Pareja: USUK

Disclaimer: Himaruya Hidekaz creo Hetalia… y es el único dueño indiscutible, aunque no me enojo si me hereda los derechos (se vale soñar, ¿no?)

Advertencia: …las personas diabéticas deberían tener cuidado con este capi (consideremos que escribí la mitad escuchando canciones de Disney y la otra después de ver Fruit Basket)

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Capítulo 8: "La persona que me hace feliz"


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Abrió los ojos con pesadez, sentía su cuerpo arrastrar, tiraban de él hacia adelante como si se tratase del cadáver de algún animal

"Alfred… lo prometiste…" susurró con pesar al recordar la situación en que se encontraba

"Despertó" decía una voz distante "Y eso que le di un golpe bastante fuerte"

"Suéltenme, por favor" rogar no era su estilo, pero estaba asustado y desesperado

"¿Para que asesines a nuestras familias?" reclamó un mujer asestándole un fuerte golpe en el estomago, más le siguieron. Intentó usar sus poderes para huir pero si bien las llamas lograron que sus captores lo soltaran la multitud se le echó encima en nada de tiempo.

Despertó en medio del bosque, supuso que era algún lugar entre el pueblo y su cabaña, le dolía todo, como pudo se puso de pie y buscó su hogar mientras en su mente repasaba una y otra vez la noche anterior… todo iba tan bien.

Su imagen ante el espejo era horrible, pero el no veía las marcas en su piel ni la sangre seca. No, el solo veía las orejas que salían de entre su cabello… si no hubiese sido por ellas no lo habría descubierto, dejó las lagrimas correr por su rostro. Solo podía pensar ¿Por qué a él?

Esperó todo el día, pero Alfred no apareció. Tampoco al siguiente, ni al después de ese… ¿Acaso estaba molesto con él?

Recordó el beso… quizás había cambiado de opinión después de lo ocurrido… o tal vez nunca lo quiso de verdad…

Odio su condición, odio sus poderes… le hubiese gustado deshacerse de todo ¿No podía simplemente cortar esa cola y esas orejas y vivir el resto de sus días como un chico normal? Hasta eso parecía una buena idea en ese momento.

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Cuando la cabaña ya fue visible comenzó a correr, tenia un mal presentimiento. Fijó su vista en la chimenea…no salía humo de esta, no tenia lógica. Solo una vez había pasado aquello. El invierno pasado cuando el mayor se había agarrado un resfriado bastante grave y había sido incapaz de salir de la cama en una semana, por alguna razón esa parecía la posibilidad menos mala en ese momento.

Apresuró aun más el paso para llegar hasta la puerta, la empujó con una fuerza innecesaria si se consideraba que estaba semi-abierta. La situación solo se volvía más y más preocupante. Registró toda la casa, ni rastró de él.

Corrió hacia el bosque hasta dar con sus huellas… por alguna razón el camino se le hacia conocido, no se dio cuenta hasta que llegó a otro claro y lo vio de espaldas, sentado a orillas de un lago. El mismo al que había escapado dos años atrás. Alfred quería golpearse por no haber pensado en ese lugar.

-¡Arthur! Me tenías preocupado… ¿Qué haces aquí? ¡Te congelaras!

-¡Cállate!

-Pero Artie…-fue acercándose lentamente, el otro aun no volteaba pero eso no evito que lanzara un rayo de luz justo sobre su cabeza.

-No te atrevas a seguir… ¿Acaso no has hecho suficiente ya?

-¿Qué? ¿A que te refieres?

-Deja de fingir… ya me mentiste lo suficiente

Su voz sonaba sofocada, ¿acaso estaba llorando? No pudo evitar dar otro paso, la siguiente advertencia casi roza su cuello. Siguió avanzando, en el fondo sabia que Arthur no le haría daño. Era curioso que todo el pueblo creyera que era un monstruo y un asesino. Para Alfred en ese momento especialmente solo lucia frágil. Los ataques no eran más que una pantalla, no quería parecer débil pero lo él lo conocía demasiado bien como para caer en el engaño. Los rayos siguieron llegando, cada vez estaban más cerca de tocar su piel, pero llegó hasta donde el otro sin un rasguño. Lo había sabido todo ese tiempo, Arthur tenia de monstruo lo que Feliciano de valiente.

Sé sentó frente a él, seguía rehuyendo la mirada. El mayor se encontraba en un estado lamentable, intentó tocar un feo moretón sobre su mejilla pero se alejó más. Volvió a intentar pero Arthur solo aumentaba la distancia entre ellos. Evitaba a toda costa quedar frente a frente con Alfred, este no lograba entenderlo ¿de que tenia miedo?

Fijó su vista en las afelpadas orejas de conejo ahora cubiertas de sangre.

-Eso se ve feo…-a pesar de que su amigo siempre se lo había prohibido tocó una con la intención de asegurarse que no estuviese infectado. El otro gimió y en un segundo ya estaba a dos metros de distancia.

-¿Por qué sigues con esto? Solo vuelve a tu maldito pueblo y no regreses

-No te voy a abandonar… vamos, deja que me acerqué

-¿Para que? ¿Ilusionarme otra vez? No gracias, ya aprendí la lección

-Jamás te engañé… no sé que habrá pasado por tu cabeza estos días, pero todo lo que te dije siempre fue verdad.

-¿Y por que me llevaste a esa estúpida feria entonces? ¿Por qué me entregaste en bandeja a esa gente? Todo estaba bien antes…- quería creerle, pero no podía permitirse volver a caer en un engaño, simplemente no podría soportarlo.

-¿Lo estaba? ¿Realmente estabas mejor antes de conocerme?-había logrado herirlo, no podía ser verdad, tan solo no era posible.

-…yo… yo no dije eso…

-Intenté ayudarte, llevó todo este tiempo bajo vigilancia por si te lo preguntabas…no te imaginas lo que tuve que hacer para venir hoy…

Se sintió mal, todo su ser luchaba por dejar eso como un malentendido y simplemente olvidarlo, acercarse a Alfred y permitirle consolarlo, pero una pequeña parte de su mente aun dudaba ¿Y que si todo era mentira? ¿Y si volvía a ocurrir?

No notó que volvía a acercarse, esta vez no hizo nada, nuevamente se sentía incapaz de pensar. Sabia que debía apartarlo, decirle que no quería volver a verlo, quizás hasta hacerle daño esta vez. Pero no lo hizo, solo se dejó de llevar de la mano de vuelta a la cabaña.

Una vez adentró se dejó caer sobre el sofá, ninguno dijo nada. Alfred se dedicó a encender la chimenea, hacer algo de comer y rebuscar en la caja que ya se había olvidado había cargado hasta ahí unas vendas.

Arthur que aun no lograba tomar una decisión parecía casi un zombie, dejó que el menor curara las heridas de su rostro sin emitir ni un solo ruido.

-No puedo creer que te hicieran todo esto…

-¿Qué esperabas? ¿Qué me pidieran amablemente salir de ahí? Soy un monstruo ¿lo olvidas?

-Ellos lo son, no tú…-le dolía verlo así, sentía que sus palabras no le llegaban…lo invadió la impotencia ¿Qué podía hacer para ayudarlo?

-Entonces ¿Por qué soy yo el exiliado?

-Solo porque son más… en algún lugar escuché que la gente estúpida es más poderosa en grupos grandes.

Un silencio incomodo se apoderó del lugar hasta que el mayor se atrevió a preguntar

-¿Realmente todo lo que me dijiste fue verdad?

-Si

-¿También lo último?

Alfred estaba sentado en el piso con la espalda apoyada en el sofá pero aun así supo que el otro podía notar su sonrojo, tenia la impresión que no solo su rostro había cambiado de color ante esa pregunta

-Especialmente lo último- se levantó y lo miró directo a los ojos antes de susurrar- ¿puedo?

Fue un beso dulce y corto, pero suficiente para acabar de disipar las dudas del ojiverde. Permanecieron un rato abrazados hasta que la mente de Alfred regresó a tierra. Había olvidado que debía volver, ya estaba oscureciendo… si de algo estaba seguro es que ya había usado todo el tiempo que Elizaveta y Gilbert podían haberle conseguido y más.

-No puede ser… me tengo que ir…

-Me lo imaginé –replicó con amargura

-¿Crees que no quiero quedarme? Pero si no aparezco mucha gente estará en problemas… ya hicieron bastante al ayudarme a salir.

-Lo entiendo

-Volveré en cuanto pueda… te lo prometo

De vuelta también corrió, le preocupaba lo que podía haber ocurrido con sus amigos. Pudo ver de espaldas a Gilbert y Elizabeta parados en la entrada. Respiró más tranquilo, había llegado a tiempo. Sin embargo cuando estaba a punto de entrar una sombra saltó de entre los arbustos y lo tiró al piso. No supo de donde apareció más gente, cuatro lo sujetaban y otro grupo apuntaba a sus amigos con rastrillos, lanzas y cuchillos.

-¿Qué ocurre aquí?

-No somos tontos, no sé que hiciste para engañar al alcalde pero nosotros no caeremos… tu y ese monstruo están tramando algo y sea lo que sea no los dejaremos salirse con la suya.

-¿Tramando algo? Solo quería ver a mi….a Arthur. Si vieran que están lastimando a alguien a quien quieren y no hubiesen sido capaces de ayudar, ¿no querrían al menos saber que esa persona esta bien?

-¿Te refieres a algo como lo que le ocurrió a Heracles?

Fijó directamente en los oscuros ojos castaños de su captor. Pudo ver resentimiento claramente marcado en esos orbes, dolor, culpa. Sin haberlo visto en su vida supo inmediatamente de quien se trataba.

-Eres Sadiq ¿No es así? El primo de Heracles, el que fue por él al bosque.

-si, exactamente ¿Ahora entiendes por qué no puedo dejar que se salgan con la suya?

-¿Tienes pruebas de que Arthur lo haya atacado?

-Desapareció sin dejar rastro, ¿Qué otra prueba necesitas?

-Quizás no quería que lo encontraran… yo no hubiese querido volver…

-pues no regreses entonces…

-me parece una excelente idea- aprovechando la distracción se levantó con una sonrisa en la cara. Ignoró a toda la gente con la que se cruzó, no le dirigió la palabra a nadie, ni siquiera al entrar su casa. Fue directo a su cuarto, Mattew lo miraba extrañado esperaba que al menos le dijera como le había ido pero tampoco a el parecía hacerle caso.

-¿Qué ocurrió? Estas muy callado… ¿Esta… esta Arthur bien?

-Si, algo así… me voy, Matt

-¿Qué?

-No soy capaz de mirar a la gente de este pueblo a los ojos… toma-le tendió una hoja de papel sobre la que llevaba un rato garabateando- Entrégale esto a mamá y papá… pero espera a que halla cruzado la cerca. Es el último favor que te pediré….-intentaba verse fuerte y no llorar, pero su hermano sabia que eso era igual de doloroso para ambos

-eres un idiota…-lo doy un fuerte abrazo antes de coger la carta-… se feliz- por otro lado el menor no tenia la fuerza de contener las lágrimas.

-tu también… por cierto, dile a Francis y los otros que agradezco lo que hicieron.

Agarró su mochila y sin mirar atrás salió del lugar. Sus padres esperaban abajo enojados y algo confusos, solo se despidió con un abrazo…no explico nada, para eso era la carta.

De vuelta notó que la gente ya no lo miraba… era como si hubiese desaparecido. Quizás eso era la mejor. Solo siguió avanzando sin mirar atrás, como un fantasma, hasta que la cabaña en el bosque se hizo visible.

Distinguió un manchón rubio a través de la ventana y comenzó a correr. Lo estaban esperando.


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Queridos Papá y Mamá:

Sé que probablemente no entiendan lo que hice pero era necesario, ustedes una vez me dijeron que algún di encontraría a una persona que me hiciera feliz y que cuando ocurriera querría hacer lo imposible para mantenerla a salvo y a mi lado. Tenían razón, lo siento no regresaré al pueblo.

Los ama

Alfred

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Me demoré siglos, pero aquí está… me costó montones darle un final a esta historia. No estaba segura como quería acabarla… en un principio pensé plagiarme un poquito de Romeo y Julieta tipo "Alfred llega a la cabaña, Arthur esta moribundo, no lo logra salvar y se suicida" pero tampoco me gustaba la idea de matarlos… no soy muy fan de las tragedias. Luego se me ocurrió que había un incendio en el pueblo y Arthur ayudaba a escapar a la gente y entendían que no era un monstruo pero simplemente no terminaba de encajar con la historia… así estuve varias semanas que escribía y borraba. Bueno y después de todo al fin llegué a un final que me gusta pero aun no estoy lista para decirle adiós a este fic… aun me quedó una parte sin contar. Así que habrá epílogo.

¡Gracias por leer y dejar reviews! ¡Nos vemos!