«Si no conoces todavía la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?»
Confucio — Filósofo Chino.
«Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años»
Abraham Lincoln — Político estadounidense.
Akai hana – Last Alliance
Como éramos demasiado jóvenes, siempre con los ojos cerrados,
mostrábamos la crueldad de la ignorancia
Con nuestra actitud desafiante, pensábamos que lo que se rompía se arreglaba y ya
y continuamos en ese mundo de serenidad egoísta
CAPÍTULO 9 – Cyclus
Se despertó con la sensación de que todo lo que había hecho hasta ahora no era nada de lo que podía llegar a hacer, la insatisfacción e impotencia que solo había reconocido cuando Sirius cayó por el velo de la muerte y él lo veía agonizante en cámara lenta, viendo con detalle cómo la única persona que se preocupaba por él de manera incondicional moría sin llegar a conocerlo totalmente.
Harry ese día juró por todos los medios posibles nunca volverse a sentir así, que haría todo lo que estaba en su mano para poder rescatar a todas sus personas amadas y aquellas inocentes. Hoy se sentía como si no estuviera dando lo suficiente.
Las últimas semanas de Mayo habían sido una locura, siempre corriendo con sus planes de cómo ingresar a Hogwarts sin ser detectados, caminando a Hogsmeade porque sabían que era imposible aparecerse debido a los seguimientos de magia en lugares alejados.
Los inefables habían sido tomados por Voldemort, y pese a que muchas veces podrían ayudar estaban bajo constante vigilancia de los Mortífagos, Harry se había enterado por la radio mágica que Ron traía siempre encima.
Tener la taza y un guardapelo con él siempre lo hacía todo más difícil, aquellos retazos y la vida de Tom lo consumía poco a poco, la sensación de que algo tenía que hacer para ayudarlo lo llevaba a proteger la atrocidad que Lord Voldemort había hecho con su alma, Harry no estaba muy seguro incluso cuándo comenzó a albergar estos sentimientos pero se hacían más pesados y errantes.
—¿Harry? Harry, es hora—Hermione dijo con parsimonia sacándolo de su letargo, ahora a puertas de una batalla final Harry se sentía agotado y constantemente pensando en qué podía hacer para ayudar a alguien quien no quería o merecía ser ayudado a los ojos del mundo. Tom Riddle era un hombre encantador, con sueños que habían sido tirados por la borda... Los mismos sueños que Harry había tirado por seguir con esta misión abandonando todo y a todos, abandonándose a sí mismo en esta perdición de almas y sentimientos que nadie quería reconocer pertenecían a Thomas Riddle.
—... Es hora—murmuraba sin comprender muy bien lo que quería decir, no era la primera vez que se cuestionaba por qué seguía con la cruzada de destruir unas almas que sentía como suyas, una vida que llevaba pegada a su piel como cualquier otro... Se preguntó por unos segundos si Voldemort recordaría sus escarnios de Orfanato o cualquier otra cosa de su adolescencia.
—¿Te sientes bien, Harry? Te ves un poco pálido.
—Todo será mejor cuando terminé todo esto—por lo menos, eso era lo que esperaba o se repetía una y mil veces entre sueños y despierto.
Todo sería mejor.
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Ingresar a Hogsmeade no fue ni tan sencillo como pensaron o difícil. Era noche, la niebla se colaba por sus pies por donde la capa de invisibilidad no llegaba, podía sentir la respiración agitada de sus amigos, el hedor a sudor y gritos de Mortífagos tras sus pasos. Sentía la ansiedad por sus venas, mirando para todos lados buscando un lugar medianamente seguro por donde huir o incluso por donde atacar, no estaba completamente inconcuso si Pettigrew le había dicho a alguien sobre los pasajes ocultos a Hogwarts pero de alguna forma tenía que hacerse camino al castillo y buscar la diadema.
Luces corrían por Hogsmeade, Mortífagos danzando en las oscuras calles tratando de buscarlos al igual que Dementors, estaba completamente acojonado sobre ellos, hasta que el hermano de Dumbledore los ayudó, por algún motivo que dudaba en reconocer estar en aquel lugar le causaba inseguridad.
Harry reconoció ante sí mismo que estaba en piloto automático, las piezas de Voldemort gemían por su vida, lo seducían de una forma que él no creía normal, susurraban cosas que solamente él podía escuchar.
—¿Neville? —no supo en qué momento su amigo apareció, pero en ese momento (a puertas de entrar a Hogwarts para la gran y temida batalla) sintió incertidumbre no por su vida, sino por creer que lo que estaba haciendo era lo que debía hacer. Miró a sus amigos —Ron y Hermione— siempre detrás de él protegiéndolo, y cuando por fin pudo llegar a Hogwarts vio a todas aquellas personas que sin duda creían en él como Dumbledore, Sirius, sus padres y difuntos amigos.
Creían en que él haría lo correcto, y por ellos él daría su alma.
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Corriendo por los pasillos que daban al gran comedor vio la vida de muchos pasar ante sus ojos, cómo la profesora McGonagall, los Weasley y profesores erigían barreras para la tan temida batalla, vio a sus amigos alistarse, niños siendo llevados a lugares seguros y él en una corrida buscando la diadema.
—Danos los Horrocrux, Harry, nos desharemos de él mientras...
—No, esto es algo que debo hacer yo—renegó con ansias, cualquiera podría destruir estas atrocidades, pero pocos podrían eliminar almas que sentían, Harry pensó que por lo menos le debía eso pese a los ruegos que trataba de olvidar. Fue en una de esas corridas cuando la vio a ella, con su cabello flameante, sus mejillas pecosas y mirada fija en él.
Se preguntó por qué...
—Ginny...
—Lo sé—interrumpió ella con una esperanza brillando en sus ojos, tocando sus labios con sus dedos y él se preguntaba si realmente sabía o creía saber, pero todo eso fue contestado cuando se inclinó hacia él buscando sus labios. Se sentía sucio.
Inclinó la cabeza renegando los suaves labios con los cuales soñaba en un comienzo, y fue allí cuando se dio cuenta de que no pensaba en Ginny desde hacia meses, no de la manera que al parecer ella pensaba de él. Se preguntó que había cambiado en su manera de pensar, si eran esos ojos avellana los cuales ahora miraban dudosos y adoloridos, o quizás era que no le gustaba más el cabello flameante, esas pecas, o ella, sencillamente ella. Harry la miró como quien encontraba a un ex-compañero desde hace mucho tiempo:
—Lo siento.
Eso fue lo último que le dijo antes de partir sin mirar atrás, tenía una diadema que destruir.
Deseo encontrar la Diadema de Ravenclaw y así poder destruir los Horrocrux.
Deseo encontrar la Diadema de Ravenclaw y así poder destruir los Horrocrux.
Deseo encontrar la Diadema de Ravenclaw y así poder destruir los Horrocrux.
No había nadie en esa sala, y esperaba que nadie lo hubiera... Esperaba poder despedirse a gusto.
Dentro de la sala no había otra cosa sino que dos bases antiguas, una contenía la Diadema en todo su esplendor, siseando a gusto de encontrar sus otras partes haciéndole sentir seguro y querido... Deseado, incluso.
—Harry...
—Harry...
—Ven a mí, Harry, ven conmigo, yagamos juntos.
—Siénteme...
—Libérame.
Cerró los ojos por un momento. Este era su pecado a pasar.
No supo si lo dijo o no, su mente no estaba en su sitio como al comienzo del viaje, pero sí sabía que sintieron sus palabras como magia de fuego talladas en ellas: Estemos juntos por última vez.
()
—¿Dónde está Harry?
—¿Potter?
—Entréguenme a Harry Potter, y los dejaré ir. Entréguenme a Harry Potter, y seré misericordioso.
—¡POTTER!
—Démoselo.
—¡Atrápenla!
—¡Potter tiene que luchar!
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Fue a plena luz del día, por lo menos eso era lo que él podía decir de lo que veía, era un plano estero de una tarde cálida en Escocia (por lo menos eso es lo que él suponía), podía oler la suave fragancia floral e incluso sentir la tranquilidad del lugar, no había nadie quien lo molestara, nadie con quien pelear, hablar, jugar o pasar por alto... Era sencillamente él... O ellos.
Fue quizás cuando inspiró por segunda vez relajando sus hombros tensos y la paranoia constante que sentía desde que se había inmiscuido en esta travesía que lo vio allí reposado vagamente en un árbol, no hacía nada más ni mucho menos, sencillamente recostando su cuerpo sobre el césped que se movía ondulante por el viento, sus cabellos se agitaban perezosos y rizaos por sobre su frente mientras que aquellos ojos miraban fijamente el libro semicerrados completamente ajenos al resto del mundo.
Era como si nada más importara después de hacerlo todo.
Era como si alguien le hubiera abierto un pedazo de sí mismo que él no conocía y eso era la zona de confort que un joven Lord Oscuro había creado para él.
Sencillamente lo vio allí, yacer.
Sencillamente yacer.
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Cuando Harry juntó los tres Horrocrux en medio de un plato con veneno de basilisco que la cámara de Menesteres generosamente le había otorgado sentía como parte de su cuerpo se estuviese muriendo, era sencillamente devastador cómo tres pedazos de sentimientos y alma se hubieran enganchado con la suya de esa manera, sobre todo cuando al dejarlos caer en ese plato colmado de veneno los sentía agonizar y cómo él mismo perdía la visión y sus pies.
Tan débil.
Pero no había tiempo para eso, porque aún los podía escuchar fuertemente en la lejanía y su propia letanía, el furor de una batalla donde la vida de personas estaban jugándose por las malas decisiones de otras personas. Tenía que darlo todo, aunque se rasgara su propio espíritu, y partió por buscar al temido señor Oscuro, lo que no esperaba era verlo hablando con Snape, ni tampoco su final.
De pie allí, solo, Severus Snape lo miró vagamente antes de farfullar lo que serían sus últimas palabras, él mismo tampoco encontraba satisfactorio cómo murió uno de los profesores más densos en su vida escolar ni tampoco encontraba de su gusto sentirse tan vulnerable a la hora de agacharse en busca de una razón —cualquiera esta sea— para no matar a Voldemort cuando sabía que debía.
—Tómalas, sácalas —la inestable mano de su profesor de pociones tiritaba cuando la dirigía a su sien, y aún más cuando incontables memorias cayeron en un frasco y él supo lo que debería hacer, sobre todo con esa mirada que no presagiaba nada bueno ni tampoco el mar de sentimientos que atormentaban los negros orbes de su profesor más temido, quizás se estaba convirtiendo en un blandengue cuando se refería a Slytherin que sufrieron en el pasado, o quizás sencillamente era más empático de lo que pocos pensaban —... Velas, todas...
Quizás su profesor quiso decir muchas cosas más en su agonía, o tal vez solo insultarlo por última vez aunque la mano del maestro se apretaba en su antebrazo con la fuerza que lo dudaba, pero para Harry nada más de lo que ya había cursado podría romper más su espíritu devastado.
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—... Aún ahora...
—Siempre.
—(...) Él tiene que morir, es su destino, Severus...
—¡Dijiste que salvaríamos al chico, lo prometiste!
—Eres demasiado persistente con él para ser el hijo de tu enemigo.
—Es el hijo de Lily también.
—Hijo de una muggleborn.
()
Harry tiritó en las afueras del bosque prohibido, provisto de la capa de invisibilidad, una piedra y varita que lo coronaban el maestro de la muerte, su ropa estaba desgarbada, rota y sangrante en algunas zonas pero no era que su cuerpo se sentía sucio, no era eso.
Miró la piedra con reticencia antes de darse por vencido, nunca en su vida incluso podría negarse al único placer culpable que tendría dentro de su corazón egoísta, y con torpes dedos la giró tres veces en su propia mano antes de que espectros cada vez más consistentes se aparecieron en sus ojos.
—¡Oh, Harry! —su madre era tan hermosa como le dijeron y si no incluso más, no tenía ninguna duda de por qué su padre cuando la conoció se enamoró de ella perdidamente. Si bien sus ojos no se veían tan centelleantes como los suyos incluso a través de la muerte podría apreciar el peculiar tono verde que ella poseía y él había heredado —, lo lamentamos tanto mi pequeño Harry —sollozó inevitablemente sin siquiera poder llegar a tocarlo, pero se acercó lo más que podía para verlo e incluso si ella no se hubiese movido él lo hubiera hecho.
—¿Mamá?
—Mi hijo, estamos tan orgullosos en el hombre en el cual te has convertido —no supo si los fantasmas podrían llorar, o incluso estos espectros tan parecidos a los que leía en los grimorios antiguos de la casa Black, pero Harry realmente creyó que ella estaba llorando.
—¿Enserio? —dudó por un momento incluso de confesar lo reticente que se sentía de morir, lo temeroso que se había mostrado de destruir al monstruo que había asesinado a su familia, lo sueños que tempranamente ellos tuvieron que eliminar.
—Lo estamos —y por primera vez Harry vio delante de él a su padre y pudo apreciar en primera estancia a qué se referían cuando le decían "Te pareces a tu padre".
Su cabello podía anidar ratas igual que él suyo, plumas negras que caían como querían por sobre su cabeza incluso apreciable en esta peculiar situación, su mandíbula era igual de fuerte que la suya e incluso cuando sonreían podía ver el parecido entre ellos, solamente que su padre era mucho más alto que él (incluso su madre lo era) por lo cual pensó vagamente que probablemente su corta estatura se debía al poco cuidado de los Dursley.
—... Porque pese a todo, hijo, hiciste lo correcto cuando muchas personas hubieran tirado todo por la borda no solo esta vez, sino muchas más. No te menosprecies, Harry, eres un Potter y ante todo nosotros hacemos lo correcto aunque nos duela, y luchamos por lo que sabemos es correcto. Harry, me siento orgulloso de ser tu padre y de que tú seas mi hijo, muy orgulloso.
Quizás debía soltar la piedra y abandonarse a esa sensación de ser amado a pesar de sus errores, ese amor que por primera vez recordaba y sentía era incondicional y no valerse por las opiniones del público o sus acciones.
—Cachorro, queda tan poco —el murmullo de Sirius le llegó a sus oídos y pronto la sensación de culpabilidad atenazó sus sentidos, parpadeó un segundo y miró a su alrededor para ver a Sirius parado a su costado con Remus, quien se veía más feliz muerto que vivo.
—No se sientas culpable, Harry, nosotros ya somos mayores para decidir qué batallas pelear y cuando dejar. Solo espero que cuides a Teddy por mí.
—Sirius, Remus...
—¡Muéstrale lo que puedes llegar a hacer, Harry!
—¡Cómo un verdadero Merodeador!
—No es una broma, Sirius.
—Es cercano a eso, Moony.
—Están matando el ambiente aquí, por primera vez puedo hablar con mi hijo y ustedes me quitan protagonismo.
—Lo que tú puedes llegar a decirle, Prongs, créeme que él ya lo sabe, es mucho más inteligente que tú.
—¡Oi!
—Ni Sirius pudo decirle mucho.
—¡No tuve tiempo!
—No tuviste cerebro, Padfoot.
—¡Era prófugo!
—¿Y de quién fue la culpa?
Por un momento Harry se preguntó si aún estaban hablando con él, pero el rostro de su madre interrumpió sus pensamientos haciéndole sonreír al verla a ella hacer lo mismo.
—Discúlpalos, nunca han sido buenos en momentos de tensión y tratan de alejar la tensión con bromas.
—¡Oi! —esta vez fue coreado por tres voces y Harry no pudo hacer otra cosa más que sonreír, se preguntó si es que así hubieran sido sus días con sus padres.
—¿Estarán conmigo? —murmuró suavemente recordando el por qué estaba allí esa noche.
—Siempre.
Harry deslizó la piedra en su bolsillo lentamente, viendo cómo desaparecían entre gritos, consejos, quejidos y gruñidos hasta que solo quedó él y aquel peso devastador sobre sus hombros que decidió aniquilar en ese mismo instante. Caminó hasta donde los susurros provenían, donde solo pudo ver unos ojos rojos, escuchar palabras que no le interesaban y luego el familiar color verde de una maldición antes de sonreír socarronamente y cerrar los ojos esperando la muerte.
Su mente no despertó completamente incluso cuando vio el gran espacio blanco en el cual estaba recostado, ni tampoco cuando el brillo pareció ceder un poco pero solo pudo reconocer el blanco a su alrededor. Caminó por lo que él supuso serían minutos antes de apreciar la barba blanca de Dumbledore incluso antes de poder verlo a él como correspondía y un mar de sentimientos contradictorios se apropiaron de él.
—Mi hijo —sobre todo con esos ojos bondadosos, el mago más joven entendió que Dumbledore era solo un hombre, y que era insulso de su parte pensar lo contrario, lo dejo hablar sin dejar entrever mucho de lo que atestaba con su cabeza, incluso cuando sus locas teorías eran ciertas y poco se dio cuenta del dolor que provocaron muchas de sus decisiones hasta que se lo dejó ver con sus palabras, lágrimas que para él se le antojaban pocas cayeron por su plateada barba antes de volver a la realidad mirando destrozar el último retazo del alma de Thomas Riddle.
Cuando se enfrentó nuevamente a Lord Voldemort en el comedor de Hogwarts, donde las vidas de ambos habían comenzado, donde sus amigos estaban en vilo cada vez que una maldición de corte mermaba su cuerpo, donde los Mortífagos armaban escudos a su alrededor para que su maestro lo pudiera matar, donde aquellos ojos rojos llenos de rencor y odio laceraban su cuerpo recordando incluso la satisfacción, tranquilidad y ansias por el mundo que conoció a través de sus almas.
Ese no era su Tom, pero dolía a cada hechizo, golpe y maldición.
En vilo, Harry alzó su varita sin saber qué hechizo lanzar, quizás fue más el instinto que otra cosa, o incluso su falta de sentido común al lanzarlo, morir esta vez no estaba entre sus planes, pero aún menor estaba el echo de matar a una persona, verla desfallecer y desplomarse con todos sus sueños.
El alma de Harry Potter se rompió.
Transformando de a poco la tristeza en ternura
regamos las semillas de la flor roja
¿Puedes vernos desde el mundo en el que te encuentras?
De vez en cuando, baja a vernos y dedícanos una sonrisa.
G L O S A R I O
Cyclus significa Ciclo = Período de tiempo o cierto número de años que, acabados, se vuelven a contar de nuevo.
N O T A S
Lamento la demora al actualizar, pero supongo que debía estar descansando en este momento pero la inspiración vino como una ráfaga. Mis queridos lectores, hago entrega del penúltimo capítulo de esta historia, el capítulo décimo es el último por lo cual ya lo tengo listo. Espero que ustedes anhelen leer Libri II: Origo que es la secuela de este y parte final de la serial Libri ;D
