¡Sí, estoy viva (a medias, pero lo estoy)! Sé que les debo millones de disculpas por tardar casi dos meses en actualizar, pero bueno, dentro de toda la mierda que se me vino encima tengo buenas noticias: ¡me fue excelente en las pruebas para la universidad!, ya postulé y ahora me queda esperar los resultados en enero. Así que ahora quizás tenga más tiempo libre para escribir, aunque todo dependerá de mi estado anímico, no saben cuán bloqueada he estado estas últimas semanas (algunas ya saben el motivo). Ana también les envía sus disculpas, pero ella no tiene la culpa, créanme, la que no escribe acá soy yo.

Antes de dejarles el capítulo, les aclaro que originalmente esto corresponde solo a la mitad de lo planeado para el noveno, pero no queríamos hacerlas esperar más y decidimos publicar ya. La otra parte la actualizaré en cuanto la escriba, espero que esto compense un poco la tardanza.

Y eso, disfruten lo poco de lectura que les dejo jaja. Que tengan un buen fin de año (se los deseo en serio, porque este año va asqueroso hasta ahora) y que el 2017 se venga mejor. Espero sus reviews, nos leemos. :)

"Que pasen un lindo fin de año y empiecen con muchas energías este nuevo año que comienza...Cuídense", les dice Ana (aw, que tierna).


Capítulo 9

Sabía que lo que venía sería difícil, hablar seriamente con Henry siempre lo era, más aun si se trataba de mis sentimientos, incluso peor si involucraba a Emma.

Golpeé la puerta dos veces y tomé aire como nunca, él gritó "¡adelante!" y abrí con lentitud, asomando mi cabeza.

—¿Puedo pasar?

—Claro —se sentó en su cama y dejó el cómic que leía sobre la mesa de noche.

Me senté a su lado y tomé sus manos para capturar toda su atención, dándoles un ligero apretón.

—Debemos hablar de algo bastante serio —busqué sus ojos con los míos y él asintió cuando nos miramos directamente, esperando que continuara—. Creo que ya te das una idea de qué se trata...

—Quizás, pero no quiero tirar ideas al azar, así que empieza tú.

—Es sobre... —aclaré mi garganta— Emma.

—No estaba tan alejado entonces. ¿Qué pasó? ¿Ya aclararon sus sentimientos?

—¿Qué? —dije incrédula, con mis ojos como plato y mi boca entreabierta.

—En el viaje, ya sabes, se supone que ahí hablarían sobre lo que ambas sienten —sonrió más de lo que debería y yo fruncí el ceño—. ¿Funcionó detener el auto?

—Sí, algo así... Un momento, ¡necesito explicaciones jovencito!

—¿Cómo lo hice? No fui yo, fue Zelena con magia.

—No sobre eso, es irrelevante ahora mismo. ¿Cóm... cómo supiste que...?

—¿Que estás enamorada de ella? —nos miramos a los ojos y suspiré. Sí, suspiré. No era fácil confesar algo de tanto peso con mi hijo. Las palabras no salían de mi boca, por lo que me limité a asentir— Hay que ser ciego para no notarlo, mamá. Además, te conozco mejor que nadie y sé reconocer tu lenguaje corporal.

—¿Lenguaje corporal?

—Sí. Eres tan obvia —comentó soltando una pequeña risa que, lejos de molestarme, me hizo sonreír tímida—. Basta con ver como la miras cuando te habla o tu sonrisa cuando se preocupa por nosotros —apretó apenas mis manos en un gesto de cariño y agradecí que tomara con tanta naturalidad el tema—, y te delatas cuando...

—¿Cuando qué? —lo miré esperando a que terminara la frase.

—Cuando está con Hook —murmuró haciendo una mueca de disgusto y suspiré pesadamente, bajando la mirada—. Así mismo te pones —apuntó mi rostro y lo miré de reojo— o incluso peor. Sigo sin entender cómo mamá no se da cuenta.

—Porque ama demasiado a su pirata —solté con desgano y rodé los ojos.

—No lo creo —negó con una sonrisa que me confundió—. En eso también fallas tú, mamá. Ella también se delata y tú no te percatas de ello. ¿O acaso crees que esos celos desmesurados ante cualquier cosa que te involucre es por amistad? —alzó su ceja sonriendo triunfante, recordándome el fuerte parecido entre Emma y él. Sonreían de la misma forma cuando sentían que estaban en lo correcto.

—No quiero ilusionarme Henry, no empieces con eso, suenas como tu abuela —dije tratando de mantener la firmeza y aclaré mi garganta antes de continuar—. Creo que te debo una gran explicación...

—¿Explicación?

—Sí, sobre todo esto —moví mis manos y reí con nervios—. No tengo la menor idea de cuándo comencé a... a... mirarla diferente —lo miré un par de segundos y luego bajé la mirada—, pero me di cuenta tarde, muy tarde.

—¿Por qué?

—Porque ya no estaba con nosotros, fue cuando se sacrificó por salvarme de la Oscuridad —mis ojos se llenaron de lágrimas ante el recuerdo y miré a Henry directamente—. Hubo un momento donde me dijo que yo había luchado demasiado como para ver mi felicidad destruida, y fue en ese instante cuando comprendí que no quería perderla porque ella era parte de mi final feliz —confesé con rapidez—. Después de eso desapareció, sentí que una parte de mí se había ido con ella, pero me aterraba admitirlo. Recuerdo que fui a la comisaría con la estúpida esperanza de encontrarla ahí, pero, como era de suponer, no estaba; lo único que había era su chaqueta roja colgada de la silla. Fue... horrible —susurré con la voz ya quebrada y Henry me rodeó con sus brazos—. Fue como si mi corazón hubiese sido reemplazado por una cuerda anudada, que se apretaba cada vez que inhalaba, tiraba de mis pulmones y me dificultaba respirar.

—Lo siento tanto, perdón por no haber estado para ti cuando necesitabas apoyo —dijo Henry con gesto apenado y yo negué rápidamente, acariciando sus mejillas.

—Tranquilo tesoro. Tú más que nadie me mantuviste a flote durante estos meses —ambos sonreímos y él acarició mi espalda con cariño—. Eres lo más importante en mi vida y eso no va a cambiar, esté con quien esté, mi hijo siempre irá primero.

El silencio inundó la habitación luego de mis palabras. Supuse que Henry aún procesaba la nueva información sobre mis sentimientos hacia su otra madre, así que no quise forzar una nueva conversación. A decir verdad, yo también necesitaba aquel silencio para calmar un poco mi mente. Sin embargo, no duró más de dos minutos, pues de pronto él me miró con una sonrisa que me inquietó.

—Mamá, ¡tengo una brillante idea!

—Oh no jovencito, nada bueno sale cuando alguien dice eso.

—¿Confías en mí?

—Por supuesto Henry.

—Entonces hazlo, déjame contarte mi plan antes de rechazarlo —abrí mi boca para replicarle pero no me lo permitió—. Dijiste que tu final feliz era con...

—Alto ahí —lo interrumpí con un gesto de mi mano y me miró atento—, nada de operaciones con nombres de animales.

—¡Pero es brillante! Se llamará "Operación Amarillo Corcel".

—Por Dios, me recuerda a ese espantoso escarabajo.

—¿Eso es un sí?

—¿Qué? ¡No! No habrá plan, Henry, es un caso perdido.

El rostro de Henry cambió de la nada y me mantuvo la mirada sin pestañear, era una pequeña batalla donde yo trataba de mantenerme firme y él serio. Cuando se dio cuenta de que su gesto no iba a funcionar, lo tornó a uno que me desarmó completamente, ese que utilizó desde pequeño para conseguir sus caprichos de niño y sus objetivos de adolescente. De alguna forma su expresión era entre apenada y suplicante, con un brillo en sus ojos que pedía a gritos que cumpliera lo que él quisiera.

—Dios, está bien, me rindo.

—¡Sí! —exclamó victorioso, sonriendo tal y como Emma hace cada vez que logra algo.

—Pero con una condición...

—Soy todo oídos.

—Debemos cambiar el horrendo nombre de la Operación.

—Claro, ¿alguna sugerencia? —dijo con entusiasmo ante mi participación, aunque yo ya buscaba cualquier nombre menos estúpido para el dichoso plan.

—Operación Jessie —dije luego de varios minutos desechando ideas, decidiéndome por ese en referencia a la canción que Emma cantó esa misma mañana en el auto y que tanto logró identificarme. Henry me miró extrañado y se encogió de hombros.

—No entiendo pero es cosa tuya. En fin, tú relájate y ya, que la abuela, Zelena y yo nos haremos cargo.

—Espera, ¿qué tienen que ver ellas en todo esto?

—Más de lo que crees. Antes de que te des cuenta, mamá y tú estarán juntas y felices —dijo con tanta convicción que me la transmitió y me fue inevitable sonreír.

—¿Qué hice yo para merecer un hijo tan perfecto? —dije con voz emocionada, acariciando su cabello.

—Ser una perfecta mamá a pesar de todo —sonrió de lado y nos abrazamos con fuerza, embargados por el sentimentalismo del momento.

Al separarnos, le deseé las buenas noches como hacía a diario y besé su frente, saliendo de su habitación con un aire de esperanza respecto a lo que vendría más adelante.


Me levanté un poco antes de lo acostumbrado para hacerle un recargado desayuno a Henry, que debía presentarse a la feria anual de ciencias de su colegio. Aunque nunca lo vi preparar su proyecto, al parecer lo tenía terminado, algo sobre eso había mencionado anoche, mas la conversación se centró en otro tema y no lo mencionamos.

Con la emoción que sentí al hablar con él, hasta olvidé algo importante: ¿cómo se sentía Henry respecto a todo este asunto? Él estaba involucrado directamente. Debía preguntárselo cuanto antes, no era algo menor como para tomarlo a la ligera.

Estaba pensando en Henry y terminando de servir las tortitas en la mesa, cuando mi celular sonó avisando un mensaje entrante. Yo ya me imaginaba de quien se trataba, es más, daba por sentado que era Emma. Tomé el teléfono y una pequeña sonrisa se formó en mis labios al comprobar que no me equivocaba, la sheriff no rompió su tradición de saludarme por las mañanas con sus alocadas ocurrencias, y esta vez no fue la excepción.

—"Despierta, bella durmiente" —decía el mensaje, acompañado como siempre por esas mini caras amarillas que tanto se empeñaba en usar.

Cuando finalicé el desayuno de mi hijo y bebía mi taza de café, le respondí sin dejar de sonreír:

—"Te equivocas de princesa, Swan. Y para tu información, ya estoy lista para empezar el día." —le envié además una foto del variado desayuno que tenía listo en la mesa.

—"Perdóneme, su majestad, espero que este error no sea motivo de una nueva maldición. Los pasaré a recoger para ir a la feria de ciencias en 10 minutos. No dejes que Henry se coma todas esas tortitas" —una carita guiñando el ojo junto a la última frase dio ese toque Swan que no podía faltar.

Encendí de nuevo la cocina y preparé más tortitas para Emma, porque tanto madre como hijo tenían un hambre insaciable y la comida se haría poca para los dos. Releía los mensajes de Emma cuando Henry bajó de su cuarto y me saludó, por lo que me sorprendió y di un pequeño salto.

—Oh Henry, no te había escuchado. ¿Cómo estás?

—Yo bien, y al parecer no soy el único... —me miró con una traviesa sonrisa.

—¿Por qué lo dices?

—Porque desde que entré a la cocina no has dejado de sonreír y mirar tu celular... —se sentó sin borrar su gesto divertido y comenzó a desayunar.

—Estás alucinando, cariño. Es una mañana normal, solo que hoy tú vas a presentar un proyecto que jamás te vi realizar... —dije en un vago intento de cambiar el tema, pero no funcionó.

—Zelena me ayudó. Y no, no alucino. Las tortitas extras que hiciste te delatan mamá. Sé que solo la haces para dos personas en esta ciudad y yo ya estoy comiendo, así que esas deben ser para... —el timbre sonó y Henry ni siquiera se molestó por ser interrumpido, sino que sonrió amplio y triunfante— Lo sabía.

Bien, bien, punto para mi hijo. Quizás estaba siendo demasiado predecible, necesitaba calmarme un poco y no delatarme ante los demás. Por suerte era Henry quien notaba esos detalles, confiaba en que él no iría por todo Storybrooke gritando que su madre adoptiva está enamorada de su madre biológica, a menos que de pronto sus genes florecieran y decidiera querer ser Snow en un ataque de sinceridad sin censura.

Me paré junto al espejo de la entrada y acomodé mi ropa, luego arreglé mi cabello para darle naturalidad y revisé que el labial estuviera perfectamente puesto. Tomé el pomo de la puerta soltando el aire acumulado en mis pulmones y abrí con lentitud, como si no estuviera esperando ansiosa su llegada.

—Hola —dijo Emma con la misma sonrisa que portaba la primera vez que nos conocimos, provocando un aluvión de recuerdos en mi mente, el cual concluyó con algo que no deseaba recordar en ese momento: nuestro casi beso hacia apenas un día.

—Adelante —dije permitiéndole la entrada y ella pasó como quien entra a su propia casa. Cerré la puerta tratando de regular mi respiración y me dirigí a la cocina.

—Hey Henry, ¿me dejaste tortitas? —le preguntó Emma y dejó un beso en su frente.

—No —respondió él con una enorme sonrisa y la rubia frunció el ceño.

—¿Cómo que no? ¡Le dije a Regina que debías guardarme! —osciló su mirada entre Henry y yo, con un gesto de indignación totalmente exagerado.

—No voy a dejar que nuestro hijo coma menos por alimentarte a ti, querida —solté alzando mi ceja y ella se cruzó de brazos molesta, divirtiéndome con su actitud infantil—. Es por eso que hice tortitas para ti, así no le quitas la comida a Henry —le mostré el plato con las masas aún tibias y esbozó una enorme sonrisa, dio saltos de alegría hasta llegar a mí y dejó un sonoro beso en mi mejilla, sorprendiéndome tanto que mis pómulos no tardaron en tomar una fuerte tonalidad roja. Henry, que estaba frente a nosotras, elevó sus cejas como diciendo "te lo dije" y sonrió encogiéndose de hombros.

Emma tomó un tenedor y con rapidez devoró todo el contenido del plato, demostrando con gestos que le había gustado la comida, yendo desde pulgares en alto a sonidos de placer. Estos últimos llegaron a incomodarme un poco, pero no por su evidente gusto por mis preparaciones, sino porque aquellos sonidos llegaban al lado más oscuro de mi imaginación e imágenes no aptas para todo público acompañaban las escenas que se formaban en mi mente. Maldita Swan, para colmo pasaremos todo el día juntas en el colegio de Henry.

—Voy a subir por mis cosas—dijo Henry limpiándose la boca con una servilleta—, ya vuelvo—me miró guiñando su ojo y corrió escaleras arriba en un par de segundos, dejándonos a solas.

Emma, que ya había terminado de comer, imitó a Henry y limpió su boca con un trozo de papel, dejando una pequeña migaja en el borde de sus labios. Inevitablemente fijé mi vista en aquel detalle por más tiempo del debido y ella lo notó, la miré a los ojos de inmediato y le señalé la zona para que sacara la migaja, pero claro, Emma era torpe, la muy idiota no entendió el mensaje. Esto no puede estar pasándome, pensé rodeando la mesa de la cocina y parándome frente a ella, sin deshacer el contacto visual. ¡Aprovecha la oportunidad y ponla a prueba!, gritaba una parte de mi mente, esa que creía las palabras de Snow, Zelena y Henry sobre los sentimientos de Emma hacia mí.

Con extrema lentitud alcé mi mano y la posé sobre su mejilla, mordí mi labio inferior para apaciguar los nervios que me carcomían y retiré la migaja de la comisura de sus labios con la yema de mi pulgar, mirando fijamente la zona. El calor de su aliento y de sus labios logró que mi corazón latiera como loco y mis mejillas se sonrojaran de golpe. Emma, yendo en contra de lo que creí al principio, no tuvo una reacción tan diferente a la mía, pues sus pómulos se tiñeron de rojo y su respiración se tornó irregular, o al menos eso pude notar con mi mano aún sobre su rostro. Clavé mis ojos en los suyos con una intensidad inexplicable, dejé una delicada caricia en su labio inferior con mi dedo pulgar y retiré mi mano de a poco, alejándome de ella y dándole la espalda para irme del lugar. Su mano me detuvo, tomó la mía con firmeza y tiró de mí hasta que nuestros cuerpos quedaron totalmente pegados.

—Deja los platos en el lavavajillas, voy por mi bolso—susurré a unos poco centímetros de sus labios mirándolos y me separé con calma, dejándola un poco boquiabierta y plantada en su posición.

Salí de la cocina con un sugerente movimiento de caderas, ese que sabía que miraría como idiota y, en el mejor de los casos, le gustaría. Subí las escaleras pensando en su reacción y mi sonrisa crecía cada vez más. Quizás no todo está tan perdido como creí.