Hola a todos!
Yo, aquí, reportándome!
Como les prometí aquí os traigo la continuación de la historia. Como dije anteriormente, las actualizaciones vana comenzar a ser semanales. Si. Por desgracia la universidad me está arrebatando demasiado tiempo, y como consecuencia, que no pueda escribir como lo hacía anteriormente.
Es un duro golpe para mí, por que me ilusionaba ver cada día antes de la actualización que a la gente le agradaba el fic. Pero por desgracia, ahora será semanal, como los capítulos de los animes.
Bueno, dejando el drama aparte, daros las gracias (como siempre) a todos aquellos que me dejais un review. Los leo todos! 3 También a los que siguen la historia y dan fav (que cada vez son más y más! *o*).
También deciros que los anónimos me llegan al celular! asi que también os leo, mis niños! 3
Bueno, sin más que decir, os dejo el fic!
Capítulo 9: Entrenamiento
Año 850. Cuarto del sargento Rivaille.
El cantar de los pájaros despertaron de forma cálida y amorosa a Eren. El sol ya había hecho aparición en esa mañana despejada y azulada. Seguramente sería un día hermoso. Frotó con cuidado su rostro con la almohada, intentando desperezarse. Pero el olor proveniente de las sábanas de esa parte de la cama le llamó la atención. Esa no era su almohada… Levantó la vista, encontrándose con una habitación ordenada y pulcramente limpia.
La habitación de Rivaille.
Se sonrojó en cuanto los recuerdos de la noche anterior llegaron a su cabeza. Habían hecho el amor. Por primera vez en toda su relación (únicamente de sexo) habían tenido una noche única. Ni se acordaba de la cantidad de veces que lo habían hecho. Pero podía recordar que hasta que los primeros rallos del sol no aparecieron por el horizonte, el sargento no había dejado al castaño.
Volvió a posicionar su rostro en la almohada, aspirando el aroma de su querido Rivaille. Ese olor a vainilla y suavizante. Se quedó embriagado oliendo aquella prenda, hasta que sintió unos brazos fuertes y sobre protectores abrazarle la cintura. Unos labios se posaron sobre su nuca, depositando un beso húmedo que le hizo estremecer.
Al ladear la cabeza pudo apreciar la mirada somnolienta del sargento, que lo miraba como siempre, con su mirada seria y neutral. Pero hoy había algo diferente. Un extraño brillo en sus ojos le hacía entender que le agradaba que estuviera ahí esa mañana. Un calor procedente de sus entrañas le llenó el cuerpo. Le encantaba esa mirada del sargento.
-Buenos días… - susurró al darse la vuelta para poder apreciar mejor las facciones del sargento.
-Buenos días – la voz de Rivaille sonó ronca por el sueño. Se acercó peligrosamente a la cara del menor, uniendo sus labios en un casto beso, pero que representaba tantas cosas que el menor no le importó la fuerza que estos ejercían sobre los suyos. Amaba los besos duros y toscos de Rivaille.
Si.
Era un masoquista.
El sargento no dudó ni dos segundos en posicionarse encima del castaño, mientras el beso se tornaba mucho más pasional. Aun estando a esas horas de la mañana, a Rivaille le excitaba que Eren estuvieran tan adorable. Le incitaba a corromper – si es que ya no lo estaba – el cuerpo del menor. Amaba cada tramo de su piel suave y bronceada. Dirigió su mano hacia la entrepierna del menor, la cual seguía cubierta por las sábanas de su cama.
-¡Es…Espera…! ¡Ri…Rivaille! – Eren se separó de sus labios, mientras lo separaba escasos centímetros de él y sujetaba la mano que se aproximaba peligrosamente hacia su hombría.
-¿Qué pasa? ¿No quieres hacerlo por la mañana? – La voz de Rivaille sonó ronca en su oído, mordiendo el lóbulo de la oreja del menor.
-No se… no sé si podré aguantar una más… - Dijo escondiendo su rostro en el hueco entre el hombro y el cuello de Rivaille. Éste sonrió de lado con malicia.
-Probemos a ver… - Se abalanzó de nuevo contra el cuerpo del menor.
Esa mañana Eren no podría sentarse con propiedad.
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Revisó con la mirada que todos los equipos estuvieran preparados con las respectivas aplicaciones que habían traído hace un par de días. Para la muchacha, dos días de retraso significaba más trabajo para los soldados que tuvieran que aprender a controlar ese tipo de aparato enganchado al equipo de maniobras. Pero como era de esperarse, su querido teniente, más conocido como Dylan Grigori, había sugerido que ella no podía ejercer con su papel si no estaba completamente preparada y en todas sus facultades.
El haber hecho ese camino tan largo y sin descanso, había ocasionado que gran parte de sus soldados acabaran exhaustos. Como lo cual la idea de Dylan había sido ordenada por el comandante Erwin, el cual no quería que la rubia fallara. Aun sabiendo que ella era muy quisquillosa con respecto a la enseñanza de ese tipo de aparatos, Erwin había insistido. Y ella no pudo negarse.
-Bien. Todo está en orden. – Se aproximó a su teniente. – Que cada uno de los soldados coja sus respectivos equipos. El entrenamiento va a dar comienzo.
Todos los cadetes allí presentes se aproximaron a recoger sus equipos. Con dificultad se pusieron la aplicación – la cual Ángela no había dicho aún como se ponía – y se pusieron en filas de a uno en 10 grupos.
Ángela dio un rodeo con la mirada y, a lo lejos, en la entrada del castillo, se encontraba Eren, que venía corriendo con expresión de cansancio y un fuerte sonrojo en sus mejillas. Pocos segundos después aparecía Rivaille con la misma expresión de siempre, pero de vez en cuando miraba a Eren de una forma que sólo Ángela pudo comprender.
-Llegas tarde, Jaëger. Espero que tu falta de la puntualidad pueda ser recompensada con un buen manejo del aparato. – le replicó, poniéndose en posición de brazos cruzados y mirándole con expresión seria.
-¡Sí, señora! – Eren se puso en posición de saludo. Una vez que la rubia le dijo donde posicionarse, que fue al principio de la fila tres, dio comienzo a las explicaciones.
-Eso que tenéis incluidos en vuestros equipos se denominan rollers. – dijo señalando a las pequeñas ruedas que sobresalían en la parte posterior de sus pies. – se los denominan de esta manera porque, como pueden apreciar, son unas ruedas que están conectadas con el conducto de gas del equipo de maniobras. – señaló a los tubos que recorrían toda la extensión de sus piernas y terminaban en la conexión a las botellas de gas.
-Este tipo de aplicaciones se utilizan para la lucha contra los titanes en tierra. – todos se miraron preocupados entre ellos. ¿En tierra? ¿Contra los titanes? ¡Eso es de locos! Nadie se atreve a luchar contra titanes si no es en un lugar alto, ya sean árboles o las casas del antiguo muro María. – Se usa exclusivamente para titanes inferiores a 10 metros. En el norte abundan los titanes de baja estatura y poseemos grandes extensiones de tierra sin árboles de gran tamaño. De ahí que usemos este tipo de aplicaciones. – suspiró con cansancio. – Ahora, el teniente Grigori os enseñará como colocaros y las advertencias.
-¡Sí, señora! – El moreno dio un paso al frente. – Los rollers han de conectarse de esta manera. – se dedica a enganchar los tubos de gas a una abertura en el talón. – Ayuda a que de impulso a las ruedas. Se requiere mucho equilibrio. Como advertencia: Nunca le deis al gas cuando vayáis de espaldas si no queréis daros el golpe de vuestra vida – dijo con una sonrisa.
Los soldados se miraron unos a otros. Estaban anonadados y acongojados. Nunca habían controlado una cosa parecida. Esto iba a ser un entrenamiento muy largo.
Los primeros en aparecer en el circuito que habían preparado momentos antes, fueron los 10 primeros, entre los cuales se encontraban Eren y Armin. Se prepararon como les indicó en ese momento el teniente y soltaron gas. La mitad de ellos cayeron al suelo por culpa del impulso del gas, mientras que a otra mitad comenzó a moverse. Armin tropezó con uno de los escalones puestos a propósito para que saltara y calló de tal manera que comenzó a derrapar en el suelo. Eso le dolería mañana.
Los otros tres cayeron al pasar por la misma curva. Eren era el único que se mantenía en pie. No se le daba de maravillas, pero tampoco era tan complicado. Se tropezó en una de las curvas, pero supo reaccionar con velocidad y mantenerse en equilibrio.
Ángela se quedó asombrada. A eso era lo que se le denominaba talento natural. ¿Frederic sabría algo de eso? ¿Por eso sería la razón por la que se lo quería llevar al norte? Se le quedó mirando largo rato hasta que finalmente cayó de bruces contra el suelo al intentar hacer un salto.
Habría que pulir a ese diamante en bruto.
Los siguientes pasaron, hasta llegar casi a la mitad de la formación. Esto era un desastre. Ángela rodó los ojos. Ninguno tenía cualidades para poder ser un Roller en todo el sentido de la palabra. Eran demasiado torpes o le tenían miedo a la velocidad en tierra. Era desesperante. Se levantó del sitio en el cual había permanecido durante las 3 primeras horas y se puso en medio del circuito.
-¡ALTO! – Todos se detuvieron, aunque algún que otro se cayó de espaldas. – Esto es un desastre. ¿Y os hacéis llamar soldados? No sobreviviríais ni un día en el norte. No entiendo que es lo que el comandante ha visto en vosotros. – los miró con la cara más seria que pudo. Su mirada era tan parecida a la de Rivaille que hizo estremecer a toda la formación. – Os enseñaré como se usa. ¡Dylan!
El muchacho se aproximó a ella. Sabía a lo que se refería y la apoyaría en esa exhibición del equipo de maniobras. Sin duda se iban a divertir un rato. Todos se apartaron del circuito. La sargento se posicionó en el principio y el teniente por detrás. Con sólo un movimiento de cabeza, los dos salieron disparados. La velocidad que habían cogido era descomunal. Los movimientos de ambos, en zigzag intercalado, eran como una especie de danza. Los movimientos certeros y bellos habían dejado estupefactos a todos, incluso al mismo Rivaille que miraba con asombro como esa mocosa se había convertido en toda una experta. Aún recordaba cuando sólo sabía usar una parte ínfima del equipo de maniobras…
-Levántate, Ángela. Aún no hemos acabado – La voz de Rivaille sonó estricta. Llevaban cosa de cuatro horas intentando que la chica pudiera volar con el equipo, pero siempre que lo intentaba, se caía por falta de fuerza. Esto iba a ser agotador.
-¡Sí, señor! – su voz aguda resonó en los oídos del sargento. Aunque detestaba ese pito agudo que tenía como voz, nunca podría separarse de ella. Era su responsabilidad después de todo.
La muchacha se levantó de golpe, posicionando sus manos en los pistones del equipo. Debía elevarse. Tenía que sorprender a su sargento. Debía hacer que estuviera orgulloso de ella. Y sin más dilación se elevó por los cielos, pero esta vez, en vez de soltar el gas, apretó con fuerza, haciendo que girara por los aires, mientras soltaba de vez en cuando los cables para moverse con mayor facilidad. Finalmente paró delante de Rivaille.
-¡Lo hice! ¡Lo conseguí, Sargento Rivaille! – La chica sonrió abiertamente, mostrando su dentadura blanca, mientras un pequeño sonrojo se asomaba por sus mejillas.
Rivaille sacudió la cabeza. No tenía mérito recordar eso precisamente ahora. Volvió a mirar a la muchacha. Se había elevado en una de las rampas que habían puesto y había acabado de espaldas. Con un ligero movimiento volvió a ponerse de cara y frenó con un derrape a la altura de las tropas.
-Y así, se controla. Espero que hayan aprendido algo con solo mirar. – dijo con un tono frío poco característico de ella. Se quitó los rollers y se alejó del lugar, dejando a Dylan al mando de todo.
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Eren descansaba a la sombra de uno de los árboles de la zona de entrenamiento. Ese tipo de entrenamiento era matador. Quería que aprendieran a controlar ese trasto en menos que canta un gallo. Era muy complicado. Aunque a él se le diera bien – y no es por alardear – no era justo que les tratara de esa manera. Echó un trago de la botella de agua que tenía a su alcance. Estaba fría. Cerró los ojos hasta que esa sensación pasó.
Al abrirlos pudo ver al Sargento hablando con la chica que los estaba matando a entrenar. Cómo se llamaba… ¿Ángela? Tampoco le importaba mucho. Frunció el ceño en cuanto vio que la chica se aproximaba demasiado al sargento. ¿Quién se creía para acercarse tanto a SU sargento? Volvió a darle un largo trago a esa agua tan fría que se le helaba el cerebro.
Cuando volvió a verles, agrandó la mirada. ¿Desde cuándo Rivaille tenía esa faceta de coqueto con esa chica? Y ella no es que hiciera algo por evitarlo. Su ceño le dolía de lo fruncido que lo tenía. ¡Esa estúpida estaba tocando el pecho de Rivaille! Unas ganas tremendas de estrangularla le llenaron. Pero no debía hacerlo. Era su superior, y tenía que respetarla. Respiró un par de veces para relajarse y volvió a mirar. Ya no estaban ahí.
¿Dónde se habían ido? Se apresuró a terminarse la botella y volver al entrenamiento. Iba a dar lo mejor de sí. Iba a superar a esa sargento para que Rivaille solo pudiera verlo a él. Sólo a ÉL.
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El atardecer había llegado. Los soldados cayeron rendidos en el suelo en cuanto Ángela les dijo que podían parar. El día había sido demasiado largo y agotador. Todos estaban deseando irse a la cama. Esa mujer estaba loca. ¿Cómo les ponía ese tipo de actividades si nunca habían practicado con ello? Les había matado considerablemente.
Rivaille intentaba encontrar a Eren entre la multitud de cabezas cansadas que intentaban mantenerse en pie. Verlos era deprimente. Todos estaban de una forma deplorable. Con una mueca de disgusto pasó entre todos, encontrando a Eren a lo lejos, apoyado en un árbol de espaldas a él.
Se acercó decidido, pero el muchacho parecía no sentirlo.
-Veo que estás tan cansado que ni notaste mi presencia. – la voz de Rivaille sorprendió a Eren, el cual se dio la vuelta de golpe, encontrándose con la mirada de su superior.
-¡Sargento! – Se puso en posición de saludo. Rivaille rodó los ojos.
-No hace falta que hagas eso mientras estamos solos, mocoso estúpido – Rivaille se acercó a él y lo tomó por la cintura. Eren se sonrojó hasta las orejas. No se acostumbraría a esa forma tan característica del sargento de demostrar que le quería.
Rivaille besó el cuello del menor, mientras delineaba su piel bronceada. Eren soltó un jadeo involuntario y echó la cabeza hacia atrás, dejando a Rivaille más acceso a su cuello. Lamió, chupó y succionó esa extensión de piel que hacía estremecer al menor y subió hasta sus labios. Se fundieron en un beso húmedo y subido de tono, ya que el mayor había metido su mano dentro de la camiseta del menor. Dios, deseaba tomarlo en ese momento, hacerlo suyo en ese instante, quería… quería…
-Veo que te siguen gustando los niños, Rivaille. No has cambiado nada. – la voz chillona de Ángela llegó a sus oídos, separándose de Eren.
-Eso no es de tu incumbencia, mocosa. – respondió malhumorado. Le había sacado de su fantasía sexual con Eren. La chica sonrió de lado.
-¿Quieres decir que la tutora de Eren no tiene derecho a saber con quién se acuesta? Te tenía por alguien mucho más considerado. – Se cruzó de brazos. Rivaille bufó. No tenía ningún mérito discutir con ella.
Mientras Eren se moría de vergüenza. Había sido descubierto besándose con Rivaille. Y no era cualquier persona, era su entrenadora. Y, como había podido escuchar, su tutora. Espera… ¿Su tutora? ¿Desde cuándo había cambiado de tutor y él no se había enterado? Miró a ambos con expresión confusa.
-Veo que no le habéis dicho nada aún. – replicó la rubia.
-Eso es algo que tengo que tratar con él. No contigo. – Rivaille dio por finalizada la conversación. Tomó de la mano a Eren y se alejó del campo de entrenamiento.
La chica suspiró resignada y a la vez con alivio. Por una parte se sentía feliz por que el plan tomaba su rumbo. Pero por la otra… Añoraba esos años en los que Rivaille la trataba como algo más que una simple amiga o lo que era ahora, una desconocida.
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Rivaille llegó a su cuarto, aún con Eren de la mano.
-¿Sargento? – le llamó confundido.
-Hoy dormirás conmigo, Eren. – Le respondió con su típico tono neutral. El moreno se sonrojó. Iba a dormir con el sargento, de nuevo. El nerviosismo se apoderó del él. El moreno le miró.
-Tranquilo, no voy a hacer nada si tú no quieres, Eren. – le miró. Eren bajó la mirada. No podía mantener la mirada a aquel hombre. Se perdía en sus ojos pequeños color oliva. Rivaille le sujetó de la cara, haciendo que le mirada. Y depositó un beso en sus labios.
Esa noche, durmieron abrazados, ignorando que en el interior de Eren se estaba creando algo que les daría el mayor quebradero de cabeza de todos, y con él, los mayores problemas que hayan podido imaginar jamás.
Y hasta aquí por hoy!
Si, realmente van a comenzar los problemas. Adelanto, Eren ya está embarazado, pero se entera un poco más adelante. El pobre no entiende los síntomas jaja.
En este cap he puesto otro recuerdo de Rivaille y Ángela. También quería poner una escena en la que Eren estuviera celoso, y eso es lo que me salió. Me reí al escribirla, aunque no me quedó como tenía planeado. Y Rivaille está un poco más cariñoso, a su manera, con respecto a Eren. Se ha liberado un poco... xD
Bueno, como ya dije, a partir del cap del lunes comenzaré a actualizar los lunes (o los martes, dependiendo de como esté de liada con los estudios).
Un beso enorme a todos vosotros!
y como siempre, un REVIEW?
Nos leemos! =D
