Las puertas a las 6 festividades se abrieron a la vez. Todos los reyes pusieron un pie en el mundo humano y se desplegaron hacia un inmenso terreno abandonado para que la guerra comenzara en el territorio neutral. Eran aproximadamente la una de la mañana en la tierra cuando las diferentes festividades ocuparon su lugar.
De un lado se encontraba el conejo de Pascua en medio de Patrick, que se encontraba a su izquierda, y el Pavo Peregrino. El ejército de los tres combinados era bastante numeroso. Del lado opuesto del campo de batalla se encontraba Jack también en el centro, con Santa Claus a su diestra. Cupido se encontraba en su lado izquierdo flotando.
Hip miró a Jack con rencor y dando un salto al frente, mandó que trajeran una jaula cubierta por una manta. Dos conejos empujaron la jaula, pues ésta tenía ruedas en la parte de abajo para poder desplazarla mejor.
-Antes de empezar, deseo que contemplen el daño que le hace esa macabra festividad a todos-mencionó el rey de Pascua apuntando acusadoramente a los habitantes de Halloween Town.
En ese momento dio la señal y los dos conejos quitaron la manta. En el interior de la jaula estaba un conejo acurrucado, su rosado pelaje se había vuelto blanco y no dejaba de temblar mirando a su alrededor con pánico. En cuanto distinguió a Jack y a los tres niños de Oogie Boogie comenzó a chillar aterrorizado y a removerse en la jaula como si quisiera huir.
-¿Ves lo mal que está, Jack?-preguntó Hip pidiendo que cubrieran nuevamente la jaula y la sacaran del campo- Es por ello que su festividad debe ser destruida y yo… me encargaré de ello…
Entonces, cual grito de guerra, se desató el caos.
Las flechas de Cupido comenzaron a volar de un lado al otro. El trineo de Santa Claus se elevó en el aire mientras los hombrecillos de St. Patrick lanzaban rayos arcoíris contra los querubines voladores. Los conejos atacaban con rayos naranjas a los habitantes de Halloween Town. Jack los esquivaba con su gran agilidad y rapidez para desactivar las armas del Pavo Peregrino que disparaban contra el trineo tratando de derribarlo.
Sally se mantenía oculta, por señal de su novio, entre los árboles mirando muy preocupada cada movimiento del esqueleto. Los pavos lanzaron varias bombas hacia los duendes que trataban de sabotear las armas de los habitantes de St. Patrick. Cuando éstas explotaron, los duendes navideños salieron volando. Entonces un grito por parte de Pat alertó a Hip, regalos navideños explosivos caían del cielo.
De pronto se escuchó un grito y alguien caía desde el cielo, era uno de los ángeles de St. Valentín que había sido alcanzado por una saeta color zanahoria. Jack lo atrapó y le ordenó al Alcalde que lo sacara del campo de batalla para que no saliera más herido.
Esta era una guerra, no se podían descuidar ni un segundo porque los rayos así como las bombas y las flechas junto con regalos explosivos caían por doquier. Pero el Conejo de Pascua no dejaría que Santa Claus y Cupido dominaran los cielos así que sacó su arma secreta: Un avión anaranjado.
La enorme aeronave despegó lanzándose contra los ángeles de amor que rápidamente se desplegaron. Todo se estaba saliendo de control, las festividades comenzaron a sacar los trucos que traían bajo la manga.
-Es momento de sacar al ejército-dijo el rey calabaza- ¡Ahora Dr. Finckerstein!
El hombre de la silla de ruedas rió y accionó una palanca. Inmediatamente una corriente eléctrica llenó la tierra haciendo que todo se estremeciera. Los guerreros terrenales observaron preocupados a su alrededor cuando de pronto cientos de manos esqueléticas surgieron de la tierra. El Dr. Le había dado vida a cientos de esqueletos enterrados.
-El miedo es nuestra arma maestra…-dijo Jack y lanzó a sus guerreros esqueléticos contra los conejos y los pavos.
-Yo también tengo un arma secreta, Skellington-anunció Hip y dos conejos sacaron unas bazucas- ¡Fuego!
Dos huevos decorados del tamaño de un huevo de avestruz se impactaron contra algunos esqueletos dejándolos en pedazos en el suelo. Un grito de advertencia por parte del Dios del Amor alertó a Santa Claus quien logró esquivar por poco uno de esos huevos enormes.
-¡Ahora, mis amores, saquen la artillería pesada!-dijo Cupido y todos los ángeles se colocaron en posición en V antes de transformar sus arcos en ballestas y sus arpas en escudos. Una lluvia de flechas cayó sobre los conejos quienes devolvieron el fuego cruzado con saetas de zanahoria.
Patrick estaba preocupado, veía el campo de batalla, se había derramado mucha sangre, todos iban a ganar o a morir y eso no estaba bien. Miró su olla de monedas notando que había menos, estaba triste y se reflejaba en su oro. Esto debía terminar.
El Pavo Peregrino tenía los mosquetes mejorados por Hip y los usaba para atacar a los habitantes de la más macabra festividad de todas. Una enorme serpiente naranja con rayas negras se alzó en el aire y se lanzó para tragarse a un pavo. Esa serpiente tragaba lo que fuera, pero no por mucho. Un fuerte disparo alertó a Jack. La serpiente que había usado para navidad, ya no se movía.
-¡NO!-gritaron las brujas que también flanqueaban el trineo de Santa Claus. El esqueleto corrió hacia el animal muerto pero ese momento de distracción le costó caro. Un huevo decorado se impactó en su pecho. Varias costillas salieron volando antes de que el Rey Calabaza cayera al suelo.
-¡Jack!-gritaron varias voces pero ninguna fue tan desgarradora como la de Sally. La joven de piel azulada salió de su escondite y corrió por el campo de batalla hasta donde se encontraba el esqueleto.
Los conejos así como los pavos celebraban la caída de uno de los reyes. Patrick no lo podía creer y sus hombres también se habían quedado en blanco. No podía evitar esa empatía que había tenido con el hombre trajeado por que abandonó el arma de rayos y corrió hacia Jack.
-¡Patrick!-gritó Hip desde su aeronave- ¡¿Qué haces?! ¡Regresa a tu posición!
-¡Esto ha ido demasiado lejos!-gritó el rey de St. Patrick-Yo ya no pelearé por tu causa. ¡Detente!
-¡Traición!-gritó el Conejo de Pascua- ¡te eliminaré por traidor!-pero pronto Hip se dio cuenta de que un traidor era lo que menos debía preocuparle en aquellos momentos.
Cupido estaba furioso. Su cabello estaba pasando del rubio brillante a un rojo fuego. Era muy difícil hacer enojar al Dios del Amor pero ellos lo habían conseguido y ahora iban a pagar las consecuencias. Los ángeles volaban alrededor de su rey muy preocupados pero sabían que no había marcha atrás.
Las flechas doradas de Cupido se tornaron negras. Estaban hechas de veneno, de un veneno tan poderoso que en cuanto las lanzó contra los pavos, éstos empezaron a caer al suelo inertes. El Pavo Peregrino estaba aterrorizado al ver a sus guerreros morir tan rápidamente. Estaba cundiendo el pánico.
Y como si la cosa no pudiera ponerse peor para ellos, Santa Claus miró a sus duendes y dijo una frase que helaba la sangre: Liberen al Krampus….
Gracias por leer, perdón por tardar tanto en actualizar pero necesitaba inspirarme para escribir esto. La guerra va a ser muy corta pero es muy sangrienta y letal. No olviden comentar
