Capitulo 7

Dios, el viaje a la ferretería fue una experiencia tortuosa. Yukino disparó constantemente miradas asesinas a S, quien, a su vez, argumentó en respuesta. Para el final del viaje, estaba lista para apuñalarme en los ojos y cortarme las orejas; cualquier cosa para no tener que verlos o escucharlos.

Sin embargo, estaba agradecida que S lograra reunir todos los suministros que necesitaría para arreglar el lío en el lavadero. Él y yo discutimos por la factura. Al final, ganó y pagó la cuenta. ¡Hombres!

Ahora estábamos en casa, y S estaba ocupado siendo el Sr. Manitas, mientras Yukino y yo estábamos descansando frente a la televisión. Acababa de ponerla al corriente de todo lo que S me había dicho la noche anterior.

—Mierda, ¿qué vas a hacer? —preguntó.

—No sé —suspiré.

—Bueno, quieres comprobar a Wendy. ¿Cierto? —A Yukino le encantaba ayudarme a resolver mis dramas.

Asentí.

—Sí.

—Entonces, ve a casa de visita. Comprueba a tu chica, te reúnes un rato con tu familia, te quedas hasta que resuelvan este lío con Cobra. Después regresas aquí y vives feliz para siempre —terminó sonriendo, feliz con su propio consejo.

Gemí de frustración.

—Haces que suene tan fácil cuando está tan lejos de ser fácil. Esta mierda con Cobra podría tomar mucho tiempo. Podría matar a mi familia si tengo que quedarme tanto tiempo. ¿Y qué voy a hacer con S?

—Sí, el motero plantea un problema —reflexionó.

—Me encanta cómo, después de todo lo que acabo de decir, lo único que oíste fue la parte de S.

—Oh no, cariño, escuché todo. Pero el único problema en todo eso fue él. Levanté las cejas.

—¿Por qué?

Sonrió con su pequeña sonrisa maliciosa.

—Diría que es bastante obvio. Ambos todavía están calientes el uno por el otro, así que me preocupa a dónde conducirá eso.

Enterré el rostro en mis manos.

—Mierda, estoy jodida, ¿verdad? —dije, y luego levantando la vista, continué—: No entiendo mis sentimientos. Me rompió el maldito corazón, y, aun así, aquí estoy, deseándolo de nuevo. ¿Qué pasa conmigo?

—Simplemente, podrías follártelo y sacarlo de tu sistema —sugirió.

Lo consideré por un momento. Tenía razón. Definitivamente podía follarme a

S. De todos modos, es lo que hacía estos días: follar y huir. Pero sería… ¿podría marcharme y ser feliz con solo un poco de sexo? A la mierda, esta era la nueva yo, la más fuerte. La que no dejaba que un chico pisoteara más mi corazón. Por supuesto, podía hacerlo. Sonreí a Yukino.

—Gracias, nena. Tal vez lo haga.

S terminó en el levadero unas horas más tarde. Estaba impresionada con su trabajo, al igual que Yukino. Incluso pareció un poco más cálida con él, al ofrecerle una bebida cuando hubo terminado.

—Gracias, bomboncito —dijo, cuando le hizo su oferta—. Y la próxima vez que quieras desquitar tu enojo en algo, te sugiero que elijas un objetivo diferente.

Ella lo fulminó con la mirada antes de irse pisoteando para buscar su bebida.

Puse los ojos en blanco.

—Te gusta molestarla, ¿verdad? —pregunté. Rio entre dientes, sus ojos brillando con malicia.

—Es un blanco demasiado fácil, nena.

Antes de que pudiéramos continuar esta conversación, su teléfono sonó y salió para tomar la llamada. Caminé penosamente a la cocina en busca de Yukino.

—Podría arrojárselo en la cabeza, en lugar de dárselo —murmuró. Me reí.

—Sabes que solo está jugando contigo, ¿verdad?

—Sí, bueno no quiero jugar con él. Me pone de mal humor —se quejó.

—Está bien, cariño. ¿Quieres que le lleve su bebida?

—¡Sí! —exclamó, empujándola hacia mí.

La acepté y me dirigí hacia fuera para encontrarlo. Todavía estaba con su llamada cuando llegué. Alzó la vista y captó mi mirada. No había ninguna sonrisa, pero sin duda había algo de calor allí. Vi cómo sus ojos se movieron lentamente, con avidez, por encima de mi cuerpo a medida que continuaba su conversación. Cuando hicieron su camino de regreso a los míos, estaba húmeda de deseo. Mi estómago tenía mariposas y mi núcleo estaba apretado. Lo deseaba. Terminó su llamada, puso el teléfono en su bolsillo y se acercó adonde estaba.

—¿Es para mí? —preguntó, señalando a la bebida.

—Sí —exhalé, entregándosela. Estaba desconcertada por la forma en que me había desnudado con la mirada, y estaba teniendo problemas para pensar con claridad.

Bebió un poco de su bebida, pero mantuvo sus ojos en los míos todo el tiempo. No sabía a dónde se estaba dirigiendo esto, pero estaba empezando a sentirme completamente expuesta a él, como si estuviera leyendo mis pensamientos y deseos.

Necesitando poner un poco de espacio entre nosotros, así que decidí irme, pero él se estiró y agarró mi muñeca.

—También lo sientes, ¿verdad? —preguntó, en voz baja y ronca.

Evité sus ojos, y en su lugar me centré en la muñeca que sostenía. Me soltó y puso un dedo debajo de mi barbilla, inclinando mi cabeza para mirarlo. Solo quería

cerrar los ojos; no quería mirarlo, y realmente no quería mirar dentro de mí misma por la respuesta a su pregunta.

En cambio, sacudí mi cabeza fuera de su control y dije:

—No significa nada, S.

—¿Estás segura de eso, nena?

Ahora lo miraba directamente a los ojos.

—Sí, estoy muy segura —repliqué, incluso aunque estaba jodidamente segura que estaba mintiendo.

Me contempló durante un par de minutos, y luego asintió lentamente, como si hubiera decidido algo en su mente. Entonces cambió de tema.

—Todavía no hay información sobre el paradero de Cobra.

—Entonces, ¿aún estamos confinados? —pregunté, mis palabras mezcladas con un sutil sarcasmo.

Optó por ignorar mi actitud.

—Sí.

—De acuerdo. Estoy muy cansada después de las pocas horas de sueño de anoche, así que voy a tomar una siesta —dije. Además, necesitaba algo de tiempo para mí; estos deseos inoportunos y pensamientos confusos necesitaban ser jodidamente bloqueados por lo que a mí respecta.

Lo dejé afuera; diciéndole a mi coño que se callara de una jodida vez, hoy no iba a conseguir nada.

Dormí toda la tarde, despertando a la hora de la cena. S y Yukino habían logrado no matarse entre sí. De hecho, estaban en la cocina, preparando la cena juntos cuando los encontré.

Me senté a la mesa y pregunté:

—¿Han estado portándose bien? Yukino me sacó la lengua.

—A decir verdad, sí. S cambió el aceite de mi auto y también comprobó algunas otras cosas.

Mis cejas se alzaron.

—¿En serio? ¿Cómo te convenció de hacer eso, S? Él sonrió.

—Digamos que tiene sus trucos.

Yukino lo azotó ligeramente con el paño de la cocina y frunció el ceño.

—Lo haces sonar tan sucio, motero —dijo, y luego se dirigió a mí—: Le preparé magdalenas.

Tuve que evitar reírme de eso.

—¿Dónde está el lío de cocina, cariño? —pregunté, examinando la cocina que estaba bastante impecable. Siempre era la que tenía que limpiar sus líos de cocina así que me preguntaba quién diablos había hecho esto.

—S limpió —respondió Yukino, y no dejé de notar que parecía un poco impresionada por esto.

S era un hombre inteligente; ganándose a mi amiga al hacer cosas por ella. Lo miré y me estaba observando, con una sonrisa en su lugar. Sí, sabía muy bien lo que estaba haciendo. La única pregunta era: ¿por qué se estaba esforzando?

El resto de la semana pasó sin incidentes. S siguió informándonos que Cobra aún no había sido encontrado, así que nos quedamos en casa todo el fin de semana, solamente saliendo por comida y películas. Yukino y S mantuvieron sus peleas. Ya que conocía a S, podía decir que estaba disfrutándolo, y cuando traté de señalarle esto a Yukino, ella se limitó a poner los ojos en blanco y quejarse con que él debería irse a casa. Al no tener la experiencia del mundo en que yo había crecido, no creo que se diera cuenta de lo peligroso que era Cobra. Me estremecía al pensar en lo que él haría si nos encontrara, pero no compartí esto con ella. S tampoco insistió en ese punto. De hecho, parecía estar haciendo todo lo posible para mantener las cosas ligeras; tal vez por eso insistía en meterse con Yukino: para mantener el enfoque lejos de la razón por la que estábamos atrapados en casa.

El lunes por la mañana llegó de nuevo, y Yukino y yo teníamos que ir a trabajar. S intentó convencerme de no ir, pero me mantuve firme, de modo que a las nueve en punto los tres llegamos al trabajo. Había intentado convencerlo de que estaríamos bien sin nuestro propio guardaespaldas personal, pero se negó a escuchar.

Erza, nuestra jefa, nos recibió con una sonrisa.

—Escuché que tenías un guardaespaldas, pero nunca me dijeron que era tan caliente. —Erza era la hermana de Gray; él debe haberle dicho sobre S. Era una jefa ruda y me encantaba su fuerza. Por desgracia, no tenía filtro y decía cualquier cosa que se le ocurriera al momento.

—Sí, lo siento, pero estará pasando el rato hoy aquí —me disculpé.

—No hay necesidad de disculparse, querida. Francamente, has hecho mi día. Me encanta ver algo tan bueno para la vista —dijo con un guiño.

Gracias a Dios S estaba afuera y no estaba al tanto de esta conversación.

Nos pusimos a trabajar, reabasteciendo los estantes y limpiando, mientras S se quedó afuera la mayor parte de la mañana. Parecía bastante ocupado con su teléfono y estaba agradecida de no tener que lidiar con él en la tienda.

Estar alrededor de él era difícil; los viejos sentimientos seguían resurgiendo y alternaba entre el dolor, la ira y la lujuria. De vez en cuando alcancé a ver al S que había amado y esos momentos eran los más difíciles; golpeándome justo en el pecho. Me preguntaba si tenía una novia actualmente. En realidad, no habíamos tenido ni siquiera una conversación amistosa sobre nuestras vidas desde que había llegado aquí, así que no tenía idea de lo que había sido de él el último par de años. Los celos se envolvieron alrededor de mi corazón cuando pensaba en él estando con otra persona. En realidad, no quería saber. Mierda. ¿A quién estaba engañando? Tenía una desesperada necesidad de conocer esos detalles de su vida.

Me abofeteé mentalmente; era tiempo de recobrar la compostura.

—Entonces, querida, ¿has decidido si vas a regresar a Brisbane? —Erza se acercó a mí.

Suspiré. Odiaba esta pregunta.

—Creo que voy a tener que hacerlo, incluso aunque no quiero. Realmente quiero asegurarme que la hija de mi amiga, Wendy, está bien. Pero no quiero dejarte sin personal.

Ella agitó la mano.

—No te preocupes por mí o la tienda. Nos arreglaremos de alguna manera. Solo quiero asegurarme que estás a salvo. Y quiero que te vayas mañana mismo.

Mis ojos se abrieron por completo.

—¿Estás segura?

—Sí, absolutamente. Solo vete tanto tiempo como sea necesario, y no te preocupes, tu trabajo estará aquí cuando vuelvas —me prometió.

Le di un abrazo enorme.

—¿Alguna vez alguien te ha dicho que eres la mejor jefa del mundo?

—Oh, no hace falta. Ya sé que lo soy —respondió, con los ojos brillando con malicia—. Ahora, ve a tomar tu hora de almuerzo y luego Yukino puede tomar el suyo.

Agarré mi bolso y me dirigí afuera para comprar el almuerzo. S estaba hablando por teléfono, pero me vio salir y me señaló que espere.

—Voy a comprar el almuerzo, S. Y solo me dan una hora, así que no tengo tiempo para esperarte —dije, bruscamente. Siguió hablando y me frunció el ceño. Di media vuelta y empecé a alejarme de él, hacia la cafetería donde siempre compro el almuerzo.

Pude oírlo murmurar algo en el teléfono y entonces debe haber terminado su llamada porque se quedó en silencio. Luego, gruñó:

—¡Lucy!

La última cosa que quería hacer era detenerme, pero había algo en su tono; una orden de "no me jodas". Así que paré y me di vuelta para mirarlo. Oh, Dios. Estaba cabreado.

Se acercó furibundo a donde estaba y me enfrentó.

—¿Por qué demonios tienes qué ser tan jodidamente difícil con esto? — Estaba echando humo.

Bueno, podía verlo, y echarle leña al fuego.

—Tal vez tiene algo que ver con la manera en que Rufus ha ido con esto. ¡Y el hecho de que te envió!

Se estremeció. Fue solo por un segundo, y la mayoría de la gente no se habría dado cuenta. Pero conocía a S, y lo vi. Maldición, me sorprendió por completo.

—Bueno, parece que tenemos unas cuantas mierdas que resolver, nena, porque no voy a ninguna parte.

—No quiero resolver ninguna mierda contigo. Ese barco zarpó hace dos malditos años, S —espeté.

Agarró mi brazo, atrayéndome más cerca.

—No, maldita sea, no lo hizo —gruñó, sus ojos ardiendo al rojo vivo—. Y no puedes negar que todavía hay algo aquí. Lo siento y sé que también lo sientes.

Me reí. No, en realidad, solté una carcajada.

—¿Quieres follar, S? Puedo sentir eso, y sí, si quieres ir allí, estoy de acuerdo.

Pero no confundas mi deseo por tu polla con nada más.

Me soltó, y me miró con disgusto.

—Mierda, ¿cuándo te volviste tan perra? Fijé mis gélidos ojos sobre él.

—El día que arrancaste mi maldito corazón, idiota. —Nos miramos furibundos el uno al otro durante unos momentos y luego añadí—: Ahora, ¿podemos ir a buscar el almuerzo?

—Muéstrame el camino, amor —gruñó y no pasé por alto la forma en que dijo "amor", como si fuera la cosa más alejada de su amor.

Mi corazón se quebró un poco más, a pesar de que no creía que fuera posible.

Y qué se joda por eso.