Sesshomaru un protector en crisis IX
El repiquetear de la lluvia contra la madera la tenía absorta, viendo como golpeaba con tanto empeño a su mente llego la idea de que el agua quería destruir la fuerte madera, pero al parecer sus golpes certeros no lograban hacer nada y las gotas rendidas se esparcían por el lugar haciendo charcos desiguales en el piso. Con sus dedos toco los pequeños charcos haciendo unas figurillas, pero estas se desfiguraban al instante por culpa de las gotas impertinentes que no paraban de caer. Fijo su vista en el cielo, mientras fruncía el ceño esperando que la lluvia se detuviera por su mal humor, paso el tiempo y no ocurrió nada. Vio como las flores eran golpeadas una y otra vez, esto no era el rocío que ellas se merecían, pero ¿Qué podía hacer ella?
Se levantó minutos después de pensar en una solución, era una idea perfecta, salió de la protección del pasillo, para adentrarse a la furia de la lluvia quien la golpeaba con insistencia sin hacerle ni un rasguño, sonrío arrogante mostrando su triunfo contra los ataques del cielo, al ver que las gotas no se rendían las olvido, optando por caminar hasta su principal objetivo: las flores, coloco sus manos sobre las maltratadas plantas pero eran muy pequeñas para protegerlas a todas ¿Que podría hacer para ayudarlas? Instantáneamente a su mente llego la imagen de un gran daiyokai de cabellera plateada, ese ser invencible que podía con todo, él podría detener aquella lluvia impertinente.
Contenta por su descubrimiento corrió por los pasillos dejando rastros de barro y agua en todo el lugar. Las yokai fruncían el ceño al ver el desastre que dejaba la joven con su andar, desde el día que había revivido su comportamiento infantil las tenía trabajando el doble. Siendo el palacio gigantesco, el hecho de tener que limpiarlo ya era agobiante, ahora teniendo a la humana, caminando con sus zori llenas de lodo era una tortura. Cerraron los ojos fastidiadas, buscando nuevamente los implementos para limpiar los pasillos, por cuarta vez en el día.
…
Sus pies se enredaron con el largo kimono haciéndola caer sobre los pulidos pisos, como pudo se levantó con cuidado de no resbalar para luego enrollar su kimono, no deseaba tropezar otra vez, luego de culminar su tarea siguió con su carrera. Por fin llego a su objetivo, abrió las puertas sin ni siquiera llamar, entrando con su sonrisa grabada en su rostro, mirando con admiración al inuyokai sentado frente a una pequeña mesita, quien leía con tranquilidad uno de los tantos pergaminos que estaban esparcidos a su alrededor.
El demonio ni siquiera miro a la joven frente a él, sabía que se trataba de Rin, siendo conocedor también del olor a lluvia mezclado con su fragancia. Dejo el pergamino, listo para escuchar la idea descabellada que tendría para decirle el día de hoy su protegida.
La humana se arrodillo frente a su amo, con una mirada llena de inocencia hablo con felicidad característica de una niña, más que en una joven de su edad. El desequilibrio por el cual pasaba Rin en esos momentos tenia a Sesshomaru en un estado de completo tormento, cada día sus ansias por acabar con la vida de la chica crecían y menguaban con rapidez, solo tenía que ver la mirada llena de admiración e inocencia, su paciencia se renovaba haciéndole capaz de soportar los extraños comportamientos de ella.
―Sesshomaru, necesito que me acompañe un momento es algo muy importante― hablo mientras se levantaba nuevamente e iba hasta el daiyokai jalando su brazo para que le siguiera y le ayudara con el gran problema en que estaban sus amigas, las flores.
El yokai se levantó y siguió a la joven, reuniendo toda su entereza para no hacer nada imprudente. Lo único que agradecía es que la joven ya estuviera olvidando su temor a los yokai, por lo cual ya no tenía la sensación de ser el sirviente de la joven. En su mente el recuerdo de la semana anterior, donde las preguntas insistente de Rin le habían dejado hastiado…
Cerró sus ojos simulando que dormía, deseaba por todos los medios hacer creer a su humana que él estaba profundamente dormido para que dejara de preguntarle insistentemente sobre cualquier nombre que le viniera a la mente. Las ganas de mandar a buscar a la miko que acompañaba al idiota de su medio hermano relampagueo en su mente por enésima vez en aquella noche, Rin había preguntado insistentemente sobre ella durante todo el día. Pero traerla significaría que viniera su medio hermano y su cría, eso era algo que él no estaba dispuesto a soportar. La idea de tener que soportar nada más a Rin sonaba más factible.
―Mi señor, ¿quién es la joven que siempre le pega a Inuyasha? ― en el momento que formulo la pregunta, no detuvo una sonrisa de superioridad que afloro en sus labios al recordar lo patético que se veía el hanyou sometido por una simple humana.
― ¿Señor Sesshomaru cómo se llama la joven? ― interrogó nuevamente, esperando con ansias una respuesta la cual nunca llego.
― ¿Sesshomaru quién es el monje que me pidió un hijo? ― dijo un momento de la noche causando que sus ojos se abrieran de repente olvidando su farsa y viendo a la joven quien le miraba con curiosidad y duda.
― ¿Qué es lo que recuerdas Rin?- le preguntó incrédulo de saber quién se había atrevido a pedirle tal cosa a suhumana.
―Bueno…― empezó la joven ordenando sus pensamientos― sé que es un joven de cabello negro y tiene unos ojos azules, me pidió un hijo, pero en ese momento llego Inuyasha y le dio un golpe, luego menciono que si volvía a decirme eso se lo comentaría a usted… es todo lo que recuerdo.
Los ojos del daiyokai brillaron en la oscuridad, ya sabía de quien se trataba aunque desconocía su nombre, tendría que poner a ese monje en su lujar y al idiota de Inuyasha también, tendría que habérselo informado, pensó con frialdad.
― ¡Allí están! ― dijo Rin sacándolo de sus recuerdos. La humana veía a las flores siendo azotadas por la fuerte lluvia, sus ojos se llenaron de lágrimas y empezaron a resbalar por su rostro. Sesshomaru deseo preguntarle porqué lloraba, pero lo pensó mejor, seguramente le saldría con cualquier tontería así que prefirió esperar a que ella le dijera sobre el "gran problema".
Limpio con sus manos las lágrimas y por fin miro a su señor, con una súplica silenciosa. Ella estaba segura que él era la única persona capaz de salvar a las pobres florecillas del azote de la lluvia.
― ¿Amo puede hacer que deje de llover? ― preguntó esperanzada, recibiendo como respuesta simplemente un monosílabo carente de sentimiento el cual lastimo sus ilusiones.
― No.
―Pero si usted es muy fuerte, ¿puede destruir la lluvia para que deje de caer? ― intentó de nuevo.
―No.
―Mi señor, entonces las florecidas se van a morir, por favor ―rogó intentando sacar en aquel daiyokai una muestra de entendimiento o cualquier cosa del cual no logro nada.
―No ― concluyó tajante, dando media vuelta para regresar a sus aposentos, detecto rápidamente el olor a sal, intuitivamente giro y ahí estaba Rin, sentada en el suelo con las lágrimas corriendo por su rostro y viéndole llena de tristeza. Pero en vez de consolarla, solo siguió su camino indiferente a este hecho.
― ¡YA NO LE QUIERO! ― grito, mientras le miraba con rabia y corría hacia la lluvia, sentándose junto a las flores y colocando sus manos sobre estas intentando protegerlas inútilmente. Pero ni esta acción causo mayor interés en el yokai quien simplemente siguió su camino.
Las horas pasaron y todo seguía igual. La lluvia incansable caía en picada sobre la humana y las plantas, pero en aquella batalla, las altas probabilidades apuntaban a que sería la humana impertinente quien ganaría la cual no pensaba quitarse de ahí por ningún motivo.
Unos ojos dorados veían con atención lo que pasaba desde la lejanía, escrutaba a la joven esperando que se rindiera, pero ahí seguía con el ceño fruncido y sus manos encima de las flores intentando cubrirlas del torrencial. En otra parte muy cerca de Rin se encontraba Takeshi quien había escuchado las habladurías de los sirvientes sobre la joven y sin esperarlo más fue así el lugar indicado.
―Rin― llamo Takeshi sorprendido al ver que eran cierto los comentarios y sin dudar se adentró en aquel manto de agua ― ¿Que hace aquí? Te va s a enferma ―los ojos de la joven se desviaron hacia el yokai.
―Pero…pero y las flores― las palabras de la chica lo descolocaron ¿las flores? Las miro buscando algo que estuviera fuera de lugar, entonces detecto como las pequeñas hojas estaban dañadas por la fuerza del agua. Busco en su mente con locura una forma de sacar a la joven de ese lugar. Hallando una manera de explicarle ― Rin, las flores no les pasara nada ellas se recuperaran pronto.
―No, solo yo puedo protegerlas― negó moviendo su cabeza.
« ¡Demonios! Que le digo » ― Rin es que estas flores son diferentes a las que hay en las aldeas humanas― la duda creció en la joven quien le miro con interés― Pues… ah sí, ellas son flores demoniacas, son muy fuertes― La boca de la chica se abrió para refutar eso, pero Takeshi fue más rápido alegando otro detalle ― Además que ellas están enamoradas de la lluvia, entonces les gusta mucho que el agua las acaricie, vez tu estas impidiendo que las flores sean felices― los ojos infantiles de Rin se abrieron sorprendidos y quito las manos ― Ahora vamos a dentro y deja a las flores ser felices con su amante.
― ¿Que es un amante? ― preguntó mirándole con devoción, como si se tratara de un dios. Los ojos de Sesshomaru brillaron de celos, sentimiento del que el mismo desconocía. Rin no podía mirar aquel yokai de aquella forma, el único al que su humana tenía derecho a mirar de aquella manera era su persona, era imperdonable que ella mirara a ese idiota.
Mientras los dos jóvenes bajo la lluvia eran completamente ignorantes a este hecho. Takeshi quien se había metido en otro problema intentando responder una pregunta a una humana que en estos momentos tenía la mentalidad de una niña. Y Rin con sus ojos abiertos y toda la atención volcada hacia el joven de cabellos como el sol, quien le daría la respuesta a todas sus dudas. El dios de su mente inocente e infantil.
―Rin, ven que te puedes enfermar― hablo intentando desviar el tema, cosa que logro ya que la humana asintió. Mientras se paraba para seguirle, pero detuvo sus pasos para mirar a las flores.
―Perdónenme por haberme interpuesto con su Ame…¿Cuál es la palabra? ― preguntó dudosa, los ojos del chico se desviaron.
―Amante, Rin a ahora apresúrese― apremio.
―Así claro, con su amante― dijo mientras camino nuevamente hacia la protección del palacio.
Ya bajo los techos del castillo, logro hablar tranquilamente para intentar conseguir las respuestas a sus preguntas, ya había intentado conseguirlas por medio de su kami de cabellos platinados y ojos dorados, pero este era muy callado y no le decía nada. En ese momento recordó que kami , no le había querido ayudar con las flores, si tan solo le hubiera explicado que eran amate…amantes, ella no le hubiera dicho eso.
―Rin―la joven reconoció la voz en seguida, ese era su dios. Lo miro con fervor, pero luego recordó lo pasado hace un tiempo atrás y olvido todo para mirarle con reproche.
― ¿Que quiere? ― preguntó tajante imitando el tono de voz frío del inuyokai.
―Anda a cambiarte― su voz denotaba autoridad de la cual Rin no hizo caso en lo absoluto.
―Rin no lo hará, se va a quedar con él ―hablo, señalando en dirección a Takeshi, quien se puso pálido al ver la cara que le dirigía el demonio.
―Rin no es una pregunta es una orden, obedece y anda a cambiarte― ordeno fríamente, mientras le miraba con aquella mirada amenazante, que por segunda vez Rin ignoró.
―No, ya lo dije así que no habrá nada que me cambie de opinión – mientras sus manos agarraban posesivamente el brazo del joven general.
―Tú lárgate― amenazo al yokai, quien solo asintió e intento quitar su brazo del agarre de Rin, la cual sujeto con más fuerza, por suerte el yokai logro soltarse.
―Si señor ―dijo Takeshi, pero cuando se dignó a seguir su camino unos brazos aprisionaron su torso.
―No te vayas, por favor ―susurro con sus ojos nuevamente empañados de lágrimas, su miraba estaba cargada de tristeza y soledad, que conmovieron al joven, pero con la mirada amenazante del daiyokai imponía un gran peso.
―Rin, mañana podré contestarle todas sus preguntas, ahora es mejor que vaya a cambiarse o se enfermara, entonces no podrá salir a ver a las flores― argumento dejando a la humana, algo desanimada, pero dispuesta a acatar su petición.
―Está bien ―hablo resignada.
Giro ahora para ver a Sesshomaru, quien seguía con su rostro inescrutable, pero con sus ojos chispeantes de rabia, la cual suprimía lo mejor que podía.
-―Ya, me iré a cambiar ― dijo molesta mientras caminaba hacia su habitación. Dejando a sus espaldas la ira de un inuyokai que era casi incontenible.
Sin esperar más entro a la habitación la cual para su sorpresa se encontraba con dos súbditas haciéndola que incisivamente diera dos pasos hacia atrás, negándose a permanecer con dos yokai, pero luego vio a ¿Yazumi? Quien le dio confianza para no salir huyendo.
―Rin hay que bañarla o se enfermara, el agua de lluvia para los humanos es dañina― hablo sin esperar más, viendo las claras intenciones de la chica de huir.
―Pero yo no quiero…― no término su frase recordando lo que le había dicho el joven de cabellos amarillos quien no le mentiría así que prefirió hacerle caso.
…
Con su yukata puesto y el cabello cepillado, dejaron las sirvientas a la joven Rin, quien en ese momento se encontraba sentada cerca de la puerta que daba hacia el jardín con sus ojos puestos en el cielo ya casi despejado. Así duro bastante tiempo, viendo como poco a poco el cielo era cubierto por un velo negro en cual ya tintineaban algunas estrellas. Sus ojos empezaron a pesar y sin poder evitarlo se dejó caer en el mundo de los sueños, que la abrazaba con dulzura envolviéndola en ese manto de fantasía que ella tanto añoraba.
Unos ojos rojos como la sangre veían con atención la figurilla de la joven humana quien dormía tranquilamente, inconsciente del hecho de que estaba siendo acechada, con un salto ágil el nuevo títere de Yuriko se acercó sigiloso a donde se encontraba Rin, pero antes de dar ni siquiera dar un paso más una espada corto su cuerpo en dos de una sola estocada, sin darle ni siquiera la oportunidad de que sus labios omitieran un grito de dolor.
Sesshomaru guardo su espada nuevamente, viendo con desprecio el ser mutilado frente a sus ojos, dirigiendo después su vista ambarina hacia Rin, de un salto llego frente a ella, quien no se había percatado de nada, con cuidado tomo su fino cuerpo y lo acostó en el futón quedándose él de vigilante para que nadie se le acercara nuevamente.
La oscuridad había sumido la habitación, pero eso no impedía que el daiyokai viera con perfecta claridad todo a su alrededor. Su mente variaba cada cierto tiempo de pensamientos que no tenían un enlace concreto, en ese momento al ver a su humana el recuerdo de la reunión en las tierras del Este lo asechaban dando luego un paso a un hecho obvio en estos momentos: la guerra, la cual se acercaba rápidamente, este hecho era tan obvio que solo dudarlo era estúpido, sus tropas estaban listas para el primer ataque, pero si ellos no lo hacían, él se encargaría de destruir a las tierras de Este, su objetivo estaba claro, matar a la persona que había osado a jugar con su orgullo aniquilaría a Yuriko Kaemoru y con ella se irían todos los súbditos de aquel lugar. Tendrían que aprender una gran lección, Sesshomaru no era alguien a quien nadie osaría subestimarlo y si así lo hacían tendrían que pagar eso con creces.
…
Su cabeza parecía que fuera a estallar y cuando intento levantarse su cuerpo no fue capaz de moverse, cerró los ojos intento darse fuerzas para lograr por lo menos sentarse. Después de tres veces de intentos fallidos logro estabilizarse un poco logrando una gran hazaña quedar sentada en el futón. El dolor de su cabeza no parecía menguar por ninguna razón así que la fatiga era enorme. Vio despertada por la habitación buscando a su amo Sesshomaru pero no lo consiguió.
Entonces como si se tratase de un interruptor la mente de Rin dio dos pasos atrás cuando dijo su amo, pero… ¿ella no debería estar muerta? intento recordar lo único que acudió a su mente cuando miro a su amo pidiendo que le besara. Sus mejillas se enrojecieron. No se supone que ella no debería a ver muerto, recordaba en el momento que en la oscuridad la. Entonces ¿por qué seguía con vida?
―Rin― la voz de Sesshomaru hizo que la joven detuviera sus pensamientos de golpe. Y le vio tan imponente y hermoso como siempre ¿Y si este era el paraíso del que todos hablaban? ¿Eso no significaría que su amo estaría muerto? Imposible. Intento pararse para tocarlo a ver si era una ilusión, pero le fue extremadamente difícil así que opto por gatear hasta él.
Los ojos del yokai se abrieron sorprendidos y en ese mismo instante quiso agarrar a Bakussaiga y destruirse a sí mismo. Le era básicamente traumático el hecho de pensar que Rin se empezaría a comportar como un bebe. Eso era lo que faltara para que colapsara.
Las manos de Rin tocaron una de las manos del yokai y así siguió tanteando verificando por si misma que esto no era una ilusión, si no simple y sencillamente la realidad. Aunque desconocía como había sobrevivido, de algo estaba segura y es que ese daiyokai que estaba al frente de ella era el hombre que amaba con fervor y de eso no había duda.
― Señor Sesshomaru me alegra estar a su lado todavía― susurro con lágrimas de felicidad corriendo por sus mejillas, no se había sentido tan feliz en años, su alegría desbordaba por cada poro de su ser. Pero obviamente Sesshomaru no estaba pasando por un estado de auténtica felicidad, ¡claro que no!, él estaba completamente confundido, cosa que resultaba bastante difícil de creer, pero era así. No lograba entender si Rin estaba nuevamente actuando como una infanta, simplemente no entendía en que otro tipo de comportamiento extraño se enfrentaría
Se arrodillo frente a ella, pero en cambio a las otras circunstancias donde vio unos ojos llenos de inocencia o de lujuria del cual esa vez el mismo se había sorprendió, estos rebosaban en felicidad y entendimiento. Los brazos de Rin aprisionaron a Sesshomaru mientras su rostro descansaba en su rostro.
―No sé cómo sobreviví esa noche, pero en este momento es algo sin importancia si lo tengo aquí a mi lado ― le hablo mientras depositaba un tierno beso en su mejilla. Se sentía tan feliz que no tomo importancia a qué pensaría su amo ni siquiera se avergonzó de sus acciones. Demasiado feliz para darle importancia a eso.
―Señora Rin he venido a arreglarla― hablo la voz de Yazumi tras la puerta; interrumpiendo los pensamientos de los dos. Rin se tuvo que alejar de Sesshomaru muy a su pesar. Mientras el inuyokai sin decir palabra solo se levantó y salió con pasos majestuosos por la puerta que daba hacia el jardín dejando a la humana completamente sola.
…
Dicha, una extraña satisfacción y hasta alegría se entremezclaban dentro de él, era lo mismo a cuando pensó que Rin había muerto en el inframundo y su madre la había traído a la vida, se sentía de una forma que él se había prohibido completamente a no sentir de nuevo y aquí estaba con un patético ser "feliz" porque su humana había vuelto a la normalidad. Eso no debería causarle esos sentimientos por ningún motivo.
―Amito bonito― chillo Jaken a su espalda al ver a la figura de su amo ― ¿Cómo sigue la chiquilla, todavía está loca? ― preguntó el demonio sapo, pero no recibió respuesta alguna, Jaken lloro internamente por la indiferencia de su amo a un fiel servidor como era él.
―Jaken-―la atención se volcó instantáneamente hacia el daiyokai recuperándose en segundos de su repentina depresión.
―Si amo Sesshomaru― grazno.
―Ve a buscar un encargo en las tierras del norte― hablo haciendo que Jaken se deprimiera al ver que su amito teniendo tantos lacayos, él era al único que lo mandaba hacer recados. Pero a su mente afloro algo que lo alegro ¿y si era algo de suma importancia que solo alguien sumamente de confianza podía hacer? Miro a su amo con renovada atención esperando la gran misión ― Es en el mismo lugar que la última vez.
Los ojos de Jaken se llenaron de lágrimas, como era posible que su amo lo mandara simplemente a buscar unos simples trajes para la chiquilla, eso era algo denigrante.
―Pero amito bon…― dejo su frase inconclusa a ver la mirada amenazante de su amo asiendo que retrocediera y rectificara sus palabras― Como usted diga amo Sesshomaru ― hablo temeroso.
Sesshomaru observo con desgano como Jaken se alejaba, no deseaba enviar a nadie más por ellos, era dejar más en evidencia la importancia de Rin, además era imprescindible que los trajese, Rin en esas últimas tres semanas destrozó con maestría todos los kimonos que había utilizado. Por suerte ya todo volvía a la normalidad o eso esperaba.
Continuara…
¡Sábado de actualización! ¿Disfrutaron este capítulo? ¿Quieren leer más al respecto? El mini fic Sesshomaru se convierte en niñero está ambientado en esas tres semanas que he omitido en esta historia. Lo estoy editando, solo algunos errorcillos de dedo y el lunes ya creo tenerlo, por fin completo, los cinco capítulos que comprende. Gracias nuevamente por sus comentarios y favoritos. Nos veremos el martes treinta de agosto.
Agradezco especialmente a metalic-dragon-angel, Julieta T, Sotan y maryamaya por sus lindos comentario.
Nahomy H.
