Bueno, aquí estoy. He notado que escribir este fic me desestresa bastante, así que estoy intentando escribirlo más seguido. No saben la alegría que me da que a ustedes les guste tanto, muchísimas gracias por las reviews, y ya estoy agregándole aquellas cosas que ustedes me sugieren, como incluir más parejas.
Espero que les guste este cap, lo hice un poco más largo para compensar por el anterior.
Disclaimer: No, Glee no me pertenece, ni tampoco sus personajes. Si así lo fuera, todos los capítulos incluirían algo de alcohol y ellos en poca ropa.
IX
- ¿No has vuelto a hablar con ella?- inquirió Kurt, tirando las cáscaras de manzana en la bolsa de los residuos, y dándole a Finn las frutas para que éste las rebanara. Finn se aseguró de que no hubiera nadie cerca antes de contestar.
- Le dejé un mensaje en cuánto supe que Hiram estaba hospitalizado, pero no me ha contestado.- dijo, apenado. Kurt lo miró por un segundo, como si observara algo muy complicado.
- No entiendo que pasó. Hasta hace una semana, Blaine y yo esperábamos el momento en que nos anunciaran su fecha de bodas. Nunca pensamos que se… separarían así.- le murmuró, claramente sin comprenderlo. Finn no se molestó en contestarle. Hacía dos días que habían llegado a Lima, y había deseado encontrarse con Rachel desde el momento en que había oído que su padre estaba grave de salud. Amy entró en la cocina, cargando una bolsa del mercado, y hablando animadamente con Burt.
- Así que creo que empezaré con ballet en cuanto pueda, porque quiero bailar bien y Sammy ya comenzó y podemos ir juntas.- le dijo, dándole la pequeña bolsa y sentándose en la falda de su padre.
- Nos encontramos con Sam Evans en el mercado. Está de vuelta por el receso.- le comentó Burt a sus hijos, sentándose con ellos en la mesa.
- Podríamos reunirnos todos. Sé que Mercedes ha vuelto, y Rachel está aquí también.- Kurt se arrepintió de haberla nombrado en cuanto vio los ojos de su sobrina llenarse de ilusión, y los de Finn echándole una mirada llena de odio.
- ¡Papá, debemos ir a verla! ¡La extraño muchísimo! ¡Por favor, vamos!- le rogó, juntando sus manos en señal de súplica.
- No podemos molestarla, pulga. Rachel no está pasando por un buen momento, y no creo que tenga tiempo para vernos.- le dijo, acariciándole las mejillas. Amy se bajó de la falda de su padre, y salió corriendo hacia la vieja habitación de Finn, en la que ambos dormían.
- Creo que la llevaré un rato al parque. Tal vez así se canse un poco y deje de hacer preguntas.- propuso Burt, buscando sus abrigos.
- Realmente espero que sepas lo que estás haciendo, Finn. Porque, sinceramente, no veo que estar sin Rachel sea ni una millonésima parte de lo maravilloso que es estar con ella.- le dijo Kurt, limpiando la mesa antes de salir de la habitación, dejándolo una vez más en la nube de sus dudas.
- OO –
En las últimas semanas, Rachel había recibido más golpes que en los últimos diez años juntos. Había terminado con una relación que creía definitiva y sin final, y había regresado a su hogar para encontrarse con que su padre requería de una operación. La nieve que encontró al salir del hospital sólo logró profundizar su depresión. Se ajustó un poco más el abrigo, abrazándose a sí misma y dejando que sus pies la lleven a algún lugar. Quería llamar a Finn. Quería hablarle y rogarle para que se encontraran en algún lugar. Quería tenerlo a su lado, sentir sus brazos rodearla y el sonido de su voz llamando su nombre. Pero no podía: había entendido que ahora él tenía otras prioridades, y lo había entendido porque ella también las tenía. En cuánto había podido pasar el trago amargo de la separación, Rachel comprendió que nadie más que ella sabía cuánto dolía perder a una madre, a una que se había deseado tener toda la vida. No podía permitir que eso le ocurriera a Amy si ella y Finn no podían confiar el uno en el otro. Y entonces, oyó su voz, y todas las barreras que se había formado en esos días se derritieron como la suave nieve que le caía sobre el abrigo.
- ¡Más alto, Abuelo!- gritó Amy, mientras Burt hacía un esfuerzo sobrehumano por empujar el columpio.
- No puedo más, muñeca. Debemos volver para que tome mis medicinas.- le explicó.
- Yo puedo hacerlo, tengo bastante experiencia.- dijo Rachel, acercándose hasta ellos.
- Rachel…-murmuró Amy, saltando del columpio y corriendo hacia ella. Ésta la abrazó fuerte, mientras la niña le hundía la mejilla de un beso.
- ¿Cómo estás, pequeña?- dijo ella, también besándola.
- ¿Te quedas con ella así puedo regresar?- inquirió Burt.
- Si, quédate tranquilo. La llevaré antes de que caiga el sol.- prometió Rachel, sentándose en el columpio y poniendo a Amy en sus piernas.
- Te extrañé mucho. Pasaron muchas cosas en estos días.- murmuró Amy, acomodando su pequeña cabeza en el pecho de Rachel, buscando que ésta la abrace.
- Bueno, aquí estamos. Cuéntame que pasó.- contestó ella, apoyando su propia cabeza en la de la niña.
- Sammy comenzó las clases de ballet, y realmente quiero ir, pero quiero ir a ese lugar al que tu querías llevarme. Y mi conejo se manchó con jugo la otra noche, y papá no sabía como lo habías limpiado. Intentó hacerlo, pero no huele rico como cuando lo hacías tu. Y él está muy triste. Casi ni habla, y ayer no sonrió ni una sola vez cuando mirábamos Madagascar.- confesó la niña, realmente apenada. Se giró un poco para mirar a Rachel a los ojos, y la tomó de las mejillas con sus pequeñas manitos.- Tu también estás triste.- le dijo, frunciendo un poco el ceño.
- Si, estoy triste. Mi papá está enfermo, y eso me pone triste.-le explicó, tratando de no llorar. Amy la abrazó más fuerte.
- ¿Hay algo que pueda hacer?- le preguntó, claramente apenada. Rachel ya no pudo contener las lágrimas.
- Esto. Ser mi mejor amiga de cinco años.- le contestó, abrazándola tan fuerte como pudo. No hablaron por un buen rato, limitándose a hacer lo que dos amigas que se quieren y que se necesitan hacen: estar juntas, recuperar el tiempo perdido. Rachel sintió el inconfundible sonido de la camioneta de Burt acercándose, y se aferró más a Amy, sabiendo que probablemente no volvería a verla por mucho tiempo. Sin embargo, no fue la voz de Burt la que se oyó.
- Deben estar congelándose aquí afuera.- Dijo Finn, caminando lentamente hasta ellas, con las manos hundidas en los bolsillos. En cuanto Rachel lo miró, todas las excusas que se había formado en la cabeza contra él perdieron sentido. Se incorporó dejando a Amy en el suelo, y caminaron juntas para encontrarse con él. Finn le limpió las lágrimas con el dorso de la mano, y Rachel se acercó más a él, buscando continuar la caricia.- ¿Porqué no vamos a casa, Amy, así Rachel y yo podemos hablar?- le ordenó. Se subieron al monovolumen, y Amy encendió la radio. Cuándo los primeros acordes de The Only Exception comenzaron a sonar, Finn y Rachel no pudieron evitar mirarse brevemente.
- Me gusta esta canción.- dijo Amy, tomándole la mano a Rachel.
- A mi también me gusta.- respondió Finn, sujetando las manos de las dos mujeres que yacían entrelazadas. En cuanto llegaron a la casa de Rachel, Finn le ordenó a Amy que esperara en el auto mientras él la acompañaba hasta la entrada.
- ¿Estarás sola esta noche?- le preguntó, al ver que la casa se encontraba oscura y vacía.
- Sí. A Papá lo operan mañana, así que Papi se quedó en el hospital con él. Yo iré en cuanto me despierte en la mañana.- le explicó, jugueteando con las llaves. Finn volvió a acariciarle la mejilla, llamándole la atención.
- Prepáranos un té, yo volveré pronto. No pienses que voy a dejarte sola.- le murmuró, con una sonrisa conciliadora. Rachel le devolvió el gesto, acariciándole ella la limpia mejilla.
- Sigues sin tener la barba.- le dijo.
- Sigue sin gustarte.- contestó él, mientras caminaba hacia el auto, desde donde Amy saludaba animadamente con su pequeña mano.
- OO –
- ¿Cuán grave es la situación?- preguntó Finn, entrando en la cálida cocina y colgando el abrigo en el perchero.
- Según el médico, tiene muy pocas posibilidades de que algo salga mal. Pero aún así no puedo evitar preocuparme.- le explicó Rachel. Él se quedó en silencio unos segundos, mirándola con detenimiento mientras ella preparaba las tazas de té y calentaba unos emparedados. Se incorporó para acercarse hasta ella, abrazándola de la cintura. Rachel se giró, buscando todo el confort que no había conseguido en los últimos días, perdiéndose en las profundidades de Finn, en la sensación de su mano acariciándole el cabello, y su inconfundible perfume penetrándole por los poros. Se separaron un poco, para mirarse a los ojos, y Finn intentó besarla.
- No. No hagas esto, no vuelvas a hacerme esto.- murmuró ella, alejándose tanto como le permitía la pequeña cocina.
- Rach, no se como pedirte perdón…
- ¿Sabes que es mejor que pedirme perdón, Finn? No lastimarme en primer lugar. No buscarme, prometiéndome una vida juntos, cuando vas a dejarme. No venir a sacar provecho de mis días vulnerables, del momento difícil por el que estoy pasando.- dijo ella, casi llorando, sirviendo el té en las dos tazas con las manos temblorosas.
- ¡No vine a eso, Rachel!- gritó él, enfadado, golpeando el cesto de la basura. Rachel se giró, sorprendida, y él se alegró de que ella se hubiera quedado sin habla. Aprovechó el momento de desconcierto para acercarse a ella, mirándola a los ojos.- Yo te amo. Estoy perdidamente enamorado de ti. Te amo tanto como aquella primera vez en que te escuché cantar, o en esos meses de tortura cuando te paseabas por la escuela con Jesse St. James del brazo.- le dijo, más calmado, tomándola de los antebrazos.- Sólo necesitaba entenderlo, ¿sabes? Sólo necesitaba darme cuenta de eso. De que la parte de mi que aun es ese niño asustado de dieciséis años necesita de la parte tuya que es una niña determinada. Y eso no está mal, Rach. Tu también sigues siendo la constructora de castillos aéreos que necesita de mi como cable a tierra de vez en cuando.- Rachel no contestó; aquellas raras veces en que Finn pensaba en las cosas y las hacía de acuerdo a lo que su corazón le dictaba… solía tener razón.
- Yo no puedo volver a pasar por esto. No puedo volver a una vida en la que te tengo y luego te pierdo. No lo soportaría.- le confesó, con aquella voz pequeña e insegura que sólo usaba para él.
- Yo te prometo que ésta es la definitiva. Lo prometo.- dijo, con toda la sinceridad de la que era capaz. Rachel se separó, caminando hasta la mesa y sentándose lentamente en una silla.
- ¿Cuántas veces has prometido eso, Finn Hudson?- murmuró, frotándose los cansados ojos con la mano. Finn se arrodilló frente a ella, tomándole las manos.
- Quiero que te cases conmigo. Eso es para siempre. Y esta no es una tonta promesa de un chico de dieciséis años.- explicó, con los ojos llenos de esperanzas y de lágrimas. Rachel demoró un segundo en entender lo que Finn le estaba diciendo. Éste continuó.- Quiero que construyamos lo que nos queda de futuro juntos. Quiero que te mudes con nosotros, que seas la madre de la hija que ya tengo y la madre de los que están por venir. Quiero que compremos un gato, o un perro, y quiero que estés en todos mis juegos tal y como yo voy a estar en cada evento, en cada entrega de premios. Quiero hacer todo eso en el orden y en el tiempo que tu quieras. Porque te amo, Rachel. Tanto como me es posible, y a veces aún más.- finalizó, con un par de lágrimas corriéndole por el rostro. Ella lo miró por un segundo, mientras una sonrisa comenzaba a formarse en sus labios.
- Está bien.- le contestó, arrodillándose también ella.
- ¿Está bien a casarte conmigo, o a mudarte o….?
- A todo. Absolutamente todo.- murmuró, antes de besarlo. Sabía a lágrimas y a sonrisas, y un poco al caramelo de cerezas que Finn había masticado en el auto. Sabía, sobretodo, a promesa. A compromiso. A amor. A dos personas que habían recorrido un largo camino para volver al punto de partida, aquél en el que se cree que todo es posible si se cuenta con el apoyo de quien nos ama. Sólo se separaron cuando el olor del pan quemado inundó la habitación, y se rieron un buen rato de esa pequeña estupidez. Aquella noche, mientras Rachel se metía en su cama de adolescente con un viejo pijama a rayas y Finn la acompañaba con su remera del McKingley y sus bóxers grises, ella pensó que las cosas saldrían bien. Que esa noche dormiría tranquila, y que en la mañana su padre tendría una buena operación. Que le compraría a Amy el tutú más hermoso que encontrara y que le pediría a Carole la receta del pie de manzanas que a Finn tanto le gustaba, para hacerlo cuando vuelvan a su hogar, sólo porque así de poderosa se sentía cuando Finn Hudson la besaba tiernamente y le deseaba las buenas noches.
¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado. :)
