Resumen: Skye está a puntode dar al "Si quiero" cuando su corazón se lo impide.

Parejas:

Skye y Ward (romance)

Skye y Lance (romance)

A ver, la canción de este songfic y de que va no tiene mucho que ver (excepto en si el titulo), pero esta canción de Melendi me encanta y quería hacer un fanfic con ella.

Me miré al espejo de cuerpo entero de la habitación, con el vestido puesto. Miré en mi mano el anillo de pedida y respiré hondo, hoy era el día.

Nuestra relación había ido tan rápido. Empezó con una noche de sexo por despecho después de una charla sobre nuestros ex, él Bobbi, yo Ward. Ambos traicionados, de diferentes maneras, por las personas a las que amábamos.

Después de unos cuantos encuentros "sin sentimientos" me invitó a nuestra primera cita, yo decidí ir, por probar. Él lo sabía, nunca le mentí. Salía con él, compartía cama con él, le amaba a él por las noches pero mi corazón estaba hecho un lío.

Resuenan campanas de boda, y la novia aún tiene dudas, no encuentra los motivos ni de blanco ni desnuda.

Luego creí que mi corazón al fin se había despejado y que era a Lance a quien amaba. Recuerdo la ilusión y el temor en sus ojos cuando le conté mis sospechas, y la desilusión de ambos cuando el test dio negativo.

Recuerdo haberle imaginado con nuestro bebe en brazos y que no me pareció tan malo, incluso me gusto. Tres meses después me pidió matrimonio, y ahora, un año después, estoy mirándome al espejo con un vestido de novia puesto esperando a Coulson para que me lleve a los juzgados para dar el "sí quiero".

Pero mi cabeza estaba llena de interrogantes. Cuando dije "si" creí que era lo que deseaba. Pero muchas cosas pasaron, Grant volvió al equipo y trajo consigo a la agente 33. Poco a poco fui conociendo y volviendo a confiar en el auténtico Grant Ward. Y ahora mi corazón se vuelve a dividir entre dos hombres.

Quiero y amo a Lance, pero ¿se puede amar a dos hombres a la vez? Sí, yo era la prueba de ello. Pero, ¿cómo saber a quién amas con una porción más grande de tu alma? ¿Cómo puedo hacer esto sin dañar a uno de los dos? ¿Me haré daño a mí misma con esta decisión?

Lo que antes era amor ciego, lo envuelve ahora la locura; lo que antes era un "si quiero" lo está matando la duda.

Cerré los ojos y me imaginé diciendo el sí quiero. Primero junto a Lance, y luego junto a Grant, ambas se veían tan bien.

-Es Lance, tiene que serlo, Grant te engaño y te utilizó. Sí, lo sé, ha cambiado pero Lance nunca te ha fallado- me dije a mi misma en un susurro.

Me giré para quedar de cara a la puerta cuando escuché unos nudillos golpeando contra ella.

-¿Se puede?- escuché la voz de Coulson.

-Sí, pasa.

-Es la hora.

-Si, vamos- me tendió su brazo y yo lo agarré-. ¿Ha venido?- le pregunté, no hizo falta que le dijera de quien estaba hablando.

-Sí, está en tercera fila.

-Al final lo ha hecho.

Y en el altar, vuelve a latir el corazón pero no sabe si es de amor o soledad

Las puertas se abrieron y comencé a avanzar hacía el altar que habían montado en el ayuntamiento. Mis ojos iban de Lance a Grant y de Grant a Lance hasta que pasé la tercera fila. Mi obligué a sonreír para ocultar mis dudas.

La persona que iba a dirigir la ceremonia comenzó a hablar y cuando llego el momento me preguntó si aceptaba a Lance Hunter como esposo.

Yo me quedé callada, sin contestar. Mirando con ojos de pánico a Lance que poco a poco iba entendiendo mis dudas y bajando los ojos me dio una sonrisa triste. Mis piernas temblaban y mis manos sudaban.

-¿Se encuentra bien?- me preguntó el hombre que nos estaba casando. Yo no contesté-. ¿Desea a Lance Hunter como esposo?

-Sí, sí quiero- dije con voz débil.

Escuché a unas personas hablar y vi una figura de pie. Miré hacia los invitados y vi a Grant saliendo de la sala.

Y la verdad, que cuanto más tiempo pasaba menos tiempo le quedaba pa' escapar.

-¿Y usted, Lance Hunter, desea a Skye como esposa?

Mis ojos seguían fijos en la puerta por la que Grant había salido segundos antes.

-No, para- dije como en un acto reflejo-. Lance, sabes que te quiero ¿verdad?

-Sí.

-Pero no puedo.

-Sabes que yo también te quiero y que lo único que deseo es que seas feliz, así que por mucho que me duela escúchame bien lo que te voy a decir. Corre, alcánzale, conmigo vivirías todo lo feliz que yo podría hacerte, pero te he visto con él. Él no te hace feliz, eres feliz a su lado. Corre, aún puedes alcanzarle.

Besé su mejilla con lágrimas en los ojos, me quité el velo, me remangué el vestido y comencé a correr.

Y escapó desnuda, tirando el vestido a la calva del cura. Y escapó del hombre, que había hecho de ella una mujer sin nombre.

La gente se levantó y los amigos y familiares de Lance me miraron con los ojos como platos mientras que la quemada cara de May en la agente 33 me sonreía.

Cuando salí del juzgado le vi a punto de subir a un taxi.

-¡GRANT!- grité. Él se giró y me miró sorprendido.

-¿Qué haces aquí?- me pregunto.

-No lo he hecho- le dije cuando llegue hasta él.

-Por qué.

-Por ti, porque te amo- el me miró a los ojos durante un minuto que me pareció eterno hasta que al final me cogió de la cintura y me atrajo hacia él.

Y en la vicaría, los suegros lloraban los padres reían, porque fue la más bella novia a la fuga jamás concebida.

Nos besamos como si fuera la primera vez que lo hacíamos. Pudieron ser años los que pasamos sin separarnos ni para respirar.

-Vámonos de aquí- le dije-. Cojamos los billetes del viaje de novios y salgamos corriendo de aquí.

-El avión sale mañana- me dijo él.

-Tenemos una habitación de hotel.

-La que reservaste para estar con él.

-La que reserve para estar junto a la persona a la que amo- le contesté.

-Ward Skye- oímos a Lance llamarnos desde la puerta de los juzgados. Se acercó a nosotros -, sabía que esto iba a pasar.

-¿Sabías que iba a salir corriendo el día de nuestra boda?

-La verdad es que no me esperaba que fueses a tardar tanto.

Prefirió ella amaneceres a cualquier luna sin mieles

-Yo no quería hacer daño a nadie con esto.

-Más daño me hubieras hecho estando conmigo poniéndome su cara.

-Yo nunca he hecho eso.

-Lo sé. Toma -me tendió un sobre con los billetes de la luna de miel y el papel que acreditaba que habíamos reservado la habitación de hotel -, aprovechando que ya está pagado, vosotros le daréis más uso que yo.

-Encontrarás a alguien, ¿vale?

-Sí. Corred, iros.

Volví a besar su mejilla y subimos al taxi. Le dije al taxista nuestro destino, no era el hotel, aun no.

-¿Dónde vamos?- me preguntó Grant.

-A un sitio especial.

Pues es tan solo una semana no vale la pena una vida amargada.

Cuando llegamos bajamos del taxi y este se fue.

-Aquí venía yo de joven cuando me escapaba del orfanato. Nunca había traído a nadie aquí, ni siquiera a Lance. Quería compartirlo contigo.

-Es precioso- frente a nosotros había un lago, con una cascada al fondo y su agua era de un azul que no había visto en ningún otro lugar. El me abrazó por la espalda y miramos el paisaje en silencio por lo que pudieron ser horas- ¿Que va a pasar ahora?

-Lo que quieras que pase.

-Se está haciendo tarde.

-Sí, vallamos al hotel- dije dándome la vuelta y mirándole a los ojos algo nerviosa. De la mano volvimos a la carretera y cogimos un taxi. El taxista nos miraba sorprendido, al verme a mi vestida de novia y a Grant con un traje que se notaba a distancia que no era de novio, sino de alguien que no quería estar en esa boda.

Le di la dirección del hotel y el taxista nos llevó hasta el sin hacer un comentario. Bajamos del taxi y nos quedamos frente a la puerta del hotel. Le miré sintiendo que los nervios se apoderaban de mi otra vez y le cogí la mano firmemente para entrar a la recepción y acercarnos al mostrador.

-Tenemos una reserva en la suite nupcial- dije.

-¿Los recién casados?

-Si- dije, sintiendo que era más sencillo que decir la verdad. La recepcionista nos dio la tarjeta que abría la puerta de la habitación y nos dio las indicaciones para llegar.

"Que hacemos ahora" dijo el suegro "si ya he pagado el banquete"

Una vez en la puerta Grant la abrió y me cogió en sus brazos.

-¿Qué haces?- le pregunté con una risa nerviosa.

-Seguir con el paripé.

Sonreí y le bese mientras él me cargaba en brazos dentro de la habitación. Nos besamos hasta que me bajo de sus brazos a, los pies de la cama.

Nos miramos nerviosos. Miré la habitación hasta que mis ojos se quedaron fijos en la cama.

-No tenemos por qué hacerlo si no quieres- me dijo.

-No, quiero esto- le besé de nuevo y le abracé para pegarle lo más que pude a mí. El cogió mi cara entre sus manos y enredando sus dedos en mi pelo me atrajo aún más hacia él.

Deslicé la chaqueta del traje por sus brazos y el intentó desabrochar sin mucho éxito los botones del vestido. Me reí y me di la vuelta para ponérselo más fácil. El comenzó a quitarlos poco a poco, pasando sus dedos por mi espalda cada vez que desabrochaba uno de ellos. Los escalofríos me recorrían entera y me mordí el labio.

Cuando ya llevaba la mitad de los botones desabrochados comenzó a besarme el hombro y el lado del cuello que no estaba tapado por mi pelo mientras desabrochaba el resto de los botones. Una vez todos los botones estuvieron desabrochados me gire de nuevo para desabrochar los de su camisa.

"Quita de mi vista zoquete, más vale mi niña que unos canapeses"

Deslizó el vestido por mi cuerpo, haciéndome cosquillas con los dedos a su paso. Yo daba pequeñas risitas que se perdían en sus labios y su boca, ya que nuestros labios no se separaban.

Una vez el vestido estuvo fuera salté para enrollar mis piernas en su cintura y él nos tumbó a ambos en la cama, quedando el sobre mí.

-Te amo- le susurré.

Él se me quedó mirando a los ojos, fijamente y con amor infinito saliendo de ellos. Cuando me volvió a besar lo hizo con deseo y amor a la vez y me recorrió entera con sus manos. Rozándome y haciendo que me encendiera aún más.

Bajé mis manos al cierre de su pantalón y lo desabroché con algo de dificultad por lo estrecho que se le había vuelto el pantalón de un momento a otro. Lo bajé como pude con las piernas, una vez estuvo fuera, lo lancé lejos de la cama de una patada.

El bajó besando hasta las cicatrices de los disparos que estaban como dibujadas en mi piel y comenzó a besarlas. Cogí la sabana con mis manos y la apreté, retorciéndome debajo de ella. Mis manos fueron derechas hacia el cierre de mi sujetador -que se abría por delante- y lo desabroche.

El al escuchar el ruido del cierre levantó la vista, no queriendo perderse nada. El sujetador, aunque desabrochado, aun me cubría. El subió un poco por mi cuerpo hasta llegar a la altura de mis pechos y apartó la tela.

Y en el altar, vuelve a latir el corazón pero no sabe si es amor o soledad.

Besó allí donde llegaba y yo comencé a mover mis caderas hacía arriba, rozándome contra él, fue su turno de gemir. Nos quitó la prenda que nos quedaba y se volvió a posicionar entre mis piernas.

Nos besamos durante un par de minutos, rozándonos el uno con el otro y acariciándonos sin ningún tipo de vergüenza. Mirándonos a los ojos se introdujo dentro de mí y comenzó a moverse de arriba a abajo.

-Ah- suspire contra su cuello y lo besé.

-Skye -me susurro al oído.

Pronto ambos llegamos al orgasmo, a la vez y basándonos a la vez.

Y la verdad, cuanto más tiempo pasaba menos tiempo le quedaba pa' escapar.

A la mañana siguiente me desperté en sus brazos, con la cabeza apoyada en su pecho.
-Grant -le llame y el abrió los ojos soñoliento.

-No fue un sueño -susurró.

Besé su pecho.

-No lo fue. Tenemos que levantarnos, hay un avión que va a despegar sin nosotros como nos demos prisa.

El miró el reloj y me abrazo colocándome a horcajadas sobre él.

-Aún tenemos tres horas- me dijo con voz provocadora.

-Eres insaciable -le dije.

Y continuamos allí donde el cansancio nos obligó a parar la noche anterior.

Y escapó desnuda, tirando el vestido a la calva del cura. Y escapó del hombre, que había hecho de ella una mujer sin nombre.

Disfrutamos del viaje fingiendo que en realidad éramos dos recién casados y casi sin salir de la habitación del hotel.

Cuando dije que era insaciable no sabía hasta qué punto.

La semana de "luna de miel" me dejó agotada, pero valió la pena.

Cuando volvimos a la rutina me sorprendió que no me resultara incomodo estar a solas con Lance y que habláramos como viejos amigos y no como si yo le hubiera dejado plantado en el altar.

Grant y yo seguimos como en la luna de miel durante tres meses más. Creo que probamos todas las habitaciones de la base.

Y en la vicaría, los suegros lloraban los padres reían, porque fue la más bella novia a la fuga jamás concebida.

Y cuando llegó el momento de decir el "sí quiero" no hubo dudas.