Capítulo 9: La Cascada de la Luna

En mitad de la noche, la luna, con su mitad izquierda faltante, iluminaba con su luz el lago. De pronto, una fuerte brisa apagó las llamas que seguian candentes en la hoguera de los durmientes guerreros. Del Lago Curación, bajo la luminosidad del astro, salió un rápida sombra que, cuando atravesó un matorral, despertó a la somnolienta guerrera. La guerrera giró la cabeza buscando el origen del sonido y, al no volverlo a escuchar, decidió reposar de nuevo la cabeza, más no duró mucho, pues volvió a escucharlo y esta vez, más cerca. La joven guerrera se levantó de súpito y alzó la vista hasta el origen del ruido. Sin apartar la mirada, tanteó buscando su arma o, por lo menos, algo de filo cortante. Encontró su escudo más, de pronto, una sombra se paro a sus espaldas y, alargando el brazo, le tapó la boca a la guerrera para que no gritase.

- Shshshsh... ¡Alana! Para ya. - susurraba al oído de Alana una voz extrañamente familiar.

- ¿Crisalia? - susurró apartándose la extremidad del hada. - ¿Qué haces aquí en medio de la noche¿No sabes que hasta los héroes necesitan dormir?

- Ya se te está subiendo a la cabeza... - dijo en tono normal.

- No es por mí, sino por él. - y miró a Link, quien plácidamente dormía sumergido en sus sueños, acurrucado cual gatito.

- ¿¡Por el!? - preguntó casi riendo el hada mientras le señalaba - Por el no te preocupes, cuando tiene dias como este tiene el sueño más pesado que un goron.

- Hay un problema... - mencionó ya dejando los susurros - ¿No sé cuanto pesa un goron?

- No tienes que saberlo para hacer lo que tienes que hacer. Así que, sígueme.

- ¿En mitad de la noche? - preguntó atónita la guerrera - ¿Sabes? Tengo un seño que me caigo.

- Te aguantas como buena futura heroína y te coges la espada y me sigues. ¿Capiche?

- Vale... - bostezó - pero como sea por una tontería te juro...

- No tienes que jurar nada, te encantará.

- ¿Y cómo sabes tú que me gustará?

- Fácil, con esto tendrás algo que Link nunca tuvo.

Alana cogió su espada y su escudo (por si las moscas) y siguió a la sacerdotisa, no sin antes hechar un ojo a Link, que estaba sumergido en el mundo de los sueños. Crisalia, más que andar, corria y, a tal velocidad, que parecía que volaba. Alana la perdió de vista un momento; había bajado una espesa niebla.

- Que extraño - pensó - hace nada era una noche despejada... Bueno¿por qué me sorprendo? Este mundo es así de especial.

- Por aquí. - se oyó la lejana pero dulce voz de Crisalia. - Vamos tortuga, ya van a empezar.

- ¿Lo qué empieza?

- Si me sigues y te das prisa lo verás.

Crisalia volvió a hechar a correr; Alana todavía atrás se esforzaba por correr más de lo que podía resistir, siempre pensando lo mismo, Esto debe de ser una extensión de Bosques Perdidos´´. Más lo consiguió, llegó a donde Crisalia quería y donde ella la esperaba. Ella encontró a Crisalia delante de unos arbustos, agachada, viendo algo que estaba tras ellos. Era eso lo que queria que viera.

- Por fin llegas. - decía Crisalia, con los brazos en jarras como regañándola. - Vamos, ven. - le hizo una seña con la mano para que se acercara.

Fuertes vientos hicieron que la espesa neblina, que antes se alzó ante Alana, se disipara, dejando ver una escarpada pared en la cual había una gran y magnífica catarata, enormemente grande, cuyas aguas iban a parar a una pequeña laguna. La luna creciente se veia preciosa, pues, aemás de reflejar en la cristalina agua, dos rocas en el principio de la cascada la enmarcaban. Era un paisaje precioso pero, pronto empezó a moverse algo bajo el agua, salieron burbujas... algo se acercaba.

- Ya llegan. - Crisalia estaba tan intrigada con eso que no parecia estar asustada.

Pronto una figura salió del agua, dió un giro en el aire y volvió a sumergirse, dejando en el aire pequeñas gotas de agua que, con el reflejo de la luna, parecían de cristal. Alana, aunque lo que nadaba fué muy rápido, pudo distinguir algo. Pronto, un ser como el anterior salió, pero este se quedó nadando en la superficie y, después de un rato, se sumerguió. La joven guerrera vió su escamosa y mojada piel, deslumbrante por la intensa luz, y la supo reconocer; eran zoras.

- ¡Estan vivos! - exclamó Alana. Cierto, vió a Ruto, pero en las leyendas nadie sabe donde fueron los zoras.

- Si, Alana, te lo explicaré. Cuando congelaron por primera vez el reino, solamente quedaron el Rey Zora, congelado, y su hija, La princesa Ruto, por obligación. Después de eso, por razones que no vienen a cuento, a Ruto se le retiró su título de Sabia del Agua´´, el por qué lo sabe Saharasala. Bueno, los zoras buscaron entonces un lugar donde vivir escondidos para que no los volviesen a atacar y encontraron este sitio y, de vez en cuando, un zora o el consejero real pasan por los restos del dominio, de lo que ya queda poco.

- Pero, si viven aquí para que no los vean ¿no hay nadie que se pierda, pase por aquí y los vea? - preguntó Alana.

- No, la razón es sencilla. Ellos, los zoras, se camuflan como peces y solo salen las noches de luna creciente a la superficie. Me parece que hacen una especie de ritual.

- ¿Qué ritual?

- Uno que, si esperas y observas, verás.

La voz que habló sorprendió a ambas jóvenes. Una mano escamosa y de palmeados dedos se posó en el hombro de Alana. Alana miró hacia el ser. Era un zora, uno muy alto. Se miraron fijamente la guerrera y el zora, hasta qe la muchacha habló:

- ¡Lalin, qué alegría verte! - y abrazó al zora - Hace tiempo que no nos vemos. ¿Qué tal¿No estabas en Hilia?

- ¡Eh! Para el carro, Alana, demasiado rápido para mi gusto. - contestaba Lalin con una sonrisa en la cara mientras soltaba a Alana.

- Lo siento.

- Nada chica. Bueno, a lo primero... Yo tambien te hechaba de menos. Luego, si, estoy muy bien. Y no, ya no estoy en Hilia, menuda pregunta, si me vés, digo yo, que será porque estoy aquí.

- Ya lo sé, pero ¿no estabas con Sebastián?

- Si, pero este momento es una vez al mes y he de venir. Mira, lo que aquí los zoras hacen es una competición. ¿Sabes por qué compiten?

- No - y giró la cabeza en gesto negativo.

- Por llegar a la luna. - con algo de melancolía en su mirada, Lalin, miró a la luna - Hoy está más bonita que nunca.

- Alana, ya es el momento. - le decía Crisalia a la guerrera mientras se levantaba - Lalin, tú que conoces mejor el lugar¿Nos llevas al manantial?

- Si, seguidme. - contestó Lalin.

Lalin, ahora el guía, los llevó por una serie de subidas que cansaron a la frágil sacerdotisa acuática. Pronto después, legaron al lugar. Era un descampado que, por lo visto, se situaba en el comienzo de la catarata con un pequeño arroyo que fluía dócil y apaciblemente. Había pocos árboles, la mayoría manzanos, pero dispersos del centro a varios metros, con lo que había gran espacio, iluminado por la creciente luna.

- Bien, ya cumplí. Es aquí.

- Muy bien. Gracias Lalin - agradeció Crisalia - y tú, señorita... - y señaló a Alana, que estaba observando el lugar.

- ¿¡Señorita!? Mi apodo sería castrón´´. Vamos, una señorita no va con una espada matando a villanos. - interrumpió Alana enfadada.

- Bueno, pues Alana, ven conmigo. Tú, Lalin... Mejor apártate.

Crisalia movió las manos de forma extraña durante un rato, después, apareció un lucero entre ellas, el lucero creció tomando la forma de un arma. Brillaba intensamente hasta que paró, en ese momento paró de crecer y se pudo ver - ya sin la luz, claro - una espada, filo delgado y duro con un mango adornado por escarlatas piedras. Crisalia, que en sus manos la tenía, hizo movimientos vagos para probar su forma aerodinámica. Luego se dirigió a Alana, que observaba atónita la escena a distancia prudente, con las manos cruzadas en el pecho.

- ¿¡Alana¿Estás en este mundo?

- ¿Eh¿Qué?

- ¿A qué esperas? Saca tú espada.

- ¿Eh? A si. - Alana desenfundó la espada y colocó en su brazó el escudo.

- ¿Para qué lo tragiste? Déjalo, ahora no lo vas a necesitar. - Alana le dió el escudo al zora, que estaba tumbado bajo un árbol. - ¿Preparada?

- ¿Para qué?

- Te voy a enseñar la técnica del agua. La verdad, no sé que ha pasado, tenías que haberla aprendido cuando conseguiste la perla, pero... bueno, soy novata en esto de ser sacerdotisa ¡Je, je!

- Em... No le veo la gracia. Acaba ya y dime que hago.

- ¡Je!... Bueno, saca la perla.

Alana la sacó, la llevaba en un bolsillo.

- Bien, ahora concéntrate en esa piedra, como hiciste en el Templo del Bosque, concéntrate.

- Vale, concentrada¿qué más?

- Atácame.

Alana vaciló ante la propuesta de atacarla, pero vió en ella seguridad, así que fué al ataque. La Espada Maestra se envolvió en un brillo aguamarina pero, cuando el filo llegaba a chocar con el acero de Crisalia, se apagó de pronto. Maestra perdió fuerza y, la espada del hada, derribó a Alana.

- ¿Qué a pasado? - preguntaba la confusa Alana.

- No te concentraste suficiente. He de decirte que si no te concentras bien y el ataque, en este caso, la técnica del agua, la espada pierde su fuerza. ¿Curioso, verdad?

- Y tarde que digamos. - susurraba Alana mientras se levantaba del suelo.

- Bueno, no te pongas así. Vamos, inténtalo de nuevo.

Volvió a intentarlo, pero ocurrió como el intento anterior.

- Mal, mal¡MAL! - gritaba Crisalia - Concéntrate, cabezota.

- Ya lo intento pero ¿sabes? No es tan fácil. - contestaba Alana, ya harta de Crisalia y sus enseñanzas, mientras se leantaba y recogía su espada.

- Y vosotras dos¿me hacéis el favor de bajar la voz? Queria un poquito de tranquilidad... - rogaba Lalin.

- Tú te callas. - contestaron a la par las muchachas. Lalin, visto el triúnfo, se quedó calladito.

- Bueno, inténtalo de nuevo.

- Venga, a ver, concéntrate Alana. - meditaba - Concéntrate. Mm... ¡Ya!

Alana se dispuso a correr hacia Crisalia. Lo mismo, Maestra emitió un brilló aguamarina, las espadas se cruzaron, pero, esta vez, la Espada Maestra se rodeó de auténtica agua y, con algo de fuerza por parte de Alana, derribaron a Crisalia.

- ¡Ay! Duele... - gemía la joven en el suelo, mientras se acariciaba la cabeza porque, por mala suerte, el golpe la lanzó contra un árbol.

- Genial, lo he logrado. - saltaba de alegría Alana. - A la tercera va la vencida.

- Vale. Bueno, me fastidia perder pero... - Crisalia se acercó a Alana y la espada que creó desapareció. - Mi motivo aquí era enseñar, no ganar.

- Gracias.

- Ahoa, ve a dormir. Te lo mereces.

Alana se fué a dormir. Lalin le indicó el camino y luego volvió donde la catarata. Alana se fijó.

- Crisalia tenía razón, - pensaba mirando para Link - cuando Link tiene sueño es un tronco, Je, je. Bueno, se lo merece, ayuda a la gente y eso cansa. La verdad, será un héroe, pero ser... - fijándose más en el - es solamente es un niño que juega en el tiempo, atrás, adelante, ya querria yo, así, conocería a mi padre. - derramó una lágrima al recordar a su padre.

Alana se acostó mirando al Héroe del Tiempo, pensando en lo que era ahora y cuando empezó, Solo un niño cuando empezó e incluso, menor que yo. No me rendiré, aunque sea, encontraré aquí un hogar, ya no puedo volver.´´ Miró al cielo estrellado, una estrela fugaz cruzó el firmamento, dejando tras de sí su maravilosa estela. Alana pidió un deseo, cerró los ojos y se hundió en un sueño profundo.

Mientras ella se había ido, donde estaban el zora, Lalin, y Crisalia apareció alguien.

- Buen trabajo, Crisalia, no está mal. Eso la ayudará contra su siguiente reto. - dijo una voz grave situada e lo alto de un árbol.

- Vaya, pensé que ya no venías, Kaep. Ji, ji. - rió Crisalia.

- ¡Kaepora he dicho! Nada de Kaep. - regañaba el ave.

- No te pongas así. - la defendía Lalin, siempre manteniendo su tranquilidad - ú bien lo sabes que lo hace para picarte¿verdad, buhito?

- Mm... Sí, lo sé. Pero esta aprendiza me saca de quicio. Ojalá acabe rápido de enseñarle Ruto y así ya pueda dejar de supervisarte. - ululó.

- ¿Y bienes hasta aquí solo por ella? - preguntaba el zora sorprendido. - Es mucha distancia.

- Lo sé. Pero me ausentaré, pues tengo que seguir a la hija de... - Kaepora se calló, sabía que decía demasiado.

- ¿A la hija de quién? - interrigaban ambos jóvenes.

- Em... se va, he de seguirla. Si os ocurre algo, buscad a la aprendiza del Templo del Tiempo.

- Pero, contéstanos.

Kaepora partió su viaje, dentro de poco amanecería. Ay, ay, ay, he de callarme de vez en cuando, esos dos me saca toda la información que quieren. ¡Ah!´´ suspiró, Se aprobechan de alguien viejo como yo, la juventud de hoy...´´

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Nota autora: Bueno, no siempre son largos, tampoco emocionantes, qué se le va a hacer, pensé que ya había acabado con la racha de microbios. Bueno, espero que hayan disfrutado del capítulo. Gracias por leer.