Primero, escuchamos unos alaridos que nos atemorizó a todos. Seguidamente, una calavera brillante apareció en el cielo, sobre nuestras cabezas.

-¡Están aquí!-gritó uno de los invitados. El pánico cundió en las carpas que habíamos montado en una pradera a las afueras del pueblo.

-Que todos los aurores acordonen la zona. Los invitados hacia el interior, los que tengan una varita que hagan trasladores para llevar a un lugar seguro a los muggles. ¡RÁPIDO!-rugió Moody sobre el barullo causado.

Rápidamente, los miembros de la Orden nos pusimos en nuestros puestos, esperando al enemigo. En cuestión de minutos, varios encapuchados aparecieron en lo alto de la colina, liderados por una figura grotesca que sonreía terroríficamente. Pero no estaban solos. Sobre ellos había una especie de burbuja llena de algo parecido a cuerpos humanos que se retorcían y abrían la boca ennegrecida. Algunos tenían las cuencas de los ojos vacías, mientras que otros tenían iris blanquecinos que cerraban por completo sus pupilas.

Inferis.

Lord Voldemort iba a lanzar inferis sobre nosotros.

Con un movimiento de varita, el mago oscuro rompió la burbuja de magia que contenía a aquellas criaturas, las cuales comenzaron a avanzar sobre nosotros con rapidez, ya fuera andando, arrastrándose o a cuatro patas. Empezamos a lanzar llamaradas de fuego, tal y como nos había enseñado Dearborn en las prácticas. Algunos se calcinando, haciendo que el olor a carne humana quemada nauseabundo invadiera el ambiente.

Los primeros inferis que se salvaron de las llamaradas nos alcanzaron, abalanzándose sobre nosotros. Uno de ellos se abalanzó sobre un auror cercano, desgarrando la carne con sus mandíbulas. Los demás nos quedamos bastante fríos ante tal acontecimiento.

Los invitados se habían marchado rápidamente, por lo que sólo quedábamos los miembros de la Orden en la batalla. Lanzamos varios hechizos sobre los cadáveres, aturdiéndolos o enviándolos lejos de nuestro alcance. Más llamaradas de fuego salieron de varias varitas diferentes. En mitad de la batalla, alcé la mirada a la colina. Lord Voldemort y sus mortífagos contemplaban el espectáculo desde su posición. De pronto, el Señor Oscuro hizo una señal y todos sus mortífagos vinieron sobre nosotros como si una manada furiosa se tratara.

El mago tenebroso se deshizo de varios compañeros que intentaban impedirle el paso. En un momento determinado, estuvo en su objetivo Lily. Fue a lanzarle la maldición imperdonable que acababa con la vida de un suspiro cuando James se puso delante de ella, lanzando el contrahechizo. Voldemort se enfureció más al ver que el muchacho que le había retado la vez anterior aparecía de nuevo en sus narices.

Comenzaron un duelo de varitas entre ellos dos y el mago tenebroso. Se unieron también el matrimonio Longbottom, el cual había visto todo también y se habían unido a la lucha.

-¡Lily! ¡Cuidado!-grité, abandonando mi posición y avanzando hacia ellos, para así poder unirme también a la lucha. Iba caminando entre los escombros de las carpas y las mesas de la ceremonia cuando un mortífago me impidió el paso. Empecé a lanzar hechizos defensivos, pero mi atacante los desviaba con elegante agilidad.

Uno de ellos, salió como un flash de luz de su varita, que al chocar con mi escudo, se desvió a mi pierna. Un dolor atroz me inundó por completo, como si fuera una corriente eléctrica. Caí al suelo y descubrí unos cortes profundos en el muslo y pantorrillas, que comenzaron a sangrar abundantemente. El que me había lanzado el maleficio se acercó a mí despacio, quizás saboreando su pequeña victoria. Intenté alcanzar mi varita, la cual había caído a mi lado y, a causa de mis heridas, no podía alcanzarla.

El mortífago se agachó delante de mí y me observó a través de su máscara. Pude ver por las rendijas de ésta dos ojos azabache, profundos. Si iba a morir en aquél momento, quería hacerlo mirando a los ojos de mi verdugo. Pero, para sorpresa mía, el encapuchado se levantó y se fue, tras unos segundos observándome que a mí me parecieron eternos. Me dejó moribunda en mitad de la lucha. Arrastrándome, conseguí coger mi varita y empecé a susurrar hechizos sanadores sobre mi pierna. Pero las heridas no cerraban del todo. Al menos conseguí parar la hemorragia.

Miré a mi alrededor y vi a Dumbledore luchar de nuevo contra Voldemort. Lily estaba luchando contra un mortífago y James contra dos más, junto a Sirius. Me quedé quieta en mi sitio, rodeada de cadáveres, tanto de inferis chamuscados como miembros de la Orden. El dolor seguía latente en mi pierna.

Voldemort mandó retirar a los suyos tras unos largos y angustiosos quince minutos aproximadamente. La batalla cesó. Intenté levantarme como buenamente pude, pero mi cuerpo era reacio a moverse a causa del dolor. Mi prima me vio a lo lejos y se acercó a mí, llamando a Sirius y a James. Me levantaron como pudieron y me llevaron al interior de unas de las casas.

-Espero que no pierda la pierna…-dijo Lily mientras me aplicaba esencia de Díctamo en las heridas.

-No, no la perderá.-Remus, el cual se había unido a la comitiva un poco más tarde en la casa, empezó a vendarme las heridas-Aunque eso no quita que quizás tenga que llevar algún soporte para que no pierda el equilibrio.

-Genial…-mascullé de mala gana. No tenía ganas de estar cargando con un bastón. Me hacía sentir bastante inútil a la hora de pelear.

-Bueno, piensa en positivo-me dijo James con una sonrisa, sentándose a mi lado-Ahora podrás darle a Canuto en la cabeza cada vez que se porte mal contigo.

Ese comentario hizo que Sirius lanzara un bufido molesto y arrancara una sonrisa de los demás presentes. No sé cómo lo conseguía, pero James siempre conseguía animar el ambiente cada vez que lo notaba bastante decaído. Era una de las cosas que admiraba de ese chico. Vale que alguna vez se volvía un poco pesado a la hora de hacer bromas, pero luego se podía entrever en él madurez y un perfecto líder.

Miré a Lily con pena. Su día especial había sido un fiasco. El sueño de toda chica de veinte años no era tener una manada de inferis el día de su boda, o un mago oscuro entrando como invitado de honor junto a sus mortífagos. Agarré su mano con fuerza y le dediqué una sonrisa entristecida. La joven se colocó bien el precioso vestido de novia que hacía unas horas lucía impoluto y brillante, el cual se encontraba ahora desgarrado y sucio.

-Supongo que ahora seré la única que lleve el apellido Evans en la familia…-comenté, encogiéndome de hombros.

-Bueno, no te creas… Pronto habrá alguien más que en su nombre tendrá el apellido de la familia…

Me quedé un poco confundida ante tal comentario. La miré alzando una ceja, interrogante.

-Lily, ¿qué quieres decir con eso?-pregunté con curiosidad. James, Sirius y Remus dejaron su conversación para atender a la nuestra. La muchacha pelirroja nos miró a todos con cierto brillo de emoción en los ojos.

-Estoy embarazada… de once semanas…

La sorpresa fue mayúscula. Mis ojos se dirigieron a la barriga de la joven, barriga que aún no se le notaba del todo. James no cabía en su asombro.

-Lily eso es…-empezó a decir, siendo una maraña de nervios-¡Eso es fantástico! Por Merlín, casado con la mujer de mis sueños y siendo padre de una criatura…

La pareja se abrazaron con fuerza, sollozando de la emoción. Unas lágrimas traicioneras también resbalaron por mis mejillas.

-¿Por qué no lo habías dicho antes?-pregunté después de un emotivo silencio compartido por todos.

-Porque tenía miedo de que Dumbledore me enviara lejos de vosotros y no pudiera casarme…-respondió Lily, secándose las lágrimas de emoción-Pensaba decíroslo después de la boda… pero ya veis que se complicó bastante…

-Enhorabuena a los dos…-dijo Sirius con una sonrisa de oreja a oreja-Sabéis que contáis con mi apoyo en todo momento.

-Igualmente os digo, seguro que tendréis un bebé precioso…-dijo Remus, terminando de vendar mi pierna. Me puse varios almohadones en la espalda para incorporarme un poco más, y así dar un abrazo muy fuerte a mi prima.

-Siempre estaré disponible para vosotros-le susurré, conteniendo de nuevo las lágrimas de emoción.

-Lo sé Sarah…-me respondió Lily-Espero que algún día seas tan feliz como yo ahora mismo… sea con Sirius o con otra persona…

En silencio sellamos una promesa que, por desgracia y muy a mi pesar, se rompió un año y medio después… Aún me pesa esa carga en mi conciencia y dudo que pueda quitármela de encima hasta que mi cuerpo sea sepultado bajo tierra.

"Ahora esa carga ya no existe" pensó la joven, notando un tenue dolor en el pecho ante esas palabras "Ahora tu alma descansa en paz" Tragó saliva y exhaló un profundo suspiro, antes de volver a la lectura…

Al saber que la amenaza en Hogsmeade había bajado por aquél entonces, Dumbledore decidió enviarnos de nuevo a Londres. Lily y James no pudieron hacer su luna de miel en condiciones, pues aunque la amenaza en el pequeño pueblo escocés hubiera disminuido, la amenaza en el país seguía latente. El Ministerio controlado por los mortífagos había sido eliminado, resurgiendo de sus cenizas uno nuevo, bajo el mandato de Millicent Bagnold, una bruja dedicada a la política desde hace varios años y que se ganó el favor del mundo mágico en las elecciones que se celebraron en la primavera de 1980.

Nos encontrábamos en la sede de la Orden viviendo. Varias noticias sobre la victoria de los nuestros en diferentes puntos del país hacía que el clima entre los miembros de la Orden fuera de esperanza y buen humor. La guerra parecía que estaba tocando a su fin. Lord Voldemort iba a ser derrotado y todo el terror sembrado durante esos diez años acabaría por completo, quedándose en la memoria como un mal recuerdo.

El hijo de Lily y James nació el 31 de Julio. Lo recuerdo como un día caluroso. Había salido a hacer unos recados que Moody me había encargado. Cuando volví a la sede de la Orden, todo el mundo estaba nervioso.

-¡Ya viene!-gritó Peter de forma aguda por toda la casa-¡El hijo de James ya va a nacer!

Rápidamente solté mis cosas y subí las escaleras con rapidez, a la habitación de Lily. Una sanadora del hospital San Mungo se encontraba en el interior discutiendo con un acalorado James.

-No puede pasar, señor, entiéndalo…

-¡Pero es mi esposa! ¡Y mi hijo! Necesito estar con ellos en todo momento

-Lo siento, pero no. Debe de esperar fuera.

James iba a replicar de nuevo cuando le cogí del brazo.

-Yo estaré con ella. Quédate con Sirius abajo. Te avisaremos cuando haya nacido…-dije en un tono calmado, intentando tranquilizarlo. Acto seguido, entré detrás de la sanadora y cerré la puerta. Me encontré a Lily cubierta de sudor encima de la cama, jadeando.

-Sa… Sarah…-susurró mirándome con un gesto de dolor-Ya… ya viene…

Me acerqué a su lado y cogí su mano. Le sequé el sudor con una toalla húmeda y fría que tenía a mano.

-Tranquila, Lily. No pienses en el dolor…

-Seis centímetros de dilatación-dijo la sanadora en voz alta, de forma autómata. Parecía una máquina de proceso e información.-Venga, necesitamos cuatro centímetros más…

Lily se contrajo de dolor al notar una contracción más.

-Venga Lily, tranquila… Pronto pasará…-le susurraba una y otra vez-Tranquila…

Tras mucho esfuerzo, el pequeño Harry salió del interior de su madre sin ningún problema. El niño lloraba a pleno pulmón. La sanadora lo lavó y envolvió en varias mantas antes de entregárselo a su madre.

-Es… es precioso…-susurró mi prima, sonriendo, agotada por el esfuerzo. Dejé el bastón que usaba para caminar a un lado y me levanté para verle mejor.

Tenía una mata de pelo oscuro que le inundaba su pequeña cabeza. Había dejado de llorar en cuanto Lily empezó a hacerle arrullos para que se calmara. Acaricié con cuidado su mejilla de terciopelo con el dedo, el cual fue apresado con su manita antes de que lo apartara.

-Por Merlín, Lily… es perfecto…-susurré, conmovida ante aquél pequeño momento-Va a ser un niño muy sano…

-Y muy valiente… como su padre…-completó la parturienta, con la voz quebrada de la emoción. Separé con cuidado el dedo de la pequeña mano de Harry.

-Avisaré a James para que venga…-susurré, antes de levantarme con cuidado y andar medio cojeando a la salida.

Salí de la habitación y me dirigí al cuarto de estar de la primera planta. La estampa que me encontré fue la siguiente: James no paraba de dar vueltas por la habitación como un león hambriento enjaulado. Sirius y Lupin disputaban una partida de ajedrez mágico en la mesa y Peter estaba en una esquina, mirando todo con ojos ávidos.

Carraspeé para hacer llamar mi atención.

-Lily ha tenido un niño…-anuncié con una sonrisa amplia-Podéis ir a verles ya…

Rápidamente subieron los cuatro a la habitación de Lily. Yo me quedé en el hall inferior, sentada en una de las butacas, pues la pierna me molestaba bastante. El hecho dentro de que la familia Potter tuviera un nuevo miembro en sus filas, hacía que fuera consciente sobre el futuro que nos deparaba. ¿El pequeño Harry crecerá en mitad de una guerra hostil como la de ahora? ¿O conocerá la paz en el mundo mágico? Suspiré pesadamente, perdiéndome en esos pensamientos mientras miraba por la ventana.

-¿Por qué no estás con Lily arriba, Sarah?-dijo una voz afable a mis espaldas. Me giré y vi a Albus Dumbledore mirándome a través de sus gafas de media luna.

-La pierna me duele un poco…-respondí, señalándola con la mirada-Luego subiré a estar con ella… De todas formas, ya he visto al bebé… Es precioso…-exhalé un suspiro. Dumbledore se sentó a mi lado, mirando pensativo la partida de ajedrez que Sirius y Remus habían empezado.

-Seguro que lo es…-dijo reafirmando mis palabras-Aunque ahora debemos de tener cuidado… mucho cuidado. La guerra aún no ha acabado, y debemos de ser precavidos…

-Lo sé, señor… Yo misma estoy dispuesta a proteger a los Potter, y que no se entrometan más en este caos que nos rodea…

-Tienes un corazón noble querida…-Dumbledore movió una ficha y me invitó a seguir la partida. Miré el tablero, concentrándome. Para ser sincera, nunca se me ha dado bien este juego.-Pero para proteger a alguien, hay que hacer sacrificios… incluyendo no hacer nada para evitar lo que está escrito…

Miré al viejo director frunciendo los labios antes de mover una ficha.

-¿Señor, qué quiere…?

-Quiero decir que el destino de esta guerra ya está preescrito. Lord Voldemort ha sido mencionado en una profecía. Puede que su final esté más cerca de lo que esperamos…

-¿En serio? ¿Y qué dice esa profecía, señor?-pregunté cargada de curiosidad. Pero Dumbledore sólo se limitó a sonreír de forma misteriosa y dar un jaque a mi rey.