Severus no volvió a hablar del tema y hasta parecía que ni recordaba que ella había atravesado el espejo. Estaba harta de sentir que su vida se había convertido en una mentira. Que estaba viviendo en un mundo falso. Ladeó la cabeza y observó a Winky, estaba cerrando la puerta del sótano privado de Snape. Hermione caminó hacia ella para verificar lo que hacía. Winky pasó a su lado y ella tuvo mucha curiosidad.
- ¿Por qué estás cerrándolo, Winky?- le preguntó y Winky le miró sin parpadear.
- El señor Snape dice que tiene un estudio nuevo. En otra habitación. Él señor Snape le pidió a Winky que cerrara la puerta.
Ella entendió el mensaje. Hermione Granger ya no iba a bajar. Caminó hacia la cocina, donde Snape se fumaba otro cigarro y miraba la etiqueta de un frasco. Titubeando ella decidió preguntarle cómo estaba el día. Se detuvo a su lado y le contempló con mucho detalle, ¿Severus Snape comiendo algo muggle?
- Hola, Hermione- le dijo de la forma más natural del mundo- ¿Cómo has dormido?
- Pues... creo que bien señor Snape.
- Severus... ¿por qué siempre olvidas que somos pareja?- le preguntó, apagando su cigarrillo en la copa de vino que bebía.- Le pedí a Winky que hiciera unas compras y te ha traído obsequios que creo que apreciarás.
- ¿Obsequios? ¿Qué clase de obsequios?- preguntó ella con preocupación. Severus ladeó la cabeza y con un chasquido de sus dedos, Winky entró en la cocina con una enorme canasta que estaba repleta de cosas.
Winky caminó con mucha lentitud, estaba encorbada ya que la cesta se veía bastante pesada. Severus se apartó para que la cesta estuviera a su lado, en el suelo. Curiosamente antes de que la soltara, a Winky se le iba a caer un paquete. No importaba que se cayera... lo más curioso era que Snape en vez de sostenerlo, había apartado las manos como si se tratara de algo muy caliente. El paquete hizo el único ruido en aquella casa.
- Esto lo he comprado especialmente para ti. Espero te guste- dijo el hombre tomando el paquete y abriéndolo con mucha parsimonia. Dentro había un hermoso collar de algo que parecían diamantes. Hermione suspiró ante el regalo.
Severus la rodeó y se colocó detrás de ella. Con una sonrisa apartó el rizado cabello que estaba en su cuello y colocó el collar. Luego de eso mantuvo sus manos en el mismo y Hermione sintió que iba a ahorcarla.
- Te luce, es sin duda un collar muy hermoso- le dijo con una voz pausada y suave. Hermione no hizo otra cosa que asentir. Snape en cambio miró otro paquete y lo tomó de aquella canastilla- También compré un vestido para ti que hace juego. Aunque tuve que pedir que lo ajustaran.
- ¿Por qué pidió eso?
- Porque pronto sucederá lo más importante en nuestras vidas- comunicó y fue entonces que Hermione supo que ese no era el profesor Snape. Él nunca diría algo como eso.
- ¿Según tú... qué es eso?
- Tu embarazo, Hermione.
¿¡De qué demonios estaba hablando!? Trató de no pensar en lo que acababa de decir. ¿¡Cómo que embarazada!? ¡Ella nunca...! ¡Ellos nunca...! ¿Cómo que embarazada? ¡Eso era el colmo! Pensar en Snape y ella haciendo el amor... ¡eso era imposible!
- ¿Cómo que embarazo? Si yo no estoy...
- Claro que lo estás... tienes dos meses de embarazo. La prueba está allí en el clóset, la guardas con mucha felicidad. Querías tener un hijo.
- ¡Yo no estoy embarazada y no sé de qué me hablas!- le dijo ella con un gemido de sorpresa. Su voz apenas salía de su garganta. ¡Estaba embarazada! No podía ser cierto.
- Sí lo estás. ¿Cómo es posible que lo olvides? Puedes olvidarme o a tu hogar... pero no puedes olvidar a tu hijo o hija.
Hermione estaba desesperada. Ella no amaba a su profesor de pociones y en ninguna de las realidades alternativas que pudieran existir, ella se acostaría con él. Tampoco era que recordara que lo habían hecho. Entendió que la situación estaba saliéndose de control y todo estaba tras ese espejo.
Snape estaba usándola para algún propósito que ella desconocía.
- Si tienes al bebé- le comentó con suavidad- prometo dejar de fumar. No quiero llenar la casa de humo, con un niño presente.
Le observó caminar hacia el salón. Mientras pensaba, recordó que él había cerrado la puerta hacia el sótano. Le preguntaría el motivo.
- ¿Por qué has cerrado tu estudio?
- Por que no quier, que el bebé se caiga por las escaleras.
- Pero faltan muchos meses para eso. ¿Por qué cerrarlo ahora?
- No importa, ya he mudado las cosas.
Mientras leía su periódico de siempre, Hermione tuvo un palpito. Quizá le decía sobre el embarazo, para justificar que no bajara las escaleras. Estando allí, Severus alzó la cabeza y con una ceja en alto negó lentamente.
- ¿No me crees que estás embarazada? Te lo mostraré entonces.
Se levantó y caminó hacia la habitación principal. Abrió uno de los cajones y con mucho cuidado sustrajo una prueba de embarazo muggle. Se la llevó a Hermione y la depositó en sus manos, cerrándolas luego. Ella no quería abrirlas. No quería enterarse de que era cierto. De que había hecho el amor con su profesor.
- Mira...
Abrió las manos y se encontró con dos líneas rosadas. Estaba embarazada. Severus sonrió suavemente y regresó a su puesto. Ella permaneció helada y sin saber qué decir.
Supuso que le quedaba, saber los detalles de su relación sexual y en qué condiciones se originó. La prueba de embarazo se sentía real y lo lucía. Sin embargo ella seguía sintiendo que había algo detrás de todo eso y se trataba de un engaño cruel.
Severus Snape debía tener un motivo y lo descubriría en el noveno mes. Así tuviera que permanecer encerrada en ese lugar hasta que eso sucediera. Severus alzó la cabeza y con una sonrisa suave, la contempló y la invitó a sentarse. Invitación que ella no aceptó. Tenía muchas cosas que resolver y una de ellas era como pedir auxilio.
