Mi Juventud: La Diferencia Entre Tú y Yo

Episodio 7: Conversaciones

Llegar temprano apesta.
Miro furioso a la maestra mientras esta habla y habla y habla... sin notar que apenas y una tercera parte del salón le presta atención. Entre esa parte, por supuesto, se encuentra el diligente y siempre estudioso Heero Yuy. Otra ola de furia recorre mi cuerpo.
¡Ese idiota! pienso con disgusto. ¿Quién demonios se cree que es? ¿Mi papá? ¡Ni siquiera mi padre se comporto nunca de esa manera! ¡Jamás me regaño! Bueno, quizás tiene que ver con el hecho de que nunca lo conocí, pero ese no es el punto. ¡El punto es que Heero no debió gritarme de esa manera frente a todo el salón!
Que esta sea una lección para todos ustedes: nunca lleguen temprano a clases. No saldrá nada bueno de eso.
Aún no puedo creer que todos piensen que ando con Meiran. Es decir, salimos UNA vez y no fue siquiera una cita. No nos besamos, no nos 'tocamos', demonios, ni siquiera nos tomamos de las manos (y eso es tan de primaria...).
Eso sin contar que, aunque me pareció simpática (loca... pero simpática) no me impacto tanto como para que me gustase inmediatamente. Es decir, realmente apenas y la conozco.
Apuñale furiosamente mi cuaderno con la pluma, tratando de olvidar lo vergonzoso de esta mañana. Heero no se ha disculpado, aunque si lució ligeramente avergonzado luego de que yo le gritara. Sobra decir que el más avergonzado soy yo, que soy victima de la continua mirada de todos. Pero Heero no hizo mucho luego de que le gritara... simplemente me vio, cabeceo una vez a si mismo y mando su mirada fulminante hacia todos los chismosos que nos veían atentamente. De inmediato todos regresaron a lo que hacían antes de estar de metiches y el asunto había acabado ahí porque la maestra había llegado en ese momento al salón.
Algo que había sido comentado en las últimas dos clases (además de mi supuesto noviazgo con Meiran) fue la extraña ausencia de Wufei. Ese chico estaba tan obsesionado con la escuela como Quatre, un día vino incluso con fiebre... claro que igual no asistió a clases y se pasó toda la mañana en la enfermería, escuchando regaños de la vieja amargada que llaman enfermera. Créanme, mas bien deberían de llamarla torturadora profesional.
La campana del descanso suena y mientras guardo mis cosas noto un cuaderno verde.
"Eso no es mío, es de Tro." pienso con sorpresa. "¿Qué demonios hace un cuaderno de Trowa en mi mochila?"
Ah... ya lo recuerdo. Yo se lo pedí. Pero que despistado soy, no se lo devolví ayer... bueno, con todo lo que paso se me disculpa.
- ¡Hey, Q! – lo llamo en cuanto salgo del salón – Adelántate a la cafetería, tengo algo que hacer antes.
- Esta bien, te separare un lugar – me dice con una sonrisa.
Apenas avanzo un pasillo, cuando alguien me voltea un tanto rudamente para encararlos.
- No – gemí en cuanto la vi – Aléjate de mi, oh, engendro de Satán, anticristo, signo del Apocalipsis... das mala suerte.
Meiran levanta una ceja, divertida.
- Veo que ya oíste los rumores – comenta sin preocupación alguna. – Hasta ahora ya me han amenazado 5 chicas de cortar contigo o sufrir las consecuencias.
La vi con ojos horrorizados, antes de lamentar mi destino.
- ¿Por qué atraigo gente tan rara? – vuelvo a gemir.
- ¿Qué dice eso de ti, Duito? – sonríe antes de ladear la cabeza. - ¿No has visto a Wufei?
- No y espero que no haya escuchado los rumores antes de que yo llegara y haya decidido ir por un arma de fuego. – murmuro entre un escalofrió.
- Si no lo viste hasta ahora, significa que no vino. Él preferiría matarte con sus manos desnudas – desecha la idea con rapidez ella.
- Gracias – contesto con sequedad.
De pronto ella sonríe luminosamente y yo retrocedo un paso.
- ¿Qué quieres? – pregunto con cautela.
- ¡Salgamos hoy de nuevo, Duito!
- No.
Meiran hace un mohín.
- ¿Por qué no?
- Tengo que ir a ayudar a una amiga a su trabajo y tengo que rogarle medio día a Sally para que me deje ir. No puedo perder el tiempo.
- ¿No es Sally la señora que me contesto el otro día? – pregunta y cuando yo asiento ella prosigue – Pues si me dejas ir, yo le puedo decir que vamos al cine... o algo.
La veo con algo de incertidumbre
- ¿Por qué quieres ir? No será divertido – le advierto de antemano. – Lo mas probable es que te aburras porque me tendrías que esperar – le reitero, pensando en como Mary no dejaría a nadie mas que a mi entrar en la bodega.
Ella bate sus pestañas coquetamente.
- Para pasar mas tiempo contigo, por supuesto.
- Claro – digo escépticamente, creyéndome eso de que yo le gustaba cada vez menos.
Ciertamente no actúa como las demás chicas a las que les he gustado... no que me agradaría mas si así fuera, tanta risa estúpida me irrita de sobremanera. Pensándolo bien... quizás solo dice que le gusto por algún propósito... sospecho que tiene que ver con Wufei. ¿O tal vez no? En fin...
De momento haciendo a un lado mis teorías, me encogí de hombros.
– Si me haces ese favor te lo agradeceré mucho. – acepto finalmente.
Ella sonríe brillantemente y ríe con alegría.
- ¡Bien! No te arrepentirás Duito.
No tengo más que unos instantes contemplando su diminuta forma saltar hacia la escuela cuando alguien más me saca de mi estupor.
- ¿Duo? – llama mi atención Relena - ¿Puedo hablar contigo un momento?
- Eh... claro, supongo – replico con algo de confusión.
"Quiere hablar sobre Heero."
¡Duh! Eso es más que obvio. ¿Pero sobre que exactamente?
- Ah, pensándolo mejor, hablamos después. Tengo que entregarle esto a un compañero – le digo, sosteniendo el cuaderno como evidencia.
Supongo que por su educación, Relena no cuestiona nada, pero puedo ver tan claro como el día que no me cree en lo absoluto.
- Comprendo. Entonces agradecería que me separaras un poco de tu tiempo después de la escuela. – solicita finalmente.
- No hay problema. – murmuro, viendo como da media vuelta y se va.
No se si lo he dicho antes, pero me incomoda estar en su presencia cuando habla de esa manera tan... formal, supongo. Quatre al principio era así, pero pronto aprendió a relajarse. Relena actúa así siempre, con la excepción de cuando esta alrededor de Heero.
"Aunque... al menos ya no me habla de usted"
Encogiéndome de hombros, sigo mi camino hacia el salón de Trowa, olvidando de momento ambas conversaciones.

-- § --

Como es su costumbre, Trowa simplemente recibió su cuaderno sin decir una sola palabra. Aunque agradezco su paciencia con mi aparentemente eterno estado de distracción, me alegraría saber de vez en cuando que puede... enojarse. Tanta pasividad no puede ser buena, no señor.
... y si, estoy conciente de que exaltarse tanto tampoco es bueno, pero ignoraremos eso, ok?
Al entrar de inmediato localizo a Quatre quien esta tratando de mandar a volar a dos chavitas, sin mucho éxito aparentemente. Eso es extraño, porque Quatre es tan endemoniadamente educado y amable con todos que en cuanto él pide algo, todos lo cumplen o se siente mal por no hacerlo. Al acercarme y escuchar un poco de lo que hablan se de inmediato por que.
- ... ósea, como que son bien cercanos, debes de tenerlo.
- Si, porque es como que, lógico que lo tengas. Danos el teléfono de Duin, si?
Quatre les sonríe con un dejo de exasperación en su mirada.
- Es que no puedo dárselos. Además sus razones no son... adecuadas.
- Winner, es que tu como que, tienes que entender. Ósea, no podemos permitir que esa chaparra coreana nos lo quite.
- Es china – suspira mi amigo.
- Como sea – entonan las dos en perfecta sincronía.
Ugh, fans mías. O como diría Solo, groupies.

Jajajaja, no se como atraes tanta groupie, muchacho. Las fans son una cosa y pueden ser irritantes, pero las groupie... esas son de cuidado

Sacudiendo la cabeza hago mi presencia notar.
- ¿Se les ofrece algo, señoritas? – les digo en broma, esbozando una enorme sonrisa.
Quatre luce aliviado y las chicas, aunque sorprendidas en un comienzo, pronto se me acercan. Demasiado. En serio, invaden mi espacio personal, señoritas.
- ¡Duito! – gritan las dos chillonamente - ¡Dinos que no es cierto que andas con la tal Mailu!
- Es Meiran – corrige Quatre
- Como sea.
- No es cierto que ando con Meiran – digo automáticamente.
Ambas suspiran, haciendo un show de aparentar estar aliviadas.
- Que bueno.
- Si, como que, nos habíamos preocupado. No queríamos pensar que tú andabas con esa.
- Ósea, como que no tiene clase.
- Ni sentido de la moda.
- Es tan plana.
- Y chaparra.
- Ósea, como que, tu puedes tener a alguien mucho mejor que a esa, Duin. – terminan por decir las dos, ambas batiendo coquetamente sus pestañas en mi dirección.
Aja. En un billón de años, chicas.
- Pues que sus preocupaciones sean puestas a descansar. No ando con Meiran, aunque si es una buena amiga y no aprecio lo que acaban de decir – les digo, quizás exagerando un poco la verdad. La acabo de conocer, pero Meiran es agrádale (repitamos: si bien loca) y no me gusta con que tonito le están diciendo esas cosas.
Ambas sueltan risitas.
- Ay Duito, pero si estábamos bromeando.
Si, como no.
- Bueno señoritas, me disculparan, pero voy a almorzar, así es que vayan en paz.
- Ay, ¿no nos vas a acompañar a almorzar Duito?
- Están en nuestra mesa, así es que serían ustedes las que nos acompañarían. – señalo con algo de sequedad – Pero no, me temo que este es tiempo de machos bien mashos, y como es obvio que ustedes son unas encantadoras señoritas, no pueden estar aquí. Lo siento.
Intercambiamos unas cuantas risas y frases estúpidas más antes de que por fin y muy renuentemente se marchen.
Casi colapso en mi asiento.
- Se me fue toda la hora con ellas. – mascullo con algo de irritación.
Recargado en una de sus manos, Quatre me observa con una mirada neutra.
- ¿Que?
- Eres muy aburrido cuando estas en plan de Don Juan... y muy menso.
Antes de que conteste, unas risillas nos interrumpen.
Temiendo lo peor (más groupies) volteo, pero al notar que no me ven a mí, me relajo. Sigo sus miradas y veo algo raro, insólito e imposible...
Heero esta en la cafetería.
El chico es miembro del Consejo Estudiantil, obsesionado con sus tareas/proyectos, un antisocial la mayor parte del tiempo y como tal, nunca almuerza en la cafetería. Rara vez le da tiempo por sus actividades y si almuerza es en la biblioteca o, cuando se siente sociable, con Relena en un rosal que queda junto a los salones de los de tercero.
Que entre a la cafetería es como una de las señales del Apocalipsis.
Quatre, mucho menos fatalista y fantasioso que yo, solo lo ve con curiosidad.
- Que raro, casi nunca come aquí o al menos viene protegido por Relena.
- ¿Protegido? – repito en confusión. La sola idea se me hace absurda.
- Si... Heero también tiene muchas fans. – comenta con diversión.
- Ah – murmuro, recordando los ojitos brillosos de Hilde.
De pronto un brillo extraño entra en los ojos de Quatre y sonríe ampliamente.
- ¿Por qué no lo invitas a comer con nosotros?
- ¿Eeeeeehh? – le suelto, completamente desprevenido.
- Heero te agrada mucho, ¿cierto? – pregunta y sin esperar respuesta alguna continua – Invítalo a almorzar con nosotros. Pese a que llevamos mucho tiempo como compañeros, no lo conozco mucho. Esta es una buena oportunidad. – asiente para si mismo mi rubio amigo. – Además, con Wufei ausente como que nos falta gente...
- ¿De donde sacas que me agrada 'mucho'? – le pregunto con extrañeza.
Heero me agrada, pero hasta ahora lo he tratado poco mejor que a un desconocido... que Quatre diga que me agrada mucho, es completamente absurdo.
Él rueda los ojos y suelta una risilla.
- Del incidente de esta mañana. – me contesta con toda naturaleza
- ¿Ja?
- A cualquier otra persona no le hubieras intentado explicar nada y lo hubieras ignorado o le hubieras dicho que se metiera en sus asuntos... o algo menos educado – dice, encogiéndose de hombros. – Tu tolerancia es signo de que te agrada. Y como eres tan volátil, pues no solo eso, sino que significa que te agrada mucho. – explica lógicamente él.
Pestañeo un par de veces.
- Supongo – acepto y levanto una mano, haciendo gestos con esta para que Heero me note. - ¡Eh, Heero! ¡Aquí hay lugares! – exclamo una vez que me nota.
Una estupidez. Hay lugares libres en muchos lados. Justo a su izquierda hay uno. Pero es una invitación... semi-sutil, pero invitación al fin y al cabo. Heero es lo suficientemente inteligente para reconocerla, puede aceptarla o rechazarla.
Él parece dudar un instante, pero finalmente avanza hacia nosotros.
- Es raro verte por aquí a estas horas – comenta Quatre luego de saludarlo – Generalmente el Consejo Estudiantil te tiene muy atareado.
Heero lo ve fijamente por unos tensos segundos, antes de encogerse de hombros y empezar a comer su almuerzo lentamente.
- ... he cancelado la reunión. – contesta finalmente, con lentitud deliberada. – Relena, Misao y Yuuta están muy ocupados y no pueden asistir. Es inútil tener una reunión sin las personas que toman las decisiones. Se necesitan ideas para ciertos proyectos y arreglarlas de la manera mas satisfactoria posible y sin ellos no llegaremos a ningún lado hoy.
- Pero los demás miembros pueden ayudar... y estas tu Heero – le digo, ligeramente confundido.
Quatre ríe quedamente, Heero y yo lo vemos: uno con indiferencia y el otro con extrañeza.
- Si, pero por si el club de debate no te ha enseñado Duo, hay poca gente que se le opone a Heero. De hecho, del Consejo Estudiantil solamente Relena, Misao y Yuuta se atreven a contradecirlo. – me informa mi rubio amigo con diversión y yo parpadeo.
Heero lo ve nuevamente con intensidad.
- Hn – masculla finalmente – No entiendo como lo sabe, pero lo que Winner dice es verdad.
- Quatre – corrige él.
- Lo que Quatre – acepta para mi sorpresa sin mayor objeción Heero – dice es verdad. Si yo estoy al mando de las cosas, les pregunto o sugiero algo, generalmente tartamudean o me dicen que lo que yo quiera estará bien – ante esto Heero rueda los ojos, sorprendiéndome ligeramente ante su acto tan... uh, humano supongo. – No tienen agallas.
Ok, Heero rodó los ojos y ha dicho agallas. Lo desconozco. Lo desconozco completamente.
Quatre, no sabiendo que estos son más signos del Apocalipsis, se ríe.
- Simplemente tienes una presencia imponente.
- Ni tú, ni este bobo parecen nerviosas colegialas que tartamudean ante tan solo una mirada.
¡Hey!
- Por si no lo has notado niñote, – digo, una vena brotando de mi frente ante lo de "bobo" – todos aquí somos 'colegiales'.
Él parpadea, como si apenas se le hubiera informado de este hecho.
- Eso no significa que tengamos que actuar como tales.
Voy a responderle algo cuando lo noto.
Sus labios están ligera y casi imperceptiblemente arqueados hacia arriba. Suelto un respingo y lo señalo acusadoramente.
- ¡T-Tu estas bromeando! – exclamo dramáticamente... aunque si es algo sorprendente.
Esta vez Heero deja mostrar claramente su sonrisa mientras la risa de Quatre inunda la mesa.
- Ay Duo, puedes ser tan melodramático... – comenta Q, antes de levantarse – Ahorita vuelvo.
- Aja.
Heero asiente y lo ve alejarse, antes de volver el rostro hacia mí.
- Me estaba midiendo.
- ¿Eh?
- Wi...Quatre – aclara – Me estaba midiendo.
- ¿Midiéndote? – repito, ligeramente confundido. Entiendo... pero no comprendo porque lo dice.
Heero voltea hacia la dirección en la que se fue mi amigo.
- Si... colocaba sus palabras con gran precisión, como si se tratasen de piezas de ajedrez en un juego nacional. Estaba juzgando mis reacciones.
Me quedo callado un largo rato.
- Es probable. – contesto sin inflexión alguna.
Heero me voltea a ver de reojo.
- Esta bien – murmura sin aparente interés. – Yo también lo estudiaba. Es... interesante.
Resoplo con impaciencia y él me ve algo extrañado. Yo le mando una mirada irritada.
- ¡Me choca como todos aquí tratan a las relaciones como algo tan... tan... político! – le suelto por fin – A ver si se les va quitando esa mala costumbre – refunfuño.
Hay silencio por largo y entonces pasa lo insólito, lo increíble, lo inimaginable...
Heero se ríe.
Es una risa... agradable. Sincera, aunque algo sorpresiva, pareciera que lo agarro de improvisto. Es profunda, abierta, contagiosa y pronto todos se nos quedan viendo boquiabiertos, no se si por el volumen de su risa o del hecho de que es, bueno, Heero.
Algo de color sube a mi rostro.
- Solamente tú, Duo Maxwell – murmura, cuando se controla. – Solo tú.
Yo le sonrió un tanto confundido y miro a nuestro alrededor. Pese a lo breve de su risa, todos aún nos observan.
Pero esta vez, curiosamente, no me importa.

-- § --

... las mujeres son taaaaan dramáticas...
Y si, estoy consciente de que a veces yo también lo soy, pero ignoremos eso.
Si no supiera que Relena solamente me tolera (no se si le caiga mal... pero definitivamente no le caigo bien) sospecharía que todo esto de "tengo que hablar contigo" y "vayamos a un lugar recluido" es una próxima confesión amorosa.
Esperemos, para mi salud mental, que no sea así.
- Ya estamos solos – le digo con aburrición.
Ella aspira profundamente antes de hablar.
- Quizás debí de haberte advertido antes... me arrepiento de no haberlo pensado – dice, con algo de nerviosismo. Levanta la vista y me informa firmemente. – Heero es un perfeccionista.
Silencio.
- Eh... ya lo había notado. – le digo, no entendiendo porque tanto borlote por algo tan obvio. Las mujeres realmente son dramáticas...
- No, no comprendes – niega lentamente con la cabeza – Heero REALMENTE es un perfeccionista.
Pestañeo.
- ¿Uh? – de verás tengo que hacer algo con estas respuestas que doy...
- Generalmente cuando decimos que alguien es perfeccionista nos referimos a que no soporta las cosas mal hechas... pero en el caso de Heero, la referencia es literal: le gusta que las cosas queden perfectas.
- Eso es imposible – señalo simplemente.
Relena se encoge de hombros.
- Así es Heero... Tiende a mejorar indefinidamente un trabajo y nunca decide que esta terminado, porque nunca le parece lo suficientemente perfecto. Trabaja en todo hasta que tiene que entregarlo. – replica ella
Yo me abstengo de rodar los ojos. Ya empezó a hablar raro... a Heero también le pasa. Parece que cuando hablan así, es que no están conversando, están recitando algo de memoria... o de un diccionario.
- El que tú seas tan... – prosigue ella, dudando un poco en como llamarme. – diferente en tu manera de dirigirte hacia las cosas que haces, frustra a Heero. No me lo ha dicho, pero estoy segura que piensa que eres algo irresponsable.
- No soy irresponsable, pero ciertamente no me preocupa tanto este proyecto como a él. Actúa como si nuestra vida dependiera de el. – meneo la cabeza. - ¿Por qué me estas diciendo todo esto?
Relena lanza un pesado suspiro.
- Yo... – suspira nuevamente – Es satisfactorio para mí que la relación entre Heero y tú se haya estrechado. De hecho, esperaba que así sucediera – admite, confundiéndome ligeramente.
¿Esperaba? ¿Como en "sabía que esto iba pasar", o como en "ojala pase esto"?
- No me alegra ver que se relacione solamente por la escuela o algo orientado a ella. – continua ella, no haciendo caso a mi monólogo interno. – Me daría gusto si ambos se vuelven amigos. Digo, verdaderos amigos, no solo que se toleren. Pero tampoco quiero que te tome por sorpresa el hecho de que él sea tan enfocado en lo que hace. Tiene sus razones de ser como es, eso te lo aseguro.
Será mejor frenar esta tontería. Conociendo a las mujeres como las conozco... Quizás Relena no sea capaz de decirme nada privado de Heero, ella parece una muchacha sensata. Pero mejor no arriesgarse.
Yo sonrió.
- ¿No las tenemos todos? Bonito día será cuando nadie tenga razones para justificar sus actos.
Ella me ve con sorpresa, pero pronto se recupera, apretando los labios.
- Lo de esta mañana no es raro en él, Duo. – advierte – Si siente que no te tomas las cosas en serio, te reprenderá. Y Heero puede ser muy intimidante.
Yo ruedo los ojos.
- Relena, yo no soy una mujer. No soy tan sensible en esas cosas. Si me reclama algo, yo le voy a contestar con igual vehemencia. No me voy a dejar intimidar por él.
A ella se le suelta una risa un tanto prolongada.
- Ser mujer no tiene nada que ver, Heero intimida hasta a los bravucones más fuertes.
- Cierto. – acepto con una sonrisa.
- ¿Maxwell?
Relena y yo volteamos hacia la dirección de la voz.
- Ah... hola Wufei, pensé que no habías venido a la escuela hoy. – le digo, algo incierto de como tratarlo.
- Me tuve que ocupar de algunas cosas en la casa... cuestiones familiares. – dice, soltando lo último de manera algo cortante – Pero quería hablar contigo. Hoy no tienes que ir al club, ¿cierto? Te invito a comer.
- ¿Por que? – pregunto temerosamente. La comida es buena. La comida gratis es aún mejor, pero usualmente NO cuando es otorgada tan generosamente por Wufei.
Él levanta una ceja ante mi tono.
Relena se excusa y se va rápidamente. Me pareció escuchar una risa cuando se marcho.
Mujeres.
- No puedo Wu. – le contesto al fin, sudando en frío. – Voy a estar algo ocupado hoy.
- ¿Pero acaso hoy tienes club de debate? – pregunta, ligeramente extrañado.
- No – confieso, algo renuente – Pero tengo otras cosas que hacer.
Él frunce el ceño.
- Entonces te lo diré brevemente.
Apenas hace unos minutos lo confesé: soy dramático. He de aceptar que cuando me dijo eso... miles de estúpidas e imposibles ideas pasaron a mil kilómetros por segundo por mi mente. Desde indignadas reclamaciones, pasando por ruegos de que le deje a su mujer porque en realidad la ama para terminar en un duelo a muerte por la mano de Meiran.
... y ahora quiero que alguien me diga a la cara que la televisión no pudre el cerebro.
- En realidad solo me quiero disculpar por mi reacción de ayer – dice, yendo al grano – Pero como recordaras, Meiran es mi prima y tengo que velar por su seguridad. También es mi prometida, así es que el compromiso es doble. Se que tu no harías algo tan deshonroso como aprovecharte de los sentimientos de ella de ninguna manera... pero en ese momento fue mi primer impulso acusarte de ello. – admite, luciendo algo avergonzado por su pobre autocontrol. – Sin embargo eso no lo hace correcto, menos aún siendo tú mi amigo. Nuevamente me disculpo – repite, haciendo una leve reverencia.
- ¡No hagas eso, no hay problema! – le digo de inmediato, agitando los brazos. – Meiran es familia tuya... ya se como eres con tus cosas Wu, no te tienes por que disculpar. – lo excuso rápidamente.
- Gracias Maxwell. – me dice, sonriendo ligeramente.
- Je, je, nah, no hay problema. – hablo yo, nerviosamente – De hecho, es muy curioso que hayas mencionado eso... justamente te iba decir algo sobre ese tema.
Hey, mejor agarrarlo ahorita que esta arrepentido que mañana que el sentimiento de culpa ya habrá pasado.
Además... pese al tiempo transcurrido soy un diablillo.

-- § --

Echado cual perro en mi cama le cuento a un siempre responsable Trowa sobre los eventos del día.
- ... y son muy molestas. ¿Cuántas veces tengo que demostrarles a las chicas que de momento no me interesa tener novia? No quiero tampoco amigas con derecho o viejas de usa y desecha. Eso es estúpido.
- Aja.
- Además, todavía no estoy tan urgido como parar tirarme a una de ellas. Con perdón para todas ellas, pero más prostis no pueden ser. Se me avientan como ratas a un pedazo de carne fresca.
- Uh uh.
- Claro que Meiran no esta mejor. Estoy comenzando a pensar que realmente esta zafada. Vas a creer que me va a acompañar a donde Mary... nada que ver. Se va a aburrir o peor, se va a ir llorando. Ya sabes que Mary no es la persona más cordial del mundo.
- Aja.
Lo veo con el ceño fruncido, pero sigo hablando.
- Solo falta recordar ese día que me dijo que me parezco a Maraya Carey, solo por mi inocente trenza. La vieja esa ni usa una, es mas, casi apuesto que ni se peina.
- Uh uh.
- Por supuesto que después medite seriamente el asunto. – comento, entornando los ojos. – Con toda la atención que obtengo, es claro que mi destino en esta Tierra es ser ídolo pop.
- Aja.
Ruedo los ojos, a punto de hacer algún comentario por las líneas de "cuanta atención me pones" cuando volteo a ver a Trowa. Y es entonces cuando me percato de algo.
En realidad, la escena es típica de Tro: sentado frente a su escritorio, ligeramente inclinado para poder apreciar mejor su tarea, la lamparilla iluminando tenuemente su alrededor, el único sonido que escapa de su dirección es el de la pluma deslizándose sobre el papel y el de la casi imperceptible respiración de mi amigo. Pero pese a la familiaridad de la escena, hay algo... mal en ella. Da una sensación de... de... no se, pero sea lo que sea, no es bueno.
Entorno los ojos y lo analizo con más detalle. Es entonces cuando lo noto: sus ojos. Algo nublados, como perdidos en un plano más allá de la realidad, meditabundos de un gran problema. Si... sus ojos están llenos de un conflicto interior.
Me siento de un brinco en la cama y aprieto los labios, desechando ya de mi mente cualquier tontería que le estaba diciendo apenas hace unos segundos.
- ¿Qué te sucedió? – le pregunto con seriedad, mi voz mas grave de lo normal, dejando de lado esa ligereza que uso normalmente.
Le toma un segundo notar el cambio en mi, parpadea y me voltea a ver de soslayo.
- Nada. – contesta y cuando me ve entornar los ojos–
Odio las mentiras.
–suspira y se voltea completamente, encarándome – No me pasa nada grave, Duo. – corrige.
- Quizás no – estoy dispuesto a ceder de momento – Pero quiero escucharlo de todos modos. Desembucha.
Trowa aprieta los labios.
- He estado pensando en unas cosas... pero no es importante Duo. No te preocupes por ello, yo--
- ¿Tu crees que yo soy tonto, verdad? – cuestiono con el ceño fruncido, cortándolo definitivamente. – Pues no. A mi no me engañas Trowa. Se bien que eres la calma personalizada, pero has estado muy ido últimamente, demasiado. Debí haberlo notado antes, si lo pienso bien has estado así desde desde... – mis ojos se afilan mientras la realización me golpea como un costal de cemento – ... desde... ¡por supuesto! ¡Esa perra! – suelto coloridamente.
- ¡Duo! – me reprende, pero yo le hago caso omiso y mis ojos centellean.
- ¿Y ahora que te dijo la señorita Bloom para ponerte así? – gruño, retorciendo las manos con saña – ¿Nuevamente nuestros estándares le incomodan? ¿No aprueba tus amistades? ¿Otra vez te quiere 'adoptar'?
La manera en la que aprieta los labios y desvía ligeramente la mirada es toda la respuesta que necesito.
- ¡¡Aaarghh!! – grito - ¡Como la odio!
- Solo quiere lo mejor para mi – musita él, cansadamente.
- ¡No! – niego de inmediato - ¡No quiere lo mejor para ti, quiere lo mas conveniente para ella!
Me levanto de la cama y paseo de un lado a otro de la habitación.
- ¡No te conoce! ¿Cómo puede saber que es lo mejor para ti? – digo mientras camino – Y si bien admito que lo que se sobre ti puede igualarse a nada en comparación de ella, al menos dejo que tu decidas. ¿Quién sabe que es lo mejor para ti sino tu mismo? ¡Es una idiota! ¡Carajo!, ¿no lo ves?
Meneando la cabeza, Trowa me ve con infinita tristeza.
- No lo entiende, Duo. Casi nadie lo hace. – me dice con voz suave – Esa vida... nunca será para mi. – sonríe tristemente - Para nosotros. – corrige.
Mordiendo mí labio hasta que casi sangra me regreso a la cama y me siento, resistiendo el deseo de bufar.
- De cualquier manera – digo una vez que me he calmado – Algo mas debió pasar Trowa. Siempre te dejan intranquilo esas discusiones con... esa mujer, pero nunca te había visto tan absorto en sus palabras.
Juega ausentemente con su pluma, como buscando una manera de decirme lo que sea que ha pasado.
- Ella... se va de aquí.
- ¿Si? – pregunto, no viendo el punto. Catherine muy seguido sale de la ciudad. Es encargada de un punto Lagrange, después de todo.
Mi amigo suspira pesadamente, cerrando los ojos con cansancio.
- Se va por cinco años Duo. – confiesa por fin, su voz abandonando ese aparente tono calmado que siempre tiene. – Por cuestiones de trabajo, algo sobre el desarrollo de una nueva empresa derivada de la compañía Lagrange en otro campo de investigaciones... no se y francamente no me importa – se encoge de hombros, abriendo los ojos y mirando con un toque de desesperación al techo. – Lo único que se es que se va y el proyecto tiene de tiempo estimado de desarrollo, financiamiento y construcción cinco años – entornando los ojos, agrega – Tal vez mas.
- Así que... lo estas meditando. Seriamente. – murmuro, mas para mi que para él. Es obvio que así es.
- Si. – admite, algo de culpa filtrándose en su voz.
Esta vez soy yo quien cierra los ojos.
Pero es que así es Trowa. Quiere mucho a esa mujer. Su relación es similar, aunque solamente hasta cierto punto, de la mía con Solo. Si algún día volviera a ver a Solo... por improbable que eso parezca, y este me pidiera que volviera a Los Ángeles con él... no puedo decir que le diría que si de inmediato. Así como no le diría que no con igual rapidez. Simplemente sería... complicado. Esto debe de estar desgarrando a Trowa por dentro.
- Duo, yo--
- Esta bien – interrumpo antes de que pueda siquiera disculparse. Porque conozco a Trowa muy bien, al menos con respecto a estas cosas. Va a sentir que es su culpa y a pedir perdón al por mayor por considerar algo que, en realidad, es justificable. – Es tu decisión Trowa y sea cual sea esa, yo te ayudare en lo que pueda. – le contesto con firmeza, reiterando lo que dije hace unos minutos. – Sería mentira si te digo que quiero que vayas... pero es tu vida. Si quieres irte con ella, esta bien. Y además, – agrego, sonriendo – quien sabe, aunque los dos estamos siendo demasiado pesimistas en cuanto a ese estilo de vida, puede que te adaptes. Digo, yo, que casi vomitaba ante la sola idea de seguir las órdenes de una mujer, aquí me tienes: bajo el yugo de tres.
Él me regresa la sonrisa.
- ... gracias.
- Nada que agradecer – le digo, justo cuando Sally grita desde el piso inferior que alguien me busca. – Y esa debe de ser la loca maniática que me escoltara al trabajo de Mary. Medítalo, analízalo. Y si crees que lo mejor es irte con Catherine, yo te apoyo.
Trowa asiente y yo le sonrió una vez más antes de tomar mis cosas y retirarme.

-- § --

Apenas pongo un pie fuera de la casa me congelo.
- ¿Eh? – musito, parpadeando.
- Hombre no pongas esa cara, ni que hubieras visto al diablo. – me dice juguetonamente Meiran.
Mas, sin embargo, mi atención no esta en ella.
- ¿Pero que haces aquí? – le pregunto a Heero.
- Ah. – dice, extrañamente desconcertado, viendo a Meiran con algo de duda. – No sabía que tenías una cita.
- ¡No! – exclamo con prontitud. – Vamos a ir a mi trabajo. – aclaro antes de que se haga otro chisme. No lo creo de Heero, pero más vale prevenir.
- ¿Trabajo? – cuestiona, algo escéptico. Supongo que porque nunca me ha visto trabajando...
- Si... olvide decírtelo hoy en la escuela. – le digo – Es que como no quedamos de vernos hoy, simplemente no se me ocurrió que vendrías a avanzarle al proyecto...
- No, no... es mi culpa. – admite, desviando la mirada ligeramente, evitando mis ojos – No pensé.
Parpadeo. No se porque... pero tengo esta sensación, este sentimiento de que...
¿Esta avergonzado?
- Debí de haber llamado primero. Fue una estupidez no hacerlo. – dice finalmente. – Lo siento.
Meiran, quien ha estado callada todo este tiempo, de pronto sonríe y junta sus manos.
- ¿Quieres venir? – pregunta alegremente – Así, cuando Duito se desocupe, pueden trabajar. Después de todo yo solo lo acompañare para que lo dejen salir de su casa.
Heero luce indeciso y voltea a verme de reojo.
- Si quieres avanzar algo hoy, es la única opción – digo yo – Voy a estar algo ocupado con Mary... dependiendo de lo que me ponga a hacer.
Tras unos minutos de silencio y aún evitando mi mirada, Heero asiente. Yo, algo mosqueado por su extraño comportamiento, los guió hacia el lugar.
"¿Pues algo le habrá dicho Meiran antes de que los recibiera o que?"me pregunto con incertidumbre mientras caminamos.

-- § --

- Aquí es. – anuncio orgullosamente.
Heero y Meiran ven con curiosidad el letrero.
- ¿Un lote de autos? – pregunta Meiran. - ¿Eres vendedor, Duito?
- Nop. Soy mecánico. Bueno, en realidad eso y cuando le llegan piezas a Mary le digo si sirven o mejor las tire. – ruedo los ojos – Si vieran cuantos de sus empleados no saben diferenciar entre una pieza salvable entre un montón de casos perdidos. Pero vamos, hace mucho que no vengo y me tengo que ganar el pan de cada día. – los apresuro, entrando rápidamente al lugar.
Detrás del mostrador con su típica pose de desinterés total esta Mary, viendo hacia la nada con expresión neutra. No puedo evitar sonreír. Esta chamaca nunca cambiara.
- ¡Hey, Fürer! – le grito apenas entro. - ¡Tanto tiempo!
- Vaya, hasta que te dignas a venir bola de pelos. – me dice con una sonrisa torcida. Volteando a ver a Meiran y a Heero levanta una ceja - ¿Amigos tuyos?
- Bueno verte de nuevo neurótica. – le sonrió – Si, ellos son dos amigos míos. Ella es Meiran y él es Heero – presento casualmente.
- Heit – asiente ella, olvidándolos tan pronto como los ve. Su azulada mirada se posa en mí nuevamente. – Las nuevas partes están atrás. – informa con una brusco movimiento de su cabeza, las manos en su cadera. – Dime si algo en esa basura es rescatable. – sus duros ojos azules se entornan – Y date prisa, que hace mucho que no vienes y no te pago para que descanses en ese agujero que llamas hogar.
- ¡Heil Mary! – bromeo y con un saludo a los chicos me despido. - ¡Siéntanse como en su casa! Se que la hermosísima y siempre atenta Mary los atenderá como reyes.
Mientras corro hacia la bodega, puedo escuchar claramente el bufido de Mary seguido de un sarcástico "Si, como no"
Yo solamente rió.

Conversaciones - Fin.

Notas del Autor:
Honestamente...
En fin, creo que ya lo he comentado antes, pero hace un tiempo ya, me decidí a que SI habría 3+4+3, pero como la historia es desde el POV de Duo, este quizás tarde algo en notarlo/enterarse. Calculo que como por el capitulo 10 los indicios de esta relación se vislumbraran. Pero si no, de todas maneras algo se dejara en claro en futuros (muy futuros) interludios sobre esa relación.

Próximo Capítulo: Advecciones.
Todos tenemos un secreto que no queremos descubrir. Cuando sucede algo que nos lo recuerda, perdemos el control. Por eso yo...