Hola a todos, Mary Morante les saluda de nuevo.
Se que he estado bastante ausente en estos meses, y a todos los que me han tenido paciencia, les pido una disculpa y de igual forma les agradezco su apoyo incondicional, sobre todo con sus reviews, los cuales leo cuando necesito energías para seguir adelante. Y aunque realmente no quisiera perderme tanto, la responsabilidad de estudiar y estar en el hospital me quitan mucho tiempo, y cuando llego a donde estoy viviendo, simplemente me quedo dormida.
Agradezco los reviews de CONO, samlem15, Lectoracomotu, Gloufan, NewMoony77, Dobledragon, , chopi483, Hakurashin, bladegaur, , y este capítulo se lo dedico con mucho cariño a Blanca Delia, que me ha apoyado más de lo que ella se puede imaginar.
Como recomendación, la escena con la música la pueden leer (después de darle una primera leída claro) solo los diálogos, los cuales trate de sincronizar con el ritmo y la velocidad de la música y lo que acontece.
El nombre de la canción (por si no la reconocen) esta al final :)
Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes son propiedad de Nickelodeon y Craig Bartlett. A excepción de los creados por mí para este fanfic.
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HEY ARLEENE
El Secreto de la Ardilla
Minutos pasaron y Helmond simplemente no podía estar quieto. Daba vueltas haciendo soliloquios, intentando elaborar un plan anti-fallas, para poder sacar a su dulce Arleene de ese asqueroso lugar – mierda, ese de seguro tampoco funcionara… ¡criminal! – eleva sus manos a los dorados cabellos, despeinándolos con desespero.
Sentada en una elegante sala de estar, Arleene observa el incesante caminar de su prometido. Desvía la mirada y ve con detenimiento, el interior de la habitación. A primera vista, se percata de que es un departamento no muy grande, pero si bien acondicionado, comprendiendo que están en unos condominios y quizás, otras partes del edificio funcionaban como tal. En la habitación principal (donde ambos están) hay una fina sala de piel color chocolate, un tapete estilo persa y duela de madera color caoba; frente a la sala, se ubica un escritorio de cedro y tras este, una refinada silla ejecutiva en piel de color negro, con acabados de madera. En la pared frente a ella, esta empotrada una enorme televisión de alta definición; bajo esta, hay un gabinete con un sofisticado sistema de sonido y a los costados, permanecen máquinas de videojuegos. La habitación contigua está separada por un marco sin puerta, y desde su perspectiva alcanzo a ver un refrigerador, por lo que supuso era la cocina. A un lado de la entrada a la cocina, se aprecia un largo pasillo, que seguro conduce al resto de las habitaciones. Eleva la vista y sobre su cabeza, está un minisplit con funciones frío/calor.
– Si Helmond es el jefe de una mafia – piensa la chica – lo hace con mucho estilo.
– ¿Arleene?
La mencionada sacude su cabeza, perdida en sus pensamientos con respecto a él y su departamento desconocido – ¿eh? ¿Decías?
– ¡Pon atención, cabeza de balón! – Helmond se planta frente a ella, con brazos cruzados – te hice una pregunta – le da la mano y la ayuda a ponerse de pie – dije que si podrías quitarte esa peluca, me fastidia.
– Creí que te gustaban las morenas – pasa una mano para despejar su falso flequillo.
Haciendo ojos al cielo, Helmond alza las manos y se gira – criminal, si lo dices por Rhonda, déjame decirte que las prefiero rubias – solo dio dos pasos lejos de ella, cuando cayó en cuenta de su minúsculo desliz, deteniéndose en seco, con calor en su rostro.
– ¿Las prefieres rubias? – Arleene no puede disimular su sonrojo, e inconscientemente muestra una discreta sonrisa – ¿rubias, como yo?
– Jaja este… no yo… hay muchas clases de rubias – nervioso rasca su nuca – q-quiero decir, hay rubias rusas, holandesas, francesas, coreanas… n-no bueno, coreanas tal vez no… – se acerca a su escritorio – s-sí que hace calor aquí ¿dónde está el control del aire acondicionado? – Se gira y ve a Arleene junto al pasillo – ¡hey! ¿A dónde vas?
– ¿Yo? – Aprovechando la distracción de Helmond, Arleene quiso ir a explorar el piso, pero la sorprendió antes de salir de la pieza – voy… ¿al baño? – se encoge de hombros y dice lo primero que pasa por su mente.
– Tercera puerta, mano izquierda – de nuevo, busca el control del aparato – ¿pues dónde rayos lo puse? – de repente, levanta el rostro con terror y corre para entrar al baño antes que ella – ¡hey cabeza de sandía espera!
Girando los ojos, la chica pone manos en la cintura – ¿ahora que? – sin saberlo, Arleene se detuvo, (dandole la espalda) afuera de la habitación principal, y el rubio casi se desmaya al comprobar que la puerta estaba abierta, alcanzándose a ver un muy elaborado collage, de pared a pared, con las fotos (algunas en traje de baño) de cierta chica cabeza de balón.
Estaba a unos milímetros de un pequeño descuido, que para él, sería su fin – ¿p-por qué no me e-esperas en la sala? – con sumo cuidado, la rodea de los hombros, poniéndose detrás de ella, mientras que con la otra mano, coge la perilla por dentro y ajusta el seguro, cerrando la puerta de golpe, al resbalarse la perilla por su mano sudorosa.
Esta actitud, puso a Helmond bajo sospecha – ¿qué fue eso? – voltea, al escuchar el cierre tosco de la puerta.
– ¿Qué? – Sonríe nervioso – y-yo no escuche nada – la sienta en la silla ejecutiva – n-no tardo – se apresuró al baño y se encerró, asegurando la puerta.
Sin más remedio, Arleene se recarga en la cómoda silla y lanza un suspiro – ¿qué otras cosas estará ocultando Helmond? – Pone los ojos en los cajones del escritorio, enarca una ceja y tratando de no hacer ruido, abre un cajón – ¡¿ya puedo ir al baño?! – le grita, con la intención de saber su tiempo disponible.
– ¡Er… dame un minuto! – Desesperado, arroja todos los preservativos al inodoro – ¡ya maldita sea, ya váyanse!
– ¡Ok! – al terminar de hurgar el primer cajón, solo encontró sobres con buenas sumas de dinero, una agenda con números telefónicos, varios celulares sin usar y un par de encendedores junto a cajetillas de cigarros – ¡tómate tu tiempo! – abre el cajón inferior y lo primero que vio, fue una fina caja de joyería, cuadrada, en terciopelo negro, cuyo tamaño seguramente correspondía para un fino collar.
– ¿Helmond también roba joyas? – Dispuesta a salir de dudas, abre la delicada caja y puso ojos enormes al ver lo que resguardaba – ¿e-es mi listón azul turquesa? – con delicadeza, saca el listón que permanecía cuidadosamente enrollado, como si en verdad se tratara de una invaluable joya – es el listón que me dejaron mis padres, el mismo que perdí… ¿por qué lo tiene él? – regresa la vista al interior del cajón y ve el tenue brillo de un objeto; mete la mano y lo que extrae la deja boquiabierta – e-es… es el reloj de mi abuelo – en sus manos, Arleene sostiene el reloj de bolsillo, el mismo que pensaba que Gertie le había regalado al viejo Phil. Abre el reloj y ve su foto actualizada en la contra-carátula – le quito el reloj a mi abuelo – de pronto, la falsa morena se siente defraudada, Helmond tendría que aclarar muchas cosas.
Lo que desconocía la joven Shortman, era que el verdadero dueño del reloj es Helmond y detrás de su foto, hay una inscripción donde él le jura amor eterno.
– ¡Listo cabezona! – Como relámpago, la chica guarda su listón junto con el reloj en sus ropas, y cierra el cajón – ya puedes pasar.
– ¡Gracias! – torpemente se pone de pie. Ahora era el turno de Arleene, para actuar extraña.
– ¿Te pasa algo? – inquisitivo, el rubio enarca una ceja.
– N-no claro que no – camina hacia atrás y choca con la pared – ya vuelvo – se da la vuelta y acelera el paso al baño, cerrando la puerta con fuerza.
Casi al mismo tiempo, Torvald da golpes en la puerta y se asoma por el agujero que él dejo – ¿Hell-boy?
En el cuarto de baño, Arleene aprecia una vez más, el exquisito gusto de Helmond para interiores. Los azulejos en tono azul rey del piso, se van aclarado conforme suben al techo, terminando en un pálido azul cielo. Además, cuenta con una preciosa tina en tono arena y las cortinas de la ducha, muestran la imagen de una playa paradisíaca. Un ancla pequeña en la pared, sostiene dos toallas blancas, mientras que el espejo frente a ella, tiene la forma de un timón y pequeñas conchas marinas decoran el lavabo, color arena, igual que el inodoro.
Tenía que aceptar, que su estilo la impresionaba – ¿cómo es posible que alguien como él, tenga tan buen gusto? – saca el listón junto con el reloj y los pone en el lavabo – cuando el abuelo perdió su reloj, en la foto yo tenía nueve años, aun así esta foto es más reciente – regresa la vista al listón – y antes de entrar a séptimo grado, perdí mi listón y ya no lo busque, por la desilusión de no poder viajar a San Lorenzo para buscar a mis padres – lo toma entre sus manos – está tan bien cuidado, que aún conserva la fragancia.
Levanta la cara y cruza miradas con el espejo, viendo mechones de cabello falso enmarcando su rostro – "déjame decirte que las prefiero rubias" – un suave rubor ilumina sus mejillas y toca sus labios, recordando sus palabras recién expresadas y los hechos de la cabaña – me besó con tanta pasión y ternura… pero después me rechazó… sin embargo… – mira los objetos en el lavabo y sin poderse explicar, siente una gran emoción en su corazón – ¿por qué me confundes de esa manera, Helmond? – suspira y abre el botiquín detrás del espejo.
– ¡Diantres! – El chico Pataki pasa una mano por sus cabellos – dile a ese zopenco que NO me presione.
Torvald asiente y de inmediato le manda mensaje a Wolfgang – ¿Helmond?
– ¿Mmh?
– ¿No pensarás hacerle daño? – Guarda su celular – ella es inofensiva, no creo…
– Nadie le va a hacer daño – el rubio apoya su antebrazo en el marco de la puerta – y aquel que lo intente, se las verá conmigo – muestra su puño.
A pesar de que Torvald era un bravucón, nunca molestaba a las chicas y menos lo haría, con aquella que le ayudo con su problema de matemáticas, en cuarto grado. Aliviado, le sonríe a Helmond – tu invitada fue para la cocina – señala haciendo un gesto.
– ¡Ay no! – Cierra de un portazo y se apresura a la cocina, encontrando a Arleene cerrando la puerta del refrigerador – ¿quién te dio permiso de hurgar mis cosas?
La chica soltó la pequeña toalla, donde acomodo varios hielos – ¿hurgar sus cosas? – Pasa saliva – espero que no se refiera al listón y el reloj – ¿hablas del frigorífico?
– ¿De qué otra cosa puedo hablar? – de manera simulada, Helmond revisa los objetos alrededor de Arleene, cerciorándose de no tener "cosas de más" a su alcance.
– Sólo tome un poco de hielo – jala una silla, se sienta, coge su mano derecha y le aplica un poco de gel antiinflamatorio, que encontró en el baño – te lastimaste al romper la puerta – acuna su mano y pone la toalla con hielos sobre sus nudillos – no se en que estabas pensando.
Ya más calmado, se acomoda en una silla junto a ella – solo digamos que el viejo Best estaba arrepentido, por abofetearte – lleva la otra mano a su nuca – ¿te duele? – señala su mejilla.
– Para ser sincera… – Helmond posa la mano en su mejilla y con ternura, le da una suave caricia, desencadenando dolor, haciendo un pequeño gesto de molestia – no me duele.
– Mentirosa – dice con desanimo. Le dolía más ver como fingía, para no hacerlo sentir mal – jamás me perdonare por esto.
– Helmond… – Arleene baja la vista y ve como sus dedos se entrelazan, sintiendo un gracioso cumulo de mariposas en el estómago – me-mejor dime, ¿cómo te convertiste en el rey rata?
Da un largo suspiro – es una historia muy larga – la joven Shortman pasa un mecho de su peluca detrás de la oreja, sin soltar la mano de Helmond – prometo contarte cuando lleguemos a tu casa – la mira con atención – te perforaste las orejas.
– ¿Eh? ah, bueno sí – baja la vista con timidez – deseaba hacerme algo diferente, y cuando Georgia me llevo al salón de tatuajes, jeje creí que querría hacerme uno.
– Se ven preciosos – la ve con ojos soñadores y ella se pone totalmente roja, haciéndolo reaccionar – qu-quiero decir, los tatuajes – se da una patada mental – ¿los tatuajes Helmond, en serio? – a-algunos son muy artísticos.
– ¿Estás sugiriendo que me…?
Con brusquedad, se levanta de la silla – ¡no! quiero decir, que son bonitos pero muy dolorosos y tienes que cuidarte mucho.
La otra ladea su cabeza, analizando sus palabras – ¿estás diciendo que tienes un tatuaje?
El pelirrubio permaneció de pie frente a ella, abrió un cajón de la cocina y le entrego una lámpara UV. Se retiró la corbata y la sudadera, mostrando su espalda desnuda – si iluminas la parte baja de la nuca, lo verás.
Obediente, Arleene iluminó la zona – woow, es una pequeña rata luminosa con una corona – la imagen se veía tenue, por la luz artificial de la cocina.
– Todas las ratas tienen uno igual, solo los que han sido "rey rata" llevan la corona – se voltea hacia ella – este tipo de tatuajes son fluorescentes, solo se ven con esa luz.
– Oh vaya – el haz de luz ilumina de forma tenue, parte de su pecho, y Arleene alcanzó a distinguir otra imagen, reconociendo algo parecido a una letra "N" – ¿y nada más tienes uno?
– ¡SÍ! – asustado, regreso la sudadera a su lugar y se alejó de ella.
– Pero yo pensé…
– ¡Pero que terca eres calabaza! – Responde altanero – ¡ya te dije que solo tengo ese! ¡Déjame en paz! – sale de la cocina.
No dispuesta a ceder, Arleene va tras él, sin embargo cualquier discusión es interrumpida, cuando escuchan que Torvald les llama – ¡Helmond! dice Wolfgang que si no sales en cinco minutos, vendrá por los dos.
c – c – c – c
El clamor se fue generalizando, cuando vieron salir del edificio al rey rata, vistiendo el traje real y cargando sobre su hombro a la chica espía – ¡bájame! ¡¿qué crees que haces?!
– Será todo un placer – Helmond sonríe de manera terrorífica y la deja caer; al último segundo, Torvald la recibe, evitando un fuerte golpe contra el piso y ayudándola a ponerse de pie, sujetándola de los brazos – ¡déjame ir! – se jalonea.
Las expresiones de asombro no se hicieron esperar, por ello el rey rata elevo las manos, calmando a sus séquitos – ¡¿quieren callarse bola de inútiles?! – acomoda la capa a su costado – vergüenza debería darles a todos ustedes, que una niña… – la señala con su cetro – los engañara y les diera una paliza.
Wolfgang la observa con atención – siento que la he visto en algún lado, ¿pero dónde? – en tanto, Arleene evita cruzar miradas con él.
– A usted también lo engaño… – con el peor gesto posible, Helmond eleva su cara, buscando al dueño de esa frase – ¡¿acaso alguien dijo algo?!
El acobardado sujeto se silencio, confundiéndose entre la multitud – eso pensé – camina altivo hasta su trono, se sienta y hace un gesto a Torvald, llevando a Arleene delante de él – debo reconocer que has sido muy valiente, para llegar hasta aquí, niñita – juega con su cetro, girándolo con una mano – muy astuta para colarte sin que te vean, pero no lo suficiente, para meterte con las ratas jajaja.
Los seguidores rieron ante el último comentario, Arleene le mira molesta, frunce su ceño y desvía los ojos; el rey rata se para y pone el cetro en su mejilla, obligándola a verlo – ¡y ya que has demostrado carácter, dándoles una lección a este grupo de incompetentes! – las risas entre los asistentes disminuyeron; no era de extrañarse que el rey los insultará, pero ser humillados por una chica, si les dejaba mal sabor de boca – serás perdonada.
Una exclamación de sorpresa inundo el área. Nadie podía creer que Hell-boy perdonara a un espía, si bien no los liquidaba, al menos llegaban malheridos al hospital. Wolfgang se enojo de sobremanera al escuchar eso, y ya se encaminaba hacia ellos.
– ¡Te perdonaré…! – el gigante rubio detiene sus pasos – ¡sólo si te humillas ante mi presencia, y me clamas como tu rey! – se vuelve a sentar y señala con su cetro a Torvald. Este ve de reojo a Arleene, antes de arrojarla a los pies de Helmond.
De rodillas frente a él, la todavía morena ve hacia la audiencia, todos se burlaban y la señalaban, felices de presenciar su humillación. Elevo sus orbes esmeraldas al cielo, antes de ver los profundos zafiros de Helmond – oh sí, oh gran rey – dice con sarcasmo – le pido perdone mi vida – finaliza, con más sarcasmo.
Wolfgang y Edmund se aproximan a Torvald – ¿tú le crees?, no suena muy convincente.
Con gran sonrisa, Torvald se cruza de brazos – ¡claro! yo mismo escuche atrás, como uno le suplicaba al otro.
Flashback…
Ante la inminente advertencia de Torvald, Helmond se aproximo a ella, con cara de pocos amigos – el tiempo se ha agotado, y solo se me ocurre una solución para sacarte de aquí.
– ¿Qué piensas hacer? – Arleene da pasos hacia atrás, cayendo en la silla ejecutiva.
– Esto – sin más, Helmond se deja caer de rodillas y toma su mano izquierda – por favor, déjame humillarte delante de ellos – le ruega.
– ¡¿Qué?! – rescata su mano – ¿humillarme? no.
– ¡Por favor calabacita! – vuelve a coger su mano y da un pequeño beso en sus delgados dedos – necesito demostrar que tengo el control – da otro beso – y que nada me doblega – un par de besos – prometo que todo será fingido – besa su nudillos y toma la otra mano, envolviéndolas con las suyas – por favor Arleene, tú no conoces a esos idiotas, no tienen más de dos neuronas en el cerebro.
Sigilosamente, la pareja es espiada por Torvald – jejeje, parece que Helmond se esta domesticando jeje – acomoda el lente del celular y toma una foto – nuestro rey ya tiene una reina.
– No sé… no me agrada la idea de la humillación en público – le mira de reojo – y no es que sea la primera vez… – expresa de forma acusadora.
– ¡Por favor Arleene! – reparte más besos en sus manos – haré lo que sea.
– ¿Lo que sea?
– ¡Cualquier cosa!
Rueda los ojos, como si pensara en una buena respuesta – ¿lavarías mi ropa? ¿limpiarías mi habitación?
– ¡Seré tu esclavo si quieres! – esta afirmación la sorprende – Cielos, si que está desesperado – ¡pero una semana! – interrumpe sus pensamientos – no seas abusiva cabezona.
– Pero Helmond… – la morena se pone de pie y él le ayuda – ¿qué pasará si se dan cuenta? es decir ¿cómo los convenceremos?
– Mph, mph – se giran y ven a Torvald, parado en la entrada – yo puedo ayudarles con eso, si Arleene acepta.
Ahora, los adolescentes esperan la respuesta de la chica, que da un suspiro – Ashh, esta bien.
Rápido Helmond la abrazo, dándole varios besos en las mejillas – ¡Gracias preciosa, muchas gracias! – mientras la abraza, Arleene cruza miradas con Torvald, este solo ríe y saca su celular, obteniendo una divertida sonrisa de ella – estas fotos lo van a desquiciar jejeje.
Fin de Flashback.
Estos patéticos intentos de suplica, solo irritaron a Helmond, por esto se inclino hacia ella, apoyando una mano en su rodilla – tendrás que hacer un mejor esfuerzo, niñita – acaricia su rostro con el cetro – no me gustaría dañar esta hermosa cara – cierra distancias y le habla al oído – ¿qué crees que haces?
Rendida, Arleene da un largo suspiro – ¡oh gran rey rata! le suplico perdone mi vida – se abalanza a sus pies – ¡por favor, no me haga daño!
– Jajaja mucho mejor – ríe y se recarga – mmmh… sabes que, cambie de opinión.
– ¡¿Qué?! – Arleene lo suelta y ve de reojo a Torvald – ¡pero dijiste que…!
– ¡Sé lo que dije! – el chico se pone de pie y ajusta su corona – sin embargo, tus suplicas no me convencen – pasa de ella, que continua en el suelo – tendrás que hacer algo más, para obtener mi perdón.
Angustiada mira a Torvald, quien le ofrece un gesto calmante – rayos Helmond, espero no lo arruines – piensa el chico del paliacate.
– ¡Que te bese! – gritan alguien de los presentes. Arleene es ayudada por Torvald a ponerse de pie, y palidece ante la sugerencia – ¡no, no puedo besarlo! – da pasos hacia atrás, pero la detiene el colaborador de Helmond, moviendo la cabeza negativamente – si no siente lo mismo que yo… no puedo…
– Si… – Wolfgang ve su reacción y sonríe con malicia – si jajaja, es una buena idea – en tanto, Helmond cruza sus brazos, sonriendo burlón – jajaja vaya pequeña, te vas a llevar lo mejor de la noche.
– ¡No! ¡No puedes obligarme a hacer eso! – su clara negativa estimula a la audiencia, pues esto la humillaría totalmente. Por su parte, Helmond retira su corona junto con el manto real, dejándolos en el trono y se acerca a ella, con cínica sonrisa – no_te_atrevas – le advierte entre dientes, con clara agitación en su rostro.
– ¿Y quién me va a detener? – rodea su cintura de manera salvaje – ¿tú?
– ¡He…! – los seductores labios del joven Pataki se posesionaron de su boca, no obstante ella apretó los suyos, cosa que le fastidio, separándose en el acto – ¡argh! podemos estar así toda la noche ¿sabías? – expresa enojado.
– ¿Por qué me hace esto? – se cuestionaba – ¿se estará mofando de mis sentimientos? – frunce el entrecejo – pero claro, es Helmond… siempre he sido su chiste favorito – recapacita, sintiendo una profunda tristeza en su interior – pues que así sea – lo reta, en voz baja.
De nuevo, Helmond besa a Arleene y en esta ocasión, Torvald la deja libre; no le parecía justo que él se aprovechara así de ella. La falsa morena gira su cara y empieza a luchar en sus brazos. Él coge su mandíbula y la obliga a encararlo, aumenta su abrazo, impidiendo su forcejeo. Se aleja y al apreciar sus ojos verdes, ve dolor y malestar en ellos – recuerda – susurra rozando sus labios con suavidad, siendo más tierno y gentil que al principio, viéndola con esos hipnóticos zafiros – que todo es fingido – aclara, con la idea de disminuir su exabrupto.
– Todo fingido ¿no? – cavila, frunciendo más el ceño – veamos entonces si te gusta esto – replica en voz baja y ahora ella lo besa a él, apoyando las manos en sus pectorales, desatando la euforia de los denominados ratas, celebrando el triunfo de su rey.
Así, Arleene le da un apasionado y poco inhibido beso francés, sacando de balance a Helmond, pues nunca imagino que ella pudiera besar con tal fogosidad. De inmediato, respondió con la misma intensidad, iniciando una pelea de alientos entre los dos, desconcertando al resto.
El calor entre los dos empezó a subir. Apenas había pasado un día y de nuevo, la diosa fortuna le sonreía al rey rata, permitiéndole deleitarse del sabor de los suaves, cálidos y dulces labios de Arleene, dejándose llevar por sus emociones, sin percatarse de ello. Ella por su parte, una vez más cayó en los demandantes y seductores besos de Helmond; si en la cabaña no estuvo preparada para disfrutar de sus labios, este momento no lo iba a desperdiciar, y de paso le daría una lección al engreído de Pataki.
Las piernas de Arleene se estaban cansado, pues la pequeña Shortman se mantenía sobre la punta de sus pies. Como reflejo, rodeo el cuello de Helmond y este se inclino, para que no se cansara. Sus delicadas manos, recorrían los dorados cabellos rebeldes del chico, mientras que él rodeaba su cintura con una mano, y la otra la apoya en su nuca, para acercarla más y profundizar los besos.
Ninguno de los dos quería romper la mágica conexión, que los hizo olvidar en donde estaban. La primera en hacer distancia es ella – ¿ya tendrá suficiente, mi rey? – habla, con respiración acelerada y pupilas dilatadas.
– No – de nuevo, Helmond hace suyos los labios de la chica, retomando el juego de besos y caricias.
Mientras tanto, los asistentes estaban contrariados. La mayoría, fieles seguidores del rey rata, gritaban, silbaban y vitoreaban el aplastante triunfo de su líder, otros no entendían el romántico comportamiento de Hell-boy, y unos cuantos no se sentían cómodos, quizás la envidia de tener una chica en sus brazos, les carcomía por dentro.
Empero a esto, solo uno entre todos estaba furioso. Quería explicaciones, y las iba a conseguir de cualquier manera.
Un descuido de Helmond, resolvió todas sus dudas y Wolfgang, se lleno de rabia.
Perdido en la boca de Arleene, Helmond acomodo su mano cerca de la raíz del cabello, liberando la trenza dorada, quedando a la vista de todos – ¡¿TÚ?! – se apresura a ellos y los separa, no sin antes retirarle la falsa cabellera, mirándola con encolerizados ojos – tú… – da pasos hacia ella, arrojando la peluca – ya decía que te conocía, Arleene… o mejor dicho: "ardilla".
– Wolfgang… – pronto Torvald se puso entre los dos, protegiendo a Arleene – ho-hola ¿qué tal?
– ¡¿Qué tal?! – se para en seco y una siniestra carcajada sale de él – jajajaja… después de tanto tiempo, solo vas a decir: "hola ¿qué tal?" jajaja – su gesto se endurece – no lo sé ardilla, tú dímelo ¿cómo me ves? – aprieta los puños.
Rápido, Helmond se puso frente a Wolfgang – ¡¿qué diablos esta pasando aquí?! – lo empuja – ¿quién te dijo que podías interrumpirme?
– ¿Interrumpirte? – mira enojado a la rubia – ¡pero si ella es la ardilla! – trata de alcanzarla, pero Torvald y Helmond lo detienen; en tanto, Edmund abraza a Arleene, para evitar que escape – ¡ella es la culpable de que Connie terminará conmigo!
– Ella es la ardilla, ha aparecido la ardilla, tenemos a la ardilla – se escucha entre la muchedumbre – espera un momento… ¿eres la ardilla? ¿la chica que Wolfgang odia tanto? – pregunta Helmond, entre estupefacto y molesto, por no saberlo antes.
– Si – afirma cabizbaja – yo soy la ardilla.
– ¡Grrr! aun recuerdo sus palabras – junta sus manos y agudiza la voz, parodiando a Connie – "lo siento mucho Wolfgang, pero es mejor que nos alejemos un tiempo… me lo aconsejo una ardilla" – se adelanta y la toma del brazo, sacudiéndolo con fuerza – ¡por ti, prohibí las relaciones entre las ratas!
– ¡Wolfgang déjame!
Esta revelación ciertamente, descontento a muchas ratas – ¡suéltala bruto! – Helmond lanza un puñetazo golpeando a Wolfgang, soltando a Arleene; el otro regreso el ataque e inicio un combate cuerpo a cuerpo, que Torvald y Edmund detuvieron al separarlos – ¡basta, no peleen! – grita Arleene.
– ¡Tú cállate ardilla!
– ¡No le grites! – reclama Helmond.
– ¡Yo hago con ella lo que se me venga en gana! – forcejea Wolfgang en los brazos de Edmund.
– ¡Maldito! – se jalonea, dificultando a Torvald la tarea de contenerlo – primero te asesino – le amenaza, atemorizando un poco al viejo bravucón.
Las personas bajo el estrado, se estaban alborotando – ¡venganza Wolfgang! ¡rey de las ratas! ¡agarren a la ardilla! ¡rey de las ratas!
Por fin, Edmund deja libre a Wolfgang y este decide escudarse con los séquitos ratas – ¿han visto queridos ratas…? nuestro rey – señala a Helmond – nos ha traicionado, por una apestosa ardilla.
– Pues yo no creo que sea apestosa – Edmund la abraza y respira cerca de su rostro, ella se retira lo más lejos posible – al contrario, para mi huele delicioso.
– Nooo… jajaja Edmund, viejo lobo – mira con sorna a Helmond, siendo aun contenido por Torvald – no me digas, te has enamorado de la ardilla – sonríe complacido, al ver el terrible gesto del rubio.
– Torvald… suéltame – gruñe por lo debajo, viéndolo amenazante.
– Calma Helmond, no empeores las cosas – fija su vista en Arleene – yo también estoy preocupado por ella, pero no lograrás nada si provocas un enfrentamiento.
Haciendo un movimiento brusco, logra liberarse de Torvald, Edmund ve el enardecido rostro de Helmond y temeroso suelta a Arleene; ella aprovecha esto y se apresura con Torvald – yo no he traicionado a nadie – Helmond se voltea al público – a ninguna rata… ¡maldición!, ¡vean todo lo que les he conseguido, bola de idiotas!
El murmullo se presento entre las ratas, pues las palabras de Helmond eran reales. Gracias a él, habían saqueado muchos lugares, su guarida mejoro en muchas maneras y la reputación de las ratas, era muy conocida y respetada en los barrios peligrosos de Hillwood.
La balanza se inclinó de nuevo hacia el rey, incrementando el coraje de Wolfgang – entonces decida usted, mi rey rata – hace una reverencia y señala a Arleene – escoja, mi señor: la ardilla o sus fieles ratas.
El sonido abandono el lugar, aguardando la respuesta del rey rata. Era obvio que Hell-boy, sentía algo especial por su prisionera, solo algunos obtusos, no lo habrían captado (por ejemplo: Arleene), pero no podía inclinarse por ella. Si la elegía, automáticamente perdería el control de las ratas; por el contrario, si permanecía como el rey rata, las cartas estaban más a su favor.
Con el peor gesto posible (dirigido hacia Wolfgang) Helmond toma su corona y se la pone – ¡yo soy Hell-boy, el rey y señor de las rata!… y a quien no le parezca – fulmina al enorme rubio con la mirada – ¡se las verá conmigo! – termina su amenazante discurso y se sienta en su trono.
La respuesta no se hizo esperar, los chicos estaban eufóricos ante la elección de su líder – ¡rey de las ratas! ¡rey de las ratas! ¡rey de las ratas!
Arleene cruzo miradas con Torvald, quien asintió con discreto alivio. En cuanto a Wolfgang, este no estaba para nada complacido, comenzando a caminar en círculos – tengo que hacer algo… – murmuraba para sí, sobando su barbilla – no puedo dejar que la apestosa ardilla, se salga con la suya… tengo que pensar en algo… ¡rayos! – lleva las manos a sus cabellos y los revuelve.
– S-sí eres nuestro rey… ¡d-demuéstralo! – exclama Wolfgang, ganado de nuevo la atención de los demás – ¿qué vas a hacer con ella? – pregunta de repente el fúrico rubio, apuntando a la joven Shortman.
– Ella es MI PRISIONERA – responde alebrestado – YO decidiré que hacer con ella.
– ¿Ah sí? ¿Cómo qué? ¿Besarla de nuevo? – se para frente a él, con el ceño fruncido.
De inmediato, Helmond se pone de pie, quedando peligrosamente cerca de Wolfgang (cuyas estaturas, casi se igualan) – ¿qué te pasa corazón? – le otorga una ladina sonrisa – ¿celosa?
Un molesto gruñido sale de los labios de Wolfgang, y antes de cambiar la pelea verbal por otra más corporal, Arleene se puso en medio de los dos, separándolos – ¿pueden dejar de comportarse como niños? – ambos cruzan sus brazos y se dan la espalda.
– No te metas en esto "ardilla" – habla entre dientes.
– Wolfgang… – la rubia niega con la cabeza – vamos chicos, todos hemos madurado, podemos sentarnos, hacer una mesa redonda y dialogar como adultos – Arleene sonríe, juntando las manos tras su espalda – ¿qué dicen?
Un aire de confusión, invadió a las ratas – ¿qué dijo? ¿mesa redonda? ¿alguien dijo comida? ¿dialo-qué? ¿eso fue un insulto? – la confianza de Arleene se desvaneció, al escuchar los tontos comentarios de la audiencia. Bajando sus hombros, se giro estupefacta hacia Helmond, quien se dio una palmada en la cara – no más de dos neuronas – le susurro.
– ¿Mesa redonda? jajajaja – se burla Wolfgang – ¿qué no ves, que estamos decidiendo tu suerte, "ardillita"?
– No me llames "ardillita" Wolfgang – Arleene pone manos en la cintura – además, creo que he demostrado, que se defenderme sola… – cruza sus brazos y enarca una ceja – no es que sea una "damisela en apuros" ¿verdad?
Un silencio sepulcral cubrió la guarida de las ratas. Arleene primero vio a Torvald, que mostraba un semblante de susto, boquiabierto, con los ojos muy abiertos, casi sin parpadear. Después vio a Helmond, cuya palidez en su rostro, le hacia parecer que había visto un fantasma, Edmund también estaba petrificado, y el incómodo silencio, la empezó a preocupar – ¿dije… dije algo malo?
La estrepitosa risa de Wolfgang quebró todo sigilo – jajajajaja, jajaja JAJAJAJAJAJA… querrás decir: "la ardilla en apuros", jajajajaja.
– ¡NO! – gritaron Helmond y Torvald al unísono.
– ¡SÍ! – replico Wolfgang, siendo apoyado, por el resto de los presentes.
De forma pausada, Arleene paso saliva – creo que… – señala a su espalda – ustedes tienen muchas cosas de "rata" que hacer – sonríe nerviosa – yo mejor me despido.
– Oh no, preciosa ardilla – Wolfgang la rodea de los hombros con delicadeza, para no enfurecer más al rey rata – esto apenas comienza.
c – c – c – c
– Las reglas del juego son sencillas – explica Wolfgang con enorme sonrisa, apretando la soga que sujeta la muñeca de Helmond; teniendo en el otro extremo, la muñeca de Edmund – yo me llevare "secuestrada" a la "damisela ardilla" aquí presente en mi motocicleta, y ustedes… – gira su cabeza hacia dos motocicletas y las señala con las manos – cada uno intentará llegar a su vehículo. A un metro de cada motocicleta, hay una navaja para cortar su soga – cruza sus brazos – hasta un idiota entendería, que el primero que llegue a la navaja, nos dará alcance más rápido, y ayudará a la ardilla, para que aborde su motocicleta.
El rugido de las motocicletas (de aquellas ratas, que estaban más que listas para presenciar el show), aumento el entusiasmo de los presentes. Wolfgang elevo las manos para calmar los ánimos – el recorrido, es la ruta hacia los muelles, la música indicará nuestra posición y creanme, he escogido la melodía perfecta para la ocasión jajajaja – se vuelve hacia Arleene, que esta siendo custodiada por Torvald – recuerden los dos: el perdedor no podrá volver a acercarse a la ardilla; sino, recibirá un castigo por parte de las ratas, mientras que el ganador… – mira con complicidad a Edmund – jajaja bueno, él sabrá que hacer con ella.
Una mirada llena de rabia, le clavo Helmond a Edmund, y este solo atino a encogerse un poco. Sin embargo, no se iba a dejar intimidar por el otro rubio, ahora que podía conseguir a Arleene para él.
– ¿Helmond? – el mencionado se gira, buscando quien le llama – yo er… quería saber, si alguien ya ha superado esta prueba… – la pelirrubia baja la vista y juega con sus manos – ¿alguien salió ileso de "la damisela en apuros"?
Helmond cerro los ojos, como si meditara o buscara en el banco de su memoria, la respuesta a su pregunta. Al fin, suspiro y volvió a enfocar su azulada mirada sobre ella – sí… solo se de una pareja que lo logró – con la mano que tenía libre, la rodeo de la cintura y la trajo para sí, dandole un prolongado y fuerte abrazo, permaneciendo de esa forma por un instante, que para ella se le hizo eterno – por favor – le habla, con los labios pegados a su frente – espera hasta que mi motocicleta este emparejada con la de él, no vayas a arriesgarte a lo tonto, ¿entendido?
Con un movimiento afirmativo, la chica se separo de él – tú tampoco te vayas a arriesgar de más – puso ambas manos en sus mejillas, pero el gesto ceñudo de Helmond no cambio mucho – ten mucho cuidado al manejar, no vayas a distraerte en el camino, no te vayas a meter con los coches que…
Todas las recomendaciones que Arleene formuló en su cabeza, se esfumaron abruptamente, por un inesperado beso que la silencio. Un beso desesperado, que estaba lleno de miedo por parte de él, pues temía que algo saliera mal, y este se convirtiera en su último beso, sintiendo como se partía su alma de solo pensarlo.
Beso que fue correspondido, pero inmediatamente interrumpido – ¡hey tórtolos! ¡es hora de correr! – grito Wolfgang, tomando a Arleene de un brazo y halándola hacia él, pero ambos se resistieron a deshacer el beso.
– ¡¿Qué fue eso?! – le dijo Arleene a Helmond, siendo arrastrada por Wolfgang y Torvald.
– ¡Es para la suerte! – grito él, esbozando una media sonrisa, que de a poco se fue apagando – ¡vas a estar bien, lo prometo!
Poniendo ojos soñadores, Wolfgang apretó los labios – aaawwww que romántico, espero que no se sienta tan mal, cuando Edmund nos de alcance primero – se sienta en su motocicleta.
Torvald le indica a Arleene, que se siente detrás de Wolfgang. Acto seguido, ella obedece y lo abraza – dime, sí llegamos al final y ninguno de los dos nos dio alcance, ¿qué pasará conmigo?
– Jajaja, créeme, no querrás saber.
– ¿Hay alguna forma de evitar esto? – le interroga, mientras Wolfgang se acomoda el casco.
– Sí… la había – arranca la motocicleta y da un brusco giro, haciendo que Arleene incrementara su agarre, soltando un grito – ¡ahhh! ¡detente!
En otro movimiento inesperado, Wolfgang eleva la parte delantera de la moto – ¡no hagas eso! – expresa a toda voz, cerrando los ojos con fuerza.
– ¡IDIOTA! – Helmond se jalonea – ¡deja de torturarla! – con furia, trata de llegar a ellos, pero su muñeca sujeta le impide moverse – ¿a donde crees que vas Hell-boy?, esa chica va a ser mía.
El sonido de una conocida canción, declaro el inicio del juego – ¡que empiece "la ardilla en apuros"! – dicho esto, hizo rugir su vehículo y arranco con velocidad, oyéndose solo el eco de la música.
Ante esto, Helmond no perdería el tiempo, le urgía llegar a ella antes que Edmund o que Wolfgang llegara a los muelles, sea como sea. Ni tardo, le propino un fuerte puñetazo en la mandíbula a Edmund, sacándolo de balance lo suficiente, para acercarse a su motocicleta provisional. Cogió la navaja y cortó su amarre con rapidez.
Lástima que no pudiera predecir el movimiento de Edmund.
Una vez liberado, el desgarbado rubio se aceleró a la motocicleta de Helmond, y arrebato las llaves del encendido – diviértete encontrándolas jajajaja – y como si fuera una bola de béisbol, hizo un lanzamiento con las llaves.
– ¡NOOO! – la mayoría de los presentes (aun seguidores del rey rata) reprocharon la acción de Edmund; no obstante, en sus juegos no había reglas establecidas, así que prácticamente todo valía.
Los que faltaban, corrieron a sus motocicletas, mientras que Helmond estaba paralizado ¿qué podía hacer? aunque fuera a buscar las malditas llaves, ya habría perdido mucho tiempo, de todas formas no los alcanzaría – ¡criminal! ¡me llevan todos los diablos!
– ¡Helmond! – el rubio ve a Torvald con su motocicleta encendida – ¡apresúrate, sino no les darás alcance!
– ¡Gracias Torvald! – da un gran salto a la motocicleta y le arroja el casco.
– Pero Helmond, necesitas… – sin más explicaciones ni tiempo que perder, acelera. Torvald lo mira alejarse a toda velocidad y comprendió su postura: Arleene tampoco llevaba casco. Si ella estaba arriesgando la vida, él también se jugaría el cuello.
Where have all the good men gone
And where are all the gods?
En tanto, Wolfgang aceleraba su vehículo, vigilando por los retrovisores quien se acercaba, observando como Arleene se vuelve de manera insistente – tu caballero de brillante armadura no nos alcanzará, ardilla.
– Lamento lo de Connie.
Where's the streetwise Hercules
To fight the rising odds?
Wolfgang gruñe bajo el casco.
– Sabes que no es mi culpa que rompiera contigo ¿verdad? – el mal encarado no respondió – y creo que en el fondo, sabes que tengo razón.
Isn't there a white knight upon a fiery steed?
– Lo único que se, es que las ardillas no hablan – da una vuelta en forma tosca, haciendo que Arleene ahogue un grito en su espalda, al tiempo que lo abraza con fuerza – ¡aahhh!
Late at night I toss and I turn
And I dream of what I need
– Sujétate bien ardilla, si no quieres finalizar el juego antes de comenzar – mira un espejo retrovisor – vaya, vaya, creo que tenemos un ganador.
I need a hero
– ¡Helmond! – la rubia se voltea con entusiasmo, pero los ánimos decaen cuando reconoce al motociclista que les da alcance – Edmund…
I'm holding out for a hero till the end of the night
– Hola preciosa Arleene – en un pésimo intento de sonar galante, el delgado rubio se aproxima y extiende su mano – que dices si terminamos con esta absurda competencia, y nos vamos a pasear – le guiña un ojo – la noche es joven.
He's gotta be strong and he's gotta be fast
And he's gotta be fresh from the fight
– Agradezco la invitación Edmund – se pega más a Wolfgang – pero creo que solo te veo como un amigo… O algo así.
I need a hero
– Dices eso por ese estúpido ¿cierto? – acerca su motocicleta y extiende su mano, ella se inclina lejos de su alcance – ¡por Dios Arleene! ¡¿tienes idea de con cuantas mujeres ha estado?!
I'm holding out for a hero till the morning light
Este comentario, ciertamente no le agrado a Arleene – ¿Helmond ha estado con alguien más, aparte de Rhonda? – mira atrás de Edmund y ve una motocicleta acercarse con rapidez, supuso de inmediato que era él; sin embargo, no sabía si sentirse aliviada o irritada por la nueva información de Edmund – ¡no demonios! – expresa Wolfgang, acelerando.
He's gotta be sure and it's gotta be soon
And he's gotta be larger than life
-Larger than life-
– ¡Arleene! – Helmond empareja su motocicleta al otro costado – ¡rápido toma mi mano! – le extiende su mano, manteniendo la vista al frente, teniendo cuidado del camino.
La chica, dudosa, poco a poco le ofrece su mano, pero antes de que él la tomara, ella la retira – no.
– ¡¿QUÉ?! – dijeron al unísono Helmond y Edmund.
– Jajajaja – Wolfgang hace rugir su motocicleta – está no te la esperabas, ¿eh Hell-boy? jajaja
Somewhere after midnight
In my wildest fantasy
Desconcertado, Helmond ve preocupado a Arleene, sin entender la razón de su rechazo – ¿eso significa…? – pregunta emocionado Edmund.
Somewhere just beyond my reach
There's someone reaching back for me
La rubia niega con la cabeza a Edmund – primero – se voltea hacia Helmond – primero dime lo que sientes por mí – sin más, le lanza una bomba al pobre rubio, en el peor momento posible.
Racing on the thunder and rising with the heat
– ¡¿Qué?! – rueda los ojos al camino – ¡¿ahora?! – frustrado, desvía su mirada a Arleene – ¡¿justo en este momento?! ¡Por amor a Dios cabeza de calabaza, se más sensata! – de nuevo, se aproxima a Wolfgang y le ofrece su mano – ¡este no es un buen momento para eso!
It's gonna take a Superman
To sweep me off my feet
– Promete que me lo dirás, cuando… – Arleene siente que la jalan de su sudadera, al bajar la vista ve que Edmund la tomo de la prenda – ¡no suéltame! – hala su ropa y se libera.
I need a hero
Helmond le mira con ojos asesinos – ¡EDMUND, GRRR! ¡después me arreglare contigo zopenco! – se aproxima de nuevo a la chica – hablemos de eso más tarde – le extiende la mano, esperando la respuesta de Arleene – ¡vamos, no seas necia!
I'm holding out for a hero till the end of the night
El sentido común hizo recapacitar a Arleene. No era el momento para que confesara sus sentimientos (sean los que fueran). Elevo su mano para coger la de su novio, pero Wolfgang le hizo señas a Edmund y antes de alcanzar sus manos, el intrépido fortachón se desvió, ingresando a un desnivel en construcción, para incorporarse al distribuidor vial, saltando grava por la fricción de las llantas – ¡HELMOND! – Arleene alarga su mano, viendo con impotencia, como Helmond va quedando bajo ellos.
He's gotta be strong and he's gotta be fast
And he's gotta be fresh from the fight.
– ¡NOOO ARLEENE! – rápido, el rubio acelero y llego hasta un descenso del distribuidor vial, giro con brusquedad y entro en contra ruta. Por fortuna, solo unos cuantos vehículos andaban a esas horas de la noche, esquivándolos con destreza – ¡criminal!
I need a hero
– ¡Oye, eso es trampa! – grita Arleene.
– Jajaja ardilla tonta – Wolfgang se gira un poco hacia ella – en este juego, todo se vale.
I'm holding out for a hero till the morning light.
– ¿Todo se vale? – una idea cruza por su cabeza; de inmediato, lleva una mano al borde de la sudadera y la otra, la pone detrás de la capucha – ¡hey Edmund! ¡mira!
He's gotta be sure and it's gotta be soon
And he's gotta be larger than life
– ¿Si? ¡Wooow bella Arleene! – la chica hace como si se quitara la ropa, mostrando sin querer parte de su sostén – ¡WOOW! gracias por el regalo visual.
I need a hero
I'm holding out for a hero till the end of the night
– De nada – acomoda su blusa azul turquesa junto con la sudadera negra, y le arroja la capucha (que era desprendible), cayendo en su casco, tapando la visión – ¡hey, no veo nada! – al soltar el manubrio para quitar la prenda, pierde el control y choca con la muralla de contención.
En tanto, Helmond trata de darles alcance – maldita sea, no escucho la tonta canción – acelera, escuchándose solo el fuerte zumbido del motor, siendo coreado por los cláxones de los conductores.
Más adelante, Wolfgang se voltea al ver el desastre de Edmund – ¡hey, eso es trampa!
– Pero tú dijiste que todo valía – Arleene lo abraza de nuevo, por la velocidad en la que iban, temía perder el equilibrio.
– ¡Eres una ardilla muy sucia! – frunce fuerte el entrecejo – pero ya vamos a llegar a los embarcaderos, dudo mucho que Helmond nos alcance.
La rubia vio a su lado derecho (en la distancia) los muelles, y entendió que les quedaba poco tiempo. Volteo su cabeza y no vio a Helmond; tenía que planear una estrategia, quizás una distracción como con Edmund, para ganar tiempo – tal vez no debería decirte esto, es sobre Connie.
– ¡Entonces no lo digas! – replica furioso.
– ¡Wolfgang! – mira a sus espaldas, esperando ver a su novio – prometí que guardaría el secreto.
– Eso significa que eres una falsa – eleva la punta de la motocicleta, con la intención de asustar a Arleene, logrando su objetivo – si Connie conociera a la verdadera tú, aun estaríamos juntos.
Separando la cara de su espalda, Arleene se aproxima a su casco – ¿qué no te diste cuenta? Connie estuvo diferente semanas antes, previo a romper contigo.
Up where the mountains meet the heavens above
– ¡Si! – se gira y entra a una desviación, que conduce en línea recta a los embarcaderos – y todo fue por culpa de tu veneno.
Out where the lightning splits the sea
– ¡No! – Arleene empieza a dudar, sobre si decirle la verdad o no, al enorme rubio – no es lo que tú piensas… – muerde su labio inferior – ¿recuerdas que se enfermó?
I could swear there is someone somewhere watching me
Sin poder evitar los recuerdos, Wolfgang quedo pensativo un instante, tratando de rememorar, lo que Arleene dijo sobre Connie, bajando la velocidad por la distracción – ¡si! – festejo la rubia en su interior – ¡funciona como con Edmund! – cuando se enfermó y no quiso estar contigo, la empujaste.
Through the wind and the chill and the rain
And the storm and the flood
– ¡Eso fue un accidente! – aprieta los dientes – pensé que me estaba engañando, no imagine que en verdad estuviera enferma.
I can feel his approach like a fire in my blood
like a fire in my blood
like a fire in my blood
A lo lejos, el fuerte rugir de una motocicleta, aviso a Arleene que Helmond les daba alcance. Mientras tanto, el conductor elevo la vista, viendo delante de ellos, las luces nocturnas de los embarcaderos, así como la gran cantidad de motociclistas, rugiendo motores para hacerse presentes, esperando el desenlace.
De nuevo, Arleene trata de distraer a su captor – ella trato de decirte que…
like a fire in my blood
like a fire in my blood
– ¡Vamos Hell-boy! – cansado de escuchar a Arleene, Wolfgang interrumpe a la chica y se dirige a Helmond, que ahora va a su lado – no nos hagas esto, somos una gran familia – reclama – ¡somos tus ratas!
I need a hero
I'm holding out for a hero till the end of the night
– Esto no lo hago por mí o por ti – voltea a ver a Arleene – lo hago por ella – esas palabras tan sinceras, hicieron saltar el corazón de la rubia – y estoy seguro, que harías lo mismo por Connie.
He's gotta be strong and he's gotta be fast
And he's gotta be fresh from the fight
– ¿Tú que sabes de ella? – regresa la vista al frente – no la conoces.
I need a hero
– ¡Pero yo sí! – Arleene lo suelta de la cintura y pone una mano en su hombro, para tener libre la otra – escucha, Connie no te dejo por mí o porque no te amará, temía que la volvieras a empujar y perdiera al bebé.
I'm holding out for a hero till the morning light
– ¡¿BEBÉ?! – antes de que preguntará, Arleene le despeja cualquier duda – ¡tienes una hija Wolfgang, ya eres padre!
He's gotta be sure and it's gotta be soon
And he's gotta be larger than life
Con ojos enormes, el cerebro de Wolfgang intentaba procesar una y otra vez esta reveladora confesión. ¿Realmente era padre? Si eso es verdad, ¿por qué Connie no le dijo nada? Es cierto que la empujo, pues pensaba que lo engañaba con otro y que por eso, ya no quería estar con él. Entonces, ¿lo dejó para no perder a su bebé? ¿a SU hija?
I need a hero
I'm holding out for a hero till the end of the night
Tan impactado iba, que no se percato que había bajado la velocidad, hasta que vio como Helmond se adelantaba, dejándolo atrás – ¡¿pero que rayos?! – se vuelve y ve que falta su pasajera – ¡no, no, no! ¡maldita sea!
Sentada en sus piernas, Arleene abraza con fuerza a Helmond, arrugando la sudadera a su espalda, hundiendo su rostro en el pecho del rubio, sintiéndose por fin a salvo en su regazo. Helmond va disminuyendo la velocidad, llegando a su destino – por favor, no llores.
Secando unas lagrimas en las ropas de Helmond, Arleene niega con la cabeza – perdona, es solo que…
– Shhh – se detiene en medio del círculo de motociclistas y rodea de los hombros efusivamente a Arleene – aun no hemos salido de esto – le indica en voz baja – pero no te preocupes, ya terminó.
Detrás de ambos, llega Wolfgang, mostrando desconcierto por todo lo acontecido, sobre todo por la reciente noticia de su paternidad. Maniobra y se pone frente a Arleene y Helmond, que en silencio espera el veredicto.
– Muy bien ciudadanos rata – Wolfgang se baja de la motocicleta y retira su casco – hemos sido testigos, de la nueva leyenda de las ratas – camina hacia Helmond y le extiende la mano, el otro asiente y le entrega su navaja suiza – ¡esta será: "la leyenda de Hell-boy, rey de las ratas y su reina, la ardilla"!
– Hey, dile que no me diga reina ardilla – el rubio se da un palmazo en la cara y con la otra mano, cubre la boca de Arleene.
– ¿Dijo algo la reina ardilla? – Wolfgang pregunta, irritado.
Con la mano en su frente, Helmond mueve la cabeza negativamente, a diferencia de Arleene, que hace movimiento afirmativo (con la mano de Helmond en sus labios), Wolfgang solo rodó los ojos – sabes Hell-boy, tienes en tus brazos a una valiente e intrépida ardilla enana, quizás si no fuera por Connie, tal vez habría intentado…
– Detén ahí tu cumplido, Wolfgang – dice Helmond – sino quieres recibir un buen golpe de mi parte – le sonríe.
Ya más relajado, Wolfgang hace una mueca de sonrisa y a punto de responder, llega Edmund en su motocicleta – ¡maldito seas Helmond! de haber sabido, también habría pinchado las llantas de esa motocicleta.
– Oye, ¿tú como…? – Helmond mira iracundo al patético Edmund, abrazando de manera protectora a su chica – ¡tú pinchaste la llanta de mi motocicleta, afuera del bar!
– ¡Las ratas no aceptamos a los traidores! – amenaza Wolfgang, observando enojado a Edmund, que ahora era un manojo de nervios; su propia lengua lo había delatado – ya arreglaremos eso, según la voluntad de su majestad: ¡que vivan el rey rata y la reina ardilla!
– ¡Rey de las ratas! ¡reina ardilla! ¡rey de las ratas! ¡reina ardilla! – Wolfgang le quito la capucha de Arleene a Edmund, fue a un pilar de madera del muelle, saco la hoja de la navaja y la hundió con fuerzas, después amarro la capucha negra en el mango y esta quedo en forma de moño – ¡rey de las ratas! ¡reina ardilla! – los pandilleros hicieron sonar los motores como muestra de respeto, antes de volver a su guarida.
Aun con la adrenalina corriendo por sus venas, Helmond abraza emocionado a Arleene – ¡gracias a Dios estas bien! – sin poderse contener, la besa en los labios y la rodea de la cintura, feliz de recuperarla sana y salva.
Al menos, eso pensaba.
– ¡Ouch! – Arleene lo empuja, interrumpiendo el besó de forma abrupta – ¡espera! – baja la vista a sus ropas.
– ¿Qué pasa? – en un principio, el pelirrubio siente que ella lo ha rechazado de nuevo – argh, déjame adivinar, no debí… – no obstante detiene su queja, cuando ella levanta su sudadera negra y ve la enorme mancha de sangre en su blusa turquesa, palideciendo en el acto – oh… por Dios Santo…
– L-lo siento, es que me presionaste sin querer, cuando me abrazaste – levanta su blusa y ve una herida de consideración, cerca de la fosa ilíaca derecha – ¿pero en qué momento? – abre grande los ojos y recordó que cuando levanto sus ropas para distraer a Edmund, sintió una molestia punzante en esa parte de su cuerpo – la grava de la carretera… ¡ay!
Bastante asustado, Helmond la acuna en su regazo, pegando el lado izquierdo del cuerpo de ella con el suyo, teniendo cuidado de no lastimar más su lesión – calma bebé… ¡Dios mío!… te llevaré al hospital.
– ¡No por favor! – con dolor en su rostro, Arleene rodea a Helmond del cuello – si vamos a un hospital, llamaran a tus padres y a mis abuelos, y nos castigarán… – pasa saliva y acaricia con ternura la mejilla del rubio, despejando con suavidad algunos cabellos de su frente – cancelarán el compromiso… y ya no podré verte más.
Tal declaración, ciertamente desconcertó a Helmond, mirando atónito esos bellos ojos verdes. Su interior le gritaba que Arleene dijo algo entre líneas, algo que era muy importante para él; se lo dijo sin decírselo. Y aunque trataba de captar la esencia de sus palabras, la angustia y el miedo de tenerla en brazos lastimada, no le dejaban pensar con claridad. La prioridad en ese instante, era que alguien atendiera a la chica que ama con toda su alma – te tiene que ver un doctor
Ella asintió y busco su celular entre sus ropas, cogió el aparato y localizo un contacto en específico – voy a llamarle al doctor Will – pego el teléfono a su oído, desatando una molestia – ay, mi arete.
Una pequeña sonrisa, se dibujo en los labios de Helmond – oh calabaza, permíteme – toma el celular y le da un largo beso en la frente, mientras espera que tomen la llamada.
Después de una larga espera, contestan al otro lado de la línea – ¿Arleene muñeca? ajuuum ¿por qué me llamas a estas horas?
– ¿"Arleene muñeca"? – el chico Pataki siente como la angustia se va transformando en enfado, ¿cómo se atrevía a llamarle "muñeca" a SU Arleene? ¿con qué derechos se dirigía así a ella?
– Linda, ¿no leíste mis mensajes?
– ¡¿Mensajes?! – Helmond siente un dolor opresivo en su pecho – ¡¿ellos se han estado mandado mensajes?! – baja la vista hacia ella, que aun con mueca de dolor, le mira confusa – ¿qué pasa? ¿no responde?
Al no recibir respuesta, el joven estudiante de medicina insistió – ¿Arleene, estás bien? ¿te pasa algo?
Enarcando una ceja, el pelirrubio mantiene los ojos sobre ella – no, soy Helmond, compañero de la escuela de Arleene… no, ella está lastimada y necesita que la veas… si, mándame la dirección… ok vamos para allá.
La rubia no entendía la razón, del drástico cambio en su conducta; al principio se le oía asustado, pero ahora se escucha molesto, demasiado para su gusto. Además, él se presentó con Will nada más como su compañero, ¿por qué haría eso? – oh no – reflexionó, deseando equivocarse – ¿Will habrá mencionado algo de los mensajes?
– Sujétate fuerte – esa endurecida voz, encendido las alarmas internas de la chica. Ahora, ella también tendría mucho que explicar, a un Roland Helmond Pataki cuya ira se incrementaba, casi a la misma velocidad que la motocicleta.
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ConTinUarA…
Después de esta aventura nocturna, Arleene ha conocido diversas facetas de Helmond, facetas que le han gustado, como por ejemplo: su decoración en el apartamento. Y aunque no lo puede creer, han salido los dos bien librados de la prueba de las ratas y ahora han formado una peculiar "leyenda".
Sin embargo, ahora la "reina ardilla" esta lastimada, sin saber que no es la única, que siente un profundo dolor en ese momento. Pues aunque su dolor no sea físico, Helmond va manejando furioso, con el corazón destrozado, rumbo a la casa de ese estudiante de medicina, ha capturado la atención de su cabeza de balón.
¿Desde cuando se mandan mensajes? ¿De que hablaran? ¿Coqueteara con ella? ¿Ella le seguirá el juego?
Por cierto, la canción se llama Holding Out For a Hero de Bonnie Tyler.
Nos leemos después ;)
MaRyMoRaNTe:)
