CAPITULO IX

You and I

interpreta Michael Bublè


-Habla, Herms.

Si no estuviera sentada en la cama de su habitación, hubiera creído que se encontraba en un cuarto de interrogación; siendo custodiada por sus dos mejores amigas.

-No se a que te refieres, Ginny.

-No finjas, linda. –Insistió la pelirroja agitando la lamparita de mano que sostenía con la derecha. - Sabemos todo lo que has hecho.

-Entonces no necesitas que te diga nada. ¿Podrías por favor apagar eso? –Pidió Hermione. -Pronto quemarás mi retina.

-Sí, Ginny –Terció Luna dando empujoncitos a la chica Weasley. –La retina es muy importante.

-De acuerdo. –Se dejó vencer la joven apagando con un solo dedo el aparatillo. –Pero debes decirnos que ha pasado entre tú y mi hermano.

-Y entre tú y Harry. –añadió la rubia, Ginevra asintió con aprobación. –Nuestra pequeña Luna ha aprendido tanto…

Hermione supo que tenía que darse por vencida; por lo que suspiró derrotada. Sus amigas supieron de inmediato que habían ganado. Luna incluso dio un par de palmaditas emocionada.

-Bien. Les contaré todo. Pero primero… -Escogió las palabras. –Primero deben jurarme que por nada del mundo se van a molestar, no me juzgarán y sobre todo, no meterán las manos en este asunto.

-De acuerdo- Juraron ambas con seriedad.

El hermano de Ginny, Ronald Weasley, se había ido ese día temprano por la mañana, para añoranza de la rubia. En cambio su hermana había exhalado aliviada de por fin deshacerse de su alto hermano; con el que no hacía mas discutir todo el día. "Es que es un cabezota" Solía decir ella alterada, recordando como la hacía llorar cuando eran niños.

Luna había soñado con él y sus idas a Navy Pier, al Zoo, al Aquarium e incluso con su ida al Museo de Ciencias e Industria. Pero cuando Ron salió una tarde con la amiga de Neville, Hannah; se alegro que se hubiese ido muy lejos, donde estaría seguro y a salvo de las garras de esa coqueta mujer.

Hermione, la noche del concierto, había sido acompañada hasta su casa por Harry Potter. Platicaron amenamente sobre música, libros y arte. Harry juraba que era malísimo pintor y aseguró que estuvo cerca de reprobar el kinder por esa razón. De hecho, Harry le había llamado al día siguiente y le comentó que le surgieron unos asuntos en Michigan; por lo que iría en auto y regresaría en un par de días, para después tomar su vuelo a NYC un día después; por lo que pidió verse de nueva cuenta.

En eso estaba cuando Ginny la interrumpió. -Lamento en verdad que no quisieras a mi hermano, dado que es el mejor macho Weasley disponible –Por supuesto que no sabía la historia completa; Hermione les platicó únicamente sobre la confesión de sus sentimientos por ella y el beso frente a Harry – Y estoy segura que mamá ya estaría planeando la boda…

-Pero la diferencia de edades… -Recordó Luna.

-¡Bah! –Desecho pronto esa idea. –Lo importante es el amor; y si no existía eso en ambos, pues la mejor decisión fue no darse falsas esperanzas.

-¿Entonces no estás molesta? –Quiso saber Hermione con timidez.

-Molesta no. Decepcionada si, pero que le vamos a hacer. –Dijo resignada. –Además mi hermano se ha tardado demasiado tiempo. Y al parecer no contaba con que otro se apareciera en tu vida. Y debo decir que es muy guapo.

-Se refiere a Harry. –Aclaró Luna con seriedad.

-Se a quien se refiere. –Hermione tomó un cojín de su cama y lo abrazó, como si pudiera protegerla de cualquier amenaza. –Pero no hay nada serio entre nosotros.

-Ay, por favor, Hermione. Han dormido juntos desde la primera vez que se conocieron, se besaron de nuevo hace un par de días y ahora me vas a decir que no hay algo cociéndose entre ustedes. –Dijo con aplomo Ginny.

-¡Cociéndose! ¡Mis huevos! –Gritó Luna graciosamente y salió corriendo de la habitación.

Después de reír sobre ello un poco, Ginny volvió a decir -¿Entonces que pasa con Harry?

-Ya te he dicho que nada. Es divertido y atractivo. Me hace sentir bien y estoy a gusto con su compañía.

-Y es grandioso en la cama…

-Si. –Aceptó Hermione ruborizandose. –Pero así ha de ser él. Satisfaciendo a todas las chicas que visitan Nueva York y que desprevenidas se lo encuentran en el camino…

-A mi me suenan a celos. –Opinó la pelirroja tumbándose sobre la cama, como hacía cuando vivían en Londres.

-¿Estás de broma? –Hermione se molestó y lo demostró cruzandose de brazos. –Lo digo por que hubieras visto la devoción con que lo miraba esa china; seguramente la visita con regularidad.

-¿Tan bueno es…?

-¡Ginny! –Regañó la escritora reprimiendo una sonrisa.

-¿Lo vas a ver como te pidió?

-¡Di que sí, Hermy! –Pidió Luna que iba entrando con unos canapés con huevos cocidos, lechuga y mayonesa con pepinillos que le gustaba encargar de una isla de Asia por Internet.

-¿Acaso eres devota de Potter? –Reclamó Ginny. – ¡No debes confraternizar con el enemigo!

-Esa frase me suena taaan familiar… -Comentó Hermione recordando al pelirrojo Ron, mientras Luna agitaba la cabeza de un lado a otro.

-Es enemigo hasta que decidas lo contrario, Herms. –Se explicó humildemente.

–Además si no te agrada hoy su compañía, siempre queda la seguridad de que se irá al día siguiente. Es como esa ocasión que Paul me insistía e insistía en salir conmigo, ¿Lo recuerdas, Moony? –Recordó la pelirroja mientras seguía hablando antes de llevarse un bocadillo a la boca.

Hermione se quedó pensando.

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-He ido a algunos restaurantes, pero creo que disfrutaremos más un lugar menos popular para comer. –Comentó Harry Potter cuando al día siguiente recogió a Hermione en un sencillo automóvil.

-¿Lo has rentado? –Preguntó cuando lo saludó, en la puerta de su casa. No había sabido que ponerse. Harry era más del tipo motociclista según Ginny; por lo que ella le recomendó usar un pantalón muy ajustado y de piel. Obviamente Hermione rechazó de inmediato esa idea.

-¿Perdón? –Dijo él que se había quedado asombrado observándola; Hermione sonrió con satisfacción perversa; muy disculpable cuando la última vez que había causado un efecto similar había sido hacía algunos años ya. Luna le había aconsejado usar un vestido largo, porque le dio la impresión de que Harry querría impresionarla. También rechazó esa idea; se alegró porque ninguna de las chicas había acertado.

-Que si has rentado el auto. –Repitió Hermione señalando el vehículo.

Harry asintió pero dijo –Te ves increíble. –Admiró a Hermione acariciándola con la mirada; ella no pudo evitar sentir escalofríos.

-¿Nos vamos? –Preguntó suavemente. En un gesto de galantería, Harry abrió la puerta delantera, esperó a que la castaña subiera pacientemente y cerró para después sentarse en el asiento del conductor.

Manejó hasta llegar a una sencilla pizzería que en nada llamaba la atención. –Neville me trajo aquí cuando llegué. El pan de ajo es simplemente sublime. Pero cuando regreses a NYC tendrás que acompañarme al barrio judío; ahí hay un ristorante delicioso, es como un pedacito de Italia en la ciudad.

-De acuerdo. –Dijo Hermione. –Se ve que aprecias mucho tu ciudad.

-Apreciar queda corto. Yo amo Nueva York. –Enfatizó las palabras. –Es la ciudad más maravillosa del mundo. Mis padres se conocieron ahí.

Hermione cayó en cuenta de eso. De que nunca habían hablado de sus familias. Con cautela, no quiso hacer preguntas incómodas como cuando preguntó lo de Neville. Ya habían ordenado una pizza mediana de salmón y alcaparras; y una amable mesera les había servido dos sodas grandes y puesto una canastilla de plástico con el sublime pan del que Harry había hablado.

-¿Tienes hermanos? –Quiso saber la castaña tomando pan aderezado con aceite de oliva y hierbas finas. -¡Santo cielo! –Exclamó saboreando el exquisito manjar, que la hizo cerrar sus ojos. De haberlos mantenido abiertos, se hubiera sonrojado por como la miraba el poseedor de aquellos incitantes ojos verdes.

-¿Delicioso, verdad? –Confirmó él disfrutando más de verla; que lo que ella estaba disfrutando del pan. Hermione asintió y abrió los ojos para demostrar que lo escuchaba.

-Podría casarme con el creador de este pan. –Aseguró ella satisfecha con el sabor haciendo explosión en su paladar.

-Y yo podría jurarte que se prepararlo. –Susurró él con la voz cargada de intención.

Hermione pretendió no haberlo escuchado, y mejor se estiró para agarrar otro pedacito de su nuevo gusto favorito. Sintió que su cuerpo respondía a la voz del hombre sentado frente a ella, en esa ridícula silla de plástico. Controló el temblor de su mano llevando el bocado a sus labios y descansando sus manos sobre su regazo. -¿Qué me decías de tus hermanos? –Desvió ella aunque apenas había podido formular la pregunta.

-No tengo hermanos. Soy el orgullo de la familia. –Presumió graciosamente.

-¡Harry!- Replicó Hermione divertida.

Después de reír continuo –mis padres ya no pudieron tener hijos; pero en verdad que no lo lamentan. Se aman y eso ha sido lo más importante para ambos. Ya viene la pizza. –Señaló entonces.

Hermione observó a Harry mientras este le servía una rebanada. Se sorprendía de encontrar un nuevo detalle en que no había reparado antes. –Tienes una curiosa cicatriz en tu frente, Harry.

-¿Qué? –Preguntó con la boca llena; tragó antes de decir -¡Ah! La cicatriz. –Entendiendo a que se refería. Si, -continuo – me la hicieron en una pelea de bar. ¿Por qué te ríes? –Dijo a la defensiva.

-Perdona, Harry. –Se disculpó pero sin dejar de reírse. –Es solo que no pareces de los tipos que se dan de puñetes en un bar.

Harry se esforzó por parecer ofendido, sin éxito alguno claro está, lo que la hizo reír más fuerte. – Pues no todos los músicos somos unos sentimentales, Mione. También sabemos defendernos.

-No puedo imaginar cómo, con esas manos tan cuidadas que tienes. –Se burló ella; aunque debía admitir que le encantaban sus manos, con los largos dedos de pianista y las uñas bien recortadas.

-No te atrevas a decir que tengo manos de señorita. –Amenazó en tono de broma, haciendo reír más a Hermione.

-¿Y que me harás? –Retó ella siguiendo el juego sirviéndose otra rebanada con bastantes alcaparras -¿Atacarme con una temible y deliciosa rebanada de pizza? –Mordió un buen pedazo; las carcajadas le habían abierto el apetito.

Harry vio que sujetaba una rebanada en su mano derecha y no pudo contenerse más, soltando una sonora carcajada. A ella le pareció increíblemente atractiva y melodiosa. Se sentía muy bien en su compañía, como si se conocieran de toda la vida. Harry se llevó el vaso con soda de limón a los labios y los foquitos de alerta resonaron en la cabeza de Hermione.

Así de agradable la estaban pasando aquella noche en Nueva York.

Así de bien la había hecho sentir en ese club.

Y así fue como despertó su deseo irracional por él.

Una maliciosa sonrisa del moreno de ojos verdes bastó para que Hermione Granger perdiera los estribos, y una velada inocente terminara donde no había sido la intención de ninguno de los dos llegar.

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-Quiero hablar con Hermione Granger. –Dijo con voz autoritaria y amenazante por segunda ocasión.

-Ya le dije que no está. –Le contestó una vocecilla que le pareció indiferente y aburrida.

-Agendamos en que hablaríamos hoy por la mañana. Así que ahí debe de estar. Localícela. –Exigió demandante.

-Repito que ya la busqué hasta en el ático como usted lo sugirió y no hay rastro de ella por ningún lado.

-Quiero hablar con Hermione Granger. –Volvió a decir pero esta vez si que estaba furioso.

-Parece ser que no llegó en toda la noche. –Le explicaron pacientemente, como si fuera un niño pequeño que no recibe lo que quiere y hace pucheros. Él bufó exasperado. La chica que le hablaba agregó rápidamente. –Se me ocurre que si me da usted quince minutos puedo ir a buscarla; ella suele salir a correr por las mañanas.

-¡Pero ya es medio día! –Gritó fuera de sí –En cuanto llegue haga que me llame –Ordenó exigente y colgó sonoramente.

No estaba acostumbrado a que no se hiciera lo que él demandaba de inmediato. Toda su vida fue atendida por sirvientas hispanas que hacían todo lo que quería, y sus subordinados corrían al menor movimiento de su dedo; así que el que Hermione no estuviera a la hora que su secretaria había agendado su llamada; lo había descolocado poniéndolo de un humor de perros.

-¿Señor Malfoy?. –dijo su secretaria entrando por su puerta, en un muy evidente acento francés. –Madame Greengrass esta…

-Te dije que no es necesario que me presentes. –La interrumpió la aludida empujando a la asistente para poder pasar. La despidió con la mirada, cerró la puerta con seguro y entonces enfocó sus bellos ojos en Draco Malfoy. La mujer era todo un figurín, envuelta con su entallado traje de finísima seda de importación; y sus suaves piernas enfundadas en dos delgados tacones de al menos doce centímetros. Se movía con gran sensualidad y sus carnosos labios enmarcaban una tentadora sonrisa revelando sus aperlados dientes.

-Ahora estoy ocupado, Astoria. –Cruzó las manos en su regazo y la miró con un gran desprecio que ella ignoró.

-Pero quedaste de ir a comer conmigo –Se quejó haciendo un puchero.

-Va a ser la una. –Explicó señalando el elegante reloj que estaba sobre su escritorio. –Quedamos de ir hasta las tres de la tarde.

-Creí que podíamos entretenernos un poco antes de salir. –Dijo ella provocativamente. Como un león acercándose a su presa, rodeo el escritorio que los separaba y pasó una de sus piernas sobre el rubio, quedando sentada sobre él, quedando de frente.

-Ahora no me apetece. –Astoria lo ignoró y separó sus brazos sin esfuerzo, para colocar sus manos en sus muslos descubiertos.

-Te va a gustar –Declaró ella antes de acaparar su boca con plenitud.

Draco esperó a que ella terminara de besarlo, para volver a decir. –No me apetece; has el favor de irte Astoria. –Si la rubia se sintio humillada, no lo demostró, pero si que obedeció prontamente. Draco se limpió el labial que había quedado en sus labios. –Haz el favor de retirarte y pide a Mariè que cancele mi cita de las tres. –Añadió con crueldad antes de enfrascarse en la lectura del periódico que recibió en la mañana. Ni siquiera volteó cuando se azotó la puerta.

Dejó pasar unos minutos antes de por fin dejar el periódico sobre el escritorio. Una llamada sería suficiente para que su leal periodista le pagara un favor. Descolgó el teléfono y apretó un botón. –Comunícame con Rita Skeeter.

Al principio quería la aceptación de Hermione para lo que haría a continuación; pero ella no había estado cuando la llamó; así que él tomaría cartas en el asunto que traía rondando en la cabeza desde hacía varios días. Y además ella no tendría porque enterarse que el encargado de jalar los hilos de este plan sería él, su confiable editor.

En la soledad de su enorme oficina rió como hacía tanto tiempo no lo hacía.


HELLO AGAIN EV´RYONE!

Saldo mi deuda de honor y no olviden regalarme un comentario que nada les cuesta.

Con Cariño

Orquidea Negra,

La licenciada que se mudará a los fics de Los Juegos Del Hambre. :S

So much LUV!