Capítulo 8 (Continuación del capítulo 5)
—Huh.
Rita intentó moverse en la silla buscando una comodidad que no encontró, luego puso sus codos sobre la mesa y juntó sus manos. Las lámparas seguían alumbrando la habitación con la misma fuerza y sin atenuarse.
¿Otro mundo?, pensó.
¿Cómo podría darle sentido a las palabras de la elfa sin saber primero qué hay más allá de este mundo? Si le hubiese dicho que venía de una tierra lejana, lo habría aceptado; pero, cuando se trataba de imaginar un mundo distinto a este, tenía obligatoriamente la necesidad de preguntarse qué separa ambos mundos, ¿el cielo?, ¿el océano? La sola idea de pensarlo le provocó una especie de vértigo, porque no tenía la esperanza de llegar a algo concreto.
Luego de pensarlo bien decidió empezar por lo más simple: ¿la elfa había aparecido de la nada en la capital? Si ese era el caso tiene que haber un hechizo de teletransportación de por medio. Rita conocía distintos tipos de magia, aunque no sabía usarlas porque no tenía talento, pero le servía de ayuda cuando compraba algún pergamino mágico.
¿Teletransportación entre mundos? Como un rayo, una idea cruzó su mente, aquella historia casi universal, contada miles de veces; seas del reino, del imperio, o de la alianza de ciudades estado, debías conocer la historia de los trece héroes, en su mayoría humanos, que lucharon contra los dioses demonio hace 200 años, cuando el mundo se encontraba sumido en un caos absoluto.
Pero ¿en qué se relacionaba la leyenda de esos guerreros con la teletransportación? Era una cuestión simple y muy debatida: uno de los héroes, precisamente, el líder de los trece héroes, fue un humano cuyo origen era desconocido y puesto en duda hasta la actualidad. Aquel personaje de leyenda con un poder antinatural generaba gratitud en la gente y suspicacias en sus detractores. ¿Podría haber sido alguien de otro mundo? Obviamente, en ese tiempo, se pensó que era una idea ridícula, y sin fundamento, que fue olvidada rápidamente.
Esa parte de la historia no era tan conocida por todos, solo para algunos que hurgaron demasiado en la historia oficial del reino y tuvieron la suerte de encontrar fuentes y testimonios que podían dar crédito de lo que sucedió. Rita no era una de esas personas, sin embargo, conocía superficialmente el mito alrededor del héroe.
Luego de pensar más de la cuenta y ver que Akemi estaba ansiosa esperando una respuesta, Rita se levantó y se acercó a los estantes; su "pequeña biblioteca" era una colección de los libros más importantes que contenían, en mayor medida, historias, leyendas, cuentos escritos por viajeros sobre lugares remotos y mucha información sobre el gobierno, la economía y sociedad del reino, el imperio, y otros países cercanos, mientras que la minoría consistía en pequeños manuales, como herbolaria, aprender magia de 1er y 2do nivel, cómo tocar una especie de arpa, etc.
Sacó un voluminoso libro con cuidado y lo abrió lentamente, buscó sin prisa la página que hablaba esa parte de la historia hace 200 años. Por su mente pasaron lugares, fechas, nombres, armas, batallas, etc. Ojeó los nombres de los 13 héroes con la esperanza de encontrar al menos una breve descripción, leyó "Dark Knight", "Landfall", "Bers Caurau", "Izaniya", hasta llegar a aquella persona desconocida, sin nombre, ni pseudónimo, ni epíteto, el aclamado líder de los 13 héroes, que en realidad eran más de 13.
Siguió buscando algún dato revelador, alguna pista que lo relacionara con su origen, sin embargo, no tuvo éxito, todas las referencias a ese personaje la conducían inevitablemente a un callejón sin salida, en otras palabras, estaba limpio, sin cuestionamientos, el tema de su origen ni siquiera era mencionado.
Se dio por vencida y se sentó nuevamente, Akemi parecía expectante, esperando una respuesta o un gesto de entendimiento. Rita dejó salir un suspiro casi agónico, estaba agotada, había sido un día demasiado agitado para ella, más de lo que acostumbraban ser sus días normales.
—Te dije que no lo entenderías —dijo Akemi.
—Lo dejaré por hoy —respondió resignada— pero aún tengo muchas preguntas. Por favor, prométeme que te quedarás, necesi-
—Está bien, después de todo, no tengo a donde ir. Además, yo también tengo algunas cosas que preguntarte.
—Espero que podamos continuar nuestra plática, gracias.
Akemi asintió. El silencio no solo reinaba en el cuarto, también fuera de él, era obvio que los otros residentes dormían, dado que era ya de madrugada. La única fuente de luz cercana provenía de la habitación de Rita.
Luego de eso Akemi quiso saber qué hora era y, a pesar de que no era probable que Rita le dijera la hora, le preguntó.
—Por cierto, Rita-san. ¿Qué usan en este mundo para medir la hora?
Sin intención de presumir, Rita comenzó una disertación propia de una clase universitaria, que Akemi encontró completamente aburrida.
—…pero, los más usados hoy en día son los instrumentos mágicos que brinda el gremio de magos de la ciudad.
—Interesante, ¿por casualidad no tendrás uno de esos?
—En realidad no.
Rita podrá saber muchas cosas pero cuando era sacada de su terreno no servía para nada, y Akemi entendió eso en el acto.
De pronto, recordó que trajo consigo un ítem muy especial, que le fue regalado por uno de los miembros de Ainz Ooal Gown, gremio de su hermana que no visitaba en años. Ese ítem era básicamente un reloj, o se parecía a eso, ya que Akemi nunca lo usó, no se molestó en saber qué era realmente. Cuando metió la mano en su caja de ítems olvidó que estaba frente a Rita, quien entró en pánico rápidamente.
—Akemi, ¡tu mano! ¡Dónde está tu mano!
La mano de Akemi había desaparecido en el aire, y solo era visible un muñón. Rita puso una cara de espanto, como si hubiese visto un fantasma o algún ser sobrenatural.
Cuando Akemi advirtió el estado de Rita, sacó deprisa la mano de su caja de ítems con un objeto pequeño, parecido a una placa de metal curvado.
—Por favor, olvida que hice eso.
Rita no quería quedarse sin entender qué diablos había sucedido, pero no tenía razón para protestar así que asintió. De hecho, Akemi, al ser una persona de otro mundo, era comprensible que pueda hacer cosas que en este no se podían. Eso hizo que Rita aceptara el comportamiento extraño de la elfa.
—Entiendo, y ¿qué es eso? —dijo señalando el pequeño objeto que Akemi tenía en sus manos.
—Esto, mi amiga, es lo que usamos en mi mundo para medir el tiempo —respondió Akemi con aires de superioridad.
—Oh, y ¿cómo funciona?
—Eso es lo que trato de averiguar.
Estaba manipulando el reloj, el cual era una simple placa de metal, intentando buscarle algún botón sin éxito. Luego trató de enrollarlo en su muñeca y se quedó firmemente ahí. Pudo ver que tenía una fila de números que cambiaban cada segundo. En eso, presionó la placa de metal con un dedo.
—¡Hola, Ako-imouto-chan! Estoy fijando la hora.
La voz de una niña inocente (que no era la de Akemi) hizo eco en la habitación.
—¿Ako-chan? —preguntó Rita.
Akemi se quedó muda y roja de la vergüenza. Aquella forma de llamarla solo pertenecía a cierta personita que detestaba y apreciaba al mismo tiempo. De alguna manera la slime se las había ingeniado para molestarla incluso en otro mundo.
—No es nada importante, una vieja amiga —dijo al fin.
En eso, se preguntó si Rita tenía amigos. Le parecía una persona muy cerrada e insegura, se llevó esa impresión desde la primera vez que intercambiaron palabras hacía ya dos horas en el callejón. No obstante, tuvo la corazonada de que se llevarían bien.
Rita se levantó de la silla y dio un largo y profundo bostezo con los brazos extendidos, actuaba como si Akemi fuera una estatua, como si no estuviera presente. Tal vez estaba tan acostumbrada a vivir sola que no advertía la presencia de nadie.
Cuando Rita se disponía a acostarse luego de cambiar su vestido por un pijama, llegó a una encrucijada: su cama era muy pequeña y solo cabía en ella una persona. Miró a Akemi y quiso explicárselo pero la elfa no tardó en captar el problema.
—No te preocupes por mí, tengo una idea.
Rita quería preguntar pero, sin aviso, la elfa se levantó y sacó una pequeña piedra que presionó entre sus dedos. Un aura luminosa se arremolinó sobre ella y donde una vez estaba parada una elfa oscura quedó solamente un gato blanco.
¿El día se podía poner más extraño de lo que ya era? Eso pasaba por la mente de Rita a quien ya no le impresionaban las excentricidades de la elfa, quizás por el sueño que le aquejaba. Pensó que en algún día eso sería lo más normal hasta rayar en lo cotidiano.
Colocó una de sus almohadas en la silla, era una suave bolsa de lino relleno de plumas. Prestárselo a la elfa-gato representaba una muestra de confianza excesiva (amaba la almohada más que sus libros).
Aquel raro día en la vida de Rita había terminado; no quiso pronosticar cuánto tiempo le acompañaría la elfa, pero mientras las cosas no cambien por ahora todo estaría bien en su mundo. Por cierto, al día siguiente tenía que rendir un examen importante en la academia de escribas, del cual dependía, tal vez, el resto de su vida.
Cuando la oscuridad de la noche inundó la casa solariega de la familia Eyre Grace, se oyó un inquietante grito de angustia que provino del cuarto de Rita.
Diario de Akemi
Dia 2 (básicamente, porque el día 1 me la pasé llorando todo el rato esperando que alguien me encuentre, y pateando abusadores).
Según el odioso reloj de Kazecchi-san son las ocho y media de la mañana, Rita-san no está, salió hace quince minutos, oí la puerta cerrarse incluso estando dormida, lo cual no está para nada mal. Pero, eso, sí, de todo esto solo puedo sacar una conclusión:
Estoy jodida, perdonen la palabra, pero es mi opinión.
A pesar de que llevo un día en este mundo, no me acostumbro a mis nuevos sentidos lo cual es una pesadilla.
Por dios, ni siquiera sé para quién escribo esto, espero que alguien encuentre este diario tarde o temprano, tal vez dentro de 50 años. Aunque espero seguir viva para entonces, no sé hasta cuándo durará este cuerpo de elfa. Según mi personaje, debo tener noventa y cinco años.
Bueno, basta de preámbulos, ¿por dónde empiezo?
Sí, aparecí en este mundo en medio de la calle, me gritaron "estúpida" y otras barbaridades que jamás olvidaré, thank you, very much. Me hice invisible para no llamar la atención, la verdad es que este vestido es precioso pero no quiero todas las miradas en mí. Sí, tú que estás leyendo esto, ni se te ocurra mirarme. Bueno, de cualquier forma si alguien lee esto, no estaré presente.
Como sea, me alejé del tumulto hasta esconderme en ese callejón, donde aguardé impacientemente que alguien me encuentre. Alguien que se vea confiable. Realmente esperaba a alguien como ella. Ojalá que eso no agote mi suerte.
En el poco tiempo que tengo aquí he descubierto muchas cosas, la más trivial es que puedo usar magia, los hechizos del juego los puedo castear con mi báculo recitándolos pero no puedo abrir la consola. Eso implica que tampoco puedo contactar a un Game Master, ni puedo mandar mensajes privados a mis amigos. Básicamente el juego se ha convertido en la realidad, y en esta realidad soy una elfa, menos mal que no escogí un personaje no muerto, me hubiese vuelto loca si de repente perdía la capacidad de sentir. Una vez más, espero que eso no agote mi suerte.
Como sea, es difícil pensar qué haré ahora.
Según parece Rita salió a dar lo que en mi mundo llaman "examen de ingreso". ¡Por favor! ¡Esfuérzate, Rita-san! Si las cosas se ponen feas necesitaré que alguien me mantenga. Lo siento mucho pero algún día trataré de compensártelo.
Aunque no tengo pensado vivir como un parásito, no me queda de otra. Pero, eso sí, cuando llegue el momento, tendré que dejar este lugar.
Este es mi primer reporte, tengo que investigar más para poder vivir como una persona normal, hasta que tenga planeado mi futuro. Rita se ha ofrecido a contarme sobre este lugar, lo cual es algo. Pero no basta, tengo que investigar por mi propia cuenta, tengo que salir y ver qué tan cruda es la vida aquí.
Al menos no puede ser peor que en mi otra vida.
¿Qué debía hacer de ahora en adelante? Se preguntó frente al anticuado espejo en una esquina de la habitación.
Contemplaba su figura, su vestido púrpura, el avatar de elfa oscura, el peinado ridículo que le hizo Ankoro-chan; miró su rostro y comenzó a hacer gestos asombrándose por ya no tener la cara de póker del juego.
Esto es otra cosa, pensó. Estaba satisfecha con su apariencia, como una colegiala vanidosa. El hecho de verse bien compensaba por mucho cualquiera de sus desdichas y problemas. Sentía que podía conquistar el mundo, solo con su belleza; la niña humana problemática y engreída de la Tierra, era ahora una adorable elfa oscura igual de problemática y engreída pero en un mundo diferente.
Conquistar el mundo ¿eh? Recordó lo efectivo que fue su hechizo contra el tipo ese. Si las personas de aquí no soportan un inofensivo hechizo de nivel 1, no podía ni imaginar lo que uno de nivel 10 ocasionaría en este lugar. Y, mucho peor, ¿qué estragos provocaría la magia de súper nivel? ¿Era fuerte según los estándares de este mundo?
Tendría que averiguarlo en algún momento, cuando fuera estrictamente necesario y su vida dependiera de ello.
Sin embargo, ahora tenía otros asuntos más importantes.
Se acercó a la puerta ojeando los manuscritos de Rita repartidos sobre la mesa.
Realmente le gusta escribir, pensó y sonrió.
Rompió una piedra en la mano y se transformó de nuevo en un gato blanco. Salió del cuarto raudamente y bajó las escaleras. Conocía bien la salida, la noche anterior memorizó la ubicación del cuarto de Rita en el tercer piso; tener los sentidos mejorados debía servir para algo.
Algunas personas caminaban por el patio central y se percataron del gato que se detuvo en la puerta principal. Una de las sirvientas se acercó y acarició el pelaje blanco de Akemi, haciendo que ronronee, aquel sonido era obviamente customizado, pero cuando fue trasladada a ese mundo notó que lo podía hacer naturalmente.
La sirvienta le abrió la puerta y la gata blanca se perdió rápidamente en las calles de la ciudad, por alguna razón evitaba la pista asfaltada y los callejones.
Sebas Tian hacía su recorrido matutino en la capital Re-Estize. Su destino era el de siempre: el gremio de magos de la ciudad. Pero su verdadera intención era localizar los puntos importantes tales como tiendas, templos, casas de nobles, en otras palabras, mapeaba con sumo cuidado cada resquicio habitado del lugar para luego enviárselo a su maestro en los informes.
Era un hábito que se impuso desde que llegó hace pocos días y hasta ahora lo había cumplido sin contratiempos. Mientras que Solution, la sirvienta de batalla, hacía guardia en la lujosa casa recién adquirida que usaban como base.
Mientras Sebas estudiaba su entorno disimuladamente observó una parada interesante: una tienda de pociones.
Aquel lugar no fue advertido por él hasta ahora, sin embargo, lucía tan llamativo como el gremio de magos. Era un edificio de dos pisos, la fachada estaba adornada con macetas de flores y lámparas de luz mágicas que yacían apagadas. De pronto, una curiosidad propia de un niño emergió en él y caminó en dirección a la tienda, dejando de lado su verdadero destino.
Lilium, leyó el nombre de la tienda antes de entrar; como alguien que visita un lugar por primera vez, Sebas inspeccionó el interior. Era un salón circular con repisas cubriendo las paredes, sobre esas estaban frascos de pociones dispuestos ordenadamente. Y en el centro se hallaba un mostrador con forma de media luna.
Sebas encontró el lugar muy atrayente, estaba seguro de que podría sacar mucha información para Nazarick. Sin embargo, se dio cuenta de que vino muy temprano; solo unas cuantas personas caminaban por el interior, viendo las pociones, conversando. No sabía cómo funcionaba este lugar, el mostrador estaba vacío, ¿a quién podría acercarse para despejar sus dudas de iniciado?
—¡Bienvenido a Lilium, cliente-sama!
Una voz aguda llegó a los oídos de Sebas desde su espalda, cuando volteó vio a una pequeña niña de cabello rubio con coletas. Tenía una capa roja tan pequeña como ella.
La mirada hacia arriba de la pequeña podía enternecer a cualquiera, pero Sebas, dada su posición, se mantuvo rígido e inconmovible. Intuyó que esa persona, quizás, estaba a cargo de atender a los clientes, a pesar de ser tan joven.
—Buenos días, ¿puedo ver la lista de las pociones que exhiben?
La costumbre de Sebas era tener en sus manos una lista completa y descriptiva de los objetos que podría comprar. Lo hizo cuando llegó al gremio de magos y esperaba repetirlo en este lugar.
—Humm… No tenemos un catálogo pero puede observar las pociones en los anaqueles, cada una tiene una etiqueta con su nombre, descripción y creador —respondió la niña mirando hacia arriba.
Sebas echó un ojo a las repisas y se acercó a una de ellas. Ciertamente cada poción tenía una etiqueta en la base, y contaban con una pequeña descripción sobre sus efectos. Pero era difícil de poder escoger en estas circunstancias sin ninguna lista donde comparar.
Antes que nada, sacó un estuche y lo abrió. Dentro había unos anteojos con un marco delgado color plata. Se los puso y volvió la vista a las pociones. Aquel ítem le permitía entender lo que decían las etiquetas, y pudo comprobar que estaba en un área de pociones de curación menor, mayormente hechas a base de hierbas. Se movió para seguir observando las repisas, ahora encontró pociones de daño, de levitación, de fuerza menor, etc. Cada vez reafirmaba más la confianza de obtener información muy valiosa sobre la alquimia y magia del reino desde aquí.
—Sily, regresa arriba, yo me encargo.
Un chico alto con desaliñado cabello rubio y una capa roja le hizo un gesto a la niña de coletas.
—Jaaai, onii-chan —respondió levantando la mano.
El chico se acercó a Sebas, parecía tan alto como él.
—En qué puedo ayudarlo, cliente-san ¿Ha visto algo de interés?
Sebas tenía muchas preguntas, a pesar de que no pensaba comprar nada. Por eso debía ser cuidadoso y no mostrar una actitud sospechosa.
—Me preguntaba cómo puedo conocer todas las pociones que venden.
El chico tocó su barbilla pensando una respuesta.
—Si fuera el caso de tener que preguntar por una poción en particular no debería haber problema, nosotros podríamos explicárselo al detalle. Sin embargo, no estamos al tanto de todas las pociones que llegan diariamente y que son puestas en venta.
—¿Es así? —respondió Sebas.
—Pero… Hay una persona que ha memorizado todas las pociones que entran y salen, debido al largo tiempo que ha venido trabajando aquí.
Sebas vio eso con un atisbo de esperanza.
—¿Puede esa persona hacer una lista de las pociones?
—En efecto, puede. Pero no se encuentra ahora —respondió el chico señalando el mostrador en el centro de la tienda.
—Oh. En ese caso, tendré que volver en otra ocasión. Por favor, ¿podría hacerle saber mi pedido?
—Por supuesto, le diré que escriba un pergamino para que usted pueda examinarlo.
—Muchas gracias. Entonces, con su permiso.
Al salir de la tienda Sebas estaba muy animado por la mina de oro que encontró. Decidió que ese mismo día escribiría su primer informe sobre la tienda de pociones Lilium aunque no tenga mucho que contar, era necesario que su maestro sepa que existe un lugar así en la capital Re-Estize.
Además, tenía que asegurarse de que este lugar, así como el gremio de magos, quede fuera de futuras operaciones de Nazarick en el reino…
