Mi Juventud: La Diferencia Entre Tú y Yo
Episodio 7: Conversaciones
Llegar temprano apesta.
Miro
furioso a la maestra mientras esta habla y habla y habla... sin notar
que apenas y una tercera parte del salón le presta atención.
Entre esa parte, por supuesto, se encuentra el diligente y siempre
estudioso Heero Yuy. Otra ola de furia recorre mi cuerpo.
¡Ese
idiota! pienso con disgusto. ¿Quién demonios
se cree que es? ¿Mi papá? ¡Ni siquiera mi padre
se comporto nunca de esa manera! ¡Jamás me regaño!
Bueno, quizás tiene que ver con el hecho de que nunca lo
conocí, pero ese no es el punto. ¡El punto es que Heero
no debió gritarme de esa manera frente a todo el salón!
Que
esta sea una lección para todos ustedes: nunca lleguen
temprano a clases. No saldrá nada bueno de eso.
Aún
no puedo creer que todos piensen que ando con Meiran. Es decir,
salimos UNA vez y no fue siquiera una cita. No nos besamos, no nos
'tocamos', demonios, ni siquiera nos tomamos de las manos (y eso
es tan de primaria...).
Eso sin contar que, aunque me pareció
simpática (loca... pero simpática) no me impacto tanto
como para que me gustase inmediatamente. Es decir, realmente apenas y
la conozco.
Apuñale furiosamente mi cuaderno con la
pluma, tratando de olvidar lo vergonzoso de esta mañana. Heero
no se ha disculpado, aunque si lució ligeramente avergonzado
luego de que yo le gritara. Sobra decir que el más avergonzado
soy yo, que soy victima de la continua mirada de todos. Pero Heero no
hizo mucho luego de que le gritara... simplemente me vio, cabeceo una
vez a si mismo y mando su mirada fulminante hacia todos los chismosos
que nos veían atentamente. De inmediato todos regresaron a lo
que hacían antes de estar de metiches y el asunto había
acabado ahí porque la maestra había llegado en ese
momento al salón.
Algo que había sido comentado en
las últimas dos clases (además de mi supuesto noviazgo
con Meiran) fue la extraña ausencia de Wufei. Ese chico estaba
tan obsesionado con la escuela como Quatre, un día vino
incluso con fiebre... claro que igual no asistió a clases y se
pasó toda la mañana en la enfermería, escuchando
regaños de la vieja amargada que llaman enfermera. Créanme,
mas bien deberían de llamarla torturadora profesional.
La
campana del descanso suena y mientras guardo mis cosas noto un
cuaderno verde.
"Eso no es mío, es de Tro."
pienso con sorpresa. "¿Qué demonios hace un
cuaderno de Trowa en mi mochila?"
Ah... ya lo recuerdo. Yo se
lo pedí. Pero que despistado soy, no se lo devolví
ayer... bueno, con todo lo que paso se me disculpa.
- ¡Hey,
Q! – lo llamo en cuanto salgo del salón – Adelántate
a la cafetería, tengo algo que hacer antes.
- Esta bien, te
separare un lugar – me dice con una sonrisa.
Apenas avanzo un
pasillo, cuando alguien me voltea un tanto rudamente para
encararlos.
- No – gemí en cuanto la vi – Aléjate
de mi, oh, engendro de Satán, anticristo, signo del
Apocalipsis... das mala suerte.
Meiran levanta una ceja,
divertida.
- Veo que ya oíste los rumores – comenta sin
preocupación alguna. – Hasta ahora ya me han amenazado 5
chicas de cortar contigo o sufrir las consecuencias.
La vi con
ojos horrorizados, antes de lamentar mi destino.
- ¿Por qué
atraigo gente tan rara? – vuelvo a gemir.
- ¿Qué
dice eso de ti, Duito? – sonríe antes de ladear la cabeza. -
¿No has visto a Wufei?
- No y espero que no haya escuchado
los rumores antes de que yo llegara y haya decidido ir por un arma de
fuego. – murmuro entre un escalofrió.
- Si no lo viste
hasta ahora, significa que no vino. Él preferiría
matarte con sus manos desnudas – desecha la idea con rapidez
ella.
- Gracias – contesto con sequedad.
De pronto ella
sonríe luminosamente y yo retrocedo un paso.
- ¿Qué
quieres? – pregunto con cautela.
- ¡Salgamos hoy de nuevo,
Duito!
- No.
Meiran hace un mohín.
- ¿Por qué
no?
- Tengo que ir a ayudar a una amiga a su trabajo y tengo que
rogarle medio día a Sally para que me deje ir. No puedo perder
el tiempo.
- ¿No es Sally la señora que me contesto
el otro día? – pregunta y cuando yo asiento ella prosigue –
Pues si me dejas ir, yo le puedo decir que vamos al cine... o
algo.
La veo con algo de incertidumbre
- ¿Por qué
quieres ir? No será divertido – le advierto de antemano. –
Lo mas probable es que te aburras porque me tendrías que
esperar – le reitero, pensando en como Mary no dejaría a
nadie mas que a mi entrar en la bodega.
Ella bate sus pestañas
coquetamente.
- Para pasar mas tiempo contigo, por supuesto.
-
Claro – digo escépticamente, creyéndome eso de que yo
le gustaba cada vez menos.
Ciertamente no actúa como las
demás chicas a las que les he gustado... no que me agradaría
mas si así fuera, tanta risa estúpida me irrita de
sobremanera. Pensándolo bien... quizás solo dice que le
gusto por algún propósito... sospecho que tiene que ver
con Wufei. ¿O tal vez no? En fin...
De momento haciendo a
un lado mis teorías, me encogí de hombros.
– Si me
haces ese favor te lo agradeceré mucho. – acepto
finalmente.
Ella sonríe brillantemente y ríe con
alegría.
- ¡Bien! No te arrepentirás Duito.
No
tengo más que unos instantes contemplando su diminuta forma
saltar hacia la escuela cuando alguien más me saca de mi
estupor.
- ¿Duo? – llama mi atención Relena -
¿Puedo hablar contigo un momento?
- Eh... claro, supongo –
replico con algo de confusión.
"Quiere hablar sobre
Heero."
¡Duh! Eso es más que obvio. ¿Pero
sobre que exactamente?
- Ah, pensándolo mejor, hablamos
después. Tengo que entregarle esto a un compañero –
le digo, sosteniendo el cuaderno como evidencia.
Supongo que por
su educación, Relena no cuestiona nada, pero puedo ver tan
claro como el día que no me cree en lo absoluto.
-
Comprendo. Entonces agradecería que me separaras un poco de tu
tiempo después de la escuela. – solicita finalmente.
- No
hay problema. – murmuro, viendo como da media vuelta y se va.
No
se si lo he dicho antes, pero me incomoda estar en su presencia
cuando habla de esa manera tan... formal, supongo. Quatre al
principio era así, pero pronto aprendió a relajarse.
Relena actúa así siempre, con la excepción de
cuando esta alrededor de Heero.
"Aunque... al menos ya no me
habla de usted"
Encogiéndome de hombros, sigo mi
camino hacia el salón de Trowa, olvidando de momento ambas
conversaciones.
-- § --
Como es su costumbre, Trowa
simplemente recibió su cuaderno sin decir una sola palabra.
Aunque agradezco su paciencia con mi aparentemente eterno estado de
distracción, me alegraría saber de vez en cuando que
puede... enojarse. Tanta pasividad no puede ser buena, no señor.
...
y si, estoy conciente de que exaltarse tanto tampoco es bueno, pero
ignoraremos eso, ok?
Al entrar de inmediato localizo a Quatre
quien esta tratando de mandar a volar a dos chavitas, sin mucho éxito
aparentemente. Eso es extraño, porque Quatre es tan
endemoniadamente educado y amable con todos que en cuanto él
pide algo, todos lo cumplen o se siente mal por no hacerlo. Al
acercarme y escuchar un poco de lo que hablan se de inmediato por
que.
- ... ósea, como que son bien cercanos, debes de
tenerlo.
- Si, porque es como que, lógico que lo tengas.
Danos el teléfono de Duin, si?
Quatre les sonríe con
un dejo de exasperación en su mirada.
- Es que no puedo
dárselos. Además sus razones no son... adecuadas.
-
Winner, es que tu como que, tienes que entender. Ósea, no
podemos permitir que esa chaparra coreana nos lo quite.
- Es china
– suspira mi amigo.
- Como sea – entonan las dos en perfecta
sincronía.
Ugh, fans mías. O como diría Solo,
groupies.
Jajajaja, no se como atraes tanta groupie, muchacho. Las fans son una cosa y pueden ser irritantes, pero las groupie... esas son de cuidado
Sacudiendo la cabeza hago mi
presencia notar.
- ¿Se les ofrece algo, señoritas? –
les digo en broma, esbozando una enorme sonrisa.
Quatre luce
aliviado y las chicas, aunque sorprendidas en un comienzo, pronto se
me acercan. Demasiado. En serio, invaden mi espacio
personal, señoritas.
- ¡Duito! – gritan las dos
chillonamente - ¡Dinos que no es cierto que andas con la tal
Mailu!
- Es Meiran – corrige Quatre
- Como sea.
- No es
cierto que ando con Meiran – digo automáticamente.
Ambas
suspiran, haciendo un show de aparentar estar aliviadas.
- Que
bueno.
- Si, como que, nos habíamos preocupado. No
queríamos pensar que tú andabas con esa.
-
Ósea, como que no tiene clase.
- Ni sentido de la moda.
-
Es tan plana.
- Y chaparra.
- Ósea, como que, tu puedes
tener a alguien mucho mejor que a esa, Duin. – terminan por decir
las dos, ambas batiendo coquetamente sus pestañas en mi
dirección.
Aja. En un billón de años,
chicas.
- Pues que sus preocupaciones sean puestas a descansar. No
ando con Meiran, aunque si es una buena amiga y no aprecio lo que
acaban de decir – les digo, quizás exagerando un poco la
verdad. La acabo de conocer, pero Meiran es agrádale
(repitamos: si bien loca) y no me gusta con que tonito le están
diciendo esas cosas.
Ambas sueltan risitas.
- Ay Duito, pero si
estábamos bromeando.
Si, como no.
- Bueno señoritas,
me disculparan, pero voy a almorzar, así es que vayan en
paz.
- Ay, ¿no nos vas a acompañar a almorzar
Duito?
- Están en nuestra mesa, así es que serían
ustedes las que nos acompañarían. – señalo con
algo de sequedad – Pero no, me temo que este es tiempo de machos
bien mashos, y como es obvio que ustedes son unas encantadoras
señoritas, no pueden estar aquí. Lo
siento.
Intercambiamos unas cuantas risas y frases estúpidas
más antes de que por fin y muy renuentemente se marchen.
Casi
colapso en mi asiento.
- Se me fue toda la hora con ellas. –
mascullo con algo de irritación.
Recargado en una de sus
manos, Quatre me observa con una mirada neutra.
- ¿Que?
-
Eres muy aburrido cuando estas en plan de Don Juan... y muy
menso.
Antes de que conteste, unas risillas nos
interrumpen.
Temiendo lo peor (más groupies) volteo, pero
al notar que no me ven a mí, me relajo. Sigo sus miradas y veo
algo raro, insólito e imposible...
Heero esta en la
cafetería.
El chico es miembro del Consejo Estudiantil,
obsesionado con sus tareas/proyectos, un antisocial la mayor parte
del tiempo y como tal, nunca almuerza en la cafetería. Rara
vez le da tiempo por sus actividades y si almuerza es en la
biblioteca o, cuando se siente sociable, con Relena en un rosal que
queda junto a los salones de los de tercero.
Que entre a la
cafetería es como una de las señales del
Apocalipsis.
Quatre, mucho menos fatalista y fantasioso que yo,
solo lo ve con curiosidad.
- Que raro, casi nunca come aquí
o al menos viene protegido por Relena.
- ¿Protegido? –
repito en confusión. La sola idea se me hace absurda.
-
Si... Heero también tiene muchas fans. – comenta con
diversión.
- Ah – murmuro, recordando los ojitos
brillosos de Hilde.
De pronto un brillo extraño entra en
los ojos de Quatre y sonríe ampliamente.
- ¿Por qué
no lo invitas a comer con nosotros?
- ¿Eeeeeehh? – le
suelto, completamente desprevenido.
- Heero te agrada mucho,
¿cierto? – pregunta y sin esperar respuesta alguna continua
– Invítalo a almorzar con nosotros. Pese a que llevamos
mucho tiempo como compañeros, no lo conozco mucho. Esta es una
buena oportunidad. – asiente para si mismo mi rubio amigo. –
Además, con Wufei ausente como que nos falta gente...
- ¿De
donde sacas que me agrada 'mucho'? – le pregunto con
extrañeza.
Heero me agrada, pero hasta ahora lo he tratado
poco mejor que a un desconocido... que Quatre diga que me agrada
mucho, es completamente absurdo.
Él rueda los ojos
y suelta una risilla.
- Del incidente de esta mañana. –
me contesta con toda naturaleza
- ¿Ja?
- A cualquier
otra persona no le hubieras intentado explicar nada y lo hubieras
ignorado o le hubieras dicho que se metiera en sus asuntos... o algo
menos educado – dice, encogiéndose de hombros. – Tu
tolerancia es signo de que te agrada. Y como eres tan volátil,
pues no solo eso, sino que significa que te agrada mucho. –
explica lógicamente él.
Pestañeo un par de
veces.
- Supongo – acepto y levanto una mano, haciendo gestos
con esta para que Heero me note. - ¡Eh, Heero! ¡Aquí
hay lugares! – exclamo una vez que me nota.
Una estupidez. Hay
lugares libres en muchos lados. Justo a su izquierda hay uno. Pero es
una invitación... semi-sutil, pero invitación al fin y
al cabo. Heero es lo suficientemente inteligente para reconocerla,
puede aceptarla o rechazarla.
Él parece dudar un instante,
pero finalmente avanza hacia nosotros.
- Es raro verte por aquí
a estas horas – comenta Quatre luego de saludarlo – Generalmente
el Consejo Estudiantil te tiene muy atareado.
Heero lo ve
fijamente por unos tensos segundos, antes de encogerse de hombros y
empezar a comer su almuerzo lentamente.
- ... he cancelado la
reunión. – contesta finalmente, con lentitud deliberada. –
Relena, Misao y Yuuta están muy ocupados y no pueden asistir.
Es inútil tener una reunión sin las personas que toman
las decisiones. Se necesitan ideas para ciertos proyectos y
arreglarlas de la manera mas satisfactoria posible y sin ellos no
llegaremos a ningún lado hoy.
- Pero los demás
miembros pueden ayudar... y estas tu Heero – le digo, ligeramente
confundido.
Quatre ríe quedamente, Heero y yo lo vemos: uno
con indiferencia y el otro con extrañeza.
- Si, pero por si
el club de debate no te ha enseñado Duo, hay poca gente que se
le opone a Heero. De hecho, del Consejo Estudiantil solamente Relena,
Misao y Yuuta se atreven a contradecirlo. – me informa mi rubio
amigo con diversión y yo parpadeo.
Heero lo ve nuevamente
con intensidad.
- Hn – masculla finalmente – No entiendo como
lo sabe, pero lo que Winner dice es verdad.
- Quatre – corrige
él.
- Lo que Quatre – acepta para mi sorpresa sin mayor
objeción Heero – dice es verdad. Si yo estoy al mando de las
cosas, les pregunto o sugiero algo, generalmente tartamudean o me
dicen que lo que yo quiera estará bien – ante esto Heero
rueda los ojos, sorprendiéndome ligeramente ante su acto
tan... uh, humano supongo. – No tienen agallas.
Ok, Heero rodó
los ojos y ha dicho agallas. Lo desconozco. Lo desconozco
completamente.
Quatre, no sabiendo que estos son más signos
del Apocalipsis, se ríe.
- Simplemente tienes una presencia
imponente.
- Ni tú, ni este bobo parecen nerviosas
colegialas que tartamudean ante tan solo una mirada.
¡Hey!
-
Por si no lo has notado niñote, – digo, una vena brotando de
mi frente ante lo de "bobo" – todos aquí somos
'colegiales'.
Él parpadea, como si apenas se le hubiera
informado de este hecho.
- Eso no significa que tengamos que
actuar como tales.
Voy a responderle algo cuando lo noto.
Sus
labios están ligera y casi imperceptiblemente arqueados hacia
arriba. Suelto un respingo y lo señalo acusadoramente.
-
¡T-Tu estas bromeando! – exclamo dramáticamente...
aunque si es algo sorprendente.
Esta vez Heero deja mostrar
claramente su sonrisa mientras la risa de Quatre inunda la mesa.
-
Ay Duo, puedes ser tan melodramático... – comenta Q, antes
de levantarse – Ahorita vuelvo.
- Aja.
Heero asiente y lo ve
alejarse, antes de volver el rostro hacia mí.
- Me estaba
midiendo.
- ¿Eh?
- Wi...Quatre – aclara – Me estaba
midiendo.
- ¿Midiéndote? – repito, ligeramente
confundido. Entiendo... pero no comprendo porque lo dice.
Heero
voltea hacia la dirección en la que se fue mi amigo.
-
Si... colocaba sus palabras con gran precisión, como si se
tratasen de piezas de ajedrez en un juego nacional. Estaba juzgando
mis reacciones.
Me quedo callado un largo rato.
- Es probable.
– contesto sin inflexión alguna.
Heero me voltea a ver de
reojo.
- Esta bien – murmura sin aparente interés. – Yo
también lo estudiaba. Es... interesante.
Resoplo con
impaciencia y él me ve algo extrañado. Yo le mando una
mirada irritada.
- ¡Me choca como todos aquí tratan a
las relaciones como algo tan... tan... político! – le suelto
por fin – A ver si se les va quitando esa mala costumbre –
refunfuño.
Hay silencio por largo y entonces pasa lo
insólito, lo increíble, lo inimaginable...
Heero se
ríe.
Es una risa... agradable. Sincera, aunque algo
sorpresiva, pareciera que lo agarro de improvisto. Es profunda,
abierta, contagiosa y pronto todos se nos quedan viendo
boquiabiertos, no se si por el volumen de su risa o del hecho de que
es, bueno, Heero.
Algo de color sube a mi rostro.
-
Solamente tú, Duo Maxwell – murmura, cuando se controla. –
Solo tú.
Yo le sonrió un tanto confundido y miro a
nuestro alrededor. Pese a lo breve de su risa, todos aún nos
observan.
Pero esta vez, curiosamente, no me importa.
-- § --
... las mujeres son taaaaan
dramáticas...
Y si, estoy consciente de que a veces yo
también lo soy, pero ignoremos eso.
Si no supiera que
Relena solamente me tolera (no se si le caiga mal... pero
definitivamente no le caigo bien) sospecharía que todo esto de
"tengo que hablar contigo" y "vayamos a un lugar recluido" es
una próxima confesión amorosa.
Esperemos, para mi
salud mental, que no sea así.
- Ya estamos solos – le
digo con aburrición.
Ella aspira profundamente antes de
hablar.
- Quizás debí de haberte advertido antes...
me arrepiento de no haberlo pensado – dice, con algo de
nerviosismo. Levanta la vista y me informa firmemente. – Heero es
un perfeccionista.
Silencio.
- Eh... ya lo había notado.
– le digo, no entendiendo porque tanto borlote por algo tan obvio.
Las mujeres realmente son dramáticas...
- No, no comprendes
– niega lentamente con la cabeza – Heero REALMENTE es un
perfeccionista.
Pestañeo.
- ¿Uh? – de verás
tengo que hacer algo con estas respuestas que doy...
-
Generalmente cuando decimos que alguien es perfeccionista nos
referimos a que no soporta las cosas mal hechas... pero en el caso de
Heero, la referencia es literal: le gusta que las cosas queden
perfectas.
- Eso es imposible – señalo
simplemente.
Relena se encoge de hombros.
- Así es
Heero... Tiende a mejorar indefinidamente un trabajo y nunca decide
que esta terminado, porque nunca le parece lo suficientemente
perfecto. Trabaja en todo hasta que tiene que entregarlo. – replica
ella
Yo me abstengo de rodar los ojos. Ya empezó a hablar
raro... a Heero también le pasa. Parece que cuando hablan así,
es que no están conversando, están recitando algo de
memoria... o de un diccionario.
- El que tú seas tan... –
prosigue ella, dudando un poco en como llamarme. – diferente en tu
manera de dirigirte hacia las cosas que haces, frustra a Heero. No me
lo ha dicho, pero estoy segura que piensa que eres algo
irresponsable.
- No soy irresponsable, pero ciertamente no me
preocupa tanto este proyecto como a él. Actúa como si
nuestra vida dependiera de el. – meneo la cabeza. - ¿Por qué
me estas diciendo todo esto?
Relena lanza un pesado suspiro.
-
Yo... – suspira nuevamente – Es satisfactorio para mí que
la relación entre Heero y tú se haya estrechado. De
hecho, esperaba que así sucediera – admite, confundiéndome
ligeramente.
¿Esperaba? ¿Como en "sabía que
esto iba pasar", o como en "ojala pase esto"?
- No me alegra
ver que se relacione solamente por la escuela o algo orientado a
ella. – continua ella, no haciendo caso a mi monólogo
interno. – Me daría gusto si ambos se vuelven amigos. Digo,
verdaderos amigos, no solo que se toleren. Pero tampoco
quiero que te tome por sorpresa el hecho de que él sea tan
enfocado en lo que hace. Tiene sus razones de ser como es, eso te lo
aseguro.
Será mejor frenar esta tontería. Conociendo
a las mujeres como las conozco... Quizás Relena no sea capaz
de decirme nada privado de Heero, ella parece una muchacha sensata.
Pero mejor no arriesgarse.
Yo sonrió.
- ¿No las
tenemos todos? Bonito día será cuando nadie tenga
razones para justificar sus actos.
Ella me ve con sorpresa, pero
pronto se recupera, apretando los labios.
- Lo de esta mañana
no es raro en él, Duo. – advierte – Si siente que no te
tomas las cosas en serio, te reprenderá. Y Heero puede ser muy
intimidante.
Yo ruedo los ojos.
- Relena, yo no soy una mujer.
No soy tan sensible en esas cosas. Si me reclama algo, yo le voy a
contestar con igual vehemencia. No me voy a dejar intimidar por él.
A
ella se le suelta una risa un tanto prolongada.
- Ser mujer no
tiene nada que ver, Heero intimida hasta a los bravucones más
fuertes.
- Cierto. – acepto con una sonrisa.
-
¿Maxwell?
Relena y yo volteamos hacia la dirección
de la voz.
- Ah... hola Wufei, pensé que no habías
venido a la escuela hoy. – le digo, algo incierto de como
tratarlo.
- Me tuve que ocupar de algunas cosas en la casa...
cuestiones familiares. – dice, soltando lo último de manera
algo cortante – Pero quería hablar contigo. Hoy no tienes
que ir al club, ¿cierto? Te invito a comer.
- ¿Por
que? – pregunto temerosamente. La comida es buena. La comida gratis
es aún mejor, pero usualmente NO cuando es otorgada tan
generosamente por Wufei.
Él levanta una ceja ante mi
tono.
Relena se excusa y se va rápidamente. Me pareció
escuchar una risa cuando se marcho.
Mujeres.
- No puedo Wu. –
le contesto al fin, sudando en frío. – Voy a estar algo
ocupado hoy.
- ¿Pero acaso hoy tienes club de debate? –
pregunta, ligeramente extrañado.
- No – confieso, algo
renuente – Pero tengo otras cosas que hacer.
Él frunce el
ceño.
- Entonces te lo diré brevemente.
Apenas
hace unos minutos lo confesé: soy dramático. He de
aceptar que cuando me dijo eso... miles de estúpidas e
imposibles ideas pasaron a mil kilómetros por segundo por mi
mente. Desde indignadas reclamaciones, pasando por ruegos de que le
deje a su mujer porque en realidad la ama para terminar en un duelo a
muerte por la mano de Meiran.
... y ahora quiero que alguien me
diga a la cara que la televisión no pudre el cerebro.
- En
realidad solo me quiero disculpar por mi reacción de ayer –
dice, yendo al grano – Pero como recordaras, Meiran es mi prima y
tengo que velar por su seguridad. También es mi prometida, así
es que el compromiso es doble. Se que tu no harías algo tan
deshonroso como aprovecharte de los sentimientos de ella de ninguna
manera... pero en ese momento fue mi primer impulso acusarte de ello.
– admite, luciendo algo avergonzado por su pobre autocontrol. –
Sin embargo eso no lo hace correcto, menos aún siendo tú
mi amigo. Nuevamente me disculpo – repite, haciendo una leve
reverencia.
- ¡No hagas eso, no hay problema! – le digo de
inmediato, agitando los brazos. – Meiran es familia tuya... ya se
como eres con tus cosas Wu, no te tienes por que disculpar. – lo
excuso rápidamente.
- Gracias Maxwell. – me dice,
sonriendo ligeramente.
- Je, je, nah, no hay problema. – hablo
yo, nerviosamente – De hecho, es muy curioso que hayas mencionado
eso... justamente te iba decir algo sobre ese tema.
Hey, mejor
agarrarlo ahorita que esta arrepentido que mañana que el
sentimiento de culpa ya habrá pasado.
Además... pese
al tiempo transcurrido soy un diablillo.
-- § --
Echado cual perro en mi cama le
cuento a un siempre responsable Trowa sobre los eventos del día.
-
... y son muy molestas. ¿Cuántas veces tengo que
demostrarles a las chicas que de momento no me interesa tener novia?
No quiero tampoco amigas con derecho o viejas de usa y desecha. Eso
es estúpido.
- Aja.
- Además, todavía no
estoy tan urgido como parar tirarme a una de ellas. Con perdón
para todas ellas, pero más prostis no pueden ser. Se me
avientan como ratas a un pedazo de carne fresca.
- Uh uh.
-
Claro que Meiran no esta mejor. Estoy comenzando a pensar que
realmente esta zafada. Vas a creer que me va a acompañar a
donde Mary... nada que ver. Se va a aburrir o peor, se va a ir
llorando. Ya sabes que Mary no es la persona más cordial del
mundo.
- Aja.
Lo veo con el ceño fruncido, pero sigo
hablando.
- Solo falta recordar ese día que me dijo que me
parezco a Maraya Carey, solo por mi inocente trenza. La
vieja esa ni usa una, es mas, casi apuesto que ni se peina.
- Uh
uh.
- Por supuesto que después medite seriamente el asunto.
– comento, entornando los ojos. – Con toda la atención que
obtengo, es claro que mi destino en esta Tierra es ser ídolo
pop.
- Aja.
Ruedo los ojos, a punto de hacer algún
comentario por las líneas de "cuanta atención me
pones" cuando volteo a ver a Trowa. Y es entonces cuando me percato
de algo.
En realidad, la escena es típica de Tro: sentado
frente a su escritorio, ligeramente inclinado para poder apreciar
mejor su tarea, la lamparilla iluminando tenuemente su alrededor, el
único sonido que escapa de su dirección es el de la
pluma deslizándose sobre el papel y el de la casi
imperceptible respiración de mi amigo. Pero pese a la
familiaridad de la escena, hay algo... mal en ella. Da una sensación
de... de... no se, pero sea lo que sea, no es bueno.
Entorno los
ojos y lo analizo con más detalle. Es entonces cuando lo noto:
sus ojos. Algo nublados, como perdidos en un plano más allá
de la realidad, meditabundos de un gran problema. Si... sus ojos
están llenos de un conflicto interior.
Me siento de un
brinco en la cama y aprieto los labios, desechando ya de mi mente
cualquier tontería que le estaba diciendo apenas hace unos
segundos.
- ¿Qué te sucedió? – le pregunto
con seriedad, mi voz mas grave de lo normal, dejando de lado esa
ligereza que uso normalmente.
Le toma un segundo notar el cambio
en mi, parpadea y me voltea a ver de soslayo.
- Nada. – contesta
y cuando me ve entornar los ojos–
Odio las mentiras.
–suspira y se voltea completamente, encarándome – No
me pasa nada grave, Duo. – corrige.
- Quizás no
– estoy dispuesto a ceder de momento – Pero quiero escucharlo de
todos modos. Desembucha.
Trowa aprieta los labios.
- He
estado pensando en unas cosas... pero no es importante Duo. No te
preocupes por ello, yo--
- ¿Tu crees que yo soy tonto,
verdad? – cuestiono con el ceño fruncido, cortándolo
definitivamente. – Pues no. A mi no me engañas Trowa. Se
bien que eres la calma personalizada, pero has estado muy ido
últimamente, demasiado. Debí haberlo notado
antes, si lo pienso bien has estado así desde desde... – mis
ojos se afilan mientras la realización me golpea como un
costal de cemento – ... desde... ¡por supuesto! ¡Esa
perra! – suelto coloridamente.
- ¡Duo! – me reprende,
pero yo le hago caso omiso y mis ojos centellean.
- ¿Y
ahora que te dijo la señorita Bloom para ponerte así?
– gruño, retorciendo las manos con saña –
¿Nuevamente nuestros estándares le incomodan? ¿No
aprueba tus amistades? ¿Otra vez te quiere 'adoptar'?
La
manera en la que aprieta los labios y desvía ligeramente la
mirada es toda la respuesta que necesito.
- ¡¡Aaarghh!!
– grito - ¡Como la odio!
- Solo quiere lo mejor para mi –
musita él, cansadamente.
- ¡No! – niego de
inmediato - ¡No quiere lo mejor para ti, quiere lo mas
conveniente para ella!
Me levanto de la cama y paseo de
un lado a otro de la habitación.
- ¡No te conoce!
¿Cómo puede saber que es lo mejor para ti? – digo
mientras camino – Y si bien admito que lo que se sobre ti puede
igualarse a nada en comparación de ella, al menos dejo que tu
decidas. ¿Quién sabe que es lo mejor para ti sino tu
mismo? ¡Es una idiota! ¡Carajo!, ¿no lo
ves?
Meneando la cabeza, Trowa me ve con infinita tristeza.
-
No lo entiende, Duo. Casi nadie lo hace. – me dice con voz suave –
Esa vida... nunca será para mi. – sonríe tristemente
- Para nosotros. – corrige.
Mordiendo mí labio
hasta que casi sangra me regreso a la cama y me siento, resistiendo
el deseo de bufar.
- De cualquier manera – digo una vez que me
he calmado – Algo mas debió pasar Trowa. Siempre te dejan
intranquilo esas discusiones con... esa mujer, pero nunca te
había visto tan absorto en sus palabras.
Juega ausentemente
con su pluma, como buscando una manera de decirme lo que sea que ha
pasado.
- Ella... se va de aquí.
- ¿Si? –
pregunto, no viendo el punto. Catherine muy seguido sale de la
ciudad. Es encargada de un punto Lagrange, después de todo.
Mi
amigo suspira pesadamente, cerrando los ojos con cansancio.
- Se
va por cinco años Duo. – confiesa por fin, su voz
abandonando ese aparente tono calmado que siempre tiene. – Por
cuestiones de trabajo, algo sobre el desarrollo de una nueva empresa
derivada de la compañía Lagrange en otro campo de
investigaciones... no se y francamente no me importa – se encoge de
hombros, abriendo los ojos y mirando con un toque de desesperación
al techo. – Lo único que se es que se va y el proyecto tiene
de tiempo estimado de desarrollo, financiamiento y construcción
cinco años – entornando los ojos, agrega – Tal vez mas.
-
Así que... lo estas meditando. Seriamente. – murmuro, mas
para mi que para él. Es obvio que así es.
- Si. –
admite, algo de culpa filtrándose en su voz.
Esta vez soy
yo quien cierra los ojos.
Pero es que así es Trowa. Quiere
mucho a esa mujer. Su relación es similar, aunque solamente
hasta cierto punto, de la mía con Solo. Si algún día
volviera a ver a Solo... por improbable que eso parezca, y este me
pidiera que volviera a Los Ángeles con él... no puedo
decir que le diría que si de inmediato. Así como no le
diría que no con igual rapidez. Simplemente sería...
complicado. Esto debe de estar desgarrando a Trowa por dentro.
-
Duo, yo--
- Esta bien – interrumpo antes de que pueda siquiera
disculparse. Porque conozco a Trowa muy bien, al menos con respecto a
estas cosas. Va a sentir que es su culpa y a pedir perdón al
por mayor por considerar algo que, en realidad, es justificable. –
Es tu decisión Trowa y sea cual sea esa, yo te ayudare en lo
que pueda. – le contesto con firmeza, reiterando lo que dije hace
unos minutos. – Sería mentira si te digo que quiero que
vayas... pero es tu vida. Si quieres irte con ella, esta bien. Y
además, – agrego, sonriendo – quien sabe, aunque los dos
estamos siendo demasiado pesimistas en cuanto a ese estilo de vida,
puede que te adaptes. Digo, yo, que casi vomitaba ante la sola idea
de seguir las órdenes de una mujer, aquí me tienes:
bajo el yugo de tres.
Él me regresa la sonrisa.
- ...
gracias.
- Nada que agradecer – le digo, justo cuando Sally
grita desde el piso inferior que alguien me busca. – Y esa debe de
ser la loca maniática que me escoltara al trabajo de Mary.
Medítalo, analízalo. Y si crees que lo mejor es irte
con Catherine, yo te apoyo.
Trowa asiente y yo le sonrió
una vez más antes de tomar mis cosas y retirarme.
-- § --
Apenas pongo un pie fuera de la casa
me congelo.
- ¿Eh? – musito, parpadeando.
- Hombre no
pongas esa cara, ni que hubieras visto al diablo. – me dice
juguetonamente Meiran.
Mas, sin embargo, mi atención no
esta en ella.
- ¿Pero que haces aquí? – le
pregunto a Heero.
- Ah. – dice, extrañamente
desconcertado, viendo a Meiran con algo de duda. – No sabía
que tenías una cita.
- ¡No! – exclamo con
prontitud. – Vamos a ir a mi trabajo. – aclaro antes de que se
haga otro chisme. No lo creo de Heero, pero más vale
prevenir.
- ¿Trabajo? – cuestiona, algo escéptico.
Supongo que porque nunca me ha visto trabajando...
- Si... olvide
decírtelo hoy en la escuela. – le digo – Es que como no
quedamos de vernos hoy, simplemente no se me ocurrió que
vendrías a avanzarle al proyecto...
- No, no... es mi
culpa. – admite, desviando la mirada ligeramente, evitando mis ojos
– No pensé.
Parpadeo. No se porque... pero tengo esta
sensación, este sentimiento de que...
¿Esta
avergonzado?
- Debí de haber llamado primero. Fue una
estupidez no hacerlo. – dice finalmente. – Lo siento.
Meiran,
quien ha estado callada todo este tiempo, de pronto sonríe y
junta sus manos.
- ¿Quieres venir? – pregunta alegremente
– Así, cuando Duito se desocupe, pueden trabajar. Después
de todo yo solo lo acompañare para que lo dejen salir de su
casa.
Heero luce indeciso y voltea a verme de reojo.
- Si
quieres avanzar algo hoy, es la única opción – digo
yo – Voy a estar algo ocupado con Mary... dependiendo de lo que me
ponga a hacer.
Tras unos minutos de silencio y aún evitando
mi mirada, Heero asiente. Yo, algo mosqueado por su extraño
comportamiento, los guió hacia el lugar.
"¿Pues
algo le habrá dicho Meiran antes de que los recibiera o
que?"me pregunto con incertidumbre mientras caminamos.
-- § --
- Aquí es. – anuncio
orgullosamente.
Heero y Meiran ven con curiosidad el letrero.
-
¿Un lote de autos? – pregunta Meiran. - ¿Eres
vendedor, Duito?
- Nop. Soy mecánico. Bueno, en realidad
eso y cuando le llegan piezas a Mary le digo si sirven o mejor las
tire. – ruedo los ojos – Si vieran cuantos de sus empleados no
saben diferenciar entre una pieza salvable entre un montón de
casos perdidos. Pero vamos, hace mucho que no vengo y me tengo que
ganar el pan de cada día. – los apresuro, entrando
rápidamente al lugar.
Detrás del mostrador con su
típica pose de desinterés total esta Mary, viendo hacia
la nada con expresión neutra. No puedo evitar sonreír.
Esta chamaca nunca cambiara.
- ¡Hey, Fürer! –
le grito apenas entro. - ¡Tanto tiempo!
- Vaya, hasta que te
dignas a venir bola de pelos. – me dice con una sonrisa torcida.
Volteando a ver a Meiran y a Heero levanta una ceja - ¿Amigos
tuyos?
- Bueno verte de nuevo neurótica. – le sonrió
– Si, ellos son dos amigos míos. Ella es Meiran y él
es Heero – presento casualmente.
- Heit – asiente ella,
olvidándolos tan pronto como los ve. Su azulada mirada se posa
en mí nuevamente. – Las nuevas partes están atrás.
– informa con una brusco movimiento de su cabeza, las manos en su
cadera. – Dime si algo en esa basura es rescatable. – sus duros
ojos azules se entornan – Y date prisa, que hace mucho que no
vienes y no te pago para que descanses en ese agujero que llamas
hogar.
- ¡Heil Mary! – bromeo y con un saludo a
los chicos me despido. - ¡Siéntanse como en su casa! Se
que la hermosísima y siempre atenta Mary los atenderá
como reyes.
Mientras corro hacia la bodega, puedo escuchar
claramente el bufido de Mary seguido de un sarcástico "Si,
como no"
Yo solamente rió.
Conversaciones - Fin.
Notas del Autor:
Honestamente...
En fin, creo que ya lo he comentado antes,
pero hace un tiempo ya, me decidí a que SI habría
3+4+3, pero como la historia es desde el POV de Duo, este quizás
tarde algo en notarlo/enterarse. Calculo que como por el capitulo 10
los indicios de esta relación se vislumbraran. Pero si no, de
todas maneras algo se dejara en claro en futuros (muy futuros)
interludios sobre esa relación.
Próximo
Capítulo: Advecciones.
Todos
tenemos un secreto que no queremos descubrir. Cuando sucede algo que
nos lo recuerda, perdemos el control. Por eso yo...
