Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la fabulosa historia perteneces a Anne Hampson con el mismo nombre.


Capítulo 8

¡Que cosa más extraña!, pensó Bella, ceñuda, mientras se paseaba por las ruinas impresionantes del Asclepion. Por más que amenazara a Edward, éste no se atemorizaba.

Parecía que él confiaba en que ella no haría nunca nada que pudiese lastimar a su madre. Eso significaba que él ya no la despreciaba tanto como antes. Si él creía que ella siempre tomaría en cuenta la salud y tranquilidad de su madre, ¿Cómo era posible que siguiera creyendo que era una criminal empedernida? Tal vez empedernida fuera exagerar un poco, ya que Edward, en uno de sus momentos apacibles, había sugerido que ella no tenía mucha experiencia en semejante negocio. De todas maneras, seguía considerándola como una criminal, cosa que no iba de acuerdo con el convencimiento que aparentaba de que ella no cumpliría sus amenazas de cesar su actuación. Lo evidente era que él se mostró intrigado de momento y Bella se preguntaba si no cometió un error al negarse a enseñarle la carta de su hermana adoptiva.

Apartó de su mente todo aquel asunto engorroso y decidió gozar de la visita al Asclepion, donde el médico más famoso de la antigüedad, Hipócrates, enseñó y ejerció la medicina después de haber construido su maravilloso hospital.

Un guía griego se le acercó y con una sonrisa, Bella aceptó la ayuda que le ofrecía. Se pasearon juntos bajo el sol y no tardó mucho tiempo antes que un grupo de turistas americanos se les uniera. Todos estaban de buen humor. Bella disfrutó de la compañía y de la conversación. Pronto estaba conversando con otra chica de más o menos la misma edad y cuyos padres también formaban parte del grupo.

_ Nos hospedamos en el Alexandra_ le dijo a Bella_ Llevamos aquí una semana y después visitaremos Rodas ¿Y usted? ¿Está de vacaciones?

_ No, vivo aquí.

_ ¿De veras? ¡Qué suerte! ¿Trabaja aquí?

_ Estoy casada con un griego_ contestó, con el oído atento a lo que guía estaba diciendo.

_ ¡Casada con un griego!_ la voz de la chica americana se confundió con la del guía_ ¡Qué emocionante, me encantaría casarme con un griego... son tan apasionados! Dicen que son los mejores amantes del mundo ¿Lo cree usted?

_ Puesto que nunca tuve otros amoríos, no puedo admitirlo ni negarlo_ Bella tuvo que reírse.

_ No, claro, comprendo_ rezagadas, las dos jóvenes seguían al grupo. El guía se detuvo y les indicó que se apresuraran.

_ Primero verán la preciosa vista que se domina desde esta plataforma_ extendió el brazo para señalar el panorama que se distinguía allá abajo_ Verán, Hipócrates escogió el lugar más maravilloso de Esme. Para él la belleza era medicina. Ese es el bosque sagrado del dios sol, Apolo_ el guía seguía hablando sin descansar, llamando a los que se rezagaban, esperándolos con paciencia antes de continuar con las explicaciones de los detalles intrincados del terreno arqueológico que databa del siglo cuarto antes de Cristo.

_ ¿Por qué…_ preguntó alguien_ se le llama el Asclepion?

_ Los templos dedicados al dios de la medicina, Asclepio, se llamaban Asclepiones. En Grecia existen unos trescientos de ellos. Pero ustedes llaman a todo este terreno el Asclepion.

_ Así es, señora. Los terrenos circundantes adoptaron el nombre de los templos.

_ Hipócrates, desde luego, fue humano y no un dios pagano.

_ En efecto, fue humano, señora. Siguió los pasos del gran dios, al construir el hospital, pero también construyó templos para Asclepio y para su padre, Apolo.

_ Siempre confundo a los dioses con los humanos_ se quejó una voz_ ¡Todo parece estar tan enredado!

_ Existen muchos libros, señora_ le indicó fríamente el guía_ Es posible enterarse de todo con la lectura si es que tiene interés por la mitología griega.

_ Usted dijo que Hipócrates, que era humano, fue descendiente de Asclepio. ¿Cómo pudo suceder?

_ A veces los dioses se casaban con humanos, señora. Todo está aclarado en los libros.

_ ¿Se casaban con los humanos? Pero si los dioses no existían en realidad... quiero decir que sólo eran de piedra.

_ Ella tiene razón_ afirmó la compañera de Bella.

_ Es un tema muy profundo y yo me estoy interesando en él desde que llegué a vivir aquí_ añadió Bella.

_ Hablando prácticamente, ¿De qué le sirve? No es como si estuviera adquiriendo conocimientos en la ciencia o en la política.

_ No tengo interés especial en ninguno de esos dos temas. Ambos son destructivos_ Bella sonrió.

_ Y constructivos.

_ Yo sólo veo la destrucción y puesto que eso me deprime, evito involucrarme. Me gustan los cuentos de hadas_ agregó sin remilgos.

_ Yo, en cambio, soy realista, por eso creo que la vida me ofrece menos que a usted.

Bella permaneció silenciosa, escuchando al guía. Mucho menos... un suspiro se le escapó.

¡Cuánto más gozaría de la vida sólo con que su marido la quisiese un poquito!

—Traten de imaginarse, señoras y señores, a todas esas estatuas y templos de blanco y reluciente mármol de pie sobre esta meseta, que fue despejada en el mismo corazón del bosque sagrado y protegida con un muro. Existían muchos riachuelos y cascadas que caían, pájaros y flores; es fácil imaginarse ¡Qué cuadro debe haber sido!_ extendió un brazo_ Hoy en día tenemos muchas flores y árboles, es cierto. Se debe a que los italianos que ocuparon nuestra isla, los plantaron. Restauraron casi todo, pero notarán que aún existen algunas columnas de mármol tiradas por ahí. Los italianos querían seguir con su labor, pero Grecia recuperó la isla y el trabajo nunca se terminó.

Por fin la visita llegó a su término. Bella tomó un taxi para ir a almorzar al centro de Esme, y de allí se dirigió a su casa. Unos días antes, su suegra se había ido y el matrimonio quedó solo en la casa. Habían visitado a la señora la noche anterior y a Bella le encantó la casita de campo que, aunque pequeña, era lujosa. Emmett y su hermana estuvieron presentes y no ocultaron el interés y la curiosidad. No los habían invitado a la boda y puesto que en Grecia todos los parientes se reúnen en ocasiones festivas como bodas y bautizos, ambos mostraron más que un interés normal en su recién adquirida prima política.

Bella sobrellevó muy bien la difícil situación. Se dio cuenta de que Edward había prevenido a sus dos primos, que se cuidaron de todo lo que decían. Al presentarle su esposa a Jessica él le aclaró:

_ Habrás oído hablar de ella con el nombre de Tanya, pero prefiere su otro nombre, que es Bella.

_ Podías habérmelo agradecido_ repuso Bella cuando se dirigían a la casa en el auto_ Creo que me he portado a la altura de las circunstancias. Ni siquiera una vez has agradecido mis esfuerzos, aunque fuera con la mirada. Pude haberte defraudado, ¿Sabes?

_ Y hubiese sido en detrimento tuyo.

_ ¡Aunque lo intentaras, serías incapaz de mostrar un poco de gratitud!

_ No quiero presenciar otra de tus rabietas ¡Ya te amenacé con domar ese temperamento tuyo! Cuídate, porque de lo contrario, decidiré cumplir la amenaza.

Bella pensaba en aquel regreso a casa, en tanto iba sentada en el taxi después de la agradable visita al Asclepion. Como siempre, Edward había dicho la última palabra y ella se había quedado con la sangre hirviendo, deseando de todo corazón haber tenido la fuerza física para repelerlo más tarde, cuando entró tan arrogantemente en su habitación.

Siempre asumía un aire de conquistador, de hombre que tiene todos los derechos y que, de hecho, los exigía. La consideraba como una comodidad, ya que ni le hablaba de amor, ni la miraba con la expresión que ella tanto añoraba. Se mostraba indiferente con ella en cuanto a su calidad personal. Era su esposa y sin embargo, sólo era una compañera de cama. Conforme pasaba el tiempo, ella se sentía cada vez más humillada y sabía que pronto ya no soportaría más. Amar sin ser amada no era lo que deseaba; le dolía tener que dar sin recibir. Ya le había advertido a Edward que se aprovechara de estas oportunidades, porque en el momento que su madre estuviese lista para recibir el golpe con la noticia del matrimonio en ruinas, ella partiría, primero a Atenas y luego a Inglaterra.

No se imaginaba que muy pronto volvería a repetir esta advertencia. Cuando abandonó el taxi, se encontró frente a su marido, que salía de la sala para dirigirse al patio. Estaba parado abajo y levantó la vista dispuesta a sonreírle si es que él se encontraba en uno de sus momentos amables, mas el rostro de él estaba austero.

_ ¿Dónde has estado?_ le demandó, imperioso.

_ Fui al Asclepion_ Bella empezó a subir la escalera, pero se detuvo a la mitad.

_ ¿Sola?

_ Desde luego ¿Quién habría de acompañarme?_ los ojos de él la observaron con algo parecido a la insolencia. Con mucho esfuerzo, ella controló su ira.

_ Nuestro vecino_ murmuró y Bella no dejó de notar el centelleo de su mirada.

_ Y de haber estado con Jacob, ¿Qué pasaría?

_ Agradece a tu buena estrella no haber estado con él_ Edward se hizo a un lado mientras ella terminaba de subir la escalera.

_ Estás buscando un reto_ le advirtió al pasar delante de él_ La aversión que le tienes es ridícula. Ese hombre es inofensivo.

Edward abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo ¿Qué habría querido decir? Algo que de seguro la heriría y Bella se encaminó hacia la casa. El la siguió y fue entonces cuando ella le volvió a repetir la advertencia de que se aprovechara de las oportunidades, puesto que estaba lista para abandonar su casa.

Los ojos oscuros se encendieron. Sin embargo, habló tranquilo:

_ Parece que te has olvidado de que yo tengo el látigo en la mano.

_ Lo que no puedo olvidar es que me estás chantajeando_ no siguió. Tuvo que dar un paso atrás, ya que Edward se sintió provocado al oír aquella expresión. Casi saltó sobre ella y Bella gritó al sentir sus manos firmes sobre sus hombros.

_ ¡Te dije que no volvieras a usar esa palabra! Te voy..._ su voz se detuvo de pronto.

Bella se volvió y se quedó mirando a la chica que estaba parada allí. Era una joven esbelta, de cabellos rubios y de grandes ojos azules.

Llevaba un traje muy elegante y un vistoso sombrerito. Traía una pequeña maleta y un bolso que hacía juego con sus zapatos.

_ ¡Tanyia!_ las manos de Edward soltaron los hombros de Bella_ ¿De dónde diablos sales?_ sus ojos se dirigieron hacia la ventana. La chica dijo haber venido en taxi, haberse apeado ante la verja y haber caminado el resto del trayecto.

_ Ya le pagué al taxista_ agregó con la mirada fija sobre Bella, cuyo rostro estaba lívido y cuyas manos se entrelazaban nerviosas_ ¿Llego en un mal momento?_ su voz era suave y ronroneaba cual un gatito al que se acariciara.

Edward se mostró muy preocupado. Bella tuvo ganas de reírse... tal vez un poco histérica.

Temblaba por dentro ante la expectativa de que su marido iracundo le diera una buena sacudida. La situación era bastante jocosa, aunque Bella tuvo la satisfacción vengativa de ver la incomodidad de su marido. El no tardó en sobreponerse. No era el tipo de hombre que se queda desconcertado por mucho tiempo.

_ ¿Por qué no me avisaste que venias?_ extendió una mano para tomar el sombrero que ella se había quitado. Fascinada, Bella observaba a aquel hombre totalmente cambiado... aquel seductor cortés, que habiendo recibido el sombrero esperaba a que Tanya se desabrochara su chaqueta para acercarle una silla.

_ Pensé darte una sorpresa.

_ Y lo has logrado_ dijo mientras colocaba el sombrero en el respaldo del sofá_ Te presento a mi esposa Bella, ésta es Tanya, como ya te habrás dado cuenta.

_ ¿Tu esposa?_ la chica se puso tan pálida como Bella_ No puedes estar casado, Edward ¡No has tenido tiempo!

_ Con permiso_ dijo Bella y salió del cuarto.

_ ¡No puedes estar casado!_ repetía Tanya mientras Bella cerraba la puerta_ ¡Oh, querido, tú no me harías eso!

Bella se quedó parada junto a la puerta cerrada, consciente de la humedad de su frente. La chica era hermosa... esbelta como una ninfa y atractiva en todos los sentidos. Edward había estado enamorado de ella... ¿Lo estaría? Recordó haber tenido la impresión de que el compromiso roto no lo había afectado. Sin embargo, Tanya no era el tipo de chica cuyos encantos pudieran olvidarse con facilidad. Si Edward llegó a comprometerse con ella, de seguro algo debió sentir por la joven.

¿Qué pasaba allá adentro? ¿Una reconciliación... íntima y emotiva? ¿Se estarían abrazando? Bella cerró los ojos y la boca le temblaba. Era valerosa, pero ahora estaba aplastada. Naturalmente que tenía celos, a pesar de que deseaba apartarse de su marido.

Una cosa era partir y saberlo solo, que dejarlo con otra mujer ocupando su lugar. Alzó la barbilla y los ojos le brillaron ¿Y si decidía no partir? Edward no podía echarla de su casa.

Al momento dejó caer la cabeza y los hombros se le aflojaron. Edward no era suyo, nunca lo fue y nunca lo sería. Si alguna mujer podía reclamarlo, sería Tanya.

Bella fijó su atención en Jacob, que en aquellos momentos pasaba por el caminito y se dirigía a su casa. Con determinación desechó el abatimiento y abandonó la casa por la puerta lateral para no ser vista por su marido o su compañera. Alcanzó a Jacob en el momento en que entraba en el caminito particular de su casa.

_ Hola_ lo saludó faltándole un poco el aliento_ Lo vi caminando y pensé que sería agradable hablar un rato con usted_ lo que deseaba era tener compañía y una conversación para evitar pensar en lo que estaba pasando allá... en la reconciliación...

_ Estupendo. No he hablado con nadie en todo el día de hoy.

_ Fui a visitar al Asclepion, ¡me encantó!_ exclamó ella.

_ A mí también me gustó mucho. Sólo fui una vez, debería volver. Si quiere, podríamos ir juntos.

_ Me parece muy bien. Todavía no. Dejémoslo para dentro de unos quince días_ el la miró de reojo y ella estaba fascinada por las cejas pobladas de él. Queriendo obligar su mente a olvidar a Edward y a Tanya, le dijo_ ¿Tiene alguna cosa nueva?

_ ¿Después que compré el palo de tótem? No_ habían llegado al patio sombreado por la viña, igual que el de Edward_ ¿Quiere un poco de té?_ le preguntó y ella asintió de inmediato_ Siéntese, iré a prepararlo.

_ ¿No tiene servidumbre?

_ No me gusta que me embauquen esos sinvergüenzas. A menos que se pague un sueldo muy alto, no se obtiene el servicio adecuado. Su marido tiene el dinero para pagarles y es por él y otros como él que los sueldos se van hasta el cielo_ salió y Bella tuvo que sonreír a pesar de su abatimiento.

Si Jacob gastara menos en excentricidades también podría permitirse un sirviente. Regresó en poco tiempo con el té. Al verla tan sorprendida, le explicó que lo primero que hacía, cada mañana era preparar un montón de bocadillos.

_ De esa manera ya no tengo nada que hacer durante el resto del día_ Dejó la bandeja sobre una mesa y empezó a servir el té.

_ ¿Se alimenta sólo de bocadillos?

_ Nada tienen de malo, querida ¿Azúcar?

_ Una cucharadita, por favor.

_ ¿No le preocupa guardar la línea?

_ Todavía no_ Tanya tenía un cuerpo maravilloso_ Tal vez tenga que hacerlo en el futuro.

_ Más adelante, seguro. Los inconvenientes de la edad madura. Nadie puede escaparse de ellos. Aquí tiene, Bella. Sírvase un bocadillo, los de queso están aquí y los de salmón allá. Mañana los haré de carne de res y de huevos... en caso de que venga_ se sentó al otro lado de la mesa_ ¿Cómo es que siempre está sola? Nunca veo a su marido con usted... salvo en las pocas veces que los he visto juntos en el jardín. Tengo una buena perspectiva desde la parte posterior de la terraza. No puedo ver su jardín delantero. Si acostumbra a tomar baños de sol, con poca ropa encima, no se asuste ¿Cómo está la señora Cullen?

_ Cada día mejor, gracias.

_ Milagro. Su esposo estará feliz por ese resultado tan inesperado. Adora a su madre... como todos los griegos, mucho más que a sus esposas... ¡Caray, vuelvo a lo mismo! Espero que ya me conozca y no lo tome a mal_ ella logró esbozar una sonrisa ¿Estaría todo arreglado entre Edward y Tanya?

_ Sí, Jacob, yo lo entiendo; no se preocupe.

_ Usted me cae muy bien. Dígame, ¿Le gusta la vida de casada?_ Ella se sorprendió por la pregunta tan inesperada.

_ Me gusta_ ¿Cuánto tiempo duraría? Tal vez Edward y Tanya estaban discutiendo la posibilidad de confesarle todo a su madre para volverse a juntar. Pero no, Edward no tomaría una decisión que pudiera afectar tanto a su madre.

_ No parece estar muy entusiasmada_ le comentó Jacob, al observar los cambios de expresión del rostro de Bella_ ¿En qué piensa?

_ En nada... nada importante_ dejó su bocadillo en el plato y se reclinó en la silla.

¿Estarían Edward y Tanya tomando juntos el té de la tarde en la intimidad, en el patio o en la terraza? ¿Estarían sentados uno frente al otro o quizá muy juntos...?

Jacob parecía estar preocupado por la expresión de ella y después de un pequeño silencio, le dijo en tono suave…

_ Bella, sé escuchar y soy discreto.

_ ¿Qué quiere decir?

_ Está bien. Guárdeselo ¿Más té? ¿Qué pasa con su bocadillo? ¿Tiene algo malo?

_ Bien sabe que no_ inclinándose hacia adelante, lo volvió a tomar.

_ Estoy preocupado por usted, Bella. Sé que no hace mucho que nos conocemos, pero somos amigos, ¿Verdad?

_ Claro_ dijo con sonrisa forzada.

_ ¿Es infeliz por algún motivo?_ ella lo miró, presintiendo que él había visto la llegada de Tanya a la casa de campo.

_ No es nada, Jacob. De todas maneras, gracias por preocuparse por mí.

_ Hay algo_ insistió él, antes de hacer una pausa y luego agregó_ ¿Otra mujer? Estos griegos deberían tener serrallos. Lo sé, porque habiendo vivido bastante tiempo aquí, conozco sus costumbres. Los maridos no son fieles.

Ella titubeó. Los ojos de Jacob eran francos y comprensivos. De repente le dieron ganas de confiar en él porque sintió que eso aliviaría el dolor, el temor y la incertidumbre que la embargaban.

Jacob la escuchó con una expresión extrañamente fija. Bella se sintió un poco decepcionada al ver que él no mostraba conmiseración. Empezó a vacilar, arrepentida de haberle hecho una confesión. Nunca la hubiese hecho de no ser porque se sentía tan deprimida y porque pronto, en un futuro no muy distante, estaría abandonando la isla.

_ Eso es todo_ y acercó la taza a sus labios.

_ Es una historia extraordinaria_ comentó pensativo con sus grandes ojos oscuros fijos en el rostro de Bella_ Fue muy valiente al tratar de raptar a un hombre hecho y derecho.

_ Mis hermanas me ayudaron_ le recordó. Empezó a sentir cierto temor y hubiese dado cualquier cosa por hacer retroceder el tiempo unos cinco minutos

_ Sin embargo, fue un acto valeroso_ ahora el único deseo que tenía Bella era evitar que le hiciese preguntas, miró su reloj y dijo que era hora de despedirse.

_ No ha estado mucho tiempo, querida ¿Debe irse tan pronto?

_ Sí, debo hacerlo, Jacob. Ya vendré en otra ocasión.

_ Hágalo, Bella_ él se levantó_ La acompañaré hasta la verja.

A pesar de todo, sentírse contenta de haber estado acompañada. Su mente no la dejaba olvidar que había hecho una confesión, que se arrepentía de ello y que eso la molestaba.

No comprendía por qué habría de molestarla y sin saberlo sentía que Edward se enteraría de su indiscreción. Esto no dejaba de ser una idea absurda, ya que Jacob y él nunca se dirigían la palabra. Estaba segura de que podía confiar en que Jacob respetaría la confianza depositada en él.

Sus pasos se volvieron más lentos mucho antes de llegar a la verja. Tendría que entrar, no había más remedio. Se dirigía a su habitación cuando Edward salió del cuarto que ella sabía era su estudio aunque nunca estuvo dentro de él.

La miró al rostro y ella desvió la cabeza, temerosa de que se diera cuenta de su complejo de culpabilidad y que eso lo obligara a meditar al respecto.

_ ¿Dónde has estado?_ le preguntó, tranquilo.

_ Salí a dar un paseo_ dijo, aparentando ligereza_ Supuse que tú y tu prometida desearíais estar solos_ ella tenía la esperanza de que él negara tener una prometida, pero se decepcionó.

_ ¿Fuiste muy lejos?

_ ¿Muy lejos? ¡Oh...! hasta el final del caminito.

_ ¿Sí? ¿Y después?

_ ¿Tiene alguna importancia?

_ Me gustaría saber hasta dónde fuiste_ le respondió amablemente y ella trató de leer sus pensamientos, ya que recelaba del tono que usaba. En el fondo ella era sincera y odiaba las mentiras.

_ Yo... seguí adelante, atravesé el campo y... y luego estuve paseando durante un rato.

_ ¿Es la verdad?_ los ojos oscuros eran inescrutables, los nervios de Bella se alteraron. Sintió que se había metido dentro de una red y que ésta se acercaba cada vez más para aprisionarla.

_ Sí_ logró decir al fin_ Claro que es la verdad_ la miró de una manera extraña que la hizo asustarse.

_ Ven conmigo_ la invitó, usando el mismo tono amable.

_ ¿A... a dónde?_ pensó en Tanya y se preguntó dónde estaría.

_ Solamente al estudio_ ella lo acompañó y al cerrar la puerta, se sobresaltó al oír el chasquido del picaporte_ Allá... cerca de la ventana_ sin comprender, ella levantó los ojos hacia su rostro severo ¿Por qué actuaba de forma tan extraña... y tan amenazadora?

_ ¿Por qué cerca de la ventana?_ ya se dirigía hacia allá y estaba consciente de que él la seguía de cerca.

_ Mira hacia afuera_ la invitó, pero había un cambio drástico en su voz y en su actitud_ Observaba el panorama.

_ Se... se puede ver el patio de Jacob_ se puso blanca.

_ En el cual_ dijo Edward_ Tú y él tomabais el té.

Bella se volvió, resignada a oír algunos comentarios mordaces, aunque estaba preparada para defenderse. Cuál no sería su asombro al ver en el rostro de él una desilusión amarga. Fue una expresión que desapareció de inmediato y ella sabía que había captado algo que él nunca tuvo intención de hacer evidente.

Desilusión ¿Por qué motivo? ¿Sería porque ella le había mentido? Bella rechazó esta idea, ya que la posibilidad era tan remota que no podía ser aceptable.

_ Esto es... odioso_ decidió ser la primera en decir algo_ ¡Te has propuesto probar que soy una mentirosa!

_ ¿No estás confundiendo un poco las cosas? Tú eres la que ha mentido. Yo no tuve nada que ver en ello.

_ Tú has hecho las preguntas... ¡Ah, no voy a meterme en una discusión! Sí, he mentido. No tenías derecho a preguntarme a dónde voy.

_ ¿No te da vergüenza mentir?_ los ojos de él no dejaban de mirarla.

De nuevo tuvo la impresión de que él estaba decepcionado de ella. ¿Qué significa aquello? Si estaba tan decidido a creer que ella era una criminal ¿Por qué habría de preocuparse por una mentirilla o dos? No tenía sentido.

_ Mentí para evitar problemas_ confesó.

_ Entonces, ¿Me tienes miedo?

_ Yo no..._ se detuvo porque se sentía reacia a decir otra mentira. Los ojos de su marido eran más penetrantes que nunca.

_ ¿Si, Bella? _ insistió, ella tragó en seco. Él se dio cuenta de la palidez de su rostro y del movimiento espasmódico de sus manos.

_ Es... muy desagradable tener estas riñas_ dijo a la defensiva_ Esperaba evitar un encuentro con tu terrible mal humor.

_ ¿Mi mal humor? ¿Y qué me dices del tuyo?

_ Tú me provocas_ le dijo, más tranquila de lo que hubiese pensado que podría hacerlo.

_ Si has mentido para evitar problemas, eso implica que admites tenerme miedo_ ella no dijo nada y después de un momento de silencio, él continuó_ Si no te mantienes alejada de ese tipo, tendrás motivo para tenerme miedo de verdad. Si, sulfúrate si quieres, pero a estas alturas deberías saber que soy un rival más poderoso que tú. Tengo una muy buena razón para prohibirte que mantengas amistad con él. Por favor, tómalo en cuenta.

_ ¿Qué razón?_ le exigió, enojada.

_ No es de tu incumbencia_ de pronto su voz se suavizó un poco_ Sólo te pido que hagas lo que te digo. No creo que te prives de algo muy importante si te mantienes alejada de ese hombre_ hizo una pausa y la escudriñó con su mirada_ ¿De qué hablabais?

Ella frunció la frente ¿Por qué le interesaba? ¿Y por qué estaba tan en contra de que ella tuviera amistad con Jacob, el excéntrico solitario e inofensivo? Edward no le dirigía la palabra a su vecino, y como tenía tan poco interés en su esposa, su actitud era muy enigmática.

_ De muchas cosas, de esto y aquello..._ dijo con descuido, esperando poder engañarlo en el sentido de que no le tenía tanto miedo como él creía.

_ ¿Y qué puede ser esto y aquello?_ Bella estaba a punto de perder la paciencia. Si, le tenía miedo, pero por otro lado sabía que él no tenía todas las cartas ganadoras en su mano.

_ El tema de nuestra conversación no te interesaría, Edward. No estoy obligada a informarte de cada cosa que yo haga o diga. Aunque estuviésemos casados como Dios manda, tampoco lo haría.

_ ¿Cómo Dios manda?_ ahora mostraba diversión en el tono de su voz y en la expresión de su rostro. Ella suspiró aliviada porque estaba segura de que ya no la interrogaría más con respecto a su visita a Jacob_ ¿Acaso no estamos casados como Dios manda?_ ella lo observaba y estaba intrigada por su expresión, que ya no era tan amenazadora como lo fue unos minutos antes.

_ ¿Qué le pasó a Tanya?_ preguntó, pero al oír la carcajada que soltó su marido, se asombró.

_ No es nada difícil seguir la línea de tu pensamiento. Tanya no tiene nada que ver con nuestro matrimonio. Como ya sabes, estuvimos comprometidos, reñimos y se terminó.

_ ¿Terminó?_ respiró y la esperanza salió a flote_ ¿No tienes intenciones de casarte con ella?

_ Esa es una pregunta tan absurda que no merece contestación. Ya te dije que no abogo por el divorcio_ su boca se torció en un gesto despectivo_ Estamos bastante atrasados en Grecia.

Bella dejó pasar este comentario. Su corazón saltaba de gozo al oír aquellas palabras ¿Acaso él le decía, en su forma particular y sutil, que estarían casados para siempre? Sin embargo, su subconsciente le gritaba, recordándole que la vida con Edward estaría lejos de ser agradable.

Existirían muchos interludios de furia por parte de él y de temor por parte de ella. Además, él desplegaría su dominio ¿Acaso no le había recordado que en Grecia el esposo es también un amo? Ejercería constantemente su poder sobre ella y nunca se vería libre de sentir sus imposiciones dictatoriales.

El subconsciente se sumergió y Bella ignoró sus advertencias. La esperanza era una sensación mucho más agradable, aunque, desde luego, se abstuvo de exteriorizar sus sentimientos ante Edward.


Agradecimientos: allie cullen Masen, isabelmoon, Marazul, Mamen, Maite, Nicole, Marita, Ángeles MC, BellaCarolina Cullen, Pola Cullen Masen, gelis, SofiMasen87, lunatico0030, dracullen,Andrea17deCullen, Paty Limon, Blankitapa, Ana541, y gracias a todas aquellas lectoras que salen con el seudónimo de invitados.