Tía Eleonor
Nueva York
- Si me lo preguntas Eleonor, creo que lo más sensato que hubieras hecho, habría sido sin duda el hacerte cargo de las consecuencias de tus decisiones - hablaba un hombre de bigote blanco y de apariencia severa pero gentil.
- ¿Quedarme con la niña? ¿Es que acaso no comprendes? ¡No soy casada Ernest y nadie creerá que la adopté! mi carrera se vendría abajo, la sociedad es muy exigente y más con las figuras públicas - explicó con impaciencia.
- No puedes actuar todo el tiempo tan a la ligera. - habló regañándola con la mirada.
- ¡No me mires así! no tengo ocho años y tú no tu eres mi padre - se defendió ella sintiéndose incómoda.
- Así es Ely, no soy más que un amigo; sin embargo recuerda bien que éste amigo tuyo ha hecho demasiadas cosas por ti, éste amigo sin ser tu padre te ha defendido y protegido de los escándalos más veces de las que podría contar - replicó ofendido.
- No lo dije para hacerte menos, es solamente que me siento atrapada, entiéndeme - dijo la dama de forma suave.
- ¿Te imaginas como se ha de estar sintiendo esa niña? - interrogó él ignorando lo dicho por la mujer.
- Ella sabe que todo esto es a causa de su desobediencia y además aún no anulo la adopción, por ende ella aún está a mi cargo - protestó la dama levantándose del fino mueble.
- ¿Así que le has hecho creer que todo es su culpa?... me sorprendes - declaró con desaprobación - ¿Acaso no te has encariñado con la niña? - preguntó.
- ¿Quererla? ¿Qué tiene que ver eso? - cuestionó sin querer responder a la pregunta - Si esa chiquilla no se hubiera expuesto así, si me hubiera hecho caso a mí o a la nana, nada de esto habría pasado - aseveró la de cabellos rubios buscando en su mente la manera de defenderse de lo que su amigo la acusaba.
- Tienes que traerla y darle el hogar que necesita, hazlo en nombre de tu hijo - expresó con seriedad.
- Mi hijo nada tiene que ver, así que no lo metas en esto, y mi decisión está tomada, no la traeré ¿No te das cuenta que todos los periodistas están tras de mi?- cuestionó ella molesta.
- ¡Recapacita mujer!
- Por ahora no puedo ni quiero hacer nada, además Candy siempre ha vivido en el hogar, la debe de estar pasando bien, jugando con los demás niños que viven allí y disfrutando de la libertad de hacer lo que se le venga en gana - respondió mientras servía dos copas de vino.
- Todo niño necesita vivir en una familia que la cuide y vele por su bienestar - rectificó él recibiendo la copa que la mujer le entregaba.
- ¡Hablas como si tuvieras la familia perfecta! Te recuerdo que tu esposa no te da tanta paz querido- le recordó.
- ¡Estás imposible! haz lo que desees Eleonor pero espero que no te pese en la conciencia luego - declaró enojado el hombre y colocando su bebida sobre una pequeña mesa se levantó dispuesto a retirarse.
- No quise decirlo... por favor toma asiento - pidió ella
- No puedo creer que te hayas convertido en este tipo de persona - le dijo mirándola con decepción.
- Sabes muy bien que la vida ha sido muy dura conmigo y me ha enseñado a ser como soy, lamento que tengas que escuchar mis impertinencias - habló ella queriendo disculparse.
- Desde niña siempre fuiste impertinente - afirmó condescendiente y volviendo a sentarse en su lugar.
- Un poco - afirmó con una ligera sonrisa.
- Creo que es hora de marcharme - dijo prefiriendo irse de buen modo antes que irse enojado con la mujer.
- Aún es pronto Ernest.
- Me gustaría comprar algunos regalos para los niños y mi esposa.
- Entiendo, pero se me ha ocurrido una solución a mi problema, y me gustaría que me escucharas.
- Creo que no necesito saber nada. - contestó.
- Te implica a ti amigo, por eso te ruego me escuches - pidió ella.
- Adelante.
- No pienses que ya lo tenía planeado, esto es algo que está tomando forma en mi mente en este mismo instante.
- Dime ya mujer - exigió el hombre impaciente.
- ¿Porqué no llevas a Candice a tu casa? - soltó la pregunta de forma rápida y clara.
- ¿De qué hablas? ¡Perdiste la cabeza! - exclamó incrédulo - ¡Esto es el colmo! te recuerdo, amiga querida, que acabas de afirmar que yo no tengo a la familia ideal.
- Lo dije sin pensar Ernest, pero yo sé que eres un buen hombre y viendo del modo en que te preocupas por la pequeña, estoy segura que la cuidarás bien, además solo será un tiempo.
- Definitivamente no, Sara se opondrá terminantemente y lo que menos quiero es tener un problema más con ella.
- Quizás se oponga, pero eso no quiere decir que sea malo, yo creo que la presencia de Candy te ayudará en tu matrimonio. - habló logrando capturar toda la atención de su oyente.
- Explícame cómo. - dijo el caballero.
- Tu esposa podría pensar que Candy es tu hija, piénsalo.
- Peor aún, no hay forma de que acepte lo que me dices.
- Sara se pondrá tan celosa que querrá arreglar las diferencias contigo inmediatamente, jamás se arriesgaría a que la dejases. - le sugirió con voz cómplice sin hacer caso a las negativas del hombre.
- No me convence tu razonamiento - aseveró queriendo aparentar seguridad pues en su mente estaba pensando seriamente lo que le decía la actriz.
- Ella te querrá retener amigo.
- Mi esposa sabe que yo sería incapaz de faltar a nuestro matrimonio.
- Por eso mismo no te creará un problema, pero sí se le instalará la duda, además ¿No crees que Candy les haría bien a tus niños? esa niña es todo lo opuesto a lo que ellos conocen, su frescura y alegría les ayudará, por otro lado la pequeña también resultará favorecida pues aprenderá de tu hija a comportarse como una damita. - terminó de hablar sonriente y segura de que todos sus argumentos surtirían el efecto que ella deseaba.
- Mis hijos no son fáciles de tratar - murmuró dudoso el hombre.
- Quizás tus niños sean un poco traviesos pero ¡Qué de malo podrían hacerle! solamente son unos niños.
- Tienes razón, puesto que aunque son un poco difíciles, son buenos niños con un gran corazón.
- Todo irá bien Ernest - aseguró tratando de transmitir confianza en sus palabras.
- ¿Qué le diré?
- Llévala como la hija de un amigo que necesitaba dejarla a tu cuidado por un tiempo, dirás que es la hija de Vincent White y Eloysa Baker, mi prima, ¿La recuerdas?
- ¡Por supuesto que la recuerdo! ¿Pero acaso ella no hizo votos perpetuos?
- Así es, es una monja de clausura, así que jamás se enterará, en lo que respecta a Vincent, sé de buena fuente que se convirtió en sacerdote hace varios años y se marchó a un pueblo pequeño en Italia, así que como vez todo está controlado.
- Tal vez no sea tan mala idea...
- Claro que no lo es, es una idea genial si me lo permites, además podré resolver todos mis asuntos sabiendo que la pequeña estará contigo.
- Egoísta hasta el final ¿Eh? - inquirió él levantando una ceja
- Llámalo como quieras, pero recuerda que tú también le estarás sacando beneficio - contestó sonriendo de medio lado.
- Supuestos beneficios, no podemos estar seguros que todo irá tal y como dices.
- De cualquier modo solamente serán unas vacaciones, así que si no hace ningún bien, tampoco hará ningún mal.
- Eleonor recuerda que tarde o temprano tendrás que hacerte cargo.
- Descuida - contestó alegre.
- Entonces está todo dicho, la mansión Leagan tendrá una invitada - afirmó el hombre sonriendo con optimismo.
- ¿Brindamos? - preguntó la dama satisfecha de haber solucionado sus problemas.
Días después en la mansión Leagan.
- Me opongo Ernest, no quiero a nadie extraño en nuestro hogar, además ¿Quién es ese amigo tuyo? - preguntó una elegante mujer con el ceño fruncido.
- Es un amigo de infancia querida, necesita de mi ayuda y se la daré aunque no quieras - afirmó él tratando de imponer su autoridad.
- ¿Acaso es una hija natural? ¿Acaso me has engañado? - preguntó de pronto ella tomándolo del brazo.
- ¿Cómo engañarte Sara? si todo el tiempo te la has pasado tratando de hacerme feliz, siempre has sido la esposa perfecta, fiel, dulce y entregada a su familia - dijo irónico antes de marcharse y dejar a una furiosa dama tras de sí.
- Te juro Ernest, que ésta me la pagarás, te arrepentirás de traer a tu bastarda a la casa.
Hogar de Ponny
- ¿Te da gusto verme Candy? - preguntó dulcemente la mujer recibiendo un fuerte abrazo de la pequeña.
- ¡Mucho! recé todos los días para que viniera por mi. - confesó la niña mirándola con adoración.
- Bueno, aquí estoy.
- ¿Me llevará con usted verdad? - preguntó ilusionada.
- Verás, la situación en Nueva York es complicada para mi, tanto que el dueño de la compañía me ha amenazado con quitarme el trabajo si ocurría un escándalo más... ¿Puedes entender lo que eso significa? - preguntó envolviendo uno de los rizos de la pequeña entre sus dedos - así que no puedo llevarte conmigo... incluso había pensado en anular la adopción Candy, tu te mereces una familia y yo no puedo dártela. - terminó tomando el mentón de la niña entre sus manos.
- Lo entiendo lady Eleonor - habló ella con los ojos cristalizados - pero le suplico que no anule la adopción - rogó dejando escapar una pequeña lágrima que fue recogida por el fino pañuelo de la dama.
- Bueno yo tampoco quisiera hacerlo, eres una niña muy dulce y te quiero mucho pequeña.
- Haré cualquier cosa que me pida - ofreció Candy.
- No quiero dejarte desamparada, es por eso que he pensado que quizás haya una salida; sin embargo no sé si estés dispuesta.
- Dígame y lo haré sin dudar.
- Tengo un amigo muy querido, se llama Ernest Leagan, su familia es una de las más importantes de aquí, son de clase alta Candy, ese matrimonio provienen de una familia aristocrática, tienen dos niños y necesitan de alguien con quien jugar y conversar, son muy solitarios.
- ¿Qué tienen que ver conmigo? - preguntó confusa.
- Ernest Leagan está dispuesto a tenerte en su mansión y cuidarte por una temporada, serás tratada como a una hija, serían como unas vacaciones Candy, después de un par de meses llegaré por ti y nos iremos juntas a New York. Así que ¿Aceptas ir allí?
- Lo haré - afirmó sin pensar demasiado.
- Bueno deberás decir que eres la hija de Vincent White y Eloysa Baker.
- ¿Entonces tendré otra identidad?
- Serás Candice White Baker, tendrás al fin mi apellido Candy, dirás que soy tu tía, de ese modo nadie se extrañará cuando vaya a recogerte.
- ¿Entonces ahora la tendré que llamar tía?
- ¿No te hace feliz querida? ser una tía es bastante cercano a ser una madre, y al final yo te quiero como a una hija.
- Si es así yo estoy feliz tía Eleonor - contestó la niña, que rápidamente se había dejado enredar en las palabras de la adulta.
- Tía Ely suena lindo mi pequeña Candy - habló abrazando a la pequeña con ternura.
- La quiero mucho - susurró la niña.
- Y yo también Candice - contestó la actriz un poco incómoda y rompiendo el abrazo se alejó y le señaló tres maletas color rojo que estaban en una esquina de la habitación - mira ahí - le dijo y continuó - esas maletas son para ti, dentro de ellas encontrarás hermosos vestidos y zapatos, todo lo que necesitas para estar a la altura de una familia tan distinguida, hay cosas sencillamente hermosas, lo más fino que encontré lo he comprado para ti.
- Muchas gracias.
- No es necesario que agradezcas, solamente tienes que recordar que debes portarte muy bien, tienes que pulir tus modales y hacer ver que eres una señorita con clase, así que promete que serás buena niña.
- Lo prometo.
Buenas tardes chicas, lamento mi ausencia, pero pasé por varias complicaciones personales; sin embargo aquí estoy dispuesta a continuar trabajando para que disfruten de mi historia.
Espero que me sigan apoyando.
Bendiciones.
