Perdón por la tardanza, pero no me decidía si hacía o no un final alternativo...(no es que este sea el cap final, quedan por lo menos seis más) pero de eso dependía o no si cerraba este fic como "completo" y abría otro con cada desarrollo por separado; al final, todo terminó en que seguiría una sola línea jajaja, la original por supuesto, y no hay final aternativo. Eso, son mis disculpas.


Capítulo seis: Un frío despertar.

Abrí los ojos, bastante más descansada que cuando los había cerrado, aunque aún agotada, sin entender bien el por qué.

― Despertaste de nuevo, buenos días bella duermiente ―rió Gisselle con voz dulce.

La vi ordenando como por milésima vez sus vestidos, que era lo único que usaba, y solía ser extremadamente maniática en referencia a su lavado, planchado y orden.

― Buenos... ―comencé a responder, algo atontada todavía, pero algo interrumpió mis cordiales saludos.

Abrí mis ojos tanto, que no comprendo cómo es que no se salieron de mis cuencas. No me moví, no quise hacerlo un sólo centímetro, porque recién estaba identificando de que estaba sentada sobre algo o, más bien, que tenía "algo" adentro de mí.

Flashes, inyecciones, golpes de imágenes rápidas, embestidas, sensaciones, pastillas, gritos, dolor, orgasmos, luces, mareos, gemidos, rasguños, besos, pellizcos, y recuerdos que parecían competir por llegar a mi cerebro antes que las demás, me hicieron recordar todo lo que había pasado desde que había ido a pedirle ayuda a Rubí para conseguir financiamiento o algún tipo de trueque, hasta saber sin tener la necesidad de mirar para atrás, que estaba encima de Cole.

Él seguía durmiendo, sentado en el suelo y con la espalda apegada en la pared, mientras que yo tenía la mía apoyada en su pecho; ambas cabezas recargadas sobre la otra. Mis dedos estaban enredados entre los suyos y nuestras manos reposaban sobre mi regazo. Continuábamos desnudos, arrinconados entre la puerta y uno de los camarotes.

Me pregunté si es que Cole no sentía las piernas dormidas o algo por el estilo al tenerme encima y con un no pequeño detalle en mi interior, y aunque no tuve respuestas sobre eso, si podía ver que mi compañero debía estar teniendo de aquellos sueños que no cuentas al día siguiente, porque parecía bastante firme...no tanto como durante sus embestidas, ni siquiera lo necesario para empezar de nuevo, pero lo suficiente como para que yo lo notara firme y acorazado.

Gisselle, Helena y Rubí se rieron divertidas al ver mi cara de impresión y total incredulidad ante los hechos, además de hacer que me avergonzara como nunca al notar que seguía desnuda delante de ellas y con Cole adentro, también delante de ellas...pero supongo que después de haber visto el show que dimos anoche y de haber perdido la cuenta en nuestra cuarta vez, ya no quedaba nada que pudiera esconderles.

― Son peores que animales ―me dijo Rubí y parecía una felicitación, pero para mí seguía siendo extraño y bochornoso.

Las chicas se reían haciendo que mi dolor de cabeza se hiciera más fuerte. Gisselle parecía emitir suaves risitas traviesas, que de ser oídas durante una noche oscura en un laberinto, podrían haberme matado del susto. Helena se acercó a Rubí, fingiendo ser Cole detrás mío y ambas empezaron a imitarnos de manera obsena, haciendome sonrojar aún más.

― Más Cole, así, así ―gimió Rubí, poniendo cara de excitación y saltando en su cama.

― Ah, ah, ah...―respondía Helena con voz ronca y respiración entre cortada, tratando de imitarlo y con los ojos cerrados, moviéndose al ritmo de Rubí.

Yo estaba muerta de la vergüenza, buscando dónde esconderme para no salir nunca más de ahí, viéndolas simular ser nosotros con tanto ahínco, que no me quedaron dudas de que nuestra noche de sexo realmente había sido potente. Las chicas estaban haciendo sonidos guturales demasiado reales como para que no me incomodaran, y tenía que reconocer que eran buenas imitadoras; al menos Helena sonaba muy parecido a Cole, y ahora veía a Rubí lamer el puño de Helena mientras ella ponía los ojos en blanco, ¿Acaso yo había hecho...?

Sentí que la respiración de él se empezó a acelerar, dejando de ser un suave y calmado aliento en mi cuello, la fiestita de las demás lo estaban despertando. Se removió abajo mío, como tratando de identificar en dónde estaba metido y al hacerlo, separó bruscamente sus manos de las mías y las apoyó en el suelo, a un costado de nuestras piernas. Se puso de pie, sin considerar que yo estaba encima y necesitaba pararme antes que él para no caerme, tan rápido que no sé cómo alcancé a poner mis manos en el piso para no irme de cara contra el suelo, quedando casi en posición de perrito.

Pegué un salto para ponerme de pie e intentar cubrirme un poco el cuerpo con mis manos, pensando en que la posición en la que había quedado no era la más idónea para proteger mi muy húmeda y dolorida intimidad de la mirada de los demás. Preferí darle la cara antes que la espalda, y me detuve junto a mi cama, sin poder evitar dirigir mi no dismulada mirada hacia su miembro. Pensé en que, si eso que estaba frente a mí había sido lo que había estado entrando y saliendo de entre mis piernas incesantemente durante horas, consideraba bastante lógico sentirme tan adoloridamente acalambrada, cansada y con mis extremidades tambaleando en mi intento de mantenerme de pie.

Él seguía en su mundo, haciendo sus cosas y no reparaba en mis ojos recorriendo la que había sido una gran erección, o quizás si lo hizo, pero no le dio importancia. Tomó sus pantalones, se los puso rápido, cortando mi objeto de estudio y mis intentos de recordar si es que realmente había estado en mi boca, y usó su camisa para envolver sus zapatos, su ropa interior, su cinturón y parte de su mercancía antes de irse pegando un portazo con frialdad.

No le dijo adiós a nadie.

No me miró en ningún instante.

Su indiferencia me destruyó por completo. Se había ido. Me había usado toda la puta noche y luego se había ido, como si no fuera más que un cuerpo sin alma que le había regalado el placer que nadie más había hecho durante un buen tiempo. Solamente había visto a Freebe, como todos los demás.

Caí al suelo con los puños apretados y emitiendo un sollozo que intenté ahogar sin demasiado éxito. Me sentía asquerosa al recordar a Charlotte chupando mis pechos, intentando meterme sus dedos y luego metiendo los míos a hacer círculos dentro de ella. Me daba sentía asquerosa al pensar en cómo habíamos terminado Cole y yo teniendo sexo, en la forma en que me había entregado a él, cuando dese el principio no hizo más que ir rápido y furioso, sin pensar en más que poseerme hasta lo más profundo posible, sin reparar en si iba a dolerme o no, o si yo estaba disfrutando el contacto. Me daba naúseas el hecho de no tener duda alguna de que no solamente había tenido su pene en mi vagina, sino entre mis pechos y por primera vez en mi historial, en mi boca: realmente habíamos sido salvajes.

Aunque no podía negar que también me había permitido a mí usarlo para mis propios fines, y que era el responsable de mis primeros orgamos simples y múltiples...porque su boca y su lengua sabían exactamente en dónde y cómo jugar, y sus dedos dónde meterse y de qué manera moverse: me había tocado como nadie jamás había hecho en mi vida, y como estaba segura, nadie volvería a hacer.

Pensé en cuántas veces habíamos terminado; ya fuera juntos, como por separado y comprendía cada vez más por qué tanto agotamiento, además del poder de los estimulantes que nos habían dado nuestras amigas. Pero si algo llegó de golpe, como balde de agua fría a mi cuerpo en llamas, fue el hecho de reparar en que ninguno de los dos nos habíamos tomado el tiempo para usar protección: ni una sola vez, y eso, sinceramente, me aterraba. Nunca en mi vida lo había hecho sin condón, y si, se sentía mejor, pero ese no era el punto.

― ¿Por qué lloras? ―me preguntó Gisselle con una sonrisa triste, acercándose a mí y abrazándome en el suelo como si fuera una niña pequeña.

― Acabas de descubrir y comprobar que no es gay ―me dijo Rubí como si fuera un pecado serlo, y me parecía tan extraño que hablase así cuando ella misma lo era...

― Considérate privilegiada, él jamás ha tenido nada con alguien que no esté a doce horas de irse de aquí, y estuvieron toda la noche juntos ―me animó Helena, secándose la mano de la saliva de Rubí.

Yo no sabía si sentirme halagada o más mierda y puta de lo que me sentía ahora, le había insistido tanto por un poquito de droga que apenas pudo y sin preguntar, fue y usó mi cuerpo hasta que se cansó, y luego se fue...y yo, la muy estúpida, dejándolo hacerlo...volvía a sentirme vulnerablemente idiota y violada por segunda vez en menos de cuarenta y ocho horas...aunque no podría negar que el placer y la dicha que compartimos la noche anterior, había sido única en mi corta vida.

― ¿Qué te preocupa tanto? ―me preguntó Gisselle, acariciando mi cabello y cubriendo mi desnudo cuerpo con su chalequito rosa pastel, desarmando la perfecta combinación entre él y su vestido.

Yo me mordí los labios, y traté de estirar la tela sobre mi trasero y caderas, intentando cubrirme un poco.

― Si se moja, se lava, el semen sale con agua―me dijo Gisselle con dulzura, refiriéndose a su chaleco y mi intento de taparme con él y yo volví a sentirme invadida por la vergüenza y más y más histérica.

― No...no vieron si... ―intenté preguntar, evadiendo el comentario anterior de Gisselle y concentrándome en lo importante, pero fui interumpida.

― ¿No ver?, Lo vimos todo, ¡Y en primera fila! ―celebró Helena, quien por alguna razón parecía muy feliz de verme con su amigo de tantos años.

Rubí le dedicó una mirada de desaprovación por insensible, y Gisselle me instó a seguir hablando con su comprensiva y suave mirada.

― Protección ―dije al fin, en un titubeo―...en algún, en algún momento, ¿Usamos? ― pregunté mordiéndome los labios increíblemente fuerte, pensando en que todo era parte de un mal sueño y que funcionaría como un pellizco, a ver si me despertaba.

― No.

― Nope.

― No.

Respondieron las tres, no al mismo tiempo, pero seguidamente.

Eché mi cabeza para atrás, totalmente frustrada y enfurecida conmigo misma: no sabía nada de la vida sexual de Cole, ni tampoco de su salud...¿Y si tenía alguna enfermedad?...no por nada usaba siempre una jeringa propia, y no por nada Helena me había dado la mía personal...decía que era para prevenir traspasarse cualquier cosa...¿Qué pasaba si esa cualquier cosa era alguna enfermedad de la cual jamás en la vida podría escapar?...¿Y si tenía sida, o algo peor?...si es que existía algo peor, claro.

― Bueno, si estás embarazada seremos felices con un sobrinito ―me animó Gisselle, aún abrazándome por la espalda, separándome las piernas para meter su mano entre ellas con el fin de llegar hasta mi vientre, tocándolo con una sonrisa emocionada, como creyendo que de verdad yo tenía a un pequeño ser creciendo ahí.

Abrí los ojos a su máxima expansión y golpeé el piso con un puñetazo que me dolió más a mí que a él. Comencé a llorar, o más bien seguí haciéndolo, pero ahora audiblemente...no había pensando en eso antes, ¿Qué pasaría si había quedado embarazada de Cole?, ¿Qué iba a hacer con un par de padres así como nosotros?, Ambos enfermos, ambos locos...él no sentía nada por mí, y yo...yo estaba completamente sola, ¡Tenía diesiciete años por el amor de Dios! Y mi vida ya era un total fracaso, ¿Qué iba a hacer con un bebé?, ¿Qué iba a hacer con una vida dependiendo de mí?

― Aquí adentro no te permiten abortar ―continuó Gisselle aún acariciando mi vientre, como si eso me diera más tranquilidad.

― No te martirices más ―me sugirió Helena, limándose las uñas sobre su cama― Espera un tiempo, ya sabremos si estás esperando o no, aunque creo que sería demasiada mala suerte...de todas formas, si es que definitivamente estás embarazada, son tus padres los que deciden si te quedas o te vas, así que, bueno, tranquilízate.

Parecía que entre más hablaban, más angustia y ganas de llorar me daban, y entre más repasaba sus palabras, más miedo, terror y pánico sentía...Mis padres. Mis padres eran los que decidían, ¿Pero qué padres? ¡Yo no tenía padres!, la única persona bajo mi cargo era mi abuela y yo...yo no podía darle más decepciones. No podría soportar aparecer en la oficina de la directora, y verla por primera vez después de semanas, solamente para decirle que estaba embarazada de un tipo diez años más grande que yo, casado, con una hija, que no tenía idea quién era, y llevaba siendo drogadicto por más de seis años. No podía decirle eso. No podía seguir...¿Por qué no lo pensé antes?, ¡¿Cón qué cara iba a mirar a mis hermanas después de esto?, ¿Con qué cara iba a mirar a mi propio hijo cuando tuviera la edad de entender cómo, dónde y bajo qué circunstancias lo habíamos concevido? No bastaría mucho para que se diera cuenta de que el concepto de su existencia estaba completamente mal: era un error, era algo que jamás debió haber pasado, e incluso, era ilegal.

Sentía tantas sensaciones mezcladas junto a la decepción producto de la actitud de Cole, que me quedé dormida entre lágrimas, temblores e hipidos nerviosos, aún con mil preguntas rondando mi cabeza.

Más tarde me desperté, sintiendo el remezón de Helena, quien parecía venir con algo que decirme.

― Me encontré con Cole en la cancha ―me dijo tomándome la mano para levantarme del suelo, en donde yo seguía desde la noche anterior, sin nada más que con el chaleco rosado pastel de Gisselle cubriendo mis caderas.

― ¿Te dijo algo de mí? ―pregunté aún adormilada, cansada por el descargo emocional y restregándome los ojos.

Reparé en que estaba cubierta de sudor seco, y que mi entre pierna seguía resbalosa con mis propios líquidos, además de estar llena de semen: la necesidad de bañarme era imperiosa. Me dirigí hasta mi casillero buscando una toalla y algo que usar, aunque ya parecía estar acostumbrándome a estar desnuda por el cuarto.

― Dijo que guardara estos ―me sonrió, mostrándome una caja de preservativos, la cual puso en mi casillero― Comentó que si ibas a seguir así de accesible, ibas a necesitarlos cerca.

― ¿Te dijo qué? ―grité sin poder creer lo que estaba escuchando, y me tiré el cabello del dolor, la vergüenza y por estúpida.

¿Cómo no se me había ocurrido antes?, Ahora pensaba que era cosa de llegar y llevar, venir, entrar y salir, como si fuera su puta personal...como si fuéramos Todd y Freebe...ahora me daba cuenta que el mundo real tiene mucho de la escuela, y que en todas partes la gente te trata de la misma manera; la gente te habla y se relaciona contigo correspondiendo a la visión que tienen de ti, y de mí...todos tenían la visión común: Puta y necesitada.

― Calma ―me previno Helena, antes de que me sacara el pelo de la raíz― Sé que suena duro, pero es su forma de ser...digo, tiene el síntoma de la apatía provocado por la adicción, le cuesta expresarse muy bien ―me explicó, y de un fugaz instante a otro, me sentí mejor.

― Él...¿Tiene...algún tipo de enfermedad...con...contagiosa? ―me atreví a preguntar después de varios segundos de titubeos.

― ¿Eso era lo que te preocupaba? ―me respondió con una sonrisa triste.

Yo asentí como cuando era niña y la abuela me prometía que el Woogyman jamás iba a atacarme en la noche, cuando prendía mi pequeña linterna y derepente, el mundo se solucionaba con ese pequeño y liviano flash...daría todo por volver a esa época.

― No ―aseguró, buscando también su ropa para ir a bañarse; mientras yo había estado ahí durmiendo en el piso, ellas habían ido a la práctica de básquetbol esa mañana― No sé, la verdad ―se corrigió.

La sonrisa que se había formado en mi rostro sin haberlo notado, se había disuelto tan rápido que incluso me había dolido.

― ¿No eres su amiga? ―le pregunté, teniendo que contenerme antes de gritarle algo de lo que me fuera a arrepentir después, o que no fuera del todo cierto: como decirle que era su culpa que yo no pudiera pasar más de un par de horas sin algo que aspirar, inyectar o tragar...cosa que todos sabíamos, sobretodo yo, no era cierta.

― Sí ―afirmó, seleccionando qué iba a usar para más tarde― Pero él no le cuenta nada a nadie, su vida es su secreto privado...lo conozco desde hace casi...

― Seis años ―adelanté, recordándole la cantidad de tiempo para que se apresurara en su discurso.

― Eso ―sonrió― Y lo único que sé de él, es que pasa casi todo el día en el estado de letargo después de drogarse...que la euforia la pasa encerrado en su habitación, o en su defecto, en la nuestra...pero sin hacer nada de lo que vaya a arrepentirse después...

― ¿Nada? ―pregunté con otro deje de esperanza estúpido, pensando en nuestra historia de anoche.

― Nada ―reafirmó alzando sus cejas repetidamente, haciéndome reír despacio― El asunto es que, Cole es una persona extremadamente responsable con los demás, y también consigo mismo...jamás deja que las cosas que pueden trasmitir alguna enfermedad entre él y los demás se mezclen; de hecho, fue él quien me enseñó a usar mi jeringa propia, y hasta donde sé, siempre ha utilizado estos plastiquitos cuando se acuesta con alguien...

― ¿Tú y él...?

― Nope ―me respondió― Nuestra relación es más, puramente de negocios y de confidencias nocturnas...aunque lo único que sé de él, es que alguna vez tuvo una esposa y una hija, y que su gran dolor ha sido perderlas...y eso, lo descubrí casi después de haberlo conocido por dos años.

Helena tomó sus cosas y se llevó algunas otras para Rubí y Gisselle, saliendo de la habitación y dejándome sola, pensando en que lo único que manejaba mi compañera de él, era lo mismo que sabía yo...claro que a mí, me lo había contado apenas unas horas después de conocernos...me pregunto por qué.

Habían pasado tres semanas desde nuestro encuentro, y yo no había visto ni siquiera la nariz de Cole asomarse por nuestro cuarto; hace días que no aparecía, y por lo tanto, Helena pasaba mucho tiempo afuera para poder juntarse con él. Por otra parte, había pasado más tiempo con Gisselle y Rubí: la primera me ayudaba a realizar algunos trabajos que tomaba en la "zona de descarga" y la última, me contaba un poco de la vida de toda la gente de aquí...poco a poco me iba adaptando más a la vida en ese lugar, a las reglas, a las condiciones...a los secretos.

― ¿Qué tal la vida? ―me reguntó Gisselle, tocando la puerta del pequeño baño de nuestra habitación, que no contaba con más que un retrete y un lavamanos, repetidas veces al ver que yo no salía de ahí.

― ¿Todo bien? ―agregó Rubí, sonando preocupada.

Yo me abroché el botón de mi pantalón mientras tiraba la cadena y avancé hasta el lavamanos. Aproveché que tenía las manos húmedas para acomodarme el cabello y me sobé la panza, sonriéndole al espejo. Abrí la puerta, encontrándome con ambas expectantes, muy atentas a la posición de mi mano sobre mi vientre, también a mi cara de derrota.

― No me digas que... ―murmuró Rubí con cara de sorpresa apenas me vio salir, mientras que Gisselle pestañeaba animadamente esperando a que dijera algo.

― Necesito...necesito que sepan... ―comencé a decir, fingiendo decepción, preocupación y deseos de morir; aunque así era como me sentía así todos los días, pero en ese momento estaba increíblemente feliz, más que nunca en mucho, mucho tiempo.

― ¿Qué cosa? ―preguntó Rubí, siguiéndome hasta mi cama, viendo que yo seguía presionando una de mis manos contra mi vientre.

― ¿Vamos a ser tías? ―continuó Gisselle, mirándome con sus ojitos brillantes y expresión tierna.

Tomé mi diario de vida, anoté un par de cosas, entre ellas la fecha de hoy, y luego me volteé a verlas. Ambas me miraban sin decir nada, por miedo a interrumpir cualquier declaración que saliera de mi boca. Suspiré con cansancio, me pasé la mano por la frente y me mordí la lengua con emoción antes de mover mi cabeza de lado a lado y negar con mucha, mucha fuerza.

― ¡Creo que la semana de retraso no fue nada más que neura y estrés! ―grité aplaudiendo, incluso, riéndome de la dicha― ¡No hay sobrino!, ¡No hay bebé!

― ¿Segura que no hay? ―me preguntó Gisselle, todavía con esperanzas.

― ¡Segurísima! ―sonreí, sin caber en mi alegría y emoción― es primera vez en mi vida que estoy tan feliz por tener que usar un tampón ―agregué, saltando en mi lugar como si estuviera en la mitad de la euforia, tan contenta y tranquila como nunca.

Sentí la puerta abrirse, y vi que los recién llegados pasaron de largo hasta la habitación. Helena observó mi cara de felicidad, que se disolvió al ver a Cole entrar, pero alcanzó a interpretar correctamente al instante.

― ¿No hay? ―me preguntó ella complacida y yo me congelé al verlo a él mirarme con cara de extrañeza.

―No ―respondí cortante, casi imperceptiblemente.

Él siempre me cohibía y de una forma u otra, me hacía sentir pequeñita, casi diminuta frente a su gran porte. Dejé de saltar, me quedé quieta, buscando nerviosamente tarjetitas para decorar entre las cosas de mi armario; en algo tenía que gastar la ansiedad de tenerlo cerca otra vez, y de que todos los recuerdos de la noche que compartimos juntos volvieran para avergonzarme y sentirme atrapada...

Más de una vez, había soñado con él tenerlo sobre mí, entregándomelo todo y acariciándome con sus manos rasposas y duras, calientes y firmes...tenía la inocente y dulce ilusión de que algún día, él y yo pudiéramos ser algo de verdad: de que algún día, me tomara de al cintura con mucho cuidado y me besara tan suavemente como si tuviera miedo de que me rompiera. De que me tratara como una muñequita de porcelana, que recorriera mis curvas con devoción y respeto; que mordiera el lóbulo de mi oreja con delicadeza, susurrando mi nombre en mi oído para hacerme temblar antes de esconder su cara entre mis senos, llenándome de besos hasta detenerse en mi entrada. Ahí separaría mis piernas con suavidad e introducería un par de dedos para asegurarse de que estuviera lista y su intromisión no ardiera. Al momento de penetrarme lo haría mirándome a los ojos, susurrándome que me ama y se detendría unos segundos para que pudiera acostumbrarme a su miembro separando mis paredes.

Yo no estaría nerviosa, ni tendría miedo, porque él esperaría a que con mis ojos le diera la instrucción de que podía seguir, y me besaría en un camino desde mi vientre hasta mi frente, empezando a embestir despacio...con temor a herirme, con temor a que me doliera. Me sentiría amada, respetada...haciendo el amor por primera vez; saldría de la horrible rutina de abrir mis piernas para que los demás gastaran sus ganas de sexo en mí, dejándome sola, sucia y vacía luego de hacerlo. Y luego de un rato sintiéndolo compartir su alma con la mía, llegaría el momento en que ambos terminaríamos juntos. Gritaríamos nuestros nombres: él enterraría su cara contra mi vientre hirviendo y yo podría sentirlo explotar en mi interior, sin preocuparme porque su ola de placer me llenara hasta el fondo, porque nos amaríamos tanto, que el resultado de nuestro amor podría crecer sin tapujos en mi frágil cuerpo sin que nadie dijera nada. Llegaría a hacernos felices, a correr por el parque sonriendo con mi sonrisa y mirándolo todo con los ojos de Cole; sería la prueba de lo maravilloso que habría entre él y yo.

Y mientras durara nuestro clímax, él gimiría "Te amo, Phoebe" y yo respondería "Te amo, Cole", sin cortar jamás nuestra conexión visual. Después, saldría de mí con mucho cuidado de ensuciar las sábanas de seda bajo nuestros cuerpos y me juntaría las piernas antes de recostarse junto a mí, para abrazarme por la espalda. Enrollaría sus brazos sobre mi cintura, y yo cerraría los ojos al esconder rostro sobre su sudoroso y desnudo torso, mientras él, con una mano, acariciaria amorosamente mi cuerpo tocando desde mi vagina hasta mi pecho, besándome la frente de vez en cuando y solamente oyéndome respirar, con mis dos manos aferradas a su brazo al rededor de mi cintura.

― No ―repitió Rubí, haciendo que dejara de soñar despierta y agitara un poco la cabeza al volver a la fría realidad.

Pude ver cierta tristeza mezclada con decepción en Gisselle, pero bastante tranquilidad en Helena, y también en Cole...supongo que entendía de qué estaba hablando.

Los últimos dos recogieron algunas cosas y salieron de mi habitación, y pude percatarme de que, cuando sentí que los ojos azules del interno Turner se dirigían hacia mí por primera vez en veintiún días, éstos jamás se cruzaron con mis ojos. Mi sueño se derrumbaba ante mí, y una voz en mi cabeza me decía que ese tipo de imágenes y el concepto de amor, estaban permitidas para muchas mujeres, pero jamás para una como yo.


Me siento increíblemente malvada con el sueño despierta de Phoebe D: , ¿Soy la única que me odia?

Respuesta(s) de review(s):

British Cigarette: Awwwwwww! tus rr si que me alegran el día jajaja, ¡Gracias! la parte de Charlotte me traumó a mí también, pero no te preocupes, podemos pagar el mismo sicólogo y todo eso, a ver si nos hace un descuento...¿Ya lo superaste a estas alturas de la vida? jajja, yo todavía no puedo creer que haya escrito eso, esa es la parte buena del anonimato en FF.