El tiempo paso demasiado rápido. Cuando nos dimos cuenta el sol se ponía, y ya llegábamos tarde. A Will pareció no importarle no tener hecho su trabajo, a pesar de las consecuencias que ello le podria acarrear, y a Elizabeth parecía que tampoco le importaba llegar tarde a su casa, a pesar de las advertencias de su padre y de que no nos habían visto desde que estuvimos en le puerto con Norrington y Gillette.
Salimos de la herrería con los últimos rayos de sol anaranjados. Elizabeth andaba a toda prisa.
-¿Qué te ha parecido?-me pregunto.
-Es simpático y agradable-conteste, intentando concentrarme mas en esquivar a la gente e ir lo mas rápido posible. Lo hacia por ella por supuesto, ya que seguramente a mi madre no le importaba donde estuviera.
Llegamos al frente de la casa del gobernador y cruzamos la verja del jardín. Entonces vimos al gobernador Swann, en la puerta de la casa, alado de un mayordomo con cara de pocos amigos. Elizabeth se paro al instante.
-Oh... me va a matar-dijo la chica asustada y me miro- Por favor Lynne, por favor... déjame decirle a mi padre que he llegado tarde porque te entretuviste visitando a un amigo, sino no me dejara salir otra vez-me pidió. No supe que decir. Si hacia eso, podía caerle mar al gobernador, pero por otro lado, podría volver a salir con Elizabeth... y las ventas que ello con llevaba...
-Vale-acepte, intentando esconderme para que no me vieran.
-¡Oh! Gracias-exclamo la chica y me abrazo- Eres la mejor amiga que puedo tener- luego me miro- Espero que nos volvamos a ver pronto, muy pronto. Convenceré a mi padre, te lo aseguro. Adiós- la chica se despidió con la mano y, sin darme tuemo a que le contestara, hecho a corre hacia la puerta. Yo también me fui de allí, sola a mi casa, antes de que me vieran.
Llegue a mi casa cuando mi madre y mi tía acababan de terminar de cenar. Yo apenas comí nada, no tenia ganas. Estaba agotada. Mi madre apenas pregunto, pero me riño porque tenia tareas para mandarme y que no había hecho. Le dije que las haría al día siguiente.
Fue una semana bastante mala. Mi madre no se por que estaba enfadada. Apenas salí de la casa, y siempre estaba encantada a hacer recados o a buscar excusas para salir. Pero las pocas veces que lo hice no vi a nadie y no tuve oportunidad de entretenerme.
Creía que recibiría noticas de Elizabeth antes, pero me extraño no tenerlas.
Al final, un día, baje a la habitación donde estaba mi madre, que tenia un papel en la mano.
-¿Qué es eso?-le pregunte, pues parecía una carta, y casi nunca recibíamos correo. Por un momento se me paso por la cabeza fugazmente que seria de mi padre... o de Norrington. Ella me miro.
-Es una invitación, para las tres, para la ceremonia de ascenso del teniente Norrington-me contesto. Me quede paralizada.
-¿Ceremonia? ¿Del teniente… Norrington?-repetí.
-Si, pero ahora será al comodoro Norrington.- me corrigió guardando la carta.
-¿Y también pensabas decírmelo cuanto te diera la gana?-le repetí, enfadada, de muy malos modos, la verdad. Mi madre se puso enfrente mía.
-Déjate de impertinencias, niña. Te estoy buscando lo mejor para ti. La ceremonia es dentro de cuatro días, y tienes que comprarte un vestido nuevo. Va a ser un día muy importante-dijo y salio de la habitación, yo la seguí.
-Madre, yo estaré con Elizabeth Swann-le dije.
-Y mas vale que lo estes. El ser amiga de ella vale su peso en oro. El gobernador te lo tendrá en cuenta, seguro que si. Pero tendras que estar conmigo primero. Que me vea bien…- se acercó a la cocina y se puso a cortar. ¿Insinuaba mi madre que queria algo con el gobernador? Me aguante la risa.
-Claro.-acepte. Tenia que cargar con que a lo mejor esta me humillaba un poco, pero no entendia cuanto afán tenia ahora de ponerme lo mas guapa posible y llevarme a todo. Se me revolvió el estomago solo de pensar que mi madre me estaba… me buscaba ya a alguien.
Al dia siguiente, las dos fuimos a que el sastre me tomara medidas. Mi madre incluso le dio por adelantado una parte para que se diera toda la prisa que pudiera. Seria bastante difícil que estuviera para dentro de dos dias.
El vestido fue precioso, el mejor que habia tenido hasta el momento, de un celeste pálido. Me quede impresionada cuando lo vi ya terminado. La misma mañana de la ceremonia, pocas horas antes del evento, mi madre se llevo una hora peinándome. Intento cogerme tres moños distintos hasta que al final me quede con uno poco estable y temí porque se me callera de un momento a otro. Mi madre también se puso su mejor vestido, realmente, lo mas compuesta que yo la habia visto nunca. Mi tia se quedo en casa. Salimos con prisa a las cinco de la tarde. Cuando llegamos al fuerte, yo ya estaba cansada, me dolian los pies y tenia un calor insoportable. Hacia un sol increíble. Todas las mujeres iban con abanicos. Lamente no haber cogido yo uno, pero los dias anteriores no habia hecho muy buen tiempo, con un viento espeluznante. En cambio ese da hacia calor , no habia ni una nube en el cielo y no corria ni un pizca de aire fresco. Por fortuna en el fuerte corria un poco de brisa gracias al mar. Entramos mi madre y yo y nos colocamos en el centro de todas las personas. Algunas nos miraron con cara extraña. Mi madre me señalo. El gobernador estaba en frente, de pie, pero yo me fije mas en Elizabeth, que estaba en primera fila y se abanicaba. Se hizo el silencio y se escucharon el sonodo de unos tambores. Al momento, el teniente Norrington apareció por el final de fuerte y ando hacia el gobernador. Luego este le entrego una espada. Mire a Elizabeth. Esta estaba mas entretenida en abanicarse que en mirar. Cuando lo volvi a hacer, ya toda la gente aplaudia y mi madre tiraba de mi para acercarse al gobernador, pero yo solo buscaba la sombra. Pero por el camino me encontre con Elizabeth.
-Señorita Swann, que guapa estais, ¡Estais radiante!-le piropeo mi madre. La chica, sin dejar de abanicarse, simplemente sonrió.
-Madre, ya me quedare con ella-le dije. Mi madre puso un momento mala cara, pero luego asintio y se fue.
-Ya es la tercera-me dijo Elizabeth entrecortadamente. Supuse que era la tercera persona que le piropeaba en la tarde… y todavía no habia visto a Norrington…
-¿Te encuentras bien?-le pregunte, pues la chica estaba muy colorada y me parecio notarla rara.
-Es… este corsé. No aguanto con el calor-me dijo y me señalo a su cintura.
-¿Un corsé? Eso debe de doler…-solo supe decir. La chica empezó a abanicarse mas mientras yo sentia como unos goterones de sudor me caian por la frente. Me los limpie con la mano-Vamos a la sombra-dije y nos acercamos a una parte techada, alado de unos músicos que tocaban algo lento… me gustaba tanto la música…
-Siento no haber… podido salir antes contigo-se excuso la chica- Mi padre se enfado un poco pero… no te preocupes.- Mire al suelo. Si mi madre se enteraba que el gobernador podia estar enfadado conmigo… Entonces de repente aparecio el nuevo comodoro Norrington y el nuevo teniente Gillette. Los dos estaban radiantes, a pesar de las pelucas que les abrasaban al sol.
-Buenos días, señoritas-dijo Norrington acercándose.
-Buenos días-contestamos Elizabeth y yo.
-¿Os lo pasáis bien?-pregunto Gillette. Elizabeth y yo asentimos resoplando.
-Enhorabuena-le dije a Norrington , solo pudiéndole mirar a el. El hombre me sonrio, amablemente.
-Gracias- dijo y entonces miro a Elizabeth-¿Me permitís un instante?- la mire rápidamente, luego esta me miro a mi, y le miro a el.- ¿Puedo hablar con vos?-insistió. Elizabeth asintió y se abanico mas. Luego Norrington hizo una reverencia de despedida con la cabeza y se fue con la chica.
-Yo también necesito hablar con vos- escuche a mi lado. Mire a Gillette un poco asustada.
-¿Conmigo?-repetí, todo lo alto que pude con mi garganta seca.
Próximo capitulo: Aprender a decir que no
