Capítulo Ocho
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Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, su propiedad es de Akira Toriyama
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Espero que les guste
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Completamente sonrojados, se miraron. No se atrevían a mirar hacia la puerta, pues sabían quién los esperaba de ese lado.
La persona en la puerta carraspeó, y ellos se encogieron. Trunks soltó su cintura y miró sobre su hombro a su asistente, la androide, tenía el ceño fruncido.
—Siempre has sido pésima ocultando tu ki, Marron —La voz fría de su madre, provocó un escalofrío en la joven—. Y más cuando las emociones te abruman.
Ambos jóvenes seguían en silencio.
—Nunca has faltado a la universidad, que interesante que sea hoy el día que faltaras.
Ambos tragaron en seco.
—Chiquillo, saldré a almorzar, te venía a preguntar si querías que ordenara el tuyo, pero veo que estás almorzando ya.
Se pusieron completamente rojos, y Marron se giró a su madre. Los gélidos ojos azules ella se clavaron en su hija, haciéndole temblar hasta el alma.
—Tía… —Comenzó Trunks, la androide, con el paso del tiempo, se había acostumbrado que Trunks, Goten, Bra y Pan la llamaran tía.
Pero esa vez no.
—Dieciocho para ti, chiquillo —La frialdad en su voz hizo temblar al Saiyajin.
—Dieciocho… Puedo explicarlo.
—¿Que vas a explicarme? ¿El cómo metías tu lengua en la garganta de mi hija?
—¡Mamá! —Marron se puso aún más roja y se bajó del escritorio. Se acercó su madre, estaba completamente roja y su madre se notaba furiosa— No debes alterarte… El bebé… —Un escalofrío recorrió por su espalda cuando su madre le dio una terrorífica sonrisa.
—No estoy alterada —Y salió sin decir más. Marron la miró salir, y se sobresaltó cuando la androide cerró la puerta de un portazo. Escuchó una risa, Trunks reía de forma nerviosa y ella lo acompañó.
Estaban rojos, habían estado tan absortos en su propio mundo que no se habían acordado de la gente afuera.
—Maldición —Dijo Trunks—. No sé si podré mirarla a la cara —Y Marron rió. Se acercó a Trunks y lo volvió a besar, sumergiéndose en el sabor de sus labios.
—Nos ahorramos la explicación —Y volvieron a reír como un par de niños.
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La orden para atacar la esperaban desde hacía unos días, el infiltrado insistía en que esperaran que todo estuviera seguro, que todas las chicas estuvieran dentro de aquel burdel.
Krilin se acomodó el chaleco antibalas por debajo del uniforme, y junto al equipo, se dirigieron al lugar indicado.
No sabía en qué momento podría desatarse el caos.
El burdel era grande, e incluso desde afuera podía escucharse la música a todo volumen como si el lugar fuera una simple discoteca de las oscuras calles de la capital del Este.
—Esperamos la señal —dijo el detective a su lado, pegado a la pared, era extraño que no hubiera guardias afuera.
Cuando la señal fue dada, Krilin se encargó de patear con todas sus fuerzas la puerta, logrando que ésta saliera de sus grilletes y volara hacia el otro lado.
—¡Policía de la capital del Oeste!
La música se detuvo abruptamente…
Y el infierno se desató.
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Marron había vuelto a su casa ya más liberada. Había seguido el camino que su corazón dictó y aunque su madre los había pillado, no le importaba. Nada podía importarle ahora.
Se sentía flotando entre las nubes, veía estrellas aunque fuera de día. Sus mejillas seguían rojas y aun sentía su ki descontrolado.
Se lanzó a la cama y tomó de inmediato su teléfono, marcando enseguida el número de Mizuki. No dejó siquiera que su amiga abriera la llamada, cuando ya le hubo gritado en la oreja.
—¡NOS BESAMOOOOOS! —se imaginó a su amiga apartando su oreja del teléfono ante el grito.
Pero no, recibió como respuesta otro grito. Ambas rieron después de gritarse.
—¡Cuenta todo, rubia! —exclamó Mizuki.
Y lo contó todo, con detalles, recorriendo la habitación casi bailando, saltando como una niña.
Estaba enamorada, estaba feliz, nada podía arruinar todo lo que estaba viviendo en ese momento… ni siquiera su madre, que Marron sabía que iba a estar algo molesta.
No le importó nada.
Al cabo de media hora, en que estuvo gritando junto a Mizuki en el teléfono, colgó y tomó su block y comenzó a dibujar. El arte fluía a medida que su corazón lo dictaba, nunca había sentido tan real un dibujo.
Había dibujado a Trunks, tal y como lo había visto esa misma tarde, con aquel brillo en los ojos, aquella mirada que Marron sentía que solo le brindaba a ella.
Completamente sonrojada, la adolescente abrazó su cuaderno de dibujos y se lanzó de espaldas en la cama soltando tontos suspiros.
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Tal vez, el haberlos tomado desprevenidos había hecho que la balanza se inclinara a su favor. Pero ellos siempre tenían armas escondidas, muchas veces eran más, y siempre estaban preparados.
Sí, tenían ventaja, pero eso no quitaba que también habría bajas.
El informante fue una de ellas, cuando quiso enfrentarse al jefe él solo, y no solamente el hombre fue en su contra, sino sus guardaespaldas.
Krilin sabía lo que tenía que hacer, aprovechar este caos y subir las escaleras para llegar donde las chicas.
Le dispararon y él evitó fácilmente la bala, para después disparar de inmediato. Trataba de no matarlos, sino herirlos pero que no se pudieran mover.
Logró llegar a la escalera en medio del caos, y subió corriendo a donde el informante había dicho que habían reunido a las chicas.
Sintió los ki reunidos de las jóvenes en una habitación, y antes de entrar, sonó el radio.
"Avisamos a las unidades que tenemos todo controlado. El cartel está bajo nuestro control, los sobrevivientes desarmados."
Krilin sonrió, estaba contento de poder haber salvado a un grupo de chicas.
Abrió la puerta de una patada, y las chicas, que no podían ser mayores que Marron, se encogieron en un rincón. Revisó un poco el perímetro, bajó el arma y le dio una sonrisa tranquilizante a las chicas.
—No se preocupen, están a salvo.
Fue muy tarde.
El grito de una de las chicas no lo alcanzó a alertar a tiempo, y lo único que escuchó fue el disparo a su espalda antes de sentir el horrible dolor en su cabeza y caer, sumiéndose en la oscuridad.
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Dieciocho prestó atención a su taza cuando ésta se quebró en su mano, debió haberle aplicado más fuerza de la que debía.
—Tanto café es malo para el bebé, señora Lázuli —dijo Layla al llegar al escritorio de la rubia con un ramo de flores y ofrecerle un pañuelo para que la androide se limpiara la mano.
—De todos modos se rompió, y todo el café se perdió —gruñó la mujer, lanzando los trozos rotos a la basura y limpiando el escritorio.
—¿No está herida? —la androide se negó. Miró con una ceja enarcada el ramo de flores— ¿No le parecen hermosas? Llegaron para usted.
—¿Otro regalo? Déjalo por allá —ya estaba harta de eso ¿es que nadie superaba lo de su embarazo?
—Este no tiene firma, de hecho apareció en mi escritorio pero la tarjeta dice que es para usted —con un gruñido, la androide tomó las flores.
—Hortensias —dijo. Tomó la tarjeta y la abrió. Tan solo había una sola frase, y no sabía porqué la puso tan nerviosa.
Tal vez era el bebé. Tal vez era la nota de sarcasmo que había en la nota… o tal vez lo que decía, pero la incomodaba.
—¿Lázuli? —la rubia arrojó el ramo a la basura y miró a la otra secretaria aparentando que nada pasaba.
—Sabes que ya estoy harta de los obsequios —le dijo y tomó su bolso, dándose cuenta que ya era hora de salir. Sin avisarle al chiquillo, sin dirigirle la palabra a la otra mujer, la androide entró enseguida al ascensor.
Su corazón latía a una gran velocidad, la incomodidad habitaba en su pecho.
La nota, arrugada en su mano, le quemaba.
No entendía porqué le había afectado tanto, se había sentido amenazada antes, pero esto… se sentía diferente, como si fuera a hacerse realidad.
"Espero que su cordura dure y sepa superar la tormenta que les caerá encima."
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Como cada noche, Marron colocaba las noticias a todo volumen esperando escuchar a su padre hablar anunciando que todo el operativo había sido un éxito.
Aquello tenía a Marron muy nerviosa, porque aunque estuviera entrenado, y fuera inmune a muchas cosas que podían afectar a los humanos… seguía siendo un mortal.
Marron estaba comiendo algo de ramen instantáneo, sentada en el sofá, pendiente a la televisión, cuando la puerta principal se abrió y su madre entró. Marron esperó que ella le dijera algo, pero la androide no le dijo nada.
La mujer se sentó en el sofá, esperando que apareciera algo… Pero nada.
Aquello les causaba angustia, y Marron sabía que su madre estaba muy sensible por el embarazo.
—Madre… Sobre lo de esta tarde… —la androide se cruzó de brazos y se recostó en el sofá.
—Olvidalo, Marron. Ya estás lo suficientemente grande para saber qué es lo que te conviene.
—¿Entonces está bien que Trunks y yo tengamos algo?
—Solamente espero que ese dinero que gastamos pagándote una universidad, no se haya ido en vano por estar escapandote con él —Marron se sonrojó y se acercó a su madre.
—Solo fue hoy —le brindó una sonrisa. Su madre no la miró, su vista estaba fija en la televisión, y Marron la notó bastante nerviosa—. ¿Algo nuevo hoy? —le preguntó.
—Nada nuevo… —su voz se cortó cuando apareció la noticia que ellas habían estado esperando. Suspiraron aliviadas al saber que el operativo había sido un éxito y habían salvado a las chicas, pero se pusieron nerviosas cuando no fue su padre el detective que habló.
—Tenemos muchos heridos y algunos muertos. Todos ellos hicieron una gran labor por lo que nosotros luchamos, por los inocentes.
—Él está bien —dijo Marron—. Está ayudando a sus compañeros… está bien.
Eso quería creerse.
Miró a su madre, la cual parecía estar buscando a su marido en la imagen del televisor… pero obviamente no aparecía.
—Está bien, mamá… —el teléfono de Dieciocho sonó y ésta lo tomó, luego suspiró.
—Es él —dijo la androide contemplando el nombre de Krilin en la pantalla de su teléfono. Abrió la llamada antes de que se fuera a buzón—. Maldición, Krilin… —Marron notó como aquel alivio se iba del rostro de su madre… el teléfono de ella casi se cae de sus manos.
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Se decía que cuando ya habías visto a la muerte a los ojos, dejas de tenerle miedo.
Sí, pero anteriormente sus muertes fueron rápidas, ocasionados por un monstruo o un alienígena, algo fuera de este mundo. Y había podido revivir.
Esta vez no.
Esta vez estaba sufriendo. Sentía como los sonidos a su alrededor iban disminuyendo, su cabeza ardiendo de dolor.
Esta vez moría de forma natural, sí, la había ocasionado algo exterior, pero su cuerpo guerrero ya avanzado en edad no había podido resistirlo.
Sentía como su corazón disminuía sus latidos… como todo comenzaba a perder sentido en el exterior.
La imagen de Dieciocho y de Marron pasó por su cabeza… no quería que ellas sufrieran, no quería hacerlas sufrir.
Su corazón siguió perdiendo fuerzas, perdiendo la batalla.
—¡Preparen! ¡Aparten!
Chus
Una corriente eléctrica le dio un poco de fuerzas. Pero no sabía cuánto más resistiría.
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"Le dispararon, está grave en el hospital."
Aquellas palabras seguían sonando cada vez más en sus oídos mientras acababa con sus uñas. Dieciocho nunca había sentido tanto temor como esa noche, sentada en aquella silla de hospital, monitoreando el ki de Krilin que se debilitaba a cada momento.
Sentía que lo iba perdiendo.
Apretó la manta alrededor de sus hombros que le había mandado Milk con Goku cuando éste atendió a su llamado. Las semillas del ermitaño jugaban en sus manos, no podían dárselas mientras él estuviera inconsciente, debían esperar que al menos pudiera reaccionar un poco.
—Debes calmarte un poco, mamá —le dijo Marron tomándola de la mano. Dieciocho la miró, el rostro de su hija lleno de preocupación—. Recuerda, el bebé.
Dieciocho suspiró. Ellas estaban solas, pues tanto su hermano como los amigos de Krilin, habían estado presentes, pero los doctores les habían expresado que solamente podía quedarse la familia del paciente… así que todos, despidiéndose y dándoles apoyo a las mujeres, se fueron.
El ki volvió a bajar, y su corazón a acelerarse.
En su cabeza, aún palpitaba la nota que esa mañana, como un presagio, como una advertencia de que nunca podrían tener paz.
De que tarde o temprano, una fuerza traería caos, destrucción…
Y muerte.
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Presente
Expulsó el humo de su boca y apagó la colilla de cigarrillo lanzándola al suelo, y pisándolo con la bota. Sus ojos, tan azules, volvieron a fijarse en el cuerpo desnudo sobre la camilla metálica, el deseo acumulándose en todo su cuerpo.
Algo que ella, con su mecanismo, no debía sentir.
Y es que ella había sido la que la malogró. Esa humana, tan débil a comparación con ella, había puesto todos sus circuitos de cabeza.
La había seducido.
O al menos, es lo que podía interpretar.
Se revolvió su cabello, rubio con gruesos mechones negros, y se restregó la cara, tratando de sacar de su mente los pensamientos de traición que la abarcaban.
Apretó los dientes, quería matar a la humana… pero al mismo tiempo quería tocarla y besarla.
—Malaquite —aquella voz gruesa la hizo salir de sus pensamientos. Su creador la llamaba y ella debía atender.
—¡¿Qué?!
—Te has portado bien, querida —dijo el hombre—. La distracción que hiciste para que no nos encontraran los alejó —Malaquite le dió una sonrisa torcida.
—Me creaste para el desastre, es mi experiencia.
—Toma alguna chica, te lo ganaste.
Una sonrisa malévola apareció en los labios de la androide. Se acercó a las jaulas y buscó escoger como si estuviera en una pastelería. Las chicas se encogieron, sabiendo lo brusca que era la androide, y que sus juegos no eran aptos para simples y débiles humanas.
No todas sobrevivían.
No todas salían ilesas.
Solo aquella, la que estaba en la camilla había sido capaz y había tenido la fortaleza para enfrentarla.
Y su destino había sido igual que otras.
—Tú, espero que me sirvas —Malaquite abrió la jaula, y se adentró. El grito de una chica de unos veinte años resonó por todo el lugar.
Pronto, su cabello blanco estará manchado de sangre.
Y el olor a muerte seguiría inundando el lugar.
Nota: Sí, rayos. Tal vez muy pocas para todo el tiempo que me demoré. Y es que este cap me dió algo duro, solo eso… y cabe decir que tengo muchos fics en proceso y que me enfrasqué en ellos… también, sufrí algo de desánimo, es todo.
Nada es excusa, pero espero que sepan, y si aún hay alguien esperando este fic XD, que lo seguiré. Que las ideas afloran en mi cabeza, y están escritas en algún lado.
Que no es bonito el fic XD, aunque tenga cosas bonitas.
Marron es una adolescente, y trato de ponerla un poco normal, debido a toda la rareza que siempre ha llevado.
Sobre Malaquite! Ella es una OC que cree para un fic aparte, llamado Malaquite XD. En ese fic, es hija de Mirai 17 y Mirai 18… en este no, tiene una participación diferente… que se verá en el futuro.
Espero que este corto capítulo les haya gustado tanto como a mí :3
Besos!
