Quimérica Realidad
Parte IX
Temari se desplomó como una marioneta en el suelo de madera, con los ojos abiertos de par en par, sorprendida por darse cuenta de lo que sucedía. Sus ojos verdes se centraron en aquel hombre que la miraba como desquiciado. Esa sonrisa tétrica y de loco.
-No...-musitó
ella con dificultad, aún queriendo ser ella-
me...hn...-
-Demasiado
tarde hehehehe-rió
con voz aguda aquel ser-Pronto
todo tu cuerpo se quedará inmóvil... pronto tus sentidos
perderás...hehehehe y cuando nada puedas hacer, la locura tomará
poder y hehehe...morirás hehehe...lentamente...-
¿Por qué se reía tanto? ¿Qué le causaba risa? Era un loco... La rubia sentía rabia reprimida recorrer su cuerpo. Era la segunda vez que sentía perder frente a aquel desquiciado, del que ni siquiera sabía el nombre. Lo odiaba.
Pronto, dejó de poder moverse y a eso le siguió, ni lenta ni presurosamente, la perdida de su vista y oídos, sumergiéndose en la oscuridad profunda.
-¡Temari!-una voz la llama, la rubia enfoca su mirada y gira su cabeza para ver a un niño de cabellos castaños y grandes ojos azules mirarle con una sonrisa.-Temari!.- El niño parecía querer mostrarle algo (a parte de conocerla) y se esta acercando a ella con rapidez.
Un rápido vistazo al lugar y la sensación de que el niño no debía acercarse allí, hicieron que ella gritase que se alejara. El niño se detiene en seco y la mira curioso. Temari vuelve a gritar, pero no alcanza a terminar, cuando una sombra atrapa al niño por detrás y mostrando un filoso kunai, apunta al cuello del niño.
-¡No!-alcanza a gritar ella mientras avanza para intentar hacer algo, no obstante, de la nada, unas especies de sogas salen de la nada y empiezan a atarla, impidiendo que se moviese.
Grita con fuerza mientras se resiste. El niño queda estupefacto sin entender lo sucedido. Temari lo mira y estira el brazo, o intenta hacerlo. Grita ayuda, pero nadie la escucha. El niño la ve con ojos llorosos. El kunai hizo su trabajo dejando a Temari con los ojos abiertos de par en par.
-¡Eh! ¡No te distraigas, idiota!-gritó Kankuro luego de tener que mandar Kuroari para que repeliese el golpe de uno de los enemigos.
Nara ni se molestó en responderle, estaba ya demasiado fastidiado con las decenas y decenas de ninjas que venían en olas a atacarlos.
-¿Cómo
es que entran tantos en una casa como esta?-bufó
molesto. Kankuro lo miró de reojo sin responderle, estaba demasiado
ocupado manejando a sus marionetas para que estas les dieran a ellos
un espacio libre por el cual avanzar.
-Deja
de quejarte... hay que volver a la casa.-recomendó
una voz femenina.
Los dos muchachos intercambiaron una mirada, era la voz de Ino, la podían reconocer. Pero ¿Dónde estaba?
-Aquí.-anunció ella y a los pocos segundos, una de las puertas corredizas que estaban del lado contrario del pasillo, se abrieron de par en par. Éstas mostraron a una rubia de ojos azules y vestimentas violetas, bastante agotada. Jadeaba y las perlas de sudor recorrían su rostro para terminar suicidándose en el piso de madera. Nara la observó y ella le hizo gesto de que estaba bien.-Sólo... un poco agotada...-expresó antes de que las rodillas se le vencieran y cayera al piso.
Una vez que Kankuro y Shikamaru estuviesen junto a ella, él segundo no perdió la intención ni la oportunidad de gritarle y reprocharle.
-¡Idiota!
¿Qué fue lo que hiciste que estas así?-retó
él tras sacudirla un poco. Ino sonrió cansinamente.
-No
es tiempo que me sermonees.-le
dijo ella.-Tenemos
que volver por Temari y Kyone... me lo agradecerás después...-
-¿Qué
dices...?-alcanzó
a preguntar Shikamaru a punto de volver a sacudir a Ino
nuevamente
-No
lo encontré, Shika... No lo encontré...- dijo
vagamente antes de terminar de perder la conciencia.
Kankuro lo miró como exigiéndole explicaciones al respecto. Nara lo ignoró pero no porque quisiese hacerlo -aunque quería.- sino porque si era cierto lo que decía Ino, si era cierto que lo había buscado y no estaba en la casa... Entonces tenían mucho más que un problema.
-...No terminó su trabajo con ella...-musitó con los ojos tan abiertos como si le fuesen a salir y su cuerpo levemente temblando.- ¡Tenemos que volver. ¡Hay que volver!-
Kankuro no es ningún tonto, por algo llegó a ser jounnin. Invocó a su Sanshuo y dejaron a Ino en la cúpula de hierro que llevaba la susodicha marioneta que estaba en el lomo de la salamandra. Luego, miró a Shikamaru, frunciendo el entrecejo.
-¿Qué vas a hacer?- inquirió. Shikamaru lo miró sin comprender bien.- ¿Nos separaremos...? ¿Buscaremos a Sakura...?¿Iremos directo para allá...?-dijo generalizando las opciones que tenían en su momento.
Kyone aterrizó en el piso jadeante. Miró a sus oponentes quienes tampoco estaban en las mejores condiciones que ella. Sus fuerzas aún no menguaban, por lo que si era un poco inteligente, podría acabar esto teniendo los mínimos rasguños. Aquellos hombres la miraron enojados, les estaba costando más trabajo del que esperaban. Ante la mirada, Kyone se dio el pequeño, pero deleitoso gusto de retarlos.
-¿Qué pasa? ¿No era que iban a terminar conmigo de una manera rápida?-dijo con aires altaneros.- Hn, a este paso podría vencerlos con una de mis manos atada a la espalda.-Se afirmó a los kunais y miró expectante las reacciones poco alegres de éstos ninjas.
Los mismos se le abalanzaron portando consigo un kunai cada uno. Con gracia burlesca ella los esquivó y apuntó en la espalda de ambos. Realmente esto era fácil, pensaba que le iba a ir peor de lo que esperaba.
-Kankuro estará orgulloso de mí.-dijo ella empezando a sentirse importante antes de tiempo.
Los hombres soltaron los kunais y levantaron las manos, no obstante, antes de que se lo pudiese esperar, al mismo tiempo, ambos lograron darle una patada que la mandó varios metros hacia atrás y estuvo muy cerca de caer al suelo.
-No
te confíes, niña, esto recién empieza.- rió
uno de ellos. Kyone se incorporó y miró amenazante a los hombres.
Tiró ambos kunais lejos sin mirar hacia donde los arrojaba.
-Bien...
sí así lo quieren.- dijo
antes de silbar un par de notas.-
Prepárense a perder.-amenazó
poniéndose en pose de taijutsu.
Pronto, detrás de ella no tardaron en aparecer una enorme nube de aves de distintas especies.
El chuunin se quedó en silencio, realmente no había pensado cómo actuar, solamente en actuar. Puso las manos como si hiciese un cuenco y empezó a reflexionar acerca del tema. Kankuro no pudo hacer más que mirarlo entre curioso e inquieto. ¡El tiempo se les agotaba y el tipo empezaba a hacer poses Zen!
-Lleva a Ino a un lugar seguro y luego ve hacia la guarida. Yo buscaré a Sakura en tanto.- terminó por resolver Shikamaru.
No era una de las ideas y órdenes que más le hayan gustado dar. Pero otra opción, no le quedaba. Él quería ir por Temari, quería ir a buscarla. Pero era una tarea que debía dejarle a Kankuro, él como cabeza de la misión, tenía unas prioridades que no podía dejar pasar por alto. Una de ellas era recuperar el pergamino y la joya.
Kankuro asintió como perro obediente y estaba ya marchándose cuando, en un impulso-esos en los que uno luego se pregunta como hizo para hacer o decir aquello con tanta desenvoltura- se volvió al jounin de Sunagakure no Sâto, llamándolo por su nombre. Éste respondió volviéndose a él, deteniéndose a penas para verlo.
-Asegúrate de llegar a tiempo... asegúrate de salvarla... por favor...- pidió tranquilo, como si le hablase del clima o preguntara por la buena relación entre ambas aldeas.
Luego, dejando al hermano del medio ceñudo, Nara se dio vuelta y volvió a su camino, a su búsqueda para hallar a la pelirrosada. Kankuro bufó y soltó un par de palabras, pero él siguió con su camino ¿Cómo es que podía haber dicho algo como eso a él? Era obvio, tan obvio como que él era un marionetista de Sunagakure y Nara un controlador de sombras de Konohagakure, que se refería a Temari.
El segundo hijo del Kazekage llegó a la casa varios minutos después de esa conversación, aquel lugar que les servía de guarida a ellos durante la misión ahora le daba una mala espina terrible. Allí había peligro, lo sabía por el extraño ambiente que la casa emanaba, una sensación ya conocida en su memoria se fue apoderando lentamente de él.
Inmediatamente, dejó el cuerpo inconsciente de Ino en un lugar que se podría considerar seguro dadas las circunstancias... al menos, no estaba a simple vista. Avanzó hacia la casa con kunai en mano. Antes de entrar, las marcas de una pelea obviamente reciente-plumas, shurikens, kunai, sangre, aves muertas- eran evidentes para él, así como quién pudo estar involucrado en aquella batalla.
Kankuro no pudo evitar cerrar los ojos y respirar profundo antes de ingresar a la casa, antes de correr la rota puerta de madera y enfrentar una realidad que podría ser sacada de alguna pesadilla. Sólo podía pensar en su hermana y en Cabeza de Plumas.
Esa chica, Kyone Arukei, del clan Torihito... esa quien debía estar a su cargo por órdenes de su hermano-más bien, el viejo abuelo de aquella chica- para asegurarse de que no le ocurriera nada, pues para el clan era un "tonto juego" de ser ninja y evadir las responsabilidades que ella tenía dentro del clan. Porque Kyone no debía ser ninja, ella debía ser criadora de aves, junto a su futuro esposo debían criar las aves que acompañarían a los integrantes de la rama principal durante las misiones verdaderas.
Lo admitía, en un principio, ni ganas tenía de ser el guardián de aquella chica. Es más, aún no quería serlo. Pero las circunstancias de los hechos, hicieron que poco a poco el shinobi se acostumbrara a la molesta presencia charlatana y cantarina de la Arukei. Era una molesta presencia, sí, pero se había acostumbrado a tenerla cerca y que estuviese a salvo. Después de todo, él conocía el potencial que Kyone poseía. Él sabía que esa chica daba para más en cuanto a ser ninja se refería. Pero también sabía que, bajo toda costa, esa debía ser la última misión de ella. Kyone debía salir viva, pero después de eso, no iba a volver a ser ninja. Tanto él como ella lo sabían. Y eso no era algo que le agradase a la peliazul. Para nada. Era el sueño de Kyone ser ninja. Pero decisión de sus padres que se casara.
Alejando esos pensamientos y recuerdos de su mente, esas divagaciones, corrió la puerta destruida y se abrió paso entre los escombros. No tardó en descubrir el cuerpo de dos shinobis, muertos. Tampoco tardó en descubrir la cantidad de plumas y aves de distintas especies que daban vueltas por ahí. La luz apenas entraba por la cantidad de escombros, por lo que a penas se podía ver.
-Ugh...Agh...-varios quejidos empezaron a oírse, intentos ahogados de tos. El titiritero sintió como su cuerpo se estremecía instintivamente y el escalofrío pasaba por él una y otra y otra vez.
Caminó un par de pasos más por el hall destrozado, halló unos escombros que movió con cuidado, debajo de él pareció ver el extraño kimono-pantalón azul de la cabeza emplumada.
La imagen que, entonces, se reveló no fue para nada agradable. Kankuro cerró los ojos dolido, reteniendo lágrimas y maldiciones, y que la voz se le quebrara. Lucho por mantener la calma: Kyone estaba en el piso con los ojos abiertos, respirando dificultosamente debido a un corte, que no sabía si era profundo o no, en la garganta, esto le impedía respirar bien y hablar... Kankuro no quería saber si le habían desgarrado o no las cuerdas vocales.
Un dolor grande se apoderó de él. Pero nada podía hacer por el momento... sólo evitar que ella muriera.
La chica de ojos zafiro lo miraba con el par anegado de lágrimas. Mentiría mucho si dijese que no le importaba perder el habla. Que no le importaba perder su vida.
