales odiaba mi cobardía mucho más de lo normal.
-Situaciones… ¿Cómo cuales? –la intriga lo está carcomiendo y ella lo está disfrutando.
-Serena Kaye. Sophia Turner.
Los engranajes en la mente brillante de Richard Castle empiezan a girar a toda velocidad, tratando de hallarle sentido a lo que esos dos nombres pueden implicar en cualquier contexto en el que estén involucrados él, Kate y la historia común que tienen detrás. Y dentro del cúmulo de sorprendentes hallazgos que ha logrado hacer sobre su musa en los recientes días, el que ahora mismo aparece frente a él, es casi que el único que no esperaría de la Detective Katherine Beckett a la que él está acostumbrado. Los nombres de esas dos mujeres en los labios de Kate, sólo pueden significar una cosa.
-Kate…lo que acabas de insinuar es que mi compañera, la imperturbable y siempre pragmática Detective Beckett, está admitiendo que sintió celos de una investigadora de seguros y de una agente de la CIA que, dicho sea de paso, resultó ser una despreciable traidora.
La risa de Kate le sale desde lo más hondo. El alivio y una legítima alegría destilan en las suaves carcajadas al tiempo que, espontáneamente, acerca sus labios a los de su enamorado y le roba un beso breve, empapado de provocación y deseo. Se separan, jadeantes y embriagados del sabor del otro, y Kate se pregunta porque alguna vez la ha desasosegado la perspectiva de dejar a Rick asomarse hasta los últimos confines de su alma. No hay nada en ella que lo asuste o lo haga considerar la posibilidad de alejarse…nada, excepto mentirle y dejarlo fuera de ese desastre que a veces es su vida. Puede hacerlo cómplice de sus peores pecados o de sus mayores debilidades y él sigue ahí, a su lado, arrancándole sonrisas y suspiros, cambiándoselos por besos. No, definitivamente no hay nada que ocultarle. Él merece conocer todo lo que ella es, lo que ha sido y lo que, con toda el alma, quiere llegar a ser.
-No insinúo nada, Rick. Lo afirmo categóricamente: cuando Serena Kaye se cruzó en nuestro camino y te dejó todo deslumbrado, derrapando por ella, los celos me jugaron una muy mala pasada. El riesgo latente de que llegara alguien más y tú te cansaras y te fueras sin saber siquiera cuánto te amo, fue algo muy duro de sobrellevar.
Rick no se contiene y la besa, pero esta vez la devora como si quisiera llegar hasta lo más profundo de su ser y quedarse con su esencia en los labios. El asalto es tan intempestivo que ella va deslizándose hacia atrás, desdoblando sus piernas y extendiéndolas a lo largo del sillón; él coloca su cuerpo encima de ella si interrumpir el beso. Las manos vuelan y los temperamentos se enardecen en cuestión de segundos, acuciados por las revelaciones que no hicieron sino inflamar la pasión y extraer el amor por cada uno de sus poros hasta que el resto del mundo quedó relegado a un rincón de su mente al que, por el momento, no tienen ni la menor intención de acceder.
Pero los celos son un silencioso enemigo que avanza a zancadas y ataca a traición cuando menos se espera, enfriando hasta a la más nutrida de las hogueras. Y es Kate quien para en seco la sesión intensiva de caricias y besos para echar fuera de su atormentada imaginación una pregunta que ha estado enloqueciéndola desde hace más tiempo del que se siente con ánimos de admitir.
-Rick…hablando de celos. Hay algo que yo de verdad necesito que me digas.
Castle se detiene en cuanto la siente ponerse rígida, presa de algún desagradable recuerdo. Su cuerpo demora más en apaciguar las reacciones salvajes que sólo ella puede despertar en él. Pero se despega de las deliciosas curvas de Kate apenas lo suficiente para hallar la serenidad de ánimo que pueda requerir la respuesta al cuestionamiento que evidentemente está molestando a su musa.
-Lo que sea. Dime qué necesitas saber.
-Necesito que me digas si tú y Jacinda… Si tuviste intimidad con ella, Castle.
Wow. Sí que fue como un cubetazo de agua helada que le cala hasta los huesos luego de haber sentido la piel en llamas mientras la besaba. No es la primera vez que ve a Kate celosa, pero aun en medio de sus coqueteos con Serena o con Sophia, la actitud de su detective fue, en todo momento, la de una mujer segura, confiada en su propio atractivo y en el poder que sabe que ejerce sobre él. Sus miedos se los escondía perfectamente y no hubo jamás manera de que Rick la viera así, como hoy, con sus vulnerabilidades al desnudo; temerosa y con la confianza en sí misma mermada a tal grado que desvía la mirada para ahuyentar las lágrimas que esa duda, evidentemente, le ha estado causando. Rick, por enésima vez, vuelve a recriminarse en silencio su estúpida idea de flirtear con Jacinda sólo por despecho y en la cara de Kate. En su momento pareció buena idea, pero a final de cuentas no le hizo bien a nadie. Lastimó a Kate y ese es el único daño que ahora le importa reparar, a como dé lugar.
-No. Entre Jacinda y yo no pasó nada, te doy mi palabra. Perdóname por haberme comportado como un perfecto imbécil estos días pasados, no tengo justificación alguna. Kate –toma su cabeza entre las manos para mantener sus miradas fijas uno en el otro-, desde el momento en que tú y yo acordamos, aquel día en los columpios, que íbamos a derribar juntos tus muros interiores, no ha habido nadie más en mi vida…ni en mi cama.
Los sollozos sacuden otra vez el cuerpo de Kate. Un histérica mezcla de llanto y risa refleja el coctel de emociones agudas que están desplegándose tras semanas de tensión, de tristeza y preocupación reprimidas. Rick la vuelve a cobijar en el asilo de sus brazos. Le cubre de besos fugaces la frente, la nariz, la boca, las mejillas; y, reconociendo que es mejor darle prisa al mal paso, se incorpora y la jala junto con él hasta que los dos vuelven a quedar sentados , pero esta vez, frente a frente. Le toma las manos entre las de él y se dispone a someterse a escrutinio con toda su fe puesta en que, de alguna manera, van a encontrar el camino de regreso a casa.
-Kate, antes de que continuemos hacia lo que los dos deseamos que pase, necesito decirte algo.
El tenor serio con que pronuncia esa frase que, por lo general suele presagiar tempestad, pone a Kate en estado de tensión nuevamente. Se obliga a calmarse y a prestarle la atención y paciencia que él ha mostrado para con ella durante las difíciles conversaciones que han sostenido hoy; acaricia sus manos y le indica con la mirada que continué.
-Primero, quiero agradecerte que no te hayas dado por vencida, Kate. Que hayas decidido pelear por nosotros a pesar de mis actitudes nefastas. Gracias también por la lección de honestidad y valor que me has dado al abrirte conmigo, cauterizando con verdades, heridas que las mentiras habían abierto. Y, en pago a lo que he recibido hoy de ti, lo menos que te debo es la confesión de una verdad que yo también llevo meses guardando.
Continuará…
Otra vez y todas las veces que hagan falta, muchas gracias por su apoyo y sus amables opiniones para este fic. Sus reviews son todo para mí y no tengo como pagárselos más que, obviamente, escribiendo para ustedes. Espero no haberlas decepcionado con este capítulo, puesto que quizá muchas esperaban menos plática y más acción; pero como dije al final del capítulo anterior, todavía tienen puentes que cruzar y, desde luego, lo mejor está por venir, si ustedes tienen la paciencia de seguir conmigo en este viaje. Gracias de antemano por las amables palabras que, de su parte, están por venir. Abrazos desde México,
Val.
